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miércoles, 23 de diciembre de 2015

Silvia Tomasa Rivera / Por amor a Lía

Fotografía de Simon Richardson
Silvia Tomasa Rivera
BIOGRAFÍA
POR AMOR A LÍA

La primera vez
que la vi,
le dibujé una cama
sobre la hierba suave
y dormí junto a ella.
A su lado había un ángel
Con una jarra de vino 
derramándose.

Todo fue inevitable,
nos quedamos colgados
del destino divino.


¿ Qué sucedió después?
Esto es la tierra, Lía.
Y este soy yo.

***

Te prometo,

porque así me lo dicta 
el corazón
que este amor
no será desposeído.

Tendrá la fuerza en mí
y habitará contigo
esa casa en el campo
de los sueños.

Lo juro con la garganta
hecha pedazos, 
desde la turbiedad
de mis ideas.

Lo prometo y lo juro
con el odio
que únicamente a mí
me pertenece.

***

Lía miraba al fondo
de mis ojos
y decía comprenderme.

Yo la amé,
la amo todavía
con la pureza
del primer dolor.

Lía, perdida en mí,
me devuelve
su palabra de amor
entre las rocas.

¿Por qué aquí,
frente al mar de la duda?
¿Por qué no eligió hacerlo
en aquel bar
sobre el acantilado?

A qué le teme.

***

Lía perdóname.
Enciérrame en ti,
escóndeme
como un pañuelo
entre la naftalina.
¿Todavía existe
la naftalina?

Me acuerdo de mi madre,
tú me la recuerdas
con tus ojos profundos.
Estoy perdido, Lía,
háblame de ti,
de tu infancia
llena de peces.
Tengo sed,
háblame del mar.

Cuéntame de los caminos
boscosos
de tu tierra,
del pan de los domingos,
del café,
de la caña,
de las orquídeas que penden
de los árboles.

Háblame, Lía,
mi niña amada.
Aún estoy aquí,
soy un guerrero
entre la muchedumbre,

un hombre solo.
Voy de la selva al mar,
del mar hasta el concreto
y estoy confuso.

Mejor ya no me hables,
el recorrido es largo;
estoy avasallado, Lía.
Este país no tiene fin
ni principios.

Tengo miedo,
siento que me van a matar,
la incertidumbre no sabe
de conciencia.

Hay que darle al Estado,
al país, al orígen
violento de la estática,
una vuelta de tuerca.

Voy camino a la Fe,
ese bar al final de la calle
donde una noche
me sentí Dios
en medio de los hombres.
Ahí te espero.




BIOGRAFÍA DE SILVIA TOMASA RIVERA

NOVENARIO POÉTICO 2010

sábado, 21 de diciembre de 2013

Silvia Tomasa Rivera / Poemas


Silvia Tomasa Rivera
POEMAS


El mundo
es una lengua
que se angosta,
sube por las axilas
desciende por los pechos,
da un rodeo por el vientre
y se arroja
a la desembocadura de los ríos,
en un mar sin retorno.


***


Serías capaz

de retener 
en tu pecho
una paloma
hasta hacer a la pobre
renegar del vuelo
besarías sus alas
más que por desearlo
por sentir cómo tiembla
entre tus manos

***

Para tocarte sólo necesito
tu cercanía de aliento
y el olor a bosque que llega de  tu vientre
en el momento exacto del olvido.
Siempre te quiero,
pero hay una hora precisa en que te quiero
con el amor más suelto.
De mis pies a tu boca hay rocío,
es un siglo de flores despertando
la frescura del sueño.
Ah, el amor otra vez,
almiatado, entretiene al desvelo
lanzándole cuchillos a la luna.

***


Una legión de cuervos

fue baleada 
y descendió
vertiginosamente
hacia el estanque.
Algunos murieron en el agua,
otros elevaron su vuelo
a las frondas más altas.
Entre las balas
y la tormenta
los cuervos permanecen
unidos,
lo que pudiera ser
una provocación.
Su única defensa,
el estallido agudo
de sus cantos.

***

La vía láctea
es una salamandra
tatuada
en el pulmón del cielo.

El amor 
es agua envenenada
a lo largo del cuerpo.
Nada de lo que sienta 
o diga
en este momento,
es verdad.Tengo esos pensamientos
porque soy un adicto.

Un hombre solo
alejado de Dios
en la grandeza
de la tierra.




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NOVENARIO POÉTICO 2011

NOVENARIO POÉTICO 2012

sábado, 22 de diciembre de 2012

Silvia Tomasa Rivera / El olor a madera


Resplandor
Fotografía de Triunfo Arciniegas
Silvia Tomasa Rivera
EL OLOR A MADERA

El olor a madera viene de tus piernas,
allí comienza el bosque.
Las alimañas salen y cosquillean
hasta perder.
El vientre respira.
Nada es desconocido pero descubro
una planta carnívora en el centro,
crecen las hojas, me atrapan, saborean mis pedazos.
El solo espíritu queda flotando
alrededor de un cuerpo que no existe.

La dicha inmerecida. Ahora abril es cierto,
el tiempo es cierto, ya lo vemos pasar
en este instante
porque antes estuvo detenido.



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lunes, 19 de diciembre de 2011

Silvia Tomasa Rivera / Los pechos de Magaly

Annie
Fotografía de Johannes Schwab
Habitual Grace series
Berlin, 2010
Silvia Tomasa Rivera
Los pechos de Magaly

Los pechos de Magaly
son dos enormes girasoles
que penden de su cuerpo.
Atropellan desconocidos
y se desbordan sin recelo.
La cintura no es estrecha,
pero la curva de sus caderas
es como para entrar en la vida
y no salir sobria.
Su monte de venus...
un inmenso clavel negro.

Yo quisiera leer los pechos de Magaly
y encontrar a Dios entre sus piernas.





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jueves, 16 de diciembre de 2010

Silvia Tomasa Rivera / Camino de tierra


Chíchira
21 de febrero de 2008
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Silvia Tomasa Rivera
CAMINO DE TIERRA

En el camino de tierra está la luz
luna de siempre que habitan los fantasmas.
A veces escarcha, humedad de trigales.
El hombre solo va,
capoteando un brillo de serpiente.

Es la noche en la tierra
en el campo verdoso e infinito
es un pájaro muerto por el hambre:
escopeta cargada de silencio.
Mismo dolor de siempre, ya sin hora.
El hombre a tientas va
con la capa de espinas en sus plantas.
¿Quién no olvida el morir, quién
se lo calla?
Eco sin grito, piquete de alacrán,
con la lengua entumida mira el tiempo.

Mira el tiempo lo mismo que el abismo
como el agua corriendo entre sus piernas,
puente de piedra, fuerte en madrugada
fuga de sangre, aullido.
No se sabe de balas ni de espadas
Nada más los aviones dejan huella
y un ruido sordo sobre los techos
otra vez y apenas construidos
entre aires de ceniza.

Es hora de empezar,
la madrugada se hunde entre los poros
la paloma despierta,
una mano de lágrima la encubre.
Aquí no pasa nada
sólo los chupamirtos entorpecen
el murmullo del agua. 

Sólo si llega el sol habrá noticias
antes nada.

Las muchachas ahora se dispersan
en sus manos sostienen
el cántaro del sueño:
vayan juntas, les gritan
con una sola voz que ellas conocen.
Pero no tienen miedo las muchachas
porque el aire les sobre
porque la muerte —a veces— ni mirarla.


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viernes, 25 de junio de 2010

Silvia Tomasa Rivera / La serpiente



Silvia Tomasa Rivera
LA SERPIENTE

Retornar al origen es enfrentarse a un tiempo de tinieblas. Un tiempo en que hombres y animales tatuaban su bondad en la desnudez de la memoria.
Ella era un ángel que amanecía tendida a la albura del sol
expuesta al rapto de las aves rapaces y al paso fuerte de los caminantes.
Hasta que un día con el cuerpo pisoteado en la yerba pidió ayuda a su Dios; y éste le regaló un poco de saliva.
Por alguna razón inexplicable el fluido de Dios se convirtió en veneno y en un duelo de alas y colmillos dejó de ser
el ángel de la tierra.
Desde entonces
no hay un ser racional
que no tema encontrarla
en la bravura de su desconsuelo.
Ella al menor indicio de provocación
se arrastra y se eleva.
Sabe que quieren matarla y está sola:
únicamente tiene por aliados, la saliva de Dios y un refugio blindado en el agujero de la noche.


En este mito, la serpiente pide ayuda a Dios porque no tiene con que defenderse; éste le da un poco de saliva. Gracias a ello, la serpiente obtiene el veneno y desde entonces ha de temerle el hombre como a su enemiga más letal.





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BIOGRAFÍA DE SILVIA TOMASA RIVERA





jueves, 24 de junio de 2010

Silvia Tomasa Rivera / Del mito a la poesía



Silvia Tomasa Rivera
DEL MITO A LA POESÍA
EL DILUVIO

No les bastó ser los preferidos de Dios.
Los únicos que recibieron su apoyo
a la hora del desastre.
No les bastó talar un bosque entero
y construir la barca de la salvación; porque a decir verdad, nada le basta
al hombre.
Cuando al final han encontrado la luz
regresan al oscuro. Y es ahí donde pierden; donde son venadeados
por lámparas divinas en el pasillo estrecho de su vanidad.
Así eran ellos, los que estuvieron cerca
de nuestros litorales, a orillas de este mar, que un día se alzó sobre el horizonte de la noche sepultándolo todo.
Dejando un olor implacable de muerte transferida.
La grieta de humedad en la memoria de aquellos que los vieron alejarse
rumbo a un cielo nublado que prometía abrirse
como el mar en la tierra, tragándose de un sorbo
cualquier advenimiento de conciencia.
Fue una limpia de agua
pasada por el fuego y todo volvió a ser como la pureza del principio.
"En cada siglo la humanidad se muere" Atrás quedaron los cuerpos hundidos en el fango, atrás quedó la maldad multiplicada.
Al frente había un paisaje sin árboles quemados un ángel para cada hombre nuevo una mujer para cada hombre.
Pero había que vivir
sin la amenaza de la perfección, y ya estaban cansados
de los tiempos divinos.
Fueron ellos, los hombres nuevos que enturbiaron el cielo. Porque asaron sin permiso de Dios la carne podrida de los animales que murieron la noche del diluvio.
Es por eso que ahora
la estamos padeciendo
porque Dios ha perdido la confianza
y no quiere mirar hacia la tierra.
Ya no hace gente nueva, sólo nosotros quedamos como ejemplo.
Ustedes y yo.

Leyenda nahua del centro y sur de Veracruz donde se narra el castigo que recibieron los hombres por haberse comido los peces muertos del diluvio, que enterrados en la arena despedían un hedor que llegaba a los altos cielos y molestaba a los dioses.




miércoles, 23 de junio de 2010

Silvia Tomasa Rivera / La sombra


Silvia Tomasa Rivera
LA SOMBRA

Para Antonella y Julio Glockner*

Tonalli, para los antiguos mexicanos, era una fuerza vital que se constituía en la sombra del hombre.

I

Yo
y mi sombra. Solos por la vereda invocamos al viento. Ella es mi fuerza
y mi verdad.
Juntos somos mi corazón apuntalado frente a la guerra eterna de los días.
Si yo diera un traspié, un mal paso quebrado
en el abismo, ella sería la única alentando su voz, que me dijera, levántate, aún no ha terminado ese ciclo voraz
que te reserva la estrella del naufragio.

II

Sin ella, estoy perdido. La parte que me queda grita en la noche.
¿Cuál de todas las sombras es la mía?
A quién le corresponde vigilar mi cuerpo en las llanuras para que no tropiece con el bosque de ojos que se me viene encima y que pregunta:
¿Es locura la asusencia de la sombra?
La otra parte de mí que nadie entiende: tuya y mía esa fuerza vital que nos mantiene unidos hasta el fondo.

 *Al antropólogo Julio Glockner. doña Pascuala, curandera de la región de los volcanes de Puebla, le diagnosticó pérdida tempo­ral de la sombra a causa de una caída.





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BIOGRAFÍA DE SILVIA TOMASA RIVERA


martes, 22 de junio de 2010

Silvia Tomasa Rivera / Los ahogados



Silvia Tomasa Rivera
LOS AHOGADOS

De niña
a la orilla del río de mi pueblo, temía a los ahogados.
Su grito era un castigo que nublaba las calles e impedía el paso franco a la ribera.
Con el tiempo me fui acostumbrando a perderles el miedo; y aprendí que los ahogados están en todas partes
Desde el fondo del río o del estero salen sus voces; desde adentro del mar o de cualquier boca de agua que se abra en la tierra.
Es mentira que los ahogados nos jalen los pies.
Es uno mismo quien ve la superficie como una herida abierta.
Es uno quien los llama y no los deja seguir con su destino de corsarios eternos.
Viento del Sur
Mío es un viento del norte el que intimida,
es la surada que desprende las hojas. Golpea los postigos y hace gemir un aire lastimero que cimbra los cristales.
Adentro, en una casa antigua,
los habitantes vigilan
lo que un día pudo ser su protección:
las tejas adheridas en altura
sostenidas apenas
por tiras de madera carcomida.
Un golpe más de aire,
fuerte como sombra de cuervos en el cable
y todo habrá terminado.
El desplome del techo,
la sórdida amenaza.
un cubo de tormenta innecesario.
La voz de la esperanza
hace conciencia desde un cuarto cerrado.
"No hay de qué preocuparse, el viento no es del norte, viene del sur
y ha dejado su fuerza en las montañas"
Con todo lo que temen no habitan un bohío. En una casa antigua en la costera, con canales de pólvora en el techo.
La bestia de agua
irrumpe insosegable
en la madrugada del hombre.
Se revuelve en marejadas de peces hinchados y provoca la náusea del que mira desde los agujeros del bohío.
En ausencia, del sol
viene otro día de ayuno involuntario.
Ajenos al desastre
los niños juegan descalzos
entre los esqueletos de las corvinas;
mientras los viejos guardan
en un baúl de mimbre
la atarraya del miedo.

Este poema de Silvia Tomasa Rivera pertenece a la serie La sal del mar.
.

lunes, 21 de junio de 2010

Silvia Tomasa Rivera / Las sal del mar



Silvia Tomasa Rivera
LA SAL DEL MAR

La traición de este mar
no tiene nombre.
Se ha unido a la tormenta
en contra de los hijos de la tierra.
No le basta con haber plantado sus banderas de marea roja encima de las plataformas.
Ha dejado a los moradores de la playa sin una aldea específica. Cualquiera puede ser el sitio a lo largo del golfo
que se mantiene alerta del petróleo al diluvio.
Nada se puede hacer:
cuatro helicópteros sobrevuelan el vendaval
y anuncian la tarea de salvación.
Los cuerpos giran;
los algodones no alcanzan ya
para curar heridas de tormenta.
El mar está vivo, es una bestia que mete su lengua hasta el corazón de la tierra. Elevó su vaho
a la altura de un vuelo de gaviotas y arrastró un helicóptero.
¿Qué se podía esperar de los bohíos que formaban su hilera entre los médanos?
Viene la ola
encima de la turbiedad del mar. A horcajadas, los hombres en la orilla se montan, en lo que pudo ser su espuma delirante.
Viene un cortejo de aves
en busca de carroña,
dispuestas a tragarse
una marea de peces enterrados
en montañas de arena.
Eso es la playa ahora
lejos del huracán.
Un horizonte oscuro
y el hombre que lo observa en tensa calma: vigilado por una luna de agua preñada en la orfandad del cielo.

Este poema pertenece a la serie La sal del mar.