Ilustración de 1890 del capítulo de ‘Casa desolada’ que trata del caso Jarndyce
Dickens y un caso laberíntico
Nueva traducción de un clásico del escritor inglés sobre las redes de relación que se establecen entre el poder y las élites, las gentes más pobres y los asuntos de tinte moral
Caminaba el señor Bumble muy deprisa, y el pobre Oliver trotaba a su lado asido con fuerza a su bocamanga galoneada. Cada cuarto de milla que recorrían le preguntaba si llegarían pronto. El señor Bumble contestaba siempre con sequedad y dureza, pues la influencia bienhechora que en su carácter operara el refresco se había evaporado, y volvía a ser el estirado bedel.
Una vez se hubo despedido de su amigo, Oliver al camino real. Serían las ocho de la mañana, y aun cuando se había alejado ya una distancia de cinco millas de la ciudad, prosiguió la marcha, ora corriendo, ora escondiéndose detrás de los setos, hasta el mediodía, siempre temiendo ser perseguido y alcanzado. A la hora indicada se sentó junto a un poste para descansar, y comenzó a pensar por primera vez adonde debería dirigirse para ganarse el sustento.
La realidad de la guerra en Ucrania es tan cruel y tan anormal que es imposible inventar nada, mientras que la poesía ha regresado a sus orígenes: el llanto por los muertos, la execración de la crueldad del enemigo
Antonio Muñiz Molina
19 de julio de 2024
Oleksandr Mykhed no ha dejado de escribir desde que el ejército ruso invadió su país hace ya más de dos años, pero no ha vuelto a leer novelas. El 22 de febrero de 2022 lo despertaron las explosiones de los misiles y el tableteo cercano de las palas de los helicópteros que asaltaban el aeropuerto cercano. Él y su mujer no abrían los ojos a un nuevo día sino a un nuevo mundo infernal que no ha cesado desde entonces. Mykhed llamó a sus padres, que vivían cerca, y les dijo que tenían que salir huyendo. Quizás paralizados por el miedo, o por una súbita realidad trastornada que no les era posible asimilar, los padres se quedaron, y Oleksandr Mykhed, junto a su mujer y su perro aterrorizado, huyó en coche hacia el oeste de Ucrania. Sus padres vivieron durante tres semanas escondidos en un sótano, notando sobre sus cabezas el temblor profundo de las explosiones, y a veces también los disparos y los gritos salvajes de los invasores, que se confundían con los gritos de las víctimas, hombres asesinados a quemarropa, mujeres violadas, en la antigua tradición de la soldadesca soviética. Cuando Mykhed volvió al cabo de unos meses a su ciudad liberada por el ejército ucranio, su casa ya no existía, destruida por un misil horas después de que ellos se marcharan. Entre los montones de libros mezclados con cascotes y metralla de lo que había sido su amada biblioteca, unos pájaros habían armado un nido.
Hay que apurar los últimos días de agosto para ver las fotos de Edward Weston y de Harry Callahan en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Tan americanos y tan de su propia época, se vuelven contemporáneos nuestros y parecen encontrarse los dos en su sitio en esta ciudad de luz cegadora y dilatadas avenidas en los sábados y los domingos sin tráfico. Tan irreductible cada uno en la identidad de su talento, se alumbran el uno al otro al ver yuxtapuestas sus fotografías. Porque pertenecieron a generaciones sucesivas, entre los dos abarcan la mayor parte del siglo XX. Nacido en 1886, Edward Weston empezó a formarse cuando la fotografía aún buscaba su legitimidad como arte queriendo imitar los efectos de la pintura. Cuando Harry Callahan murió, con 87 años, en 1999, la irrupción de la tecnología digital estaba desbaratando ya todos los fundamentos estéticos y profesionales del oficio. Cámaras digitales y cámaras en los teléfonos y comunicaciones instantáneas han multiplicado nuestra exposición a un caudal incesante de imágenes fotográficas en su inmensa mayoría irrelevantes y triviales; después del gran vestíbulo en penumbra del Círculo de Bellas Artes, la llegada a la sala en la que están las fotos de Weston y Callahan nos impresiona, lo primero de todo, por su austeridad comparativa, por el equilibrio misterioso entre premeditación y azar que parece estar en el origen de cada una de ellas.
Por sus interpretaciones, Lisi triunfó en Cannes, cosechó premios David di Donatello y Nastri d'Argento, y experimentó el brillo dorado de Hollywood. A lo largo de su carrera, trabajó con numerosos directores y actores: «Manfredi era bueno, pero en persona le faltaba carisma. Tognazzi era divertido. Dino Risi era ingenioso, guapo e inteligente. Totò, en cambio, parecía sumamente confundido».
Erica Jong / Photo by Christian Als Berlingske ALCESTIS EN EL CIRCUITO POÉTICO
(In memóriam Marina Tsvetayeva,
Anna Wickham, Sylvia Plath,
la hermana de Shakespeare, etc., etc.)
La mejor esclava no necesita que le peguen. Se pega a sí misma.
Y no con un látigo de cuero, ni con un palo o con ramas, ni con un mazo o una porra, sino con el delicado látigo de su propia lengua y los sutiles golpes de su mente.
¿Quién puede odiar su mitad tanto como ella se odia a si misma? ¿Y quién puede igualar la finura de su propio maltrato?
Para esto se requieren años de entrenamiento. Veinte años de sutil autoindulgencia, de perdonarse a una misma; hasta la sometida se considera una reina
y sin embargo mendiga, las dos cosas al tiempo. Debe dudar de sí misma en todo excepto el amor.
Debe elegir apasionada y malamente. Debe sentirse como un perro perdido sin su amo.
Debe referir todas las cuestiones morales a su espejo. Debe enamorarse de un cosaco o un poeta.
Nunca debe salir de casa a menos que lleve una capa de pintura. Debe llevar zapatos estrechos para que recuerde su esclavitud. Nunca debe olvidar que está enraizada al suelo.
Aunque aprenda deprisa y sea supuestamente lista, su duda natural con respecto a sí misma la hace tan débil que cuenta brillantemente con una docena de talentos y así embellece pero no cambia nuestra vida.
Si es artista y se acerca a lo genial, el propio hecho de su don le produciría tal dolor que se llevaría su propia vida antes que lo mejor de nosotras. Y después de que muera, lloraremos y la haremos santa.
Erica Jong (left) with her daughter Molly Jong-Fast at a book signing of Jong-Fast’s novel Normal Girl, in New York, 2000.
Photograph: Barbara Alper/Getty Images
Cómo perder a tu madre, de Molly Jong: la hija de Erica Jong habla sobre el peor año de su vida
En estas memorias francas y reveladoras, Jong-Fast reflexiona sobre su crianza disfuncional mientras su familia se desmorona.
Fiona Sturges
Jueves 19 de junio de 2025
En 2023, Molly Jong-Fast tuvo un año infernal. Su esposo, Matt, descubrió que tenía cáncer de páncreas; su suegro, su tía y su padrastro fallecieron; y a su madre, la novelista y poeta Erica Jong, que entonces tenía 81 años, le diagnosticaron demencia. «Mi madre ya no es más que un cuerpo», afirma en «Cómo perder a tu madre». «Erica Jong, la persona, ha dejado el planeta».
Erica Jong: "Sigue siendo difícil lograr la libertad para ser quienes queremos ser"
La sociedad biempensante y cierto sector del feminismo rechazaron 'Miedo a volar', libro que vendió millones de ejemplares en la década de los 70. Ahora la escritora regresa con el mismo personaje, Isadora Wing, en la novela 'No más miedo' (Alfaguara), en la que se enfrenta a un tabú: el sexo en la tercera edad.
La autora de 'Miedo a volar' regresa con el mismo personaje, Isadora Wing, en 'No más miedo' (Alfaguara), sobre el tabú del sexo en la tercera edad.
Porque ella quiere tocarlo ella se separa. Porque ella quiere hablarle ella se calla. Porque ella quiere besarlo ella se aleja y besa a un hombre que ella no quiere besar.
Él observa pensando que ella no lo quiere. Él escucha escuchando su silencio. Él se aleja pensando que ella es distante y besa a una mujer que él no quiere besar.
Ellos se casaron: un error de cuatro formas. Él va a la cama con su esposa pensando en ella. Ella va a la cama con su esposo pensando en él. Y todo esto sucede en una vieja cama de cuatro columnas.
¿Ellos vivieron su final triste? Por supuesto. ¿Ellos resolvieron sus errores? Nunca. ¿Quién es la victima aquí? El amor es la víctima. ¿Quién es el villano? El amor que nunca muere.
En realidad, uno viaja para ver si son verdaderos el Coliseo, el Vesubio y el Papa en su balcón. Una vez superada la pequeña y pajuerana emoción: “¡Pensar que yo estoy acá!”, se observan algunas cosas: por ejemplo, que el Papa parece más joven desde su balcón; la televisión vuelve más viejos a todos. Viéndolo personalmente, se percibe que su bendición forma parte de una rutina matinal: hay movimiento de gente detrás de los otros balcones. El Coliseo está cerca de una estación de subte llamada Colosseo. Y es un coloso tan grande, tan pétreo y tiene tanta historia que me apabulla. Como no puedo saber toda su historia, lo que pasó en dos mil años a su alrededor, la poca historia que sé me la olvido y me dedico a mirar detalles absurdos, por ejemplo, a dos malandras disfrazados de legionarios o tribunos, que cobran para que los turistas se fotografíen con ellos; no caminan como legionarios: caminan como miserables; uno de ellos no lleva el calzado correspondiente: lleva unas sandalias actuales con medias tres cuartos. Es una zona en la que todo es vaticano; hay un local con un cartel: “Euroclero”; yo creía que era un centro financiero, pero no: era como un supermercado donde vendían sotanas, cálices, manteles y objetos sagrados para los curas de todo el mundo; uno puede ver a un tendero vaticano midiendo una tela morada para un sacerdote africano y, más allá, a otro vendedor envolviendo un cáliz para un religioso coreano. Cerca estaba la “Panadería benemérita del buen gusto”, con su decoración de ángeles sosteniendo pasteles y con pastoras del siglo XVIII entre los bombones. Eso sí, qué bien saben poner a volar a los ángeles, tanto en los cuadros de los pintores famosos como en las decoraciones de la panadería: parecen suspendidos en el aire con una ingravidez que sobrevuela todo, el bien, el mal y los pasteles. Y todas las pinturas de Beato Angélico tienen animales: palomas, unos cuervos, un león alado y, en otra, un hombre leyendo al lado de una vaca echada; apoya el libro sobre los cuernos. Sí, todo eso me gustó mucho, pero no sé distinguir un cuadro original de una reproducción: lo podría haber mirado en mi casa, todo el tiempo que quisiera.
Es inevitable que la vida vaya más rápido que este blog. Por eso de vez en cuando caigo en la cuenta de que se me han quedado algunas entradas un poco atrasadas. Pero no importa como dice el refrán "Más vale tarde que nunca".
La versión más conocida de los cuentos que los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm recopilaron en Alemania durante la primera mitad del siglo XIX corresponde a la séptima edición de los mismos, que vio la luz en 1857. Esta es la versión que se tradujo al inglés, al español y a muchos otros idiomas, posiblemente porque se consideró la más correcta y, digamos, digerible para niños y no tan niños.
Necrofilia, canibalismo y madres asesinas: el origen secreto de los cuentos de los hermanos Grimm
Parte indisoluble de nuestro acervo cultural, los cuentos de hadas sufrieron un azaroso viaje hasta ser como los conocemos hoy. La catedrática de Filología Alemana Isabel Hernández reúne en este volumen 17 relatos inéditos que muestran cómo los hermanos Grimm crearon durante décadas sus seminales 'Cuentos de la infancia y del hogar'
A pesar de su importante labor como filólogos, los hermanos Grimm han pasado a la historia por ser los recopiladores de las historias contenidas en los dos volúmenes de sus Cuentos de niños y del hogar (Kinder- und Hausmärchen). El primero de ellos vio la luz en diciembre de 1812. A este le siguió un segundo en 1815, y ya el 14 de octubre de ese mismo año Wilhelm Grimm escribía a su hermano: «Los cuentos nos han hecho famosos en todo el mundo». Las numerosas ediciones de los cuentos de los hermanos Grimm (ya en vida de ambos se llevaron a cabo siete completas y diez abreviadas) y las muchas traducciones a otras lenguas dan buena cuenta de que su colección se convirtió rápidamente en lo que podríamos denominar como un verdadero «libro popular». Además, y más allá del éxito que tuvieron en su momento, los cuentos por ellos recopilados representan una auténtica joya cultural sin la cual no podríamos entender nuestra propia literatura. Tal vez porque hoy en día, al conocer un buen número de ellos desde la infancia, los cuentos de los dos hermanos alemanes son concebidos como algo que, de forma natural, pertenece a nuestra cultura, aunque, en realidad, es poco lo que el lector habitual sabe sobre el origen, la composición y la posterior evolución de la colección. En cualquier caso, al enfrentarse a los cuentos recogidos en este volumen podrá comprobar que el resultado final fue consecuencia de un arduo proceso de trabajo filológico y le ayudará a comprender el empeño y dedicación a una tarea que en ningún momento fue fácil de llevar a cabo.
Argentina sobrevive en el Mundial ante un valiente Cabo Verde que llevó el partido a la prórroga e hizo sufrir a los de Messi hasta el último minuto
Redacción
Título del autor, BBC News Mundo
Fecha de publicación
Argentina logró su pase a octavos del Mundial tras una sufrida victoria 3-2 frente a Cabo Verde, la selección sorpresa del campeonato que puso a los de Messi contra las cuerdas llevando el partido a la prórroga.