
Carmen Posadas


Por Virginia Drake | Foto: Carlos Carrión
Se reconoce antropológicamente vaga, a Carmen Posadas no le gusta escribir. Se mantiene en forma cada mañana realizando una tabla de gimnasia de veinte minutos, antes de sentarse delante del ordenador, mirando a una pared en blanco para no distraerse. Así ha escrito Licencia para espiar (Editorial Espasa), la novela que sale a la venta esta semana. En ella, el lector descubrirá que las murallas de Jericó cayeron gracias a una espía llamada Rahab la Larga; que fue una juglaresa, la Balteira, la que propició la reconquista de Córdoba y Málaga; o que la Santa Inquisición fue la primera agencia internacional de espionaje. Posadas aborda la historia con ojos de mujer... de las más intrépidas mujeres.
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| Carmen Posadas |
Como les he contado alguna vez, yo fui una niña sumamente fea. Nací peluda, cetrina, con un diente y cinco kilazos de peso que hicieron que en el hospital donde vi la luz se me conociera por el bonito apodo de 'Madre abadesa'. Además, era una fea en una familia de guapos, algo aún más difícil de sobrellevar y sobre todo de entender. Pero una de las pocas ventajas que tiene ser una niña fea es que al menos una no se hace la novela. Lo que quiero decir es que no crecí soñando de noche y fantaseando de día que los hados, las hadas o quien demonios se ocupe de estos menesteres allá en el Olimpo, me tenían destinado un futuro glamouroso gracias al cual, nada más quitarme los calcetines de adolescente, me encontraría convertida en Natalie Wood o Grace Kelly o, más modestamente, en la Jennifer Aniston de turno. Soñar es bonito, qué duda cabe, pero también es fuente de muchos desconsuelos y desilusiones, pensaba yo entonces.
| Antonio Mercero, Jorge Díaz y Agustín Martínez, autores de la novela 'La Bestia' presentada bajo el seudónimo de Carmen Mola, ganadora del Premio Planeta de Novela. |
El autor valenciano nos reconoció además que en un momento dado, tuvo que hacer caso a un arquitecto le advirtió de que el piso de la buhardilla donde guardaba sus libros corría peligro de ceder debido al peso acumulado.

Marcel Cohen falleció el 31 de julio de 2026, a los 88 años. ¿Qué mejor manera de rendirle homenaje que esforzándonos por comprender las particularidades de su enfoque intelectual y la forma que inventó para narrar la historia? Parece necesario profundizar lo máximo posible en el texto, su realidad, sus sutiles efectos. De este modo, emerge una obra humanista atípica y trascendental, que eleva la experiencia biográfica a un nivel completamente distinto.

Aparece en catalán la 'Poesia completa' de Mandelstam, la más extensa hoy en España del bardo que murió en el gulag
Musitando arriba y abajo de la habitación, Óssip Mandelstam construía sus versos, buscando antes la musicalidad que la palabra. Ese afán por el ritmo facilitó con los años que su esposa Nadejda pudiera memorizar la mayor parte y rehacerlos, salvándolos así del olvido, primero junto a él en el exilio de Vorónej y luego tras la muerte del autor de La piedra en un gulag de Siberia el 27 de diciembre de 1938. “Sonoramente, son fascinantes todos y además están sus series paronomásticas, que he intentado respetar; he procurado un equilibrio entre lo que dice él y cómo decirlo yo para que sonara bien”, expone Jaume Creus (Barcelona, 1950). Con estudios de música y el bagaje de un centenar traducciones de óperas, la adaptación al catalán de Mandelstam (existía una breve de Helena Vidal, en 2009) estaba en las mejores manos. Puede comprobarse en Poesia completa (Edicions de 1984), la versión más exhaustiva hoy en España de uno de los grandes del acteísmo, trabajo hercúleo al que Creus ha añadido un segundo: más de 120 páginas de notas que remacha con una exhaustiva cronología. La lectura de una decena de libros sobre y del poeta le dan autoridad suficiente para ello.

Las vidas de los escritores Osip y Nadeshzda Mandelstam resuenan en la Rusia de Putin, y nos recuerdan cómo en los regímenes totalitarios la literatura fortalece su valor de resistencia y la poesía retrocede a sus orígenes de memorización y oralidad
7 de julio de 2023
La poesía no hace que suceda nada, dice W. H. Auden. Pero a Osip Mandelstam, la poesía le costó la cárcel y la vida, que estuvo en peligro desde que empezó a difundirse de viva voz su poema contra Stalin, justo en la época en la que se hacía más fuerte el poder del tirano, y en la que se completaban los preparativos para el Gran Terror soviético de los años treinta. Mandelstam no llegó a escribir ese poema. Tenía la costumbre de componer los suyos murmurando mientras caminaba, como hablándose en voz baja a sí mismo. Había sido un joven vanguardista que recibió con alegría la caída del Zar y la revolución liberal de febrero de 1917, pero que nunca escondió su rechazo hacia el golpe de Estado bolchevique de octubre, que puso fin por la fuerza de las armas a un proceso esperanzador de democracia constitucional. La disidencia de Mandelstam era más ética y estética que política, una rebeldía existencial contra toda ortodoxia, un desagrado visceral hacia las unanimidades forzosas y la violencia burocráticamente organizada. De joven, en la San Petersburgo cosmopolita anterior a 1914, y luego en la Petrogrado febril de los años de guerra y de las vísperas de la revolución, Mandelstam había formado parte de un grupo de poetas —Anna Ajmátova la más brillante de todos— empeñados en dejar atrás las nieblas y las abstracciones del simbolismo, y en vindicar lo concreto y al mismo tiempo lo visionario, la belleza de las cosas tangibles y el arrebato de las imágenes y las palabras surgidas de impulsos inconscientes, disciplinados por las reglas del arte, la prosodia, la rima, la métrica. Enraizados en la tradición culta y popular de la literatura rusa, aspiraban a integrarla en el espacio más amplio de la cultura humanista europea. En Kiev, en mayo de 1919, Mandelstam conoció a Nadeshzda Iakovliesna, y ya no se separaron hasta la muerte de él, en 1938. Ajmátova, que fue amiga íntima de los dos, dijo que no había visto nunca a dos personas tan enamoradas como ellos, tan fieramente unidas contra la hostilidad del mundo. A Nadeshzda Mandelstam se deben las que probablemente sean las memorias más valiosas y mejor escritas sobre la larga noche sanguinaria del estalinismo, Contra la desesperanza. Y fue gracias a ella, a su constancia, a su valentía, que se pudo salvar la mayor parte de la obra de su marido.
FRAN PULIDONos buscamos a nosotros mismos en las figuras del pasado cuando es la distancia que tenemos con ellos la que nos enseña
17 de julio de 2026
La inmensa mayoría de los escritores, filósofos, artistas, que han vivido a lo largo de la historia creativa del Homo sapiens —en torno a los cuarenta mil años— sufren un defecto irreparable: no son contemporáneos nuestros. Sean cuales sean los talentos que los distinguieron, cometieron el error de no vivir en las primeras décadas del siglo XXI, lo cual los condena al pecado sin perdón del anacronismo, y acumula sobre ellos (y ellas) y sus obras una serie de lacras que proceden todas del mismo origen: no haber alcanzado esa superioridad sobre los valores, los sentimientos, la percepción estética, el lenguaje, que distingue a nuestra época sobre cualquier otra. En un libro abrumador que ha caído en mis manos sobre la luctuosa relación entre la música negra y el sistema penitenciario de EE UU —The Midnight Special— el autor, Colin Asher, que ama esa música con el mismo fervor con que denuncia la injusticia que la persiguió desde sus orígenes, tiene que esforzarse sin embargo en dar todo tipo de explicaciones y pedir disculpas anticipadas por la aparición en su libro de palabras ahora inaceptables, pero que por desgracia fueron comunes en la época y en los ambientes sobre los que escribe, y que por lo tanto no puede ignorar sin falsear la historia.
Fran PulidoLos ataques que recibe el autor de ‘El misterio de la cripta embrujada’ es como uno de esos despropósitos narrativos que tanto le gustan
Me acuerdo de la única vez que he firmado libros en Sant Jordi porque tuve la suerte de conocer a Miguel Gila. Lo había admirado de niño, antes de la televisión escuchándolo en la radio, viéndolo en algunas películas de pobres en blanco y negro, y luego, al cabo de los años, disfrutando sus viñetas de impávido humor negro en Hermano Lobo, una de aquellas revistas que en pleno franquismo se tomaron la libertad por su mano, antes de que la libertad llegara. Pero en aquel abril de 1995, en Barcelona, lo que le agradecí sobre todo a Miguel Gila fue su extraordinario libro de memorias, Y entonces nací yo, que es uno de los pocos testimonios de los años de la República y la guerra civil contados desde abajo, desde la posición de un pobre soldado de Infantería al que mandan al frente sin entrenamiento alguno y sin vapores ideológicos que lo animen al heroísmo ni a la crueldad.

Un siglo después de su publicación, el tiempo ha confirmado la total modernidad de ‘El gran Gatsby’
Hay regalos que duran toda la vida. Cuando nos despedíamos al final del último curso en la universidad, un amigo me regaló una edición barata de El gran Gatsby, que traía en la portada una foto de Robert Redford en esmoquin, reclamo evidente por la película de mucho éxito basada en la novela. Con distraído esnobismo de universitario, adicto a las severidades de los cineclubs, yo no había hecho caso a la película, y la portada de la novela no me había llamado la menor atención, imaginando que sería una historia romántica de las que abundaban entonces, a la zaga del éxito de Love Story. No hay ignorancia que no sea despectiva. El gran Gatsby, cada vez que vuelvo a ella, me parece un modelo de esa perfección que se alcanza tantas veces en la música, y creo que con bastante menos frecuencia en la novela. El gran Gatsby apareció en el mismo año prodigioso en el que Virginia Woolf publicaba Mrs. Dalloway y John Dos Passos Manhattan Transfer, y un año después de nada menos que La montaña mágica, de Thomas Mann. Proust había muerto en 1922, pero los últimos volúmenes de En busca del tiempo perdido seguían editándose, y en ese mismo año la heroica y muy sufrida librera Sylvia Beach le había costeado a James Joyce la publicación de Ulises, que en algunos capítulos tiene concordancias misteriosas con Luces de bohemia, impresa en libro en 1924. El “Madrid absurdo, luminoso y hambriento” de nuestro Valle-Inclán se parece mucho en ciertos pasajes de esperpento y desgarro al Dublín de Joyce, por donde también deambulan un maestro y un discípulo tan beodos como Max Estrella y don Latino de Hispalis.

La tontería fluye fácilmente entre las generaciones, y la fábula del escritor borracho no parece que vaya a perder su prestigio
La última vez que lo vi, Alfredo Bryce Echenique estaba derrumbado a todo lo largo sobre una fila de asientos en una sala de espera del aeropuerto de Barajas, desmayado o dormido, mientras una voz que él no escuchaba repetía su nombre por la megafonía. Fue esa voz la que nos hizo darnos cuenta de que aquel hombre en apariencia inerte era él. El vuelo hacia Lima estaba a punto de despegar, y desde la sala de embarque se reclamaba con urgencia la aparición del último pasajero que faltaba. Mi mujer y yo nos acercamos a él y lo sacudimos suavemente, diciendo su nombre. “Alfredo, Alfredo”. Él abrió sus ojos rasgados, que parecían más japoneses por las gafas redondas, parpadeando por la molestia de la luz, y puso cara de sorpresa al reconocernos. “Elvira, Antonio, qué alegría”. Le dijimos que tenía que darse prisa, mientras la voz perentoria repetía una vez más su nombre, y le ayudamos a levantarse y a recoger sus cosas desperdigadas. Lo vimos salir aturdido, con la ropa y el equipaje en desorden, temiendo que se perdiera en el camino hacia la sala de embarque, que llegara cuando el vuelo ya estuviera cerrado.

Fuera de nuestro huerto, de nuestra vida, nosotros no podemos influir en nada, y menos aún despertar a los responsables políticos de su indiferencia o su parálisis
Antonio Muñoz Molina

Los misiles rusos castigan a diario a la población civil ante la falta de interceptores
El País, 9 de agosto de 2026


La diseñadora española Agatha Ruiz de la Prada estuvo en Buenos Aires. Dijo: “En España el mayor héroe que hay es Milei (...). Tiene muchísimos fans”. Un héroe nunca está solo. Muchos aportan a su causa. Nahuel Sotelo, al frente de la secretaría de Culto (ahora rebautizada como “de Culto y Civilización”), es uno de ellos. Se opone a la ley del aborto, es crítico de la ley de identidad sexual, está de acuerdo con que haya ”educación sexual en términos biológicos, no con cuestiones de género”. El ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, aportó lo suyo proclamando en la Cámara de Diputados que “la diversidad de identidades sexuales son inventos subjetivos” y que su objetivo es preservar la familia como “núcleo central y pilar fundamental de la unión”. En julio hubo otros aportantes: seis diputados de La Libertad Avanza, el partido de Milei, visitaron en el penal de Ezeiza a genocidas de la última dictadura ―entre ellos Alfredo Astiz, cuya infiltración en Madres de Plaza de Mayo terminó con dos de sus integrantes desaparecidas―, todos condenados por delitos de lesa humanidad. El objetivo, se cree, era encontrar formas de disminuir las condenas y obtener indultos o prisiones domiciliarias. Hay más aportes recientes: el desmantelamiento de la CONADI, la Unidad Especial de Investigación de la Desaparición de Niños durante la dictadura; el desguace del Equipo de Relevamiento y Análisis de los archivos de las Fuerzas Armadas, que aportaba pruebas en juicios de lesa humanidad. La diseñadora agregó que en España la Argentina “está muy de moda. Todo lo que sea argentino, desde la comida a todo. Se están comprando muchísimas casas ahí, hay más argentinos que aquí”. Que haya tantos argentinos en España es el síntoma de un éxodo penoso. Salvo que el exilio se haya transformado en algo tan cool como los mocasines de Loro Piana, habría que revisar el significado de la palabra moda. Y, de paso, el de la palabra héroe.

El presidente de El Salvador dice que Colombia no necesita de momento equipos de rescate | Exteriores informa de que hay 164 españoles sin localizar tras el siniestro
11 de agosto de 2026
Al menos 224 personas han muerto y cientos han resultado heridas en Colombia por el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el oeste del país el lunes, según las autoridades locales. El presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, ha cifrado en 188 personas los desaparecidos en Cali y ha explicado que continúan las labores de búsqueda y rescate de los supervivientes durante la noche. Según ha publicado en redes el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, el Gobierno de Colombia está rechazando de momento “el apoyo de personal internacional” y ha solicitado “únicamente” ayudas económicas “para atender a las familias afectadas”. “Nos han informado que sus equipos de rescate, médicos y demás cuerpos de emergencia se encuentran desplegados y atendiendo la situación, por lo que, en este momento, no requieren apoyo de personal”, ha añadido Bukele. Gran parte de los fallecidos se concentra en el área metropolitana de Pereira y también se han producido graves destrozos en la ciudad de Cali. Además, el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, cifra en 164 los españoles a los que aún no se ha podido localizar.
¿Es posible atrapar el movimiento del viento o el fluir del agua en un material tan rígido como la cerámica? Las instalaciones de Mari Anastasova son un sí como respuesta. Esta artista búlgara, afincada en el corazón de Londres, ha logrado lo que pocos: convertir la porcelana en un lenguaje de dinamismo, ligereza y emoción pura.