Aviñón, gran teatro del mundo
Amor y muerte, tragedia y comedia, diversión y reivindicación. Todo cabe en el escenario más gigantesco del mundo: el Festival de Aviñón
El actor francés Philippe Girard en 'El rey Lear', de Shakespeare, dirigida de Olivier Py. / ANNE-CHRISTINE POUJOULAT (AFP)
Para entender en qué consiste Aviñón, basta con presenciar dos escenas distintas. Una es diurna y la otra, nocturna. La primera exige instalarse en un punto estratégico de la Rue de la République, que une la muralla de la ciudad con el Palacio Papal, para ver pasar a las decenas de compañías que aspiran a seducir al transeúnte, espectador potencial de las cerca de 1.500 obras que Aviñón propone hasta el 25 de julio. Se enfrentan así a un rito iniciático para todo actor francés: quemarse bajo el sol —la ciudad presume de tener más de 300 días soleados al año— repartiendo octavillas y enunciando sus eslóganes a grito pelado por calles, plazas, restaurantes, claustros y capillas, esperando ser descubiertos por alguno de los programadores que barren la ciudad en busca de un diamante en bruto al que poder pulir. El programa es de calidad variable —seamos educados— y cubre un amplísimo espectro, de una versión de Las preciosas ridículas en el París actual hasta una adaptación de Los Miserables con marionetas. “¡Una comedia musical para un solo intérprete!”, vociferan unos. “¡Una adaptación de Sartre en el espacio exterior!”, responden los demás.
