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viernes, 30 de junio de 2017

Rihanna lanza su tercera colección de zapatos con Manolo Blahnik

La cantante Rihanna con uno de los zapatos diseñados para 'So -Stone', la nueva colección con Manolo Blanhik. INSTAGRAM






Rihanna lanza su tercera colección de zapatos con Manolo Blahnik

La cantante y el diseñador reinventan las sandalias veraniegas con piedras preciosas, tiras de plástico y tacones transparentes


Madrid, 22 de junio de 2017

Primero fueron unas espectaculares botas denim que llegaban hasta la cadera, luego otras botas pensadas para el frío invierno y ahora le ha tocado el turno a las sandalias-joya de verano. Rihanna ha diseñado, por tercera vez, una colección de zapatos con Manolo Blahnik. La firma de calzado parece que ha encontrado en la cantante una musa que seguro le volverá a afianzar el mismo éxito que con sus dos anteriores colaboraciones.

Rihanna y Manolo Blahnik se unen de nuevo










Manolo Blahnik y Rihanna
Manolo Blahnik y Rihanna. INSTAGRAM

Rihanna y Manolo Blahnik se unen de nuevo

La cantante diseña para la firma de calzado una pequeña colección de botas de invierno


EL PAÍS

Madrid 15 NOV 2016 - 09:02 CST

Rihanna es una de las artistas más rentables para las firmas de moda con las que colabora. Eso lo confirmó el pasado mayo, cuando la colección de zapatos Denim Desserts que diseñó junto a Manolo Blahnkink fue tal éxito que colapsó la web del diseñador español de calzado. Una colección que encandiló incluso a las famosas; su rival en las listas de éxitos Jennifer Lopez no dudó en enfundarse una de sus botas vaqueras hasta la cadera en su videoclip Ain't Your Mama. Además, la zapatilla de Rihanna diseñada para Puma acaba de ser elegida como el mejor zapato del año. Así que no es de extrañar que Manolo Blahnik haya decidido volver a colaborar con la artista.

Rihanna diseña para Manolo Blahnik



Rihanna diseña para Manolo Blahnik

La cantante hace para el creador español la colección Denim Desserts, que tendrá un precio entre 700 y 3.100 euros



Madrid
4 MAR 2016 - 11:53 CST










Manolo Blahnik y Rihanna
Manolo Blahnik y Rihanna. CORDON PRESS

Rihanna no para. En enero publicó ANTI, su octavo álbum y su primer trabajo discográfico desde Unapologetic (2012). En febrero presentó su colección para Puma en la Semana de la Moda de Nueva York. Y ahora presenta Denim Desserts (Postres vaqueros), una colección cápsula que ha realizado con el prestigioso diseñador español Manolo Blahnik. Esta es la segunda vez que la artista de Barbados se involucra en el mundo de la moda.

lunes, 8 de febrero de 2016

Tacones asesinos

Noritaka Tatehana. 'Atom', 2012-13.

Tacones asesinos

La muestra 'Killer heels' en el museo de Brooklyn es una celebración de la ambición y la feminidad


Walter Steiger. 'Unicorn Tayss', primavera de 2013. Cortesia de Walter Steiger. / JAY ZUKERKORN
Mark Zuckerberg (Facebook) lleva sudaderas porque tiene cosas más importantes en qué pensar, pero si una mujer acude con tacón de aguja a un encuentro con inversores se puede ver en Twitter con el hashtag #brainsnotrequired (no se requiere cerebro). Ocurrió en Nueva York y se armó gran revuelo. El autor, Jorge Cortell, consejero delegado de Katnerson Systems, dijo que sólo quería denunciar lo insano de la prenda, pero lo que todos entendieron fue que el tamaño de aquellos stilettos era inversamente proporcional al del cerebro de su dueña. Contra estos prejuicios, el Museo de Brooklyn abre Tacones asesinos, una celebración de lujuria, ambición, dominación, feminidad… Todo cabe en los más de 160 pares que se exhiben, menos una mujer, porque los modelos de Louboutin, Iris van Herpen X United Nude, Manolo Blahnik o Noritaka Tatehana no están hechos para caminar.

Manolo Blahnik / A sus pies

Manolo Blahnik en Barcelona
Foto de VICENS GIMÉNEZ

Manolo Blahnik, a sus pies

Sus zapatos, los ‘manolos’, son míticos. Es un creador desmedido, exuberante. Muchos ven en sus modelos atributos sexuales, pero a él le interesa más el romanticismo


MÁBEL GALAZ
Barcelona 5 FEB 2016 - 18:01 COT

Quien piense que a sus 73 años y con muchas vivencias a sus espaldas Manolo Blahnik es un hombre al final de un camino, se equivoca. Al contrario, es un torbellino que agita todo lo que le rodea. “No puedo parar”. Quizá tras ese exceso de actividad se esconda el miedo a que detenerse le aleje aún más de esa juventud que añora. Blahnik está en España y eso es noticia. Desde que murió su madre viene menos a su país natal. Ayer, en Barcelona, la pasarela 080 le rindió homenaje por su exitosa carrera. Hoy él se rinde su particular homenaje con una visita al Museo del Prado de Madrid, uno de sus rincones favoritos del mundo.

Manolo Blahnik / La moda es un espectáculo para entretener a la gente simple


Manolo Blahnik

La moda es un espectáculo para entretener a gente simple

El zapatero más famoso del planeta, Manolo Blahnik, desnuda sus fetiches en un nuevo libro en el que rinde homenaje a ídolos y almas gemelas como Luchino Visconti, Pedro Almodóvar o Gore Vidal.

LETICIA BLANCO 
06/02/2016 04:17 

Dice Manolo Blahnik (Santa Cruz de La Palma, Canarias, 1940) que es "un hombre antiguo". Que hace tiempo que dejó de interesarse por la moda, que se ha convertido en "un espectáculo para entretener a gente simple que no tiene ilusión" y que su hogar está en otro sitio: en las salas de El Prado, a donde acude cada vez que pisa Madrid, o en El gatopardo, el libro que su madre le leía a él y a su hermana Evangelina por las noches cuando era pequeño para que no tuviera pesadillas. "Cada página de ese libro significa algo para mí, algo que no se ha perdido hasta hoy. Todavía releo la novela un par de veces al año y he visto la película centenares de veces. Lo que hay ahí es, para mí, mucho más importante que todo".

Manolo Blahnik / Hay quien tiene 500 manolos

Manolo Blahnik


UN ALMUERZO CON MANOLO BLAHNIK

"Hay quien tiene 500 'manolos' Un disparate obsceno"

Con Manolo Blahnik es fácil hablar de cualquier cosa menos de zapatos. El interés por todo lo que se mueve, siempre que esté relacionado aunque sea remotamente con la belleza, acapara su energía, que es mucha -"soy hiperactivo"-, y su tiempo, que también es mayor que el de los demás, pues solo necesita dormir cuatro o cinco horas para sentirse bien. Y Fidias, Tiepolo, Balzac, Filoctetes, los Madrazo, Visconti, Turner, Mahfuz y otros genios por el estilo se mezclan en una apasionada anarquía verbal durante el almuerzo, que acomete con desgana, tal vez porque lo que él quería comer era un cocido, y su equipo ha dispuesto el restaurante de la terraza del hotel donde se hospeda por ajustes de la agenda.

domingo, 13 de octubre de 2013

Manolo Blahnik / Los españoles, optimistas y creativos, saldrán de esta.




Manolo Blahnik 

“Los españoles son optimistas y creativos; saldrán de esta”

El admirado diseñador de zapatos habla de sus padres y de su origen

Risueño y optimista, creció en una platanera canaria. Actualmente reside en Londres, donde 480 personas trabajan para hacer realidad sus creaciones



Manolo Blahnik. / PIERS CALVERT
A Manolo Blahnik hay que verle reír, como a los niños. Como a algunos personajes que parecen extravertidos, hay en su risa algo de ese niño que mira como si estuviera fuera del mundo y esperara que alguien, quizá su madre, aquella palmera “divina”, le contara qué significaban las cosas ante las que él mostraba entusiasmo.

Manolo Blahnik (Santa Cruz de La Palma, 1942), hijo de checo y canaria, abrió su primera tienda de calzado en 1973. En 2012 ganó el Premio Nacional de Diseño de Moda.
Ese niño sigue en Blahnik, lo ves llegar (la expresión es de José Saramago) con el crío que fue; aunque tiene un esqueleto ancho y usa ropas muy modernas y muy clásicas a la vez, no puedes evitar, cuando ya está sentado y gesticula, encontrarte en su manera de estar, en ese entusiasmo, la mirada de un niño contento, dispuesto a ser sorprendido. Hay un verso del poeta Hugo Claus que dice: “Un hombre feliz sorprendido por la duda”. Blahnik es ese hombre feliz, pero el pudor le impide decir dónde están sus incertidumbres. Pero las tiene. De ellas habla, por ejemplo, en un excelente libro de conversaciones (Entrevistos. Manolo Blahnik, de la periodista de EL PAÍS Elsa Fernández-Santos, su paisana); pero no es habitual que las deshaga en público. Es un hombre privado, acaso porque es insular, de La Palma. Los palmeros hablan como si les costara romper el silencio, y Blahnik, que vive en otra isla, Gran Bretaña, y tiene mezclados en el suyo el acento inglés con muchos otros, conserva al palmero que es; su deje es palmero, y sus recuerdos más poderosos son palmeros. Se acuerda de la platanera (su madre fue heredera de una de esas plantaciones) y de las calles, y allí tiene su casa y su gallinero, él los arregló para que tuvieran su sello. Beckett escribió que un isleño tiene la ilusión de haberse ido, “pero, pobre de mí, yo jamás me fui de la isla”. Como el irlandés, Blahnik no se ha ido, pero se siente feliz de viajar con La Palma a cuestas.


Sarah Jessica Parker
Sex and the city

Es un artista y un industrial que ha hecho del diseño del vestido del pie su vida y la vida de muchos que trabajan para él. Un manolo, ya se sabe, se cotiza en todo el mundo como una obra de arte; que este isleño de padre checo y madre palmera haya hecho de ese nombre tan español una seña de identidad, sin necesidad de ningún apellido, expresa de manera muy precisa su personalidad arrolladora. Él es Manolo en los zapatos; pero aquí enfrente, cuando se combinan en sus experiencias esos dos ascendientes, la palmera y el checo, es Manolo Blahnik, una mezcla de culturas que han dado origen a una personalidad singular con la que da gusto imaginar el pasado y el mundo.

“Siempre he tenido la desgracia de no poder dormir, pensando, me pueden los nervios…”
Iba a ser pintor, pero siempre se fijó en los pies de la gente y así desembocó en la zapatería. Decía el doctor Rafael Lozano que el pie es fundamental para forjar la personalidad de los individuos. Eres como pisas. De esa misma percepción está hecho este ilustre zapatero. Ahora se puede ver el barroco en su diseño, pero lo que quiere de veras es respetar la respiración del pie. Blahnik viste de aire los pies, esa es su artesanía.
Su padre había venido en barco, de excursión, a La Palma en 1931; a él le parece esa historia de amor “una novela de Corín Tellado”, pero fue así, eso es lo que pasó. Vio a esta palmera “divina” y se enamoró de ella. El viajero enamorado volvió a Praga y dos años después vino a buscar a aquella mujer. “Toda la vida se llevaron muy bien”. Lo que es extraño, le digo, es que su padre checo llegara a La Palma en 1931… “¡Tampoco lo entiendo! Lo cierto es que allí estuvo. Y amó la isla. Cuando estaba en el hospital, terminal ya, no quiso ni radiaciones ni operaciones, solo decía que quería volver a su isla. Podría haber ido a morir a Praga, pero no, quiso volver a La Palma. No sé si fue el amor por mamá, pero él siempre decía que jamás había visto un pueblo tan remoto que fuera tan maravilloso y tuviera tanta cultura”. Murió en 1986.
El último viaje del padre y del hijo fue en torno a 1984, a Praga. “Todavía no sabíamos que estaba tan enfermo. Yo fui a Praga a encontrarme con él, había ido a ver a una tía muy viejecita que vivía en casa de mi abuelo… Visitamos las tumbas de los abuelos, la casa antigua, a la tía”.
“Comprendí al hombre que había estado en esa ciudad, en la universidad, al chico que cantaba en el coro”. Se hizo con su retrato sentimental, y ahora ese ya es “el recuerdo de una emoción”. Dice: “Estaba muy emocionado en ese viaje; no soy nostálgico, lo veo con distancia, pero así me ha hecho la vida”.
La Palma fue, a pesar de la distancia, una ciudad ilustrada, iluminada por el pensamiento de la Enciclopedia, una isla que aspiraba a lo extranjero. Sin embargo, durante mucho tiempo, recuerda Blahnik, “mi padre y un relojero alemán eran los únicos extranjeros de Santa Cruz de La Palma. ¡Todavía me llaman el hijo del checo!”. Ahora él es una presencia discreta y habitual, no se hace notar, aunque ahí está, es un palmero, quizá el más ilustre y universal de todos. En su cabeza está el mundo, sus personajes. De pronto sale Truman Capote, a veces surge Tennessee Williams. Un día le preguntó este a qué se dedicaba. “Ah, mi padre también vendía zapatos en el sur de Estados Unidos”. “¡Cómo era Tennessee Williams! Fue tan bien nuestro almuerzo, que luego comimos tres veces más…”. Le gusta Capote, por ejemplo, lo encuentra genial. “¡Tenía una lengua tan viperina!”. Él mismo parece a veces un personaje de esa época en que todo parecía (en Capote y en sus amigos) que iba a durar siempre y siempre sería todo feliz. “Pero Capote… fíjate cómo acabó, totalmente bloqueado”.
La corbata que lleva es como las que llevaban entonces, “o como la que llevaba mi padre… Mi padre era muy estricto, muy austero, pero un encanto. ¡Muy austrohúngaro! ¡Fíjate que controlaba cómo llevábamos las uñas! Preguntaba: ¿te has bañado ya? ¡E inspeccionaba si lo habías hecho!”.
Manolo tiene dos amores, la isla y la madre. “Ella era un encanto, siempre estaba pendiente de nosotros… Sabía cuándo tenía que llamar, sabía cuándo la tenía que llamar. Había un vínculo. Hasta su muerte”. Él es, como decimos en las islas, un jeribilla, alguien que no para. “Siempre he tenido la desgracia de no poder dormir, siempre estoy pensando, me pueden los nervios… Y cada día encuentro algo nuevo de lo que debo preocuparme, ¡debo de tener una especie de masoquismo interior!”.
Iba para platanero, pero se fue por el mundo. El padre sabía que no servía para eso, y entendió enseguida que este Manolo “desinquieto” tenía que correr por ahí. “A papá le dio igual que nos fuéramos mi hermana y yo, tuvo esa visión; en lugar de quedarnos pendientes de la nada, buscar por ahí”. Ahora sigue buscando, no se está quieto en el lecho de su éxito. Y es optimista en medio del tiempo oscuro que vive España, por ejemplo. “Los españoles son creativos, saldrán de esta… Le escuché decir a un ministro: ‘En España podemos salir adelante cuando nos dé la gana porque tenemos todo’. Yo rompí a aplaudir como un loco. Tenemos todo, pero hemos dependido demasiado tiempo de una especie de burbuja, de la cultura americana, no tenemos líderes morales, nos faltan ideales”. Y quizá nos falta entusiasmo. “¡Eso es! Somos pasivos”.

“De pequeñito me parecían bonitas las alpargatas de esparto. Pero eran horribles si se mojaban”
Ese entusiasmo “se ha perdido en todo el Mediterráneo. Fíjate Grecia. Comprendió bien el Mediterráneo, era gente que creaba sin parar, no tenían límite, ni siquiera necesitaban un mecenas, les bastaba con sus utensilios. Pasó en Italia. Pero mira ahora, la crisis está en el Mediterráneo”.
–¿No será que hemos perdido también el sentido de la belleza, Manolo?
–Absolutamente. De la belleza y de la armonía.
–Quizá se ha roto el canon de que lo bello es inmutable. Que lo bello no se puede tergiversar.
–¡Jamás! No hablo de un objeto, sino también de la manera de mirarlo. La gente no ve, no lee, o no sabe decir qué leyó. Bueno, si estamos en manos de bandidos, cómo vas a creer en gente que no sabe ni qué estaba haciendo ayer.
¿Qué cosas están bien? “Las mentes de algunas personas; hay gente con dignidad y rectitud de miras absolutamente inmejorable”. Y cuál es, le digo, la razón de nuestra actual dejadez, por qué España ahora parece un gato de uñas afiladas, de atilas. Ahí piensa un poco más. Esto dice:
–Creo que fue Garcilaso quien dijo que la envidia pasó por aquí y se quedó. Veo que en efecto hay un talento español al que no se valora. Y hay mucho. La envidia es la causa.
Ahora Manolo es un ídolo. “¿Y quién soy? Alguien me escribió: ‘Yo quiero ser usted’. Qué barbaridad. ¿Y quién soy yo? También piensan que soy superrico. ¡No, lo gasto todo! En la gente que trabaja para mí, en los que se ocupan de todo desde dentro. ¡Y si no funciono yo, no funcionan ni comen 480 personas! Eso es lo que me regocija, la gente que trabaja conmigo”. Manolo, la energía. “¡Pero me duele un pie!”.
El pie. ¿Cuándo se fijó en el pie para vestirlo?
De chico iban descalzos, en la finca, en la playa. “No me acuerdo cuándo me fijé en el pie. De pequeñito veía las alpargatas de esparto y me parecían tan bonitas que yo también las quería. Las conseguí, y eran horribles si se mojaban. Pero fue el primer vestido del pie, como tú dices, que me interesó”.
El pie es la materia de su negocio. Me fijé en sus zapatos. Marrones, grandes, sólidos. Él es airoso, alegre, y se va riendo, como si estuviera descalzo y fuera un niño.

viernes, 12 de octubre de 2012

Manolo Blahnik / Cuatro décadas a sus pies



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El diseñador de zapatos Manolo Blahnik. / GORKA LEJARCEGI

Cuatro décadas a sus pies

El Premio Nacional de Diseño de Moda a Manolo Blahnik reconoce en España el trabajo de un zapatero universal

"Estoy muy agradecido y contento. Quiero donar el dinero de este premio a mi tierra, La Palma"


    Apenas unas horas después de recibir en Londres el reconocimiento a toda su carrera en los British Fashion Awards y de celebrar —en la intimidad que tanto cuida— su cumpleaños, Manolo Blahnik (Santa Cruz de La Palma, Canarias, 1942) recibió el Premio Nacional de Diseño de Moda que otorga el Ministerio de Cultura español y que, dotado con 30.000 euros, también reconoce cuatro décadas dedicado a imaginar zapatos que en su prodigiosa mano acaban siendo realidad. “Estoy muy agradecido, muy contento. Y quiero donar el dinero de este premio a Canarias, a una asociación benéfica de La Palma, mi isla. En un momento como este me parece absurdo quedármelo”, afirma, aún emocionado por la gala en Londres, en la que Zaha Hadid le entregó un premio que él dedico a su difunta amiga Anna Piaggi, icono de la moda fallecida este verano y una de las mujeres que, desde siempre, defendió el apabullante talento de este zapatero errante.
    Afincado oficialmente en Londres desde los años setenta, Blahnik ha prolongado en sus zapatos su personalidad cosmopolita, exuberante y extremadamente refinada. Fue la famosa editora Diana Vreeland, esa mujer que prestaba mucha más atención a la fantasía de una mujer que a la ropa que llevaba puesta, quien lo animó a hacer zapatos al ver unos figurines suyos para un vestuario de teatro. Y fue su singular educación la que disparó los resortes de una fértil imaginación, tan arraigada a la rica naturaleza de las plantaciones de plátanos de su tierra como a los cuentos para niños que desde Inglaterra llegaban a su casa familiar de Canarias y que su madre les leía con esmero a él y a su hermana Evangelina, su brazo derecho en los negocios. “África y el Mediterráneo”, resume él para explicar esa mezcla suya de colores, formas, materiales y sentidos. “Mi padre siempre escuchaba música árabe maravillosa en Radio Casablanca mientras en otros rincones de nuestra casa sonaba Antonio Molina”. El Premio Nacional le recuerda el cordón umbilical que le une con su tierra: “No puedo vivir sin España, son mis raíces, y no me las puedo arrancar. No lo puedo remediar, cada vez echo más de menos vivir ahí”.
    Trabajador incansable, solitario militante y radical defensor de una elegancia que no entiende de tendencias ni de marcas, Blahnik ha convertido sus zapatos no solo en trabajos artesanales capaces de plantarle la batalla al paso del tiempo, sino en joyas de coleccionista deseadas por las mujeres más dispares del mundo. “Paciencia, pasión y trabajo”. Esas son en sus palabras las claves de una trayectoria que viaja de Londres (donde están sus oficinas), a Milán (donde fabrica sus modelos), a Nueva York (donde está gran parte de su negocio) y a Bath y La Palma (donde sueña y dibuja sus colecciones).
    De las películas de Visconti a las de Cocteau, de El Greco a Velázquez y Zurbarán, sus influencias se sostienen sobre dos pilares sin los que no se puede entender su universo creativo: el cine y la pintura, especialmente la española. No es difícil verle pasear a ritmo acelerado por las salas del museo del Prado como tampoco lo es escucharle dar una amena y documentada charla sobre cine italiano. Sus intereses culturales son desprejuiciados e inabarcables, propios de un hombre de otra época que no sabe entender el mundo sin esa belleza que él, zapato a zapato, también ha contribuido a construir.
    Si Madonna dijo a finales de los noventa que los manolos eran mejores que el sexo, en el umbral del nuevo siglo fueron mujeres tan representativas de estos tiempos como la modelo Kate Moss y el personaje televisivo Carrie Bradshaw quienes han lanzado a la celebridad internacional al, por otro lado, discreto diseñador. Si Sarah Jessica Parker le gritó en la serie Sexo en Nueva York a un ladrón “¡Quíteme lo que sea, mi anillos, mi reloj..! ¡Todo, menos mis manolos!”, Moss se casó calzada con el único zapato posible a la hora de convocar un sueño: unos manolos. Entre una y otra, legiones de clientas (las primeras fueron, entre otras, sus todavía grandes amigas Bianca Jagger, Marisa Berenson y Angelica Huston) para quienes la alegría de Blahnik, su vertiginosa vitalidad, se transmite a través de los pies. “Mis zapatos no son diseños, son gestos”, suele decir él. Anoche, en Londres, poderosas mujeres de la moda como la periodista Suzy Menkes, las editoras Anna Wintour, Grace Coddington y Francesca Sozzani y modelos como Naomi Campbell o la propia Moss le agradecieron esos gestos tan sofisticados pero, como recordó Coddington, “siempre humanos”.