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lunes, 6 de enero de 2025

Alice Munro / Salvo el segador


Alice Munro

SALVO EL SEGADOR

Biografía

(“Save the Reaper”)


      El juego era prácticamente el mismo al que había jugado Eve con Sophie en largos y aburridos viajes en coche cuando Sophie era una niña pequeña. Entonces se trataba de espías; ahora eran alienígenas. Los hijos de Sophie, Philip y Daisy, se sentaban en los asientos traseros. Daisy no llegaba a los tres años y no podía entender lo que ocurría. Philip tenía siete años y era él quien dominaba la situación. Era él quien escogía el coche que debían perseguir, el coche en el que extraterrestres recién llegados iban de camino a su cuartel general secreto, la guarida de los invasores. Se guiaban por las señales emitidas desde otros coches por gente de apariencia inofensiva o por personas que se encontraban junto a un buzón de correos o que conducían un tractor por el campo. Muchos alienígenas ya habían llegado a la tierra y habían sido convertidos —ésta era la palabra utilizada por Philip—, de tal modo que cualquiera podía ser uno de ellos. Empleados de una gasolinera, mujeres que paseaban carritos de bebé, incluso los propios bebés. Podían estar emitiendo señales.

jueves, 2 de enero de 2025

Alice Munro / Ataques


Alice Munro

ATAQUES

Biografía

(“Fits”)

      Las dos personas que murieron tenían poco más de sesenta años. Los dos eran altos y robustos, con unos cuantos kilos de más. Él tenía el pelo gris y la cara cuadrada. La nariz ancha le restaba dignidad a su aspecto e impedía que fuera realmente agraciado. Ella tenía el pelo rubio, un rubio plateado que ya no se considera artificial —aun sabiendo que no es natural— porque lo han adoptado muchas mujeres de esa edad. En Navidad se pasaron un día por casa de Peg y Robert para tomar una copa, y ella llevaba un vestido gris pálido con una raya brillante, medias grises y zapatos del mismo color. Bebió ginebra con tónica. Él llevaba pantalones marrones y jersey de color crema, y bebió whisky de centeno con agua. Acababan de volver de un viaje por México. Él había practicado el paracaidismo, pero ella no había querido. Fueron a ver un sitio de Yucatán —parecía un pozo— donde, al parecer, arrojaban a las vírgenes para obtener buenas cosechas.

Alice Munro / Miles City, Montana


Alice Munro

MILES CITY, MONTANA

Biografía





      Mi padre cruzó el prado con el cuerpo del chico que se había ahogado. Volvían varios hombres juntos, que habían participado en la búsqueda, pero era él quien llevaba el cuerpo. Los hombres estaban cubiertos de barro y agotados y caminaban con la cabeza baja, como avergonzados. Incluso los perros estaban desanimados, chorreando agua fría del río. Cuando partieron, horas antes, los perros iban nerviosos, gruñendo, los hombres en tensión, decididos, y se respiraba una emoción contenida, inexpresable. Todos sabían que podían encontrarse con algo terrible.

Alice Munro / Vándalos




Alice Munro

VÁNDALOS

Biografía


I
    «Mi querida Liza: todavía no te había escrito para darte las gracias por haber ido a nuestra casa el pasado febrero (pobre Tétrica: supongo que ahora sí que se merece el nombre) en plena nevada o al menos en medio de sus consecuencias y por contarme qué te habías encontrado allí. Dale también las gracias a tu marido por haberte llevado en su vehículo para la nieve, y además porque sospecho que fue él quien tapió la ventana rota para impedirles el paso a las bestias salvajes, etc. No acumuléis tesoros en la tierra que la polilla y el polvo, por no hablar de los quinceañeros, puedan corromper. Me he enterado de que te has hecho cristiana, Liza. Me parece estupendo. ¿Has vuelto a nacer? Siempre me ha gustado esa idea.

lunes, 23 de octubre de 2023

Alice Munro / Cena del Día del Trabajo




Alice Munro

CENADEL DÍA DEL TRABAJO


“Labor Day Dinner”

      Justo antes de las seis de la tarde, George y Roberta, Angela y Eva salían de la camioneta de George (cambió su coche por una camioneta cuando se trasladó al campo) y cruzaron el patio delantero de Valerie, bajo la sombra de dos apartados y espléndidos olmos que han sido costosamente conservados. Valerie dice que aquellos árboles le han costado un viaje a Europa. La hierba que tienen debajo se ha mantenido verde durante todo el verano y está rodeada de dalias rojas. La casa es de ladrillo de un rojo apagado y alrededor de las puertas y de las ventanas hay un contorno decorativo de ladrillos de un color más claro, que originalmente eran blancos. Este estilo se encuentra a menudo en Grey Country; quizá fuese especialidad de alguno de los primeros constructores.

Alice Munro / Amistad de juventud





Alice Munro

AMISTAD DE JUVENTUD

Biografía




Con mi agradecimiento para R.J.T.

      Soñaba a menudo con mi madre y, aunque los detalles del sueño variaban, la sorpresa era siempre la misma. El sueño se detenía, supongo que porque era demasiado transparente en su esperanza, demasiado complaciente en su perdón.

jueves, 23 de enero de 2020

Alice Munro /Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio





Alice Munro
Biografía
Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio


      Hace años, antes de que dejaran de pasar trenes por tantos ramales, una mujer de alta frente pecosa y flequillo rubicundo entró en la estación de ferrocarril a averiguar qué había que hacer para despachar muebles.

domingo, 29 de diciembre de 2019

Alice Munro / Secreto a voces






Alice Munro

SECRETO A VOCES

Biografía

Traducción de Flora Casas

Una mañana de sábado,
tan bonita como el sol,
siete chicas acamparon
con la señorita Johnstone.


—Y por poco no se fueron —dijo Frances—, porque el sábado por la mañana caían chuzos de punta. Estaban esperando en el sótano de la Iglesia Unida, y la señorita va y dice, «¡Bueno, esto tiene que parar! ¡Nunca me ha llovido en una excursión!». Pero ojalá no le hubiera salido bien. La historia habría sido muy distinta.
Dejó de llover, emprendieron la excursión y a medio camino hacía tanto calor que la señorita Johnstone les permitió que parasen en una granja: la dueña sacó Coca-Colas y el dueño les dejó la manguera para que se refrescaran. Se la quitaban unas a las otras y hacían travesuras, y Frances dijo que Mary Kaye decía que Heather Bell había sido la peor de todas, la más descarada, porque cogió la manguera y enchufó a las demás en todos los sitios malos.

sábado, 14 de julio de 2018

Alice Munro / Pasión


Alice Munro
PASIÓN

Hace poco, Grace fue a buscar la casa de verano de los Travers en el valle de Ottawa. No había estado en esa parte del país desde hacía muchos años y, naturalmente, estaba muy cambiada. La autopista 7 evitaba pueblos que antes atravesaba y era recta en lugares donde, según recordaba, había curvas. Esa zona del Escudo Canadiense está plagada de lagos pequeños, que los mapas corrientes no tienen sitio para identificar. Incluso cuando localizó Little Sabot Lake —o creyó haberlo localizado— parecía haber demasiados caminos que llegaran a él desde la carretera comarcal y luego, cuando ya se hubo decidido por uno de esos caminos, lo cruzaban varios otros asfaltados, todos con nombres que no recordaba. Es verdad que, cuando estuvo allí cuarenta años antes, las calles no tenían nombre. Ni estaban asfaltadas. Solo existía el camino de tierra que conducía al lago y el otro camino de tierra que corría bastante al azar por la orilla.

viernes, 13 de julio de 2018

Alice Munro / Escapada



Alice Munro

jueves, 12 de julio de 2018

Alice Munro / La temporada del pavo

Girl holding turkey, 1957
Joe Hester
Alice Munro
Biografía

LA TEMPORADA DEL PAVO
The Turkey Season
A Joe Radford

      Cuando tenía catorce años conseguí un trabajo en el Corral del Pavo durante la temporada de Navidad. Era demasiado joven para conseguir trabajo en una tienda, o como camarera a tiempo parcial; también era demasiado nerviosa.

miércoles, 11 de julio de 2018

Alice Munro / Dimensiones


Alice Munro

Doree tenía que coger tres autobuses, uno hasta Kincardine, donde esperaba el de London, donde volvía a esperar el autobús urbano que la llevaba a las instalaciones. Empezaba la excursión el domingo a las nueve de la mañana. Debido a los ratos de espera entre un autobús y otro eran casi las dos de la tarde cuando había recorrido los ciento sesenta y pocos kilómetros. Sentarse en los autobuses o en las terminales no le importaba. Su trabajo cotidiano no era de los de estar sentada.

lunes, 17 de julio de 2017

Alice Munro / Los muebles de la familia



Alice Munro
Biografía


LOS MUEBLES DE LA FAMILIA

      Alfrida. Mi padre la llamaba Freddie. Eran primos hermanos y habían vivido en granjas vecinas y luego vivieron un tiempo en la misma casa. Un día estaban en un campo de rastrojo jugando con Mack, el perro de mi padre. Hacía sol aquel día, aunque no llegaba a fundir el hielo de los surcos. Ellos daban patadas al hielo, les divertía el crujido bajo los pies.

domingo, 29 de junio de 2014

Alice Munro / Ver las orejas al lobo


Alice Munro
VER LAS OREJAS AL LOBO
Fiona vivía con sus padres en la ciudad en donde ella y Grant iban a la universidad. A Grant la enorme casa con miradores, con sus alfombras llenas de arrugas y sus marcas de taza en el barniz de la mesa, le parecía al mismo tiempo lujosa y desordenada. La madre de Fiona era islandesa; una enérgica mujer de espumoso pelo blanco e indignadas opiniones de extrema izquierda. Su padre era un cardiólogo importante, reverenciado en el hospital pero felizmente sumiso en casa, donde escuchaba extrañas monsergas con una sonrisa ausente. Monsergas impartidas por toda erase de individuos, ricos o astrosos, que incesantemente iban y venían, debatían y consultaban, a menudo con acentos extranjeros. Fiona tenía su propio coche y una pila de jerséis de cachemira; pero no estaba en ninguna hermandad de estudiantes, probablemente por lo que ocurría en su casa.

jueves, 24 de octubre de 2013

Alice Munro / Lo que se recuerda


Alice Munro

En una habitación de hotel de Vancouver, la joven Meriel se está poniendo los cortos guantes de verano. Lleva un vestido de lino beige y un fino pañuelo blanco en el pelo. Pelo oscuro, en aquel entonces. Sonríe porque acaba de recordar algo que ha dicho la reina Sirikit de Tailandia, o que en una revista se dice que ha dicho. Es una cita dentro de otra: algo que, según la reina Sirikit, Balmain había dicho.
«Balmain me lo enseñó todo. “Ponte siempre guantes blancos” decía. “Es lo mejor.”»
Es lo mejor. ¿Por qué sonríe al recordarlo? Qué consejo tan suavemente susurrado; qué sabiduría absurda y categórica. Enguantadas, sus manos tienen un aire formal, pero tierno como las patas de un gatito.
Pierre le pregunta por qué sonríe y ella le contesta:
─Por nada.
Luego le cuenta. Él dice:
─¿Quién es Balmain?

miércoles, 23 de octubre de 2013

Alice Munro / Tren



Alice Munro

A pesar de que es un tren lento, aminora todavía un poco antes de tomar la curva. Jackson es el único pasajero, y faltan unas veinte millas para la siguiente parada, Clover. Después vienen Ripley, Kincardine y el lago. Está de suerte y no debe desperdiciarla. Ya ha sacado el resguardo del billete de la ranura del portaequipajes.
Arroja el macuto y ve que aterriza justo entre los raíles. No hay vuelta atrás: el tren no va a ir más despacio de lo que va en este momento.
Se la juega. Es un hombre joven y ágil, en la plenitud  de  su forma  física. Y aun así  el salto, la caída lo decepcionan.  Se nota más rígido de lo que pensaba, la inercia lo empuja hacia  delante  al  caer en tierra firme y las palmas de las manos se le clavan en la grava entre las traviesas,  levantándole la piel. Los nervios.
El tren ha desaparecido de la vista y empieza  a ganar velocidad al dejar  atrás  la curva. El hombre se escupe en las manos doloridas, sacudiéndose la grava. Luego recoge el macuto y empieza a desandar el camino que acaba de hacer en tren. Si siguiera al tren, llegaría a la estación de Clover bien entrada la noche. Todavía estaba a tiempo, podría lamentarse de haberse dormido y decir que al despertarse, con la cabeza embotada, pensó que se le había pasado la parada. Confundido, había saltado y luego le había tocado caminar.

martes, 22 de octubre de 2013

Alice Munro / Amundsen

Desnudo con rosas
Ilustración de Triunfo Arciniegas
Alice Munro
Me senté a esperar en el banco del andén. Cuando el tren llegó la estación estaba abierta, pero ahora ya la habían cerrado. Una mujer sentada en la otra punta del banco sujetaba entre las rodillas una bolsa de malla llena de paquetes envueltos en papel pringado de grasa. Carne, carne cruda. Se olía de lejos.
Al otro lado de las vías esperaba el tren, vacío.
No aparecieron más pasajeros, y al cabo de un rato el jefe de estación sacó la cabeza y gritó: «Sanatorio». Al principio no le entendí bien, pensé que llamaba a alguien, porque otro hombre con uniforme salió por el lado opuesto del edificio. Cruzó las vías y se montó en el vagón. La mujer  que  llevaba  los  paquetes  se levantó y lo siguió, así que hice lo mismo. Se oyeron unos gritos al otro lado de la calle en el momento en que se abrían las puertas de una edificación chata con tejas de madera oscura, y varios hombres salieron en tropel, encasquetándose las gorras mientras las fiambreras  metálicas del almuerzo les chocaban  contra  el  muslo. Por el jaleo que armaban cabía imaginar que el tranvía saliera en cualquier momento, dejándolos allí. Sin embargo, cuando se acomodaron en el vagón el tren siguió inmóvil mientras contaban cuántos eran y le decían al conductor que aún no podía irse,  que  faltaba  alguien. Entonces  uno se acordó de que el compañero al que esperaban tenía el día libre. El tranvía se puso en marcha, aunque  no  quedó  claro  si el conductor  había prestado atención a lo que le decían, o siquiera le importaba.

lunes, 21 de octubre de 2013

Alice Munro / Grava

Preñez de rosas
Ilustración de Triunfo Arciniegas
Alice Munro
GRAVA
En  aquella  época  vivíamos  al  lado  de  una cantera de grava. No una de esas excavaciones enormes  con maquinaria monstruosa, sino un foso de escasa envergadura con el que un granjero  debía  de  haberse  sacado  un  dinero años atrás. De hecho el foso era tan poco profundo que hacía pensar que en un principio iba destinado  a otros fines: los cimientos  de una casa, quizá, que al final no pasó de ahí.
Mi madre era la que insistía en llamar la atención sobre el asunto.
—Vivimos al lado de la antigua cantera de grava, al final de la calle de la estación de servicio —explicaba siempre, y se reía, feliz de haber cortado todos los lazos con la otra casa, la otra calle, el marido, con su vida anterior.
Apenas recuerdo esa vida. O más bien recuerdo  nítidamente  piezas  sueltas, pero me faltan  las  conexiones  necesarias  para formar una imagen completa. De la casa del pueblo lo único que retengo es el papel estampado con ositos que cubría las paredes de mi antigua habitación. En la casa nueva, que en realidad era una caravana, mi hermana Caro y yo dormíamos en camitas estrechas, una encima de la otra. Al principio  Caro  me  hablaba mucho  de  la otra casa, queriendo que recordara tal o cual cosa. Solía ser cuando nos acostábamos,  y por  lo general la conversación acababa sin que yo consiguiera recordar y con ella enfurruñada. A veces me parecía recordar algo, pero por llevar la contraria o por miedo a meter la pata fingía que no.

domingo, 20 de octubre de 2013

Alice Munro / Radicales libres

Sacacorchos
Ilustración de Triunfo Arciniegas
Alice Munro
RADICALES LIBRES
RADICALES LIBRES
Al principio la gente llamaba por teléfono para cerciorarse de que Nita no estaba demasiado deprimida, ni demasiado sola, ni comía demasiado poco o bebía demasiado. (Había sido una bebedora de vino tan diligente que muchos olvidaban que tenía completamente prohibido beber.) Ella mantenía las distancias, sin parecer ni dignamente afligida ni anormalmente animada, ni distraída ni confundida. Decía que no necesitaba que le hicieran la compra, que se las arreglaba con lo que tenía a mano. Tenía las medicinas que le habían recetado y suficientes sellos para las cartas de agradecimiento.
Sus mejores amigos probablemente sospechaban la verdad: que no se molestaba en comer mucho y que si llegaba alguna carta de pésame la tiraba a la basura. Ni siquiera había escrito a personas que vivían lejos, para evitar dichas cartas. Ni siquiera a la anterior esposa de Rich, que vivía en Arizona, ni al hermano, que vivía en Nueva Escocia y del que estaba bastante distanciado, a pesar de que ellos quizá entenderían mejor que la gente más cercana por qué había seguido adelante con el no funeral como lo había hecho.
Rich  le gritó que se iba al pueblo, a la ferretería. Eran como las diez de la mañana; había empezado a pintar la verja de la terraza. Es decir, estaba raspándola para pintarla y la vieja rasqueta se le rompió en las manos.

sábado, 19 de octubre de 2013

Alice Munro / Ficciones

Lectora y ojo
Ilustración de Triunfo Arciniegas
Alice Munro
FICCIONES
Lo mejor del invierno era volver a casa en el coche, después de todo el día dando clases de música en los colegios de Rough River.
Ya había oscurecido, y en la parte alta del pueblo quizá estaba nevando mientras la lluvia azotaba el coche por la carretera de la costa.
Joyce dejó atrás los límites del pueblo y se internó en el bosque, y aunque era un bosque de verdad, con grandes abetos de Douglas y cedros, cada cincuenta metros más o menos había una casa habitada.
Algunas personas tenían huertos; otras, ovejas o caballos, y había empresas como la de Jon, que restauraba y hacía muebles. También ofrecían servicios que se anunciaban junto a la carretera y en especial en esa parte del mundo: cartas del tarot, masajes con hierbas, resolución de conflictos. Algunos vivían en caravanas; otros se habían construido casas, con tejado de paja y extremos de troncos, y otros, como Jon y Joyce, estaban restaurando viejas casas de labranza.
Había algo especial que a Joyce le encantaba ver mientras volvía a casa y entraba en su finca. En esa época mucha gente, incluso algunos habitantes de las casas con techo de paja, estaban instalando lo que llamaban puertas de patio, aun cuando, como Jon y Joyce, no tenían patio. No solían ponerles cortinas, y los dos rectángulos de luz parecían ser indicio o promesa de comodidad, de seguridad y abundancia.