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lunes, 16 de abril de 2018

Pink Floyd / When pigs fly


PINK FLOY

When pings fly

¿No es privilegio del opresor salir volando cuando le dé la gana?

Jordi Soler
11 de enero de 2016


Hay un refrán en inglés que se aplica cuando algo tiene pocas posibilidades de suceder: when pigs fly: eso sucederá cuando los cerdos vuelen. Curiosamente uno de los cerdos más famosos de la iconografía del siglo XX es uno que vuela, ese que aparece en el álbum Animals (1977), de Pink Floyd. Aquel famoso ejemplar era un cerdo hinchable, del tamaño de un autocar, que fabricó la empresa Goodyear-zepellin a petición expresa de Roger Waters, el líder del grupo. El concepto general de la fotografía era que el cerdo apareciera flotando encima de la estación eléctrica de Battersea, como lo hemos visto toda la vida en la carátula del disco. ¿Por qué un cerdo? Porque este noble animal era la metáfora, difícilmente original, del opresor capitalista, que sobrevuela su propiedad fuera del alcance de la clase trabajadora. Como en aquellos años no existía el Photoshop, el cerdo tenía que volar de verdad, y para que no escapara lo amarraron a tierra con unas cuerdas. Pero resulta que al final de la sesión ese cerdo monumental soltó amarras y se fue cielo arriba, a sobrevolar plácidamente la ciudad de Londres. ¿No es privilegio del opresor salir volando cuando le dé la gana? Roger Waters había contratado un francotirador para que derribara al cerdo en caso de que escapara, pero el fusilero estaba distraído o se le atascó el arma, y el caso es que el cerdo siguió su plácido rumbo, practicando ese vuelo algodonoso que permite el helio. El cerdo se perdió de vista, pero reapareció 15 minutos más tarde, cuando un piloto que se aproximaba al aeropuerto de Heathrow lo vio volando a unos metros de su DC-9. No solo él lo vio, también los pasajeros, que juraron nunca más volver a pronunciar el absurdo refrán. El cerdo voló y voló hasta que perdió el helio y cayó irreconocible, arrugado como un edredón, en un campo sembrado de trigo.

jueves, 9 de agosto de 2012

Chavela Vargas / Contestataria e incómoda


Foto del mensaje
Chavela Vargas

Chavela Vargas

Contestataria e incómoda





No hay otra manera de homenajear a Chavela Vargas que poner uno de sus discos y beberse un tequila. Más que de su obra indiscutible, inapelable, y de sus aventuras, íntimas y públicas, que pronto serán pasto de los documentalistas y de los profesionales del biopic, habría que rescatar, puesto que su perfil wikipédico está exhaustivamente redondeado, y su anecdotario muy dicho por un montón de amigos suyos, sus años modestos, su periodo de artista de la canción vernácula, ese capítulo de su carrera que pasó en la oscuridad, en antros de mala muerte, cuando muy pocos le hacían caso y ella tenía que ganarse la vida en tugurios oscuros de la Ciudad de México, donde le daba vuelo a esa manera tan mexicana de ser, aún cuando ella nació Costa Rica, cosa que importa poco porque, ya se sabe, México adopta con una generosidad extraordinaria, a esos espíritus sublimes que necesitan un escenario, un territorio, un país donde echar para adelante un proyecto vital, como pasó con los Republicanos en 1939, al final de la Guerra Civil.
Chavela Vargas llegó así a México, a ver qué podía hacer, buscando un país que diera asilo a su talento y, al mismo tiempo, asimilando lo que era ese país y, décadas más tarde, Chavela se había convertido en una cantante mexicana, pero no en una de estas señoras folclóricas que van cantando el cancionero nacional, sino en una intérprete de la periferia, en una mujer que interpretaba, y hacía suyas, canciones típicas mexicanas, pero desde su perspectiva personal, única, inclasificable. Hace unos veinte años, quizá más, me cayó la encomienda de narrar, para un diario mexicano, la irrupción de Chavela Vargas en elmainstream mexicano; era un concierto muy serio, en el Palacio de Bellas Artes, donde había gente de todos los pelajes y ahí, desde ese momento, comprendí la grandeza de Chavela Vargas, que antes de ese momento era para mí una cantante patibularia, rascuache, de rompe y rasga, y a partir de aquel concierto en Bellas Artes pensé que esa bendita mujer, a la que yo había visto en varios tugurios y patíbulos, había tenido el talento de reconvertirse en una cantante del mainstream, cosa nada sencilla puesto que la materia era evidentemente patibularia, pero ella había sabido conectar con el gran público, había sabido imponerse a las damas del folclore nacional y, sobre todo, había establecido que se puede ser una estrella de la canción mexicana y, simultáneamente, una mujer contestataria, incómoda y políticamente incorrecta, y hoy ha muerto Chavela, la Chamana, me parece que echaremos de menos eso, su incorrección y su frescura, su ligereza al decir, como ponía su cuenta de Twitter antes de que sus herederos la metamorfosearan, que se había bebido miles y miles de tequilas y que, a pesar de eso, o quizá justamente por eso, podía donar su hígado. Echaremos de menos a La Chamana, pero siempre podremos oír sus discos y brindar con un tequila, o tres, por su salud en el más allá; pero a ella no la podremos recuperar, no tendremos nunca más su vitalidad ni su poder chamánico, no gozaremos nunca más de su gloriosa incorrección, de esa perspectiva que tenía del mundo, en donde el bien era un bien timorato, y el mal una insufrible superstición.