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jueves, 27 de agosto de 2020

La ciudad como protagonista literaria







Vista de Roma con el monumento a Víctor Manuel II, en la plaza de Venecia, al fondo a la izquierda.
Vista de Roma con el monumento a Víctor Manuel II, en la plaza de Venecia, al fondo a la izquierda.  GETTY IMAGES

La ciudad como protagonista literaria

Los paisajes urbanos evocan los recuerdos y sostienen una trama. Cuatro escritores llevan de viaje al lector por los escenarios de Nápoles, Roma y Marsella


Javier Aparicio Maydeu
31 de julio de 2020

Manhattan Transfer es la sinfonía que John Dos Passos le compuso a Nueva York humanizando esos desolados espacios urbanos que retrató Berenice Abbott. También el Ulises, de James Joyce, es una guía lingüística de Dublín, y Berlín Alexanderplatz, de Alfred Döblin, una guía etológica de Berlín, y El zafarrancho aquel de Via Merulana, de Carlo Emilio Gadda, la guía guiñolesca de Roma. Entre La hierba de las noches y En el café de la juventud perdida, con su topografía urbana, sus plazas, bulevares, cafés de barrio y estaciones de metro, Patrick Modiano construye un plano de París por el que merodean sus personajes cuando salen de incógnito de inmuebles como el que Georges Perec reveló en La vida instrucciones de uso, convirtiendo por sinécdoque un edificio en un mundo.

Melania G. Mazzucco / Un sentimiento visible

Eres como eres - Mazzucco, Melania G. - 978-84-339-7942-1 ...


Un sentimiento visible

Mazzucco aborda con éxito el deseo de los hombres de ser padres en una novela que supera la cuestión reivindicativa


Antonio Orejudo
6 de abril de 2016



'San José y el Niño', de Francisco Herrera el Viejo.
'San José y el Niño', de Francisco Herrera el Viejo.

La última novela de Melania G. Mazzucco (Roma, 1966),Eres como eres, corre el riesgo de ser leída como un panfleto militante en favor del derecho a la adopción de las parejas homosexuales. No es que entenderla de ese modo sea un disparate, pero sí una simplificación que obvia las páginas más conmovedoras de la novela, las que se encuentran no por casualidad en el corazón del libro, en el 4º capítulo de los siete que lo componen, el titulado 'Concepción', donde esta pareja de hombres que lo protagoniza —Christian y Giose— concibe no al hijo, sino el deseo de tenerlo.
Les sucede esto en el Museo de Bellas Artes de Budapest al ver una obra del pintor español Francisco de Herrera el Viejo (1590-1656), San José con el Niño Jesús, en el que están representadas dos figuras más humanas que divinas: un padre cuarentón y su hijo. Y dice la narradora en la écfrasis del cuadro: “El amor que sentía por el niño emanaba una especie de luz, un halo dorado que los iluminaba a los dos. Ese sentimiento era visible”.

miércoles, 26 de agosto de 2020

Melania G. Mazzucco / El odio al africano es una elección

El odio al africano es una elección

El odio al africano es una elección

La italiana Melania Mazzucco borda un retrato de la xenofobia en un país en el que solo con alzheimer los ancianos 'aceptan' una cuidadora negra


Berna González Harbour
26 de julio de 2020

La pandemia impide o dificulta el viaje, pero Babelia propone aquí un recorrido por Europa y sus problemas, miedos, obsesiones y heridas de la mano de cinco autoras. En la primera entrega: Estoy contigo, de Melania Mazzucco. Un viaje memorable por lo que ocurre con el inmigrante africano después de su llegada.

Lecturas de cuarentena / Melania G. Mazzucco / La larga espera del ángel



Autorretrato, 1588
Tintoretto


LECTURAS DE CUARENTENA

La larga espera del ángel

de Melania G. Mazzucco


Javier Rodríguez Marcos
10 de abril de 2020








Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 28)


De Pietro Aretino a Thomas Bernhard pasando por Henry James, Virginia Woolf o Sartre, la figura de Tintoretto (1518-1594) siempre ha sido una mina para los escritores. De esa mina sacó en 2008 la italiana Melania G. Mazzucco una enorme pepita de oro en forma de novela. La larga espera del ángel, que narra en primera persona los últimos 15 días de vida del pintor en una Venecia asolada por la peste, es un prodigio de emoción, construcción y erudición. Es un libro de historia del siglo XVI y un tratado de pintura que igual habla de geometría y pigmentos que de los precios de cada lienzo. También es una guía que hoy mismo –la ciudad no ha cambiado– sirve para rastrear en la Serenísima la obra de Jacopo Robusti por las muchas iglesias de las que recibió encargos, de la Madonna dell'Ortoa San Giorgio Maggiore. Sin olvidar, claro su Capilla Sixtina: la apabullante Scuola Grande di San Rocco.

sábado, 19 de marzo de 2011

Melania G. Mazzucco / La agonía de Tintoretto

La larga espera del ángel (Panorama de narrativas): Amazon.es ...

Melania G. Mazucco
LA LARGA ESPERA DEL ÁNGEL

La agonía de Tintoretto

Francisco Solano
19 de marzo de 2011

La pasión por escribir, también en autores de probado talento, no siempre lleva a una tarea con resolución feliz. El dominio de las destrezas, a veces, queda obstruido por el ensimismamiento. Melania Mazzucco (Roma, 1966) es una excelente escritora, a quien hemos podido agradecer libros tan notorios como Vita, Ella, tan amada y Un día perfecto (todos en Anagrama). Su extraordinaria capacidad para documentarse sobre la época que va a abordar (la emigración italiana a Nueva York a principios del siglo XX, el periodo de entreguerras en Europa, las veinticuatro horas de un día de mayo de 2001 en Roma) refleja una atención al detalle que habría elogiado Nabokov. Y esa documentación la autora la pone hábilmente, sin que pesadamente gravite sobre el texto, al servicio de la imaginación literaria. Así sucedía en las novelas mencionadas. En esta ocasión, sin embargo, el clima de época prima demasiado sobre los personajes y estos, debido al exceso de documentación, parecen borrarse a la vez que se dibujan. Mazzucco ha elegido la figura de "el Tintoretto", que apenas salió de Venecia, para adentrarse en la cotidianidad familiar, en sus trabajos y recelos, en el fracaso y la gloria del arte confrontada con un ámbito familiar marcado por las desavenencias, los equívocos y la frustración del padre que hubiera querido prolongar su arte en sus hijos. La novela tiene una estructura compuesta por capítulos que corresponden a los últimos quince días de fiebre: una larga agonía en la que el pintor rememora su vida, en una suerte de gran inventario, muy minucioso, con Dios como interlocutor. Pero esta estructura se ve constantemente impugnada por una elocución poco selectiva, de modo que, frente a páginas magistrales, como las dedicadas a su hija natural Marietta -figura extravagante, indomable, imprevisible, fallecida a los 22 años-, la prolijidad se adueña del texto produciendo un movimiento circular que cancela la seguridad de estar avanzando en alguna dirección. Esto, que podría adjudicarse al delirio, tampoco cobra relieve, pues la voz narradora se deleita en la crónica de escenas cotidianas, sin distinguir lo significativo de lo obvio. De ahí la punzante sensación de que la historia de Marietta hubiera acaso servido, por sí sola, de soporte unificador del drama de "el Tintoretto", desengañado de las convenciones de la época y no obstante esclavizado por ellas. Criada como un muchacho, naturalmente dotada y encauzada al arte, dueña de un "ardiente apetito de conocimiento", Marietta representa para el pintor el desafío de lo desconocido, pero también su claudicación, la resignación a Venecia. Sin embargo, la escrupulosidad en las eventualidades domésticas diluye finalmente la magnitud del drama. El resultado no invalida por completo la novela, pero ésta se resiente al cabo de artificiosidad por la abundante reconstrucción, y finalmente transmite, aunque con indudable veracidad, un eficiente registro notarial que hubiera necesitado más soplo de vida.

EL PAÍS




viernes, 19 de septiembre de 2008

Melania G. Mazzucco / La metáfora de Roma

El Afganistán más veraz
Melanika G. Mazzucco

Melania G. Mazzucco

La metáfora de Roma


Miguel Mora
19 de septiembre de 2008


Melania Mazzucco (Roma, 1966) vive frente a los muros del Vaticano, "para ser consciente cada día de que Roma tiene otra ciudad metida en el corazón".



La capital italiana es la protagonista de su novela Un día perfecto, título de estirpe salingeriana, pero inspirado en una canción de Lou Reed, que edita ahora Anagrama en español, con traducción de Xavier González Rovira.

La autora de Ella, tan amada (Anagrama), novela biográfica sobre la escritora y viajera Annemarie Schwarzenbach (2000), y de Vita (Anagrama y Círculo de Lectores), fascinante saga de la emigración italiana a América que ganó el Premio Strega en 2003, se traslada en su quinta novela hasta el presente, para trazar un vívido y doloroso retrato coral que sirve de descripción y denuncia de los vicios, faltas y carencias que afligen a la desmoralizada sociedad italiana.

Aunque es una poética frase de George W. Bush la que da el tono a la novela en la primera página: "La familia es el lugar donde residen las esperanzas de nuestro país, el lugar en el que a los sueños les nacen las alas".

En sólo 24 horas de paseo por Roma, un paraíso mestizo, hecho de monumentos, simpatía, gracia, falsedades e inmoralidad, Mazzucco disecciona a los miembros de dos familias de clases muy distintas -la del senador Elio Fioravanti y la de su escolta, el policía Antonio Buonocore-, unidas por un proceso similar de demolición inminente.

La novela es tan negra como verosímil, y entra a saco, desnudándolos, en casi todos los mitos y tabúes de Berluscolandia: la familia como núcleo podrido y escenario donde suceden los delitos más abyectos; el machismo y la homofobia como valores supremos; la creciente desesperanza de los jóvenes. Y, como telones de fondo, la corrupción y el racismo, la opresiva hipocresía católica, el poder paralizador de la política y la televisión.

La presencia de Roma como metáfora de la Italia actual es continua en el libro. Página 110: "Esa proliferación de gaviotas en una ciudad sin mar le parecía un absurdo inexplicable. Pero tal vez fuera un signo de los tiempos: las gaviotas son parásitos y viven de la basura. Roma las había acogido. Roma acoge a todo el mundo. Y no perdona a nadie".

Tras vender 300.000 copias del libro, Un día perfecto ha sido llevado al cine -la película fue estrenada en el pasado Festival de Venecia- por Ferzan Ozpetek. Mazzucco viajará en breve a Barcelona y luego a la Feria de Guadalajara (México), donde la literatura italiana es este año la invitada especial, del 27 de noviembre al 7 de diciembre



PREGUNTA. Empecemos por el final. ¿Qué le ha parecido la película?

RESPUESTA. Preferí no participar en el guión porque me gusta ver la película interior del director; yo ya me considero la directora de mis libros. Sólo fui un día al estudio, y vi la escena de la violación... Me gusta la relación tan intensa entre Antonio y Emma, pero del resto no queda nada. A mí me parecen importantes otras cosas, como la historia del profesor gay, que explica muchas cosas de este país, pero a Ozpetek no le interesaba. De todos modos, estoy tranquila, miles de personas han leído ya el libro y se han hecho su película interior. Y yo ya me he habituado a eso, las novelas son de los lectores, no me pertenecen.

P. No sé si suena a insatisfacción

...

R. No, los lectores cuentan cosas muy bonitas de lo que significan para ellos mis historias; a veces interpretan a los personajes como si no fueran míos, y ese significar algo para ellos es una forma de desposesión. Ese camino empieza al entregar la novela, y después, con la película, empieza un camino distinto porque otra gente se acerca al libro.

P. Parece que ahora hay una buena relación entre cine y literatura en Italia...

R. Sí, especialmente con la novela negra, ya sea social o política. Tenemos necesidad de historias que intenten explicar este país de una forma sólida, y desde hace tres o cuatro años los cruces entre cine y literatura son más habituales, bastante frecuentes.


P. Eso pasaba menos en los años de oro del cine italiano.


R. Bueno, Ennio Flaiano, que era un gran escritor, fue guionista de Fellini. El cine robó mucho a la literatura en esos años, aunque no se dice apenas. Ladrón de bicicletas estaba basado en un cuento de Luigi Bartolini... Incluso con un cine tan fuerte, tan exitoso y tan vivo como aquél, los directores tenían la necesidad de contar con la mirada de los escritores. Tonino Guerra o Furio Scarpelli hubieran podido escribir lo que hubieran querido, pero no tenían necesidad porque vivían de las películas.


P. Es curioso que Pavese, Pasolini y tantos grandes de entonces parecen haber sido olvidados.

R. Italia es un país raro con los escritores. Cuando mueren se hace un gran festejo de la pena, luego se les olvida. Pasolini por razones extrañas se lee en el colegio, pero a Pavese, por ejemplo, se le lee muy poco. Vas a las librerías y no hay casi nada de él. Entre mujeres solas (que acaba de publicar Lumen en España) era un libro bellísimo. Ya no lo conoce casi nadie. Ahora se harán algunos actos por su centenario, pero lo importante para un escritor es ser leído, y muchos escritores del siglo XX están desaparecidos. Fausta Cialente ya no está. Hay una especie de cadena de silencio, un problema general de transmisión de la memoria cultural. Es un problema político, pero la literatura no puede huir de ese mecanismo.

P. En Vita analizó el pasado de Italia. ¿Escribir del presente ha sido una experiencia distinta?

R. Vita era un gran viaje a nuestra historia de inmigración y pobreza. Pero lo escribí por un motivo contemporáneo. Cuando Italia se convirtió en un país de inmigración, yo trabajaba con inmigrantes, y era muy interesante escribir sobre el racismo de esa Italia llena de miedos y prejuicios. Al acabar Un día perfecto me di cuenta de que forma un díptico con Vita. Lo que fuimos, lo que somos. Somos ese país que no nos gusta, es una especie de foto de grupo: Italia al principio de esta década. Lo escribí entre 2002 y 2003, y es inquietante pensar que resultó profético: los temas sociales están todavía ahí, me hubiera gustado fracasar, entre comillas, no haber acertado tanto. Siempre me gustó mucho El grupo, una novela de Mary McCarthy, en la que un círculo de mujeres evoca su época. Y eso es lo que intenté hacer, reunir todos los lugares comunes, las cosas que se dicen, se leen y se hacen, una especie de foto fija del presente.



P. La novela habla de cosas de las que se oye hablar poco en Italia, quizá la más importante, la violencia de género.

R. Nadie habla de ello, es como si no existiera. Es un tabú más, pero las estadísticas demuestran que la violencia de género es la principal causa de muerte entre las mujeres de 16 a 45 años. El delito en familia, según me contaron los policías con los que hablé para documentarme, se comete cada vez más en los últimos diez años; eso debe significar algo.

P. Seguramente que el mundo se descompone alrededor del núcleo fundamental de las sociedades.

R. La familia es el último pilar social de Italia. No hay otro. Pero se hace un uso torcido y loco de la palabra familia. Cada vez que un político pronuncia esa palabra no sabemos a qué se refiere. La familia no existe, no se ve, está viviendo una crisis profundísima pero sigue siendo un mito inamovible. De las dos familias del libro, una se deshace y la otra se mantiene extremadamente tradicional en su destrucción. La familia es parte de nuestra debilidad histórica. Nunca hemos tenido instituciones sólidas aparte de ésa, salvo quizá los ayuntamientos aunque fueran administrados por la aristocracia y el pueblo no influyera. Familia de sangre, clientelismo, la familia como institución legal... Todo eso forma parte de un problema nacional de carácter, y es muy difícil cambiarlo.

P. Pero los políticos italianos siempre hablan de la familia.

R. Aquí se habla más de la familia y se hace menos por ella que en ningún sitio. Paradójicamente, nadie las ayuda. Mandar a los niños a las guarderías públicas es imposible. Sólo ese dato explica muchas cosas. ¿Qué quieres, que las mujeres no trabajen? ¿Así queremos mantener a las familias? La hipocresía tiene una razón política, el Estado sospecha que es mejor que las mujeres tengan trabajos secundarios. Las cifras dicen que una de cada dos deja el trabajo después de los 35 años.

P. Todo sea por la mamma...

R. Sin decirlo, es así. No se deja trabajar a las mujeres. Es una elección política muy precisa. Hace 20 años que se debería haber hecho algo pero nadie lo ha hecho.

P. La novela se lee también como una descripción del berlusconismo sociológico, si es que eso existe.

R. La ambienté en 2001, al principio del quinquenio del regreso de Berlusconi, con la neta percepción de que caería y luego volvería. Los cambios en el país eran ya evidentes entonces. Creo que la literatura debe contar ese viraje de Italia. Cuando vas a las provincias, sientes cómo ha cambiado el humor de la gente, cómo el país ya no es el mismo. Y no podemos ignorar eso. Él es la gran figura de estos años, el responsable de que haya cambiado la mentalidad de la gente. Ésta es su era.

P. El libro narra un mundo despreciable y que parece desmoronarse. Pero, al mismo tiempo, hay gente como usted, o como Roberto Saviano, con Gomorra, y tantos otros escritores que están denunciando esa situación.

R. El país se descompone, y eso hay que afrontarlo. La inmigración ha producido una enorme transformación, una revolución cultural de la que nadie ha querido hablar. No ha habido una política sensata de inmigración, todo se ha hecho sin principios ni proyecto, se ha impuesto la cultura de la emergencia para que alguien saque beneficio. Todo eso nos ha puesto a pensar. Lo que hizo el cine en los años cincuenta o sesenta, lo hace ahora la literatura. Aunque hay películas preciosas, amargas, documentales estupendos que cuentan la relación con los inmigrantes, poca gente los ve. Pero hay un fermento, sí, una necesidad de comprender y explicar lo que está pasando.

P. Y una pulsión de huir. Zero, el personaje joven de la novela, sólo piensa en emigrar a Barcelona.

R. Hay muchos jóvenes en Italia que no tienen nada que ver con Berlusconi. El último gran sobresalto fue el 68 y a partir de ahí empezó una guerra contra los jóvenes que no se reconoce pero que dura todavía. El país está estático, completamente parado, y para los jóvenes es dificilísimo encontrar un sitio. Una generación entera de amigos y conocidos se ha visto obligada a emigrar a España, Francia, Suiza, Canadá, Alemania. Ninguno ha logrado entrar en la universidad italiana. Hemos mandado fuera a gente de enorme talento, científicos, investigadores, literatos, han salido corriendo de un país depauperado. Hace 20 años que sucede eso y todo sigue igual, sin que ello dependa de quien gobierne. No hay perspectivas, y tenemos una enorme masa de precarios y explotados a quienes aterroriza la idea de quedarse para siempre en el mismo sitio. Es una situación de explotación y chantaje, terrible para el futuro del país.

P. No se le ve muy optimista...

R. Hay una relación demasiado estrecha de la política en la vida cotidiana. Desde hace 50 años o más en Italia no sucede nada si la política no lo permite. Es como un cáncer, un precio que el país no puede pagar más. Todos lo sabemos, pero no se puede cambiar el sistema. Incluso para trabajar como médico necesitas un carné político.

P. Volviendo a la novela, es notable el esfuerzo por reflejar los diferentes lenguajes de los personajes.

R. Eso es lo que más me gusta del libro. Todo ese trasfondo social y político debe ser finalmente literatura. Decidí no utilizar un narrador externo y asumir las voces de cada personaje, sus jergas, para tratar de mostrar la estratificación de la lengua. La madre de Emma habla como una romana de la periferia, Antonio habla feo aunque piensa profundamente, el joven tiene su jerga alternativa, la adolescente su idioma sms. Cada una tiene su música...

P. Supongo que haría mucho trabajo de campo.

R. En Vita, la investigación era de archivo y de escuchar a los testigos. Grabé cientos de conversaciones. Aquí pedí ayuda a gentes de oficios diversos, policías, escoltas, una política a la que seguí en campaña electoral... Se trataba de reflejar cómo suena la vida cotidiana. Estuve unos días en una tienda de tatuajes oyendo a los jóvenes que se hacían piercings, tratando de ser invisible; y con una enfermera del Policlínico hice un reportaje recogiendo las cosas que decían las mujeres agredidas por sus maridos, fingían haber caído por las escaleras...

P. Ahora está investigando en Venecia. ¿Es el próximo libro?

R. Cada libro es una aventura y llevo muchos años detrás de esa historia; surgió cuando escribía Ella, tan amada. Trata de otra familia italiana, la de Tintoretto, el pintor. Tuvo nueve hijos, cinco de ellos mujeres, y siempre me ha gustado moverme ahí, padres, hijos, hijas... Y siempre me interesó Tintoretto, es un tipo fascinante, otro olvidado en buena medida. Al final, han salido dos libros gemelos, ya están acabados. Una novela, ficción libre, que cuenta la historia de una típica familia veneciana en esa época fascinante, y un ensayo, una especie de historia de la familia, biografía de 40 personas y de su vida cotidiana, que trata de recuperar la memoria del papel de las mujeres. He aprendido a leer los documentos del siglo XVI en veneciano, ha sido muy gratificante.

P. El Véneto siempre ha sido considerado territorio extranjero...

R. Sí, siempre se dice que Italia era la República independiente de Venecia en el norte, el Papa en el centro y un sur italiano. Curiosamente, el carácter de la Italia actual es muy parecido al del Véneto antiguo, la estructura social, la democracia, las relaciones con la juventud. En el siglo XVI todo eso estaba allí. Era la época de la Contrarreforma y las familias eran muy largas, había separaciones de hecho, concubinas... Hay un gran contraste entre la verdad y la historia oficial.

P. Bueno, quizá se trate simplemente de respeto a las apariencias.

R. Sí, es extraño, somos el país más católico del mundo y cuando decimos una cosa hacemos la contraria. Yo me rebelo contra eso desde pequeña. No importa lo que un padre dice sino lo que hace. Nunca he seguido ningún canto. No me dejo mecer por esa música. Y todavía me parece raro que los demás lo hagan.

P. Ahora que va a Guadalajara representando a la literatura italiana, ¿cree que se puede hablar de una nueva narrativa? ¿Hay una generación de calidad?

R. Creo que en los últimos años, si no un renacimiento, al menos ha habido una renovación. Se ha recreado un pacto muy sólido con los lectores, desde el vacío, porque hemos pasado un periodo de un cine y una literatura muy elitistas, de autores muy buenos pero poco conocidos, que producían desconfianza en el público. Recuerdo que en 1996, cuando escribí mi primera novela, El beso de la medusa (Seix Barral y Planeta-De Agostini), casi nadie leía libros italianos, y pensé "¡Madonna, yo tampoco los leo!". Ahora eso ha cambiado, la nueva generación ha restablecido el hilo con los lectores, la fusión literatura-cine nos permite llegar a mucha gente, y la sociedad literaria está renaciendo. Es un momento bueno, de cambio. En los momentos más feos de Italia, la literatura siempre nos ha salvado, ha sabido contar las cosas que pasan. Es el único optimismo que nos queda. Hay jóvenes muy interesantes ahí fuera, espero que sepamos valorarlos bien.


* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 19 de septiembre de 2008.




EL PAÍS



Melania G. Mazzucco / Un día perfecto / El mundo en que vivimos

Un día perfecto - Mazzucco, Melania G. - 978-84-339-7489-1 ...

El mundo en que vivimos


Francisco Solano
19 de septiembre de 2008


En una página especialmente inmisericorde de Un día perfecto, Emma Tempesta se ve en un espejo "tirando a maltrecha" y se lamenta de que la vida sea "una novela sin argumento y sin héroes". Emma vive su particular drama familiar -separada, desquiciadamente amada por su marido, aún no se ha repuesto de su fracaso matrimonial-, pero ignora que ese drama culminará en tragedia. Podría decirse que, a partir de cierta edad, todos vivimos más o menos así, en una pausa dramática que se dilata a fin de evitar la desgracia total. Y de esa pausa surge el personaje que somos, sin apenas relumbre literario, más bien mediocre. La derrota de los afectos, la ruina del mundo compartido, no nos convierte en protagonistas de nuestra historia, y, al colocarnos en el lugar de la decepción, el vacío ocupado genera una enfermedad incurable. Así lo siente Antonio Buonocore, el marido de Emma, policía y guardaespaldas de un eminente político; obligado a trabajar en Roma, Buonocore "odiaba a Roma tanto como a Emma y como a sí mismo". El amor y el odio son aquí intercambiables; la pasión, destructiva o inútil, y la admiración y el respeto nunca derivan en adhesión.


Un día perfecto

Melania G. Mazzucco
Traducción de Xavier González Rovira
Anagrama. Barcelona, 2008
440 páginas. 21 euros



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Melania Mazzucco ha retratado, en las veinticuatro horas del 4 de mayo de 2001, el mundo de frustraciones en que vivimos, emulando en cierto modo el Ulises de Joyce, pero no sirviéndose de la mitología, sino de la crónica de sucesos. Sus personajes son más tristes, erráticos y desolados, y carecen de devociones o ritos para hacer tolerable la ordinariez de la vida cotidiana. El microcosmos que refleja Un día perfecto amplifica, con minuciosa precisión, las noticias dramáticas a las que tan acostumbrada está nuestra conciencia civil, que cree que lo terrible siempre les sucede a los demás. Mazzucco descompone ese bálsamo de hipocresía al incluir a todos sus personajes, de esferas sociales muy distintas, en una trama de implicaciones en la que cada uno, sin saberlo, puede acarrear consecuencias mortíferas.

Como les sucedía a los grandes novelistas del XIX, para quienes la verdad era tan seductora como la ambición artística, y tal vez la misma cosa, la novelista italiana, que ya había explorado en Vita los quebrantos de la inmigración italiana a Nueva York, y en Ella, tan amada, la pasión de la huida imposible en la indómita 

Annemarie Schwarzenbach, en Un día perfecto la elección de una época más actual no hace sino prolongar el tema de fondo de toda su obra: la descomposición de la institución familiar, fruto de la ineptitud de sus componentes para armonizar acatamiento, deseo y responsabilidad. El mosaico de personajes insertado en una Roma de la que se dice que es "una ciudad envolvente, que no sabe mantener las distancias, como una mujer demasiado exuberante" parece comportar todos los peligros y, a la vez, la obligación de sucumbir. Lo cierto es que la trama de la novela, como la ciudad misma, envuelve a todos los personajes en una marea de deterioro tan implacable como el rencor que inspira un asesinato.


* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 19 de septiembre de 2008.

EL PAÍS


martes, 21 de noviembre de 2006

Melania G. Mazzucco / Atrapar a un ángel

Annemarie Schwarzenbach: Fotos aus Afghanistan - DER SPIEGEL
Annemarie Schwarzenbach

Atrapar a un ángel

Melania G. Mazzucco trata de capturar en 'Ella, tan amada' la esencia de la escritora Anne


Jacinto Antón
Barcelona, 21 de noviembre de 2006


Ella, tan amada - Mazzucco, Melania G. - 978-84-339-7110-4 ..."Una y otra vez, interrumpida por lo oscuro y la caída, / brillaba ella terrena. Hasta que tras terribles golpes / franqueó el portal abierto, sin consuelo". Los versos del número 24 de los Sonetos a Orfeo, de Rilke, su poeta preferido, condensan la vida y el destino de Annemarie Schwarzenbach (Zúrich, 1908-Sils, 1942), el ángel devastado, la viajera y escritora suiza cuyo nombre no deja de remontar en el firmamento literario en los últimos años y que hizo de su existencia un fulgurante meteoro consumido por la pasión, las drogas y el mal de vivre. "Es curioso, si fueras un chico, se diría sin duda que eres de una belleza extraordinaria", le soltó Thomas Mann durante una visita de la muchacha, íntima amiga de sus hijos Erika y Klaus, rindiendo tributo el mago a su belleza andrógina y pensando seguramente en el Tadzio de Muerte en Venecia. También Anaïs Nin, que la conoció en 1943 en Brooklyn, la describió en su diario como un chico.



"Si fueras un chico se diría que eres de una belleza extraordinaria", le dijo Thomas Mann
"Tuvo el extraño destino de ser un personaje literario en vida", dice Mazzucco



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Compleja, ambigua, inasible y a la vez perturbadoramente frágil, símbolo y víctima de una época, la Schwarzenbach ha devenido con el tiempo un personaje de culto, un icono de la fuerza de un James Dean o un Lawrence de Arabia, a los que le unen la extrema sensibilidad (hasta la inestabilidad), una insondable desesperanza, el amor a las máquinas (le encantaba conducir automóviles) y una trágica muerte en accidente -la de ella, al caer de una bicicleta, como Nico, la cantante de la Velvet, otro ángel arrasado-. Autora de varias obras de sombría belleza (en castellano está disponible su hermosa Muerte en Persia, en Minúscula, y la misma editorial publicará en febrero Todos los caminos están abiertos. El viaje a Afganistán 1939-1940), Annemarie Schwarzenbach es un personaje que despierta un interés rayano en la obsesión. Seguramente porque devuelve una mirada especular en la que uno puede proyectar todas sus dudas, anhelos y temores.

La hicieron sufrir -su familia, los hermanos Mann, su condición homosexual, sus adicciones, sus internamientos (camisa de fuerza incluida), las circunstancias de su época-, pero en su dolor hay una extraña dimensión colectiva, como si concentrara las penas de su tiempo y vaticinara las nuestras.

Su biógrafa más reciente, Dominique Laure Miermont (Annemarie Schwarzenbach, Payoy, 2004; en castellano puede leerse la biografía de Dominique Grente y Nicole Müller publicada por Circe), ha dicho que su rostro, plasmado en el maravilloso retrato que le realizó en 1932 en Berlín Marianne Breslauer -y que le hacía pensar a la fotógrafa alumna de Man Ray en "el arcángel Gabriel en el Paraíso"- representa "el mal de Europa", la enfermedad existencial del continente. En ese retrato de Annemarie, con el pelo cortado a lo garçon, los labios entreabiertos, la mirada de una impenetrable tristeza, una sombra vela la parte derecha del rostro: die dunkle Seite, el lado oscuro, la faceta tenebrosa de su alma.

Como se ve, un aura espesamente romántica rodea a la Schwarzenbach y acercarse a ella resulta peligrosamente embriagador. La última en hacerlo desde la literatura ha sido otra escritora, Melania G. Mazzucco, la tan elogiada autora de Vita, que ha escrito una hermosa novela sobre Annemarie Schwarzenbach, Ella tan amada (Anagrama). Mazzucco estuvo el lunes en Barcelona para presentar su libro y explicar cómo trató de atrapar en las redes de la narrativa al ángel inconsolable. "Ha sido un largo viaje hacia ella, en el curso del cual tuve que aprender el alemán, porque no puedes sentir a un escritor sin conocer su idioma", dijo la novelista romana. "La busqué en sus viajes, en su literatura, leyendo todo lo que escribió y descubriendo que aunque olvidada tantos años, Annemarie fue una escritora de gran nivel. Otro camino fue sondear su presencia en la obra de escritores que la conocieron. Ella tuvo el extraño destino de convertirse en personaje literario en vida. Aparece en los libros de Thomas y Klaus Mann, en La Ruta cruel (Timun Mas, 1999) de Ella Maillart como la inolvidable Christina... Una vida mitografiada. Mezclando esos niveles, el documental, de la vida real, y toda la leyenda creada a su alrededor escribí mi novela". Mazzucco, que dice no haber inventado nada y haber conseguido no enamorarse del personaje, ha estudiado la obra fotográfica de Annemarie, incluido material inédito y ha podido reconstruir dos episodios oscuros de su vida como son el viaje al Congo Belga en 1941, con sus reflexiones delirantes, y los meses de penosa agonía tras la caída en bicicleta, cuando el ángel se arrastraba enajenada por el suelo como un animal. También se ha sumergido en el aspecto manicomial de su historial clínico -Annemarie recorrió los mejores psiquiatras de su época-, en el que encuentra conexiones junguianas con el símbolo del mensajero y el joven eterno. Para Mazzucco, lo más interesante de este "andrógino perfecto, esta mujer-chico que mimetizaba al otro sexo, es como encarna el mito de toda una generación: el viaje, las drogas, la sexualidad libre, la revuelta contra la burguesía y los padres...".

Ella tan amada, toma su precioso título de otro poema de Rilke, en el que "ella" es Eurídice. "Quise escribir para reencontrarla", dice Mazzucco, "y Rilke me dio la clave: tan amada, Annemarie, pero incapaz de entregarse".

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 31 de octubre de 2006.
EL PAÍS

viernes, 27 de octubre de 2006

Melania G. Mazzucco / Ella, tan amada / Crónica del ángel devastado

Ella, tan amada - Mazzucco, Melania G. - 978-84-339-7110-4 ...

Crónica del ángel devastado



Francisco Solano
27 de octubre de 2006


"Ángel devastado", así llamó Thomas Mann a la joven Annemarie Schwarzenbach, fervorosa amiga y ocasional mecenas de los terribles Erika y Klaus. Ignorada hasta hace apenas una década, su figura está cobrando hoy una destacada relevancia. Perteneciente a una riquísima familia de empresarios suizos, Annemarie Schwarzenbach (1908-1942) tuvo una agitada y dramática existencia, marcada por la autoridad materna, la adicción a la morfina y los intentos de suicidio; deseó, sobre todo, ser escritora, pero además practicó la arqueología y la fotografía, ejerció el reporterismo, y viajó por medio mundo, desde los desiertos de Persia a la jungla del Congo; su desenvoltura y su turbadora presencia física la han convertido en un icono lésbico.


ELLA, TAN AMADA

Melania G. Mazzucco
Traducción de Xavier González Rovira
Anagrama. Barcelona, 2006
559 páginas. 23 euros

Se trata de una vida que en sí misma es una novela. Así lo ha entendido Melania Mazzucco (Roma, 1966), que ha prescindido del género biográfico para adentrarse en el territorio de la fábula, apoyándose en datos verídicos, amplificándolos para elaborar la peripecia de una huida imposible. Mediante una pasmosa recreación, que se diría visionaria, Mazzucco ha logrado una insólita introspección en una identidad tan inasible como compleja. El resultado es esta voluminosa Ella, tan amada, que recorre el desconcertante itinerario vital de quien quiso ser "la extranjera, la vagabunda, la peregrina errante de todos los caminos", y que registra no sólo los hechos comprobados sino, por decirlo así, la atmósfera, el alma que sustenta la enigmática representación de un ser extraordinario, amenazado siempre por la fragilidad emocional y la autodestrucción.


"Quien escribe", dice Mazzucco, al revisar los papeles privados de la Schwarzenbach, "se apodera de todo -de los vivos, de los muertos, de los que aún no han nacido-". Esta observación es cardinal para entender el procedimiento empleado por la escritora italiana. Pero no contempla la penetración que se necesita para llevar a buen puerto un proyecto literario de la envergadura de Ella, tan amada, que se resuelve en una trágica radiografía de los años treinta, atravesados por la convulsión del nazismo y la pérdida de anclaje vital de cierta juventud, favorecida por el dinero, pero también concienciada por los ideales de libertad que encarnaban sus propios privilegios, la exquisita educación y el ansia de intervenir en el curso de la historia.

No obstante, la intensa fascinación que ejerce sobre la autora la Schwarzenbach -y que, sin duda, también alcanzará al lector- no resta un ápice de objetividad a su retrato. Ella, tan amada, apenas se distrae con las brumas hagiográficas. Consciente de que se trata de un personaje para quien la valoración ética de sus acciones pasa, irremediablemente, por la pulsión estética, y que a menudo son fruto del capricho o de un confuso sentido de la eficacia -donde el sexo y la seducción son primordiales- Mazzucco ha evitado las explicaciones psicológicas, tan socorridas y simplificadoras. Mazzucco no enfoca sólo la enmarañada personalidad de la Schwarzenbach, sino también el carácter de todos los que la conocieron y padecieron: los hermanos Mann; su marido, el diplomático francés Claude Clarac -un matrimonio a conveniencia de ambos, también tormentoso-; la relación desigual con sus hermanos; la protección inútil del padre; el celoso control de Renée, la madre, que consideraba que su hija Annemarie era una obra de arte creada por ella, una prolongación de sus inclinaciones lésbicas. Y muchos otros, no por secundarios concebidos con menor precisión, a lo que hay que añadir las admirables descripciones de los paisajes más diversos de Asia, África y América, además de la Europa de entreguerras. La magnífica, flexible y zigzagueante prosa de Mazzucco acredita en el lector la seguridad de estar delante de uno de los talentos más prodigiosos de la novelística actual.

En algún momento se dice de Annemarie Schwarzenbach que "nunca había sido capaz de apagar pasiones ni de corresponder a las mismas, tan sólo de encenderlas". Una afirmación que se podría aplicar a la novela en general, y muy en particular a Ella, tan amada.


* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 27 de octubre de 2006.

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