https://youtu.be/IZgxkCl41aA?si=hcE7tLWR_8U4rdip
Tomás González / Foto de Camilo Rozo
La llamada de… Tomás González
Álvaro Colomer sigue indagando en el mito fundacional oculto en la biografía de los escritores, es decir, desvelando el origen de sus vocaciones, el germen de su despertar al mundo de las letras, el momento exacto en que sintieron la llamada no precisamente de Dios, sino de algo todavía más complejo: la literatura.
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Tomás González se hizo escritor durante las sobremesas de su infancia, cuando los diez miembros de su familia, padres incluidos, pasaban las tardes conversando sobre política, fútbol y cotilleos del barrio, sobre perros, gatos y hasta de alguna vaca, sobre universidades, exámenes y planes de estudio, sobre películas, exposiciones y, cómo no, buenos libros. En aquella casa todos tenían una biblioteca personal, por escuálida que ésta fuera; en la del pequeño Tomás destacaban los títulos de Julio Verne y Daniel Defoe. En las conversaciones familiares, pues, se hablaba de literatura con la misma naturalidad que del resto de asuntos. En una ocasión, por ejemplo, diseccionaron durante horas la personalidad del muy sufrido Raskolnikov, hasta que en cierto momento, cuando todos habían dicho la suya respecto al protagonista de Crimen y castigo, alguien comentó que Genoveva, la gata gris que vivía en el vecindario, había tenido nueve gatitos, todos de idéntico color. Los dos temas, el dostoievskiano y el reproductivo, fueron celebrados con la misma pasión; la literatura y la vida, en aquella casa, comprendidas como unidad.















