
Un puñado de flechas
Anagrama, 2024
248 páginas. 17,90 euros

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| Dolores Reyes Foto de Alejandra López |
Cuando Dolores Reyes (Buenos Aires, 1978) alumbró a Cometierra, el personaje que da nombre a su primera novela, no sabía lo que esta iba a ser capaz de remover. Un temblor en el suelo que hoy continúa con el lanzamiento de la segunda entrega de la historia, titulada Miseria. La historia de la detective con métodos paranormales, que devora sustrato para dar con chicas desaparecidas, no solo se posicionó como uno de los mejores libros de 2019, traducido a doce lenguas, sino que abrió desde la literatura un potente camino para hablar de la lacra de feminicidios que asola el mundo desde universos simbólicos tan sugerentes como femeninos. La tierra, la magia, los saberes tradicionales de la adivinación sustituyen, en esta metáfora infinita, a los métodos científicos y forenses.

El pensador, uno de los más grandes del siglo XX, ha fallecido este sábado en la ciudad de Starnberg
El filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas, uno de los más grandes pensadores del siglo XX, ha fallecido este sábado a los 96 años de edad en la ciudad de Starnberg, según ha informado su editorial Suhrkamp en un comunicado, citando a su vez a la familia.

FUENTE DE LA IMAGEN, GETTY IMAGES
En "Hamnet", la elocuente novela de 2020 de Maggie O'Farrell y la conmovedora nueva película basada en ella, la esposa de Shakespeare, Agnes, es una herbolaria experta en pociones medicinales con una capacidad casi sobrenatural para presentir el futuro. Pero no puede salvar a su hijo pequeño de la peste, una muerte que lleva al padre del niño a escribir una de las obras más grandes de toda la literatura: Hamlet.
Katie Kitamura, Susan Choi y Lily King preseleccionadas para el Women’s prize for fiction (Premio de Ficción Femenina)
Las escritoras mencionadas ya disfrutan de reconocimiento mundial. La norteamericana Katie Kitamura concurre con su quinta novela, ‘Audición’, que ha corrido con gran suerte, pues fue preseleccionada para el Booker 2025, y en español figuró como una de las mejores obras publicadas del año pasado. Sigue a un actor anónimo que se enfrenta a un hombre más joven que dice ser su hijo, y explora el papel que juegan la actuación y la performance en nuestras vidas.
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| Haroldo Conti |
Haroldo Conti
UN MÍSTICO COMPROMETIDO
30 de mayo de 2010
Por Mario Goloboff
Nacido en los suburbios del pueblo pampeano bonaerense de Chacabuco, a los doce años Haroldo Conti ingresó al Colegio Don Bosco de Ramos Mejía y a los catorce al Seminario de los padres salesianos, del cual se fue y reingresó dos veces. En 1944 pasó al Seminario Metropolitano Conciliar y empezó a escribir una novela misional, Luz en Oriente, se formó en filosofía y comenzó a leer al padre Leonardo Castellani. Terminó sus estudios en 1954 en la UBA y desde 1956 ejerció como profesor de escuela secundaria en Santos Lugares. Sobre un suelo místico y existencialista, fueron asentándose en él lecturas de Stevenson, Melville, Conrad, Gorki y, en otra vertiente, Faulkner, Pavese, Dylan Thomas, muy probablemente los personajes de Horacio Quiroga y los del uruguayo Juan José Morosoli.
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| Haroldo Conti |
A Haroldo Conti, que era un escritor argentino de los grandes, le advirtieron en octubre de 1975 que las fuerzas armadas lo tenían en una lista de agentes subversivos. La advertencia se repitió por distintos conductos en las semanas siguientes y, a principios de 1976, era ya de dominio público en Buenos Aires. Por esos días me escribió una carta a Bogotá, en la cual era evidente su estado de tensión. «Martha y yo vivimos prácticamente como bandoleros», decía, «ocultando nuestros movimientos, nuestros domicilios, hablando en clave». Y terminaba: «Abajo va mi dirección, por si sigo vivo». Esa dirección era la de su casa alquilada en el número 1205 de la calle Fitz Roy, en Villa Crespo, donde siguió viviendo sin precauciones de ninguna clase hasta que un comando de seis hombres armados la asaltó a medianoche, nueve meses después de la primera advertencia, y se lo llevaron vendado y amarrado de pies y manos, y lo hicieron desaparecer para siempre.

La historia de amor de la pareja más famosa de los 90 no fue tan idílica como se creía. El último libro sobre los Kennedy describe a John-John como a un hijo de mamá consentido, arrogante e irascible. Ella tenía fama de arribista social.


Hablar de minimalismo es, inevitablemente, invocar la figura de Carolyn Bessette. Su paso por la firma Calvin Klein no solo moldeó su carrera profesional, sino que cimentó un código estético basado en la austeridad sofisticada. A continuación, repasamos sus lecciones de estilo definitivas.

La de John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette fue una historia que conmocionó a todos. Un romance trágico que podría haber sido escrito por William Shakespeare cuyo final supuso un antes y un después en la crónica social del momento. Sin embargo, la influencia del considerado 'príncipe de América' y la encargada de descubrir a Kate Moss sigue causando sensación incluso en las generaciones más jóvenes. De ahí nace Love Story, el nuevo y controversial éxito de Ryan Murphy, que indaga —entre la realidad y la ficción— las profundidades de la que fue la gran revolución romántica de los años noventa. Una producción que si bien ha sido increíblemente aclamada por el público, aquellos que conocieron a los protagonistas no están igual de ilusionados que los espectadores.

La serie Love Story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette, creada por Ryan Murphy, es objeto de discusión por la forma en que equilibra hechos históricos y licencias dramáticas al abordar la vida de una de las parejas más observadas de los años 90.

En 1973, la revista 'Screw' publicó fotografías no autorizadas de la ex primera dama de los Estados Unidos tomando el sol desnuda en la isla griega de Skorpios. El hombre que filtró las imágenes fue su propio esposo, el magnate griego Aristóteles Onassis.

El actor británico Michael Caine.
Coinciden en librerías las autobiografías –’No mires atrás, tropezarás’ y ‘Lo hicimos bien, chico’– de dos leyendas del cine
«No mires atrás, tropezarás», sentencia Michael Caine en la frase que cierra su libro y le da título. Él mismo no parece haberse aplicado su propia admonición, porque esta no es su primera incursión en el terreno de las memorias. La han precedido otros dos volúmenes: ¿De qué va esto? y La gran vida. Con respecto a los anteriores, No mires atrás, tropezarás (Erasmus) tiene un tono más distendido. Se trata de una larga conversación con su amigo Matthew D’Ancona, que fue director de The Spectator. Coincide en librerías con la aparición de las memorias de otro grande del cine británico, Lo hicimos bien, chico (Libros Cúpula) de Anthony Hopkins.

Ganador del premio de la Crítica Cinematográfica Internacional (FIPRESCI), en el Festival de Venecia de 1962, este primer largometraje de Román Polanski dio a conocer al mundo a la llamada “nueva ola” polaca, que al igual que la francesa buscaba renovar el lenguaje del cine mediante obras personales que privilegiaban la escritura por sobre el espectáculo, la espontaneidad por sobre la manipulación. Junto a Polanski trabajó en el guión Jerzy Skolimowski, la otra gran promesa de esa generación, quien con La barrera (1966), realizó tal vez el filme más corrosivo del joven cine polaco.
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| Ilustración de Marcela Motta |
Funes El Memorioso
Lo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha muerto) con una oscura pasionaria en la mano, viéndola como nadie la ha visto, aunque la mirara desde el crepúsculo del día hasta el de la noche, toda una vida entera. Lo recuerdo, la cara taciturna y aindiada y singularmente remota, detrás del cigarrillo. Recuerdo (creo) sus manos afiladas de trenzador. Recuerdo cerca de esas manos un mate, con las armas de la Banda Oriental; recuerdo en la ventana de la casa una estera amarilla, con un vago paisaje lacustre. Recuerdo claramente su voz; la voz pausada, resentida y nasal del orillero antiguo, sin los silbidos italianos de ahora. Más de tres veces no lo vi; la última, en 1887... Me parece muy feliz el proyecto de que todos aquellos que lo trataron escriban sobre él; mi testimonio será acaso el más breve y sin duda el más pobre, pero no el menos imparcial del volumen que editarán ustedes. Mi deplorable condición de argentino me impedirá incurrir en el ditirambo —género obligatorio en el Uruguay, cuando el tema es un uruguayo. Literato, cajetilla, porteño: Funes no dijo esas injuriosas palabras, pero de un modo suficiente me consta que yo representaba para él esas desventuras. Pedro Leandro Ipuche ha escrito que Funes era un precursor de los superhombres; “Un Zarathustra cimarrón y vernáculo”; no lo discuto, pero no hay que olvidar que era también un compadrito de Fray Bentos, con ciertas incurables limitaciones.
La muerte y la brújula
A Mandie Molina Vedia
De los muchos problemas que ejercitaron la temeraria perspicacia de Lönnrot, ninguno tan extraño —tan rigurosamente extraño, diremos— como la periódica serie de hechos de sangre que culminaron en la quinta de Triste-le-Roy, entre el interminable olor de los eucaliptos. Es verdad que Erik Lönnrot no logró impedir el último crimen, pero es indiscutible que lo previó. Tampoco adivinó la identidad del infausto asesino de Yarmolinsky, pero sí la secreta morfología de la malvada serie y la participación de Red Scharlach, cuyo segundo apodo es Scharlach el Dandy. Ese criminal (como tantos) había jurado por su honor la muerte de Lönnrot, pero éste nunca se dejó intimidar. Lönnrot se creía un puro razonador, un Auguste Dupin, pero algo de aventurero había en él y hasta de tahur.
By this art you may contemplate the variation of the 23 letters...
The Anathomy of Melancholy,part. 2, sec.
ii, mem. iv
El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente.
Solomon saith: There is no new thing upon the earth. So that as Plato had an imagination, that all knowledge was but remembrance; so Solomon given his sentence, that all novelty is but oblivion
Francis Bacon, Essays, lviii
En Londres, a principios del mes de junio de 1929, el anticuario Joseph Cartaphilus, de Esmirna, ofreció a la princesa de Lucinge los seis volúmenes en cuarto menor (1715-1720) de la Iliada de Pope. La princesa los adquirió; al recibirlos, cambió unas palabras con él. Era, nos dice, un hombre consumido y terroso, de ojos grises y barba gris, de rasgos singularmente vagos. Se manejaba con fluidez e ignorancia en diversas lenguas; en muy pocos minutos pasó del francés al inglés y del inglés a una conjunción enigmática de español de Salónica y de portugués de Macao. En octubre, la princesa oyó por un pasajero del Zeus que Cartaphilus había muerto en el mar, al regresar a Esmirna, y que lo habían enterrado en la isla de Ios. En el último tomo de la Iliada halló este manuscrito.