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jueves, 1 de octubre de 2026

Lo que creíamos cierto de la Segunda Guerra Mundial y no es verdad

Soldados de las Waffen-SS en campaña.

Lo que creíamos cierto de la Segunda Guerra Mundial y no es verdad

Un grupo de historiadores analizan y desmontan grandes mitos de la contienda, de la que se conmemora el viernes el 75 aniversario de su final



Jacinto Antón
6 de mayo de 2020

sábado, 30 de mayo de 2026

Un aristócrata ruso atrapado en un hotel por la historia y los bolcheviques



El novelista Amor Towles, en Barcelona el pasado septiembre.ROSER NINOT


Un aristócrata ruso atrapado en un hotel por la historia y los bolcheviques

El novelista estadounidense Amor Towles crea un personaje inolvidable en ‘Un caballero en Moscú’

jueves, 20 de febrero de 2025

El coloso de Rodas no estaba abierto de piernas y otras novedades de las siete maravillas del mundo antiguo


El coloso de Rodas colocado virtualmente en el puerto actual de la isla, en la posición que se le ha atribuido tradicionalmente y que Bettany Hughes descarta en su libro por imposible.
El coloso de Rodas colocado virtualmente en el puerto actual de la isla, en la posición que se le ha atribuido tradicionalmente y que Bettany Hughes descarta en su libro por imposible.ATICO DE LOS LIBROS


El coloso de Rodas no estaba abierto de piernas y otras novedades de las siete maravillas del mundo antiguo

La historiadora Bettany Hughes recrea en un libro los célebres monumentos de la famosa lista tal y como podían verse y experimentarse originalmente



Jacinto Antón
JACINTO ANTÓN
Barcelona - 20 FEB 2025 - 05:30 CET

Las siete maravillas del mundo antiguo, de las que solo queda en pie y muy distinta de como era originariamente la Gran Pirámide de Guiza, parecen algo pretérito y muerto. Monumentos lejanos y mudos de un pasado desaparecido, condenados a menudo a una existencia fantasmagórica en estampas de viejos libros. Pero ahora un apasionante ensayo de la historiadora británica Bettany Hughes (Las siete maravillas del mundo antiguo, Ático de los libros, 2025) nos las devuelve —la pirámide, los jardines colgantes de Babilonia (la más evanescente: “la única maravilla que quizá no existió”), la estatua de Zeus en Olimpia, el templo de Artemisa en Éfeso, el coloso de Rodas, el mausoleo de Halicarnaso y el faro de Alejandría— en todo su esplendor, envueltas en un torbellino de sensaciones, no solo visuales sino auditivas ¡y hasta olfativas!

sábado, 28 de diciembre de 2024

“¿Está usted tratando de seducirme, señora Robinson?”

 


Una imagen icónica de 'El graduado' con Dustin Hoffman.

Una imagen icónica de 'El graduado' con Dustin Hoffman.SUNSET BOULEVARD (CORBIS VIA GETTY IMAGES)


“¿Está usted tratando de seducirme, señora Robinson?”

La lectura de la novela en la que se basó ‘El graduado’ invita a revisar el personaje que encarnó Anne Bancroft


Jacinto Antón

27 de diciembre de 2024

Cuando pienso en frases de cine quiero creer que las que me han dejado más huella son “lo que hacemos en esta vida tiene su eco en la eternidad”, “va a necesitar un barco más grande”, “abre la compuerta, HAL”, “no hay nada como el olor del napalm por la mañana”, “que la Fuerza te acompañe”, “sácame de encima tus apestosas patas, sucio mono” o “Tora, Tora, Tora”. Pero en realidad la que me viene siempre a la cabeza es: “¿Está usted tratando de seducirme, señora Robinson?” (oh, oh, oh, hey, hey, hey). Me ha marcado desde que vi El graduado (1967) a mediados de los setenta en el ya desaparecido cine Savoy del Paseo de Gràcia de Barcelona en compañía de un grupo de amigos de los que solo recuerdo a Carlos Trías, probablemente porque él, algo mayor que el resto de nosotros, también estaba en el umbral de decidir qué hacer con su vida (fue farmacéuticas no plásticos) y sus padres le habían regalado un Seat 850 Sport Coupé (blanco). Ese coche era lo más parecido que teníamos por aquí al Alfa Romeo 1600 Duetto Spider rojo que le obsequian sus progenitores al acabar la carrera a Benjamin Braddock (Dustin Hoffman), el graduado del título (y valga la frase), precisamente.

domingo, 20 de octubre de 2024

Joan Manuel Serrat, premio Princesa de Asturias de las Artes 2024: “Es un buen colofón”

Joan Manuel Serrat, en un recital en el Palau Sant Jordi, de Barcelona, en lo que fue un homenaje a la 'nova cançó' catalana, en 1996.

Joan Manuel Serrat, en un recital en el Palau Sant Jordi, de Barcelona, en lo que fue un homenaje a la 'nova cançó' catalana, en 1996.


PRINCESA DE ASTURIAS DE LAS ARTES 2024

Joan Manuel Serrat, premio Princesa de Asturias de las Artes 2024: “Es un buen colofón”

El cantante catalán, que se retiró de los escenarios en 2022, se suma a otros músicos que han logrado este galardón, como Paco de Lucía, Carmen Linares o Bob Dylan

domingo, 4 de agosto de 2024

En el corazón de la luz / Leer a Joseph Conrad en Formentera

 

Joseph Conrad.


En el corazón de la luz: leer a Joseph Conrad en Formentera

Evocación desde la isla balear del mundo del escritor, de cuya muerte se cumple un siglo el sábado


Jacinto Antón
Migjorn (Formentera) 
2 de agosto de 2024


Como cada año me he llevado estas vacaciones al embarcar en el ferry desde Barcelona rumbo a Formentera (vía Ibiza) Lord Jim. La gran novela de Joseph Conrad sobre el valor, la cobardía, el fracaso y las segundas oportunidades, y todo lo demás, me ha acompañado en tantas singladuras que ya he perdido la cuenta (y el libro importantes páginas, llevadas por el aire salobre: afortunadamente me lo sé de memoria). En las noches de travesía releo una y otra vez mi baqueteado ejemplar apoyado en un mamparo junto a los botes salvavidas mientras el barco se balancea sobre el mar inabarcable y oscuro. “Existen tantas clases de naufragios como hombres”…

viernes, 25 de agosto de 2023

Ponga la biblioteca de Javier Reverte en su casa


Javier Reverte


Ponga la biblioteca de Javier Reverte en su casa

Adquirir en la reciente Feria del libro de ocasión de Barcelona algunos libros personales del escritor fallecido ahora hace un año ha deparado enormes emociones


Jacinto Antón
22 de octubre de 2021

Los volúmenes de Reverte (Madrid 1944-2020), más de tres millares de ellos (de todas las materias de sus viajes, pero especialmente sobre el continente negro, tan fundamental para él), se vendían en la reciente Feria del libro de ocasión de Barcelona, del 17 de septiembre al 3 de octubre pasados. La noticia, la sorpresa, estaba en boca de todos los amigos y lectores, Toni Álvarez, Jordi Serrallonga, Alex Pérez Jiménez… “¿Te has enterado?, los libros de Javier Reverte, los suyos, títulos sensacionales, a unos precios increíbles, caseta 21; yo ya me he llevado cinco, y voy a volver, hay algunos que tú no deberías perderte; están, por ejemplo,…”. Fotos de lomos y portadas por WhatsApp, títulos y más títulos.

miércoles, 29 de marzo de 2023

Werner Herzog no se trajo la mochila de Bruce Chatwin, pero sí todo lo demás

 


Herzog con la mochila de Chatwin en una escena del documental sobre el escritor.

Werner Herzog no se trajo la mochila de Bruce Chatwin, pero sí todo lo demás

El cineasta recordó de manera conmovedora a su amigo al presentar en la Filmoteca de Cataluña su documental sobre el escritor


Jacinto Antón
Barcelona, 23 de octubre de 2021

Velada apasionante la del jueves en la Filmoteca de Cataluña con Werner Herzog evocando a su amigo Bruce Chatwin (fallecido de sida en enero de 1989) con motivo del pase del documental del gran cineasta sobre el no menos grande escritor viajero. Apasionante y conmovedora: un espectador confesó en el intensísimo coloquio posterior con el director haberse pasado llorando toda la película. “Es una película muy cercana a mi corazón”, dijo Herzog.

viernes, 2 de septiembre de 2022

Lena Mujina / El gato dio para comer diez días

“El gato dio para comer diez días”

El diario de Lena Mujina, la Ana Frank de Leningrado, ofrece una mirada íntima al atroz asedio nazi

Conservado milagrosamente, el emotivo documento se publica ahora en España


Jacinto Antón
El País, 7 de octubre de 2013

foton
Un tanque KV-1 soviético en la plaza del Palacio de Leningrado durante el asedio de la ciudad durante la II Guerra Mundial.
Quiere la casualidad que la víspera de mi cita con los viejos horrores del asedio de Leningrado me tope en la calle con las explosiones de las bombas, y con el mismísimo Stalin. Es en una gran pantalla instalada al aire libre al final de la Mihajlovskja, una avenida que sale de Nevski Prospekt y en la que se proyecta un filme moderno sobre el terrible episodio de la II Guerra Mundial. Me siento en una silla plegable junto a un indigente con pantalones de camuflaje que aferra una botella de vodka y los dos pegamos un bote cuando las imágenes muestran cómo se derrumba una manzana de casas entera entre un atronador estruendo. Con todo, los bombardeos no fueron lo peor de aquellos 900 días que costaron a la actual San Petersburgo cerca de un millón de muertos, un número de vidas mayor que el que perdieron los británicos y los estadounidenses en toda la guerra. Lo peor fue el hambre, que en los momentos más duros del cerco por los nazis se cobraba hasta 10.000 muertes diarias. Al día siguiente de la proyección acudo al encuentro con el historiador Sergei Iarov, responsable del descubrimiento y edición del diario de Lena Mujina, un conmovedor testimonio del asedio que publica ahora en España Ediciones B.

lunes, 13 de diciembre de 2021

Muere Anne Rice, autora de ‘Entrevista con el vampiro’, a los 80 años

 

Anne Rice


Muere Anne Rice, autora de ‘Entrevista con el vampiro’, a los 80 años

La escritora, cuyo libro más célebre fue adaptado al cine en 1994 por Neil Jordan, fallece en Nueva Orleans como consecuencia de las complicaciones de un infarto cerebral


Jacinto Antón
Barcelona, 12 de diciembre de 2021

La escritora estadounidense Anne Rice, célebre por su saga de libros Crónicas Vampíricas, falleció el sábado a los 80 años, informó su hijo, Christopher, en la cuenta de Facebook de la autora, en la que indicó que Rice había sufrido días atrás un derrame cerebral por el que estaba ingresada en un hospital. Rice, nacida el 4 de octubre de 1941 en Nueva Orleans, saltó a la fama tras publicar Entrevista con el vampiro, libro adaptado al cine en una exitosa película homónima, de 1994, dirigida por Neil Jordan y protagonizada por Tom Cruise y Brad Pitt.

miércoles, 27 de octubre de 2021

Mary Beard / Emperatriz de Roma



Mary Beard
ANDREW TESTA / PANOS


Emperatriz de Roma

Mary Beard, experta en clásicos de la antigüedad, domina el género con sus estudios y críticas La británica sostiene que nuestros dilemas son los mismos que los de los tiempos de Cicerón


Jacinto Antón
28 de marzo de 2014

Mary Beard (Much Wenlock, Reino Unido, 1955) está considerada hoy en día la más relevante e influyente especialista en los clásicos de la antigüedad, pero también una mujer de armas tomar. Autora de obras de referencia como El triunfo romano o Pompeya, espléndidas monografías sobre el Partenón o el Coliseo, o una apasionante pesquisa sobre la pionera de los estudios clásicos Jane Harrison, es asimismo una persona con un impacto directo sobre la opinión pública a través de su columna en The Times y su seguidísimo (y a menudo tan divertido) blog en Internet, que ha dado origen ya a dos libros muy populares. Catedrática de Clásicas en Cambridge, Beard, editora de temas clásicos del Times Literary Supplement, es a la vez una crítica temible, que te zarandea una traducción de Tucídides como un terrier a un conejo, despedaza (con extrema propiedad todo hay que decirlo) una biografía de Adriano o descalifica a un prestigioso —y algo pomposo— estudioso del mundo aqueménida sin que le tiemble el pulso. Tras observar cómo trata a gente tan docta en su último libro La herencia viva de los clásicos (Crítica), me dirijo a la entrevista con Mary Beard comprensiblemente acongojado, con la negra ansiedad en la grupa, que diría Horacio (“post equitem sedet atra cura”).

martes, 26 de octubre de 2021

Ken Follett / “Los vikingos eran como la mafia de la Edad Media: violentos, ladrones y asesinos”

Ken FolletAgregar leyenda


Ken Follett: “Los vikingos eran como la mafia de la Edad Media: violentos, ladrones y asesinos”

El novelista describe en ‘Las tinieblas y el alba’, precuela de ‘Los pilares de la tierra’, la oscura Inglaterra del año 1000


Jacinto Antón
Barcelona, 30 de septiembre de 2020

Retorno a Kingsbridge. Ken Follet vuelve al mundo que empezó a construir en Los pilares de la tierra con una nueva novela, la cuarta, sobre la ciudad y su priorato. En este caso, después de dos secuelas, en las que avanzó desde el siglo XII del primer libro hasta el XIV y el XVI de Un mundo sin fin y Una columna de fuego, respectivamente, retrocede a finales del siglo X en una precuela, Las tinieblas y el alba (Plaza y Janés, Rosa dels Vents en catalán), que muestra los orígenes de un lugar que forma parte ya del gran mapa universal de las ficciones literarias. En la novela, tres protagonistas principales, una noble normanda, Ragna, un constructor de barcos, Edgar, y un monje, Aldred, rodeados por una constelación de secundarios, se enfrentan a un gran plantel de villanos con el oscuro telón de fondo de la Alta Edad Media en Gran Bretaña y la amenaza de los vikingos. Como es habitual en Follet (Cardiff, 71 años), mucha emoción, muchos sentimientos, mucho sexo y muchas páginas (930). La entrevista con el autor se ha hecho a través de videoconferencia.
Al menos mi saga no ha durado tanto como la Sagrada Familia; si no, me habría muerto ya

Entre las cuatro novelas, de 1989 a 2020, Ken Follet lleva 30 años en la Edad Media; es lo que se tardaba en construir una catedral. “Es cierto”, ríe Follet con su acostumbrado buen humor. “Entonces no era mucho, al menos mi saga no ha durado tanto como la Sagrada Familia; si no, me habría muerto ya”. De nuevo nos encontramos con una Edad Media, en este caso la Alta Edad Media, aún más dura, en la que no nos hubiese gustado vivir, por no hablar del baño una vez al año, la escasez de libros y el casi nulo uso de ropa interior. “Sin duda, pero eso es parte de su atractivo; nos sentimos a gusto al leer sobre gente que lo pasa mal, que sufre siempre de hambre y frío y padece terribles violencias mientras nosotros estamos cómodamente instalados en un sofá, en una habitación caldeada, después de cenar bien y con una copa de coñac en la mano”.

miércoles, 28 de abril de 2021

Johnny Depp / “Jack Sparrow siempre va conmigo”

 


Johnny Depp ayer en Barcelona, donde presentó su última película 'El fotografo de Minamata'.
Johnny Depp ayer en Barcelona, donde presentó su última película 'El fotografo de Minamata'.MASSIMILIANO MINOCRI


Johnny Depp: “Jack Sparrow siempre va conmigo”

El intérprete presenta en el BCN Film Fest la conmovedora ‘El fotógrafo de Minamata’ que protagoniza y produce


Jacinto Antón
Barcelona, 16 de abril de 2021


Ha sido el tipo al que nunca le estrecharías la mano (Eduardo Manostijeras), ni dejarías que te afeitara (Sweeney Todd), el que llevaba un jersey de angora imposible (Ed Wood), el del chocolate por duplicado (Chocolat y Charlie y la fábrica de chocolate), el perseguidor de Jack el destripador (Desde el infierno), el hermano que se deja a Leonardo di Caprio en la bañera (¿Quién ama a Gilbert Grape?), el padre de Peter Pan, un vampiro, el Sombrerero loco, el mago Grindenwald, Dillinger... Y ha sido el capitán Jack Sparrow. Johnny Depp, que ha sido todos esos personajes y muchos más, y que es también un acusado de maltrato (contra su ex esposa Amber Heard) ya con sentencia firme, se encuentra en Barcelona donde esta tarde ha presentado en el BCN Film Fest su última película El fotógrafo de Minamata, de Andrew Levitas, en la que incorpora a un nuevo personaje, real, a su carrera, el famoso reportero gráfico Eugene Smith, autor de un sensacional reportaje en Life sobre el trágico envenenamiento por mercurio a causa de vertidos de una fábrica en una pequeña comunidad pesquera japonesa.

domingo, 22 de noviembre de 2020

Stephen King / Hoy día hay muchas más cosas a las que tener miedo


Stephen King

Stephen King

“Hoy día hay muchas más cosas a las que tener miedo”

La miniserie televisiva '22/11/63', que adapta la novela homónima de Stephen King sobre viajes en el tiempo, se estrena en España


JACINTO ANTÓN
Barcelona 6 ABR 2016 - 10:23 COT
"Le pongo al aparato a Stephen King".Hay un silencio al otro lado de la línea. Uno espera con aprensión escuchar una respiración amenazante y una voz cavernosa. O acaso aterciopelada pero con un raspeo maligno al final de las frases, como la del vampiro Kurt Barlow de El misterio de Salem's Lot. Sin embargo, lo que llega es un saludo amable, en un tono jovial y casi alegre. ¿Mister King?, inquiero. "Sí, soy yo". ¡El Rey del Terror, el mismísimo Señor Huesos al teléfono!, ¡el padre de Jack Torrance ("Danny, Daddy's Home!"),Carrie White, el payaso Pennywise y Cujo! Me persigno instintivamente. "¿Hola?", Stephen King suena divertido. Le explico atropelladamente que nos vimos hace años, en la presentación en Londres de su novela La historia de Lisey. Me viene a la mente la imagen del escritor, grande, corpulento, de movimientos algo deslavazados, pálido, con gafas de culo de botella y boca fina, de labios casi inexistentes. Esta voz, muy clara, parece de otra persona, alguien mucho ms simpático y definitivamente nada amenazador.

sábado, 29 de agosto de 2020

Ovidio / El exilio más cruel y triste para el poeta más mundano

Estatua de Ovidio en Constanza, la antigua Tomos de su confinamiento.
Estatua de Ovidio en Constanza, la antigua Tomos de su confinamiento.

Ovidio

El exilio más cruel y triste para el poeta romano más mundano

Augusto desterró a Ovidio, autor de las ‘Metamorfosis’, a los confines del imperio por causas que aún no se han aclarado



Paisajes del poeta Ovidio en el destierro
Sexo, amor y deseo en la Roma de Ovidio

Jacinto Antón
24 de abril de 2020


Que te encierren en toda una ciudad no parece un confinamiento muy severo, visto lo que estamos pasando. Pero si eres un ingenioso poeta mundano, algo frívolo y fiestero (y ligón) acostumbrado al bullicio y el cosmopolitismo de Roma y el lugar al que te envían es la fría y sobria Tomos, la actual Constanza en Rumanía, la Mesia de entonces, una ciudad de provincias en los confines del imperio, con una vida cultural y social casi inexistente, rodeado de bárbaros que ocasionalmente lanzan flechas por encima de las murallas y obligado a afrontar un clima terrible, la situación puede ser muy claustrofóbica, como pasar mes y medio en un piso, sin perro.

Eso es lo que le ocurrió a nuestro confinado de hoy, Ovidio, nada menos, uno de los más grandes poetas de la antigüedad, el autor de las Metamorfosis, desterrado fulminantemente, de un día para otro, por Augusto al sitio más lejano al que podía llegar el emperador con el estricto dedo sobre el mapa. El escritor hubo de pasar el resto de sus días allí, ocho largos y llorosos años (del 9 al 17) , en la remota ciudad situada en la costa del Mar Negro, el Ponto Euxino –“a nadie se le asignó nunca un lugar más alejado o más horrible”- , suspirando por regresar a su amada Roma, suplicando (por carta) que le permitieran abandonar el encierro y obligado por el frío hasta a ponerse pantalones, lo que para un romano acostumbrado a ir a la moda como un Petronio debía ser el acabóse.

De lo mal que llegó a pasarlo en ese confinamiento Ovidio dan fe sus hermosas Tristes, una de las colecciones de elegías más melancólicas e infelices que se han escrito jamás y que son una buena lectura cuando uno cree que esto de la pandemia no se acabará nunca. Bien, en realidad pobre consuelo encontraremos en las Tristes, aparte de ver que hay quién lo ha pasado peor, pues Ovidio murió en Tomos consumido por la pena y sin ser redimido ni perdonado, sin ser desconfinado del Ponto Euxino, vamos. Algunos fragmentos de las Tristes, así como de su otra conmovedora creación en el exilio, las Pónticas (traducción de ambas de José González Vázquez, Gredos, 1992), suenan muy pertinentes en la actualidad del confinamiento: “La avara naturaleza me ha encerrado en un reducido espacio y ha dado a mi inspiración unas fuerzas demasiado exiguas”, “me dices que distraiga con el estudio mi lamentable situación, a fin de que no se consuma mi espíritu en una vergonzosa ociosidad”, “el tiempo de la inactividad será para mí la muerte; ni me agrada estar borracho hasta al amanecer a causa del excesivo vino, ni el seductor juego de los dados ocupa mis inseguras manos; y una vez que he dedicado al sueño las horas que el cuerpo pide, ¿cómo emplearé en vela el largo tiempo?”. En pleno arrebato de ganas de salir de Tomos, Ovidio se siente “como la nave podrida que es devorada por la invisible carcoma, como los acantilados socavados por el agua marina, como el hierro abandonado atacado por la mordaz herrumbre, y como el libro archivado devorado por la polilla”, que es como uno se describiría cualquier tarde de estas, de tener el talento del poeta.

Un paseante solitario en la playa de Constanza, antigua Tomos

Publio Ovidio Nasón (43 antes de Cristo-17 después de Cristo), era originario de Sulmo (actual Sulmona, en los Abruzos), como hijo de una adinerada familia de rango ecuestre, clase social de prestigio, fue enviado a Roma para su educación y estudió allí retórica. Tras el preceptivo largo viaje por Grecia se dedicó a la carrera judicial para complacer a su padre, pero pronto, al mantener una activa vida social y conocer a Horacio, Tíbulo y Propercio, ingresando en el círculo de Mesala (el patrón de las artes, no confundir con el malo de Ben-Hur), que fue su mentor, abandonó el derecho por la poesía (por lo visto todo lo que escribía le salía en verso) , ganando rápidamente prestigio hasta convertirse en el poeta más apreciado de Roma. Vivía en una casa de campo rodeada de jardines, en las afueras de la ciudad, y se casó tres veces, la última con una joven viuda, Fabia, que no lo siguió al lejano confinamiento pero con la que -quizá precisamente por eso- mantuvo una muy buena relación (epistolar).

Entre su producción antes de tener que marcharse de Roma figuran sus obras amatorias, que dan fe de que se lo pasaba en grande. Entre ellas están los Amores, que giran, con todos los deliciosos triunfos y ligeros contratiempos del amor, en torno a su amante Corina (poseedora de un papagayo como la Lesbia de Catulo de un gorrión: ambos pájaros murieron para dar pie a sendos poemas). En los Amores, Ovidio se muestra muy sensual -hay que ver qué tórridamente describe un encuentro con Corina tras quitarle la túnica, mostrando las grandes posibilidades de la elegía erótica: “Cuán a propósito era la forma de sus pechos para apretarlos” (¡y que vivan los clásicos!). Y confiado en su savoir faire: “Ninguna mujer se ha visto defraudada por mis servicios. Muchas veces he pasado disolutamente la noche entera y todavía por la mañana estaba dispuesto para el amor y con fuerza en el cuerpo”. Aunque en el Libro III tenemos la más sincera confesión de un gatillazo de la historia de la literatura latina, un tema que difícilmente encontraremos en el austero Virgilio o en La Guerra de las Galias: “Me dio besos provocadores con apasionada lengua, y puso su lascivo muslo debajo del mío, diciéndome ternezas, llamándome su señor y añadiendo las palabras comunes que en estos casos nos gusta oír. Pero mi miembro perezoso, como inficionado por la fría cicuta, no correspondió a mis intenciones” (traducción de Vicente Cristóbal, Gredos, 2010). Ovidio se lamenta, “¿cómo va a ser mi vejez cuando me llegue si mi juventud ya falta a sus deberes?”. Y añade, para compensar y quizá echándole un poco de literatura: “Y sin embargo hace poco dos veces la rubia Clide, tres veces la pálida Pito y tres veces Libas disfrutaron una tras otra de mis favores. Me acuerdo de que en el corto espacio de una noche Corina me pidió que nos amáramos y yo aguanté nueve veces”. Hummm. Menos lobos Publius Ovidius. Parecería que nos estamos desviando del tema y que el confinamiento hace mella, pero todo esto es relevante para entender el carácter de Ovidio y que sufriera tanto lejos de Roma.

La otra gran obra amatoria del poeta es, claro, El arte de amar, el Ars amatoria o Ars amandi, un poema didáctico en tres libros sobre las técnicas del cortejo y las intrigas eróticas, con entradas como Conoce a ti mismo y explota tus dotes, Cómo eludir la vigilancia del marido o ¡Qué no se entere de tu aventura con otra! (nunca hubiera dicho uno que cerca está Ovidio del Sandro Giacobbe de Jardín prohibido). No debemos olvidar otras obras del poeta como las Heroínas, cartas de mujeres mitológicas a sus esposos o amantes, los Fasti, un calendario poético de las festividades romanas, o, por supuesto, las famosas Metamorfosis, una deliciosa colección de historias del mito y la leyenda concernientes a casos de transformaciones de humanos en otros seres o cosas. Se ha perdido su tragedia Medea.

Monumento en la ciudad de Constanza, antigua Tomos romana.

El caso es que Ovidio se las prometía muy felices cuando de repente, zas, un día en el año 8, contando 52 años, le cayó encima, como un rayo, el enfado del emperador Augusto. El poeta estaba de viaje en la isla de Elba y allí recibió la fatal orden. Consistía ésta en una relegatio, una condena al exilio más leve que la deportatio pues no comportaba la confiscación de la fortuna ni la pérdida de la ciudadanía, pero era de por vida y había de cumplirse con efecto inmediato. El poeta regresó sin dilación de Elba a Roma para pasar la última noche en la ciudad en compañía de la familia y los amigos y al amanecer tomó rumbo a Tomos, de donde no regresaría jamás. Podemos imaginar la pena de esa noche y del largo viaje, pero no hace falta, porque la describió minuciosamente con mucha carga poética el propio Ovidio en las Tristes.

Es un misterio qué diablos hizo el escritor para contrariar y poner furioso de esa manera a Augusto. Hacer cábalas y elaborar teorías sobre el asunto ha sido tradicionalmente uno de los grandes entretenimientos de la historia de la literatura latina. El mismo Ovidio nos dio algunas pistas. Dice que la causa de la ira del emperador fueron carmen et error. Una obra y una equivocación (una metedura de pata). La primera ha de ser El arte de amar, que era un torpedo en la línea de flotación de la nueva moral que había decidido instaurar en Roma Augusto. El poeta, mecido en su fama y el ambiente liberal de su círculo, se habría pasado por el forro las advertencias del emperador y las leyes sobre el matrimonio. En cuanto a lo segundo, que seguramente fue lo que de verdad le condenó, parece haber sido una indiscreción, haber visto algo que no debía, y que ofendió al emperador. Se ha señalado que quizá el poeta pudo haber visto a la esposa de Augusto, Livia, bañándose desnuda en todo su esplendor de Mrs. Robinson romana (de ser así tuvo suerte de que Livia no lo envenenara). O descubrió casualmente algo escandaloso relacionado con las pillastras de las dos Julias, la hija y la nieta de Augusto, quizá el supuesto incesto de la primera con el emperador o el adulterio de la segunda. A mí me hace particular gracia que quizá fuera, como han dicho algunos estudiosos, haber pillado el poeta al emperador en un ataque de rabia particularmente sonrojante tras la derrota de sus tropas en Teutoburgo -igual lo de “¡Varo, Varo, devuélveme mis legiones!” lo dijo echando espuma por la boca y en calzoncillos (subligaculum)-. Se ha apuntado también que pudo haber sido un asunto religioso, que Ovidio se hubiera colado en una ceremonia sagrada reservada a las mujeres, o participara en algún ritual mágico prohibido, quizá de los pitagóricos, a los que frecuentaba. O acaso fue un tema político, y se apuntó a alguna iniciativa que postulara a Agripa Póstumo para la sucesión imperial en contra de Tiberio. En este caso, de todas formas, no habría llegado a ser una conspiración, pues a Ovidio no le hubiera significado el destierro sino que le hubiera costado la cabeza.

En fin, que es un misterio que quizá no se resuelva nunca. A lo mejor fue una mezcla de varias cosas, con el punto final de una ofensa al emperador y a la familia imperial, y resultado de que Ovidio se le atragantara a Augusto, a Livia o a Tiberio, o a los tres a la vez. El proceso fue secreto y solo se conoce la sentencia. Lo sancionó Augusto sin la participación del Senado ni de juez ni tribunal algunos. El tono del edicto imperial fue muy severo e incluyó la condena también del Arte de amar, obra que pasaba a estar prohibida y se retiraba de las bibliotecas públicas. Sea como fuera, el poeta se lo tomó muy mal, como si lo enterraran en vida. Roma no solo era su lugar de recreo y la razón de su existencia, sino también su inspiración. Pese a que en algunos de los textos de las Tristes y Pónticas que hizo llegar a la capital, incluido un poema dirigido a Augusto, no dudó en humillarse, ponerse de rodillas y adular rastreramente al emperador solicitando su clemencia, nunca lo perdonaron.

Una imagen de la costa de Constanza, lugar ideal para leer las 'Tristes' de Ovidio.

Así que ahí tenemos a Ovidio confinado en Tomos tras un largo y peligroso viaje en el que ya empezó a escribir elegías desgarradoras nada más poner un pie fuera de casa -“salgo, o más bien aquello era ser llevado al sepulcro sin haber muerto, escuálido, con el pelo desgreñado sobre mi intenso rostro”, dejando a su esposa (que, recordemos, no quiso acompañarlo: habría leído lo de Clide, Pito, Libas y Corina) “enloquecida por el dolor, perdidos los sentidos, desvanecida”-. El lugar de destierro le pareció un horror. Tomos, “en los golfos de los getas y los sármatas”, era un destino espantoso para alguien como Ovidio. El confín del universo. “Longius hac nihil est, nisi tantum frigus et hostes, et maris adstricto quae coit unda gelu” (más allá, ninguna otra cosa hay, sino frío, enemigos y agua de mar que se congela en apretado hielo). Aunque nominalmente una colonia griega fundada por gente de Mileto en la costa del Mar Negro, en Escitia, que mira que suena siniestro, un poco al sur del delta del Danubio, estaba solo superficialmente helenizada y según le pareció al poeta romano había tantos bárbaros fuera de la ciudad como dentro. En la época que pasó bajo el dominio romano, Tomos tenía unas veinte hectáreas (en comparación con las casi dos mil de Roma). Era un lugar pequeño en un país inhóspito en una esquina del imperio (véase Cities of the classical world, de Colin McEvedy, Penguin, 2011). El clima era atroz y se vivía en constante alarma por los ataques de los getas y sármatas que depredaban el territorio de la ciudad y lanzaban flechas por encima de las murallas, como cuenta, alucinado, Ovidio: eso en el Foro de Roma no pasaba. Apenas se hablaba el latín, o no el refinado de Ovidio: “No puedo mantener conversación alguna con este pueblo salvaje”, escribe mientras sueña con la primavera en Roma.

La ciudad se convirtió en el 82 en la capital de la provincia de Moesia Inferior y fue también capital de la federación del Ponto. En el siglo IV decayó mucho. Fue renombrada Constantia (de ahí Constanza) en honor de Constantino el Grande, sobrevivió a las invasiones de godos y hunos y fue tomada por los eslavos. Pasó a ser una ciudad rumana al crearse ese Estado en 1878 y es hoy el puerto más grande del país, con 350.000 habitantes. Fue uno de los destinos finales de Patrick Leigh Fermor en su largo viaje iniciado con El tiempo de los regalos. En El último tramo (RBA, 2014), explica que los marinos griegos cambiaron para conjurarlo el nombre originalmente ominoso de Ponto Axeinos (el mar hostil o anti extranjeros), por el de Ponto Euxinos, el mar que da la bienvenida (Ovidio hubiera firmado el primero). Y describe el color azul intenso del Mar Negro, “con la luz del sol de invierno, o gris acero, o cobalto, sombreado de nubes raudas, estremecido por las gotas de lluvia, agitado por el viento que formaba en él súbitas olas enojadas”. Mantiene Constanza un ambiente melancólico como muestran algunas de las fotos que ilustran este texto, obra del notable viajero, guía y arqueólogo de la Complutense Ángel Carlos Pérez Aguayo, y tiene entre sus atracciones turísticas la estancia de Ovidio. Es el lugar ideal sin duda para ir a leer las Tristes y Pónticas y darte un revolcón de esplín y nostalgia.

Se desconoce el emplazamiento de la tumba de Ovidio que debió ser enterrado en su lugar de destierro, prorrogando despiadadamente su confinamiento a la eternidad. Un cuadro de 1640 de Johan Heinrich Schönfeld en el Museo Nacional de Budapest muestra imaginativamente a un grupo de escitas junto al sepulcro en Tomos, ilustrando el triste vaticino de las Tristes: “Una tierra bárbara cubrirá este cuerpo al que nadie ha llorado, y mi sombra vagará entre las de los sármatas y siempre será extraña en medio de dioses salvajes”. Se ha especulado con que las cenizas del poeta hubieran sido trasladadas a Roma. Solo podemos desear que haya sido así.



EL PAÍS

jueves, 27 de agosto de 2020

Annemarie Schwarzenbach / La chica que retrató al ángel

Annemarie Schwarzenbach en el Pirineo en 1933.
Annemarie Schwarzenbach en el Pirineo en 1933. 

Annemarie Schwarzenbach

La chica que retrató al ángel

Breslauer es la autora de la icónica fotografía de la escritora Annemarie Schwarzenbach


Jacinto Antón
1 de noviembre de 2016



Annemarie Schwarzenbach.
Annemarie Schwarzenbach. MARIANNE BRESLAUER

¡Qué hermosa, maravillosa sorpresa la exposición del MNAC sobre Marianne Breslauer! Interesante por tantas cosas, la fotógrafa judía alemana era para algunos de nosotros sobre todo la autora del retrato icónico, seráfico, de una escritora rodeada del aura de leyenda, leyenda a la vez bella y maldita: Annemarie Schwarzenbach. Creadora de algunos de los textos más arrebatadores, melancólicos y desgarradores de la literatura de viajes (y de la literatura en general), la suiza Schwarzenbach (1908-1942), niña bien, lesbiana, antifascista, culta, chic, irredenta adicta a la morfina, voluntarista arqueóloga, paseó su mal de vivre y su agónica hipersensibilidad por una época y unos paisajes que le devolvían la imagen de su alma herida. Sus escritos sobre Persia y Afganistán (que recorrió en 1939-40 con Ella Maillart, que la convirtió en la inolvidable Christina de La Voie cruelle),especialmente, destilan una poesía oscura de una emoción inconmensurable.

lunes, 24 de agosto de 2020

Colin Thubron / El viaje catártico


Tan alto el silencio: HACIA UNA MONTAÑA EN EL TÍBET

El viaje catártico de Colin Thubron

Uno de los más grandes escritores de viajes nos recibe en su casa de Londres para hablar de todo lo que la vida nos da y nos quita y de su nuevo libro, ‘Hacia una montaña en el Tíbet’



Imagen del álbum familiar. / MAJA DANIELS






Llamo a la puerta de Colin Thubron consciente de que me espera un largo rodeo antes de adentrarme en el paraje más íntimo de sus sentimientos. El nuevo libro del gran viajero es un periplo al sagrado monte Kailash, la “preciosa joya de nieve”, en el Himalaya tibetano, un lugar santo para el budismo y el hinduismo y destino de peregrinación desde tiempo inmemorial. Pero dentro de ese viaje del reputado autor de En Siberia a los confines de una geografía y varias religiones anida otro personal y recóndito que nos conduce por los territorios de su alma en un trayecto sorprendente y conmovedor. He llegado a la casa de Thubron, cerca de Holland Park, con el libro en la mano, releyendo al tuntún aquí y allá párrafos especialmente hermosos mientras el viento de primavera agita las páginas como banderas de oración en el mediodía londinense. El aire es limpio y puro como una plegaria. Hacía tiempo que no leía un libro como Hacia una montaña en el Tíbet (RBA). La prosa de Thubron, que posee una capacidad única para describir paisajes, extrayéndoles una sobrecogedora dimensión lírica e incluso espiritual, alcanza aquí alturas –y valga la figura– dignas del techo del mundo. No en balde, The Times situó al autor viajero en 2008 entre los 50 mejores escritores británicos del último medio siglo. Mientras espero que abra me siento inundado de la melancolía del libro y de su extraña paz triste y purificadora, una paz que procede de los grandes horizontes perdidos de aquellas latitudes, pero también de otras pérdidas, y de su aceptación. Thubron (Londres, 1939) realizó su viaje al Kailash marcado por la muerte de su madre, una desaparición que reactivó el dolor por las de su padre y su hermana, y por la constatación de que extinguida su familia había caído sobre él una sombra de soledad y olvido. “¿Por qué hace esto, por qué viaja solo?”, le pregunta en el libro su guía sherpa. “No puedo responderle”, escribe Thubron para sí mismo, para nosotros. “Hago esto por los muertos”.

viernes, 10 de enero de 2020

Bram Stoker / Sangre nueva para Drácula


Drácula
Flore Maquin

Sangre nueva para Drácula

Cada generación tiene sus vampiros. El estreno hoy de una serie de TV sobre el conde transilvano acompaña la avalancha de libros y películas en torno al mito de los inmortales


Jacinto Antón
3 de enero de 2020

“¡Bienvenido a mi casa! ¡Haga el favor de entrar! Entre..., entre sin temor”. Valgan las engañosamente amables palabras del conde Drácula a su cándido invitado Jonathan Harker en el portalón de su castillo en los Cárpatos para adentrarnos, entre un chirriar de cadenas y cerrojos y una súbita corriente de aire helado y pútrido, en el tenebroso mito del vampiro y en el universo de su monarca indiscutible, el viejo aristócrata transilvano. Después de 123 años (Drácula, de Bram Stoker, se publicó en mayo de 1897), el rey de los chupasangres goza de excelente salud, como la disfruta todo el mito universal en el que se imbrica, un mito que se remonta hasta los albores de la civilización y que se ha revelado tan inmortal como las criaturas que lo componen. Envueltos en capas de papel y celuloide o en sudarios digitales, los vampiros vuelven y vuelven de sus tumbas inmemoriales para seguirnos asombrando, aterrorizando y ocasionalmente divirtiendo, a la vez que alzan un espejo en el que no se reflejan ellos, claro, sino nosotros mismos.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Jacinto Antón / Libros de viajes para meter en la maleta




Libros de viajes que hay que meter en la maleta

Escritores del género como Colin Thubron, Philip Hoare, Javier Reverte o Patricia Almarcegui comentan su título favorito

Jacinto Antón
26 de julio de 2019

Colin Thubron: El tiempo de los regalos, de Patrick Leigh Fermor



Libros de viajes que hay que meter en la maleta


Mi libro favorito de literatura de viajes es uno más bien convencional, El tiempo de los regalos, de Patrick Leigh Fermor. Este paseo a pie a través de Europa en 1933-34, desde Holanda a Hungría, fue escrito cuarenta años después del viaje, pero El tiempo de los regalos recupera un espíritu de libertad juvenil que ha inspirado a generaciones con su sueño de autorrealización a través del viaje. Leigh Fermor siguió hasta completar (casi) su trilogía de libros sobre su viaje a Estambul, pero nunca capturó del todo la exuberancia del primer volumen. Quizá porque le robaron sus notas en ruta en Alemania, así que El tiempo de los regalos fue escrita de manera menos autoconsciente que las otras dos partes, brotando de una memoria prodigiosa.
Philip Hoare: Moby Dick, Herman Melville




Libros de viajes que hay que meter en la maleta


Moby Dick es el libro más subversivo, extravagante y divertido acerca de la ballena y el mar que uno pueda haber leído nunca. ¿No me creen? ¿No creen que un libro de 1851 pueda impactarnos? Por favor, déjenme asegurarles que este es un excelente momento para meterlo en su maleta (¡aunque tenga 135 capítulos!). Por una razón, este año es el 200 aniversario de Melville (nació el 1 de agosto de 1819), así que merece un regalo, el de la atención y la admiración de ustedes. Es un libro que pronostica el futuro de cambio climático y extinción. Satiriza a los políticos, de manera perenne (el capitán Ahab como un líder estadounidense loco que anda suelto —¿a quién podría recordarnos hoy eso?—. El libro celebra el primer matrimonio gay interracial (el narrador, Ismael, se casa con Queequeg, el isleño del Pacífico tatuado). Y al final... Bueno, tienen que verlo. Moby Dick es el más grande, más acuoso, más ballenero viaje de aventura del mundo moderno, exquisitamente escrito, fantásticamente imaginado, y una vez enganchados no serán capaces de soltarse. Cambiará sus vidas para siempre. Les llevará a los más lejanos confines de la Tierra, y algo más. Yo lo leí y acabé en el océano más allá de las Azores, mirando a una ballena a los ojos. ¿Qué otra obra pude llevar a semejante gloriosa y transportadora locura?