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lunes, 27 de septiembre de 2021

Jumpa Lahiri conversa con Mavis Gallant / Parte III

 


Ian Barrett / The Canadian Press via AP

NO PUEDE ENSEÑARSE A ESCRIBIR (PARTE III)


BIOGRAFÍA 


Jumpa Lahiri conversa con Mavis Gallant

[pgs. 145-146]

JL
La primera historia se inicia con un final, con un hombre que muere. Madame Carette tiene veintisiete años y queda a cargo de dos hijas muy pequeñas. Ayer hablamos de The Remission, que es la historia de un marido que muere, y de una mujer que va a enviudar pronto y va a quedar a cargo de unos hijos. La vida de Madame Carette cambia radicalmente de rumbo tras la muerte de su esposo. Sigue siendo viuda, y viste medio luto, mientras que Barbara, en The Remission, se echa un amante cuando su marido todavía no está enterrado. No habiendo conocido esas dos épocas personalmente, y teniendo en cuenta que se trata de dos personajes muy distintos, me pregunto cómo ha cambiado la sociedad respecto a la mujer entre esos dos periodos. Sobre todo para las mujeres que habían perdido a sus maridos.

Jumpa Lahiri conversa con Mavis Gallant / Parte II

 



Jill Krementz. Random House


NO PUEDE ENSEÑARSE A ESCRIBIR (PARTE II)


BIOGRAFÍA 


Jumpa Lahiri conversa con Mavis Gallant

Traducción de Juanjo Estrella

[pgs. 119-121]
JL
¿Ha escrito usted un diario desde la infancia?
MG
Ya no lo escribo, sólo de vez en cuando.
JL
¿Cuándo empezó a escribirlo?
MG
Tenía uno cuando todavía vivía en Canadá, pero lo destruí al irme. Me iba a una nueva vida.

Jumpa Lahiri conversa con Mavis Gallant / Parte I



Alfredo Di Molli / Courtesy Mavis Gallant

NO PUEDE ENSEÑARSE A ESCRIBIR (PARTE I)


BIOGRAFÍA 


Jumpa Lahiri conversa con Mavis Gallant


Traducción de Juanjo Estrella

En noviembre de 2005, tuve ocasión de conocer personalmente a Mavis Gallant. Fue durante un homenaje a su obra celebrado en el Symphony Space de Nueva York, en el que participé junto con Michael Ondaatje, Russell Banks y Edward Hirsch. Ella había llegado desde París, donde vive, para escuchar nuestros elogios, y para leer, después, una conferencia. Mavis se trasladó a París en 1950, a los veintiocho años, con la intención de dedicarse exclusivamente a la escritura de obras de ficción. Hasta ese momento había trabajado como periodista en Montreal, ciudad en la que nació el 11 de agosto de 1922. Su padre murió cuando ella tenía diez años, y se formó en un total de diecisiete instituciones educativas, desde conventos a internados, pasando por colegios públicos. Se casó a los veinte años, y se divorció cinco años después. En 1951, su cuento Madeleine’s Birthday [El cumpleaños de Madeleine] apareció en The New Yorker. Desde entonces ha publicado más de un centenar de relatos cortos en las páginas de esa revista. También se han editado más de diez libros de cuentos suyos, dos novelas, una obra de no-ficción y una pieza teatral. Es miembro extranjero honorario de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras, y entre sus numerosos galardones se cuentan el Rea Award de Relatos Breves y el premio Governor General, así como la Orden de Canadá, la más alta distinción civil de su país.

jueves, 23 de septiembre de 2021

Mavis Gallant / El pez de Abril


Mavis Gallant 
El pez de Abril
Traducción de Sergio Lledó

Como nací el primer día de abril me pusieron Abril de nombre de pila. Aquí en Suiza se pronuncia Afril, con lo que suena más como algún tipo de medicamento que como un mes de la primavera. “Tomad una buena dosis de Afril”, puedo imaginar diciendo al doctor Ehrmann a cada uno de los niños. Hoy empieza mi abril número cincuenta y uno. Me he despertado temprano y me he bebido el té a sorbos, con mucho cuidado de no molestar a los perros que dormían a los pies de la cama, sobre su propia manta de la Cruz Roja. Sigo teniendo pesadillas, pero ha cambiado el tipo de horror. En el sueño del ahorcamiento ya no soy la víctima. Cuelgan a otro. Anoche, en un sueño desgarrador, se ahogaba uno de mis propios hijos adoptivos, allí mismo, tras la ventana, en el lago de Ginebra. Yo deambulaba corriendo por la hierba, entre los cisnes. Sentía el rocío bajo mis pies desnudos, el dobladillo de mi camisón de terciopelo estaba cubierto con él. Podía ver los juguetes de los niños claramente: el tanque en miniatura que Igor siempre había querido, y algo rojo, puede que un cubo y una pala. Se me soltó el pelo y me caía por la espalda. Era caoba como el color de las hojas, como solía ser antes. Creo que salvé a Igor, es un recuerdo difuso. Me sentía eficiente y segura de haberlo conseguido.

Mavis Gallant / En tránsito

 


Mavis Gallant
En tránsito

    Después de que saliera para Oslo el grupo de veinticinco turistas japoneses de Cook, solo quedaron cuatro personas en la sala de espera del aeropuerto de Helsinki: una joven pareja francesa llamada Perrigny, que no hacía mucho que se habían casado, y una pareja de ancianos que podían ser identificados como norteamericanos. Cuando estos estuvieron seguros de que los jóvenes que había dos bancos atrás no podían entenderles, continuaron con una querella permanente y fluctuante. El hombre tenía la costumbre de leer las señales en voz alta, aunque tal vez solo lo hiciera para volver loca a su mujer. Leyó los carteles que había sobre las tres puertas que llevaban a la pista de aterrizaje:
    —Oslo, Amsterdam, Copenhague. No veo Estocolmo.
    —Lo que me pregunto es qué he significado para ti durante todos estos años —dijo ella.

Mavis Gallant / Junto al mar

 




Mavis Gallant
Junto al mar

    Poco después del mediodía, justo antes de que la campana del almuerzo estuviera a punto de sonar en las pensiones y casas junto al acantilado, la calma chicha bajaba hasta la playa. En julio aquella playa en la costa del sur de España era una extensión de orilla abrasadora. A esa hora el sol daba justo sobre la cabeza. Al oeste, la calima hacía que Gibraltar se tambaleara. Los acantilados tras la playa recogían el calor del día y lo arrojaban de nuevo sobre la arena. Los niños, protegidos con aceite solar y sombreros porosos de paja, eran los únicos a los que parecía no importarle. Chapoteaban sobre el espumoso oleaje, excavaban la arena calcinada y hablaban un lenguaje particular. Sobre el tejado de bambú del chiringuito el bochorno se hacía patente. El bar, las mesas y los pegajosos turistas medio desnudos y llenos de sal, estaban cubiertos con una especie de rayas de cebra de luz y sombra. Ningún sitio era lo bastante fresco ni lo bastante umbrío. Los vasos de las mesas estaban hasta el borde de hielo. Nadie decía gran cosa.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Cuando éramos casi jóvenes / Cuento de Mavis Gallant



Mavis Gallant 
Cuando éramos casi jóvenes
Traducción de Sergio Lledó

En Madrid, hace nueve años, vivíamos de pensar en el dinero.
Nuestras amistades se nutrían con la charla del dinero que esperábamos tener y de lo que teníamos intención de hacer cuando llegara. Éramos cuatro: dos hombres y dos mujeres. Los hombres, Pablo y Carlos, eran primos. Pilar era también pariente de ellos. Yo ni era pariente ni española, y era amiga de ellos casi por error. Lo que teníamos en común era que todos estábamos a la espera de dinero.

Mavis Gallant / El carro del hielo calle abajo


Mavis Gallant
El carro del hielo calle abajo

    Ahora que son ajenos a los asuntos cosmopolitas y están de vuelta donde empezaron, la mujer de Peter Frazier comenta:
    —A todo el mundo le ha ido bien en lo de los negocios internacionales menos a nosotros.
    —Hay que ser poco honrado —le contesta él.
    —O listo. Una pena que no lo fuésemos.
    Es domingo por la mañana. Están sentados en la cocina tomándose el café tranquilamente, recordando el pasado. Pronuncian los nombres de la gente como si fueran mágicos. Peter está pensando en Agnes Brusen, pero hay cientos de nombres. Como broma particular entre los dos, Sheilah y él llevan las batas de seda que se compraron en Hong Kong. Cada uno ve al otro como a un pavo real, más bien majestuoso, pero los dos hacen como que las batas son ridículas y que se las ponen como parte de un juego.

Mavis Gallant / Prólogo

 

Mavis Gallant
Paris, 1960


Mavis Gallant
Prólogo

    Samuel Beckett, ante la imposible pregunta de un periódico de París: «¿Usted por qué escribe?», respondió que no había otra cosa que supiera hacer: Bon qu’à ça. Georges Bernanos decía que escribir era como remar hacia mar abierto: la línea costera desaparece, es demasiado tarde ya para dar media vuelta, y el que rema se convierte en galeote. Cuando Colette tenía setenta y cinco años y había quedado lisiada por la artritis dijo que por fin podría escribir cualquier cosa sin tener en cuenta qué le reportaría. Marguerite Yourcenar contaba que si hubiera heredado la fortuna que dejó su madre y después perdió su padre en las apuestas, es posible que no hubiera escrito una sola palabra. Jean-Paul Sartre decía que escribir es un fin en sí mismo. Yo tenía veintidós años y trabajaba para un periódico de Montreal cuando le entrevisté. No le había preguntado el porqué de la cuestión sino el qué de la cuestión en sí. El poeta polaco Alexander Wat me dijo que era como la historia del camello y el beduino, al final es el camello el que toma el relevo. Así que esa era la vida del escritor: la de un camello obstinado.

martes, 21 de septiembre de 2021

Mavis Gallant / Viaje a una nueva vida y a un sueño pasado

 

Mavis Gallant

Viaje a una nueva vida y a un sueño pasado


Israel Paredes
14 de julio de 2020

Para la escritora canadiense Mavis Gallant (1922-2014) su personaje Linnet Muir no era tanto, o no solo, su alter ego, si no más bien una síntesis de lo que alguna vez fue. Así, a través de este personaje, escribió una serie de cuentos –Voces perdidas en la niebla, El doctorEn la juventud está el placerEntre Cero y UnoCon V mayúscula y Variantes del exilio– que Inés Garland ha prologado y traducido para la edición que ofrece Eterna Cadencia.

Mavis Gallant / Naturalidad que desarma


Naturalidad que desarma

Mavis Gallant mira el mundo con una agudeza notable a través de la infancia y juventud de su personaje Linnet Muir


José María Guelbenzu
26 de junio de 2020


La reputación de Mavis Gallant como cuentista no sólo viene avalada por sus antecesoras y compatriotas Margaret Atwood o Alice Munro, sino por un prestigio que la sitúa entre las más importantes narradoras del pasado siglo. Los lectores españoles conocen su notable valía gracias a la edición de sus Cuentos por la editorial Lumen. Ahora se publica esta colección de relatos centrados en el personaje de Linnet, que afortunadamente no estaban incluidos en la edición de Lumen, por lo que constituyen una novedad, en castellano. Linnet Muir es un personaje que, al parecer, se corresponde con la propia Gallant, por lo que son relatos muy personales, pero, contra lo que está constituyendo ahora el género llamado autoficción, Gallant no habla de sí misma como personaje, crea a Linnet Muir no para disimularse tras ella, sino para utilizarla como referente por lo que, al ser un referente, establece la distancia necesaria para contemplar su propia creación, todo lo contrario de los autoficcionistas, que se constituyen ellos mismos en personaje y se dedican a disfrutarlo de manera más o menos autosatisfecha o autodramatizada.

Los cuentos de Mavis Gallant

Mavis Gallant

LOS CUENTOS DE MAVIS GALLANT


Javier Fernández de Castro
30 de marzo de 2014

Con Marvis Gallant tengo la desagradable sensación de haberme pasado la vida mirando en todas las direcciones posibles salvo aquellas que me hubiesen llevado a ella. Leí hace un montón de años (a toro pasado) alguna de sus crónicas de Mayo del 68 y me prometí que leería cualquier cosa que ella escribiese. Pero desde entonces ha publicado más de cien cuentos (116 según sus incondicionales), dos novelas, una pieza de teatro, una parte de sus diarios y bastantes entrevistas sin que yo haya cumplido mi promesa de leerla. Incluso su muerte, ocurrida hace poco más de un mes, me ha sorprendido con el pie cambiado.

Mavis Gallant / Maestra canadiense del relato corto

Mavis Gallant

Mavis Gallant, 

maestra canadiense del relato corto

La prestigiosa autora vivió en París gran parte de su vida, pero escribió siempre en inglés, "el idioma de la imaginación"



La escritora canadiense Mavis Gallant, en 2006. / NEVILLE ELDER (CORBIS)
Nació en Montreal, era bilingüe y vivió en París desde jovencita, pero la novelista Mavis Gallant escribía en inglés porque era para ella “el idioma de la imaginación”. Su carrera la desarrolló instalada en la capital francesa. Triunfó primero en Estados Unidos, y se recorrió la Europa de la posguerra, un periodo por el que pasó por la España “triste” de los cincuenta. Marcada por una infancia infeliz, la pérdida temprana de su padre y el abandono de su madre, publicó en la revista The New Yorker más de un centenar de cuentos en los que abundaban los personajes desarraigados. La escritora falleció el pasado martes 18 de febrero a los 91 años en su domicilio de París después de sufrir una larga enfermedad.

sábado, 9 de abril de 2016

Mavis Gallant / Cuando éramos casi jóvenes / Reseña

Mavis Gallant


Mavis Gallant

Cuando éramos casi jóvenes


25 de noviembre de 2009.- Lumen y la propia autora, Mavis Gallant (Canadá, 1922), recopilan treinta y cinco relatos en un volumen titulado 'Los cuentos' (para que no se diga que encontrar título devana los sesos), y digamos cuanto antes que es una de las joyas de la temporada.

Y casi un descubrimiento en estos pagos, quitando algunas ediciones menores y escasas de sus narraciones cortas y el libro que sacó Alba el año pasado y del que dimos noticia sobre el Mayo del 68 ('Los sucesos de mayo').

Ya en este ensayo se detectaba la que considero su virtud cardinal: ir al grano, pero al grano de las cosas que no suelen mirarse, bien porque parecen insustanciales, bien porque son como la vida, asuntos que no van a parar a ninguna parte. Ahora bien, en un contexto grave: quedarse sin dinero, sin marido, sin ganas de vivir, sin casa y sin patria, sin antiguos deseos. ¿Adónde mira uno en esos momentos? Ésa es la cuestión para Mavis Gallant. En 'Cuando éramos casi jóvenes', relato que sucede en el Madrid de los 50, más o menos, escribe:

"En Madrid, hace nueve años, vivíamos de pensar en el dinero. Nuestras amistades se nutrían con la charla del dinero que esperábamos tener y de lo que teníamos intención de hacer cuando llegara. Cada día iba a la oficina central de correos y hacía la ronda de bancos y agencias de viaje a los que podían llegar las cartas y el dinero. No sabía con seguridad cuánto sería ni adónde iba a llegar, pero lo veía cabalgar a través de una larga arcada que parecía el arco iris. En aquellos días yo andaba siempre en busca de señales. Veía señales en el humo de los cigarrillos, en el modo en que caía la ceniza y en las cartas. Me echaba las cartas tres días a la semana: el lunes, el miércoles y el viernes. Los martes, jueves y sábados no eran buenos, porque las cartas callaban o eran evasivas, y los domingos mentían. Creía que esos signos, la ceniza, el humo y lo demás, me iban a decir qué rumbo tomaría mi vida y qué pasaría a partir de ahí."

Monólogo shakesperiano, desde luego, no es. Y, sin embargo, el dinero que se espera y las señales que lo anunciarían se reúnen para componer un sentimiento particular y bastante próximo. Gallant no elude el tópico, a veces da la impresión de que se lanza a por él y que le da impulso:

"¿Eran típicos españoles? No sé cómo es un típico español. No bailaban, ni tocaban la guitarra. La verdad, la muerte y la piromanía no acechaban en sus ojos oscuros, al menos yo nunca los vi. Estaban en la más absoluta de las miserias. La diferencia entre ellos y otras tres personas sin blanca cualesquiera residía en su particular pasividad, como si todo hubiera sido ya dispuesto por adelantado. Dejando a un lado la catástrofe, la muerte y la revolución, ya no podía ocurrir nada más. Cuando caminábamos juntos, sus pasos aminoraban la marcha, como si a los tres les persiguiera la misma renuncia a seguir andando. Pero seguían haciéndolo, y reían y parloteaban, comentando lo que harían cuando llegara el dinero."

Y los temas más enjundiosos aparecen en un entreveramiento, a la vez desvaídos e invasores, bien pegados a una realidad cotidiana:

"El terror que a Carlos le inspiraba llegar a la treintena y que la parte efectiva de su vida hubiera finalizado con tan poco que mostrar le perseguía y aturdía su cerebro. Jamás llegaría a ser otra cosa que la persona que era ahora. Recuerdo la luz tenue, el jaleo de la calle, el silencio interior del piso, el tictac del reloj de pared de números romanos de la entrada. El tiempo, ese tiempo de Madrid, era como un goteo de agua. Y yo me contagiaba de su miedo y tenía miedo del movimiento del tiempo, a la vez demasiado rápido y demasiado lento. Después de eso, venía la sublevación y la impaciencia."

Creo que puede apreciarse además lo bien que la autora maneja los cambios de fase entre la psicología de los personajes y la mentalidad de época, y la manera en que diseña su ósmosis.

En fin, harto recomendable esta colección de cuentos.




DRAGON

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