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sábado, 11 de noviembre de 2017

Luis Fernando Macías / Miriam



Luis Fernando Macías
MIRIAM
Ya que soy delgada y pequeña,
un hombre alto y fuerte,
un hombre moreno y tosco,
que me arranque lágrimas
y haga
crujir mi huesos.

Luis Fernando Macías
Del barrio, las vecinas
Todas las palabras reunidas consiguen el silencio
Artepoética press, Nueva York, 2017, p. 28



viernes, 18 de septiembre de 2015

Los días del asombro / A manera de prólogo

 

LOS DÍAS DEL ASOMBRO
A MANERA DE PRÓLOGO

Nueve escritores colombianos recorren no sólo la geografía y la historia sino el viento y el alma de nueve ciudades colombianas. Han esculcado libros, han hablado con la gente, pero sobre todo han navegado en su propia sangre, en su propia memoria. Se trata de textos personales, de retratos amorosos e íntimos, firmes y definitivos, que conjugan espacio, tiempo y vida.
Los nueve escritores reunidos en este libro decidieron su vida en el país: toda una declaración de principios. Han ido y han vuelto, pero su casa es Colombia definitivamente. Aquí se quedan. Otra sería la mirada si sus días y sus noches sucedieran en otro país y en otra lengua.
La época nos hace, somos el fruto de la estadía que para bien o para mal nos correspondió en esta tierra de nadie. La geografía nos marca. El mar se respira y se adentra en los pulmones, las montañas permanecen dibujadas bajo la piel, el llano se expande como el mismo pecho. Ríos y venas se confunden, se conjugan, somos mirada y en cierta forma también somos paisaje. Somos el país. Porque un país, por encima de todo, es su propia gente.


Darío Jaramillo Agudelo, Alberto Salcedo Ramos, Triunfo Arciniegas, Pilar Lozano, Yolanda Reyes, Roberto Burgos Cantor, Jaime Echeverri, Juan Fernando Merino y Luis Fernando Macías han gozado y padecido la historia y presentan el testimonio de una época, de un país que sueña, que busca su acomodo. En su memoria, los salvajes días de la Conquista y la rapiña, la servidumbre de la Colonia, la sangre derramada en las guerras de la Independencia y en otras guerras descabelladas, y en su presente, tantos asuntos por resolver. Casi la mitad de los escritores se mantienen en los territorios de sus propios textos, y los demás a menudo regresan a sus calles y sus  aromas a saciar las ansias de la piel.
Después de leer la última página, podríamos cerrar los ojos y recorrer sin tropiezos los territorios dibujados, masticar las palabras que describen los días del asombro, oler las aromas de los distintos rincones de esta prodigiosa geografía y acariciar las texturas con la dulce certeza de tener al país al alcance de la mano.
Lento y mágico ha sido el proceso de esta Poética de las ciudades. Bello como un milagro, secreto como una raíz que busca la tierra más fértil. Y ahora que este libro se vuelve ajeno, ahora que sus hojas brotan iluminadas por las tinta, ojalá sea de todos y sean numerosos sus frutos.


Bogotá, 2015


jueves, 21 de agosto de 2014

Triunfo Arciniegas / Cinco muertas de amor / Prólogo de Luis Fernando Macías



Triunfo Arciniegas
CINCO MUERTAS DE AMOR


Aunque Triunfo Arciniegas se inició con un libro de cuentos breves, El cadáver del sol, publicado por la legendaria “Sociedad de la imaginación”, a comienzos de los años 80, fueron los textos infantiles los que le dieron renombre y sustento. Primero La silla que perdió una pata y otras historias, después Las batallas de Rosalino, premio Enka de literatura infantil, y después la larga lista de títulos que aparecen bajo su nombre en las biografías. 

Entre los autores de textos para niños y jóvenes, Triunfo es quizá, después de Jairo Aníbal Niño e Ívar Dacoll, el autor colombiano que mayor renombre internacional ha alcanzado; pero su arte no se agota allí, es además autor de libros de poesía, de novela y de cuentos, no precisamente para niños. Así mismo, desde que decidió no trabajar más como maestro y dejar que sus libros lo sostuvieran económicamente, vaga libre por el mundo con un morral — como el costal del indigente—, en el que carga todo su peso, que también incluye las lentes de una cámara de fotografía y el portátil que le sirve para alimentar sus blogs exquisitos, mezcla de imagen y de texto a los ojos del gusto más exigente y refinado. Es un gran fotógrafo, un sibarita. 

El hijo del herrero de Pamplona que lloraba ante las manos laceradas en el yunque, decidió ser un artista en el pleno sentido de la palabra: “Será mi mente y no mi fuerza bruta la que me traiga el pan”, se decía entonces. Un temprano furor interno engendra la naturaleza de los grandes. Es por eso que como un hombre de nuestro tiempo piensa bien los libros como productos, estudia el gusto de sus lectores y pule el propio, entregado a la labor de hacerse a sí mismo, de adaptarse a esa cosa misteriosa que de un hombre común hace un artista verdadero. 

Al leer Cinco muertas de amor pienso en Roal Dahl y en sus Cuentos perversos. Quien escribe para niños se ve obligado a comprender las bajas pasiones en su forma pura, libre de nociones morales, pues los niños viven la crueldad humana limpia, tal como nace en el interior del alma. No es posible comprender la inocencia sin la perversión, porque no es posible comprender el mundo sin su juego dialéctico de opuestos: lo alto engendra lo bajo, lo feo engendra lo bello, lo sucio engendra lo limpio… los opuestos son gemelos que coexisten o no son. 

Estos cuentos nos revelan el otro lado de la naturaleza de Triunfo, sus gustos secretos, sus anhelos perdidos. Constituyen la pieza que completa la imagen del artista, el dato que nos faltaba para poder decirlo a plenitud: ¡Qué criatura, Dios mío!

Luis Fernando Macías
Medellín, julio de 2014