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lunes, 6 de octubre de 2025

Preguntando a los premios Nobel







NOVEDAD EDITORIAL

Preguntando a los premios Nobel

‘Planeta Nobel’, que edita Libros de Vanguardia, recoge entrevistas a treinta autores laureados por la Academia Sueca. Su autor recuerda aquí algunas anécdotas del proyecto, que se extiende ya por veinte años



XAVI AYÉN / KIM MANRESA (Fotos)

 

Hacer footing junto a Mario Vargas Llosa en el barrio limeño de Miraflores. Ayudar a la esposa de sir Vidia Naipaul a preparar un pastel de zanahoria en la cocina, mientras él vocifera en la habitación de al lado. Tomar el te en la cocina de Svetlana Alexiévich en Minsk. Charlar en la calle con una pandilla de sintecho amigos de Peter Handke en la localidad francesa de Chaville. Asistir a la fiesta de cumpleaños de Dario Fo en Roma, de tres días de duración. Ver a Annie Ernaux hablando con las prostitutas de la calle Robador. O a Jon Fosse entrando en su casa en los jardines reales de Oslo (que ocupa como artista oficial del reino noruego). Visitar junto a Nadine Gordimer la celda donde estuvo preso su amigo Nelson Mandela. Recorrer las calles de Tokio junto a Kenzaburo Oé buscando a toda prisa un emplazamiento para un acto pacifista para el que le denegaron por sorpresa la autorización en el hotel... Son muchos los recuerdos agradables o estimulantes de los veinte años que llevo, junto al fotógrafo Kim Manresa, persiguiendo por el mundo a los premios Nobel de Literatura (hemos cazado a treinta ya). Un trabajo que ahora recoge el volumenPlaneta Nobel, publicado por Libros de Vanguardia y que llega a librerías en los próximos días.

domingo, 7 de febrero de 2021

Mónica Ojeda / “¿Cuánta fuerza se necesita para arrancarle la cabeza a alguien?”

Mónica Ojeda


Mónica Ojeda: “¿Cuánta fuerza se necesita para arrancarle la cabeza a alguien?”

REVELACIÓN DE LA LITERATURA LATINOAMERICANA

La escritora, máxima exponente del ‘gótico andino’, publica sus inquietantes cuentos de ‘Las voladoras’

Xavi Ayén

11 de noviembre de 2020


Escenas gore entre paisajes de ensueño. El cóndor que pasa mientras, abajo, las familias (siempre disfuncionales) se despellejan. Mordiscos, gritos, sangre, mutilaciones, saliva, catástrofes naturales, accidentes, perversiones... y, sin embargo, belleza, poesía y magia. El volumen de cuentos ‘Las voladoras’ (Páginas de Espuma) confirma a su autora, la ecuatoriana Mónica Ojeda (Guayaquil 1988) como uno de los nombres destacados de la literatura latinoamericana actual.

jueves, 10 de diciembre de 2020

Mark Z. Danielewski: "Una novela se lo traga todo"


Mark Z. Danielewski



Mark Z. Danielewski: "Una novela se lo traga todo" 

"Cervantes, Borges... exploraron el libro como amplificador de conocimiento"

"Visité lo más profundo de mi interir, fui hasta el fondo de mí mismo y luego salí"


XAVI AYÉN
6 DE NOVIEMBRE DE 2013


La primera novela de Mark Z. Danielewski (Nueva York, 1966) ha sido comparada, agárrense, con el “Ulises” de Joyce, el “Moby Dick” de Melville, los juegos metaliterarios de Borges, los saltos virtuales del hipertexto o la narrativa irracional de David Lynch. Bret Easton Ellis dijo que era una mezcla de Pynchon, Ballard, Stephen King y David Foster Wallace. Y así podríamos seguir... La cosa tiene más de 700 páginas, se titula La casa de hojas , su autor tardó diez años en escribirla, se convirtió en objeto de culto y ha tardado trece años en ser vertida al castellano porque, hasta ahora, se consideraba: a) un objeto intraducible y b) un producto de un coste económico demasiado elevado, pues incluye colores, texto en braille, variopintos diseños gráficos, diferentes tipografías, imágenes, diagramas, dibujos, hojas casi en blanco, notas a pie de página que invaden el texto como si fueran hormigas en horizontal, vertical o diagonal... o un índice onomástico donde, además de los nombres propios, se contabilizan las apariciones de palabras corrientes como “otra vez”, “hombre” o “mujer”. En fin, resulta imposible sintetizar en una entradilla lo que supone la lectura de esta, por decir algo, historia de terror, ambientada en una casa que es más grande por dentro que por fuera, y que se sustenta en dos historias: la del joven Johnny Truant y su alocada existencia en Los Ángeles en los años 90, y la que arranca cuando encuentra un manuscrito que cuenta la experiencia de Will Navidson en una casa mutante; Navidson filmó una película –desaparecida– sobre lo que vio, una película que comenta un tal Zampanò en el manuscrito encontrado por Truant. Para arrojar algo de luz en todo ello, hablamos con Danielewski desde Barcelona, vía Skype, y él nos responde desde su casa californiana, rodeado de gatos, ataviado con un sombrero y con la luz de una lámpara de pie dibujando extrañas sombras en su rostro. “La casa de hojas” llega a las librerías la semana que viene, en una coedición de Alpha Decay y Pálido Fuego, y una titánica traducción de Javier Calvo.

jueves, 8 de octubre de 2020

Louise Glück gana el premio Nobel de Literatura 2020

Louise Glück
 

Louise Glück gana 

el premio Nobel de Literatura 2020

La Academia Sueca opta por premiar a una poeta de lo cotidiano, que desmenuza sus sentimientos y la vida sencilla



XAVI AYÉN, BARCELONA
08/10/2020 13:02 | Actualizado a 08/10/2020 20:03

El olimpo de la literatura ya tiene a un nuevo ocupante. La poeta estadounidense Louise Glück, de 77 años, ha ganado el premio Nobel de Literatura 2020, según ha hecho público el secretario permanente de la Academia Sueca, Mats Malm, en la sede de la institución en Estocolmo. El jurado ha destacado “su inconfundible voz poética, que con austera belleza hace universal la existencia individual”.

sábado, 22 de agosto de 2020

Jane Smiley “Un matrimonio es horriblemente dramático”

Jane Smiley

Jane Smiley 

“Un matrimonio es horriblemente 

dramático”

La escritora estadounidense, premio Pulitzer, publica la novela ‘Un amor cualquiera’


Xavi Ayén
2 de agosto de 2020


Como si estuvieran en una novela victoriana, tres de los cinco hermanos Kinsella –Ellen y los gemelos Joe y Michael– se reúnen en casa de su madre, Rachel, que es la narradora. Pero Un amor cualquiera (Sexto Piso), novela que la estadounidense Jane Smiley (Los Angeles, 1949) publicó originalmente en 1989 y que ahora Sexto Piso ofrece en castellano, está ambientada en el mundo contemporáneo. Un trauma arrastra a Rachel: veinte años atrás, fue infiel a su marido y este, sin previo aviso, se llevó a los cinco hijos que tenían a Europa, impidiéndole verlos durante varios años.

jueves, 6 de agosto de 2020

Gabriel García Márquez / "He dejado de escribir"



Legendary writer Gabriel García Márquez's archive available online ...

Gabriel García Márquez: 

"He dejado de escribir" 

(Febrero de 2006)

En febrero del 2006, el Magazine de La Vanguardia publicó la que iba a ser la última entrevista que concedería el premio Nobel

En febrero del 2006, el Magazine de La Vanguardia publicó la que iba a ser la última entrevista que concedería el premio Nobel. Centenares de medios de comunicación de todo el mundo se refirieron a ella, por su anuncio de que había dejado de escribir.
Xavi Ayén
17 de abril de 2014

En ese inmenso hervidero humano y social que es la plaza mexicana del Zócalo —epicentro de los poderes del país y escaparate de las más diversas protestas—, entre acampadas y reivindicaciones de campesinos sin tierra, ciudadanos sin casa o mujeres víctimas de la violencia de sus maridos, varios grupos de indígenas desinfectan de malos espíritus a los viandantes, a cambio de unas monedas. Estamos tentados de solicitar sus servicios, pues faltan tan sólo unas horas para que acudamos a entrevistar a Gabriel García Márquez, un privilegio que pocos periodistas han disfrutado desde que le concedieron el premio Nobel de Literatura en 1982, y nos asalta el temor de que a última hora todo se desmorone por cualquier imprevisto.

El chofer conoce bien dónde se encuentra el Pedregal de San Angel, un barrio residencial construido sobre piedras volcánicas en el que se alojan estrellas de cine, ex presidentes y banqueros.
Tras franquear la puerta de entrada y un recogido patio exterior, llegamos a la sala de estar, casi sin resuello, cargando los pesados regalos de Navidad que nos han dado para él algunos amigos suyos de Barcelona. Gabo y su mujer, Mercedes Barcha, viven aquí desde 1975, cuando se fueron de España, aunque desde entonces han realizado sucesivas ampliaciones y reformas. Hay vigas de madera, y mil rendijas, ventanas, visillos y aperturas por las que entra el sol y se enseñorea de los interiores, iluminando, por ejemplo, las fotos de los cinco nietos del escritor, con edades que oscilan entre los 18 y los 7 años, o un enorme muñeco amarillo que parece una especie de conejo.
Mientras esperamos, curioseamos en la mesa donde reposan libros de fotografías de los premios Nobel, y otros de imágenes tomadas por Richard Avedon (poco después, Gabo nos comentará: "Ese Avedon... vino aquí, me hizo una foto y a los 15 días se murió, nunca la he visto"). Atravesamos un jardín repleto de flores —con unas esplendorosas orquídeas— para finalmente llegar al lugar donde Gabriel García Márquez se hizo construir un estudio aislado para trabajar. Le sorprendemos ante el ordenador, pero no en el momento mágico de la escritura, sino leyendo por Internet la prensa internacional. Amablemente, nos invita a tomar asiento y nos deja claro que hará una excepción sometiéndose con resignación a esta entrevista, porque no ha sido capaz de resistirse a la confabulación de su entorno familiar y afectivo; en ese momento, nos agarra del brazo y nos pregunta, en un susurro: "Y ahora, díganme, ¿cuánto le han pagado a mi mujer?"
El encuentro inicial, pues, tiene lugar en su estudio, y sólo será interrumpido por unas estentóreas frases en inglés que pronuncia, de vez en cuando, su ordenador, como si hubiera sido intervenido por la CIA. Gabo posee una máquina de última generación, con todos los avances multimedia, pues hace muchísimos años que abandonó su legendaria máquina de escribir eléctrica. "El primer ordenador que salió al mercado lo debí de usar yo —presume—. Cuando escribía a máquina, tenía un promedio de un libro cada siete años, y con el ordenador pasó a ser uno cada tres años, porque la computadora hace mucho trabajo por uno. Tengo varios equipos exactamente iguales, uno aquí, uno en Bogotá y otro en Barcelona, y llevo siempre un disquete en el bolsillo".
Mientras habla, va bebiendo un refresco de cola, una adicción sólo superada por su necesidad de permanente contacto con las noticias e informaciones que le llegan por teléfono, Internet, fax y correo —a menudo, de fuentes de primera mano— sobre la actualidad del mundo y, en especial, de su país, Colombia.
Reticente a hablar de su vida privada ("para eso ya está mi biógrafo oficial, el norteamericano Gerald Martín, quien, por cierto, ya debería haber publicado el libro, yo creo que está esperando a que me pase algo…"), cuenta que "este año 2005 me lo he tomado sabático. No me he sentado ante la computadora. No he escrito una línea. Y, además, no tengo proyecto ni perspectivas de tenerlo. No había dejado nunca de escribir, este ha sido el primer año de mi vida en que no lo he hecho. Yo trabajaba cada día, desde las nueve de la mañana hasta las tres de la tarde, decía que era para mantener el brazo caliente..., pero en realidad era que no sabía qué hacer por la mañana".
¿Y ahora ha encontrado algo mejor que hacer?
He encontrado una cosa fantástica: ¡quedarme en la cama leyendo! Leo todos aquellos libros que nunca tuve tiempo para leer... Recuerdo que antes sufría un gran desconcierto cuando, por lo que fuera, no escribía. Tenía que inventar alguna actividad para poder vivir hasta las tres de la tarde, para distraer la angustia. Pero ahora me resulta placentero.
¿Y el segundo volumen de memorias?
Creo que no voy a escribirlo. Tengo algunas notas escritas, pero no quiero que sea una mera mecánica profesional. Me doy cuenta de que, si publico un segundo tomo, voy a tener que decir en él cosas que no quiero decir, a causa de algunas relaciones personales que no son muy buenas. El primer tomo, Vivir para contarla, es exactamente lo que yo quería. En el segundo, me encontré una cantidad de gente que tenía que aparecer, y que, caramba, no quiero que estén en mis memorias. No sería honrado dejarles fuera, porque fueron importantes en mi vida, pero no me caen simpáticos.
Aunque Gabo no da nombres, no podemos evitar preguntarle por Mario Vargas Llosa, el escritor peruano cuya amistad quedó cortada de raíz tras el puñetazo en público que éste le propinó, aquí en México, en el año 1976, a causa de un incidente personal cuyo esclarecimiento ellos han delegado en "los biógrafos del futuro". ¿No ve posible que, algún día, se produzca una reconciliación? En ese momento, su esposa, Mercedes Barcha, que ha entrado en el estudio hace unos minutos, responde con contundencia: "Para mí ya no es posible. Han pasado treinta años".
"¿Tanto?", pregunta Gabo, sorprendido. "Hemos vivido tan felices estos treinta años sin él que no lo necesitamos para nada", asegura Mercedes, antes de matizar que "Gabo es más diplomático, así que esta frase pueden ponerla exclusivamente en mi boca".
Volviendo a su inédito período de inactividad, el Nobel aclara que "se me ha acabado el año sabático, pero ya encuentro excusas para prorrogarlo durante todo el 2006. Ahora que he descubierto que puedo leer sin escribir, a ver hasta dónde llega. Yo creo que me lo gané. Con todo lo que he escrito, ¿no? Aunque si mañana se me ocurriera una novela, ¡qué maravilla sería! En verdad, con la práctica que tengo, podría hacer una sin más problemas: me siento ante la computadora y la saco..., pero la gente se da cuenta si no has puesto las tripas. Ahí detrás de mí están encendidos todos los aparatos informáticos, listos para entrar en acción el día que se me ocurra. Me encantaría encontrar un tema, pero no tengo necesidad de sentarme a inventarlo. La gente debe saber que, si publico algo más, será porque valga la pena".
"De hecho —comenta—, ya tampoco me despierto por la noche asustado, tras haber soñado con los muertos de los que me hablaba mi abuela en Aracataca, cuando era niño, y creo que eso tiene que ver con lo mismo, con que se me acabó el tema".
Su último "tema", hasta el momento, ha sido Memoria de mis putas tristes, novela corta publicada en el 2004 que millones de lectores en todo el mundo esperan que no sea el último estallido de su fuerza creativa. "Tampoco estaba en el programa —revela ahora. En realidad, proviene de un programa anterior, había pensado en una serie de relatos en ambientes prostibularios, de ese tipo. Hace tiempo escribí cuatro o cinco historias, pero la única que me gustó fue la última, me di cuenta de que el tema no daba para tanto, de que lo que realmente andaba buscando era aquello, así que decidí prescindir de las primeras y publicar la última de manera independiente".
Otro proyecto en el que andaba trabajando, y que quedó interrumpido, era la historia de un hombre que debía morir al escribir la última frase. "Pero pensé: a ver si te va a suceder a ti...".
Gabo no parece vivir su parón creativo con ninguna congoja, sino con despreocupación típicamente caribeña. "Dejar de escribir no ha cambiado mi vida, ¡eso es lo mejor! Las horas que utilizaba para hacerlo no han quedado secuestradas por otras actividades enojosas".
El escritor nos muestra el gran muñeco amarillo que vimos al entrar: "Es una artesanía mexicana, regalo de Felipe González, que viene mucho por aquí". La conversación deriva entonces hacia su fascinación por el poder y los diferentes mandatarios y ex mandatarios que le visitan. "Como escritor, me interesa el poder, porque resume toda la grandeza y miseria del ser humano".
Entre sus amistades, destaca a Clinton. "¿No le conocen ustedes? ¡Es un tipo estupendo! Yo no me lo he pasado tan bien como junto a él. El sida es el gran tema que le preocupa ahora, es un hombre sinceramente alarmado y angustiado por el poco interés que las autoridades prestan a la extensión alarmante de la enfermedad por nuevas zonas, en especial por el Caribe. No le hacen caso, pero nadie sabe más que él sobre ese tema".
El Nobel nos señala la ubicación de la sala de cine privada que tiene en su casa. "Es muy difícil que yo pueda ir a las sesiones normales, me paso horas y horas firmando autógrafos en la puerta. Así que me envían aquí películas o, si no, me invitan a proyecciones restringidas".
Su pasión por el séptimo arte no es nueva: de joven, incluso soñó con dirigir películas, lo que ha acabado realizando su hijo Rodrigo, habitual de prestigiosos festivales como Cannes, Locarno o San Sebastián. Rodrigo, además de haber dirigido episodios de "Los Soprano" y "A dos metros bajo tierra", es el cineasta responsable de largometrajes como "Cosas que diría con solo mirarla", "Diez pequeñas historias de amor" o "Nueve vidas". "Menos mal que son excelentes —comenta su padre. ¡Lo horrible que hubiera sido para mí que no me parecieran buenas!". Rodrigo vive en Hollywood, y su hermano Gonzalo, en París. Ambos están pasando estos días con sus padres, y entran y salen de la casa con la misma libertad con que lo hicieron de niños. Al día siguiente, Gonzalo, diseñador gráfico y pintor, nos explicará que "Gabo no era un padre de juegos, pero sí de muchos diálogos, de compartir con nosotros cosas de adulto. Las cosas que hacíamos con él de pequeños era hablar y escuchar música".
García Márquez ha ido desarrollando sus mecanismos para preservar su vida privada, cada vez más eficaces, y parece haber conjurado el peligro de que su éxito le robara tiempo para los afectos de hijos, nietos y amigos. Antes, sin embargo, "la fama estuvo a punto de desbaratarme la vida, porque perturba el sentido de la realidad, tanto como el poder. Te condena a la soledad, genera un problema de incomunicación que te aísla".
De repente, suena el teléfono, y el escritor pronostica: "Seguro que es Carmen Balcells..." Mercedes descuelga y, en efecto, al otro lado del aparato, habla la agente literaria más famosa de la tierra. El escritor se ríe con ganas: "¿Ven? No tiene sosiego. No se le escapa nada, sabía que estábamos hablando con ustedes... Nos tiene más controlados que nunca".
La relación profesional de Carmen Balcells con García Márquez se remonta a 1961, cuando nadie creía todavía en aquel joven escritor, que no se convertiría en una celebridad mundial hasta Cien años de soledad (1967), obra en la que desgrana los avatares de varias generaciones de los Buendía y que, con sus personajes con colita de cerdo o sacerdotes que levitan, se considera la referencia del realismo mágico.
En vez de realizar un paseo físico por el DF, Gabo sugiere que nos traslademos mentalmente a otra ciudad, a la Barcelona de los a-os 60 y 70, donde él vivió y escribió El otoño del patriarca: "Llegamos en 1967, cargando una piel de caimán de dos metros que me regaló un amigo. Yo estaba dispuesto a venderla, porque necesitábamos el dinero, pero me lo pensé mejor y al final no lo hicimos. Ha viajado con nosotros por medio mundo, en funciones de amuleto. Todo fue muy rápido, en los años que viví en Barcelona pasé de no tener para comer —antes, en París, había llegado a pedir en el metro— a poder comprarme casas".
"Tengo la impresión de que aquella ciudad no nos sorprendió mucho —explica. Era como si ya la hubiéramos visto antes. La razón por la cual no fui a ningún otro lugar es Ramón Vinyes, el ''sabio catalán'' que hice aparecer como personaje en Cien años de soledad. En la Barranquilla de mi juventud, él me había ''vendido'' hasta tal punto la Barcelona idealizada de sus recuerdos de exiliado, que no dudé en ningún momento". Mercedes Barcha y Gabo, al trasladarse a España, dejaron atrás un México cosmopolita, culto y liberal, y unos círculos cinematográficos, artísticos y literarios repletos de personalidades y actividades que dejaban atrás a la pacata España del tardofranquismo. Barcha recuerda divertida que "era todo un poco snob, los barceloneses descubrían entonces el mundo de la discoteca, ¡cuando aquí en México había miles! ¡Se ponían incluso sombreros para ir a la disco!"
"Trataban de superar a París", recuerda García Márquez.
"He visto la serie ''Cuéntame'' y es exacta: Gabo y yo llegamos a aquel mundo", remarca, divertida, Mercedes.
"Había como una especie de ''destape'' clandestino, focalizado en la discoteca Bocaccio. Nos parecía una cosa anticuada", refuerza Gabo.
Barcha apunta: "Ellos, los barceloneses, pensaban que éramos nosotros los atrasados, por latinoamericanos, pero era completamente al revés. Yo iba por la calle con mis pantalones y mis jeans y se me acercaba la gente a mirarme como una cosa rara. Un día, le dije a la mujer de Luis Goytisolo: ''Oye, María Antonia, me miran mucho, ¿por qué será?''. ''No te preocupes, a mí también'', me respondió".
Los rigores de la dictadura franquista no apretaban tanto en Barcelona como en Madrid, centro del poder político, y los García disfrutaban de la proximidad con Francia. Gabo recuerda que "íbamos a Francia a ver películas, como ''El último tango en París'', que descubrimos en Perpiñán. A veces nos íbamos tres días a París, a ponernos al día de todo. Barcelona era la puerta a Europa: desde allí nos desplazábamos a Londres (donde aprendimos inglés), Milán... Asistíamos a conciertos, estrenos teatrales, calmé toda mi ansiedad cultural".
Gabo y Mercedes vivieron la efervescencia de la gauche divine, las madrugadas infinitas de Bocaccio, el florecimiento de las nuevas editoriales, las conspiraciones ante la inminente muerte de Franco... Se juntaban con otros escritores atraídos a Barcelona por la "Mamá Grande" Balcells, como José Donoso o Mario Vargas Llosa, y recibían las visitas de Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Pablo Neruda…
"Ahora da casi vergüenza decirlo, pero nos la pasamos muy bien", comenta Gabo. "En aquella Barcelona de los primeros setenta se vivía excelentemente, da pena admitirlo. Es ahora, al pensarlo un poco, cuando nos damos cuenta de lo triste que era todo".
Paradójicamente, los García se fueron antes de que llegara la democracia: "Estábamos en Bogotá cuando murió Franco y, al conocer la noticia, nos volvimos a México. Pensamos que en España la cosa se iba a agitar mucho, que vendría una gran inestabilidad, tampoco sabíamos cómo iba a reaccionar el nuevo gobierno español ante la inminente El otoño del patriarca, que retrataba el ocaso de un dictador. Pensé que no se iban a creer que yo me había inspirado en modelos latinoamericanos, como el venezolano Juan Vicente Gómez o el haitiano ''Papá Doc'', que mandó exterminar todos los perros negros de su país porque creía que un enemigo suyo se había convertido en uno de ellos, o el salvadoreño Maximiliano Hernández Martínez, que hizo forrar con papel rojo todo el alumbrado público del país para combatir una epidemia de sarampión. No sé cómo se va a entender esto, pero a mí Franco me resultaba un dictador demasiado moderno y civilizado para el que yo tenía en la cabeza o en el alma. De hecho, la mejor crítica a este libro me la hizo el panameño Omar Torrijos, cuarenta y ocho horas antes de morir, que me dijo: ''Es tu mejor libro, todos somos así como tú dices''".
Gabo tiene casa en Barcelona, y "sigo yendo a esa ciudad, con frecuencia casi anual, aunque mi visita del 2005 causó demasiado alboroto, porque esta vez llevaba cinco años sin ir. Cuando llegamos, siempre es como si no hubiéramos dejado de vivir allí. Nos levantamos como si fuera lo más normal del mundo, y vamos a comer con los amigos de siempre. Paseamos y nos vemos envejecer. Vamos a pie a todas partes. Le paran a uno, le gritan de un lado a otro de la calle, pero con esa distancia con que los catalanes se conducen, modulando sus muestras de afecto. Por ejemplo, fuimos también unos días a Madrid, donde tenemos muchos amigos, pero no nos quedamos porque hay más novelería, mientras que en Barcelona nos volvemos un caso diario. En Madrid corre la voz entre periodistas, cantantes, gente del cine... es la pachanga permanente".
Gabo sigue huyendo de la luz de los focos públicos. Cree que la discreción es siempre más efectiva, incluso en política. Ha mantenido su amistad con Fidel Castro, pero se ha separado "en silencio" de las posturas dogmáticas, y a la vez su intervención personal ha sido decisiva para que el régimen cubano libere a algunos presos políticos o suavice algunas posturas. Sus intervenciones en varios países incluyen desde la liberación de banqueros secuestrados en El Salvador a conseguir que dictadores permitan abandonar su país a familiares de disidentes, entre otros muchos episodios dignos de una película de James Bond o de una novela de su amigo Graham Greene, como cuando, en 1995, los secuestradores de Juan Carlos Gaviria exigieron que Gabo asumiera la presidencia de Colombia (la respuesta del escritor fue: "Nadie puede esperar que asuma la irresponsabilidad de ser el peor presidente de la República (...) Liberen a Gaviria, quítense las máscaras y salgan a promover sus ideas de renovación al amparo del orden constitucional"). "Yo he sido siempre más conspirador que ''firmador'' —apunta. He logrado siempre muchas más cosas mirando de arreglarlas por debajo que firmando manifiestos de protesta"
Dentro de esa "diplomacia secreta", ahora, por ejemplo, realiza funciones de mediador por la paz en Colombia, acercando las posiciones del Gobierno del presidente Uribe con las de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN). "Tal vez mejor no tratemos mucho eso, porque está todavía hablándose. No es bueno hacer declaraciones cuando se trabaja en ello. Desde que me concibieron, estoy oyendo hablar del proceso de paz de Colombia. Ahora, después de un largo tira y afloja, se pusieron de acuerdo para conversar. He participado en unas primeras conversaciones en La Habana, y fue muy bien. Tengo buenas relaciones con ambos lados. Estas gestiones, para un escritor como yo, acostumbrado a ganar, son siempre una cura de humildad, pues intervienen una conjunción de factores muy diversos".
"La violencia ha existido siempre, tiene muchos años en Colombia —recuerda. El tema de fondo es una situación económica escindida entre los muy ricos y los muy pobres. Y el negocio de la coca es mucho dinero, ¡barriles de dinero! El día en que se acabe la droga, todo va a mejorar muchísimo, porque eso fue lo que lo exacerbó todo. Los grandes productores del mundo están allá. De manera que ya no pelean por la política, como antes, sino por el control de la droga. Y Estados Unidos también está totalmente metido en eso".
Mientras posa para unas fotos en el jardín junto a su esposa, Gabo le comenta, bromeando: "Ya ves por qué nunca doy entrevistas, Mercedes. Llegan con esa mansedumbre, y no se van nunca. Ahora me dicen que te abrace, ¿y qué vendrá después? Son capaces de pedirme que diga que te quiero". Una afirmación superflua, teniendo en cuenta que se conocieron cuando ella era una niña de 13 años y que siguen ahí, compartiendo sus vidas.
Antes de que abandonemos su casa, García Márquez se interesa por los premios Nobel que irán apareciendo en esta serie de entrevistas: "Ah, veo que escogen sólo a los buenos". Seguro de sí mismo, próximo, agarra de vez en cuando a su interlocutor sin que sea posible percibir en él rasgo alguno de su legendaria timidez, aquella que en Barcelona le hacía enmudecer y le activaba mil temblores cuando tenía que hablar en público. "Yo creo que debo de tener fobia social, como la Nobel austríaca, Elfriede Jelinek, porque puedo mantener una conversación de tú a tú, pero me cuesta horrores dirigirme a un auditorio. ¿Mi timidez? Tengo la gran ventaja de que ahora la gente entra en esta casa ya intimidada… y así me va mejor"

jueves, 2 de julio de 2020

Woody Allen / “Unos me recordarán como un pedófilo... ¿y qué más da?”


Woody Allen and Quotes Painting by Tony Rubino
Woody Allen


Woody allen


“Unos me recordarán como un pedófilo... ¿qué más da?”



El director publica unas memorias que se han convertido en uno de los libros más leídos en el mundo




Xavi Ayén
Barcelona, 18 de junio de 2020



A propósito de nada - Alianza EditorialLlamar a Woody Allen (Brooklyn, 1935) a su dúplex de Manhattan se realiza mediante un sistema de encriptamiento, para que el periodista de Barcelona no se guarde el número en la agenda. Dos horas antes, hay que hacer una prueba de sonido (“está un poco sordo, grite fuerte cerca del móvil”), lo que contribuye a aumentar la expectación. A la hora de la verdad, la conversación fluye como un diálogo de sus películas aunque, en el mundo real, tiene la voz mucho más pausada y menos estridente que sus personajes de ficción. El tema es su libro de memorias, ‘A propósito de nada’ (Alianza), que desde su mismo lanzamiento, hace un poco menos de un mes, se situó como uno de los más vendidos en España, posición que mantiene. De cara al Día del Libro –por si no lo saben, es el próximo 23 de julio–, se anuncia la versión catalana, ‘A propòsit de no res’.
-¿Cómo va el confinamiento?
-¡No me gusta nada! Yo ya pasaba mis días confinado, escribiendo, pero, por las noches me iba al restaurante a echar unas risas con los amigos, o paseaba, me metía en tiendas, en un cine, iba al teatro, a ver un partido de baloncesto o de beisbol. Ahora está todo cerrado, es muy estricto.

lunes, 11 de marzo de 2019

El médico cubano forofo de Gabo y otros detalles del ‘boom’



El médico cubano forofo de Gabo y otros detalles del ‘boom’

Una nueva edición de ‘Aquellos años del boom’ amplía episodios del fenómeno literario que lideraron García Márquez y Vargas Llosa



CARLES GELI
Barcelona 29 ENE 2019 - 12:56 COT



Cristina Peri Rossi y Júlio Cortázar, en la casa de éste en París, en 1973, en una de las imágenes inéditas de la nueva edición del libro.
Cristina Peri Rossi y Júlio Cortázar, en la casa de éste en París, en 1973, en una de las imágenes inéditas de la nueva edición del libro. JULIO CORTÁZAR / ARCHIVO PERI ROSSI

Había inquietud en el entorno de Gabriel García Márquez por sus olvidos; por ello no dudaron en llevarle ante unos reputados especialistas cubanos, allá en 2002. “Más enfermo de la cabeza está quien le ha dicho que venga aquí, después del gran libro que acaba usted de publicar, maestro”, le dijo, más forofo que científico, el médico, al poco de la aparición de las memorias Vivir para contarla. El trastorno neurocognitivo de Gabo, sin embargo, galopaba: apenas tres años después, en la entrevista que el periodista Xavi Ayén mantuvo con el escritor, este ya dejaba entrever que no escribía por problemas de salud y en 2007, en una fugaz vista a Barcelona, “ya solo reconocía a su mujer, a la agente literaria Carmen Balcells y al matrimonio amigo Feduchi”, dice el ensayista. La familia llegó hasta a desmentir a Jaime García Márquez, cuando deslizó la, oficialmente, demencia senil de su hermano, que acabaría tratándose con un galeno de Los Ángeles que le recomendó el político y amigo Pasqual Maragall, afectado de Alzheimer.

lunes, 12 de octubre de 2015

El boom / Biografía de una leyenda


Biografía de una leyenda: el ‘boom’



Xavi Ayén rastrea la historia de la literatura hispanoamericana en la Barcelona de Carmen Balcells y Carlos Barral



    Carmen Balcells y Mario Vargas Llosa / FERNANDO VICENTE
    Incluso a distancia ya sideral llega todavía la luz de un fenómeno extravagante. Y persiste y aumenta la incontenible curiosidad por enterarse de todo y sobre todos, incluidos compañeros de viaje, auxiliares, taxistas, chóferes o secretarias, arrendatarios y traductores, críticos y periodistas. A Xavi Ayén le gusta reivindicarlo como Boom, a otros nos gusta menos, pero es indiferente, porque el libro ofrece la óptica plural que va de un señorial Álvaro Mutis ya muy mayor, o un torturado José Donoso, hasta la timidez cortada de Sergio Pitol o del mayor lúcido del reino, Julio Ramón Ribeyro y sus impagables diarios de La tentación del fracaso desde 1950. Los reflejos luminosos de cuando entonces mantienen una vivacidad inaudita, como si el carisma se hubiese encarnado en un puñado de escritores en el español de América. Gran parte de sus obras no pasan, aunque varíe la estimación de unos y otros, y la curiosidad sigue siendo incluso morbosa, compulsiva, ante la red de significados de ruptura literaria y ética que atrajeron sobre sí tantos escritores entre principios de los sesenta y medidados de los setenta. Hubo antes buena literatura en español (sobre todo en América) y hubo después buena literatura en español (en América y España), y sin embargo sigue fragante y rumbosa la nube de factores que ligaron la alta literatura a la mayoría lectora.
    Las casi 900 páginas de Aquellos años del boom pasarán a ser la enciclopedia informada, dispersa, chismosa y a menudo confidencial sobre las relaciones personales y profesionales de los escritores hispanoamericanos que encontraron en una muchacha despierta e inagotable, Carmen Balcells, y en un editor con vocación de actor, marino pirata y estrella literaria, Carlos Barral, los catalizadores para cuajar sus vocaciones literarias. El relato de Ayén sin embargo sacará de quicio al lector académico porque apenas usa nada de la bibliografía crítica sobre todos ellos y remite demasiado a menudo a la historia literaria de Giuseppe Bellini (que es de 1985). De ahí quizá se derivan algunas inexactitudes o imprecisiones insignificantes pero incómodas: el hallazgo expresivo sobre la metralla del boom, por ejemplo, no es mío; es de Dunia Gras (y el mono azul que algunos vestimos hace mil años lo imitamos del mecánico mayor García Márquez).

    FOTORRELATO: el 'boom que reinventó al literatura, por J. E. Ayala-Dip (2011)
    Ayén va legítimamente a su aire, como el buen periodista cultural que es, y maneja, ordena y confronta tres tipos de materiales, además de las biografías de los más relevantes autores: las entrevistas con todo tipo de testigos —entre los más sugestivos están Joaquín Marco, Salvador ClotasNélida PiñónBeatriz de MouraElena PoniatowskaJuan Cruz, Luis Feduchi, Balcells—, los testimonios directos y actuales de muchos de los autores, y quizá lo más valioso de todo: el acceso a una parte del archivo de la Agencia Carmen Balcells y a las fuentes disponibles e inéditas que custodia la Universidad de Princeton en el Fondo Mario Vargas Llosa. Las citas son generosas, con extensos extractos de cartas inéditas de muchos de ellos, largas parrafadas de entrevistas, cruce de testimonios para intentar aclarar detalles: ¿quiso o pudo Carlos Barral editar Cien años de soledad? No. ¿Sabemos por qué García Márquez encajó un sólido puñetazo de Vargas Llosa en 1976? En el fondo tampoco, pero importa poco, aunque es divertido seguir la pesquisa en busca del fotógrafo notarial (García Márquez quiso retratarse con el ojo morado) y de la causa de que Patricia Llosa perdiese un avión cuando García Márquez la llevaba al aeropuerto en Barcelona.

    ¿Sabemos por qué García Márquez encajó un sólido puñetazo de Vargas Llosa en 1976? En el fondo tampoco, pero importa poco, aunque es divertido seguir la pesquisa 
    Esta biografía colectiva contiene retratos potentes, y muy en particular, el de Balcells y sus poderes taumatúrgicos, sus aptitudes de maga doméstica y pegajosa, irresistible y astuta, también frágil, vulnerable y sentimental, y quizá por eso indómita e incómoda para los editores y a veces para los propios autores. Pero el objetivo se abre al retrato de grupo a través de las noches de Boccacio, los encuentos en Los Caracoles y después en Flash Flash o Il Giardinetto, los barrios y esquinas míticas, las ciudades legendarias con un París que los ha vivido a todos, los contratos editoriales y los datos asombrosos, como la curva de ventas de Cortázar cruzada con la de García Márquez. Quizá porque las obras de Cortázar en 1966 llegaron a tirar 65.000 ejemplares en total y quizá porque Cien años de soledad era un libro especial, su editor en Sudamericana, Francisco Porrúa, y el dueño de la editorial, Antoni López-Llausàs, se atrevieron a tirar en junio de 1967 la enormidad de 8.000 ejemplares. Desde entonces y sin cesar, vendieron 100.000 ejemplares anuales, mientras Cortázar aumentaba la tirada de sus propias obras hasta casi 100.000, aunque no hubiese libro nuevo.
    Pura brujería, desde luego, o pura magia, quizá como la que Cortázar había detectado en un capítulo de novela que lee en 1966, en la revista Mundo Nuevo, con una prosa "tan viva, tan caliente, tan fabulosamente inventiva", que necesita contárselo de inmediato a su autor, Gabriel García Márquez, para que nadie se olvide.
    Aquellos años del boom. Xavier Ayén. RBA Libros. Barcelona, 2014. 800 páginas. 26 euros