La llamada de… Hernán Díaz
Álvaro Colomer sigue empeñado en desvelar el mito fundacional oculto en la biografía de los escritores, es decir, indagar en los orígenes de su vocación, en el germen de su despertar al mundo de las letras, en el momento exacto en que sintieron la llamada no precisamente de Dios, sino de algo todavía más poderoso: la literatura.
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Hernán Díaz empezó a escribir antes de que le enseñaran a hacerlo. Ya en su primera infancia, cuando todavía no había pisado un colegio ni aprendido los fonemas representados en el alfabeto, el futuro ganador del premio Pulitzer garabateaba signos ininteligibles en papelotes y después corría hacia su madre mientras gritaba: “¡Mira, mamá! He escrito un cuento”. La progenitora fingía entonces que lo leía y, al terminar, felicitaba al artista con un enorme beso. Luego lo observaba mientras se alejaba ufano por el pasillo y, quién sabe, se preguntaba eso que todavía hoy enfrenta a genetistas, psicólogos y ambientalistas del mundo entero: el escritor, ¿nace o se hace?















