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martes, 18 de octubre de 2016

Bob Dylan no dice ni una palabra del Nobel durante su concierto


Bob Dylan

Bob Dylan no dice ni una palabra del Nobel durante su concierto

El músico tocó en Las Vegas sin referirse al galardón ni dirigirse al público


El País
Madrid, 14 de octubre de 2016


Ni una palabra. Bob Dylan no se refirió al premio Nobel de Literatura durante su concierto anoche en Las Vegas, unas horas después de que la Academia sueca le concediese el mayor galardón de las letras.

Bob Dylan / Ciudadano de la república de las letras

Bob Dylan
Foto de Ken Regan
Ilustración de T. A.

Bob Dylan, ciudadano 

de la república de las letras

La lírica del premio Nobel ofrece un juego de espejos con la poética de sus maestros de Pound a Whitman



Jesús Aguado
Barcelona, 15 de octubre de 2016

En muchas de las canciones de su primera época Bob Dylan nombra o alude con claridad a varios de sus escritores preferidos: Herman Melville, Shakespeare, Edgar Allan Poe, Francis Scott Fitzgerald, Ezra Pound o T. S. Eliot. Son gigantes sobre cuyos hombros se sube para que sus letras, influidas por ellos o agarradas a ellos como a la rama de un precipicio, tengan una perspectiva más elevada y un campo de visión más amplio. Necesita referentes literarios que otorguen a su música una densidad narrativo-poética y, sobre todo, lugar dentro de una tradición a la que quiere pertenecer por derecho propio.

Bob Dylan / Un creador por encima de la prosa



Bob Dylan, un creador 

por encima de la prosa

El músico publicó 'Tarántula', un libro fallido, pero 'Crónicas' es un fabuloso mapa de recuerdos



Fernando Navarro
13 de octubre de 2016

No se puede valorar a Bob Dylan por su obra en prosa. El autor de Like a Rolling Stone es creador de centenares de canciones, muchas de ellas magistrales, pero solo tiene dos libros, propiamente dichos a su nombre: Tarántula y Crónicas.
Bob Dylan







El primero es un disparatado y fallido experimento de literatura beat. En sus palabras, una divagación personal de prosa épica, que vino influida por su pasión con la poesía surrealista francesa, que fue acentuada por su amigo Allen Ginsberg, gran voz de la generación beat. Después de que Dylan quedase prendido de Una temporada en el infierno de Arthur Rimbaud, Ginsberg le recomendó Los cantos de Maldoror de Comte de Lautreamont y se sumergió aún más en el decadentismo artístico. No funcionó. A medio camino entre la improvisación y la pretensión literaria, Tarántula,escrito entre 1965 y 1966, naufragó. El libro no se publicó hasta 1971 y fue vapuleado por la crítica, haciendo incluso que el propio Dylan, siempre tan seguro de sí mismo, renegase de él.
No se puede decir lo mismo de Crónicas (2004), el primer volumen de unas memorias que, tal y como se pactó en su día con una cifra millonaria con la editorial Simon & Shuster, deberían tener otros dos tomos. Según su agente literario Andrew Wylie, el segundo volumen, en el que se especula que detallaría entre otras cosas la configuración de Blood on the Tracks, está en camino. Pero en el universo de Dylan, que también lo prometió en una entrevista en 2010 en Rolling Stone, eso puede no significar nada. El nuevo premio Nobel de Literatura siempre ha sido ingobernable y, por ahora, parece más preocupado en sacar discos.
Crónicas es un fabuloso mapa desordenado de sus recuerdos, desde su llegada a Nueva York a principios de los sesenta hasta saltar sin ton ni son a las sesiones de grabación del disco Oh Mercy! en los ochenta. Son impresiones personales de su tiempo y sus ídolos –Woody Guthrie, Roy Orbison, Elvis Presley…-, que desbordan una gran fuerza narrativa. En ese libro, Dylan acerca al lector a un mundo que parece extinguirse, el suyo, el de la memoria americana del siglo XX, con evocaciones literarias propias de un notable escritor. Es el mismo mundo al que, entre 2006 y 2009, el veterano músico invitaba a adentrarse a través de sus fascinantes programas de radio elaborados por él mismo. Cada programa de Theme Time Radio Hour era un viaje en el tiempo con blues, soul, country, folk yrock’n’roll, aderezados de sus irónicos y, en ocasiones –cierto-, pasionales comentarios.
No se puede medir la talla del monumental Bob Dylan por sus libros en prosa. Son un añadido, como un adorno, a lo verdaderamente esencial, trascendental: sus canciones. En ese terreno ha sido imbatible y, por eso, es el primer músico en tener un Nobel de Literatura. Por eso, ha vuelto a hacer historia.

lunes, 17 de octubre de 2016

Bob Dylan / Lírica viene de lira




Bob DylanLírica viene de lira

La concesión al cantautor del galardón ha desatado la polémica


Fernando Aramburu
15 de octubre de 2016


La Academia Sueca decidió conceder el Nobel de Literatura a un poeta. La circunstancia de que el galardonado cante sus textos causó una ola general de sorpresa que acto seguido tomó un cariz de indignación en ciertas personas, llamativamente entre algunas que se dedican al ejercicio público de la palabra. Están en su derecho, si bien, sobrepasados ciertos límites de temperatura emocional, su discurso simplemente opinativo se reviste, quieras que no, de un barniz bastante ridículo. A algunos el desasosiego los llevó a arremeter contra quienes se congratulan de la decisión de los académicos suecos. Esto, huelga decir, lo expresan con una modulación del lenguaje muy alejada de la función poética.

Elvira Lindo / Y el Grammy es para Philip Roth

Philip Roth

Y el Grammy es para... ¡Philip Roth!

En cuanto se supo el nombre de Bob Dylan como ganador del Nobel de Literatura, pensé en Philip Roth, el ser humano al que más le fastidia no ganar el Nobel



Qué le voy a hacer, intoxicada como estoy de eso que llaman listas de favoritos para el Nobel de Literatura, todos los años pienso en los eternos candidatos. Debe ser muy triste enrocarse en ese puesto de aspirante oficioso, de tal manera que un día al año todo el mundo te recuerde con un poco de penilla. En cuanto se supo el nombre de Dylan, pensé en Philip Roth, porque creo que es el ser humano al que más le fastidia no ganar el Nobel. Si de algo hace alarde el novelista es de una vanidad sin innecesarios pudores. A mí ese desparpajo me resulta muy simpático; cuando le escuché en el documental sobre su persona afirmar que se acababa de leer sus obras completas para ver si se sostenían en el tiempo y que se había quedado bastante satisfecho me entró una ternura enorme por el anciano vanidoso. Al menos es sincero, otros deben estar leyendo sus obras en silencio, preguntándose cómo coño no han entrado ya de una puñetera vez en la lista de eternos candidatos. Me imagino a Roth, que sí lo viene siendo desde hace años, este mismo jueves. No lo visualizo mirando el Twitter, eso ya sería en sí mismo un chiste, sino poniendo la radio y escuchando el nombre de Bob Dylan. ¿Bob Dylan? Lo imagino haciendo cábalas: Bob Dylan, estadounidense, judío… Maldita sea. ¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para que otro judío americano vuelva a llevarse el premio?

Bob Dylan / El esperpento del Nobel


Bob Dylan y Suze Rotolo

Bob DylanEl esperpento del Nobel

Dylan merecía ser premiado. En una categoría que todavía no existe


Diego A. Manrique
16 de octubre de 2016


Dentro de unos años, el Nobel de Literatura de 2016 nos parecerá un chiste, un chiste de relativo ingenio. Tal vez se haya roto la ley del silencio y sepamos cómo los baby boomers de la Academia Sueca lograron convencer a sus compañeros de mayor edad para votar a Bob Dylan: “¿otro whisky, querido maestro?”.

Carlos Boyero / Con Dylan el Nobel gana prestigio


Con Dylan el Nobel gana prestigio

Ha escrito cuatro de las canciones de amor más hermosas. Es clase, hipnotismo y arte. Esas cuatro canciones perdurables hasta la eternidad se titulan : Te deseoChica del país del NorteSi no fuera por ti y Lay Lady Lay.



CARLOS BOYERO
14 OCT 2016 - 10:19 COT



Si yo representara al ancestral criterio de selección del premio Nobel, a ese premio que se inventó el creador mortífero de la dinamita para compensar intelectualmente, humanísticamente, los efectos devastadores que le habían hecho multimillonario, sentiría una vergüenza infinita, un concepto ínfimo de las equivocaciones o los desprecios que había otorgado una corte lamentable de funcionarios y oficinistas culturales al dadaísta criterio de que ese premio no se lo merecían escritores como Tólstoi, Proust, Kafka, Joyce, Fitzgerald, Pessoa, Borges, Cortázar, Kavafis, Chirbes, Chaves Nogales y, sí, prosistas, dramaturgos, exóticos junta palabras, tan mediocres y olvidables como muchos que no prefiero recordar. Hace poco, en una famosa librería de Santander, descubrí un impresionante muñeco de papel que representaba la imagen de uno de los últimos premios Nobel, animándote a que compraras la biografía de su nuevo amor, titulada con oportunidad y sensualidad La amante de sus maridos. Y te preguntas desoladora o rabiosamente, cómo hacía Bertold Brecht en aquel poema que comenzaba con “¿Qué tiempos son estos en los que hablar de las flores supondría una infamia, porque obligaría a callar sobre otras cosas?".

domingo, 16 de octubre de 2016

Bob Dylan / “Leí mucha poesía antes de escribir mis primeras canciones”

Bob Dylan
Foto de Ken Regan
Ilustración de Triunfo Arciniegas


Bob Dylan

“Leí mucha poesía antes de escribir 

mis primeras canciones”

Con motivo de la concesión del Nobel de Literatura al músico, recuperamos esta rara entrevista de 2004, en la que habla del proceso de escritura de sus canciones y de sus influencias literarias


ROBERT HILBURN
1 DE MAYO DE 2004





El autor de Blowin' in the Wind, una de las grandes figuras de la música popular del siglo XX, habla de un tema poco frecuente en sus ya escasas entrevistas: la forma en que compone sus canciones y las principales influencias literarias y musicales de su carrera. Bob Dylan viene a actuar en España este verano, además se acaban de editar el cedé, Live 1964, y el DVD, MTV Unplugged.

"No, no, no", dice Bob Dylan tajante cuando le pregunto si los aspirantes a cantautores deberían aprender el oficio estudiando sus álbumes, que es precisamente lo que millares de ellos han venido haciendo en las últimas décadas. "Es natural seguir la pauta de alguien", dice, abriendo la puerta a un tema que ha sido terreno vedado a los periodistas durante mucho tiempo: su proceso como compositor de canciones. "Si yo hubiese querido ser pintor, probablemente habría pensado en intentar ser como Van Gogh, o si fuera un actor en actuar como Laurence Olivier. Si fuera un arquitecto, sería Frank Gehry. Pero no puedes limitarte a copiar a alguien. Si te gusta su obra, lo importante es someterse a todas las influencias que ha recibido esa persona. Quien quiera componer canciones debería escuchar tanta música folk como pueda, estudiar la forma y la estructura de todo el material que ha estado ahí desde hace 100 años. Llegar hasta Stephen Foster".

Bob Dylan / Poeta torrencial, maestro del caos



Bob Dylan

Poeta torrencial, maestro del caos

"Me atrevería a decir que el galardón llega tarde"

"Sobra decir que Dylan me cambió la vida"

Joaquín Sabina
14 de octubre de 2016



El premio Nobel a Bob Dylan es una noticia feliz. Primero, porque le da a uno la razón: llevo diciendo por lo menos 20 años que Dylan es el mejor poeta de América y de la lengua inglesa actual y también el que más ha influido en varias generaciones. Así que en cierto modo me atrevería a decir que el galardón llega tarde. La dicha es, por suerte, buena: el gesto de la Academia Sueca hace que todos los que nos dedicamos a dignificar las palabras en el pop nos sintamos premiados con él.
En segundo lugar, porque creo que manda un mensaje evidente a aquellos que se han dedicado a reducir durante décadas el oficio de la canción popular a las cosas tontas de ‘chico conoce a chica’ o las historias banales del sábado noche. Desde ayer, nuestro mundo ha quedado elevado a la categoría de alta cultura, y eso está bien.
Y por último, porque cierra en cierto modo un círculo íntimo para mí. La primera vez que escuché a Dylan fue a los 18 años, cuando una novia inglesa me lo puso en mi casa de Granada. No entendí una palabra de lo que decía, pero tuve claro que me estaba hablando a mí. Su manera personal de jugar con la fonética, de escupir las palabras, de frasearlas, consiguió que aquel poeta que yo entonces quería ser decidiese convertirse en músico. Sobra decir que Dylan me cambió la vida.
Después llegó el estudio de su música. He leído sus letras a conciencia (aunque no diría que me han influido en la escritura; él es un poeta torrencial, un maestro del caos, yo soy más académico) y debo de tener unos 100 libros sobre él. Escucho todos sus discos, incluso los que no me gustan. También le he visto muchas veces en directo desde aquel lejano concierto en el campo del Rayo Vallecano con Santana. Ha habido veladas maravillosas y otras en las que me ha irritado.
Y si me preguntan si un músico en español podría ganar el Cervantes, la respuesta es: sí. Y tengo un candidato: Joan Manuel Serrat, que es el maestro de todos nosotros.
Joaquín Sabina es cantante

sábado, 15 de octubre de 2016

El bello otoño de Bob Dylan


Bob Dylan

El bello otoño de Bob Dylan

Una radiografía de algunas de las mejores canciones del músico en su última etapa muestra su magnífica vejez


Fernando Navarro
24 de mayo de 2016




Esquivo con su propio mito e inmerso en su particularísimo modo de vida entregada a la música y la carretera, Bob Dylan alcanza los 75 años con casi más actividad que nunca, aunque el eco de su obra no resuene en la conciencia colectiva contemporánea con tanto fervor como en otras épocas. Con esa mueca que le acompaña desde sus primeros años como de ir dos pasos por delante, o al menos de saberse dueño de sus propios pasos e ir a su bola, Dylan ha tenido olfato artístico y magnífica sensibilidad para trasladar la vejez a su música, creando obras más que notables desde que en 1997, cuando la publicación deTime Out of Mind, muchos ya pensaban que el cantautor más genial del siglo XX, que entonces tenía 56 años, estaba para el arrastre, sin inspiración y condenado al ocaso. Pero desde entonces no solo ha mostrado una devoción a la música increíble -por no decir casi enfermiza- sino que ha compuesto algunas de sus mejores canciones.

Bob Dylan / Un poeta con banda

Bob Dylan

Un poeta con banda

Este artículo lo estoy escribiendo yo y eso significa que el premio Nobel a Bob Dylan lo celebramos por igual los aficionados a su música y los amantes de la literatura


Benjamín Prado
13 de octubre de 2016





Empecemos por una obviedad: este artículo lo estoy escribiendo yo y eso significa que el premio Nobel a Bob Dylan lo celebramos por igual los aficionados a su música y los amantes de la literatura. Lo mires por donde lo mires, el autor de Knockin’ on Heaven’s Door es un poeta con banda, fue un cantautor que empezó su carrera en el café Wha? de Nueva York porque allí era donde iban a beber Jack Kerouac y Allen Ginsberg y un rockero que le puso a su guitarra el nombre de Rimbaud. Sus primeras grabaciones, las de la época de las marchas sobre Washington y la canción protesta, que cristalizan en su caso en discos memorables como The Freewheelin’ y The Times They Are A-Changing, muestran una influencia notable de las novelas de John Steinbeck, y en especial de Las uvas de la ira; las siguientes, las de los años eléctricos, los que van de Bringing it All back home y Highway 61 Revisited a Blonde on Blonde, tienen mucho que ver con el mundo del poeta visionario William Blake. Y recordemos que lo mismo que para algunos de nosotros sus discos fueron el kilómetro cero de nuestra escritura, para él todo empezó en un libro: Rumbo a la gloria, la autobiografía de su ídolo juvenil, el trovador rojo Woody Guthrie.

Hay canciones que apuntan a los pies y canciones que apuntan a la cabeza, como las de Dylan. La cantidad inaudita de libros que se publican cada año con el propósito de analizarlas, buscar sus claves e interpretar los significados ocultos que puedan esconder, demuestran la fascinación y el misterio que llevan provocando a lo largo de casi cinco décadas en quienes las oyen, las leen o ambas cosas. Dylan es un intelectual, alguien que no da respuestas sino que propaga dudas, hace pensar, busca con sus textos una explicación a eso que llamamos estar vivo. En una entrevista le preguntaron si era feliz y contestó que eso nunca había estado entre sus prioridades. En otra, el periodista quiso saber por qué nunca paraba de dar conciertos e ir de un lado a otro, haciendo buena aquella frase de Bono, el líder de U2, según la cual todos los lugares del planeta, por remotos que fuesen, se parecían en que tarde o temprano Dylan iría una noche a tocar allí, y el genio huraño sólo respondió: “¿Qué hay en casa?”.