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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Cristina Peri-Rossi / Julio Cortázar murió de sida

Cristina Peri Rossi y Julio Cortázar
Cristina Peri Rossi
JULIO CORTÁZAR MURIÓ DE SIDA
Se habría contagiado 
en una transfusión

Miércoles, 12 Febrero, 2014 - 10:56

“Julio Cortázar no murió de cáncer ni de leucemia como se especuló, sino que falleció de sida con la desgracia que le contagió la enfermedad a su querida esposa, Carol Dunlop. Ella murió primero, dos años antes de Julio, porque aunque era muchísimo más joven, le habían quitado un riñón”.
La valiosa escritora y periodista Cristina Peri Rossi, dialogó con Clarín sobre el gran escritor argentino, a quien conoció en 1973 y fueron amigos hasta su fallecimiento y compartieron una relación sentimental.

El último Cortázar que vagó en París

Carol Dunlop y Julio Cortázar en París
Foto de José Alias
Paris, 1982

El último Cortázar que vagó en París
BIOGRAFÍA DE JULIO CORTÁZAR

Félix Grande publica 30 cartas inéditas que le envió el autor de 'Rayuela' - El escritor estaba atormentado por el vacío que le dejó la muerte de Carol Dunlop


FERNANDO VALVERDE Granada 19 ABR 2010



"A esa casa que siempre tuvieron abierta para mí y en la que también entró Carol, a esa casa volveré pronto para estar con ustedes y también con ella, que seguirá junto a mí en todos los viajes que me toque hacer, llegaremos un día los dos, seremos siempre los dos como tú nos ves en esas páginas que me destrozan". No había transcurrido un mes desde la muerte de Carol Dunlop cuando Julio Cortázar escribió estas líneas al poeta extremeño Félix Grande, que le había abierto de nuevo las puertas de su casa. Pero ya nunca volvería a entrar Cortázar, ni con Carol ni sin ella. La depresión le hizo deambular por las calles de París y visitar con frecuencia el cementerio de Montparnasse, donde descansaba el amor de su vida y en el que dos años después acabaría él mismo, consumido por una leucemia. "Ahora es el hueco, es un París zombie, no puedo escribir ni vivir mientras veo cómo nacen estas palabras y corre la tarde. Sé que ustedes dos lo saben y lo comprenden, que no necesito agregar nada, que los quiero tanto...".

Los dos amigos se conocieron en un congreso en La Habana
Más de 25 años después de la última carta que recibió de su amigo Julio Cortázar, Félix Grande ha decidido hacer pública parte de su correspondencia con el autor de Rayuela. Lo ha hecho en la Revista Atlántica, que edita la Diputación de Cádiz y que mañana será presentada en Granada por su director, José Ramón Ripoll y su coordinador, el poeta Javier Vela. "No las he publicado antes por pudor. Me parecía presuntuoso presumir de la amistad de Cortázar", dijo el poeta, que recordó con especial cariño las últimas misivas que recibió de su amigo. "No he conocido a nadie tan feliz como Julio Cortázar tras conocer a Carol. Era una chiquilla con una inocencia y una dulzura encantadora. Se hizo muy amiga de mi mujer, Paquita, y consiguió que Julio rejuveneciera. Tras su muerte se fue apagando poco a poco".

martes, 18 de noviembre de 2014

Tres mujeres / Las tres vidas de Julio Cortázar

Julio Cortázar

Las tres vidas de Julio Cortázar

J. J. ARMAS MARCELO | 25/08/2014 


Julio Cortázar con Carol Dunlop.

La literatura y la vida, para los escritores de verdad, se mezclan hasta convertirse en la misma cosa. Cortázar no fue una excepción a esta regla: sus sentimientos y sus amores influyeron en su literatura y su literatura influyó en sus sentimientos y amores. Además de los amoríos de chiste, Cortázar tuvo tres mujeres, tres parejas conocidas porque también tenían que ver con la literatura. La primera de ellas, Aurora Bernárdez, fue la que más influyó en Cortázar. Hay que decir que esa influencia fue siempre benéfica para su vida y, por tanto, para su literatura. El resultado literario de aquella temporada de gloria entre Aurora y Julio Cortázar viene a explicarnos las razones de una literatura excepcional en tantas colecciones de relatos, los mismos que dejan al lector siempre asombrado después de la lectura. Pero, a mi entender, el mejor libro de Cortázar en ese parte gloriosa de su vida fue Rayuela, que se publica en Sudamericana en 1963, novela enorme y fantástica, realista y surrealista, musical y etérea, profunda y sólida, que todavía seguimos leyendo. He oído a Aurora Bernárdez personalmente negar que ella es La Maga (y ya sabemos que no lo es), pero sí es la Otra Maga, la verdadera, la que impulsó a Cortázar a escribir esa novela que es un icono literario del llamado boom de la novela latinoamericana de los 60 del siglo pasado. Baste recordar, entre otras anécdotas de esta época, la renuncia de la pareja, Julio y Aurora, a las plazas de traductores en la UNESCO que habían ganado en oposición y para toda la vida. La razón estuvo en la literatura, los dos querían escribir literatura y no atarse a trabajos cotidianos que restaran libertad a su vida precisamente literaria.



Aunque a la lituana Ugné Karvelis la había visto Julio Cortázar en las oficinas de Galllimard, en París, alguna que otra vez, su verdadero encuentro tuvo lugar en La Habana, Cuba. Ahí empezó la relación de la pareja, con una influencia en la literatura de Cortázar que se nota sobre todo en la excesiva politización de su escritura. El mayor ejemplo de esta temporada de amor ideológico, en donde Cortázar descubre del todo la Revolución Cubana y se vuelca en apoyarla, es El Libro de Manuel, un texto que quiere ser un catecismo ideológico, pero que representa un fracaso literario. Las buenas intenciones casi nunca dan buena literatura, y en esta temporada de solidaridad con los pobres del mundo y en defensa de causas perdidas pero que él cree justas, su literatura, sus resultados literarios, su escritura antes tan sólida y tan exquisita, decae en función de la influencia de sus amores con Ugné Karvelis.Nefasta influencia, en mi criterio, que se rompe justo cuando Julio Cortázar, en la tercera y última etapa de su vida, conoce a Carol Dunlop, una mujer muy joven y, por tanto, mucho más joven que él.



Dunlop consigue algo que es evidente: Cortázar, en su compañía, logra rejuvenecer su vida. Ese rejuvenecimiento se ve también en su literatura: sus relatos y cuentos de ese momentos son una vuelta a la juventud y la literatura en los textos de Cortázar en estos momentos es de exaltación de la vida, de la magia de vivir, del regreso de la gloria en las flores, como quería el poeta romántico. Exultando juventud, las obras que acomete y publica Cortázar en esta parte de su vida no abandonan la política, sino que encuentran un nuevo territorio en Nicaragua y la revolución sandinista. Pero también en la hedonista de la vida y en la imaginación de quien es ya un escritor convertido en historia de bronce y en recuerdo imperecedero para sus lectores y la Historia Universal de la Literatura.

Al final de su vida, ya enfermo, a Julio Cortázar le inventaron mil muertes mentirosas. Al final de su vida, para cerrar el círculo, volvió a sus cercanías con Aurora Bernárdez, que lo cuidó hasta el final, cuando apenas podía moverse y el silencio definitivo lo acechaba en su cama de hospital. No estoy queriendo decir que Cortàzar se dejara llevar por las mujeres de su vida, sino que esas mujeres tuvieron una influencia primordial en la ejecución de su literatura. Hay coincidencias aparentes coincidencias que no fallan en la vida de los escritores y que, como todo en el firmamento y el universo, resultan, al final matemáticamente. La vida de Cortázar y sus mujeres alumbran espejos encendidos que delatan algunos secretos aún no desvelados en la vida del gigantesco escritor. Generoso y exigente a la vez, el amor fue para Cortázar un elemento esencial en su vida. Y, por tanto, para cerrar el círculo de este comentario que celebra su memoria de cien años de recuerdos, también lo fue en su literatura. Era matemático que así ocurriera. Matemático y circular, así a ritmo de jazz, era y es Julio Cortázar y su literatura. Y su vida, pues. 



Christophe Karvelis / Cortázar fue mi padre sustituto

“La relación de mi  madre con Julio al ser pasional,  a veces resultaba destructiva, el alcohol colaboraba y en ocasiones era difícil vivir con ella.”
Christophe Karvelis
Foto de Juan Chiesa

Christophe Karvelis

“Julio fue mi padre sustituto” 

Christophe Karvelis, hijo de la segunda mujer del escritor, Ugné Karvelis (foto) y uno de los herederos de los derechos de su obra, habló desde París sobre la infancia con su padrastro y la conflictiva relación de su madre con el escritor.
Esta historia está escrita entre las páginas de la vida de Cortázar. Como recuerdos que toman fuerza y se abren de repente. Como algo tal vez nunca contado. Un niño que lo conoce, que vive con él, que comparte salidas, charlas, juegos. El hijo de una mujer. No cualquier mujer,  sino la que arrasó el corazón del escritor de forma intensa e inesperada. Cuando Julio comenzó su relación con la editora Ugné Karvelis, Christophe, el hijo de ella, tenía seis años. Y aunque la pareja se separó diez años después, el niño ya crecido y el escritor que no tuvo descendencia se siguieron viendo.

Ugné Karvelis / La compañera revolucionaria

Ugné Karvelis

Ugné Karvelis

La compañera revolucionaria

Alta, esbelta y políticamente comprometida, Ugné Karvelis marcó el quiebre definitivo de la relación del escritor con Aurora Bernárdez. Estuvieron juntos más de una década, hasta que una serie de "incompatibilidades cada vez más manifiestas, de las que se desprende la infelicidad, la agresión" precipitaron el desenlace.

Por Gilda carletti

MARTES 19 DE AGOSTO DE 2014 | 18:15


Conocí y traté, casi simultáneamente, en París, mientras estaba escribiendo la biografía, a Aurora Bernárdez y a Ugné Karvelis. Ambas, muy distanciadas entre ellas por obvias razones en las que me privo de entrar y de juzgar, fueron muy amables, generosas en sus informaciones, prudentes en sus juicios y discretas. Trataron de incidir algo en lo que yo estaba escribiendo, pero eso es humano y sucede siempre en estos casos”, afirma el biógrafo de Julio Cortázar, Mario Goloboff, ante Diario Publicable.

Ugné Karvelis / Cortázar era un hombre de pareja


Ugné Karvelis
"Cortázar era un hombre de pareja"
EL TIEMPO DE LA ESPERANZA

"Soy incapaz de hablar de él en pasado. A veces, cuando converso con gente seria, tengo que recordar que debo referirme a él en pasado, no en presente. Para mí, hay una especie de diálogo que no se ha interrumpido. No podría decir cómo, ni qué, pero es una presencia. Una presencia que no pesa, sin efectos negativos. Esa presencia existe."
Ugné Karvelis

Por Armando Chávez | La Habana, 2001


Julio Cortázar y Ugné Karvelis

Julio Cortázar soñó en algunas de sus más de treinta mil noches de vida, con una ciudad laberíntica, de la que llegó a conocer los más ocultos rincones. Quizás, a tono con sus relatos, anhelaba ser habitante permanente de un mundo en el que ahora bastara cerrar los ojos para entrar y reencontrarlo, a pesar de la muerte.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Edith Aron / Cortázar me dijo que tenía ganas de escribir un libro mágico


Julio Cortázar, por Sábat.
Cortázar según Sábat
Edith Aron: 
"Cortázar me dijo 

que tenía ganas de escribir un libro mágico"



A 50 años de la publicación de "Rayuela", habla Edith Aron, la persona que inspiró el personaje de la Maga y viajó en el mismo barco, el Conte Biancamano, que llevó a Cortázar por primera vez a París. 



POR ALBERT LLADÓ

La Vanguardia

27 de junio de 2013








Edith Aron nació en el Sarre, en la frontera alemana con Francia, en 1927. De origen judío, emigró con su madre a Buenos Aires, cuando era una niña y sus padres se separaron. Pasada la Segunda Guerra Mundial, decidió volver a visitar a su padre, que se había salvado de la persecución nazi. Era 1950 y viajaba en el mismo barco, en el Conte Biancamano, que llevaría a Cortázar por primera vez a París. Nos atiende en su pequeño piso de Londres, donde vive envuelta de libros y recuerdos. Tocamos el timbre y nos abre su hija. Edith Aron está escuchando jazz y sigue el ritmo silbando. Es octogenaria pero en todo momento se arregla el pelo y se pinta los labios. Pasamos dos días hablando de París, de Cortázar y del azar. La siguiente transcripción es un resumen del encuentro.

-¿Cuándo vio por primera vez a Julio Cortázar?

-En la oficina de cambio del barco.

-¿Se fijó en él?

-Sí, era un hombre alto, delgado, joven. Oí cómo hablaba con acento argentino, pero no pronunciaba bien la erre.

Edith Aron / Y quién pagará esta llamada

Edith Aron
París, 1952

Edith Aron

¿Y quién pagará esta llamada?


JUN 9 de 2013



POR YANET AGUILAR SOSA


Hay muchos asuntos que Edith Aron ha superado: ser llamada “la Maga de Cortázar” y que un “desgraciado” le robara su traducción De cronopios y de famas sin que Julio saliera a respaldarla; sin embargo, hay cosas que la traductora no ha podido evitar: seguir fumando Gauloises, los famosos cigarrillos franceses presentes en Rayuela, y que al hablar, reír y recordar, deje en sus interlocutores la certeza de que conversan con Lucía, la Maga.
En una carta fechada en agosto de 1951 el escritor argentino le anuncia a la bella alemana de ojos claros y sonrisa soñadora, que regresará a París en noviembre y le pide “que siga siendo brusca, complicada, irónica, entusiasta”.
Más de 60 años después, Edith está lastimada de las rodillas, prepara la celebración de sus 90 años en Sarre, Alemania, su ciudad natal, donde planea leer sus cuentos y disfrutar del estreno de la película sobre su vida que un grupo de jóvenes alemanes filmó. Ellos le preguntaron: “¿Cómo es que dicen que usted ha influido a un escritor argentino para un personaje?” Y ella volvió a decir: “Para mí es muy lindo decir la Maga porque tiene algo mágico, pero no soy yo”.

Vargas Llosa / La muerte de Aurora Bernárdez

Aurora Bernárdez y Julio Cortázar
Ilustración de Fernando Vicente

Mario Vargas Llosa

La muerte de Aurora

La vi por última vez en el verano del año pasado. Raspaba ya los 93 años y oía con dificultad. Necesitaba tiempo para terminar una biografía de Julio Cortázar, a quien profesó un intenso amor


En diciembre de 1958, un amigo peruano de la Unesco, Alfonso de Silva, me invitó a su casa a cenar, en París. Me sentó junto a un hombre delgado, muy alto y lampiño que, sólo a la hora de la despedida, descubrí era Julio Cortázar. Parecía tan joven que lo creí mi contemporáneo y era 22 años mayor que yo. Su mujer, Aurora Bernárdez, bajita, menuda, tenía unos grandes ojos azules y una sonrisa un poco irónica que mantenía a la gente a distancia.
Nunca he olvidado la impresión que me hizo esa noche la conversación de esa pareja tan dispareja. Parecían haber leído todos los libros, sólo decían cosas inteligentes y había entre ellos una complicidad tal en lo que contaban —se pasaban la palabra como los palitroques dos diestros funámbulos— que, se diría, habían llevado todo aquello ensayado.
En los casi siete años que viví en Francia nos vimos muchas veces, en su casa, en la mía, en los cafés, o en la Unesco, donde ejercíamos como traductores. Nunca dejaron de admirarme la riqueza de sus lecturas, la sutileza de sus observaciones, la sencillez y naturalidad de sus maneras y, también, el modo como tenían organizada su vida para ver las mejores exposiciones, las mejores películas, los mejores conciertos. Era difícil descubrir quién era más inteligente y más culto, cuál de los dos había leído más, mejor y con mayor provecho. Cuidaban su intimidad con encarnizamiento —no perdían nunca el tiempo— y mantenían a raya a quien quisiera invadirla. Yo estuve siempre seguro que Aurora no sólo traducía —lo hacía maravillosamente, del inglés, el francés y el italiano, como atestiguan sus versiones de Faulkner, Durrell, Calvino, Flaubert— sino también escribía, pero que se abstenía de publicar por una decisión heroica: para que hubiera un solo escritor en la familia.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Aurora Bernárdez en palabras de Julio Cortázar

Daniel de Voto, Aurora Bernárdez, Julio Cortázar y Guida Kagel
Boulevard Saint Michel, París.
Aurora Bernárdez 
en palabras de Julio Cortázar

Aurora Bernárdez y JulioCortázar.
“Te juro que no trataré de ser demasiado ‘marido’; por el momento A. y yo damos más bien la impresión de dos camaradas que arriman el hombro (el de ella me da en las costillas) para que las cosas sean más divertidas y verdaderas”. Le ha de poner unas gotas de inevitable e idiosincrásico humor Julio Cortázar para hablar, en una carta de septiembre de 1953, a uno de sus íntimos amigos, el pintor/poeta Eduardo Jonquières, de su sentida vinculación con Aurora Bernárdez, fallecida este sábado en París.
Era, efectivamente, un relación muy, muy especial. Desde el minuto uno en que la conociera en el café Boston de Buenos Aires, cinco años antes, gracias a una amiga. Después de idas y venidas cruzando el charco e indecisiones, Cortázar, tan tímido desde su corpachón, admitía también a Jonquières, siete meses antes: “Tuve el valor de hacerme las preguntas esenciales, y salí limpio de la prueba. Pude hablar, pude decirle a Aurora lo que tenía que decirle, y pude venirme a Francia sin ninguna esperanza, pero con una serenidad que era por sí sola una altísima recompensa a mi cariño. El resto lo sabes, ella ha venido a su vez, está aquí, su mano duerme de noche entre las mías. Y esta felicidad se parece tanto a un huracán que me da miedo…”

Aurora Bernárdez y Julio Cortázar

Julia Saltzmann / Aurora Bernárdez

Aurora Bernárdez

Aurora Bernárdez

Julia Saltzmann, editora de Alfaguara en Argentina, y amiga personal de Aurora, refleja la personalidad de esta mujer.

8 NOV 2014 

No hay duda de que editar la obra de Cortázar es un privilegio, y una de las satisfacciones más grandes que me deparó el trabajo. Y ese privilegio tuvo una añadidura que no olvidaré: conocer y tratar a Aurora Bernárdez.
Veníamos comunicándonos formal y cordialmente por fax durante los primeros tiempos hasta que nos vimos en Buenos Aires en 2004. La primera impresión que tuve de ella es la que se mantuvo en el tiempo (y es que siempre supo ser muy ella, hasta el final): conversadora, curiosa, expresiva… y rigurosa. Sin duda sabía el valor de las palabras: todas las que decía tenían su razón de ser y esperaba lo mismo de su interlocutor.
Pequeña y activa, en su casa de París se movía de un cuarto al otro, de una planta a otra para atender a las visitas, para buscar un libro o mostrar una foto. Todos los días daba largos paseos, leía mucho y cumplía con su trabajo: el cuidado de la obra de Cortázar. Con Aurora, Carles Álvarez Garriga y Gabriela Franco editamos las últimas obras inéditas de Cortázar: Papeles inesperados, los cinco tomos de correspondencia, Clases de literatura y finalmente Cortázar de la A a la Z. Tuvimos en común la contracción al trabajo, el amor por la obra de Cortázar, la consideración del detalle, y aun a la distancia la manía de dar lo mejor. También puedo decir que nos divertimos en esa cofradía de cuatro.
La vi por última vez en el último marzo. Entusiasta como era, estaba empeñada en preparar una antología del poeta argentino Francisco Luis Bernárdez, su medio hermano, y quería también salvar su biblioteca. Como siempre, esta mujer, que nunca usurpó protagonismo, tenía sus propios planes. Quien quiera conocerla mejor, asomarse a su vida, que ya es pasado, lea Cartas a los Jonquieres, o busque en Cortázar de la A a la Z la A de Aurora, y encontrará a la joven lectora, a la muchacha enamorada, a la mujer que supo jugar y supo cumplir. Un carácter. Una vida.


Aurora Bernárdez / Profunda, liviana existencia

Paco Luis Bernárdez, Laura, Aurora Bernárdez y Cortázar
en Toledo

Aurora Bernárdez

Profunda, liviana existencia

Siempre tuvimos curiosidad por saber cuándo se inició la complicidad que tanto encantaba a quienes frecuentaron a esa pareja que cultivaba la conversación como una de las bellas artes




Aurora Bernárdez, esa dama de pícara mirada azul, inteligencia veloz y leve figura, ha muerto en París a los 94 años. Qué difícil evocarla ahora. ¿Cuál de sus facetas, cuál de sus chispeantes conversaciones, cuál de sus divertidas anécdotas? Entró muy pronto en nuestra vida, primero como traductora, aunque entonces no supiéramos la importancia de una labor como la suya, necesariamente invisible, aunque infiltrada en la voz del autor, es decir en la materialización de su pensamiento. Así, su nombre, a veces en letra injustamente pequeña, se nos fue haciendo familiar junto al de escritores que nos acompañan en nuestra vida de lectores y, en nuestro caso, especialmente al de Julio Cortázar, con quien se casó en 1953. Con el tiempo supimos que la autora de aquellas traducciones elegantes y sutiles también era capaz de soñar historias tenebrosas o insólitas que contaba en el desayuno a su marido quien, con su permiso, claro está, transformaba en relatos. Siempre tuvimos curiosidad por saber cuándo se inició la complicidad que tanto encantaba a quienes frecuentaron a esa pareja que cultivaba la conversación como una de las bellas artes. Quizá comenzó a finales de 1947, cuando Aurora leyó el cuento “Casa tomada”, que Cortázar publicó en la revista Anales de Buenos Aires, de la mano de Jorge Luis Borges. O tal vez fue en enero de 1948, cuando él, sin conocerla todavía, publicó una crítica de La náusea, de Jean Paul Sartre, en la revista Cabalgata, en la que hizo algo insólito hasta entonces: elogió el trabajo de la traductora. “Aurora Bernárdez vertió el difícil lenguaje de la obra con una exacta noción del ritmo sartriano; en cada página hay pruebas de su esfuerzo y su eficacia” –escribió Cortázar.
Con el tiempo nuestra vida dio un vuelco y ya encaminados en el estudio de la obra de Cortázar tuvimos la fortuna de frecuentarla, poco después de la muerte del escritor. Entonces supimos que estábamos frente a la cronopia que había descubierto que unas escaleras eran de subir y otras de bajar y que había sido la primera lectora de todo lo que salió de la pluma de Cortázar, incluso cuando ya no eran pareja, aunque sí amigos incondicionales hasta el final.
De memoria prodigiosa, Aurora Bernárdez atesoraba anécdotas, muchas de ellas salpicadas de punzante humor ácido, y era delicioso escucharla desgranar historias de sus padres, inmigrantes gallegos en Argentina, de sus tías, de sus hermanos, uno de ellos el poeta Francisco Luis Bernárdez, amigo de Borges, de Arlt, integrante de los grupos vanguardistas en Buenos Aires, y de todo el mundo del ámbito de la cultura.
El azar y la necesidad hicieron que la discreción de su delicado trabajo como traductora de pronto se trocara en la más expuesta labor como albacea de la obra de Cortázar. Sin embargo, nada alteró aquel orden minucioso que una mujer como ella supo instaurar en su liviana existencia (como escribió Cortázar en un cuento). Disfrutaba estando en su casa, sencilla, limpia y ordenada, exenta de lujos pero repleta de belleza y comodidades para el alma, y desde allí el mundo seguía a su alcance. Le gustaba leer y estar al tanto de todo: Le Monde todos los días y El País los domingos, y celebraba que se lo lleváramos cuando la visitábamos. Luego nos premiaba con su compañía y el desayuno en el café de la plaza, con las mejores medialunas de París, las de la panadería de la vuelta. La echaremos de menos. Por encima de todo le agradecemos su precioso tiempo, y el amor y el respeto que dedicó a cuidar la obra que Cortázar le confió al morir. Lamentamos que con tanta vehemencia nos privara de sus memorias, porque ella tuvo, cómo no, una riquísima vida propia. Descanse en paz.
Mariángeles Fernández es especialista en la obra de Cortázar y fue durante años amiga personal de Aurora Bernárdez.


sábado, 8 de noviembre de 2014

Muere Aurora Bernárdez, traductora y viuda de Cortázar

Aurora Bernárdez y Julio Cortázar, 1956

Muere Aurora Bernárdez, 

viuda de Cortázar y clave en su vida literaria

Se encargó de revitalizar toda la obra del gran autor con su amiga Carmen Balcells



    Aurora Bernárdez en una exposición en 2005. / RICARDO GUTIERREZ
    Aurora Bernárdez, viuda de Julio Cortázar, traductora literaria de Camus, Sartre, Durrell y Nabokov, entre otros, murió esta mañana a los 94 años en un hospital de París. Había sufrido una caída el pasado viernes, al salir de una vista médica, como consecuencia de un accidente cerebrovascular. Estuvo casada con Cortázar desde los años 50, fue relevante en la escritura de sus primeros libros más importantes, incluyendo Rayuela; aparece en otros, como compañera fiel, como una memoria inteligente e infatigable. Tras su separación, en los años setenta, él vivió con otras compañeras, la agente Ugné Kurvelis y la fotógrafa y escritora Carol Dunlop; a la muerte de esta, en 1983, Cortázar enfermó gravemente. Fue Aurora Bernández quien lo cuidó hasta el final. Después del fallecimiento del autor de Todos los fuegos el fuego, fue Aurora Bernárdez, con su amiga Carmen Balcells, la que se encargó de revitalizar la obra del gran cronopio, que sigue siendo leído en todo el mundo de habla española como si nunca hubiera desaparecido. Esta y sus admirables traducciones (de William Faulkner, por ejemplo) son sus mejores obras, así como su capacidad para recordar y para contar con todo detalle lo que vivió junto a Cortázar y junto a otros grandes escritores del siglo XX.
    Aurora Bernárdez y Julio Cortázar