Cómo se nota que Gustavo Petro no tenía mucho que hacer en su viaje a Uruguay, distinto de darle la Cruz de Boyacá al expresidente Pepe Mujica e intentar desplegar en la escena la bandera del M-19, mientras Laura Sarabia, que se veía regañada por algo, la volvió luego un ‘joto’ que envolvió bajo el brazo.
Nos vamos acercando a la estatización de la salud, una pesadilla que creímos superada hace 30 años.
María Isabel Rueda
7 de abril de 2024
Luego de que se hizo el feliz anuncio de que la reforma de la salud había sido archivada; de que vimos al ministro de Salud tomándose la cabeza a dos manos; de que escuchamos al del Interior confesando que faltó concertación, pues poco duró la fiesta: ya había comenzado la predicción de Petro de que las EPS caerían como fichas de ajedrez, unas encima de otras.
Para ser uno de los oradores más efectivos, llama la atención que sea tan convincente como ignorante
María Isabel Rueda 6 de junio de 2021
Un reciente debate en el Congreso sobre las tierras del Valle del Cauca, entre los senadores Gustavo Petro y María Fernanda Cabal, resultó de alquilar balcón. Lo interesante es que los dos son las figuras más representativas de los extremos ideológicos del debate nacional.
Yo, sin mucho que hacer en medio del paro y la pandemia, resolví hacerle un ‘fact check’ al discurso de Petro. Y descubrí que, para ser uno de los oradores más efectivos que ha tenido Colombia, llama la atención que sea tan convincente como ignorante.
En la segunda vuelta, la decisión de voto surge de una confrontación comparativa.
María Isabel Rueda
9 de julio de 2018
Anuncio que en segunda vuelta votaré por Iván Duque. Es un voto diferente al de primera vuelta, en la que uno vota por el que más le gusta y por quien juzga como el más apto; mientras que en la segunda la decisión surge de una confrontación comparativa.
¿Cuál es el verdadero Petro? ¿El que prende la constituyente o el que la apaga?
03 de junio 2018 , 01:30 a.m.
Todo puede decirse de estas elecciones, menos que han resultado aburridas. Derrotado nuestro candidato favorito, voy a comenzar por decir por qué no votaré por Petro.
Al contrario de muchas personas que han dicho que de Petro no les preocupa tanto lo que propone, que consideran inofensivo, sino su manera de ser, confieso que a mí me preocupan, y mucho, las dos cosas.
Lo que propone, porque lo ha ido acomodando con el ritmo de los acontecimientos, aconsejado de no crear temores castrochavistas entre los colombianos. A mí que me expliquen cómo una persona que dijo en una entrevista en noviembre pasado: “Mi primer acto de gobierno será convocar un referendo ciudadano con una sola pregunta: ‘¿Quiere usted convocar una asamblea constituyente?’ ”. Y que hace tres meses publicó en un trino: “Propongo una constituyente territorializada y pluralista para que haga las reformas que no hizo la Constitución del 91: la del territorio, la salud, la educación, la justicia, la política y el tránsito hacia una economía productiva”, ¿ahora está diciendo que él no dijo eso? Que en diez años de carrera política los candidatos den algunos virajes, sobre todo ante el fracaso del socialismo del siglo XXI en Venezuela, hasta se entendería. Pero que esta nueva fachada se haya montado en el breve lapso de una campaña presidencial, a la que entró el candidato Petro hace cinco meses, con constituyente a cuestas y de la cual ahora intenta por todos los medios deshacerse, sí es un fenómeno de inconsistencia y produce mucha intranquilidad. ¿Cuál es el verdadero Petro? ¿El que prende la constituyente o el que la apaga?
¿El que prende la expropiación o el que la apaga? Esta figura confiscatoria la dejó deslizar Petro provocadoramente como uno de sus planes de gobierno en un evento en Yumbo, Valle, hace dos meses: “Bonito sería el gesto que decidiera que se le entregue Incauca al Estado para que este empiece a entregarla al pequeño y mediano productor agrario”. Pero hoy niega Petro que la expropiación esté entre sus planes. Le aplicó, como a la constituyente, el ‘switch’.
Pero ni sus propios admiradores le creen. Porque en el insólito compromiso que le presentaron los de la Alianza Verde a cambio de apoyarlo parcialmente, le imponen como condición firmar “que respete la propiedad privada y que no haga expropiaciones”. “Que no lleve al país por el abismo de una constituyente”. “Que respete la institucionalidad y la Constitución del 91”. “Que se comprometa a no cerrar las cortes o el Congreso”. Ah. Y “que las decisiones de política pública sean fiscalmente responsables y que tome distancia del populismo”. Es decir, los ‘verdes’ quieren votar por un Petro que no es Gustavo Petro. Y Petro no tuvo inconveniente en firmarles el papelito. ‘Switch’.
Si los ‘verdes’ sintieron la necesidad de dejar esos principios fundamentales por escrito y rubricados para hacer su adhesión a la campaña petrista, es porque no están seguros de que Petro se haya bajado de esas ideas.
Pero así como no me gusta lo que propone Petro, tampoco me gusta como es Petro. El ejemplo más reciente de su personalidad fue cuando esta semana, desesperado por atraer los votos fajardistas, invitó a Sergio Fajardo a “cogobernar” estos cuatro años, a cambio de volver presidente a Fajardo en los siguientes cuatro. Obviamente, Fajardo ni miró semejante propuesta. Sin embargo, deberíamos analizarla con cuidado, porque revela un plan preconcebido para no devolver el poder. El mismo Petro ha dicho en esta campaña que necesita mínimo diez años en el poder para aplicar su programa de gobierno. Pues tuvo la audacia de invitar a Fajardo a ser socio de ese proyecto obsceno de quedarse ocho años cogobernando. Petro se ganaría la presidencia con el apoyo de Fajardo, luego cogobernarían, que no es otra cosa que repartirse la marrana de puestos y contratos, y se quedarían en el poder cuatro años más, hasta el 2026, cuando el presidente sería Fajardo y el cogobernante, Petro.
De manera que por Petro no voto ni por lo que es ni por lo que propone. Y en cuanto a lo que propone, mejor verificar si lo sigue proponiendo. El país no tiene idea de a quién estaría eligiendo: un hombre al que sus aliados tienen que poner a firmar que respetará la Constitución...
Entre tanto... La Unidad Nacional la montó Santos para hacer la paz, a pesar de Uribe. Ahora que apoya a Duque, la llaman maquinaria enmermelada.
La Farc debería aceptar que uno de sus miembros se descarrió.
El Tiempo, 15 de abril de 2018
Asombra que Jesús Santrich o Seuxis Paucivas, o ‘Trichi’, en el mundo de los “televisores”, sea o tan criminal, o tan bruto, o ambas cosas. Porque después de recibir del gobierno Santos una segunda oportunidad sobre la tierra, resuelve tirársela cuadrando un multimillonario negocio ilegal por el que no solo tendrá que pasar prácticamente el resto de su vida en una cárcel de Estados Unidos, sino con el que además traicionó al resto de los desmovilizados de las Farc que no estaban en la jugada.
El palo fue que al Presidente no lo pusieran a recibir el Nobel al tiempo con 'Timochenko'.
1:15 a.m. | 9 de octubre de 2016
La semana comenzó con un Presidente tendido en la lona y termina con uno tremendamente afianzado con el espaldarazo del Nobel. Y al otro lado del ‘ring’, el expresidente Uribe, quien apenas el lunes pasado había amanecido con el prestigio de campeón de elecciones, cerraba opacado por el escándalo del gerente de su campaña, que tiñó de mezquindad las razones del No y, de paso, ‘boleteó’ a unos ricos que no se la van a perdonar.
La impunidad que exhiben desde La Habana le ha quitado al secuestro
la gravedad que debería tener.
1:33 a.m. | 29 de mayo de 2016
Por un momento juro que llegué a creer que a Salud Hernández-Mora le iba a pasar lo mismo que a Rosa Elvira Cely: que el Gobierno la culparía de su propio secuestro por haberse atrevido a viajar al Catatumbo “a hablar con esos señores”; una zona de 4.826 kilómetros de territorio colombiano donde la presencia del Estado es muy frágil, y parece más una república independiente de las Farc, el Eln, el Epl, las bandas criminales y los cultivadores de coca, en medio de tremendas convulsiones sociales.
El Eln ya lo había advertido: no se compromete a dejar de secuestrar, de acuerdo con la exigencia del Gobierno para sentarse a conversar. El secuestro será uno de los puntos por discutir en la agenda de negociación. Como dice el padre De Roux, el Eln insiste en ponerles “condiciones a las condiciones” de la paz.
Lo que me aterra es la demora de la Inteligencia del Estado en confirmar que la emblemática periodista colomboespañola Salud Hernández, y los dos periodistas del RCN que se fueron a recorrer sus pasos, habían sido secuestrados por el Eln. Durante 6 días de incomunicación absoluta, todos temíamos lo peor, menos el Gobierno, que todavía pensaba que el silencio de Salud se debía a que estaba muy concentrada trabajando.
No solo la Bogotá de Petro no ha avanzado un ápice en nada, sino que viene retrocediendo en infraestructura, empleo, movilidad, construcción, el derecho del acceso al agua, y ahora lo hará en aseo.
Así él sostenga tácticamente lo contrario, los bogotanos nos hemos mostrado en extremo tolerantes con el alcalde Petro.
Venimos soslayando sus improvisaciones, sus fracasos, sus contradicciones, sus impuntualidades, su intolerancia, sus reversas, sus rarezas y su extraordinaria ineptitud. Los ciudadanos cargamos un sentimiento de culpa con los reinsertados. Hasta los elegimos para cargos que les quedan grandes. Pero todos queremos que el experimento Petro funcione, no solo por el bien de la ciudad, sino para que la guerrilla aún no desmovilizada vea que tiene un espacio en la institucionalidad para cambiar las cosas. Por eso mismo, las Farc deben estar aterradas con Petro: si él es la muestra que tenemos a mano de lo que un exguerrillero puede hacer cuando llega al poder, ¿cómo esperan las Farc que los colombianos encontremos comprensibles sus protestas armadas contra la ineficacia del Estado, una de las principales banderas de su rebeldía?
También han sido notoriamente mansos ante la catástrofe Petro los medios de comunicación. Eso se debe, en buena parte, a que el Alcalde cuenta con un presupuesto de 80.000 millones anuales, ahora centralizados en la ETB, a manos de un tal Mr. Pizza que puso ahí de gerente, para comprar propaganda. Algunos medios prefieren la pauta a la ciudad. Y después critican a Pacific Rubiales...
Pero ha llegado la hora de enfrentarnos con la verdad. No solo la Bogotá de Petro no ha avanzado un ápice en nada, sino que viene retrocediendo en infraestructura, empleo, movilidad, construcción, el derecho del acceso al agua, y ahora lo hará en aseo.
Petro ha empoderado a un controvertido personajillo que funge de gerente de la Empresa de Acueducto (¿será cierto que hace diabluras con un cuñado de Petro?) como instrumentador del atentado de dejar sin agua a Cundinamarca para forzar la construcción de vivienda en el centro ampliado de la ciudad, como le gusta hacer a Petro las cosas: a las malas, estilo dictador.
Y así como a la ETB Petro la convertirá en central de medios, al Acueducto en recolector de basuras. Si no se les aplica a estos planes otra de las reversas a las que nos tiene acostumbrada esta administración, la ciudad se verá abocada a una emergencia sanitaria que la devolverá a las aciagas épocas en que la basura, manejada por la Edis, no se recogía en Bogotá.
¿Qué sentido tiene que al tiempo en que se aumenta su planta en 122 personas, se le quite a la Uaesp la principal función para la cual se creó, como es la recolección de basuras, para trasladársela al Acueducto, que maneja un servicio absolutamente distinto? El contralor de Bogotá, doctor Diego Ardila, tiene una pista: la Uaesp puede hacer contratación directa hasta por 255 millones de pesos. El Acueducto, que no se rige por la ley 80, puede en cambio hacer contratación a dedo por valor de miles de millones. ¿Eso les dice algo? Y si la compra directa de los camiones de la nueva Edis por parte del Acueducto se llega a enredar por la premura, Petro ya ha salido a dar una orden conocida: "exprópiese". Se expropiarán los camiones de basura de los contratistas privados, porque dizque son de la ciudad. No porque lo diga la ley, sino porque lo dice Petro. Ya la Procuraduría ha salido a advertir que estos planes son ilegales, y el Contralor de la ciudad viene solicitando, infructuosamente, que le muestren los estudios ante esta absoluta falta de planeación.
Y todavía no hemos dimensionado la catástrofe de la caída de la construcción de vivienda en Bogotá. Como se me acabó el espacio, les quedo debiendo esta explicación para la semana entrante. Y otra igualmente delicada: la de cómo la decisión de Petro de rebajar las tarifas del TransMilenio, que era para los pobres, terminó enriqueciendo más a los ricos operadores de los buses. Aguántense hasta el domingo entrante, porque sé que suena inverosímil.
El alcalde Gustavo Petro no ha sido capaz de canalizar el regalo de 8.000 viviendas gratis de la Nación a Bogotá.
El alcalde Gustavo Petro no ha sido capaz de canalizar el regalo de 8.000 viviendas gratis de la Nación a Bogotá. Tampoco el registro de Familias en Acción para el año entrante, que cobija con salud y educación a los más desamparados de la ciudad.
No son sus únicos actos de pésima gerencia. En agosto de este año, Petro rebajó las tarifas de TransMilenio en horas valle. Uno, para que los pobres paguen menos. Dos, para disminuir la presión sobre las horas pico. Al final, todo probó ser otro de sus populismos sofísticos.
La demanda en horas pico solo cedió de manera mínima, en 0,6 por ciento. Pero, en cambio, en horas valle, ante tarifas más baratas, aumentó en 9,7 por ciento. O sea, atrajo a 6.782 usuarios nuevos. Así, Petro puso a la ciudad a enriquecer más a los operadores de TransMilenio, pero empobreciendo sus propias arcas, como lo comprueba una sencilla operación matemática.
A los buses que antes estaban guardados en las horas valle tocó sacarlos del garaje para atender la nueva demanda de pasajeros. Por lo cual, mientras en mayo, 545 buses recorrían 339.405 kilómetros mensuales, en septiembre, 758 buses recorrieron 364.351 kilómetros. Es decir, 24.946 kilómetros más. Teniendo en cuenta que la ciudad les paga a los operadores por kilómetro recorrido, eso nos está costando 9.000 millones de pesos extras al mes. En un año nos costará 108.000 millones. O sea que a Bogotá la generosa rebaja de las tarifas de Petro le vale 16 millones pasajero-año. Lo cual es equivalente a que el Alcalde le regalara a cada uno de esos usuarios de TransMilenio en hora valle un Chevrolet Spark cero kilómetros.
¿Y dónde está la prueba de que quienes están aprovechando los recortes de las horas valle son las personas más pobres de la ciudad? Es una rebaja indiscriminada. No se dirige hacia los sectores más deprimidos, ni a los estratos socioeconómicos más bajos. Desde el punto de vista populista es tan inaudita, que la rebaja alcanza hasta para que Petro les esté regalando plata, vía tarifas, a los menos pobres. Reto a que el nuevo gerente de TransMilenio me rectifique.
A ese desastre súmese el boquete que ha abierto Petro en los índices de empleo de la ciudad con la caída en la construcción, en el último trimestre, de entre un 25 y un 34 por ciento. No se están iniciando nuevos proyectos porque Petro no les da agua. Tampoco hay seguridad jurídica: en el nuevo plan de ordenamiento territorial se obliga a los constructores a transferir el primer año el 25 por ciento del valor del proyecto a la construcción de vivienda de uso prioritario en el mismo sitio o, en su defecto, en el centro ampliado. ¿Será realista que se construya vivienda prioritaria al lado de un edificio nuevo en la 90 con 14? Como consecuencia, la vivienda en Bogotá se ha encarecido en cerca del 15 por ciento mientras la mayoría de las empresas constructoras capitalinas tradicionales, enloquecidas, se están trasteando a otras ciudades del país. Con la parálisis en la construcción, en nombre de Gustavo Petro ya se han perdido 40.000 empleos en Bogotá. Y algo más: lo que hace menos pobres a los pobres no es que vivan al lado del rico (¿cuántos niños del barrio Juan XXIII, que está al lado del colegio Nueva Granada de Bogotá, sueñan siquiera con entrar algún día a la Universidad Nacional?), sino que tengan igualdad de acceso a las oportunidades de los ricos, estilo vivienda con servicios públicos. Eso tampoco está pasando en el centro. El Acueducto, ahora ocupado en recoger las basuras, se arriesga a descapitalizarse. Y no se ve renovación en la red de acueducto y alcantarillado más antigua de la ciudad. ¿Habrá llegado la hora de aceptar la posibilidad de que no solo Gustavo Petro es menos inteligente de lo que creíamos, sino, lo que es más grave, mucho menos de lo que él mismo cree?
HABÍA UNA VEZ... Al echar para atrás la prohibición de los toros, la Corte Constitucional acaba de confirmar el despotismo de Gustavo Petro.