viernes, 19 de diciembre de 2025
2025 / Veinte títulos
martes, 21 de marzo de 2023
Sara Mesa / "Los lectores se ganan escribiendo, no en las redes"
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| Sara Mesa |
Sara Mesa: "Los lectores se ganan escribiendo, no en las redes"
La escritora publica 'La familia' (Anagrama), desolado retrato de las relaciones de unos padres y sus tres hijos, y de las consecuencias de años de silencios, secretos y mentiras
Nuria Azancot
14 de septiembre de 2022
Tras el éxito de su anterior novela, Un amor (2020), elegida por los críticos de El Cultural como el Libro del Año, Sara Mesa (Madrid, 1976) sigue a vueltas con la realidad y la imaginación en su nueva obra, La familia. Tímida y reservada, la escritora sevillana conversa hoy con El Cultural sobre las claves de una ficción en la que regresa a temas como la incomunicación, el amor, el maltrato y la soledad.
Sara Mesa / "La esencia de la literatura es el conflicto, no la perfección ni la belleza"
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| Sara Mesa Foto de Sonia Fraga |
Sara Mesa: "La esencia de la literatura es el conflicto, no la perfección ni la belleza"
Nuria Azancot
21 de noviembre de 2018
Una niña que ronda la adolescencia, Casi, y el Viejo, un anciano desahuciado, amante de los pájaros y de Nina Simone, son los protagonistas de Cara de pan, la última novela de Sara Mesa (Madrid, 1976). Una historia de descubrimientos, soledades y amistad que lanza Anagrama a finales de este mes.
lunes, 20 de marzo de 2023
Sara Mesa / “Si no te sientes deseada, como mujer estás perdida”
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| Sara Mesa |
Sara Mesa: “Si no te sientes deseada, como mujer estás perdida”
El último libro de la escritora, ’Un amor’, es tan opresivo y a la vez liberador, y hasta cierto punto sórdido, como el resto
Sara Mesa / Una autora portentosa
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| Sara Mesa |
'La familia' de Sara Mesa: un padre dominante, una madre frustrada y una autora portentosa
La escritora captura un reguero de escenas inolvidables que, sobre todo, violentan las expectativas políticas o morales de quienes leen
Nadal Suau
14 de septiembre de 2022
La familia es al cien por cien “un libro de Sara Mesa” (Madrid, 1976), aunque desde un lugar casi-otro que los anteriores, o quizás desde un ángulo ligeramente distinto. He aquí su talento de siempre para lograr que las atmósferas cotidianas engendren serpientes y que el tono lacónico anuncie fuego, aunque las unas y el otro acaben por revelarse como sucesivas formas (más soterradas) de la misma cotidianidad miserable, secreta, impronunciable.

La famila
Sara Mesa
Anagrama, 2022. 232 páginas. 18,90 €
He aquí los huecos y vacíos, la observación seca de situaciones ambivalentes, los diálogos fatales; todo lo que convierte a Mesa en una narradora cada vez más singular. Simultáneamente, la constelación de personajes se adensa y amplifica gracias al empeño por registrar cada rincón de la familia aludida en el título; las escenografías, aun escuetas, significan más que nunca; la trama lineal desemboca en retablo de perspectivas y evocaciones; y en la textura de su prosa medio sfumata medio metódica, cierta exactitud forense converge con el andar a tientas de la memoria. Una paradoja difícil de lograr, incómoda e hipnótica de leer. En fin: una novela buenísima.
Y luego, claro, a algunos nos ocurre lo siguiente: los miedos y máscaras de este padre, esta madre y estos hijos nos apelan de un modo tan íntimo que asusta. Pero no a causa de una jugada sentimental por parte de la autora, sino al contrario: debido a lo inextricable de los claroscuros que les atribuye, esos que compartimos pese a nuestra incapacidad de nombrarlos.
Sara Mesa / "Si la escritura es reductible a una explicación, es errónea"
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| Sara Mesa |
Sara Mesa: "Si la escritura es reductible a una explicación, es errónea"
Tras ‘Cara de pan’, la escritora regresa con ‘Un amor’ (Anagrama), su novela “más realista”, que explora nuestra incapacidad para comunicarnos y las zonas grises de la moral humana
Año a año, libro a libro, Sara Mesa (Madrid, 1976) se consolida en el panorama narrativo español como una escritora versátil y sorprendente, que en cada nuevo escrito es capaz de, sin perder su estilo, explorar y añadir elementos muy diferentes a los habituales. Tras el unánime reconocimiento de su anterior novela, Cara de pan (Anagrama, 2018), la escritora regresa ahora con una historia totalmente diferente, la de Nat, una joven que deja su vida en la ciudad por motivos misteriosos para irse a vivir a una pedanía alejada de todo donde comenzará a integrarse (o a intentarlo) en el complejo microcosmos humano que la puebla.
Reconoce Mesa que Un amor (Anagrama), nació antes que la obra anterior, pero que tuvo que apartarse de la historia para pulir “algo que no cerraba bien, pequeñas obsesiones, un dar vueltas tontamente... vete a saber. De lo que no me cabe duda es de Un amor es una novela mucho más compleja y ambigua que Cara de pan, que era una historia más transparente y cerrada, con algo casi de cuento infantil. Lo mismo por ahí decepciona a algunos lectores”.
Pregunta. Ha dicho muchas veces que en toda literatura reside algo autobiográfico, cosa más evidente en algunos otros de tus libros, pero ¿qué hay camuflado de usted en Un amor?
Respuesta. Resumiéndolo mucho diría que la novela es una mezcla de sueños míos, o un gran sueño que los engloba a todos. Durante un tiempo tuve pesadillas recurrentes (todavía a veces vuelven, pero entonces eran diarias) en las que alguien entraba en mi casa inadvertidamente o mediante alguna argucia para hacerme daño, aunque ese daño jamás se concretaba. Otra variante era que el techo de la casa se desmoronaba, las paredes se derretían o empezaba a salir agua del suelo… Ya sabes que, según el psicoanálisis, en los sueños las casas nos representan; de hecho, estos son sueños muy corpóreos, representan nuestro cuerpo y miedo por la amenaza física. Por otro lado, la semilla narrativa de la relación entre el casero y la inquilina la tomé de una amiga a la que le pasó algo similar. Metes todo eso en una coctelera, mi interés por las relaciones de poder en los pequeños grupos, el asunto de los animales y… ahí está Un amor.
P. ¿Qué es lo que motiva a Nat a viajar a La Escapa y a permanecer allí a pesar de todo lo que le sucede?
R. Ella misma lo cuenta, aunque nadie la entiende y ni siquiera ella lo entiende plenamente: renuncia a su trabajo en la ciudad a raíz de un pequeño hurto y, para organizarse una nueva vida, se marcha a un lugar barato donde subsistir varios meses con los ahorros que tiene. No quiero dar más detalles ahora porque la historia está contada en un momento concreto y no puede sacarse de su contexto, pero el asunto del hurto es importante como reflejo de una inadaptación vital.
P. Los habitantes de la pedanía y de los hechos de la novela aparecen únicamente vistos por ella, ¿por qué limita la historia a su punto de vista?
R. Es una elección narrativa que tomé casi naturalmente, porque permite asomarse no a lo que ocurre, sino a lo que la protagonista cree que ocurre. Como la primera persona, pero con más distancia, porque uso la tercera. Esto debería hacer que los lectores cuestionen lo que leen. Por ejemplo, si los vecinos son retratados bajo una luz oscura… ¿de dónde viene esa negatividad? ¿De ellos mismos o de los ojos que los miran?
Una experiencia inexplicable
P. En este sentido, obliga al lector a tomar partido, a decantarse a la vez que a implicarse mucho en la lectura. ¿Por qué esta exigencia y esta fe en el lector?
"Mi lector no sacará de la lectura conocimientos o ideas, no alcanzará explicaciones ni juicios. La literatura no se explica, se siente"
R. Pues yo creo que mis libros no son nada exigentes. Cualquier lector medio puede acceder a ellos, a veces casi mejor que yo misma. Lo que ocurre es que no sacará de la lectura conocimientos o ideas, no alcanzará explicaciones ni juicios. No hay por qué tomar partido ni llegar a una conclusión. Como mi admirada Flannery O’Connor, yo creo que la lectura es una experiencia, como lo es ver una puesta de sol o escuchar una canción. No se explica, se siente. Por supuesto, un análisis crítico profundo puede explicar ciertas cuestiones, pero eso no tiene mucho que ver con la lectura. Si la escritura es reductible a una explicación, entonces es errónea.
P. Precisamente defiende que es de esa clase de escritores que escribe para entender. ¿Un escritor debe simplemente plantear preguntas?
R. No se trata solo de plantear preguntas, sino de caminar de la mano con los lectores para que experimenten un proceso similar al de la escritura. Cuando yo escribo estoy indagando, estoy experimentando y buscando. Es una sensación inquietante y placentera a partes iguales. Escribo para compartir eso, para comunicarlo.
Esta visión personal de la escritura no se hace extensiva a la lectura, donde la escritora sí reconoce desmarcarse más de su terreno. “Leo a muchos contemporáneos, por supuesto también en español, entre los que admiro a Mariana Enriquez, Mariano Peyrou, Pablo Gisbert, Giuseppe Caputo, Esther García Llovet, Miguel Serrano Larraz… Fuera de nuestra lengua, leeré todo lo que escriban Fleur Jaeggy, Herta Müller, Lionel Shriver, J. M. Coetzee, Lydia Davis, Michel Houellebecq, George Saunders... Todos ellos tienen algo que ya me gustaría a mí tener”. No obstante, en cuanto a influencias literarias asegura que “no siento que nadie se parezca a mí ni que yo me parezca a nadie, pero esa sensación de singularidad sé que es falsa, estoy convencida de que hay puntos en común con otros que no soy capaz de ver. Son preguntas que tiene que responder la crítica literaria, no los propios escritores”.
Una sociedad hipócrita
P. Muchos de sus protagonistas siempre tienen relación con la literatura, en este caso Nat es traductora. ¿Es algo consciente o le sale así?
R. Yo creo que la relación no es con la literatura, sino con la escritura, un intento de expresión verbal aproximativo, nada profesional, no siempre acertado ni exitoso. Es verdad que muchos de mis personajes escriben diarios o cartas o, como en el caso de Nat, tratan de llegar más allá con la literatura. Pero Nat es una traductora comercial que, por primera vez en su vida, intenta traducir un libro literario… y fracasa. De momento no me interesa la literatura como tema, pero sí la escritura, el lenguaje y su inadecuación, las dificultades expresivas y los modos tan diversos en que se interpretan los textos.
P. Cuestiona, como en otros libros, zonas grises de la moral donde anida la intolerancia de la sociedad. ¿caminamos hacia una sociedad cada vez más intolerante o simplemente cambian las formas y los modos de serlo?
"La sociedad actual enmascara todo bajo el disfraz de la tolerancia. No somos más intolerantes que antes, pero sí más hipócritas"
R. Es complicado saberlo, pero tiendo a creer que lo segundo. De hecho, lo más decepcionante es comprobar cómo la sociedad actual se coloca el disfraz de la tolerancia y las buenas palabras para enmascarar acciones en esencia profundamente intolerantes. Quizá no somos más intolerantes que antes, pero sí más hipócritas.
P. La culpa es un tema siempre presente en sus novelas. Ésta muestra cómo las comunidades siempre necesitan un culpable, alguien a quien criticar y convertir en chivo expiatorio de los más peregrinos impulsos y prejuicios, ¿es algo inherente al ser humano?
R. Según René Girard sí, y de hecho es lo que explica la aparición de la violencia tanto en las sociedades primitivas como en las contemporáneas. Pero también dice Girard que el chivo expiatorio no se crea por las diferencias, sino por las similitudes, es decir, en el ámbito de la competición. A mí este mecanismo siempre me ha resultado interesantísimo y aterrador, aunque claro, mi aproximación es únicamente literaria. En esta historia lo interesante era describir una comunidad cerrada, la sensación de pertenencia o de exclusión, el desconocimiento de las reglas por parte del intruso, el poder del grupo y, finalmente, la creación del chivo expiatorio.
La vacuna de la lectura
P. Desde hace años sus novelas y cuentos han recibido elogios ininterrumpidamente, ¿cómo se vacuna uno contra la soberbia?
R. ¡No creyéndome nada! No, en serio, siempre he hablado del factor suerte, y también soy consciente de que los elogios, por sí mismos, no son nada ni son para siempre e incluso pueden ser obstáculos en tanto que generan expectativas demasiado altas en los lectores o pueden llevar al acomodamiento creativo. He sido muy afortunada con la crítica y también con los lectores, así que estoy muy agradecida, pero soy también tremendamente insegura y cada vez que publico siento una especie de culpa por no haberlo hecho mejor. La mejor vacuna es leer mucho y bueno, lo que te devuelve a tu verdadera dimensión. Ah, y una última cosa: cuando escucho elogios muy entusiastas de libros que a mí no me gustaron nada o que incluso me parecieron malísimos, pienso: eso también puede pasar conmigo y no me estoy dando cuenta.
"La mejor vacuna para un escritor contra la soberbia es leer mucho y bueno, lo que te devuelve a tu verdadera dimensión"
P. En mayo nos contaba que había planeado en un gran cambio para 2020, centrarse plenamente en la literatura. Más allá de esta terrible interferencia que vivimos, ¿por qué sentiste que era el momento? ¿Un escritor literario puede vivir de los libros en España?
R. Dependerá de lo que necesite, de las personas que deba mantener, de su capacidad de adaptarse a otras tareas paralelas a la escritura (en las que yo soy, por cierto, bastante torpe), del lugar económico de partida... Yo no tomo nada como definitivo. Decidí que en esta época lo haría así y fíjate qué época más dura y extraña nos está tocando. El tiempo me irá diciendo si me lo puedo permitir o no… Pero quiero pensar que una dedicación más exclusiva a la escritura hará que escriba mejores libros.
P. También nos decía que nunca escribe de la actualidad y que no planeaba usar nada de estos últimos meses en su escritura, pero ¿está ya trabajando en algo nuevo? ¿Ha sentido la influencia de todo lo que ha pasado de alguna forma?
R. He escrito mucho, pero aislándome del exterior, de momento solo borradores que precisan todavía mucho trabajo. Pero estoy convencida de que todo lo terrible e inesperado que está pasando terminará colándose de una manera u otra en mi percepción del mundo, aunque no mencione expresamente la pandemia. Soy una escritora de digestión lenta y, como la protagonista de Un amor, tengo que subirme a lo alto del monte para poder ver bien lo que no se distingue de cerca.
Sara Mesa / “La niña que fui, lo que soy, determina mi novela”
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| Sara Mesa |
Sara Mesa: “La niña que fui, lo que soy, determina mi novela”
- Dos años después de que su anterior libro, 'Un amor', fuese elegido como mejor novela del año, la escritora sevillana vuelve a obtener el reconocimiento de nuestros críticos con 'La familia'
- Las diez mejores novelas en español de 2022
¿Qué podría contarnos sobre la prehistoria de La familia y cuáles fueron los principales problemas que le planteó?
Hacía muchos años que la historia me rondaba por la cabeza, pero tardé en encontrar el tono adecuado. Lo que al final vi claro es que necesitaba abrir el foco y que entraran en escena más personajes, distintas perspectivas temporales y espaciales. También que la dureza de algunos de los hechos podía ser contrastada con el humor y la compasión.
sábado, 18 de marzo de 2023
Novela en español / En transición hacia dónde
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| Sara Mesa |
Novela en español: en transición hacia dónde
- En el año de la reconsagración de Sara Mesa y el regreso del mejor Vila-Matas perdimos al gran estandarte de nuestra novela: Javier Marías
- Las diez mejores novelas en español de 2022
Llevo casi una década comentando con los lectores las listas de lo mejor del año que elabora El Cultural, y en este tiempo me he divertido muchísimo buceando en los contrastes que se revelaban entre mis propias opiniones, las ajenas, el stablishment y las modas emergentes, la edición industrial y la artesanal, las agendas sociopolíticas y el devenir estilístico de la literatura, etc. Quiero decir que estos balances, con sus limitaciones, siempre regalan una oportunidad de comprender cuál es el panorama en el que nos movemos, quiénes somos en tanto que país lector: uno cargado de miserias, sí, pero también de intersticios por lo que se cuelan poderosas señales de vida…
viernes, 17 de marzo de 2023
Sara Mesa / Salinger, el niño sabio
Salinger, el niño sabio
2 enero 2019
El 1 de enero de 1919, en el seno de una acomodada familia neoyorquina de ascendencia judía, nacía Jerome David Salinger, uno de los autores más presentes en el imaginario colectivo de las últimas décadas y, como tal, uno de los más desvirtuados, simplificados, caricaturizados y mal entendidos. En el centenario de su nacimiento nos esperan, previsiblemente, multitud de artículos periodísticos que se centrarán en la peculiar vida del escritor, en sus secretos, sus rarezas y sus supuestas perversidades. Escucharemos, una vez más, que el asesino de John Lennon llevaba encima El guardián entre el centeno cuando cometió su crimen. Que Salinger se retiró a un rancho en Cornish, New Hampshire, en plan eremita, donde se zambulló en el estudio y la práctica de las religiones orientales. Leeremos de nuevo detalles morbosos sobre sus biografías no autorizadas, sobre su obsesión por la privacidad, sobre sus amoríos con chicas muy jóvenes. Rumores sobre los libros no publicados, esos que supuestamente siguió escribiendo y escondiendo en cajas fuertes. Anecdotarios, en suma, que poco sirven para celebrar la verdadera grandeza de uno de los escritores más influyentes de mediados del siglo XX, aunque su influencia haya quedado tantas veces adulterada por lecturas epidérmicas. Todo esto recuerda a una de las reflexiones que hace Buddy –el escritor y profesor de los Glass, esa gran familia “salingeriana”–: sus alumnas de último curso, dice en Seymour: una introducción (1963), especializadas en literatura inglesa, son incapaces de citar un verso de “Ozymandias” o de explicar mínimamente de qué trata el poema, pero, eso sí, se saben al dedillo detalles como que Shelley era partidario del amor libre, que una de sus dos mujeres escribió Frankenstein y que la otra murió ahogada.
martes, 12 de enero de 2021
Los diez mejores libros de 2020
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| Sara Mesa |
Los 50 mejores libros de 2020
‘Un amor’, de Sara Mesa, es la obra más destacada en una votación en la que han participado 100 críticos, escritores y periodistas. La propia autora analiza las claves de una novela que busca el “desconcierto”





















