Ingebjorg Stoyva
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| Liv Ullmann |
Cuenta la escritora Linn Ullmann en su novela Los inquietos que su padre solía decirle a su madre que ella era su Stradivarius: “Un instrumento de la mejor clase con un sonido potente y rotundo”. Y que entonces la madre, emocionada, se llevaba la mano al pecho y repetía: “Soy su Stradivarius”. Sucede que ese padre era Ingmar Bergman, uno de los mejores y más influyentes directores de cine de la historia, y esa madre Liv Ullmann, una actriz sin duda de la mejor clase y capaz de los sonidos más poderosos y afinados, aun cuando de su boca no saliera una palabra.
Bergman y Ullmann, durante el rodaje de 'La vergüenza' (1968). SCANPIXLa actriz y directora noruega Liv Ullmann, a sus 79 años, goza de un sentido del humor, simpatía y espontaneidad que contrastan con los personajes torturados psicológicamente y traumatizados que la hicieron conocida de la mano del director sueco Ingmar Bergman. Este año se cumple el centenario y con este motivo la actriz ha participado este pasado fin de semana en la Filmoteca de Londres en un homenaje al que fue su maestro y amante durante, al menos, cinco años, de 1965 a 1970. La hija de ambos, Linn, nació en 1966.

Aclaración importante: en México, la serie de libros que tiene como protagonista al inspector Harry Hole se publicó en desorden; sin embargo, no es necesario leerla en secuencia. Cada historia tiene un principio y un fin, con guiños que hacen referencias casi imperceptibles a personajes o situaciones de otros libros que pueden enriquecer la lectura pero no la limitan.

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| Henrick Ibsen |


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| Karl Ove Knausgard |
Hubo una época en la que Karl Ove Knausgard (Oslo, 1968) no podía cortarse el pelo sin que se enterara toda Noruega. Una época en la que, si se cambiaba de casa, los tabloides de media Escandinavia se pasaban días hablando de ello. ¿Le agobiaba aquello? «Duró un año, puede que dos. Todavía tengo problemas a la hora de establecer un límite entre mi vida privada y mi vida, digamos, literaria, cuando concedo entrevistas. Me preguntan si estoy soltero, cómo compagino la escritura con mis hijos, y no puedo negarme a hablar de mi vida privada porque lo que hago cuando escribo es precisamente eso. Valoro mucho mi libertad y no quiero perderla, por eso no sé dónde está el límite», contesta. ¿Alguna solución? «Lo que hago es no leer nada de lo que se publica», dice. Karl Ove Knausgard, el noruego que pasó de escritor en ciernes a clásico instantáneo de la literatura universal -algo que, confiesa, le hace sentir cierta «incomodidad», y a menudo tiene la sensación de que ha habido un malentendido mundial-, el autor de Mi lucha, ese novelón en seis partes -del que acaba de publicarse la quinta: Tiene que llover (Anagrama)- en el que reconstruye toda su vida, y cuyo epicentro es una «dominante» figura paterna, pero también y, sobre todo, la pulsión narrativa, el deseo de ser escritor. «En realidad», admite Knausgard, «lo que hay de fondo en todos ellos es el tema de la identidad: el cómo llegas a ser quién eres y por qué».
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| Karl Ove Knausgård, |

La elegante americana gris marengo, la camisa azul cielo y la informalmente arreglada melena grisácea lo tamizan un poco, pero el de Karl Ove Knausgård es el rostro de alguien que ha pasado por el peor de los infiernos, el interior, en un duelo con la vida para ser feliz, querer y ser querido y convertirse en escritor temiendo que jamás conseguirá nada. Lleva más de tres mil páginas haciendo la crónica de esa batalla y, sobre el papel, parece que ganó. O no. En cualquier caso, tampoco queda tan claro en la vida real, según se desprendió ayer en su charla ante 500 personas en el programa Kosmópolis del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, donde acudió a rebufo de la promoción de la quinta entrega de Mi lucha, ambicioso y ultraconfesional friso autobiográfico: Tiene que llover (Anagrama; L’Altra Editorial, en catalán).

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| Karl Ove Knausgård |
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| Karl Ove Knausgård |