Mostrando entradas con la etiqueta Orhan Pamuk. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Orhan Pamuk. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de marzo de 2023

Las mejores novelas internacionales de 2022 / El regreso de los grandes maestros

Cormac McCarthy


Las mejores novelas internacionales de 2022: el regreso de los grandes maestros


 

19 de diciembre de 2022


Tras unos años en los que se multiplicaron los nuevos autores, 2022 ha supuesto el regreso de grandes maestros de la ficción internacional (Cormac McCarthy, Alice Munro, Orhan Pamuk, Joyce Carol Oates, J. M. Coetzee) así como la reivindicación de autores casi olvidados (Fran Ross, Dorothy Allison, John Fante, Isaac Bashevis Singer), con un fogonazo de actualidad (Delphine de Vigan).

1. El pasajero

Cormac McCarthy
Random House

Cormac Mc Carthy. Foto: Beowulf Sheehan

Tras quince años de ausencia, Cormac McCarthy (Providence, 1933) regresa a la novela a lo grande con El pasajero, un relato sobrio sobre unos personajes desencantados que habitan un mundo “agotado, inmune a cualquier intento de explicación”, según Nadal Suau. Su protagonista, Bobby Western, trabaja como buzo de rescate cuando descubre los restos de un avión caído bajo el mar, aunque se ciernen dudas desconcertantes en torno al hallazgo. Con este sugestivo punto de partida, al lector le espera una narración tan inteligente como osada, que “desarticula cualquier intento de conferir sentido a la vida, salvo la pura certeza de que, en efecto, vivimos”.

2. Bastarda

Dorothy Allison
Errata Naturae

Dorothy Allison. Foto: Brett Hall

Dorothy Allison. Foto: Brett Hall

Tan emocionante como desgarradora, Bastarda narra la vida de Bone, hija ilegímita de una mujer tan problemática como su misma familia, los Boatwright, conocidos por su facilidad para contar historias y por perpetrar los peores crímenes. Porque Bone, que vive en una extrema pobreza entre parientes borrachos y mujeres excesivas, es una niña víctima de abusos muy parecidos a los que sufrió la propia autora, Dorothy Allison (Greenville, Carolina del Sur, 1949), que se autorretrata en esta espeluznante novela.

3. Danza de las sombras

Alice Munro
Lumen

Alice Munro. Foto: Derek Shapton

Alice Munro. Foto: Derek Shapton

Publicados en 1968 en inglés, aparecen al fin en castellano los primeros relatos de la Premio Nobel canadiense Alice Munro (Wingham, 1931), reunidos en Danza de las sombras. En ellos ya deslumbran algunos de los rasgos más característicos de su escritura, como el feminismo de muchos de sus relatos; sus finales agridulces, consecuencia de acontecimientos aparentemente intrascendentes que marcan las vidas de las protagonistas, siempre mujeres; un cierto convencionalismo estructural narrativo, la importancia del argumento o el férreo control de los personajes.

4. Las noches de la peste

Orhan Pamuk
Random House





Orhan Pamuk. Foto cedida por Penguin Random House

Ya lo decía Germán Gullón al reseñar Las noches de la peste: “Cada novela de Orhan Pamuk (Estambul, 1952) supone una exploración de la existencia humana, realizada con la maestría de uno de los mejores escritores del presente”. Ambientada en Minguer, una isla ficticia del Egeo que pertenece al imperio otomano, la acción trascurre en 1901, cuando un brote de peste bubónica cambia el destino de la isla. Pamuk utiliza los males ocasionados por la plaga para captar el espíritu de nuestra era y el permanente conflicto cultural nacido de la ignorancia y el prejuicio.

5. Babysitter

Joyce Carol Oates
Alfaguara

Joyce Carol Oates. Foto: Dustin Cohen

Joyce Carol Oates. Foto: Dustin Cohen

Conviene advertirlo desde el principio: como escribió Oyinkan Braithwaite, “Babysitter no es una novela para pusilánimes. No escatima nada en su violento relato de toda clase de horrores que uno pueda imaginar en una sola historia: violación, pedofilia, brutalidad policial, asesinato...”. Porque su protagonista es un misterioso asesino en serie, apodado Babysitter por su predilección por los niños de diez a catorce años, que destruye la seguridad de la coprotagonista del relato, Hannah, una mujer acomodada que vive una aventura con un desconocido.

6. Hambre

John Fante
Anagrama

John Fante

John Fante

Precursor de Raymond Carver y Charles Bukowski, “con esa ligereza que guarda”, según Joaquín Pérez Azaústre, “sacos de hondura con los que pelear”, vuelve el mejor Fante (Denver, 1909-Los Ángeles, 1983) en Hambre, dieciocho relatos descubiertos por su biógrafo Stephen Cooper en una habitación secreta en el rancho familiar de Malibú, entre montones de manuscritos. Y vuelve también su alter ego Arturo Bandini, niño, adolescente y adulto, con sus delirios literarios, su violencia, su desbocado sentido del humor y su derrota vital.

7. Oreo

Fran Ross
Pálido Fuego

Fran Ross. Foto: New Directions Publishing

Fran Ross. Foto: New Directions Publishing

Reivindicada tras décadas de silencio, Oreo, primera novela de Fran Ross (Filadelfia, 1935-Nueva York, 1985), es una suerte de road movie urbana que deja un regusto de lo más amargo, pues, como subrayó Fran G. Matute al reseñarla, “pocas veces una recuperación se nos ha antojado tan necesaria desde el punto de vista no ya solo literario sino sobre todo histórico, en la medida en que estamos sin duda alguna ante una obra única en su género, en tanto que (divertidísima) comedia posmoderna sobre la identidad (racial)”.

8. El polaco

J. M. Coetzee
El Hilo de Ariadna

J. M. Coetzee. Foto: Soledad Constantini

J. M. Coetzee. Foto: Soledad Constantini

En El polaco, un pianista de setenta años de dicha nacionalidad y su anfitriona en Barcelona, Beatriz, una mujer casada de cincuenta años, se conocen cuando el músico viaja a la ciudad para dar un concierto y entablan una ambivalente relación sentimental. Mientras el polaco vive un enamoramiento postrero, ella solo constata el nacimiento de esa pasión que ni comprende ni cree de verdad, haciendo que el suelo racional del lector se vuelva movedizo, pues el Premio Nobel Coetzee (Ciudad del Cabo, Sudáfrica, 1949) da una vuelta de tuerca a la ficción.

9. Los reyes de la casa

Delphine de Vigan
Anagrama

Delphine de Vigan. Foto: María Teresa Slanzi

Delphine de Vigan. Foto: María Teresa Slanzi

Relato policiaco y novela sociológica a un tiempo, Los reyes de la casa es la brillante denuncia de Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966) sobre el falso paraíso de los niños que triunfan en las redes. Es el caso de los hermanos Kimmy y Sammy, de siete y ocho años, convertidos gracias al empeño de su madre en estrellas mediáticas, y que desaparecen misteriosamente. Solo años después, gracias a este relato de modernidad deslumbrante, descubriremos que fue lo que pasó.

10. El seductor

Isaac Bashevis Singer
Acantilado

Isaac Bashevis Singer. Foto: Dan Hadani Collection

Isaac Bashevis Singer. Foto: Dan Hadani Collection

Quizá porque siempre creyó que el narrador de nuestro tiempo debe entretener y no sólo predicar ideales sociales y políticos, Isaac Bashevis Singer (Leoncin, Polonia, 1902-Florida, 1991), premio Nobel de 1978, mostró en El seductor su faceta más corrosiva al retratar a un vividor carente de escrúpulos y con él, el Nueva York de mediados del siglo pasado. Comedia de enredos a lo Lubitsch, la novela rebosa sutileza, ingenio, buen humor y un soterrado mensaje moral sobre los peligros de engañar a todos hasta llegar a estafarse a uno mismo.

EL CULTURAL

lunes, 25 de noviembre de 2019

La profunda influencia de Dostoievski en cinco grandes escritores


Dostoievski
Fernando Vicente

La profunda influencia de Dostoievski en cinco grandes escritores

El escritor ruso del siglo XIX ha influido en autores como Nietzsche y Hemingway, además de la filosofía existencialista.
¿Qué puede ser más valioso para un escritor que el reconocimiento de alguien más famoso? Veamos lo que pasó con Fiódor Mijáilovich Dostoievski, uno de los autores de la literatura rusa más admirados del mundo.

miércoles, 10 de octubre de 2018

El Nobel Pamuk y Portugal, las grandes apuestas de la FIL 2018







Presentación del programa de la FIL 2018, este miércoles en Guadalajara (México).
Presentación del programa de la FIL 2018, este miércoles en Guadalajara (México).


El Nobel Pamuk y Portugal, las grandes apuestas de la FIL este año

Tres premios Nobel serán los invitados de honor de la cita editorial en español más grande del mundo, que tendrá lugar a finales de noviembre en México

MARIÉN KADNER
Guadalajara (México) 3 OCT 2018 - 18:40 COT


En un momento histórico marcado por el auge de las fake news, la crisis de la democracia y el alza del populismo o la aparición del movimiento Me Too, la mayor cita editorial en español –y la segunda más grande del mundo detrás de Frankfurt– será más política que nunca. De la mano de la ciencia y la cultura, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), que se celebrará en México del 24 de noviembre al 2 de diciembre, invita en su 32ª edición a la reflexión sobre la sociedad actual. Para fomentar la excelencia en los debates, tres Nobel serán invitados de honor en el evento: el premio Nobel de Literatura de 2006 Orhan Pamuk, el físico George F. Smoot y el químico Mario Molina.

jueves, 8 de junio de 2017

Juan Goytisolo según Orhan Pamuk

Juan Goytisolo y Orhan Pamuk_2005. MARCEL.LI SÁENZ MARTÍNEZ

Juan Goytisolo

Airado, polifónico, histórico y ambicioso


La ambición de Goytisolo de representar y problematizar la historia no contradecía en modo alguno su deseo de jugar con el lenguaje


ORHAN PAMUK
5 JUN 2017 - 16:46 COT

Descubrí la obra de Juan Goytisolo en 1985 cuando fui a Nueva York por primera vez. En un cuarto muy pequeño pegado a una gran biblioteca estaba intentando escribir mi propia y ambiciosa novela, esa en la que encontraría mi propia voz. También pasaba mucho tiempo visitando y explorando la multitud de pequeñas librerías que había en Nueva York. Un día me topé con un ejemplar de tapas blandas, ya ajado, de la traducción inglesa de Don Julián, una novela con una portada atractiva y un prólogo potente escrito por una de las estrellas del boom, Carlos Fuentes. Compré el libro y lo leí con curiosidad, y me sentí muy emocionado por la combinación de experimentación con el deseo de ver tanto la historia como el presente unidos siempre a través de la mente de su personaje principal.

domingo, 18 de octubre de 2015

Orhan Pamuk / El rencor de las ovejas ahogadas

Orhan Pamuk

El rencor de las ovejas ahogadas

En 'Una sensación extraña', Pamuk enfoca a un hombre, una megápolis y a un país


Orhan Pamuk, siguiendo la consigna de que la novela es el relato de la vida privada de las naciones, cuenta la historia de Mevlut, un vendedor ambulante de boza —bebida de baja graduación—, que llega a Estambul a comienzos de los sesenta procedente del pueblo. El desarrollo urbanístico de Estambul se dibuja a través de la trama de aprendizaje de un contrapícaro, un muchacho que emigra, alentado por los cantos de sirena capitalistas, y solo logra corroborar el peso de su propia extracción social y la falsa fábula del hombre hecho a sí mismo. Mevlut asiste melancólicamente a la extinción de su mundo. Los vendedores de boza y yogur desaparecen, y especuladores y caciques, mafiosos paternalistas, aprovechan las leyes de amnistía catastral para ir acumulando suelo. La extensión de la ciudad necesita de explotadores y explotados, ricos y pobres, fachas —así los llama el narrador—, turcos y kurdos, religiosos —alevís, chiíes, suníes…— y laicos, de hombres y mujeres, cuyas pequeñas historias melodramáticas nos familiarizan con los usos amorosos de la Turquía de la segunda mitad del siglo XX: las cartas que Mevlut escribe a Rayiha, hija del Cuellitorcido, pensando que en realidad es su hermana Samiha, el engaño de Süleyman, la fuga y la felicidad con la mujer equivocada amenizan eróticamente el gran relato de la transformación urbana poniendo de manifiesto que las grandes cosas no se entienden sin las pequeñas, pero también que no todo cae del lado de la homogeneidad humanista. Más allá de lo universal, importan paisaje e historia: el ser humano es su territorio e incluso, entre las colinas chabolistas de Kültepe y Duttepe donde comen los mismos alimentos y ven los mismos programas de televisión, existen diferencias políticas irreconciliables.
Pamuk enfoca a un hombre, una megápolis y un país, y vulnera la equidistancia exigida a la literatura tomando partido y asumiendo el riesgo de buscar la verdad de la historia sumada a la verosimilitud de la narración. Los muertos siempre terminan siendo izquierdistas de toda índole con un recuerdo especial para los comunistas torturados tras el golpe militar del 12 de septiembre. Con la insistencia de estar narrando hechos reales, escribe Pamuk (¿testigo?, ¿autor?, ¿narrador?): “En esa noche pura e infinita, como en los viejos cuentos, ser turco era un sentimiento mucho mejor que el de ser pobre”. La nación como placebo de la clase. Esta reflexión, terrible y pasoliniana, tan propia del prisma compasivo de un Pamuk que sin dejar de abordar la frontera entre una Turquía europeizada y una autóctona, en este libro indaga en las formas de vida de los pobladores menos privilegiados, nos ayuda a entender por qué la gente desfavorecida a veces es reac­cionaria. Como los primos de Mev­lut, adoradores de Bruce Lee, anticomunistas, ultrarreligiosos y dispuestos a abrirle la cabeza al “enemigo”. Un narrador editorial hace recomendaciones al lector sobre su proceso de lectura —“Vuelva a la segunda parte”— y se erige en compilador de testimonios. De la biografía de Mevlut se derivan centrífugamente las voces de un corte de la sociedad estambulita —arribistas y perdedores— y el modo dramático —personajes que dan su versión de los hechos— “democratiza” un relato regido por una sola mirada que selecciona y decanta las fuentes por medio de una forma de invención inseparable de la observación. De ahí la insistencia del narrador en la “verdad” no solo como procedimiento para construir la ilusión de la verosimilitud. Las voces se contestan y se complementan, y la mirada editorial (¿autorial?) muestra una gran sensibilidad hacia los débiles: los pobres que no son capaces de cumplir su sueño de emprendimiento porque la igualdad de oportunidades no existe. Sobresale la delicadeza con que el narrador penetra en el mundo velado de un gineceo de recias trabajadoras. Su punto culminante es el alegato de Vediha, la mayor de las hijas del Cuellitorcido: “¿Es justo que…?”.
La trama de aprendizaje de Mevlut, abocada a la desilusión pese a que la novela rezuma el optimismo del gozo de narrar, oscila entre una pasividad no culpable y el rencor de unos ojos que el protagonista reconoce en las ovejas ahogadas en el Bósforo después de un terrible accidente. Pensamos hasta qué punto somos responsables de nuestra existencia. Hasta qué punto, dejando al margen la cobardía, podemos hacer. Queda “esa sensación extraña” que titula el libro: la que Mevlut siente cuando descubre que la mujer con quien se está fugando no es la mujer de la que se había enamorado; la de las contradicciones, los celos al ver cómo la esposa amamanta a la hija; la de que la suerte nos juegue malas pasadas que terminan siendo buenas y no se separan de lo previsible; o la de que los sueños no coincidan con la realidad y en ese desnivel no habite solo la amargura, sino cierta alegría nunca desmesurada pero agradable. La de vivir y amar. Una estupenda novela.
Una sensación extraña. Orhan Pamuk. Traducción de Pablo Moreno González. Literatura Random House. Barcelona, 2015. 636 páginas. 23,90 euros (digital, 11,99)


sábado, 17 de octubre de 2015

Orhan Pamuk / Amor a Estambul


Orhan Pamuk

Orhan Pamuk, amor a Estambul

El autor turco envuelve de épica las historias cotidianas de su ciudad en su nueva novela

El País, 19 SEP 2015 - 00:02 CEST
Orhan Pamuk (Estambul, 1952) ha escrito otra novela monumental, Una sensación extraña (Literatura Random House), después de El museo de la inocencia, publicada en 2009 en la misma editorial. Con una minuciosidad inteligente y emocionante, el Nobel turco relata 40 años de la vida de un hombre humilde que vende boza y yogures por las calles de Estambul. Es un libro sobre la felicidad (o su ausencia) y sobre el tiempo. Es imposible, mientras lo lees, no sentir que Mevlut es el propio Estambul que describe, y de hecho, cuando vas a Estambul y escuchas su algarabía, parece evidente que ese personaje que Pamuk ha puesto en pie para la ficción es cualquiera de esos habitantes que cruzan sus calles viejas. Hablamos en la casa que habita Pamuk en Buyukada, la bella isla a la que lo llevaron sus padres desde que nació. Ahí sigue pasando los veranos y escribiendo en una paz que sólo interrumpe “el suave paso del tiempo” que van marcando las sombras que proyecta el sol ante su balcón desnudo. Antes de hablar nos ofreció fruta, sobre todo sandía y melocotones. Se le ve feliz, como si se hubiera enamorado, y no sólo de la literatura.
PREGUNTA.Dice que tenemos que creer en la novela cuando la leemos. ¿Por qué es tan importante creer en lo que estás leyendo?
RESPUESTA. Porque la literatura, fantástica o rea­lista, funciona con lo que Coleridge llamó “suspensión de la incredulidad”. Es decir, si eres una persona escéptica, si no crees en la fortaleza de la literatura, entonces mejor abstente de leer libros. Una novela no puede leerse como lees un blog o una noticia de Internet, aunque es cierto que, además de información, se transmite mucha humanidad a través de Internet. Pero ¿por qué leemos novelas? Porque creemos en el poder de la literatura. No nos acercamos al libro con escepticismo, apartamos todas nuestras suspicacias cuando tenemos un libro en la mano. La literatura funciona con lectores bienintencionados. Ellos dicen: “Voy a dedicar 10 horas de mi vida a sumergirme en la vida de este vendedor ambulante de Estambul”. Entonces dejas de ser sarcástico. Te acercas a los personajes y das la palabra del escritor por sentado. Debes darla por sentado, no debes cuestionarla, al menos, al comienzo.

martes, 24 de marzo de 2015

Orhan Pamuk / Una mirada a mis fuentes de inspiración

Orhan Pamuk

Una mirada a mis fuentes de inspiración

Espoleado por la lista de figuras literarias que leyó de Hemingway, 

el Nobel de Literatura Orhan Pamuk elabora la suya 

con las que alentaron su proyecto

 'El museo de la inocencia'



Orhan Pamuk, durante la presentación del Museo de la Inocencia en Estambul, en abril de 2012. / OSMAN ORSAL (REUTERS)

En un famoso artículo publicado en Paris Review, Hemingway elaboró una lista de las figuras literarias que habían influido en él o le habían enseñado algo importante. Cuando tenía 23 años y decidí abandonar la pintura y dedicarme a escribir, me cautivó leer la lista de Hemingway y ver en ella a músicos como Bach y Mozart y artistas como Brueghel y Cézanne al lado de escritores como Flaubert, Stendhal, Tolstói y Dostoievski. Me propuse que en el futuro, un día, haría una lista así.
Treinta y cinco años después, al terminar El museo de la inocencia, decidí que había llegado el momento. De todos los libros que había escrito, esta novela era la que más claramente suscitaba preguntas como: “¿Cuándo se le ocurrió esta idea?”, “¿Qué le inspiró para escribir esta novela?”, “¿De dónde se sacó esto?”, y así sucesivamente.
Como El museo de la inocencia no es solo una novela, sino también un museo en Estambul que costó muchos años establecer, las preguntas se han vuelto cada vez más frecuentes. Por eso he decidido presentar aquí una lista de influencias, sacadas de la vida, la literatura y el arte.

Orhan Pamuk / Modesto manifiesto por los museos


Balthus
Mountain,
The Metropolitan Museum of Art, NY, 2012
Foto de Triunfo Arciniegas


Orhan Pamuk

MODESTO MANIFIESTO 
POR LOS MUSEOS

Traducción de Eva Cruz

El escritor turco Orhan Pamuk, Premio Nobel en 2006, defiende un concepto humano de museo Una institución que hable de los individuos

Contrapone esta idea a los grandes museos y sus solemnes relatos de estados y naciones


El País, 27 de abril de 2012
Balthus
The Mountain, 19... (Detalle 1)
The Metropolitan Museum of Art, NY, 2012
Foto de Triunfo Arciniegas

Amo los museos, y no soy el único que encuentra que cada día que pasa nos hacen más felices. Me tomo los museos muy en serio, y eso a veces me conduce a pensamientos airados y enérgicos, pero no soy una persona que pueda hablar con ira de ellos. Cuando yo era niño en Estambul había muy pocos. La mayoría eran simplemente monumentos históricos que se habían preservado o, lo que es bastante más raro fuera del mundo occidental, eran lugares con un aire como de oficina del gobierno. Más adelante, los pequeños museos de las callejuelas de las ciudades europeas me llevaron a darme cuenta de que los museos (igual que las novelas) también pueden hablar de los individuos.