


El País, 24 de junio de 2024
Daniel Ortega y Rosario Murillo han hecho de Nicaragua un régimen inamovible. El aparato sandinista, además de mantener el control de todos los poderes del Estado y ser en la práctica un sistema de partido único, endurece o relaja los engranajes de la represión en función de sus intereses económicos o de sus equilibrios diplomáticos. Pero el Gobierno también ha encontrado otra palanca para desafiar al país que, pese a ser su principal socio comercial, también es el que más lo golpea a través de las sanciones: Estados Unidos.

El escritor mexicano Carlos Fuentes cuenta en La gran novela latinoamericana un encuentro que tuvo con Mario Vargas Llosa en Londres en 1967. La reunión derivó en la idea de invitar a una docena de autores latinoamericanos para que escribieran sobre la inagotable galería de caudillos de la región y recopilar los textos en un solo volumen, Los padres de las patrias. El proyecto no prosperó, pero impulsó el lanzamiento en los setenta de varios libros protagonizados por presidentes históricos déspotas, un género que la crítica bautizó como la “novela del dictador”: Yo el supremo de Augusto Roa Bastos, El otoño del patriarca de Gabriel García Márquez, El recurso del método de Alejo Carpentier, Oficio de difuntos de Arturo Uslar Pietri... Llegó el siglo XXI y las democracias nacidas tras la caída de los regímenes autoritarios resultaron endebles: los jefes de Estado cambiaron el uniforme militar por la camisa y la corbata, pero la naturaleza del poder autócrata permaneció intacta.
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| Daniel Ortega junto a su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, en una imagen de marzo de 2019, en Managua. Foto de ALFREDO ZUNIGA |
Las palabras del fallecido comandante Tomás Borge, oscuro y temido personaje de la revolución sandinista de Nicaragua, parecen hoy salidas de una sombría profecía. Daniel Ortega recién se había instalado de nuevo en el poder en 2007, cuando Borge sentenció: “Todo puede pasar aquí, menos que el Frente Sandinista pierda el poder… cueste lo que cueste”. Y el costo ha sido alto, con una estrategia política de tierra arrasada, en la que el exguerrillero sandinista nacido de la lucha contra la dictadura de Somoza está dispuesto a eliminar a cualquier adversario o acallar todo tipo de disidencia. Ortega se ha instalado en la represión y la persecución política para mantener el poder en el país centroamericano, a través del control del aparato de justicia, eficiente a la hora de levantar casos contra los opositores; la instrumentalización de la Asamblea Nacional, a sus órdenes para aprobar leyes que criminalicen la crítica y, sobre todo, su dominio sobre la Policía Nacional, el órgano represivo del régimen. “Eliminar toda candidatura, toda oposición, es el objetivo de una dictadura en agonía. Por eso recurre a la represión masiva. Nada le ha funcionado”, ha dicho Dora María Téllez, exguerrillera sandinista, otrora compañera de armas de Ortega y hoy voz crítica desde la oposición, detenida el domingo en Managua.



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La médico Karen Ojeda se prueba un traje de protección que logró conseguir en el mercado negro, debido a la escasez de este tipo de equipos en Nicaragua.
CARLOS HERRERA
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El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, fue el gran ausente en las honras fúnebres del diputado sandinista Jacinto Suárez, que se realizaron este 2 y 3 de abril en Managua. Suárez no solo era un “militante histórico” del sandinismo, sino que fue compañero de celda de Ortega cuando estuvieron presos bajo la dictadura de Anastasio Somoza (1967-1972 y 1974-1979) y uno de los hombres más cercanos al mandatario. La inasistencia de Ortega a las exequias reavivó una pregunta que los nicaragüenses se hacen en medio de la epidemia de Covid-19: ¿Dónde está el presidente?![]() |
| Ernesto Cardenal |


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| Ernesto Cardenal |
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| Ernesto Cardenal |
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| El obispo auxiliar de la archidiócesis de Managua, Silvio José Báez, visitó este jueves a Ernesto Cardenal. Imagen publicada en su cuenta de Twitter |

Jamás antes la doble condición que siempre he defendido en mí mismo, la del escritor y el ciudadano, se hizo tan patente como el mediodía del 23 de abril cuando subí a la cátedra del paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares para pronunciar mi discurso ritual tras recibir de manos del rey de España el Premio Cervantes.

En Nicaragua el régimen está usando la violencia desproporcionada y sin sentido para reprimir la justa protesta ciudadana encabezada por los jóvenes que están siendo masacrados por fuerzas paramilitares y policiales. Centenares han sido apresados y no se sabe de su paradero.