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miércoles, 3 de junio de 2020

Viejos que mueren solos / La muerte habita el piso de al lado


Edificio de Culleredo donde ha aparecido una mujer momificada hace un lustro.
Las cuatro ventanas centrales pertenecen a su vivienda.

Muertos que nadie echa de menos durante años

La muerte habita el piso de al lado

El hallazgo de una mujer momificada después de cinco años en un gran edificio de alquileres en A Coruña conmociona al vecindario. El escaso olor impide que salten las alarmas en muchos de estos casos.


"De estas 4.638.300 personas que viven solas (un 10,1 % de la población), el 41,7 % son mayores de 65 años y de estas, un 70,7% son mujeres, la mayoría viudas y casi un 40% de más de 85 años."

SILVIA R. PONTEVEDRA
Culleredo 14 JUL 2017 - 07:28 CDT

A Rosario le murió la madre a finales de 2011 y enseguida esos vecinos del edificio con los que solo cruzaba un hola, un adiós, dejaron de verla. Nadie la echó demasiado de menos porque pasaba por la vida de puntillas y no se relacionaba más que con Jesusa, su progenitora. El lunes 3 a la una de la tarde, la Guardia Civil entró en su piso de alquiler, el 2ºC, y se encontró el cuerpo momificado tendido en el suelo, entre el pasillo y la cocina. Por la correspondencia acumulada en el buzón y la conserjería los agentes calcularon que llevaba muerta "al menos cuatro años". Pero Emilia, la vecina del 3ºD que el día del hallazgo había presentado una denuncia por su desaparición está segura de que Rosario murió hace cinco, a principios de 2012, tras los pasos de su madre. Jamás olió en el descansillo escasamente ventilado de este gran edificio dormitorio del municipio de Culleredo, a las afueras de A Coruña.

domingo, 18 de diciembre de 2016

En su 80 cumpleaños, el papa Francisco reivindica la vejez

Papa Francisco
Poster de T.A.

En su 80 cumpleaños, el papa Francisco reivindica la vejez

"Es una palabra que parece fea y que asusta, pero también puede ser una etapa para vivir con alegría"

Pablo Ordaz
Roma, 17 de diciembre de 2016

El día de su 80 cumpleaños, delante de unos 60 cardenales más o menos de su quinta, Jorge Mario Bergoglio ha reivindicado la vejez y, de paso, un ingrediente que considera necesario para sobrellevarla: el sentido del humor. Durante una misa en la Capilla Paulina del Palacio Apostólico, el papa Francisco ha reconocido: “Desde hace algunos días me viene a la mente una palabra que parece fea y que también asusta, la vejez. Se me viene a la cabeza aquel poema [de Ovidio]: “con paso silencioso se te viene encima la vejez”. ¡Es un golpe!, pero hay que verla como una etapa más de la vida, con alegría, esperanza. La vejez es sed de sabiduría, esperemos que también para mí”.

domingo, 4 de octubre de 2015

Portugal / País de viejos

Porto

La vejez pasa factura a Portugal

El país tiene la tasa de natalidad más baja de Europa y elevada inmigración


Mariana Mortágua, del BE, participa en una protesta por los cortes educativos. / PATRICIA DE MELO MOREIRA (AFP)
Lo que más le preocupa al presidente del Colegio de Economistas portugués no es la economía, sino la demografía. “El mayor desafío al que se va a enfrentar en las próximas décadas el Gobierno de Portugal es el envejecimiento de la población”, afirma Rui Leao Martinho. Portugal, donde hoy se celebran elecciones, es el sexto país más viejo del mundo. En 40 años, su tasa de natalidad ha pasado de ser la más alta de Europa a la más baja, según los datos del centro de estadísticas europeas Eurostat. El pasado año nacieron 7,9 niños por cada 1.000 habitantes. Esa tasa en España es del 9,1.
De mantenerse la tendencia, Portugal llegará a 2060 con 8,5 millones de habitantes, según el Instituto Nacional de Estadística luso; pero si se perpetúa la actual tormenta perfecta de corriente emigratoria sumada a una baja natalidad, el país descenderá a 6,3 millones de ciudadanos, cuatro millones menos que hoy. La población, además, habrá envejecido notablemente, con el consecuente impacto en el gasto sanitario y en el sistema de pensiones. Un país insostenible.

“El dinero que nos ha prestado Europa se lo estamos devolviendo en forma de mano de obra cualificada”, dice una profesora de la Universidad de Lisboa
Aunque el escritor Fernando Dacosta recuerda que nunca fue más poderoso Portugal que cuando tenía tres millones de habitantes, olvida el pequeño detalle de que en aquellos tiempos el Estado no tenía que pagarles jubilaciones, escuelas o seguridad social. Hoy son 3,6 millones de pensionistas, el 35% de su población. En España representan el 19,5%.
El envejecimiento de la población pone en riesgo el Estado del Bienestar. La solución para el economista Martinho es el “envejecimiento activo”. “Hay que cambiar las mentalidades de los empresarios”, ha declarado a la radio TSF. “Si tiene condiciones físicas y mentales, el jubilado que quiera seguir trabajando debe seguir haciéndolo”. La demógrafa Maria Joao Valente Rosa coincide: el problema no es demográfico sino la inadaptación de la sociedad al ritmo de las nuevas dinámicas. Por ejemplo, Portugal tiene menos niños que nunca, pero los mismos maestros de siempre.
El envejecimiento de la población es un problema de Europa y de los países desarrollados en general, pero a diferencia de otros países, Portugal no atrae inmigrantes; todo lo contrario, el portugués emigra. El pasado año perdió el 1% de su población, y el anterior, también. En los sesenta, los portugueses emigraban para ocupar una portería de París, hoy lo hacen como enfermeras y médicos de los hospitales de Londres.

El 61% de los emigrantes no estaba en paro en Portugal, quería una mejor proyección profesional
Portugal va a ser el país con menos jóvenes: en 2050, solo el 11,5% de la población tendrá menos de 15 años. Y será también el más viejo: el 19,9% de la población tiene hoy más de 65 años, un punto más que en España, pero en 2080 será ya el 35,7% (ocho puntos menos al otro lado de la frontera).
Al final de esta legislatura, el Gobierno aprobó algunos incentivos para la natalidad, alargando permisos a madres y padres y rebajando impuestos. Algunos Ayuntamientos, además, han rebajado el Impuesto sobre Bienes Inmuebles a parejas con hijos. Pero los problemas demográficos no se solucionan con un decreto-ley. El portugués no está dispuesto a quedarse en su país a cualquier precio o de cualquier forma. No es tanto el paro (un 12,4% y que afecta al 30% de los jóvenes), como los bajos salarios. En una economía global, a Inglaterra le es más barato fichar enfermeros portugueses que formarlos ellos. Un salario hasta cuatro veces mayor es irresistible.

Fuga de cerebros

“El dinero que nos ha prestado Europa se lo estamos devolviendo en forma de mano de obra cualificada”, dice Luísa Cardeira, profesora de la Universidad de Lisboa y coautora del estudio Fuga de cerebros: la movilidad académica y la emigración portuguesa cualificada. En uno de sus mítines, el socialista António Costa se rodeó de jóvenes con camisetas donde se leía “No quiero emigrar”.
Si gobierna, Costa ha prometido recuperar esa masa gris, pero no ha dicho cómo. No es fácil, el actual Gobierno promovió en marzo el programa VEM, que Cardeira lo mira con mucho escepticismo. “El 59% de los que se van son solteros, por lo que es fácil que creen su familia en su nuevo país”.
El primer ministro y candidato, el conservador Pedro Passos Coelho, recibió críticas cuando se mal explicó sobre las ventajas que tenían los jóvenes para irse al extranjero. “Lo que dije es que no podemos estigmatizar a los que, no teniendo oportunidades aquí, buscan en otras economías para encontrar empleo”, aclaró. “Deseo que el país crezca a un ritmo que pueda ofrecer trabajo a todos los jóvenes”, dijo. De momento, el 30% está en paro; de momento, el 1% de la población se va cada año fuera; de momento mueren más portugueses de los que nacen.



domingo, 30 de agosto de 2015

Elsa Fernández-Santos / La cuarta edad

Yoko Ono

La cuarta edad

La industria del lujo ficha a figuras del diseño y la música de más de 70 años, como Joni Mitchell, Joan Didion o la decoradora neoyorquina Iris Apfel.

Céline o Yves Saint Laurent insuflan nuevos aires en un sector tiranizado por el mito de la juventud, pero que vive en gran parte de clientas mayores.



Joni Mitchell, retratada para Music Project de Yves Saint Laurent. / HEDI SLIMANE
En pleno debate sobre la hipocresía que rodea al hecho de saber envejecer cuando afecta a las estrellas de Hollywood, una nueva firma de moda se apunta a la tendencia publicitaria del momento: mitos de la tercera, e incluso cuarta, edad. Con su huracán de arrugas y sus gafas de Mister Magoo, la excéntrica decoradora Iris Apfel (93 años), colorista y sonriente icono del estilo estadounidense, se suma de la mano de la firma Kate Spade a otras dos campañas que han causado sensación por sus veteranas protagonistas: la cantante Joni Mitchell (71 años), para Saint Laurent, y la ­escritora y periodista Joan Didion (80), para Céline. Merece la pena celebrar la belleza pura de estas ancianas –sin olvidar a las alegres nonnas del último anuncio de Dolce &­ Gabbana– como un símbolo de vida, sabiduría e inteligencia. Sobre todo ahora, cuando a nadie se le escapa la esquizofrénica relación con el espejo que impera en un mundo que desprecia tanto el paso del tiempo como el a veces patético e infructuoso intento de detenerlo.


Joan Didion para la campaña de Céline.
Mientras Apfel es de pura raza neoyorquina –el Metropolitan dedicó una exposición a sus objetos y el gran documentalista Albert Maysles ha estrenado este otoño una película sobre su vida–, Joni Mitchell (nacida en Canadá) y Didion (en Sacramento, California) son supervivientes de la era de Acuario. Con sus canciones, una, y sus crónicas, la otra, reflejaron como pocas esa feliz melancolía de las mujeres de la Costa Oeste.
Fotografiada por Hedi Slimane, director creativo de Saint Laurent, dentro de la campaña conocida como Music Project, Joni Mitchell también ha sido la portada del último especial de moda de New York Magazine. La diosa folk, cuyo aire de suma sacerdotisa es imposible disociar de aquel legendario y fértil vecindario de Laurel Canyon (Los Ángeles), le roba hoy el protagonismo a cualquier modelo. En las imágenes en blanco y negro de Slimane, con sombrero y la guitarra entre las manos, la autora de Blue tiene el aura de una distante abuela hippy. Menos seria e intensa, en la entrevista para New York Magazine reconoce que siempre estuvo más bien lejos de resultar estilosa, pero que le divertía posar para Saint Laurent. “No lo encuentro muy innovador, pero son el estilo de prendas que, en un momento u otro, siempre he llevado”.


Las 'nonne' de la última campaña de Dolce & Gabbana.
La imagen de Didion, fotografiada por el alemán Juergen Teller, ha armado un mayor revuelo. Como un pajarito, la autora de El año del pensamiento mágico –cuya terrible y apasionante vida recoge ahora un documental rodado por su sobrino Griffin Dunne– aparece oculta tras unas enormes gafas negras, un jersey también negro y un enorme medallón dorado. Según The New York Times, cuando Vogue anunció que su antigua colaboradora protagonizaba la última campaña de Céline se desencadenó un vendaval viral solo comparable al desnudo de Kim Kardashian para Paper. Didion se limitó a dar una lacónica explicación: “No tengo ni idea de a quién se le ocurrió la idea. Me gusta la marca y tengo algunas cosas suyas”.
Sin olvidar que en los mercados tradicionales las consumidoras del lujo son mujeres de ya cierta edad, el impacto ha roto las barreras generacionales y ha sido incuestionable. También las críticas. El poder de fagocitación de la moda, su manera de camuflarse bajo el paraguas de las referencias culturales, su casi obsesiva necesidad de legitimarse a través del arte. “Es deprimente”, escribió la periodista Hadley Freeman en The Guardian, “ver a tus ídolos utilizadas para vender ropa cara”. Tim Teeman opinaba en The Daily Beast que, pese al mérito de usar modelos casi octogenarias, no hay nada de radical en un gesto que en el fondo se aprovecha de su casi sagrada imagen “para vender bolsos y perfumes”.
En cualquier caso, no deja de ser estimulante el aire fresco que aportan estas veteranas, liberadas de su juventud, ilustrando con su casi inocente presencia una reflexión reciente de otro mito de la cuarta edad, Yoko Ono (81 años): “Ahora me gustan mis manos nudosas, aunque durante mucho tiempo me avergonzaron. Hoy las acepto. Es más, estoy agradecida de que sigan conmigo. Gracias, gracias, gracias. Al final llega el día en el que nos despertamos agradecidos por lo más básico”. Después de todo, quizá no sea tan imposible envejecer en paz.