sábado, 21 de junio de 2008

James Patterson / "No me interesa la posteridad; me conformo con que la gente me lea"



James Patterson



James Patterson: “No me interesa la posteridad; me conformo con que la gente me lea”


Follet + Grisham = James Patterson


Con una fórmula eficaz, el autor vendió 16 millones de ejemplares en 2007 - Sus cifras superan a sus 'competidores' y lo convierten en el rey del 'best seller'


  • MIGUEL ÁNGEL VILLENA 
  • Madrid 21 JUN 2008




Fue cocinero antes que fraile. Se dedicó a la publicidad antes de volcarse en la literatura policiaca. En una palabra, que sabe cómo vender sus novelas. A lo largo de 2007, James Patterson vendió 16 millones de libros, según su editorial, y está considerado uno de los escritores más ricos del mundo. Sus series en torno al detective Alex Cross o sobre el Club de las Mujeres contra el Crimen lo han convertido en uno de los autores de best sellers más famosos, pese a que en España todavía no ha logrado altas cifras de ventas con sus tres novelas publicadas en castellano. Vestido de modo informal con un jersey de algodón y pantalones azules, este neoyorquino de 61 años está en Madrid para promocionar su novela Cross (Ediciones B). Y como buen estratega, regala otro libro, El primero en morir, éste en formato de bolsillo.








"En mi estilo hay muchos diálogos, pocas descripciones y capítulos cortos"



James Patterson



"No me interesa la posteridad; me conformo con que la gente me lea"





Con una sinceridad inusual entre los triunfadores, Patterson no reniega en absoluto de su condición de autor de best sellers. "Cuando comencé a interesarme por la literatura", cuenta, "leí a autores como James Joyce o Gabriel García Márquez y me di cuenta de que mi talento no alcanzaba para escribir el Ulises. Ahora bien, poco después leí novelas como Chacal o El exorcista y me dije que yo era capaz de escribir ese tipo de libros. Desde entonces he leído muchas novelas policiacas y de misterio, si bien no me han influido mucho maestros del género como Raymond Chandler o Dashiel Hammet. Es más, siempre que aparece una crítica especializada donde califican a un autor como el nuevo Chandler, pienso que el escritor en cuestión ha cometido un plagio y no dispone de un estilo propio".
Patterson insiste mucho, a lo largo de la entrevista, en su voluntad de estilo y no tiene empacho en señalar que lo llaman "el autor del pueblo" porque escribe para todo tipo de gente. "Me dirijo a todos los lectores", manifiesta Patterson, "ricos y pobres, universitarios o de estudios primarios, porque me parece algo mucho más democrático que escribir pensando sólo en las élites. Para ello utilizo un estilo de pocas descripciones, mucho diálogo y capítulos cortos. Así consigo una gran fuerza narrativa. En realidad, intento que la literatura escrita se parezca a la oral y las descripciones no me interesan, creo que aburren y no aportan nada. No tiene sentido describir los candelabros o los cortinajes de una habitación porque lo verdaderamente sustancial es que la acción avance y los perfiles de los personajes se vayan desarrollando".

A la clásica receta de sexo, crímenes e intriga a la hora de escribir un best seller, el católico Patterson añade el modelo moral que encarnan sus protagonistas, como el ex policía, residente en Washington DC y buen padre de sus dos hijos, de nombre Alex Cross. Después de haber hablado con cientos de policías para elaborar sus historias, Patterson está convencido de que hay agentes para todos los gustos, "pero algunos hacen bien su trabajo y se juegan la vida por 40.000 dólares al año". Partidario de lo políticamente correcto, Patterson está persuadido de que sería bueno que la gente imitara a policías como Cross.
Sin duda, cuenta con firmes principios morales este autor que publica millones de ejemplares de sus novelas y que ha figurado con dos títulos a la vez en las listas de los libros más vendidos en Estados Unidos. De lo contrario no se comprendería que invirtiera la mitad de su fortuna en proyectos educativos para fomentar que los niños lean y se aficionen a la literatura. "No me interesa en absoluto pasar a la posteridad", responde de modo rotundo, "y sólo deseo que la gente lea mucho mis libros". Es más, James Patterson rechaza siempre que colegios o instituciones educativas rotulen con su nombre aulas, edificios o bibliotecas. No tiene dudas el creador del detective Alex Cross de que el libro perdurará como objeto y como fuente de cultura. "La sociedad se ha transformado mucho en los últimos años, pero la gente lee más que nunca, bien sea en Internet o en el soporte de papel. En cualquier caso, un libro siempre aporta más conocimiento sobre el mundo que los medios audiovisuales. En ese sentido, yo estoy orgulloso de ser un autor de best sellers y de que mucha gente me lea".
Crecido en una familia de clase media, estudiante que trabajó para costear sus clases, Patterson confiesa que el dinero no ha cambiado su forma de ser. "No cabe duda de que resulta más cómodo ser rico, pero yo soy la misma persona"



El exclusivo club de los 10 millones de libros

No es fácil saber cuánto vende un autor. En España no existen estadísticas fiables, sólo los datos que cada editorial suministra. The New York Times publica desde 1942 una lista semanal con los títulos más vendidos. La Biblia es el gran best seller de todos los tiempos. En esto, hay hasta premios Nobel: García Márquez lleva vendidos más de 30 millones de Cien años de soledad. Éstos son algunos integrantes de tan exclusivo club.- John Grisham. Sesenta millones de copias en la década de los noventa. De El informe Pelícano, 11 millones.- Danielle Steel. Está en el Guinnes por permanecer 381 semanas consecutivas en la lista de The New York Times: 570 millones de ejemplares.- Dan Brown. Su novela El código Da Vinci fue un fenómeno planetario: 80 millones de libros.- Isabel Allende. Casi una veintena de títulos, más de 50 millones de copias.- Carlos Ruiz Zafón. La sombra del viento es el gran best seller español: 10 millones.- Ken Follet. Superó los 10 millones con El ojo de la aguja en 1978. Batió nuevas marcas con Los pilares de la tierra.- J. K. Rowling. Las sucesivas entregas de Harry Potter han arrasado. La última superó los 10 millones en pocos días sólo en Estados Unidos.


EL PAÍS



viernes, 6 de junio de 2008

Setsuko Klossowski de Rola / "Soy condesa de una familia de samuráis abiertos al mundo"


Balthus con su esposa Setsuko in their en Rossiniere, Suiza
 Febrero de 1998
Foto de Raphael Gaillarde

SETSUKO K. DE ROLA

"Soy condesa de una familia de samuráis abiertos al mundo"

RODRIGO CARRIZO COUTO
5 JUN 2008

Presentar a una mujer como "gran dama" es algo caído en desuso y rayando en la cursilería. Pero al cronista no se le ocurre mejor manera de definir a la condesa Setsuko Klossowski de Rola, hija y nieta de samuráis y viuda de Balthus, uno de los grandes nombres del arte del siglo XX. Una señora cuya elegancia y maneras nos llevan por arte de magia a la corte imperial de Kioto; aunque se excusa por "el desorden y el polvo" provocados por la reforma en su casa.
Una casa única en Europa: el Grand Chalet de Rossinière, entre Montreux y Gstaad, en un valle cuya belleza quita el aliento. "Es la construcción más grande en madera de Suiza", explica Setsuko, como le gusta ser llamada. De hecho, aclara con una sonrisa: "Nada de condesa, pues el título va asociado a la posesión de tierras, lo que ya no es el caso. Hoy sólo tengo este chalet". Un chalet con 20 metros de altura y 113 ventanas que Balthus adquirió en 1977, lugar de peregrinaje para personas como David Bowie, Bono o Richard Gere.
Balthus y Setsuko
Rossiniere, Suiza, 1998
Fotografía de Henri Cartier-Bresson





La viuda de Balthus cree que Occidente tiene mucho que aprender de Japón

"Nací en una familia de samuráis abiertos al mundo", explica en un francés fluido, aunque marcado por un suave acento. "Mi familia me envió a los jesuitas, pues eran los mejores para enseñar la lengua y cultura francesas. Me fascinaban Stendhal y Balzac". Por cierto, la condesa francófila es artista y embajadora de la Unesco, además de escritora y columnista en periódicos. Y mientras explica su trabajo se inquieta: "¡Yo no sabía que los lectores iban a ver lo que hemos comido! Hubiera preparado algo más interesante". Inquietud injustificada, pues los canapés de langosta, la mozzarella y el dulce casero son excelentes.
Este mes se inaugura en Suiza la mayor retrospectiva de la obra de su marido, del que se cumplen cien años del nacimiento. Y así es como Balthus entra en la charla. El artista viajó a Kioto en 1962, enviado por el ministro de Cultura francés André Malraux, para traer "lo mejor del arte japonés para una gran muestra en París". De arte no sabemos, pero, a juzgar por la historia de amor, lo que sí halló fue una esposa.
¿Y una hija del único país que sufrió el horror atómico no tenía resentimiento hacia Occidente? "En absoluto", exclama casi escandalizada. "Tras la guerra, todo Japón quiso seguir las formas occidentales. A pesar de Hiroshima y Nagasaki, no había odio. Japón tenía, y sigue teniendo, sed de cultura europea". Pero el amor a la tradición es visible en su quimono, al que define como "un tesoro con historia, heredado de mi abuela".
Antes de despedirnos hay una pregunta que se impone. ¿Qué piensa que Occidente puede aprender de una cultura milenaria como la japonesa? "Algo muy importante, y es que nosotros no nos imponemos a la naturaleza, ni tratamos de conquistarla. Los japoneses vivimos con la naturaleza y no contra ella", sentencia.
"En Japón un té no es sólo un té, y una flor no es sólo una flor. Todo tiene un significado especial". ¿Y cómo expresa el amor una sociedad tan refinada? "Decir te amo es una brutalidad para nosotros. Si quiero seducir a un hombre, lo haré con pequeños gestos: un haiku, una comida especial o una disposición particular de las flores. Es algo muy sutil". ¿Y si el hombre no comprende tanta sutileza? "Entonces", concluyó con una sonrisa cómplice, "ese hombre no es digno de mi amor".



GRAND CHALET. ROSSINIÈRE (SUIZA)

Té japonés.
Canapés de paté de langosta.
Mozzarella con tomates.
Tarte tâtin casera.
Invitación de la condesa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de junio de 2008