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lunes, 20 de julio de 2026

Thomas Bernhard / El origen / Reseña

Foto: Google imágenes 

Thomas Bernhard: El origen


Alejando Prada
31 de marzo de 2015


Los escritores exigentes siempre suelen dar buenos lectores. Y si además están como sumidos en un cabreo continuo, en cierta apatía, pueden agitar poderosamente el pensamiento de quien se enfrenta a (con) ellos. Thomas Bernhard (Heerlen, 1931 – Gmunden, 1989), en todo caso, es para mí uno de estos autores que azuza gravemente, para bien o para mal, al que lo lee. Sus Relatos autobiográficos (Anagrama, 2009) son la muestra esencial de sus obsesiones, de su estilo, de su exigencia como escritor. El primero de estos relatos, del único que voy a hablar aquí, es El origen. Una indicación (1975) en el que presenta su infancia y adolescencia, hasta que deja finalmente el instituto con quince años.

martes, 16 de junio de 2026

La llamada de… Theodor Kallifatides

 

La llamada de… Theodor Kallifatides


La llamada de… Theodor Kallifatides


Álvaro Colomer
30 de octubre de 2024

Álvaro Colomer sigue indagando en el mito fundacional oculto en la biografía de los escritores, es decir, en el origen de sus vocaciones, en el germen de sus despertares al mundo de las letras, en las circunstancias en que recibieron la llamada no precisamente de Dios, sino de esa otra entidad acaso un pelín más abstracta: la literatura.

***

También la guerra convierte a los niños en escritores. A los cinco años, por ejemplo, Theodor Kallifatides  presenció la ejecución de un vecino a manos del invasor nazi. Un oficial alemán le pegó un tiro y su cuerpo se desplomó como si no tuviera esqueleto. Un segundo antes de recibir el impacto, el condenado cruzó la mirada con la del niño que observaba la escena; cuando un instante después yacía en el suelo, seguía mirando al pequeño. El chaval echó a correr hacia su casa y se refugió en el despacho de su padre, un maestro de escuela en ese momento en presidio. Se sentó a su mesa, cogió papel y lápiz, y escribió algo que ya no recuerda, pero que sin duda hablaba de la forma en que miran los muertos. Cuando meses después su progenitor fue liberado, Theodor le enseñó el escrito. Su padre lo leyó, y a continuación dobló el papel y se lo guardó en un bolsillo. Nunca le dio su opinión sobre el texto, pero siempre lo llevó consigo, incluso cuando vino la muerte y lo metió en un féretro. Kallifatides ha cumplido los ochenta y seis años, y a veces se pregunta si no será que todos los libros que ha escrito, desde el más importante hasta el más chiquito, no son más que un intento de recordar el contenido de la nota que sumió a su padre en el silencio.

jueves, 14 de mayo de 2026

Miguel Sáenz, traductor: “Thomas Bernhard era insufrible y Kafka es el mejor escritor del siglo XX”

 

Miguel Sáenz, traductor: “Thomas Bernhard era insufrible y Kafka es el mejor escritor del siglo XX” 

El académico de la Lengua, de 93 años, que tradujo al español a muchos de los grandes autores, recoge en un libro sus cometarios sobre ellos

domingo, 15 de febrero de 2026

Cees Nooteboom / Thomas Bernhard y Botho Strauss

 



Cees Nooteboom
THOMAS BERNHARD Y BOTHO STRAUSS

Ahora cruzo al otro lado. Empleo esas palabras casi sin pensar en ellas, luego las oigo y me pongo a pensar en ellas. El otro lado. Como si el Muro fuese un río. Como si hubiese surgido por sí solo en vez de haber sido construido. Un fenómeno natural. Por lo general suele ser fácil cruzar al otro lado. Esta vez no. He cogido el S-Bahn en la estación del Zoo hacia la Friedrichstrasse, donde se encuentra el paso, fronterizo. Cúpula, transparente, hierro fundido, grandes trenes, luz tenue. Se quiera o no el decorado sigue teniendo algo de Graham Greene o de Le Carré, no tengo remedio. Desciendo por las escaleras, el ris-ras de las suelas de mis contemporáneos. Luego se llega a un vestíbulo. Ya lo conozco, sé que ahora tengo que torcer a la derecha.
Andere Staaten, ‘otros países’. Hoy hay cinco taquillas abiertas, pasajes estrechos, se nos estruja por ellas como si fueran un colador. No tienen nada de moderno, ni de práctico, son más bien amateurs, provisionales, como si se contase con que no fuesen a durar mucho. La multitud entre la que me encuentro: polacos, muchos viejos. Me llegan por debajo de los hombros, y eso que no soy muy alto. Son viejos y bajos, van cargados con enormes maletas y cajas. La procesión avanza con una lentitud infinita, hemos de doblar una esquina para entrar por la portilla. Yo estoy en la parte interior de la curva, la exterior va más rápido. También los que se cuelan, los asiduos y los occidentales, que claramente sobresalen de entre la multitud, están estancados.

miércoles, 23 de julio de 2025

Miguel Sáenz / Thomas Bernhard

 



THOMAS BERNHARD

(…) Hay quienes creen que Thomas Bernhard es uno de los grandes dramaturgos contemporáneos, sólo comparable a Genet o Beckett, y que su obra narrativa es sólo una especie de acotaciones escénicas a su visión macroteatral del mundo; y hay quienes dicen que Bernhard es, hoy por hoy, el mayor novelista en lengua alemana, y que su teatro, de poco peso, sólo ilumina los rasgos más sardónicos de su carácter. Sin embargo, nadie discute su autobiografía, esos cinco libros impresionantes, sin comparación a la redonda en el panorama de las letras actuales, de un hombre que, a sus diecinueve años, descubrió ya que la literatura podía ser la «solución matemática» de la vida.

Miguel Sáenz, epílogo a Un niño, de Thomas Bernhard



Thomas Bernhard / Relatos autobiográficos / Reseñas

 




Thomas Bernhard

Relatos autobiográficos

Thomas Bernhard
Anagrama
496 páginas
2009
Traducción: Miguel Sáenz

Relatos autobiográficos: El origen, El sótano, El aliento, El frío, Un niño. 

Al igual que MontaigneThomas Bernhard (1931-1988) toma su persona como objeto de estudio. 

Thomas Bernhard / Un niño / Reseña





Thomas Bernhard
UN NIÑO


Thomas Bernhard
Anagrama
1996
160 páginas
Traducción: Miguel Sáenz

Un niño es el último título de la pentalogía y describe parte de la infancia de Bernhard, cuando este es un niño de corta edad. Lo asombroso es que Bernhard recuerde con tal grado de minuciosidad cosas que le pasaron hace más de cuarenta años, y no sólo sea la narración la descripción de momentos históricos o de espacios físicos, sino que sea capaz de recordar cuales eran sus pensamientos y sus sentimientos hacia su abuelo, hacia su padre, hacia sus hermanos o hacia su tutor. 

Thomas Bernhard / El frío

 


Thomas Bernhard

El frío

Thomas Bernhard
Anagrama
Traducción: Miguel Sáenz
1996
144 páginas 

En El aliento, donde acababa el anterior libro, Thomas Bernhard estaba en contacto con la muerte en su estado más crudo y después de curarse de su pleuresía, a sus 18 años deja un sanatorio para entrar en otro, en Grafenhof, aquejado de una sombra en el pulmón, lo cual le acarrea pasar algo más de un año entre enfermos, rodeado de nuevo de podredumbre, decrepitud y muerte. 

Thomas Berhard / El aliento / Reseña

 



El aliento, de Bernhard

José Luis Muñoz 
21 de marzo de 2015

Hace treinta años cayó en mis manos el primer libro de Thomas BernhardEl sótano, y en ese mismo año creo que me leí todo lo que encontraba de ese peculiar escritor austriaco nacido en Holanda, hasta el punto de elevarlo a la categoría de mis escritores de cabecera, esos que uno recomienda a ciegas a cualquier persona que ame la literatura. No sé si se trataba de una coincidencia, lo de empezar a leer al escritor austriaco con un libro titulado El sótano, porque esa obsesión, a veces enfermiza, en ocasiones hasta criminal, por esos lugares subterráneos, misteriosos y oscuros de las viviendas forman parte de la cultura austriaca, como recogía un incómodo cineasta austriaco, Ulrich Seidi en el documental En los sótanos, sobre los inconfesables usos que los austriacos hacen de esos espacios, en donde uno esconde lo que no quiere mostrar.

Thomas Bernhard / El sótano

 


Thomas Bernhard: El sótano


Idioma original: alemán
Título original: Der Keller. Eine Entziehung.
Año de publicación: 1976
Traducción: Miguel Sáenz
Valoración: muy recomendable,casi imprescindible

Ya sé que hace unas semanas de ésto de las autobiografías. Pero qué oportuno hubiera sido haber leído a Bernhard por aquel entonces. Qué soberbia coartada hubiera brindado y cuánto juego, oh, cuánto juego.

Thomas Bernhard / El origen / Una indicación




Thomas Bernhard: El origen. Una indicación

23 de junio de 2016
Idioma original:
Título original: Die Ursache. Eine Andeutung
Año de publicación:1975
Valoración:Muy recomendable

Con cierta frecuencia, a la hora de opinar de un libro concreto o de la calidad literaria en general, sobre todo entre personas que empiezan a escribir ficción, se da por hecho que esta ha de estar marcada por un conjunto de recetas que han demostrado su validez en algún momento. Creen que de esta forma es imposible equivocarse y lo que resulta de ello son textos clónicos, y por tanto previsibles, tan alejados de lo artístico como puede estarlo un consumado bailarín del niño que empieza a andar. Bernhard se caracteriza por apartarse de lo consabido y sin embargo –o precisamente por ello–construye un amplio conjunto de obras magníficas, algunas como El origen, de género indeterminado, a caballo entre la novela autobiográfica y una confesión casi compulsiva de sensaciones y experiencias vividas en una edad y unas circunstancias históricas que –aliadas con su indiscutible  talento– le suministraron material suficiente para escribir una serie autobiográfica completa. 

martes, 22 de julio de 2025

Thomas Bernhard / Un horrible vacío

 

Thomas Bernhard

Thomas Bernhard
UN HORRIBLE VACIO


No puedo explicarle ahora mi vida, ni lo que soy. No, eso no se puede hacer. Necesitaría tres mil páginas y posiblemente se me olvidarían aún las cosas importantes, que se me ocurrirían luego. Para eso haría falta otro volumen complementario. Lo esencial se me olvidaría en esas tres mil páginas, y en mi lecho de muerte diría: ¡Santo Cielo!, ahora veo lo más importante de todo, ahora, al mirar desde un lecho de muerte, eso lo explicaría todo de otra manera, no tiene ningún sentido.

Hay que llegar a todo por sí mismo. Uno no tiene ninguna tarea ni nada parecido. Tareas sólo tienen los colegiales y los que obedecen a sus maestros.

Y entonces pierdo de algún modo las ganas, porque no tengo ya nada que hacer, eso es lo idiota. Por eso he tenido que tener siempre una compensación y hacer algo, aunque fuera absurdo. Pero da igual. Como las mujeres, que tienen que sacudir incansablemente alfombras para tranquilizarse y poder freír sus tortillas. Todo ser humano se busca algo parecido. De algún modo siento un -¿cómo se llama ese famoso vacío?-, un horrible vacío, desde hace un año. ¿Qué puedo hacer ahora? No me interesa ya nada. Pero bueno, siempre ocurre algo, aunque sea una desesperación pura, algo llega siempre. Y entonces lo explotaré otra vez. Porque la vida es una explotación. Y uno se precipita sobre lo que sea, otra persona o uno mismo, no sé. Todo eso no conduce a nada.

Eso me recuerda dónde estuve ayer, en casa de un campesino, que me contó que un tabernero, al que yo también conocía, había muerto de pronto, aunque podía preverse desde hacía un año, pero sin embargo, de pronto, tenía un pie totalmente podrido, y desde luego hubo mucha gente en su entierro, y uno de ellos, ex carnicero y posadero, que había sido anteriormente oficial de carnicero pero tenía ya más de sesenta años, tuvo que llevar una cruz, de dos metros, enormemente pesada... siempre tienen, cuando llevan algo así, una especie de soporte de cuero, donde va metida la cruz. Y sólo hace falta sujetarla, pero no cargarla. Sin embargo, no encontraron el soporte y el hombre tuvo que llevar la cruz durante dos horas, y le pusieron encima además una corona, y entonces él se derrumbó y ahora estaba en cama, también listo. Ahora me acuerdo.



Bernhard oral

 



Bernhard oral


Largo tiempo estuve parado frente a la puerta de su casa y no supe si era sensato entrar o no. ¿Es insensato, es sensato? Hasta que toqué el timbre. Pero ni bien entré en su despacho, pensé que no tenía ningún sentido visitar a un abogado por esta causa, contarle a usted esta historia. Pero después le conté toda esta historia. No toda la historia, dijo el sombrerero, es imposible contar toda la historia, absolutamente imposible. Cuando se cuenta una historia, en realidad se cuenta una historia totalmente distinta, no la historia que se quiere contar, se hacen algunas alusiones, pero no se cuenta la historia sino siempre una historia totalmente distinta. La historia en realidad es eso que no se cuenta, en tanto que no se cuenta la historia verdadera, se cuenta la historia. Sería imposible contar toda la historia, no importa si es horrible o no, pero lo que conté ya es suficientemente horrible, sólo con lo que conté hasta ahora basta. No debería haber subido, dijo el sombrerero. 

Fragmento de El sombrero, texto inédito leído por Thomas Bernhard el 13/8/1968.


Thomas Bernhard y los Wittgenstein: neurosis sobre neurosis

 



Thomas Bernhard y los Wittgenstein: neurosis sobre neurosis

El escritor austriaco conectó con el clan desquiciado de la familia del filósofo, un enjambre de suplicios y tragedias al que da cuerpo un ensayo de Alexander Waugh


30 de julio de 2021

Thomas Bernhard / Quería vivir

 



Quería vivir, y todo lo demás no significaba nada. Vivir y vivir mi vida, como quisiera y tanto tiempo como quisiera. Entre dos caminos posibles, me había decidido esa noche, en el instante decisivo, por el camino de la vida. Si hubiera cedido un solo instante en esa voluntad mía, no hubiera vivido ni una hora. De mí dependía seguir respirando o no. El camino de la muerte hubiera sido fácil. El camino de la vida tiene igualmente la ventaja de la libre determinación. No lo perdí todo, seguí teniéndolo todo.

El Aliento, 1978

Thomas Bernhard / El enfermo

 



Thomas Bernhard
EL ENFERMO

El enfermo que ha estado lejos de su casa durante meses vuelve como alguien para el que todo se ha vuelto extraño y tiene que familiarizarse sólo poco a poco y de la forma más penosa con todo y apropiárselo todo otra vez, da igual de lo que se trate, entretanto lo ha perdido realmente y ahora tiene que volver a encontrarlo. Y como el enfermo, básicamente, está siempre abandonado, todo lo demás es una mentira perversa, tiene que recurrir ya a fuerzas completamente sobrehumanas si quiere continuar donde meses antes, o, como en mi caso ya varias veces, años antes, se interrumpió. Eso no lo comprende el sano, se impacienta enseguida, y precisamente con su impaciencia hace más difícil para el enfermo que vuelve todo lo que debería facilitarle. Los sanos nunca han tenido paciencia con los enfermos y, como es natural, tampoco los enfermos con los sanos, lo que no hay que olvidar. Porque el enfermo, como es natural, espera de todos mucho más que el sano, que al fin y al cabo no tiene que esperar tanto porque está sano. Los enfermos no comprenden a los sanos, lo mismo que, a la inversa, los sanos a los enfermos, y ese conflicto es a menudo un conflicto mortal, porque en fin de cuentas el enfermo no está a la altura de las circunstancias, pero tampoco, como es natural, lo está el sano, al que un conflicto así basta para poner a menudo enfermo. No es fácil tratar con un enfermo que de repente está otra vez allí de donde fue arrancado meses o años antes por la enfermedad, y de hecho de todo, y la mayoría de las veces los sanos no tienen deseos de ayudar al enfermo, la verdad es que fingen continuamente ser samaritanos, cosa que no son ni quieren ser y que, al ser algo fingido, sólo perjudica al enfermo y no le aprovecha en lo más mínimo. El enfermo está realmente siempre solo y la ayuda que se le presta desde el exterior resulta ser casi siempre sólo un impedimento o una molestia, como sabemos. El enfermo necesita la más imperceptible de las ayudas pero los sanos no están en condiciones de prestársela. Sólo perjudican al enfermo con su fingimiento de ayuda, egoísta en fin de cuentas, y se lo hacen todo más difícil en lugar de facilitárselo. Los que lo ayudan no ayudan al enfermo la mayoría de las veces, sino que lo molestan. Sin embargo, el enfermo que vuelve a casa no puede permitirse ninguna clase de molestias. Si el enfermo hace notar que, en lugar de ayudarlo, en verdad lo molestan, aquellos que sólo han fingido ayudarlo lo ofenden. Lo acusan de arrogancia, de egoísmo sin límites, cuando sin embargo sólo se trata, en su caso, de la legítima defensa más extrema. El mundo de los sanos recibe al enfermo que vuelve a casa sólo con aparente amabilidad, sólo con aparente altruismo, sólo con aparente abnegación; pero si el enfermo pone realmente a prueba esa amabilidad y ese altruismo y esa abnegación, se revelan como una buena disposición sólo aparente y, por consiguiente, afectada, a la que el enfermo hará mejor en renunciar. Pero, como es natural, nada es más difícil que la verdadera amabilidad y el verdadero altruismo y la verdadera abnegación, y la frontera entre lo verdadero y lo aparente es también en ese aspecto difícil de trazar. Creemos durante mucho tiempo que se trata de algo verdadero cuando, sin embargo, sólo se ha tratado de algo aparente, ante lo que durante mucho tiempo hemos estado ciegos. La hipocresía de los sanos hacia los enfermos es la más difundida. En el fondo, el sano no quiere tener ya nada que ver con el enfermo y no le gusta que el enfermo, hablo de un enfermo realmente grave, pretenda de repente tener derecho a la salud. Los sanos sólo hacen siempre especialmente difícil para los enfermos recuperar la salud o, por lo menos, volver a normalizarse o, por lo menos, mejorar su estado de salud. El sano, si es sincero, no quiere tener nada que ver con el enfermo, no quiere que le recuerden la enfermedad y con ello, como es natural y lógicamente, la muerte. Los sanos quieren estar entre ellos y con sus iguales, y en el fondo no toleran a los enfermos. A mí mismo me ha sido siempre difícil volver del mundo de los enfermos al mundo de los sanos. Durante el período de enfermedad, es decir durante el período intermedio, los sanos se habían apartado completamente del enfermo, habían renunciado a él, siguiendo así únicamente su instinto de conservación. Ahora, de repente, aquel al que habían liquidado ya y que, en fin de cuentas, no entraba ya en consideración, aparecía otra vez reclamando sus derechos. Y como es natural se le hacía comprender inmediatamente que, en el fondo, no tenía ningún derecho».


Thomas Bernhard

El sobrino de Wittgenstein 



lunes, 21 de julio de 2025

Thomas Bernhard / En la buhardilla de los Höller

 


Thomas Bernhard
EN LA BUHARDILLA
DE LOS HÖLLER

[…] En la buhardilla de los Höller, en la que yo me había instalado ahora con los escritos de Roithamer, que en su mayor parte se ocupaban de la construcción del Cono, y tenía que considerar ese ocuparme de Roithamer y de su legado como la ocupación terapéutica francamente ideal después de mi larga enfermedad y sentirlo precisamente como ideal , Roithamer tuvo la idea de construir el Cono, y los planos más importantes para la construcción del Cono fueron trazados por él en esta buhardilla y, apenas entré en la habitación de los Höller, descubrí que ahora, meses después de la muerte de Roithamer y medio año después de la muerte de su hermana, para la que había construido el Cono, entretanto abandonado a su ruina, que ahora, en la buhardilla de los Höller, seguían estando todos los planos, en su mayor parte no utilizados pero siempre relativos sólo a la construcción del Cono, así como todos los libros y escritos relativos a ella que Roithamer había utilizado en su totalidad, en los últimos años, para la construcción del Cono, libros y escritos en todos los idiomas imaginables, incluso en los que él no hablaba, pero que se había hecho traducir por su hermano Johann, que hablaba muchos idiomas y, en general, estaba dotado para los idiomas como ninguna otra persona que yo conociera, también esas traducciones estaban en la buhardilla de los Höller y, ya a la primera ojeada, vi que debía de tratarse de centenares de esas traducciones, montones enteros de traducciones del portugués y del español había descubierto enseguida al entrar en la buhardilla de los Höller, esos centenares y millares de procesos mentales de penoso desciframiento pero, probablemente, importantes para su proyecto de construir y terminar el Cono, de hombres de ciencia desconocidos para mí pero probablemente muy familiares para él, que se ocupaban del arte de la construcción, él odiaba las palabras arquitecto o arquitectura , jamás decía arquitecto ni arquitectura y, si yo lo decía u otro decía arquitecto o arquitectura, replicaba enseguida que no podía escuchar las palabras arquitecto o arquitectura, esas dos palabras no eran más que deformidades, abortos verbales que un pensador no podía permitirse, y yo tampoco utilizaba jamás en su presencia, y luego tampoco ya en otras ocasiones las palabras arquitecto o arquitectura, también Höller se había acostumbrado a no utilizar las palabras arquitecto ni arquitectura, decíamos siempre, como el propio Roithamer, sólo constructor o construcción o arte de la construcción, el que la palabra construir era una de las más hermosas lo sabíamos desde que Roithamer nos habló al respecto, precisamente en la buhardilla en que me alojaba ahora, una tarde oscura y lluviosa en que, realmente, habíamos temido una inundación como las que con tanta frecuencia se producen en la garganta del Aurach y tienen efectos posiblemente devastadores en toda la garganta del Aurach, pero que de repente, sin embargo, había retrocedido, las inundaciones causaban siempre los mayores daños imaginables en la garganta del Aurach, pero respetaban la casa de los Höller, provocaban en todas partes, Aurach abajo y Aurach arriba, los mayores daños imaginables, pero respetaban la casa de los Höller, situada precisamente en la garganta del Aurach, porque había sido construida por la clara inteligencia de Höller, y todos los que veían que, a lo largo del curso entero del Aurach, todo quedaba asolado y devastado y destruido, se asombraban siempre de esa circunstancia increíble, y esa tarde oscura y lluviosa en que habíamos temido otra vez una de esas inundaciones que todo lo asolaban y devastaban, pero que luego, sin embargo, no se había producido, Roithamer nos explicó la belleza de la palabra construcción y la belleza de la palabra construir y la belleza de las palabras obra de arte de la construcción.


Thomas Bernhard
“Corrección”
Alianza Tres, Barcelona, 1983, pp. 15-17
Traducción de Miguel Sáenz


Thomas Bernhard / El camino de la escuela

 

Thomas Bernhard
El CAMINO DE LA ESCUELA

Thomas Bernhard / El arte de la extinción

 




El arte de la extinción

En 1988, para conmemorar la anexión de Austria por Adolf Hitler cincuenta años antes, se encargó una nueva obra a Thomas Bernhard. Autor de once novelas y más de veinte obras de teatro, Bernhard tenía una merecida reputación como el escritor de posguerra más provocador del país: dedicó su carrera a burlarse y lamentar alternativamente el legado nazi de Austria, que, con su habitual franqueza, representó en una ocasión como un montón de estiércol sobre el escenario. Al principio, se negó a participar en la conmemoración, diciendo con mordaz humor que un gesto más apropiado sería que todas las tiendas que alguna vez fueron propiedad de judíos exhibieran carteles con la leyenda "Judenfrei". Pero el autor de obras como "La mesa del almuerzo alemán", en la que familiares reunidos para comer descubren nazis en su sopa, no pudo resistirse a una oportunidad tan enriquecedora para provocar a la élite política y cultural austriaca. "Toda mi vida he sido un alborotador", escribió una vez. "No soy el tipo de persona que deja a los demás en paz".

Thomas Bernhard / En la dirección opuesta

 


Thomas Bernhard, en la dirección opuesta


Thomas Bernhard fue un descubrimiento impactante para el autor, cuya escritura feroz y obsesión por el pensamiento lo atraparon. El placer de la lectura se mezcla con la resistencia ante la intensidad de sus obras. A pesar de la aparente dureza, las historias esconden una profunda reflexión sobre la verdad y el conocimiento.


Por Antonio González 

29 de abril de 2015