Mostrando entradas con la etiqueta Rosa Mora. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rosa Mora. Mostrar todas las entradas

jueves, 6 de agosto de 2020

Rosa Mora / García Márquez, en sus palabras

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ


García Márquez, en sus palabras

Un repaso a los momentos más destacados de 'Vivir para contarla', el libro de memorias que el Nobel colombiano publicó en 2002


ROSA MORA
17 ABR 2014 - 22:24 CET

Fotografía del año 1928, del archivo familiar de Margarita Márquez Caballero en la que se observa al escritor colombiano Gabriel García Márquez a la edad de un año. / EFE
A Gabriel García Márquez le faltaba un mes para cumplir los 23 años y vivía en Barranquilla, donde colaboraba en el diario El Heraldo, cuando su madre, Luisa Santiaga Márquez, le pidió que la acompañara a Aracataca para vender la casa de sus padres, el coronel Nicolás Márquez, y Tranquilina Iguarán. Gabo o Gabito, como le llamaban familia y amigos, no tenía ni un centavo. Le pidió a su admirado Ramón Vinyes, “el viejo maestro y librero catalán”, que le prestara 10 pesos. Solo tenía seis y se los dio. Cuando se los devolvió, el viejo maestro se emocionó.
“Luisa Santiaga tenía 45 años. Sumando sus once partos, había pasado casi diez años encinta”, cuenta García Márquez en sus memorias, Vivir para contarla(Mondadori, 2002).
La única manera de llegar a Aracataca desde Barranquilla “era una destartalada lancha a motor por un caño excavado a brazo de esclavo…”, luego, un tren fantasmal. “Hizo una parada en una estación sin pueblo, y poco después pasó frente a la única finca bananera del camino que tenía el nombre escrito en el portal: Macondo”.
La familia había llegado a Aracataca 17 años antes del nacimiento de Gabo, “cuando empezaban las trapisondas de la United Fruit Company para hacerse con el monopolio del banano”. El abuelo había huido de Barrancas perseguido por el remordimiento: había matado a un hombre en un lance de honor. “Fue el primer caso de la vida real que me revolvió los instintos de escritor y aún no he podido conjurarlos. Desde que tuve uso de razón me di cuenta de la magnitud del peso que aquel drama tenía en nuestra casa, pero los pormenores se mantenían en la bruma”.

El abuelo le regaló un diccionario de niño que leía como una novela
Allí, en la casa de Aracataca, nació el primero de siete varones y cuatro mujeres, el domingo 6 de marzo de 1927. “Debí llamarme Olegario, que era el santo del día, pero nadie tuvo a mano el santoral”. Así que le pusieron de urgencia el primer nombre de su padre (Gabriel Eligio). Durante mucho tiempo se creyó que había nacido el 6 de marzo de 1928 y se dijo que había elegido esa fecha porque en ese día ocurrió la terrible matanza de bananeros. “La única discrepancia entre los recuerdos de todos fue el número de muertos”. ¿Tres o 3.000? “Tantas versiones encontradas han sido la causa de mis recuerdos falsos”. “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo recuerda para contarla mañana”.
Gabo aclara en sus memorias que falsificó la fecha de su nacimiento para eludir el servicio militar.
En esa época, se debatía entre el deseo de sus padres de que estudiara una carrera académica, el periodismo que, en principio, le atraía de una manera empírica y, sobre todo, su voluntad de ser escritor. Empezó a dibujar tiras cómicas antes de aprender a leer, pero cuando el abuelo Márquez le regaló un diccionario le despertó tal curiosidad que lo leía como una novela. Estudio bachillerato completo y dos años y unos meses de derecho. “Desde mis comienzos en el colegio gané fama de poeta, primero por la facilidad con que aprendía de memoria y recitaba a voz en cuello los poemas clásicos y románticos españoles”. Siempre colaboró en las revistas estudiantiles de los diferentes colegios por los que pasó.
En el Liceo de Zipaquirá, le aconsejaron que se cortara sus bucles de poeta, impropios de un hombre serio, que se modelara el bigote de cepillo y que dejara de usar camisas de pájaros y flores. Lo hizo años después. Devoraba libros, los primeros, como El Conde Montecristo oLa isla del tesoro los sacaba de la biblioteca escolar. Luego los que les prestaron sus amigos: Borges, Graham Greene, Aldous Huxley, Chesterton, William Irish, Katherine Mansfield, Faulkner... Se le atragantaron Ulises y El Quijote, los leyó muy joven, y luego los recuperó. La metamorfosis, de Kafka, le reveló un camino nuevo.
“La verdad, sin adornos, era que me faltaban la voluntad, la vocación, el orden, la plata y la ortografía para embarcarme en una carrera académica”. La ortografía fue su calvario: “Me costó mucho aprender a leer. No me parecía lógico que la letra m se llamara eme, y sin embargo con la vocal siguiente no se dijera emea sino ma. Me era imposible leer así”. Recuerda en sus memorias el bochorno que sintió cuando en el Liceo de Zipaquirá escribió exhuberante o cuando su madre le devolvía las cartas con la ortografía corregida, incluso cuando ya era reconocido como escritor. Dice que sus benévolos correctores creían que se trataba de erratas.
Esta lucha le duró toda la vida. Muchos años después, en el I Congreso de la Lengua Española, en Zacatecas (México) pasmó a los asistentes con su combativa propuesta: “Jubilemos la ortografía: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y la jota y pongamos más uso de razón en los acentos escritos”.
Empezó a fumar a los 15 años y llegó a las cuatro cajetillas diarias hasta que con el paso del tiempo, un médico en Barcelona le examinó los pulmones y le dijo que en dos o tres años no podría respirar. Lo dejó sin ansiedad, al momento.
Gabo se confiesa en Vivir para contarla, tímido, con miedo a la noche y la oscuridad, porque es cuando “se materializan todas las fantasías”. Tenía pavor al teléfono y al avión. Tanto así, que cuando tuvo que volar a Medellín para hacer un reportaje, le acompañó su amigo Álvaro Mutis.

En Zipaquirá le aconsejaron que se cortara sus bucles de poeta
Tomás Eloy Martínez escribió en este diario que García Márquez debía haber titulado sus memorias Vivir para gozarla. Pasó muchas penurias, se alojó en pensiones de tres al cuarto, tuvo que empeñar la máquina de escribir que le habían regalado sus padres, pero todo en él transpiraba energía, alegría caribeña, entusiasmo, humor y pasión. Descubrió el sexo con apenas 13 años, fue como una explosión. Su padre, que tenía una botica homeopática, le envió a cobrar una factura en un burdel y una prostituta le hizo hombre sin cobrarle. Sus amores con Martina Fonseca, que le enseñó a apañárselas con la escuela y con la vida, o María Alejandrina o Nigromanta.
Conoció al amor de su vida, Mercedes Barcha, en un baile en Sucre organizado por Cayetano Gentile, vestida de organza. Casi en seguida le propuso casarse, pero ella le respondió: “Dice mi padre que aún no ha nacido el príncipe que se casará conmigo”, pero ese príncipe fue Gabo.
Gentil es el Santiago Nasar de Crónica de una muerte anunciada. Cuando escribió la novela, su madre, Luisa Santiaga Márquez, le pidió que si tenía que escribir sobre él lo hiciera como si fuera su propio hijo. Le hizo caso.
La música fue otra de sus pasiones, como el cine. “Mi urgencia de cantar para sentirme vivo me la infundieron los tangos de Carlos Gardel”. En otra ocasión, cogió las maracas de un conjunto tropical y pasó más de una hora tocándolas y cantando boleros. Mutis le enseñó a escuchar música sin prejuicios y él aprendió a escribir con un fondo musical.
El viaje con su madre a Aracataca fue decisivo. “El modelo de epopeya como la que yo soñaba no podía ser otro que el de mi propia familia, que nunca fue protagonista y ni siquiera víctima de algo, sino testigo inútil y víctima de todo”. Saqueó los recuerdos de su familia. La huida de los abuelos de Barrancas. La historia de sus padres, Luisa Santiaga Márquez y Gabriel Eligio. “Esos amores contrariados fue otros de los asombros de mi juventud. De tanto oírla contada por mis padres, juntos y separados, la tenía casi completa cuando escribí La hojarasca”. La matanza de los bananeros en Aracataca. El asesinato en Bogotá de Jorge Eliécer Gaitán, candidato a la presidencia, el 9 de abril de 1948, que el escritor vivió en directo. El saldo asolador del conservadurismo en el poder. Los liberales acosados. Todo esto está en las novelas de Gabriel García Márquez.
En un artículo, La casa de los Buendía. Apuntes para una novela, escrito para una revista colombiana, explicó cómo decidió escribir Cien años de soledad: “Como lo que me contaba mi abuela”.



miércoles, 4 de octubre de 2017

Michael Connelly / La caja negra


Michael Connelly
LA CAJA NEGRA

“La idea de que me presentara fue de mi editor. Me dio un masaje de ego”

Michael Connelly responde a la polémica del premio RBA y revela que tardó 20 años en escribirla

La novela, 'La caja negra', parte de las protestas racistas de Los Angeles en 1992



Michael Connelly. / CARLES RIBAS
El escritor norteamericano Michael Connelly (Filadelfia, 1956) trabajaba como reportero de sucesos cuando se produjeron las revueltas racistas en Los Angeles en 1992. “Había tratado el tema fragmentariamente en otras cuatro novelas, pero La caja negra es la primera en la que hablo temáticamente de mi experiencia personal. Una noche me vi rodeado por una multitud furiosa, que me quería matar. Una persona desconocida logró abrirse paso y me sacó de aquella situación. Llevaba 15 años en la profesión y nunca antes había temido por mi vida”.
Con La caja negra ha ganado el VI Premio de Novela Negra RBA dotado con 125.000 euros. Su investigador Harry Bosch era policía en Los Ángeles en aquella época terrible. En medio de los altercados se produjo el asesinato de una joven fotógrafa. Bosch apenas pudo dedicarle media hora al caso y no fue resuelto. Veinte años después, el detective vuelve a investigarlo y, gracias a las nuevas tecnologías, relaciona una bala empleada en un crimen reciente con el asesinato de la joven. “Me encanta jugar con las nuevas tecnologías en todos los campos. Harry Bosch, que está chapado a la antigua y es incapaz de programar su móvil, comprende que usar estas herramientas de progreso le ayudan a cumplir su objetivo: erradicar el mal del mundo”.

jueves, 3 de agosto de 2017

La rebeldía y el enorme legado de Juan Benet


Los discípulos de Juan Benet celebran la rebeldía y el enorme legado literario del escritor

500 personas se reúnen en Madrid para rendir homenaje al autor de 'Volverás a Región'


ROSA MORA
Madrid
24 FEB 1993

"Estamos viviendo un mal sueño" dijo ayer Javier Marías. El pasado 23 de noviembre, escritores, editores y políticos se reunían en el Círculo de Bellas Artes de Madrid para rendir homenaje a Juan Garcia Hortelano, fallecido el 3 de abril de 1992. Justo tres meses después, ayer, escritores, editores y políticos volvieron a reunirse para homenajear a Juan Benet, fallecido el 5 de enero de 1993. Nadie pudo ocultar la emoción, pero la tristeza dio paso a la celebración. Los discipulos de Benet tomaron la palabra para recrear su controvertida personalidad: rebelde, inconformista, generoso, buraño, comediante. Destacaron, sobre todo, su enorme legado literario. "Juan Benet renovó el lenguaje literario español" dijo Eduardo Mendoza.

sábado, 8 de julio de 2017

Corín Tellado / "Tengo una universidad de 48 años de trabajo"

Corín Tellado

Corín Tellado

"Tengo una universidad de 48 años de trabajo"

 "El deporte nacional es la envidia. Nosotros, los españoles, somos muy envidiosos. En otros sitios, a quien tiene mérito se lo dan. A mí nunca me han dado nada. Ahora ya me importa un pito."


ROSA MORA

19 AGO 1994


María del Socorro Amalia Tellado decidió a los 17 años, cuando escribió su primera novela, que, como era demasiado tímida, aprendería a ser agresiva. "A poner cara de perro". Corín (si alguien se atreve a llamarla Socorro pone su cara más feroz) es un torbellino de energía, una mujer contradictoria y compleja. Jamás ha leído una novela de amor, pero ha escrito 5.000, y asegura que nunca ha repetido tema y que nunca se ha enamorado. Le apasiona la política. A sus 68 años sigue siendo una luchadora tenaz. Lo único que quiere es que se la trate a ella y a sus libros ("ya sé que es literatura de evasión y no pretendo otra cosa") con dignidad y respeto. Ahora batalla contra su enfermedad (tres veces por semana va a diálisis), que le ha cambiado sus hábitos de siempre: conducir 0 teclear ella misma sus novelas. Pero ha aprendido a dictar y trabaja con su nuera. Sigue adelante,, como siempre, contra viento y marea. 

sábado, 11 de febrero de 2017

Andrea Camilleri / Un escritor del sur

Andrea Camilleri
Poster de T.A.

Andrea Camilleri

Un escritor del sur


Un personaje de Leonardo Sciascia se preguntaba cómo se puede ser siciliano. El escritor no daba respuesta. Andrea Camilleri, profundamente siciliano como Sciascia como Luigi Pirandello, de quien ha escrito una exclente biografía, sí la tiene: sólo se puede ser sicialiano con mucha ironía. Y esta ironía se refleja en su obra, sobre todo en la serie protagonizada por el comisario Salvo Montalbano.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Carmen Balcells / Generosa y terrorista



Carmen Balcells

Generosa y terrorista

ROSA MORA 4 MAY 2000


Es una de las mujeres que menos habla (en público) y sobre la que más se habla, mal que le pese. El diario francés Le Monde ha escrito de ella: "Es astuta como una campesina, generosa como una madre de familia, dispuesta a defender a sus autores a base sobre todo de intuición". Tiene una formidable nariz que le ha hecho tener en cartera no sólo a casi todo el boom literario latinoamericano sino también a cuatro premios Nobel de literatura: Pablo Neruda, Gabriel García Márquez, Vicente Aleixandre y Camilo José Cela. La prestigiosa publicación especializada Publishers Weekly ha dicho que "es apasionadamente admirada u odiada, respetada o temida". Rosa Montero asegura que la hace "sentir Marilyn Monroe".Discreta, apasionada y contradictoria, dura como el diamante, llega a las lágrimas fácilmente. Algunas editoriales la han acusado de ser una terrorista editorial: afirman que las sumas escandalosas que suele pedir como anticipos hacen tambalear sus cimientos económicos. Para Carmen, los adelantos nunca son inimaginables ni astronómicos. "Me di cuenta del desnivel entre la capacidad de creación y su valoración en el mercado de trabajo en cuanto a retribuciones económicas", dijo en cierta ocasión.
Se ríe con humor cuando la llaman terrorista. Lo suyo, explicó hace más de 20 años, es promover la publicación de aquellos autores que, a su juicio, tienen valía literaria y controlar que las ediciones se hagan en condiciones mínimas de garantías para las obras de creación. Sabe que vende el producto más delicado de la Tierra: las palabras. "Me siento absolutamente solidaria con el autor". Fue la primera en introducir la cláusula de cesión por tiempo limitado de los derechos de un libro (generalmente cinco años). También ha sido la pionera en España en contemplar en un mismo contrato los derechos electrónicos, cosa que ya hizo antes con el cine o la televisión. Ha dedicado un montón de años a una lucha feroz para rescatar derechos cautivos con los que se había hecho alguna editorial para poder administrarlos casi de por vida: Juan Benet, Ana María Matute, Camilo José Cela, James Joyce o William Faulkner son algunos ejemplos.

viernes, 2 de mayo de 2014

P.D. James / La muerte llega a Pemberley

P.D. James
según David Levine


P. D. James lleva el asesinato en la continuación de ‘Orgullo y Prejuicio’, de Jane Austen


La nueva novela de la escritora británica se adapta al estilo de Austen

El resultado de 'La muerte llega a Pemberley' es una mezcla muy interesante

ROSA MORA Barcelona 8 MAY 2012 - 18:43 CET




P. D. James, la gran dama del crimen británica, cumplirá 92 años el próximo agosto. La última novela protagonizada por su detective poeta, el comandante Adam Dalgliesh, Muerte en la clínica privada, apareció en 2008 (en España el año siguiente). Desde entonces, nada. Excepto el ensayo Todo lo que sé sobre novela negra. Ahora, nos obsequia con una novela insólita y genial, La muerte llega a Pemberley (Bruguera), en la que retoma Orgullo y prejuicio en el punto en que la acabó Jane Austen.
“Debo una disculpa a la sombra de Jane Austen por implicar a su querida Elizabeth en la trama de una investigación por asesinato”, afirma la escritora en una nota introductoria. Estamos en Pemberley en 1803. Hace seis años que Elizabeth Bennet y Darcy se casaron. Tienen dos hijos y preparan el baile de otoño. La felicidad es absoluta. Pero el día antes de la fiesta, se presenta, sin ser invitada, Lydia, la díscola hermana menor de Elizabeth, la que se fugó (en Orgullo y Prejuicio) cuando tenía 16 años con el apuesto teniente George Wickham. Histérica, llora y grita que han asesinado a su marido en el bosque de Pemberley.
Elizabeth y Darcy sienten que un peligro inexorable amenaza su vida y su hacienda. Afloran todos los secretos, vuelven las dudas. James es una maestra en mostrar cómo un asesinato perturba las vidas del entorno de la víctima.
La escritora se adapta perfectamente al estilo y lenguaje de Austen, a su ironía, a su sabia descripción de cotidianeidad de una burguesía agraria y añade su pasión por el misterio y por el suspense y sus agudas observaciones. El resultado es una mezcla muy interesante.

martes, 4 de marzo de 2014

Ana María Moix según Rosa Mora

Barcelona, 05/03/2001. Reunión de los "novísimos". De izquierda a derecha: Pere Gimferrer, Guillermo Carnero, Ana María Moix, Vicente Molina Foix, Félix de Azúa, José María Álvarez, Manuel Vázquez Montalbán, Castellet (detrás de Montalbán) y Antonio Martínez-Sarrión.
Foto de Joan Sánchez

Ana María Moix, 

tímida, valiente, sabia y generosa

Por Rosa Mora
El País, 1 de marzo de 2014

Su furia era entrañable, que esa mujer tan pequeña y aparentemente frágil fuera capaz de repartir mamporros éticos, emocionaba


Febrero de 1970. Ana María junto a Ester Tusquets y Ana María Matute. / CESAR MALET
Hay recuerdos imborrables. Como el del 3 de abril de 2003. A primerísima hora de la mañana, Ana María nos llamó a algunos de sus amigos. En la madrugada había muerto Terenci. Estaba preocupadísima porque se cumplieran sus últimas voluntades. No eran fáciles: quería que el velatorio y la ceremonia laica se celebraran en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona y quería, además, que no asistieran a las honras fúnebres ningún representante de del PP ni de CiU. “Maragall y Clos serán bienvenidos, pero, por favor que no venga nadie de la derecha”, dijo entre lágrimas Ana María. Ella se cuidó de que todo funcionara al gusto de su hermano. Tenía esa mezcla de timidez y valentía que la hacían tan querida.
Lúcida, inteligente, generosa, sabia, conocedora de la gran literatura, comprometida con sus ideas, Ana María Moix (Barcelona, 1947) dejó de fumar, y le gustaban mucho los cigarrillos de liar, en cuanto supo que tenía cáncer. No fue fácil. Tampoco lo fue su vida. La muerte de su hermano Miguel a los 18 años, que nació con espina bífida, fue el primer gran golpe. Ella tenía 15 años y lo vivió como un auténtico calvario. La muerte de Terenci la hundió en la desolación, aunque siempre tuvo a su lado su gente, como Rosa, su compañera, y los hijos de ésta, que la cuidaron y mimaron
Fue la baby de la Gauche Divine. Escribió un libro estupendo, 24 horas con la Gauche Divine, un retrato irónico, despiadado, con mucho humor, de aquella Barcelona de los años setenta y de aquellos hombres y mujeres tan inteligentes y brillantes. Terenci la llamaba la Nena y así fue conocida también entre los divinos, mucho mayores que ella. Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, Beatriz de Moura, Oriol Bohigas, Jorge Herralde , Pere Gimferrer, Manuel Vázquez Montalbán, Ana María Matute, Esther Tusquets, entre otros muchos, fueron sus amigos.
Josep Maria Castellet la incluyó, única mujer, en su antología Nueve novísimos poetas españoles, junto a Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Vicente Molina Foix, Guillermo Carnero o Leopoldo María Panero, entre otros. Eso fue en 1970. El año en que publicó su primera novela, Julia, deslumbrante, sobre una chica que se niega a crecer en constante lucha con la niña que fue y al mismo un retrato impresionante de la Barcelona de los años sesenta.

Fue la baby de la Gauche Divine.  Terenci la llamaba la Nena y así fue conocida también entre losdivinos, mucho mayores que ella.
Entre 1969 y 1973, Ana, la de los largos silencios, publicó tres poemarios, Baladas del Dulce JimCall me Stone y No time for flowers; dos novelas; el libro de relatos Ese chico pelirrojo al que veo cada día, que representan la ternura, la perversidad, la desdicha, el humor, la crueldad y la ironía. O Walter, ¿por qué te fuiste? Otro retrato de Barcelona, innovadora, sobre la homosexualidad y los conflictos derivados de una educación religiosa que insistía en el pecado ya la culpa.
Pasaron muchos años hasta que llegó De mi vida real nada sé, 10 relatos que muestran su universo literario más íntimo o Vals negro, con la que ganó el Premio Ciudad de Barcelona, sobre el mito de Sissi, la última emperatriz de Austria Hungría, en torno a la que recrea entre la ficción y la realidad la decadencia del Imperio Austro Húngaro. Otro libro de relatos, Las virtudes peligrosas, premio Ciudad de Barcelona, lleno de ironía y melancolía, que contempla el pasado con dulzura y el presente, con terror. También escribió cuentos infantiles, ensayos, colaboró en diferentes periódicos y tradujo a autores como Samuel Beckett, Margarite Duras, François Sagan, Amélie Nothomb, entre otros. Desempeñó tareas editoriales, le gustaba.
Su padre quería que estudiara Farmacia, pero ella prefirió Filosofía y Letras. Le gustaba el cine casi tanto como a su hermano. A diferencia de Terenci, ella se implicó mucho en política, la suya. “Yo no estoy en ningún partido ni nunca he firmado nada. En las primeras elecciones no quise votar porque eso de la monarquía no lo veía claro, pero en las últimas he votado PSOE. No quiero dar ni la más mínima oportunidad de que gane la derecha”, afirmó en 1994.
En 2011 publicó Manifiesto personal, un libro furioso, a ratos nostálgico, pesimista y apocalíptico sobre la actualidad a partir de lo más cotidiano. “Es la situación la que es apocalíptica”, dijo a este diario. “Estamos en guerra, en la III Guerra Mundial. Es la guerra de los financieros y los especuladores y de sus portavoces contra el resto del mundo. No es una guerra de sangre, pero el capitalismo fascista se apodera de todo. Quién consumirá para que el capitalismo siga creando capital?Manifiesto personal aborda todos los espectros de la sociedad, con testimonios de amigos, vecinos, familiares y expertos con algunos retazos de su propia autobiografía.
La furia de Ana María era entrañable, que esa mujer tan pequeña y aparentemente frágil fuera capaz de repartir mamporros éticos, emocionaba. En este diario lanzó una diatriba cuando se anunció que la jubilación se retrasaría hasta los 70 años, afirmó que muy bien, estupendo, sobre todo si teníamos la suerte de tener trabajo a esa edad o a cualquiera.
Era más guerrera de lo que aparentaba. Otro recuerdo imborrable: estuvo, con Esther Tusquets, su gran amiga, en la despedida de Felipe González de La Moncloa, cuando ganó las elecciones el Partido Popular. “Votaré a los socialistas aunque sea con la nariz tapada”, solía decir.
Para Ana, la literatura era tanto leer como escribir. ¿Qué libro has leído?, preguntaba siempre. Sus consejos siempre eran certeros.
Cuando no pudo asistir a la entrega de los últimos Premios Terenci Moix, sus amigos temieron lo peor. Cuidar del legado de su hermano fue uno de sus objetivos. Otra de sus cualidades fue la discreción. Por ejemplo, no dijo públicamente que había heredado la biblioteca de Jaime Gil de Biedma. Ella y Joaquina, la mujer de Juan Marsé, cuidaron del poeta en su etapa final.
Reconocía que era un poco vaga. Quizá por eso se puso un horario en la Agencia Carme Balcells, que la representaba, para escribir sus memorias. “Si las escribo”, anticipó a este diario en 2011 serán post mortem, porque no me callaré nada”.
Ana María Moix ha muerto demasiado pronto. La vida le debía más. Le debía poder continuar con sus memorias, seguir con su estupenda familia, con sus amigos, hablando de libros, recomendando libros.



martes, 24 de julio de 2012

Esther Tusquets, ante su último mar

Esther Tusquets


Esther Tusquets, ante su último mar

Sobria despedida a la editora y escritora en Cadaqués


Rosa Mora
Cadaqués, 24 de julio de 2012

El primer mar del que se enamoró la editora y escritora Esther Tusquets fue el de Platja d'Aro, donde pasó buena parte de su infancia. De aquel Mediterráneo nació su primera novela, El mismo mar de todos los veranos; más tarde la conquistó Cadaqués, donde su hermano, el arquitecto y diseñador Oscar Tusquets, construyó un grupo de casas. Éste tenía una barca tipo mallorquina que disfrutaba muchísimo. La barca, el mar, los amigos, las perras, las partidas de cartas... Por eso decidió que su último refugio sería Cadaquès. Y en su bellísimo cementerio con vistas a Port Lligat y al Cap de Creus fue enterrada ayer, tras fallecer el lunes en Barcelona a los 75 años.
 Muchos amigos y familiares acudieron con el corazón entristecido y casi todos salieron desolados. El coche fúnebre llegó antes que los familiares; hubo que esperar media hora para enterrarla. El sencillo ataud de madera fue introducido en el nicho 61. No hubo ceremonia de ningún tipo, ni poemas ni parlamentos: no se pronunció ni una palabra. El silencio expectante de los asistentes solo fue roto por un “¡Hóstia!” que se le escapó al operario que sellaba el nicho.
Además de sus hijos, Milena y Néstor, acudieron autores como Ana María Moix (gran amiga de Esther), Marta Pesarrodona y Núria Amat. Editores como Andreu Jaume, de Lumen (que Esther dirigió 40 años), Jorge Herralde y Lali Gubern y Rafael Soriano; la agente literaria Mercedes Casanova, el fotógrafo Leopoldo Pomés, y Miguel y Mari Paz Visor, distribuidores y libreros de Madrid, entre otros. Destacaba la presencia de la perra Patum, la última que tuvo Esther. Estaba triste, pero su nuevo dueño, Enric, exmarido de Milena, la cuidó solícito.
Oscar Tusquets no llegó a tiempo: avisó de que había sufrido una avería en su coche. El último libro de Esther, escrito a cuatro manos con él, Tiempos que fueron, es un maravilloso ajuste de cuentas con sus respectivas memorias y muestra del cariño que se tenían.
Ayer no hubo palabras, pero quedará para siempre todas las que escribió y publicó Esther, mujer valiente sin pelos en la lengua, capaz de ponerse el mundo por montera cuando convenía.

lunes, 30 de abril de 2012

Carme Riera / Académica de la Lengua

Carme Riera


Carme Riera 

ACADÉMICA DE LA LENGUA


“Lo que no te da la vida te lo dan los libros, sobre todo si los escribes”

La nueva académica está un poco harta de que le pregunten por la cuota femenina

Tras ser propuesta, envió su currículo, libros y una carta formal a los académicos

"En ella, les decía que soy traficante de palabras, porque es lo que soy en realidad"




Carme Riera, escritora, filóloga y académica de la RAE / CARLES RIBAS

Pere Gimferrer la llamó a las siete de la mañana. "Te hemos propuesto para la Academia". Carme Riera (Palma de Mallorca, 1948) se quedó estupefacta, por la hora y por el anuncio. "Me habían comentado hacía años si me gustaría entrar en la Real Academia. 'Claro', contesté. No se volvió a hablar más y de repente me llama Pere".
Confiesa que pasó muchos nervios antes de la votación. Por una parte, ya estaba pensando en el tema del discurso y por otra se repetía si-llón,no-llón. Le hacía mucha ilusión y también temía lo peor. Por fin, el 19 de abril fue elegida para ocupar el sillón n. "Entrar en la Academia es el reconocimiento a toda una vida de trabajo y una satisfacción personal por haber sido propuesta por tres personas a las que admiro mucho, Carmen Iglesias, Pere Gimferrer y Álvaro Pombo. Imagino que pensaron en mí porque soy filóloga, porque hago edición de textos, por mi experiencia como profesora, en la narrativa y en el ensayo, o sea como muchos colegas. Lo único que no pienso aportar es un toque femenino".

En la carta a la Academia puse que soy una traficante de palabras
La nueva académica está un poco harta de que le pregunten por la cuota femenina. Tras ser propuesta, envió su currículo, libros y una carta formal a los académicos. "En ella, les decía que soy traficante de palabras, porque es lo que soy en realidad". Riera pensó en esos días de nervios en un posible discurso de ingreso. "Le di vueltas a la idea de escribir sobre alguna de las mujeres que tanto han aportado a la lengua, como María Moliner, Rosalía de Castro o Emilia Pardo Bazán, pero los académicos me dijeron que no, que preferían un discurso de creadora. Esto me hace muy feliz, porque me da mucha más libertad. Trabajaré a partir de ahí".

Carme Riera

Carme Riera es doctora en Filología Hispánica y catedrática de Literatura Española en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Está muy preocupada por el escaso interés de sus alumnos en la lectura. "Estuve en la comida del Premio Cervantes que presidió el Príncipe de Asturias. Citó un comentario de Nicanor Parra de la primera página de El Quijote: En un lugar de la Mancha es un octosílabo y de cuyo nombre no quiero acordarme es un endecasílabo. Se me ocurrió hablar de esa primera página en mi clase de comentario de textos. Pregunté si sabían el nombre del premio Cervantes. Silencio. Dije Nicanor. Silencio. Mencioné a Violeta Parra y ni parra ni olivos. Ni siquiera leen periódicos. Martín de Riquer les preguntaba a sus alumnos si habían leído El Quijote. Cuando le decían que no, respondía siempre: 'Estupendo. Así podrá disfrutarlo ahora'. Pero ni por esas". No tolera faltas de redacción ni de ortografía. "Los alumnos están advertidos en la web de la universidad y al principio del curso. Las faltas bajan puntos".
La escritora maneja de manera envidiable el catalán, la variante mallorquina (cuando la habla deprisa no puedes seguirla) y el castellano. En su vida y en su obra. Escribe en catalán o en mallorquín novelas y relatos y en español, ensayo. "Yo misma escribo las versiones en castellano de mis novelas. No traduzco, hago versiones diferentes que me sirven también para corregir los textos en catalán. Catalán y castellano son dos lenguas vecinas y primas hermanas, pero a veces una sola palabra del título cambia el sentido". De su primer libro, Te deix amor, la mar com a penyora, de relatos, le gustaba el título poético en mallorquín, pero no su traducción al castellano. "Penyora significa prenda, que no suena igual". Así que lo tituló Palabra de mujer. Las versiones y el cambio de título despista a más de uno. "Los hispanistas se vuelven locos conmigo".

Yo no traduzco mis libros al castellano. Hago versiones distintas
Ha hecho incursiones en todos los géneros. Infantil y juvenil, erótico, histórico, policiaco... Con cada uno se plantea un reto. El último, Naturaleza casi muerta, una novela negra. "Había leído a Agatha Christie, Simenon y Alicia Giménez Bartlett, pero nada más. Así que me pasé leyendo dos años para aprender: Donna Leon, Mankell, Camilleri, Fred Vargas, Andreu Martín, Lorenzo Silva, Teresa Solana... Me aficioné y descubrí los trucos".
Riera es infatigable. Ha empezado a escribir unos Diaris d'infància. "Solo puedo escribirlos en mallorquín. Se los debo a mi abuela que tanto me enseñó. Se publicarán en mallorquín o no se publicarán". Para la académica "escribir es una alternativa a la realidad". "Lo que no te da la vida te los dan los libros, sobre todo si los escribes. Vives y piensas en dos vidas, la tuya y la del libro".