Richard Ford.
Northrop Frye, eminente crítico canadiense, sostenía que la finalidad de las palabras no es idéntica ni semejante en la literatura y en la política. En el primer caso, su uso tiende a ser «desinteresado»; en el segundo, es el interés (fenicio) el que alimenta a un orador, aunque se camufle bajo los ropajes de la persuasión. No se trata de leyesincompatibles: lo que un escritor desea, a fin de cuentas, es tener lectores e influencia y, al perseguir ambas cosas, también le mueve un objetivo, aunque, en apariencia, sea distinto al que profesa un gobernante cuando aspira a que los ciudadanos le crean (porque miente) o un candidato procede a pedir el voto.


























