Mostrando entradas con la etiqueta Jeanette Winterson. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jeanette Winterson. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Aladino, Frankenstein y la IA: una entrevista con Jeanette Winterson

 


Jeanette Winterson © Jean-Luc Bertini

Aladino, Frankenstein y la IA: 

una entrevista 

con Jeanette Winterson

Steven Sampson
2 de septiembre de 2026

«Aladino y yo» , un ensayo de Jeanette Winterson, relata su encuentro con el personaje de Aladino y con Las mil y una noches . Se trata de un libro híbrido, a la vez íntimo, erudito y teórico, en el que la autora combina recuerdos personales con reflexiones sobre la historia de la ciencia, los estilos narrativos orientales y occidentales, los grandes mitos —como Drácula y Frankenstein—, la inteligencia artificial y el código binario, tanto en el ámbito de la sexualidad como en la informática. Su ensayo es cautivador.

Jeanette Winterson / La vida mejora a medida que envejeces

 

Jeanette Winterson


Jeanette Winterson
LA VIDA MEJORA A MEDIDA QUE ENVEJECES
Este artículo tiene más de 16 años.

¿Cómo me relajo? Corriendo. Teniendo sexo. (Pero odio tener sexo mientras corro).


Rosanna Greenstret
5 de diciembre de 2009

Jeanette Winterson fue criada por padres adoptivos en Accrington. A los 23, escribió Oranges Are Not The Only Fruit, obra que ganó un premio Whitbread , y posteriormente la adaptó para una serie de la BBC que obtuvo tres premios BAFTA. En 2006, recibió la Orden del Imperio Británico (OBE) por sus servicios a la literatura. Vive entre Gloucestershire y Londres.    

De genios, monstruos y mitos

 

Fotograma de '20.000 leguas de viaje submarino'.

De genios, monstruos y mitos

La lectura de Henry James conserva la virtud de desintoxicarme y de poner en su lugar a la mayor parte de la ficción que me veo obligado a leer

01. James

Así como mi amigo (supongo) Marías selecciona de vez en cuando una docena de películas de su completísima videoteca, y se regala con un ciclo de, por ejemplo, Joseph Mankiewicz (incluyendo, desde luego, El fantasma y la señora Muir, 1947), a mí me da por montarme de cuando en vez pequeños ciclos de los novelistas que adoro. En la última quincena he releído algunas de las mejores novelas cortas de Henry James (1843-1916), casi todas por debajo de las cien páginas. Aunque James publicó, además de sus grandes libros de ficción, más de 120 novelas cortas y cuentos, en esta ocasión me he limitado a algunas nouvelles publicadas durante la década de 1890, una de sus más prolíficas en lo que se refiere a ficción breve.


En esa época, el autor norteamericano (que se nacionalizó británico en 1914 como protesta a la no intervención de Estados Unidos en la primera fase de la guerra “europea”) se empeñó (en vano) en conquistar la escena teatral londinense, dedicando a ello la mayor parte de su tiempo, mientras se financiaba publicando narraciones cortas en revistas y recopilaciones. A ellas pertenecen las cuatro que he releído últimamente: El alumno (1891), La vida privada (1892), La figura en la alfombra (1896) y Los amigos de los amigos (1896). Mientras las revisaba (con subrayados y alguna nota de diferentes épocas) volvía a colocar a su autor en mi personal panteón de los más grandes narradores de la edad moderna: la lectura de James conserva todavía la virtud de desintoxicarme y de poner en su lugar a la mayor parte de la ficción que me veo obligado a leer.

James no necesita de “acción” o de complejas intrigas espectaculares para contar historias “interesantes” (una cualidad que juzgaba imprescindible en la novela): las suyas, siempre un prodigio de profundidad narrativa, de dominio del punto de vista y de capacidad para penetrar con sugerencias y elipsis en el interior de unos personajes sin juzgarlos —una tarea que deja siempre al arbitrio del lector— constituyen, además de un placer para la inteligencia, la mejor recomendación para los novelistas en ciernes. El pretexto para volver a James me lo dio la recuperación por Gatopardo de Lo que Maisie sabía (1897), una gran novela (y muy apropiada para acercarse al autor) que viene precedida de un estupendo prólogo de Nora Catelli, una de las críticas más perspicaces e informadas de la obra de James. Y, para mis improbables lectores que quieran leer algunos de sus mejores relatos, resultan muy asequibles, entre otras, las recopilaciones publicadas por Penguin Clásicos y Cátedra. De nada, acuérdense de mí si los disfrutan.

02. Animalitos

A la moda del nature writing se añade últimamente el subsector más especializado de lo que podríamos llamar animal writing. En las últimas semanas se han incorporado a la pila adyacente a mi sillón de orejas dos de las muestras zoológico-editoriales que, tras franquear una criba minuciosa, me han parecido más significativas. Adiós al caballo (Taurus), de Ulrich Raulff, es una elegíaca historia natural-cultural de este extraordinario animal que ha acompañado, como bestia de carga o de transporte, a casi todas las culturas de la tierra. Raulff traza una muy legible epopeya transversal, con eruditas incursiones en el cine, la literatura y el arte, acerca de lo que, a lo largo de la historia —desde el neolítico hasta el automóvil— el caballo ha representado para la humanidad.

Más insólito, pero igualmente agradecido, me ha resultado El alma de los pulpos (Seix Barral), de Sy Montgomery, con prólogo “amigo” de Donna Leon. Sin pretender ser un consumado malacólogo, el pulpo es una criatura ante la que siempre he sentido un contradictorio sentimiento de amor-terror. De jovencito pescaba pulpos pequeños buceando entre las rocas hundidas del mar de Calafell, al tiempo que me estremecía con las películas (20.000 leguas de viaje submarino, de Richard Fleisher, por ejemplo) y libros en los que pulpos y calamares gigantes y otros monstruosos kraken irrumpían en la aventura de esforzados exploradores. De mayor, ya más maleado, disfruto más bien con el exquisito bocado de un buen pulpo a la brasa o, si no hay más remedio, a feira. La naturalista Sy Montgomery construye su ensayo literariamente pulposo (así te atrapa su lectura) como si fuera una novela de aventuras cuyo protagonista es ese fascinante y antiquísimo cefalópodo que puede cambiar de color, tiene boca (con pico) en una axila y envenena a sus presas antes de devorarlas.

03. Navideños

Con el “planeta” ya concedido, y celebrado con la acostumbrada pompa y promiscuidad político-social, se oficializa la temporada del libro navideño, muchas de cuyas muestras han ido llegando a las librerías en las últimas semanas. Los hay de todo tipo y condición, aunque en todos predomina, como “filosofía” subyacente, el deseo de hacer caja para cuadrar el final del ejercicio; claro que, con el mercado atiborrado, muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Entre los últimos que he recibido selecciono, para empezar, dos que me han parecido estupendos. La Luna (Atalanta, 58 euros), de la analista junguiana Jules Cashford —a quien los lectores interesados en los mitos primordiales recordarán por su monumental El mito de la diosa, publicado también por Jacobo Siruela cuando aún era director editorial del sello al que prestó su nombre—, es una fascinante enciclopedia bellamente ilustrada de los mitos, símbolos y representaciones a los que la Luna, ese astro que tanto influye en nuestros humores, ha dado lugar desde los orígenes de la humanidad.

Más explícitamente navideño es el volumen Días de Navidad (Lumen, 22,90 euros), de Jeanette Winterson, en el que se recogen 12 narraciones imaginarias (y una felicitación autobiográfica) acompañadas de otras tantas recetas de manjares muy apropiados para la estación.

EL PAIS


lunes, 4 de marzo de 2019

Jeanette Winterson / El corazón puede ser otro órgano



El corazón puede ser otro órgano

Para Jeanet­te Winterson, escribir es un ejercicio de riesgo y curiosidad, la exigencia de experimentar y ser artísticamente ambiciosa


MARTA SANZ
5 ENE 2018 - 11:50 COT

"Eso es lo que la literatura ofrece: un lenguaje suficientemente poderoso para decir las cosas como son. No es un escondite. Es un lugar de encuentro”. Tanto esta cita de Jeanette Winterson (Mánchester, 1959) como la lectura de las dos obras que Lumen, con preciosas ilustraciones de Ana Juan, ha editado en español, Fruta prohibida (1985), su primera novela autobiográfica, y Escrito en el cuerpo (1992), me han llevado a recordar el debate sobre la conveniencia de que los escritores —las escritoras también— practiquen la crítica. He vislumbrado el peligro. Porque yo no fui adoptada por una familia evangélica pentecostal ni soy lesbiana ni inglesa ni jamás mi madre me habría dicho¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? (2012), una frase de mamá Winterson que titula las memorias de la autora. Sin embargo, me he identificado tanto con estos textos que caigo en la tentación de justificar cada palabra. Entiendo íntimamente de dónde provienen sus decisiones estilísticas. Leo desde un lugar privilegiado, pero no sé si ese lugar es crítico. Me parece honesto aclararlo igual que me parece honesto reconocer las similitudes en la concepción autobiográfica, en algunas asociaciones quizá tan obvias como la que enlaza clavícula con clave o en la centralidad del cuerpo que se encarniza en escritura y, a la vez, según Wikipedia, ha convertido a Winterson en dueña de una charcutería. Puede ser un fake, pero el asunto tiene gracia.

domingo, 8 de octubre de 2017

Kazuo Ishiguro / De la lista ‘Granta’ al olimpo sueco



Kazuo Ishiguro

De la lista ‘Granta’ al olimpo sueco

Compañero de la generación de Amis, McEwan y Rushdie, Ishiguro es el primero en lograr el premio Nobel de Literatura



VALERIE MILES
Barcelona 5 OCT 2017 - 17:48 COT







Portada de la revista 'Granta' del número con los mejores novelistas británicos.
Portada de la revista 'Granta' del número con los mejores novelistas británicos.


Kazuo Ishiguro tiene el honor de ser el primer escritor en alzarse con el Nobel entre los de la primera y ya célebre lista de la revista Granta de los mejores jóvenes narradores británicos. Fue en 1983, cuando este contaba 29 años. Compartió lista con Shiva Naipaul, el hermano pequeño del Nobel de Trinidad y Tobago, V. S. Naipaul. Shiva desgraciadamente murió prematuramente en 1985, justo cuando su prestigio estaba en alza.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Jeanette Winterson / “No sé si creo en Dios, pero no me preocupa, no tengo miedo a morir”


Jeanette Winterson,
Hotel de las Letras de Madrid, 22 de septiembre de 2017
Foto de 


Jeanette Winterson

“No sé si creo en Dios, pero no me preocupa, no tengo miedo a morir”

Jeanette Winterson recuerda su infancia en una familia evangelista radical que le sometió a un exorcismo por ser lesbiana



CARMEN MORÁN BREÑA
Madrid 29 SEP 2017 - 16:31 COT

Son tiempos tristes para hablar de terremotos o de ciclones, pero Jeanette Winterson es eso, una fuerza desatada de la naturaleza. Ella sola es el cambio climático entero. Recibe a la periodista que le tiende la mano con un abrazo inesperado de puro familiar y en mitad de la entrevista se levanta de un brinco ¡y se posa en el brazo de mi sillón, de donde se despide, para volver al suyo, con una palmetada en la espalda! Y eso que la inglesa es ella. Es difícil contar esto sin recurrir al uso de la primera persona, tan impropio del periodismo. No volverá a suceder en lo que queda de texto.





Jeanette Winterson es un poco, como dice su apellido, hija del invierno. Adoptada a los pocos meses de nacer, se crió en una familia evangelista cuya bandera cotidiana era el integrismo religioso. Llegaron a hacerle un exorcismo público en su iglesia cuando, de adolescente, descubrieron que era lesbiana. La expulsaron de su casa, durmió en un coche, se buscó la vida y nunca dejó de leer. ¿Cuál fue el resultado de todo eso? Un mujer de Manchester con 58 años que vive en el campo y se levanta y acuesta cada día saludando al espejo: “Buenos días, Jeanette', me digo; o 'no ha ido del todo mal hoy ¿no es cierto?”. Y luego deja que sigan durmiendo todo los aparatos que la reclaman y hacen ruido hasta después de comer, cuando ya ha finalizado su jornada, porque ella amanece antes de que claree. “No lo sé, siempre he tenido esta energía, como bien, duermo nueve horas, dormir es la clave, y vivo en el campo, donde siempre hay algo que hacer”.
En efecto, traducida al agro español, Winterson sería una buena serrana, que lo mismo posa dulcemente sus manos sobre el requesón que sorprende a la leña con un buen hachazo. Si quieren conocerla, lean sus libros, son ella misma. Lumen publica ahora dos de sus obras tempranas, Fruta prohibida, que escribió con 23 años y se hizo una serie para la televisión, y Escrito en el cuerpo (1992), ambos con ilustraciones de Ana Juan. Y el último título El hueco del tiempo, revisitando a Shakespeare. No se pierdan tampoco o la inolvidable biografía cuyo título lo inspiró una frase de su madre adoptiva: '¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?' (2012). En todos ellos está Jeanette en cuerpo y alma y en primera persona.

miércoles, 27 de enero de 2016

Jeanette Winterson / 17 maneras de mirar

JEANETTE WINTERSON
FOTO DE POLLY BORLAND


17 maneras de mirar

Diecisiete relatos de Jeanette Winterson que, tras ver la luz en revistas como 'The New Yorker' o 'Granta', se publican reunidos


ANGELÉS CABRÉ
27 DE ENERO DE 2016






17 maneras de mirar

¿De dónde viene la imaginación, en qué oscuros y atávicos recovecos del cerebro se cuece? Los científicos se inclinan por pensar que es el resultado de una compleja actividad de las redes neuronales, aunque en el caso de la británica Jeanette Winterson (Manchester, 1959) sea evidente que tiene su origen en las ganas tremendas de escapar de una infancia desesperada y solitaria como niña adoptada por una fanática pareja de la Iglesia Pentecostal. Un ambiente presente en la novela Fruta prohibida, omnipresente en ese aldabonazo que es la autobiografía ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? y que vemos reaparecer aquí en ”Salmos”, el cuento que cierra este libro: “Salmos vivía tranquilamente en una conejera al fondo del jardín y todos los días iba a sentarme a su lado y le leía la historia de uno de sus tocayos de la Biblia. Era una mascota muy atenta”.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Autores británicos que devorar

Ian McEwan

16 autores británicos que devorar

Fecunda como pocas, la literatura de Reino Unido ha alumbrado a un sinnúmero de escritores esenciales en todos los géneros. Ellos tienen hoy mucho que decir


El marxista John Berger

John Berger (Hackney, Londres, 1926). Empezó siendo pintor, carrera que abandonó a los 30 años para dedicarse a la escritura, pero siguió interesado en las artes visuales y escribió textos admirables sobre el dibujo, la escultura y la fotografía, sobre todoModos de ver (1972), que fue fundamental para toda una generación de artistas. Poco después se instala en un pueblo de los Alpes franceses y durante 15 años escribe una trilogía de novelas sobre la transformación del mundo rural bajo el título de De sus fatigas: Puerca tierra, Una vez en Europa y Lila y Flag. “Soy, entre otras cosas, marxista”, declaró Berger, y su obra incluye textos que tacha de políticos, como Hacia la boda, un texto sobre el sida; King, una crónica de los sin vivienda, y El tamaño de una bolsa, que incorpora la correspondencia de Berger con el subcomandante Marcos. SusPoemas completos fueron publicados en 2014.

Un guía intelectual llamado Steiner



George Steiner. / MIGUEL GENER
George Steiner (París, 1929). Posiblemente el crítico literario más importante de nuestro tiempo. Erudito y brillante lector, Steiner ha sabido desarrollar una obra crítica original, perspicaz y justa, respetando la inteligencia de sus lectores y abriéndoles nuevos horizontes. Cualquiera de sus libros más importantes —La muerte de la tragedia, Después de Babel, En el castillo de Barba Azul, Nostalgia del absoluto, Gramática de la creación, Los libros que nunca he escrito— bastaría para colocarlo en la cúspide del arte de la crítica. Sus temas abarcan la biblioteca universal: la literatura griega, el concepto de Europa, el arte de la traducción, la literatura china clásica, la poesía alemana, el Holocausto, la Biblia, la obra de Heidegger, Borges, Céline, Kafka y muchos otros. No podemos concebir la actividad intelectual de nuestro tiempo sin el pensamiento de George Steiner.

lunes, 2 de abril de 2012

Jeanette Winterson / Memorias de mi mamá monstruo


Jeanette Winterson


Memorias de mi mamá monstruo

La escritora Jeanette Winterson fue adoptada por integristas evangélicos

Su autobiografía relata su descenso a los infiernos mientras rastreaba su origen


TEREIXA CONSTENLA
Madrid 2 ABR 2012 - 13:41 COT








Ampliar foto
La escritora británica Jeanette Winterson.

Al principio de la vida de la escritora Jeanette Winterson (Manchester, 1959) había un gran signo de interrogación. Se zafó de él durante décadas. Tenía otras urgencias: sobrevivir a una infancia de maltrato, a la calle a partir de los 16 años, al exclusivismo de Oxford, al éxito precoz. Sobrevivir era lo acuciante. Un día, cuando ya no urgía lo extraordinario —era una escritora prestigiosa y de reconocido talento, tenía amigos y dinero y, bueno, sí, un amor que se iba—, la incógnita del principio exhibió las fauces. La aguerrida Winterson, que se había crecido a cada adversidad, se derrumbó ante el fantasma del pasado como un azucarillo humedecido. “Hay cosas en nuestras vidas que no podemos o queremos afrontar. Si triunfas puedes evitar algunos problemas… estás demasiado ocupada, no tienes tiempo. Pero si algo es demasiado grande empujará y presionará hasta irrumpir. El detonante puede ser externo —en mi caso fue la pérdida de una relación y el descubrimiento de los papeles de mi adopción— pero aunque esté fuera, el trauma es interno y saltará y lo infectará todo”, cuenta en una entrevista por correo electrónico.

sábado, 1 de marzo de 2008

Los chicos prodigiosos de la Generación Granta

Graham Swift
Foto de Luis Magán


Los chicos prodigiosos de la Generación 'Granta'



En 1983 la revista londinense lanzó a un grupo de jóvenes escritores británicos entre los que estaban Ian McEwan, Martin Amis, Julian Barnes, William Boyd y Salman Rushdie. Hoy son referencia de la ficción contemporánea.
Siete novísimos novelistas británicos nacieron a la realidad en la posguerra mundial, durante la década en la que triunfaban las novelas de la guerra fría de Graham Greene, el neorrealismo italiano, el nouveau roman, la Generación Beat, El Señor de los Anillos de Tolkien, Nabokov o William Golding, pero nacieron a la ficción durante la Inglaterra gris del thatcherismo, el cine de Peter Greenaway, Stephen Frears o Ridley Scott, el dirty realism de Carver y Ford en Estados Unidos y un mundo de yuppies, punk y la perestroika, y lo hicieron en las páginas de la revista Granta (Best of Young British Novelists, 7, 1983), convocados por el editor Bill Buford con ojo clínico, pues brillan con luz propia desde entonces: son Martin Amis (1949), Julian Barnes (1946), William Boyd (1952), Kazuo Ishiguro (1954), Ian McEwan (1948), Salman Rushdie (1947) y Graham Swift (1949). Dos novísimos novelistas británicos se sumaron al grupo en la siguiente antología editada por Buford (Granta, Best of Young British Novelists, 43, 1993), Hanif Kureishi (1954) y Tibor Fisher (1959, autor de Bajo el culo del sapo, 1992, o No apto para estúpidos, 2002, traducidos en Tusquets). Nueve novísimos novelistas británicos a los que podrían añadirse, por afinidades de edad y de éxito comercial, otros dos chicos Granta, Iain Banks (1954, autor de La fábrica de las avispas, 1984) y Jeanette Winterson (1959, autora de Escrito en el cuerpo, 1992, en Anagrama; El Powerbook, 2000, en Edhasa, o La niña del faro, 2004, Lumen). Son la Generación Granta, lashortlist de autores heterogéneos y polifacéticos por los que la revista londinense apostó fuerte y a los que lanzó, en palabras de su editor, con un número especial de la revista entendido "como campaña demarketing, como un truco para lograr que la gente comprara novelas literarias". Junto a grandes nombres coetáneos como John Banville (1945, autor de El libro de las pruebas, 1989), Nick Hornby (1957, autor de Alta fidelidad, 1995), Irvine Welsh (1958, autor de Trainspotting,1993) o Jonathan Coe (1961, autor de La casa del sueño, 1997), a los que sólo les falta la etiqueta Granta, son los nueve novísimos quienes suceden a la generación de David Lodge o de A. S. Byatt, con los que conviven, y se convierten en el mainstream de la ficción británica, en un grupo de canónicos posmodernos, en la medida en que releen con ironía la tradición y en que son poscoloniales, y de artistas multiculturales que van juntos a la guerra contra el cliché, que son buenos, increíblemente buenos, y que han devuelto la gloria a la narrativa británica porque sus obras ganan el Booker Prize, el Whitbread y otras muchas medallas que se cuelgan como almirantes de la flota literaria, se traducen de forma compulsiva y venden mucho porque se las ingenian para explicar historias comerciales con narrativas de calidad. Del talento omnímodo de estos chicos prodigiosos, de estasinkorruptibles celebrities -la mayoría reunidos en el catálogo de Anagrama, y a los que su editor se refiere en Nuestro British Dream Team (texto incluido en El observatorio editorial, de Jorge Herralde. Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2004)- ha surgido un puñado de obras maestras de la ficción contemporánea.

Desperdigan imaginación, sentido (crítico) y sensibilidad hasta el punto de poder crear una impertinente historia del mundo en nueve capítulos y medio

Se quieren satíricos, plurales y divertidos pero a la vez nos inculcan filosofía contemporánea y construyen ficciones acerca de nuestras más profundas verdades
Mientras publicaba crime fiction bajo el seudónimo de Dan Kavanagh, Julian Barnes se hizo inmenso con El loro de Flaubert (1984), y Una historia del mundo en diez capítulos y medio(1989), disparatada e iconoclasta enmienda a la totalidad, e Inglaterra, Inglaterra (1999) lo convirtieron en imprescindible. Arthur & George(2005), con el padre de Sherlock Holmes de protagonista, es su última entrega. William Boyd se consolidó en el mercado con Barras y estrellas(1987). Martin Amis abrió juego conDinero (1984), una sátira de nuestro tiempo enrarecido en manos de un antihéroe improbable, fragmentario, neurótico y de ambigua identidad -¡atiende al nombre de John Self!- como los personajes de Pynchon. Luego llegaron dos grandes libros, La flecha del tiempo (1991) y sus memorias sui géneris, Experiencia (2000), y su última novela es una nueva ficcionalización de la historia contemporánea, La Casa de los Encuentros (2006). Ian McEwan se consolida con Niños en el tiempo (1987), una historia de traumas surgidos de idílicas vidas cotidianas, como sucede en Amor perdurable(1997) y su análisis de un amor patológico inyectado en una pareja feliz. Su última novela es Chesil Beach (2007). Salman Rushdie publicó Los versos satánicos (1988) y quedó demonizado y consagrado al instante por la fetua del régimen integrista de Jomeini, pero su novela Hijos de la medianoche (1981) ya había sido un prodigio de realismo mágico trasladado al imaginario indio. Kazuo Ishiguro será siempre el autor deLos restos del día (1989), pero Cuando fuimos huérfanos (2000), su confesada contribución a la world fiction, es una novela de altos vuelos. En 2005 publicó su última ficción narrativa hasta el momento, Nunca me abandones, una fábula futurista y ambigua en la que dispara una vez más sus dos armas secretas, el narrador no fiable y la focalización. La ficción poscolonial de Hanif Kureishi nació con la historia marginal de Mi hermosa lavandería (1985) y los conflictos de identidad cultural de la comunidad paquistaní en Londres, llevados a su punto de ebullición enEl Buda de los suburbios (1990).
Hacia 1993, el crítico y novelista Malcolm Bradbury se queja de que "la ficción literaria seria está siendo sumamente presionada por la ficción comercial" (The Modern British Novel), y de que "la Gran Narrativa está cediéndole el terreno a temas mucho más plurales y divertidos", y precisamente son estos chicos prodigiosos de la Generación Granta los que están resolviendo la cuadratura del círculo que parecía estar pidiendo Bradbury, están escribiendo una ficción literaria seria que resulta muy comercial porque no tienen reparos en servirse de la literatura de género (reescriben y manipulan los modelos del género negro, la novela de espías, el culebrón victoriano, la ciencia-ficción o el melodrama con la industria del mejor impostor, radiografían el mundo contemporáneo, escriben sobre política, sexo, violencia y psicosis, esto es, están siempre hablando del asunto y hablando sin escrúpulos, son traviesos y le meten un dedo en el ojo al establishment o le pintan un bigote a Jane Austen, Lord Darlington o Gustave Flaubert porque garabatean la tradición y juguetean con ella. Se quieren satíricos, plurales y divertidos pero a la vez nos inculcan filosofía contemporánea a mano armada y construyen inmensas ficciones acerca de nuestras más profundas verdades, pues aunque el que lo dijo fue Martin Amis enExperiencia (2000), seguramente todos están de acuerdo en que "todo escritor sabe que la verdad está en la ficción". Nos cuentan lo que nos está pasando, son los genuinos artistas de nuestro mundo flotante y, tal vez por eso, escribiendo tan bien como sus mayores, venden mucho más. Están todos muy vividos y muy viajados, pero sobre todo son muy leídos, ejercen de críticos y de enfants terribles y, cada loco con su tema -Amis, la historia contemporánea y sus artificiosas y nabokovianas neurosis fantásticas, Barnes y sus relecturas irónicas de la tradición realista decimonónica, Kureishi y la vida doméstica y suburbial, los perversos extremos emocionales de McEwan o la subversión de los géneros narrativos en manos de Ishiguro-, desperdigan imaginación, sentido (crítico) y sensibilidad hasta el punto de poder crear con sus obras completas una impertinente historia del mundo en nueve capítulos y medio. El truco que confesaba Buford ha surtido efecto, y de la mano de estos chicos los lectores han vuelto con estusiasmo a consumirnovelas literarias. En realidad hace tiempo ya que no son chicos, pero cada vez son más prodigiosos y, mientras sus perseguidores más jóvenes aceleran el paso -Zadie Smith, Alan Warner, Toby Litt o Rachel Cusk, bendecidos todos por Granta, Best of Young British Novelists, 81, 2003- están ya preparándose para viajar un día a Estocolmo, a recoger el Premio Nobel que los acredite como los autores universales que ya son. ¿Quién será el afortunado al que le tocará ir en representación del grupo? ¿Quién tendrá el placer del viajero?

EL PAÍS




RETRATOS AJENOS

FICCIONES