jueves, 23 de enero de 2020

Alice Munro /Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio





Alice Munro
Biografía
Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio


      Hace años, antes de que dejaran de pasar trenes por tantos ramales, una mujer de alta frente pecosa y flequillo rubicundo entró en la estación de ferrocarril a averiguar qué había que hacer para despachar muebles.

Astor Piazzolla / Ryan Woodward / Oblivion

Astor Piazzolla



ASTOR PIAZZOLLA 

Oblivion 

Art by Ryan Woodward





miércoles, 22 de enero de 2020

Triunfo Arciniegas / Lecturas

El duro ejercicio del exilio
o el socialismo del siglo XXI
Bogotá, 2020
Fotografía de Triunfo Arciniegas
Triunfo Arciniegas
LECTURAS
Bogotá, 19 de enero de 2020

Vi una mujer bonita con un letrero en su camiseta: A veces no, a besos sí. Sin la coma, con letras enormes y en dos líneas, en el sagrado territorio de sus esplendorosos pechos. Mujeres que uno lee al pasar, desde la orilla, desde la ventanilla de un autobús.

Lecturas de la ciudad: mendigos, putas y ladrones. Sobre todo en el caótico centro, mi territorio, que tanto temen las amistades. Venezolanos hasta debajo de las piedras, infelices víctimas del calamitoso experimento llamado socialismo del siglo XXI, la dictadura militar del vecino país, asesina y narcotraficante, hospedaje de otros asesinos, además, la guerrilla colombiana. Triste geografía de adultos y niños muertos de hambre, dos mil seiscientos metros más cerca de las estrellas. Hombres y mujeres que pretenden mantener una familia con la venta de pinches caramelos. Putas como arroz, engrosando la cosecha propia. Ladrones desesperados, confundidos con los nuestros. Y vienen de un país cuyo cínico gobierno tuvo la desfachatez de crear el Viceministerio de la Felicidad Popular. He visto en la avenida diecinueve, entre novena y octava, con estos ojos que se han de tragar la tierra, a un hombre escarbando y comiendo en la basura, como un perro.

En otro viaje a Bogotá, en el Park Way, uno más del millón y medio de venezolanos que deambulan por Colombia, un hombre con ademanes y prendas de mujer, en chancletas y con las uñas mal pintadas, se me acercó a pedir una limosna. Como no le di nada, se alejó diciendo: “Qué hijueputa país”. Ni modo de contradecirle.

Y siguen las lecturas.

Por los letreros de las paredes y la perversidad de los caricaturistas, resulta obvio que ha hecho carrera el cerdo como representación del desastroso presidente que tenemos los colombianos. Pero si a las apariencias físicas nos rebajamos, si uno es el cerdo, el otro es el tuerto, y la suya será una mirada desviada por los siglos de los siglos. Y cualquiera sabe que me refiero al que se quedó con las ganas de ser su presidente.  Los manifestantes podrían gritar: “Muera el cerdo, viva el tuerto”. Cómo les quedó el ojo a los pobres ingenuos que ponen su fe en este político obsesionado con el poder?

Y ahora sí, últimas lecturas.

He leído tres libros en estos días: Crónicas de motel, de Sam Shepard, Memoria de jirafa, de María del Rosario Laverde, y Ráfagas de tiempo, de Plinio Apuleyo Mendoza. Ayer empecé Nuevas maneras de matar a tu madre, de Colm Tóibín, y esperan turno, entre otros, Tiempos recios, de Vargas Llosa, y El Oro blanco, de Edmund de Waal.

Hace muchísimos años quería leer Crónicas de motel, una colección de poemas y textos en prosa de diversa extensión, breves en su mayoría. Retratos, fogonazos, páginas dispersas de un diario. Ahora sé que conocía algunos. La atmósfera de este precioso libro le sirvió a Wenders para construir una película de culto, París, Texas. Shepard es toda una leyenda: vaquero, actor, dramaturgo. Premio Pulizer, con más de cuarenta obras de teatro y una envidiable carrera cinematográfica, baterista, amigo y confidente de Bob Dylan y The Rollings Stones. Y no sólo eso: amante en su juventud de otra leyenda, Patti Smith, y marido de Jessica Lange por casi treinta años, nada más ni nada menos. Tengo en casa otros libros de Sam Shepard pero ninguno tan maravilloso y tan desolado como Crónicas de motel.

Memoria de jirafa es una colección de textos breves, numerados, autobiográficos, donde Laverde expone sin altanería o vanidades su propia vida, los días que uno tras otro son la vida, como decía Aurelio Arturo, desde la infancia hasta el momento. Un padre amoroso, admirable, y una madre difícil dominan estas páginas. El libro puede leerse de un  tirón y confundirse con la brisa de la tarde. La edición es  modesta y las ilustraciones, espantosas. Pese a estas circunstancias, el libro está destinado a la memoria.

Mendoza no goza de buena fama. Pintores y escritores lo detestan por fisgón. Con Botero fue demasiado indiscreto (en alguna ocasión describió el lunar del culo de una amante del pintor) y Mercedes, la esposa de García Márquez, lo espantó de la casa. Ha explotado hasta el hastío la fama ajena. Pero su libro, Ráfagas de tiempo, donde se borran las fronteras del periodismo y la literatura, es una absoluta maravilla. Más europeo que boyacense, con una prosa precisa y eficaz, y a menudo con frases esplendorosas, Mendoza nos pasea por Bogotá y Caracas pero sobre todo por París y Roma. Una impresionante galería de personajes y momentos íntimos danzan en asombroso equilibrio. Las veinte páginas dedicadas a la ceremonia del Nobel de García Márquez, sabiamente centradas en una foto colectiva, conforman una pieza maestra. y hay por lo menos otras nueve.

martes, 21 de enero de 2020

Triunfo Arciniegas / Roca, Bukowski y Petro



Ilustración de Rodez


Triunfo Arciniegas
ROCA, BUKOWSKI Y PETRO
Bogotá, 11 de enero de 2020

Juan Manuel Roca, poeta y amigo, se equivoca con Bukowski y con Petro. Considera que Bukowski es malo y el otro bueno, y es exactamente al revés. Bukowski, y lo saben millones de lectores en el mundo entero, es un escritor que no se parece a nadie, un gran escritor. Salvo los últimos años, debido al milagro de las regalías alemanas, su vida fue miserable y caótica, muy tratada en su propia obra. Bukowski se encarga de las miserias de la vida, de los hombres sin esperanza y las mujeres perdidas. Escribió dos libros que se me antojan memorables, Mujeres, que retrata sin piedad la vida sexual de un hombre mayor, y La senda del perdedor, un lúcido y duro retrato de la adolescencia. Dos libros muy distintos.

Como poeta es desigual, pero qué poeta no lo es. Hasta los grandes han escrito pésimos poemas. Y si examinamos con lupa, de cada poeta quedan cinco o seis poemas que de verdad valen la pena. De Bukowski podría decirse lo mismo. Esos cinco o seis poemas existen. Escribió poesía a chorros. Iba donde lo invitaran por unos cuantos dólares, se emborrachaba y leía. La gente andaba loca con sus textos. Todavía anda loca. Bukowski es un escritor, sobre todo, para gente joven.

Petro es un político colombiano con una desmedida ambición por el poder. Egocéntrico como nadie, orgulloso y altanero. Navarro Wolf dice que él mismo es su propio enemigo. Petro dirige el odio y el rencor como lo hacía Chávez, su maestro: ambos expertos en manejar pasiones, ambos consumados estrategas. Petro fue guerrillero, es decir, que alguna vez consideró llegar al poder a sangre y fuego. Tal como lo intentó el mismo Chávez, que terminó transformando el país más rico de Latinoamérica es el más miserable y corrupto. Tal como lo hicieron los Castro con Cuba, donde construyeron un régimen de hambre y represión de más de sesenta cuyo fin aún no se vislumbra. Como opositor, papel que domina a cabalidad, Petro denuncia crímenes, y con razón, porque el nuestro es un país de espanto, pero se olvida que su movimiento, el M19, es responsable del holocausto del palacio de Justicia. Denuncia la corrupción, tan obvia y patética, pero no pudo evitarla en su alcaldía. Por cierto, como alcalde de Bogotá fue un desastre. Dio a conocer el cobre. Se comportó como un déspota. Petro es un tramposo. Experto en verdades a medias. Ni la gente de izquierda quiere trabajar con él. Cuando fue candidato a la presidencia de Colombia le hicieron jurar ante unas ridículas tablas de la ley en la misma Plaza de Bolívar. Que no cambiaría la constitución como cualquier chavista, que no se eternizaría en el poder como cualquier chavista. Por algo le hacen jurar. Y él, cínico como es, no le importa jurar lo que sea. De todas maneras, ¿qué político cumple sus promesas?  "Soy Gustavo Petro y quiero ser su presidente", dijo. Soy Triunfo Arciniegas y ni por el putas lo quiero de presidente. Perdió, por suerte. Su discurso de aceptación de la derrota parecía escrito por un argentino. Se ufanaba de habernos asustado, de que estuvo a punto de hacernos saltar al abismo. Que salte él solo, carajo, que no arrastre en su delirio a millones de colombianos, que no nos ponga a deambular por el mundo como almas en pena o como lastimosas víctimas de otro experimento del socialismo del siglo XXI.


lunes, 20 de enero de 2020

Joyce Mansour / Azul como un desierto






Joyce Mansour
AZUL COMO UN DESIERTO

Felices son los solitarios
Aquellos que siembran el cielo en la ávida arena
Aquellos que buscan lo viviente bajo las polleras del viento
Aquellos que corren jadeando detrás de un sueño evaporado
Porque ellos son la sal de la tierra
Felices son las atalayas sobre el océano del desierto
Aquellos que persiguen el fennec* detrás del espejismo
El alado sol pierde sus plumas en el horizonte
El eterno verano se ríe de la tumba mojada
Y si un fuerte grito resuena en las postradas rocas
Nadie lo escucha nadie
El desierto siempre aúlla bajo un cielo impasible
El ojo inmóvil sobrevuela solo
Como el águila al alba
La muerte se traga el rocío
La serpiente sofoca a la rata
El nómade bajo su carpa oye el ulular del tiempo
Sobre la grava del insomnio
Todo está allí esperando por una palabra ya indicada
En otra parte

*Fennec: pequeño zorro de orejas puntiagudas de los desiertos del norte de Africa




Anne Carson / Tres





Anne Carson
Tres
Tres mujeres silenciosas en la mesa de la cocina.
La cocina de mi madre es oscura y pequeña pero del otro lado de la ventana
está el páramo, paralizado con hielo.
Se extiende hasta donde alcanza la vista
a lo largo de kilómetros planos hasta un cielo blanco sólido no iluminado.
Mamá y yo estamos masticando lechuga cuidadosamente.
El reloj de la pared de la cocina emite un bajo zumbido irregular que salta
una vez en el minuto justo de las doce.
Tengo a Emily pág. 216 abierta y apoyada sobre la azucarera
pero furtivamente estoy observando a mi madre.
Miles de preguntas chocan contra mis ojos desde adentro.
Mi madre está estudiando su lechuga.
Paso a la pág. 217.
“En mi fuga a través de la cocina tropecé con Hareton
quien ahorcaba una camada de cachorros
desde el respaldo de una silla en la puerta. . .”
Es como si a todas nos hubieran bajado dentro de una atmósfera de vidrio.
De tanto en tanto un comentario atraviesa el vidrio.
Impuestos en el lote de atrás. No es un buen melón,
falta para los melones.
La peluquera del pueblo encontró a Dios, cierra la tienda cada martes.
De nuevo hay ratones en el cajón de los repasadores.
Pequeñas bolitas. Mordieron
los bordes de las servilletas, si supieran
lo que cuestan las servilletas de papel hoy en día.
Esta noche llueve.
Mañana llueve.
Ese volcán en las Filipinas otra vez activo. Esa que no me acuerdo el nombre
Anderson se murió no Shirley no
la cantante de ópera. Negra.
Cáncer.
No estás comiendo tu guarnición, ¿no te gustan los pimientos?
Por la ventana puedo ver hojas muertas que atraviesan las tierras planas
y residuos de nieve herida por la mugre de los pinos.
En el centro del páramo
donde la tierra desciende hacia una depresión,
el hielo ha comenzado a abrirse.
Llegan aguas abiertas y negras
cuajadas como la ira. Mi madre habla repentinamente.
Esa psicoterapia no te está ayudando tanto, me parece.
No lo estás superando.
Mi madre tiene esa manera de resumir las cosas.
A ella nunca le había gustado Law
pero le gustaba la idea de que yo tuviera un hombre y que continuara con mi vida.
Pues él es de los que toman y tú de las que dan espero que funcione,
era todo lo que dijo después de haberlo conocido.
Dar y tomar eran sólo palabras para mí
en ese momento. Nunca antes había estado enamorada.
Era como una rueda que bajaba rodando una colina.
Pero temprano esta mañana mientras mamá dormía
y yo estaba abajo leyendo la parte de Cumbres Borrascosas
donde Heathcliff se aferra a la celosía durante la tormenta sollozando
¡Entra! ¡Entra! al fantasma del tesoro de su corazón,
caí de rodillas sobre la alfombra y también sollocé.
Ella sabe cómo ahorcar cachorros,
esa Emily.
No es como tomarse una aspirina, sabes, le respondo débilmente.
La Dra. Haw dice que el duelo es un proceso prolongado.
Ella frunce el ceño. ¿Y qué se logra
con todo ese remover el pasado?
Oh —extiendo las manos—
¡Yo me impongo! La miro directamente a los ojos.
Ella sonríe. Sí lo haces.


Julia Hartwig / Existió



Julia Hartwig
Existió
Versión de Abel Murcia

Ésta es ya la tercera carta que te escribo
aunque seguramente el hotel Phoenix ya no existe
- le decía a ella en sueños
Porque sólo en sueños ella lo podía ver todavía
Y era aún la época de un amor joven
con explosión de lágrimas loco lleno de obstáculos
de renuncias de dudas y de reencuentro nocturno
alegrado con la huida a través de un país feliz
de granjas provenzales e iglesias románicas dejadas en el camino
El segundo sueño es un palacio derruido por un rayo
y del que ya sólo queda el plano dibujado en el papel
Él con el dedo sigue una luz solar en movimiento
dice: Así será nuestra casa
con mucha luz Mira cuántas ventanas

De No hay respuesta


Alda Merini / Canto de respuesta




Alda Merini

Canto de respuesta

Alda Merini / Canto di Risposta


Haber estado en ciertos lugares tristes,
cultivar fantasmas,
como dices tú, atento amigo mío,
no da derecho a creer que dentro
dentro de mí continúe la locura.
He seguido siendo poeta hasta en el infierno
sólo que yo buscaba de Eurídice
la casta sombra y no tengo más palabras...
Ésta, Franco, la tierna respuesta
a tu dilema: yo soy poeta
y poeta seguí siendo tras los barrotes;
sólo que afuera, sin casa y perdida
he continuado a mi pesar el canto
de la tristeza, y dentro de cada flor
de mi voz existe aún la esperanza
de que nada haya sucedido que devaste
mi surco de luz y haya perdido
la verdadera llave que me cierra a la verdad.



Miriam Reyes / Corté los hilos

Amando mi luna
Iris Serrano


Miriam Reyes
CORTÉ LOS HILOS




Corté los hilos limpié las huellas
detuve todo flujo que pudiera extenderse
del uno hacia el otro.
Barrí tu cuerpo de huesos y carne
fuera de mi cabeza.
Todo lo tibio también todo a la calle.
Y tú sigues repicando
incansable entre los tubos
vacíos de mis arterias.



domingo, 19 de enero de 2020

La brutal honestidad de los selfies de Lucian Freud




Un niño copia el autorretrato de Lucien Freud en la Royal Academy of Arts de Londres Ampliar foto
Un niño copia el autorretrato de Lucien Freud en la Royal Academy of Arts de Londres R. DE M.

La brutal honestidad de los selfies de Lucian Freud

La Royal Academy of Arts reúne los autorretratos del pintor


RAFA DE MIGUEL
Londres, 9 de noviembre de 2019

Lucian Freud (Berlín, 1922-Londres, 2011) necesitó saltar del lápiz y el plumín al pincel de marta cibelina, para acabar dando brochazos desesperados con un manojo de pelo de cerda antes de reconocerse a sí mismo por completo. Está en la cúspide de su talento en el último autorretrato de toda la serie del gran pintor figurativo que expone la Royal Academy of Arts (RAA) de Londres (Lucian Freud: The Self-portraits, hasta el 26 de enero). Completamente desnudo salvo unas zarrapastrosas botas sin cordones, que protegen sus pies de los pigmentos de pintura esparcidos por el suelo de su estudio. Freud, nieto del padre del psicoanálisis, muestra su anatomía musculosa y flácida a un tiempo, levanta victorioso la brocha como un guerrero espartano y mantiene la mirada inquisitiva que usó durante décadas para extraer la naturaleza íntima de sus modelos. Una obra cumbre en la que los manchurrones de pintura parecen trozos de carne viva, y llaman la atención la cabeza del pintor, su miembro viril como el colgajo en torno al que gravita su fuerza y la tensión del brazo que dirige el proceso creativo. "Se trata del periodo durante el que, a juicio de cualquier observador, Freud se estaba definitivamente incorporando al club de los Grandes Maestros. Y este autorretrato sugiere que era consciente de ello", ha escrito el crítico de arte Martin Gayford, que ha seleccionado y comentado, por encargo de la RAA,  cinco autorretratos de los más de cincuenta que se pueden ver en la muestra.

Mark Demsteader / Mujeres II



Mark Demsteader
MUJERES II