HeRBARIUM
Prólogo de Piedad Bonett
Ya el título del nuevo
libro de Jorge Cadavid, Herbarium, da
cuenta de la naturaleza de su aventura: un bello, un perfecto simulacro. Así
como un herbario es una colección de plantas secas que intenta describir un
ámbito natural, el libro de Jorge quiere ser un personal inventario del mundo
—incompleto, como todos los inventarios— a través de poemas que hablan de
hongos, de líquenes, de polen, de helechos, de todo aquello que José Celestino
Mutis —a quien está dedicado el libro— supo mirar con ojo de verdadero
científico. ¿Por qué simulacro? Porque —en ejercicio muy contemporáneo—
valiéndose de una palabra que pareciera remitir al lector a la precisión del
lenguaje científico, el poeta explora lo más hondo y sutil de lo humano, en
gesto que permite un desplazamiento simbólico de un campo semántico a otro, y
de lo llano, lo descriptivo, lo prosaico del catálogo, a lo sutilmente poético.
Como un maestro, en el sentido más literal de la palabra, el autor recoge las
lecciones de la naturaleza. No aquellas obvias, trajinadas, manoseadas en los
más pobres manuales escolares, sino las más secretas y más hondas, a veces,
paradójicamente, por estar a nivel de la superficie.