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sábado, 6 de noviembre de 2021

Miserias y esplendor de los premios literarios en Francia

 

El jurado del premio Goncourt, reunido en un restaurante de París en marzo de 2020. Desde la izquierda, Pierre Assouline, Philippe Claudel, Patrick Rambaud, Pascal Bruckner, Didier Decoin, Camille Laurens, Francise Chandernagor, Eric-Emmanuel Schimtt y Tahar Ben Jelloun.LIONEL BONAVENTURE

Miserias y esplendor de los premios literarios en Francia

El Goncourt cambia las reglas para evitar los conflictos de intereses después de la selección de la novela de la pareja de una miembro del jurado del galardón


Marc Bassets
París, 10 de octubre de 2021


En el recuerdo de algún miembro del jurado, el almuerzo del pasado martes fue uno de los más tensos que se recuerdan en la Academia Goncourt, el exclusivo cenáculo de 10 personas que cada año concede el premio más prestigioso de la literatura francesa. Otros sostienen que no hubo para tanto. Unos días antes, había saltado a la prensa un conflicto de intereses que ponía en entredicho la credibilidad de la institución y de los premios literarios en Francia, plagados de escándalos y sospechas desde hace décadas, aunque con una influencia a prueba de bomba.

Goncourt / El premio que descubrió un nuevo continente literario



Los miembros de la Academia Goncourt Robert Sabatier, Hervé Bazin, Françoise Mallet-Jorris, Armand Lanoux y Michel Tournier, en 1975 en la villa que da nombre al premio.


El premio que descubrió un nuevo continente literario

El galardón más prestigioso de las letras francesas, el Goncourt, marcó un hito con ‘A la sombra de las muchachas en flor’, obra que propulsó a Proust y a Gallimard


Marc Bassets
4 de octubre de 2019

No siempre el talento y el esfuerzo bastan para fabricar un clásico. A veces un buen premio en el momento adecuado ayuda.

Es el caso de Marcel Proust. Hace un siglo, el 10 de diciembre de 1919, A la sombra de las muchachas en flor, segundo volumen del ciclo novelesco En busca del tiempo perdidorecibió el Goncourt. La elección, que desató una polémica virulenta, propulsó a Proust a la condición de clásico vivo. Consagró al Goncourt como el premio de los premios, estatus que todavía ostenta. Y colocó a Gallimard como el sello de calidad que en las décadas siguientes contribuiría como ninguna otra en Francia a confeccionar el canon.

jueves, 4 de noviembre de 2021

Y ahora también el Goncourt / El triunfo de los escritores africanos

 

Boubacar Boris Diop
Foto de María Miró

Y ahora también el Goncourt

El triunfo de los escritores africanos

Tras el Camões de la semana pasada a la mozambiqueña Paulina Chiziane, el Neustadt va a parar a las manos del senegalés Boubacar Boris Diop, mientras que su compatriota Mohamed Mbougar Sarr ha ganado hoy el Goncourt francés


Ángeles Jurado
Las Palmas de Gran Canaria, 3 de noviembre de 2021

Hace apenas unos días que cerró sus puertas la novena edición del Ake Arts & Book Festival. La fiesta de la literatura africana por excelencia, con origen en la muy literaria ciudad de Lagos y la fértil mente de la novelista Lola Shoneyin, se vuelca ahora por completo en las redes sociales, tornándose así accesible a los lectores de cualquier punto del planeta. Consecuencia feliz de la pandemia, esta virtualidad resultó en que la célebre cita cultural invitara en su última edición a 800 creadores y pensadores, que dialogaron en abierto y para nuestro puro deleite durante tres días. El tema elegido para sus conversaciones fue la creatividad. Algo que no le falta al continente.

Mohamed Mbougar Sarr, joven senegalés devoto de Roberto Bolaño, gana el Goncourt

El novelista Mohamed Mbougar Sarr posa tras ser galardonado con el Goncourt por 'La plus secrete memoire des hommes'BERTRAND GUAY

Mohamed Mbougar Sarr, joven senegalés devoto de Roberto Bolaño, gana el Goncourt

‘La más secreta memoria de los hombres’, la ficción sobre la búsqueda de un escritor legendario y olvidado, se alza con el galardón más prestigioso de las letras francesas


Marc Bassets
París, 3 de noviembre de 2021

El nuevo fenómeno de las letras francófonas, Mohamed Mbougar Sarr (Dakar, 31 años), es un escritor con un estilo acelerado y torrencial, un novelista que escribe sobre novelistas africanos perdidos en Europa y enfermos de literatura, un narrador que atrapa al lector en la primera línea y no lo suelta a lo largo de más de 600 páginas. Su modelo literario, su ídolo, según ha proclamado en novelas y según se adivina en cada párrafo de La plus secrète mémoire des hommes (La más secreta memoria de los hombres), premiada este miércoles con el Goncourt, es Roberto Bolaño (1953-2003), el último clásico de la literatura latinoamericana, el último con una auténtica irradiación global.

El prestigioso premio francés Goncourt fue entregado al senegalés Mohamed Mbougar Sarr

El premio Goncourt 2021 es para el senegalés Mohamed Mbougar Sarr
por “La plus secrète mémoire des hommes”
 
Foto de Joel Saget


El prestigioso premio francés Goncourt fue entregado al senegalés Mohamed Mbougar Sarr

Lucía Valentín
3 de noviembre de 2021

La edición 2021 del más importante premio de las letras francesas recayó en el joven senegalés Mohamed Mbougar Sarr por su novela "La plus secrète mémoire des hommes". Es la primera vez que este prestigioso galardón recae en un escritor de Senegal.

La academia que entrega el galardón tiene diez miembros que se reúnen cada primer martes del mes en el restaurante Drouant, situado en el barrio de la Ópera de París, para discutir las noticias literarias actuales. Elegidos por cooptación, "Los Diez" no pueden ser despedidos, pero pueden optar por dejar la academia. Desde 2008 ya no son nombrados de por vida, sino hasta que cumplan 80 años. 

sábado, 19 de septiembre de 2020

El escritor Jean-Paul Dubois gana el premio Goncourt








El escritor francés Jean Paul Dubois en octubre de 2011 en París.
El escritor francés Jean Paul Dubois en octubre de 2011 en París. ULF ANDERSEN

El escritor Jean-Paul Dubois gana el premio Goncourt

El veterano autor recibe el galardón más prestigioso de las letras francófonas con ‘Tous les hommes n’habitent pas le monde de la même façon’


ALEX VICENTE
París, 4 de noviembre de 2019

El escritor Jean-Paul Dubois ha ganado este lunes el premio Goncourt, el más prestigioso de las letras francófonas, por Tous les hommes n’habitent pas le monde de la même façon (Todos los hombres no viven en el mundo de la misma manera). Dubois se impuso a Amélie Nothomb, a la que la prensa francesa daba como favorita por Soif, ficción alternativa sobre la crucifixión de Jesucristo, por seis votos contra cuatro. La votación fue escueta y se saldó en solo cinco minutos. “Es una declaración de amor y, como tal, no suele comportar horas y horas”, bromeó al salir el presidente del jurado, el crítico literario Bernard Pivot. El Goncourt supone la consagración definitiva de un autor de larga trayectoria como Dubois, responsable de más de veinte libros, de los que solo tres han sido traducidos al castellano: Elogio del zurdo (Seix Barral), Una vida francesa (Tropismos) y Está de broma, Sr. Tanner (Alberdania).


El narrador de su nuevo libro, que Alianza de Novelas (AdN) publicará en España el próximo mayo, es el portero de un edificio que cumple condena en una cárcel de Montreal a finales de la década pasada. Ese hombre llamado Paul, como todos los protagonistas surgidos de la imaginación de Dubois, narra los hechos que lo condujeron a compartir una minúscula celda con un motero encarcelado por asesinato, empezando por su infancia en el sur de Francia, hijo de un pastor danés y de una atea recalcitrante, y concluyendo con los días que pasó al lado de Winona, su compañera del alma. El libro, que llegó a las librerías francesas en septiembre, había recibido excelentes críticas en su país. Además, protagonizaba un incipiente fenómeno de ventas que se verá propulsado por la concesión de este premio, cuya dotación es un cheque simbólico de 10 euros, aunque suela traducirse en cientos de miles de copias vendidas. El ganador en 2018, el escritor Nicolas Mathieu, ya ha colocado más de 450.000 ejemplares de la novela vencedora, Sus hijos después de ellos (AdN).

El premio que descubrió un nuevo continente literario



Los miembros de la Academia Goncourt Robert Sabatier, Hervé Bazin, Françoise Mallet-Jorris, Armand Lanoux y Michel Tournier, en 1975 en la villa que da nombre al premio.Ampliar foto
Los miembros de la Academia Goncourt Robert Sabatier, Hervé Bazin, Françoise Mallet-Jorris, Armand Lanoux y Michel Tournier, en 1975 en la villa que da nombre al premio. AFP / GETTY IMAGES

El premio que descubrió un nuevo continente literario

El galardón más prestigioso de las letras francesas, el Goncourt, marcó un hito con ‘A la sombra de las muchachas en flor’, obra que propulsó a Proust y a Gallimard


MARC BASSETS
4 de octubre de 2019

No siempre el talento y el esfuerzo bastan para fabricar un clásico. A veces un buen premio en el momento adecuado ayuda.
Es el caso de Marcel Proust. Hace un siglo, el 10 de diciembre de 1919, A la sombra de las muchachas en flor, segundo volumen del ciclo novelesco En busca del tiempo perdido, recibió el Goncourt. La elección, que desató una polémica virulenta, propulsó a Proust a la condición de clásico vivo. Consagró al Goncourt como el premio de los premios, estatus que todavía ostenta. Y colocó a Gallimard como el sello de calidad que en las décadas siguientes contribuiría como ninguna otra en Francia a confeccionar el canon.

Nicolas Mathieu / Experimentos con la verdad

Neoliberalismo feroz - Carlos Rodríguez Braun - Libre Mercado

Experimentos con la verdad

Nicolas Mathieu, último premio Goncourt, describe el lado oscuro de la ‘grandeur’ de Francia a través de los veranos al sol de unos jóvenes desencantados en los noventa


JAVIER APARICIO MAYDEU
14 de octubre de 2019



El escritor francés Nicolas Mathieu.
El escritor francés Nicolas Mathieu. ALIANZA

A la más fresca y descarada narrativa francesa contemporánea, la de los nuevos mandarines Nothomb, Beigbeder o Houellebecq, que sucede a la de la generación de Modiano, Echenoz, Orsenna o Quignard y triunfa con su mezcla de crítica social e ironía emocional, se asoma Nicolas Mathieu. Un nombre del que, como el de Philippe Lançon y su estremecedora novela autobiográfica Colgajo, que también retrata la cara más sombría del mundo, se han adueñado en Francia crítica y público al mismo tiempo, tal vez porque su narrativa explica precisamente, con armas bien distintas pero similar maestría, la Francia de hoy que ve de lejos un Elíseo borroso pero de cerca un nítido abismo. Testimonios todos ellos de una sociedad vulnerable que afronta amenazas tan desiguales como tenaces, y adalides de una narrativa que se quiere avizora y ya no ensimismada: aquellos constructores de exquisitos artificios intelectuales, de Gracq a Perec o Tournier, de Le Clézio a Quignard o al Pierre Lemaitre más dado a las travesuras con la tradición literaria, el de Irene, Alex o Nos vemos allá arriba, han dado paso a una narrativa de desgarrados y de traviesos cronistas de la realidad social.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Leïla Slimani y Yasmina Reza / Noche de premios

Leïla Slimani
Foto de Jérôme Bonnet

Leïla Slimani y Razmina Reza

NOCHE DE PREMIOS



La francomagrebí Leïla Sliman se alza con el Goncourt, y la dramaturga Razmina Reza triunfa con la novela ‘Babylone’ en el Renaudot


La escritora Leïla Slimani ha ganado este jueves el Premio Goncourt, el más prestigioso de las letras francesas, con Chanson douce, una crónica del doble infanticidio cometido por una niñera aparentemente modélica, que la había convertido en una de las revelaciones de la temporada literaria en Francia. Nacida en Rabat hace 35 años, de padre marroquí y madre francoargelina, Slimani sonaba como favorita para un galardón que proporciona a su ganador un premio simbólico de solo 10 euros, pero suele traducirse en millares de copias vendidas (unas 400.000, en los mejores casos).


Leïla Slimani, en el restaurante de París donde se entrega el Premio Goncourt.  AP

El jurado del Goncourt, presidido por el crítico Bernard Pivot, le adjudicó el galardón por seis votos sobre 10 desde la primera vuelta de la votación, prefiriéndola a los otros tres finalistas, Catherine Cusset, Gaël Faye y Régis Jauffret. La editorial Cabaret Voltaire publicará su novela traducida al castellano en febrero de 2017.



"Estaba preparada para no llevarme nada, para no decepcionarme. Se lo dedico a mis padres, que me enseñaron lo que era amar la literatura y la libertad", ha declarado Slimani al llegar al restaurante Drouant, en el centro de París, donde se entrega el premio desde 1904. "De pequeña tuve distintas niñeras en Marruecos. Desde los 7 u 8 años, fui sensible al lugar extraño que esas mujeres ocupaban en mi casa. Las queríamos como madres y, a la vez, eran extrañas que estaban sometidas a relaciones jerárquicas. Me conmovía el lugar difícil que ocupaban y las humillaciones que podían sufrir. Me apeteció rendirles un homenaje", ha añadido ante la prensa. Para Slimani, las niñeras son "personajes muy novelescos, que dicen mucho de nuestra sociedad".
La autora se inspiró en un suceso acontecido en Estados Unidos en 2012, cuando una niñera mató a los dos pequeños que estaban a su cargo en un barrio pijo de Nueva York. Con un estilo seco, pero marcado por una poesía oscura y turbadora, Slimani disecciona cómo el dinero suele traducirse en relaciones de dominación entre semejantes. Chanson douce es la segunda novela de esta autora casi desconocida, nacida en una familia francófona de Rabat que la educó de manera "libre, sin obligaciones vestimentarias ni ideológicas", declaró en 2014. Llegada a París a los 18 años, cursó interpretación en el prestigioso Cours Florent, antes de dirigirse hacia el periodismo, un oficio que abandonó "por ser duro y consumir mucho tiempo, y en el que no se envejece bien". Su debut en la literatura se produjo hace dos años con Dans le jardin de l’ogre, relato sobre una mujer ninfómana para el que se inspiró en el escándalo sexual que protagonizó Dominique Strauss-Kahn, expresidente del FMI.
Yasmina Reza


Civilización y barbarie

Por su parte, Yasmina Reza se ha alzado con el Premio Renaudot, que tradicionalmente se anuncia unos minutos después que el Goncourt, con Babylone. Se trata de una nueva incursión en la novela de esta dramaturga estrella tras títulos como Adam Haberberg y la reciente Felices los felices. En el libro, que Anagrama editará en abril de 2017, Reza inspecciona una vez más las miserias de la burguesía francesa, relatando una fiesta entre amigos sexagenarios que termina en drama a causa de un banal malentendido, en un suburbio ficticio del cinturón residencial de París.



Como en las agridulces comedias que firma en el teatro, donde ha triunfado con obras como Arte y Un dios salvaje, Reza vuelve a observar de cerca el finísimo barniz que separa la civilización de la barbarie. El título procede de un pasaje de la novela, en el que el protagonista admite que nunca entendió por qué su padre solía recitar un célebre salmo bíblico —"sentados junto a los ríos de Babilonia, llorábamos al acordarnos de Sión"— que antes inspiró a Lord Byron… y a Boney M. El Renaudot es un reconocimiento más para la más exitosa de las dramaturgas francesas, que ya tiene en su haber premios como el Molière o el Tony.
Que los dos mayores premios de la literatura francófona vayan a parar a dos mujeres en un mismo año es casi una excepción en sus respectivas historias. Ha sucedido solo en ocasiones muy contadas. En 1962, se los llevaron Anna Langfus y Simonne Jacquemard. En 1984, las galardonadas fueron Marguerite Duras y Annie Ernaux. Y, en 1998, los ganaron Paule Constant y Dominique Bona.

sábado, 11 de noviembre de 2006

Entre la escritura y el silencio



Entre la escritura y el silencio

Patricia de Souza
11 NOV 2006


La temporada literaria en Francia ha lanzado cerca de 500 títulos. Obras que abarcan temas que van desde el problema del mal o la imposibilidad de amar hasta la autoficción.
Cómo puede ser que se escriban tantos libros? ¿Cómo puede ser que en cada rentrée littéraire en Francia se alcancen los 500 títulos, o incluso más? Quizás eso quiere decir que siempre se lee, por distintas razones, pero los lectores siguen esperando los títulos de la nueva temporada con curiosidad. En Francia es clásica la querella entre una apuesta y otra. El año pasado fue La posibilidad de una isla, de Michel Houellebecq (Alfaguara, 2006), favorito para el Premio Goncourt que se falla en noviembre, pero que fue a dar a un autor con una apuesta más vital: François Weyergans: Tres días en casa de mi madre (Grasset). Una novela de la catástrofe humana, la clonación, frente a otra que hablaba desde el plano individual sobre la relación con la madre. Porque, me arriesgo a decir, lo que cada lector desea es comprender un libro, sentirlo y vivirlo como si fuese él o ella quien lo ha escrito, que la letra escrita vibre, que posea, si puede, algo de divino, algo que haga soñar. Cada libro podría ser ese mensaje que espera ser leído para estar completo, escrito, como decía Kafka, en forma de plegaria.
Christine Argot

Es curioso que dentro de esta cantidad de libros publicados en Francia haya encontrado varias veces la palabra bienviellance, en los títulos y en los contenidos. Quiere decir benevolencia, altruismo, generosidad. No es gratuito que el premio Goncourt 2006, otorgado el pasado lunes, y uno de los libros más comentados, el de Jonathan Littell, nacido en Estados Unidos y que ha escrito en francés (una novela de 1.000 páginas), lleve como título Les bienviellants (Gallimard, 2006), Los benevolentes. La novela indaga el problema del mal encarnado en la persona de un oficial de las SS. Un hombre dispuesto a obedecer, una especie de Eischmann que explica sus razones para ejecutar ciegamente las órdenes de los verdugos. Al lado de Littel, una autora, la otra cara de la moneda, Christine Angot (su primera novela, El incesto, salió publicada en Seix Barral en 2000), porque Rendez Vous (Flammarion) es un largo episodio de su vida, extenso como el hilo de Ariadna que trata de conducir a su autora fuera del laberinto y saber quién es el hombre que ha querido. Angot perturba porque ha borrado la distancia que existe entre el autor y su obra y emplea el Yo en el límite del presente indicativo: yo digo, yo suscribo y firmo, sin contemplación,como dice ella. George Steiner escribió en Extraterritorialidad, "la vida es un alumbramiento, de una forma más o menos acabada, del yo potencial". En ella es una performance lingüística por medio de la autoficción, neologismo que desea implantar la validez de un Yo que se dice y se busca a través de las palabras. Pero también están los autores que bordean la experiencia, los que hacen de sus libros construidos espejos que deforman la propia imagen, un espacio de desarraigo, de ejecución trascendental, y de roce constante con la muerte. Richard Millet es autor de una larga lista de novelas y ensayos, complejo, ambicioso, siempre al borde de un abismo fundamental: la falta de una experiencia completa, en el amor, en las relaciones con los otros, siempre confrontadas a una especie de tragedia humana, a esa imposibilidad de realmente amar o ser amados.

Todo empieza en él, con esa arcadia perdida desde la infancia, la del amor materno, la del territorio y el reconocimiento de sí mismo en las relaciones con las mujeres que se convierten, como el título de esta novela, en Devorations (Gallimard), dimensión antropofágica de la experiencia amorosa. La novela de Yasmina Khadra, Las sirenas de Bagdad (Julliard), sobre el tema del terrorismo visto desde otra perspectiva, y la novela de Camille Laurens (Ni toi ni moi, POL), estupenda encuesta sobre el tema del apego. Son varias autoras que emergen en esta temporada, Lorette Nobecourt (En nosotros la vida de los muertos, Grasset), escritora interesantísima que aparece al lado de Amelie Nothomb, un fenómeno comercial inédito. Dentro de todo esto, la obra de Herman Melville aparece en un tercer volumen de la colección La Pléiade, en Gallimard, y no deja de plantearnos la pregunta sobre por qué se escribe o se mantiene silencio, pregunta fundamental que encarna Bartleby. En el centro de esa pregunta, que es también una larga historia de amor, emerge la del tema del amor entre las personas, quizás porque cuando se escribe algo sobre los sentimientos más íntimos rozamos con la idea del absoluto, con una especie de ausencia de Dios que todos lamentamos, un resabio de sentimiento religioso que podemos entender sin ser creyentes. Es esa presencia que encarnan las frases, evocando ese vacío para tratar de llenarlo, es ese movimiento que hace que un libro nos remueva en el interior.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de noviembre de 2006




martes, 7 de noviembre de 2006

'Les bienveillantes', de Jonathan Littell, gana el Premio Goncourt



'Les bienveillantes', de Jonathan Littell, gana el Premio Goncourt

"Es una de las grandes novelas de los últimos 50 años", dice Semprún


El fenómeno Jonathan Littell sigue creciendo. Este americano de 39 años, nacido en Nueva York pero que escribe en francés, es un fenómeno por muchas razones y así lo reconoció el jurado del Premio Goncourt, que coronó ayer su novela Les bienveillantes como la mejor de entre las publicadas en francés a lo largo de 2006, es decir, de una cosecha que sobrepasa ampliamente los 600 títulos. "Pero no sólo es la mejor del año sino del decenio y una de las grandes novelas de los últimos 50 años", declaró Jorge Semprún, miembro del jurado. "Littell reelabora novelescamente un material histórico de calidad. Tiene un gran personaje, ese protagonista, Max Aue, que es plausible y horrendo".



Semprún: "Los jóvenes sabrán qué pasó mediado el siglo XX gracias a una novela como ésta"

En Les bienveillantes, Littell invita a sumergirse en la lógica del Mal de la mano de Max Aue, un oficial de la SS cultivado, inteligente y de una absoluta frialdad. Su único amor conocido es el que siente por su hermana, del que parecen haber nacido mellizos y que, al no poder continuarse, se transforma en una homosexualidad gimnástica. Aue participa en varias de las grandes operaciones nazis destinadas al exterminio del pueblo judío. "Dentro de una, dos o tres generaciones, los jóvenes sabrán qué pasó mediado el siglo XX gracias a una novela como ésta". Para Semprún, "no es una novela francesa sino una novela escrita en francés. Su modelo es la gran novela rusa del XIX, Tolstói o Dostoievski. Para la cultura francesa lo que es importante es que el autor haya elegido el francés como idioma. Eso prueba que sigue siendo una gran lengua de expresión cultural".
Les bienveillantes es un volumen de 900 páginas, editado por Gallimard y del que se han vendido, en dos meses, 250.000 ejemplares y 90.000 más van a llegar a las librerías de inmediato. En España lo publicará RBA el año que viene. "La leí antes de que estuviera en las listas, al comenzar el verano, y me convertí en uno de sus grandes defensores", dice Semprún, "hay quienes critican a Littell porque aseguran que se identifica con su protagonista y retrata a Aue haciéndolo atractivo. No es cierto. O si lo es, entonces hay que decir que Dostoievski también se identifica con Raskolnikov en Crimen y castigo. Los jurados del Goncourt hemos coincidido todos en ello. Esta vez no hemos tenido que recurrir al voto secreto. Enseguida se ha visto que nadie le podía disputar el premio a Littell".
Jonathan Littell no acudió a la lectura de la decisión del jurado y no se prestó a la habitual conferencia de prensa del ganador. Este pelirrojo judío recién afincado en Barcelona huye como puede de la curiosidad periodística. Antes de escribir -a mano- Les bienveillantes, sólo había publicado, apenas cumplidos los veinte, una novela de ciencia-ficción de la que hoy se avergüenza. Durante más de diez años ha trabajado en una ONG dedicada a la lucha contra el hambre. Eso le ha supuesto viajar a Chechenia, Bosnia o Ruanda. "Es una experiencia que me ha permitido empezar a comprender qué es lo que convierte a las personas en verdugos, en asesinos. Ése es el tema central de mi novela", ha dicho Littell quien, hace apenas dos semanas, ganó el gran premio de novela de la Academia Francesa.
Tres de los grandes premios literarios franceses han recaído este año en autores cuyo idioma materno no es el francés. Es el caso de Littell, como ya queda dicho, pero también de la canadiense Nancy Houston, que ha obtenido el Femina por Lignes de fuite, y el del congoleño Alain Mabanckou, quien ganó ayer el premio Renaudot. con sus Mémoires de port-épic.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de noviembre de 2006