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jueves, 22 de diciembre de 2022

Muere Nélida Piñón, la hija de emigrantes gallegos que se convirtió en un símbolo de la literatura brasileña

 

Nélida Piñón, durante una entrevista en el Hotel Palace en Madrid.ANDREA COMAS


Muere Nélida Piñón, la hija de emigrantes gallegos que se convirtió en un símbolo de la literatura brasileña

La escritora, que tenía 85 años, fue la primera mujer en ocupar la presidencia de la Academia Brasileña de Letras



Juan Royo Gual
17 Dic 2022


La escritora brasileña Nélida Piñón falleció en Lisboa este sábado a los 85 años. Con más de 20 libros publicados, entre novelas, cuentos, memorias, crónicas y ensayos e innumerables premios, fue un auténtico puente entre la literatura de Brasil y de España, concretamente de Galicia, de donde procedían sus antepasados. En noviembre de 2021, le fue otorgada la nacionalidad española.

Nélida Piñón / Perras afortunadas



La escritora brasileña Nélida Piñón.
La escritora brasileña Nélida Piñón.CRISTÓBAL MANUEL

La escritora Nélida Piñón deja cuatro apartamentos de lujo en herencia a sus perras

La escritora brasileña, fallecida el 17 de diciembre en Lisboa, hija única y sin descendencia, sentía una auténtica pasión por sus mascotas ‘Suzy’ y ‘Pilara’


Juan Royo Gual

Rio de Janeiro, 22 dic 2022


Cuatro apartamentos de lujo en un mismo edificio frente a la laguna Rodrigo de Freitas, una de las zonas más exclusivas de Río de Janeiro. Eso es lo que la escritora brasileña Nélida Piñón, Premio Príncipe de Asturias de Las Letras en 2006, dejó de herencia a sus dos perras, Suzy y Pilara. Lo explicó su asistente y amiga íntima, Karla Vasconcelos, que según el testamento dejado por la escritora se encargará de velar por el bienestar de los animales: “Yo administro todo, pero ellas son las herederas de verdad. De hecho, lo que está escrito es que los apartamentos no pueden venderse mientras las niñas estén vivas. Es su casa, su propiedad”, afirmó en declaraciones al diario Folha de São Paulo.

jueves, 7 de abril de 2022

Nélida Piñón / Tallando palabras

Nélida Piñón

Nélida Piñón

Tallando palabras


Autora de ocho novelas y tres libros de cuentos. "La república de los sueños", su penúltima novela, es considerada uno de los pilares de la literatura brasileña de este siglo.

 

Nélida Piñón / “El pánico ha tenido una fuerza poderosa, más que la pandemia”


Entrevista de Agustina Roca

 

-Se dice que desde muy chica usted ya escribía, -¿En que época de su vida optó exactamente por el oficio de narrar?

-Yo descubrí el vicio de la lectura desde muy chica. Mi padre era un excelente lector, recuerdo que leía de noche, y tanto él como mi madre, jamás se metieron ni censuraron mis lecturas. Me abrieron una cuenta en una librería del centro de Río de Janeiro, y a los doce años, por ejemplo, mis lecturas eran de lo más heterogéneas: desde Balzac hasta libros sobre educación sexual. Al mismo tiempo, yo adoraba, los relatos de aventuras, empecé a percibir, entonces, que el libro me prometía una realidad más interesante que la propia realidad. Creo que en esa época, deslumbrada por todo ese universo que se abría cuando leía una historia, decidí que mi oficio sería el de narrar. También entendí que la literatura me formaba como ser humano porque, para ese entonces, yo estaba aprendiendo a través de esos textos que la vida era fascinante. Ellos me estaban avisando que tenía que desarrollar mucho coraje para enfrentar la tarea de vivir.

miércoles, 8 de julio de 2020

Nélida Piñón / “El pánico ha tenido una fuerza poderosa, más que la pandemia”






La escritora Nélida Piñón, en Madrid en 2019.La escritora Nélida Piñón, en Madrid en 2019.ANDREA COMAS

Nélida Piñón: “El pánico ha tenido una fuerza poderosa, más que la pandemia”

La escritora brasileña, premio Príncipe de Asturias, habla de la situación de su país y de los efectos del coronavirus


5 de julio de 2020


Nélida Piñón (Río de Janeiro, 83 años), premio Príncipe de Asturias de las Letras de 2005, escribió una ficción prolongando la metáfora de Sherezade en Voces del desierto. Ahora, mientras ocurre en su propio país la terrible consecuencia de la pandemia, confía también en que la ficción, el relato, sean útiles para afrontar un drama que el mítico personaje al que ella dio voz superó gracias a su capacidad de contar para vencer la opresión y el agotamiento. Ella sigue escribiendo. Está por salir en Alfaguara su última obra, y aunque esta es su tarea principal, inventar, no deja de dolerse por lo que ocurre en su tierra y en el mundo. De esto habló por Skype, desde su casa en Río de Janeiro, avisando de que “Brasil vive un momento de rencor generalizado”, al tiempo que exhibe lo que está a la vista de su estudio, “lleno de pilas de papel, originales, toda mi vida creativa está aquí dentro”.


De izquierda a derecha, Nélida Piñon, Clarice Lispector y Marly de Oliveira
Nélida Piñon (Izquierda), Clarice Lispector y Marly de Oliveira

Pregunta. ¿Qué es su vida creativa ahora?


Respuesta. Es la capacidad que tengo de agregar a mi vida todo lo que está afuera. El creador trabaja a partir de lo que existe y de lo que existió. Soy una mujer que cree que solo se puede ser contemporáneo si se es arcaico. Yo navego en las aguas de los griegos, de los persas, de las Américas y del mundo. No hago una distinción profunda de dónde estoy, quién soy o de qué época.

Nélida Piñon / «Todo lo que sabes está en la imaginación»

Nélida Piñón
Nélida Piñon: «Todo lo que sabes está en la imaginación»

La escritora brasileña reflexiona sobre los temas vitales en su vida y su literatura: escribir, leer, amor y belleza. Están presentes en su autorretrato 'Una furtiva lágrima'. "El afán de los escritores por ser contemporáneos es peligroso", afirma

Winston Manrique Sabogal
9 de febrero de 2020



Ya desde los siete años, cuando se quedaba en algún hotel con su padre, Nélida Piñon le decía que colocara en el formulario que ella era escritora. Lo evoca con detalles y risas setenta y ocho años después. Y con la misma convicción e ilusión de aquella niña que fue y que es porque su pasión por la literatura y la curiosidad siguen intactas. Son su aire. Incluso cuando en 2015 un médico le anunció su muerte pronto por un cáncer. Empezó un tratamiento. Y como escribir es su vida empezó un diario de despedida que dejó pronto para embarcarse en un repaso a su vida por aquellas rutas que la habían hecho feliz. Por fortuna el diagnóstico fue erróneo.

Nélida Piñon / «Cervantes es una institución mucho más importante que los derechos humanos»

Nélida Piñon, fotografiada en la rotonda del madrileño hotel Palace el pasado otoño
Nélida Piñon
Hotel Palace, Madrid, 2017
Fotografía de Oscar del Pozo

Nélida Piñon: «Cervantes es una institución mucho más importante que los derechos humanos»

La novelista brasileña de raíces gallegas, que acaba de publicar «La épica del corazón», manual de caligrafía de su vida y obra, se pregunta: «Si la humanidad elige la barbarie como manera de vivir y de borrar todo lo que ha sido, ¿qué se puede hacer?»


Alfonso Armada
Madrid, 5 de enero de 2018

Hablamos bajo la rotonda del madrileño Hotel Palace, que es como merendar en un Vaticano laico, mientras la luz va aclimatando el mundo. Ese rincón parece a salvo de las batallas, por las alfombras, los vitrales, y la obsequiosidad, nunca unánime, de los camareros. Nélida Piñon (Vila Isabel, Río de Janeiro, 1934) es una clienta fiel a este hotel y a este Madrid que aquí parece menos ruin, más ilustrado. Sus padres y abuelos emigraron desde Cotobade, en la provincia de Pontevedra, lugar en el que, cuando lo conoció de niña, supo que sería escritora. En «La república de los sueños», su obra más ambiciosa, mezcló las aguas de sus orígenes. Graduada en periodismo por la Pontifícia Universidade Católica de Río de Janeiro, fue la primera mujer en presidir la Academia Brasileña de Letras. Entre otros, ha recibido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, el Juan Rulfo y el Internacional Menéndez Pelayo. Acaba de publicar en Alfaguara «La épica del corazón», unas memorias llenas de vida y escritura.

miércoles, 17 de noviembre de 2004

Julio Cortázar / Elogios de cuatro escritores

Julio Cortázar


III CONGRESO INTERNACIONAL DE LA LENGUA ESPAÑOLA

Cuatro escritores evocan 

la modernidad de Julio Cortázar

Nélida Piñón, Carlos Fuentes, Tomás Eloy Martínez y Juan Luis Cebrián revisitan al autor

FRANCESC RELEA Buenos Aires, 17 NOV 2004
       
La sala de actos del Museo de Artes Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) estaba abarrotada en el primero de los cuatro foros sobre el escritor argentino que ha organizado en Buenos Aires la Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar, creada en 1993 por la Universidad de Guadalajara (México) por iniciativa de Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes.
Nélida Piñón destacó el carácter innovador de Rayuela -"sabía como pocos emprender nuevos espacios narrativos", dijo-, aunque en su intervención eligió el cuento Casa tomada, que describió como "uno de los relatos más emblemáticos" del autor. Recordó la escritora brasileña su primer encuentro con Cortázar a mediados de los setenta, en Nueva York. Le impresionaron "la imponencia física" y el carácter afable del interlocutor, "tocado por la seducción divina".

"Fue creador de un mundo propio y universal, como Kafka y Proust", dijo Cebrián
Cebrián conoció a Cortázar a principios de los ochenta en Madrid, en una cena en casa del académico español que duró horas. Fue una conversación larga y amena, en la que se habló de la revolución sandinista en Nicaragua, la transición española, la Cuba de Fidel Castro que desengañó a Cortázar a raíz del caso Padilla, y, cómo no, de literatura.
Cebrián recordó el boom de la literatura latinoamericana (García Márquez, Mario Vargas Llosa, Alejo Carpentier, el propio Cortázar, entre otros) que influyó a protagonistas destacados de la transición española como Juan Carlos de Borbón, Felipe González y al mismo Cebrián, que en aquellos tiempos era el flamante director del diario EL PAÍS, nacido un año después de la muerte de Franco.
El libro elegido por Cebrián para su intervención fue Historias de cronopios y de famas, la primera obra de Cortázar que cayó en sus manos y que describió como "un mensaje absoluto a la inteligencia". "Fue el artífice de un mundo propio y universal, como Kafka y Proust".
"Es el argentino que se hizo querer de todos", dijo de él Gabriel García Márquez, quien en su día no quería dar crédito a la noticia de The New York Times que anunciaba la muerte de Cortázar. Lo recordó Carlos Fuentes en una intervención que reprodujo las palabras de Gabo de aquel 12 de febrero de 1984: "No te creas todo lo que leas en los periódicos".
Fuentes conoció a Cortázar antes de conocerlo, a través de la revistaSur. El encuentro directo fue más tarde en el apartamento de París, donde un joven de aspecto aniñado abrió la puerta: "Pibe, vengo a ver a tu papá". "Che, soy yo", respondió el novelista argentino. Fuentes escogió Rayuela, una obra "de dos espacios: París y Buenos Aires".
Tomás Eloy Martínez empezó a leer a Cortázar antes de los 25 años. Descubrió al novelista en una presentación en Buenos Aires de un libro de José Donoso. Muchos de los asistentes llevaban bajo el brazo un libro misterioso que resultó ser Las armas secretas. Cuando Eloy Martínez fue a por él en una librería, el vendedor le advirtió: "Se parece a Borges". "Rápidamente me di cuenta de que no había entendido nada", recordó.
"Lector devoto" de Cortázar, Eloy Martínez dedicó un recuerdo a aquel diciembre de 1983, cuando el escritor volvió a Buenos Aires, dos meses antes de su muerte: "Felipe González, François Mitterrand, Belisario Betancour, eran sus amigos, pero nunca logró la media hora de audiencia que le pidió al presidente de Argentina. Quizá el mejor elogio de la noche llegó al final, cuando Tomás Eloy Martínez dijo que Cortázar "se lee cada día mejor porque escribe cada día mejor. Tiene 90 años [nació el 26 de agosto de 1914], pero está como un adolescente, destinado a no morir".


viernes, 17 de septiembre de 2004

La literatura como referencia moral de los ciudadanos

Eduardo Mendoza


CITA EN BARCELONA 
DE LOS AUTORES DEL NUEVO SIGLO

Mendoza reivindica la literatura como gran referencia moral de los ciudadanos

Peter Esterhazy, Carlos Fuentes, Juan Goytisolo y Nélida Piñón, entre otros, participan en el debate

MIGUEL MORA Barcelona 16 SEP 2004
      
"La dictadura de Bush es ridícula. Pero ¿cómo acabamos con ella?". La pregunta lanzada ayer al aire por Carme Riera en el diálogo matutino explica bien lo que ha pasado en estos cuatro debates literarios organizados en el Fórum por el escritor mexicano Sealtiel Alatriste. El mundo se hunde bajo nuestros pies y los escritores y los lectores vuelven a hacerse la eterna pregunta: qué hacemos aquí, para qué nos sirve la literatura.
Y así, la discusión que el martes desencantó a algunos sobre el compromiso y la condición (o no) de referente moral de la literatura regresó a la interracial y moderna sala 113 del Centro de Convenciones con renovados bríos y argumentos puestos al día.
Soltó la liebre Eduardo Mendoza, sarcástico y brillante, cuando, hablando de lenguas y lenguajes narrativos y tras confesar que él empezó a aprender idiomas para ligar, dijo: "La diversidad es la literatura, que corta transversalmente todas las lenguas y nos permite entender a los otros. Si leyéramos sólo nuestra literatura, no conoceríamos realmente la literatura. Por eso el escritor es un referente: por el mero hecho de serlo. Una pesada obligación, que no puede rehuir. Porque eso sería como si un delincuente dijera: 'Mire, es que yo robo y mato para ganarme la vida".

Carlos Fuentes: "El escritor no está obligado con la política sino con la imaginación"

Para el húngaro Peter Esterhazy, "la gran batalla de la escritura es el talento"

Tras la primera andanada, Mendoza continuó, sereno y dulce en apariencia, pero igual de incisivo: "El escritor es un referente. No sé si moral, pero desde luego literario. Yo no veo diferencia entre moral y literatura. La moral es una conducta frente al mundo como lo percibimos. Y percibimos el mundo como nos lo enseña la literatura, y el cine, y el teatro. La representación del mundo, con todas sus implicaciones morales, es la literatura".

A su lado estaban la mallorquina Carme Riera, que abogó por el escritor que escribe y el ciudadano que se compromete; y Peter Esterhazy, otro irónico indómito, flamante premio de los libreros alemanes en Francfort, que advirtió de que en su discurso haría varias referencias a la anunciada, pero ausente, Susan Sontag, y lamentó entre bromas la "escasa fiabilidad organizadora" de los españoles.
Luego, el húngaro recogió el guante mendocino. Dijo que la creación es una cosa "oscura y llena de barreras", y que la política sólo es una barrera más. Y afirmó que la novela es una herramienta estética más que moral. Pero se desmintió enseguida: "La gran batalla de la escritura es el talento", dijo Esterhazy, "pero para mí el lenguaje del poder, el ruso, ha sido materia prima. Me permitía jugar, incorporar el habla de la dictadura para ridiculizarla con indirectas. Algunos libros míos de esa época eran puro lenguaje de poder: no se entendía nada, todo eran indirectas, mentiras. Cuando las dictaduras son ridículas, tienen los días contados. Y uno no puede ser apolítico en una dictadura. Pero cuando no se entiende un libro, uno tampoco se entiende a sí mismo. Así que mejor que todo vaya bien: absténganse, por favor, de imponer más dictaduras". Esterhazy también habló de Céline, ese "hijo de puta" que fue "el mejor prosista" de su tiempo, para determinar que es mejor confiar en la obra que en el autor.
Mendoza bromeó: "Sí, también nuestra dictadura tenía los días contados: pero eran 28.500". Entonces, añadió: "Saramago puso ayer el ejemplo de Tolstói para negar que es un referente. Quizá el escritor no es un predicador, pero debemos tenerlo claro: es un referente. Porque colabora en construir el imaginario colectivo".
Saramago no aguantó más alusiones directas y caminó a grandes zancadas hacia la mesa entre los aplausos de todos. "Siento que algunos estén frustrados, pero lo que vieron ayer aquí fue un ejercicio de honestidad intelectual. Una cosa es el compromiso social y otra ser un referente. Referente moral eran esas señoras que iban por el mundo como Dios, Jesucristo o un gurú. Eso no somos. Por lo menos, yo no. Tengo mi sentido moral de la existencia, claro, y respeto esas reglas en la medida que puedo. Compromiso social, todo lo que puedo. Referente moral, lo que ustedes quieran. Puede que lo sea para algunos. ¡Pero yo no busqué esa cruz!".
Ahí estaban otra vez las conciencias en marcha: la vieja polémica del escritor comprometido, de la que el programa había tratado de huir explícitamente, arrasaba de nuevo. Carlos Fuentes, Tomás Eloy Martínez, Juan Goytisolo y Nélida Piñón, moderados por el escritor mexicano Ignacio Solares, se citaron por la tarde para hablar de globalización y centros de poder.
Nélida Piñón realizó un elogio de mestizaje y criticó la forma en que el mercado y las grande corrientes silencian las literaturas periféricas: "Pocos españoles conocen a Machado de Asís, pero seguro que todos conocen el fútbol".
Fuentes declaró solemnemente "superado el mandato sartreano del compromiso político". "El escritor no está obligado con la política, sino con la imaginación y con el lenguaje. Pero, ¿por qué entonces las dictaduras matan, encarcelan o exilan a los escritores? Porque ellos tienen una imaginación distinta de la del Estado, un lenguaje diferente. Eso encumbró a Thomas Mann, a Milan Kundera, a 20 más: el empleo de la imaginación y el lenguaje en plena libertad. Ésa es nuestra única responsabilidad". Y coincidió con Riera: "Después, todos tenemos derecho a tomar la opción política que más nos convenza. Como ciudadanos". También afirmó que hay que luchar por proteger el sentido ético de la palabra frente a los caprichos del comercio: "Si nos quitan eso podemos darnos por muertos".
El argentino Tomás Eloy Martínez cree que no se puede desvincular el texto literario del receptor: "Los referentes morales los construyen los lectores. Cuando hay dictaduras violentas y el poder es sordo y ciego, la literatura no tiene peso ni posibilidad de construir nada. Si el poder es iletrado y analfabeto, la literatura no sirve. Para eso hace falta que el poder se deje impregnar o impresionar. Argentina es la demostración de eso. Y ahora ocurre lo mismo en Estados Unidos: el rol del intelectual ha desaparecido por la ceguera del poder político, que aniquila las voces negándose a oírlas. Por mucha pasión que ponga, el escritor solo no puede hacer nada".
Juan Goytisolo -que denunció la dictadura del mercado y los imperios mediáticos- animó a defender con uñas y dientes el legado de la diversidad cultural y se mostró escéptico respecto al valor moral de la literatura. "Una cosa es la creación y otra la labor cívica. Cada día me veo obligado a tomar partido, sobre todo desde que mi aversión a Aznar se convirtió en una cosa física, en una pesadilla. Fuera de eso, distingo el compromiso y la escritura".