- Uno de estos días ha nacido un niño con una tela de la suerte. A quien esto sucede, la fortuna lo protege. También le han pronosticado que a los catorce años se casará con la hija del Rey.
jueves, 2 de julio de 2026
Grimm / Los tres pelos del diablo
- Uno de estos días ha nacido un niño con una tela de la suerte. A quien esto sucede, la fortuna lo protege. También le han pronosticado que a los catorce años se casará con la hija del Rey.
Grimm / Hansel y Gretel
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| Ilustración de Maurice Sendak |
Wilhelm Grimm
HANSEL Y GRETEL
miércoles, 1 de julio de 2026
Poe / Metzengerstein
Edgar Allan Poe
Metzengerstein
(“Metzengerstein”, 1832)
¡Espérame allá! Yo iré a encontrarte
en el profundo valle.
(Henry King, obispo de Chichester,
Funerales en la muerte de su esposa)
El horror y la fatalidad han estado al acecho en todas las edades. ¿Para qué, entonces, atribuir una fecha a la historia que he de contar? Baste decir que en la época de que hablo existía en el interior de Hungría una firme aunque oculta creencia en las doctrinas de la metempsicosis. Nada diré de las doctrinas mismas, de su falsedad o su probabilidad. Afirmo, sin embargo, que mucha de nuestra incredulidad (como lo dice La Bruyère de nuestra infelicidad) vient de ne pouvoir être seuls (1).
Henry Kuttner / Las ratas del cementerio
Henry Kuttner
Las ratas del cementerio
El viejo Masson, guardián de uno de los más antiguos y descuidados cementerios de Salem, sostenía una verdadera contienda con las ratas. Hacía varias generaciones, se había asentado en el cementerio una colonia de ratas enormes procedentes de los muelles. Cuando Masson asumió su cargo, tras la inexplicable desaparición del guardián anterior, decidió hacerlas desaparecer. Al principio colocaba cepos y comida envenenada junto a sus madrigueras; más tarde, intentó exterminarlas a tiros. Pero todo fue inútil. Seguía habiendo ratas. Sus hordas voraces se multiplicaban e infestaban el cementerio.
Hans Christian Andersen / El patito feo
martes, 30 de junio de 2026
Darío Jaramillo Agudelo / No hables de Dios con nadie

Fotografía de Alberto Sierra
No hables de Dios con nadie
Un perfil de Darío Jaramillo Agudelo
El que es para muchos el poeta vivo más importante de Colombia cumplirá pronto 78 años; tiene una prótesis, un respirador portátil, tres novelas inéditas y una colección de estilógrafos que guarda en una caja tallada con figuras precolombinas. Escribe para no volver a leerse. Quiere ser invisible, aunque este meticuloso texto, que indaga en el Darío más íntimo, es la prueba de que aún no lo consigue.
Zayd Ayers Dohrn /Peligrosos, sucios, violentos y jóvenes / Unas memorias conmovedoras

NO FICCIÓN
Unas memorias conmovedoras sobre haber sido criado por radicales prófugos.
PELIGROSOS, SUCIO, VIOLENTOS Y JÓVENES: Una familia fugitiva en la resistencia revolucionaria clandestina , por Zayd Ayers Dohrn
Por Dana Spiotta
19 de mayo de 2026
Si bien se han escrito numerosas novelas, películas y memorias inspiradas en la izquierda radical estadounidense de finales de los años 60 y principios de los 70, las fascinantes y conmovedoras memorias de Zayd Ayers Dohrn, «Dangerous, Dirty, Violent, and Young», destacan como una obra fundamental. Dohrn es a la vez un forastero y un miembro de pleno derecho, ya que nació en el seno de la clandestinidad: sus padres son Bernardine Dohrn y Bill Ayers, antiguos miembros de los Weathermen. La doble perspectiva de Dohrn da como resultado una historia meticulosamente documentada de una época explosiva, así como un retrato íntimo y profundamente emotivo de una familia muy singular.
La izquierda colombiana muestra sus primeras fisuras por la derrota / “Ojalá podamos construir la oposición sin el sectarismo de la campaña”

La izquierda colombiana muestra sus primeras fisuras por la derrota: “Ojalá podamos construir la oposición sin el sectarismo de la campaña”
El vuelo de la desgracia / Los 147 deportados de Estados Unidos que terminaron bajo los escombros en Venezuela

El vuelo de la desgracia: los 147 deportados de Estados Unidos que terminaron bajo los escombros en Venezuela
Primero fueron las víctimas de Trump, hoy son las de la catástrofe venezolana. El mismo día de los terremotos, los migrantes llegaron a su país en un vuelo desde Texas. Solo han sido encontrados 12 con vida, aunque aún no hay confirmación oficial
Nueva York - 28 JUN 2026 - 23:00 COT
Habían llegado a la patria y la patria los había recibido pocas horas antes de que Venezuela se convirtiera en una fosa común de concreto y de cuerpos sepultados. Volvían sin nada, apenas la ropa y ellos mismos, como no se suponía que regresaran del país al que se habían ido a buscarlo todo. En la mañana del miércoles 24 de junio, Melvin Maldonado, el jefe de la misión encargada de gestionar el programa de repatriación nacional, difundió un video de los nuevos 147 deportados desde Estados Unidos, los del vuelo 164, e hizo gala de cuán generosa era la patria por aceptarlos de vuelta. Al grupo se le vio satisfecho en las instalaciones del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, livianos por haber dejado atrás los centros de detención de Texas, o de Georgia, o de Miami. Al rato, la publicación de Maldonado se atiborró de preguntas: “Por favor, ¿dónde están los que llegaron? Los estamos buscando, ¿cómo podemos saber de nuestros familiares?, ¿por qué no han llegado a sus hogares?, ¿alguien sabe de Daniel Henrique? ¿de Johana Pineda?, ¿dónde están los del vuelo 164?”
lunes, 29 de junio de 2026
Mirando al mar desde la playa caribeña de La Guaira, de espaldas a la muerte
Un cadáver, en la base de un edificio derruido en la localidad de Catia La Mar (Estado de La Guaira).CHELO CAMACHOMirando al mar desde la playa caribeña de La Guaira, de espaldas a la muerte
Rescatistas y voluntarios encuentran en este lugar un alivio ante el horror. Las labores de búsqueda de los cuerpos sepultados son una mezcla explosiva de esperanza y frustración
DAVID MARCIAL PÉREZ
La Guaira - 28 JUN 2026 - 23:00 COT
El único modo de escapar del olor es acercarse lo más posible al mar. La carretera de la costa es una frontera física y olfativa. De un lado, el agua serena y caribeña de una playa casi desértica. Al otro, un edificio tras otro, todos derrumbados en un amasijo de hierro y cemento. Montañas de escombros, máquinas excavadoras, ambulancias, militares, policías. Todos buscando centenares de cuerpos sepultados tras el terremoto en la zona cero de La Guaira. Un mundo en ruinas bajo el sol que a media tarde roza los 40 grados. El Gobierno de Venezuela ha repartido mascarillas ante el riesgo de infecciones por la descomposición de los cadáveres. Cuatro días después de los terremotos que sacudieron al país, el olor a muerte está tan presente que solo desaparece con la brisa salada del mar.
"Hay edificios donde no se ha removido ni una sola piedra": crece la frustración en Venezuela mientras se desvanece la esperanza de hallar más sobrevivientes

FUENTE DE LA IMAGEN,
"Hay edificios donde no se ha removido ni una sola piedra": crece la frustración en Venezuela mientras se desvanece la esperanza de hallar más sobrevivientes
- BBC News Mundo
- Fecha de publicación
- Tiempo de lectura: 6 min
Madres, padres, hijos, primos, tíos, nietos, vecinos.
Son ellos los que aguardan por ayuda en los alrededores de edificios derrumbados en las zonas más afectadas por los dos potentes terremotos que azotaron Venezuela el miércoles y que han dejado ya más de 1.450 muertos y 3.150 heridos.
Fue un gobierno para delinquir
Fue un gobierno para delinquir
Tatequieto a las bandas mafiosas: bueno saber que, el 7 de agosto, volveremos a tener jefe de Estado.
27 de junio de 2026
Vimos esta semana a un Gustavo Petro agónico —el pato cojo, como llaman en Estados Unidos al mandatario de salida—, vestido de blanco y disfrazado de pastor de secta engañabobos. Y mientras nos ofrecía el espectáculo de sus delirios de ‘cafeína’, y trinaba sobre fraudes electorales que solo habitan en su perturbada mente, el agudo investigador Ricardo Calderón, del Canal Caracol, nos puso ante la evidencia de la componenda mafiosa que, a inicios de este cuatrienio, el gobierno de Petro acordó con los narcotraficantes y masacradores del ‘clan del Golfo’.
La llamada… de Miqui Otero
Foto de portada: Foto: Cecilia Duarte
La llamada… de Miqui Otero
Álvaro Colomer sigue indagando en el mito fundacional oculto en la biografía de todos los escritores, es decir, desvelando el origen de sus vocaciones, el germen de su despertar al mundo de las letras, el momento exacto en que sintieron la llamada no precisamente de Dios, sino de algo todavía más complejo: la literatura.
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Miqui Otero sintió la llamada de la literatura precisamente a través de una llamada… aunque, en su caso, de teléfono. Al otro lado de la línea, una voz lejana, ignota, mínima: “Tú no me conoces, pero soy tu primo… el de América”. Cuando les entraba la morriña, los parientes que abandonaron Galicia para labrarse una vida allende los mares cogían el teléfono y marcaban un número de su España querida. Sus voces sonaban a través de la línea como si fueran psicofonías que reclamaran no caer en el olvido, y sus tonos de voz, casi siempre melancólicos y añorantes, excitaban la imaginación del niño en ese momento al habla. Después, cuando sus padres colgaban el teléfono y volvía la calma a la casa, el pequeño Otero preguntaba por los emigrados de la familia y, como a veces le respondían que no molestara y se fuera a la cama, él se encerraba en su cuarto y se ponía a inventar sus vidas.
La llamada de… Kike Ferrari
Foto de portada de Eduardo Penagos.
La llamada de… Kike Ferrari
Álvaro Colomer sigue empeñado en desvelar el mito fundacional oculto en la biografía de todos los escritores, es decir, indagar en los orígenes de su vocación, en el germen de su despertar al mundo de las letras, en el momento exacto en que sintieron la llamada no precisamente de Dios, sino de algo acaso más misterioso: la literatura.
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La pasión lectora de Kike Ferrari, y en verdad su vocación literaria, despertó el día en que su padre, panadero de profesión, le pidió que se sentara a su lado y prestara mucha atención. El niño de siete años que algún día habría de convertirse en escritor obedeció de inmediato y, aun así, su progenitor le puso las manos sobre los hombros y le insistió en la necesidad de que se concentrara al máximo, ya que se disponía a hacerle entrega del único objeto que diferenciaba a los seres humanos de los monos. El padre abrió entonces la bolsa y, en vez de una pelota de fútbol o de unos autos de plástico, sacó un libro. Impresionado por el hecho de tener entre las manos un artefacto de tamaña importancia, Kike Ferrari decidió en aquel momento dedicar su vida al noble arte de las letras o, lo que es lo mismo, a la no menos noble labor de diferenciarse de nuestros antepasados primates.
domingo, 28 de junio de 2026
La llamada de… Hernán Díaz
La llamada de… Hernán Díaz
Álvaro Colomer sigue empeñado en desvelar el mito fundacional oculto en la biografía de los escritores, es decir, indagar en los orígenes de su vocación, en el germen de su despertar al mundo de las letras, en el momento exacto en que sintieron la llamada no precisamente de Dios, sino de algo todavía más poderoso: la literatura.
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Hernán Díaz empezó a escribir antes de que le enseñaran a hacerlo. Ya en su primera infancia, cuando todavía no había pisado un colegio ni aprendido los fonemas representados en el alfabeto, el futuro ganador del premio Pulitzer garabateaba signos ininteligibles en papelotes y después corría hacia su madre mientras gritaba: “¡Mira, mamá! He escrito un cuento”. La progenitora fingía entonces que lo leía y, al terminar, felicitaba al artista con un enorme beso. Luego lo observaba mientras se alejaba ufano por el pasillo y, quién sabe, se preguntaba eso que todavía hoy enfrenta a genetistas, psicólogos y ambientalistas del mundo entero: el escritor, ¿nace o se hace?
La llamada de… Sigrid Nunez
Álvaro Colomer sigue indagando en el mito fundacional oculto en la biografía de todos los escritores, es decir, desvelando el origen de sus vocaciones, el germen de su despertar al mundo de las letras, el momento exacto en que sintieron la llamada no precisamente de Dios, sino de algo todavía más complejo: la literatura.
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En sus primeros recuerdos, Sigrid Nunez se ve a sí misma persiguiendo a su madre por toda la casa y rogándole que deje las tareas del hogar y le lea un cuento. Le tira de la falda con insistencia, hace pucheros por las esquinas, pone ojitos de cordero degollado. Mami, porfi, léeme un cuento. Y al final la madre alza la mirada al cielo, acaricia la cabeza de la pequeña y, tras plantarse delante de la librería, coge un ejemplar de El libro azul de los cuentos de hadas, cuando no de El libro amarillo de lo mismo, y lo abre por cualquiera de sus páginas ya desgastadas. Las dos se sientan entonces en el sofá y, adoptando un tono de voz melifluo, la adulta al fin dice: “Érase una vez…”.
La llamada de… Javier Cercas
Imagen de portada: Iván Giménez
La llamada de… Javier Cercas
Álvaro Colomer sigue indagando en el mito fundacional oculto en la biografía de todos los escritores, es decir, desvelando el origen de sus vocaciones, el germen de su despertar al mundo de las letras, el momento exacto en que sintieron la llamada no precisamente de Dios, sino de algo todavía más complejo: la literatura.
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Javier Cercas se enamoró por primera vez a la edad de catorce años. En aquel entonces ya vivía en Girona y solo regresaba a su pueblo natal, Ibahernando, provincia de Cáceres, para pasar los veranos. Fue durante una de aquellas vacaciones cuando el amor irrumpió en su vida con la desmesura propia de las emociones en la adolescencia y, cuando llegó septiembre y tocó regresar a Cataluña, el muchacho sintió que el corazón literalmente se le rompía. De hecho, tan en serio (sic) se tomó el sufrimiento experimentado por la separación de su amada que una tarde entró en una librería y compró el libro más serio (sic) de cuantos aguardaban turno en la estantería. Se trataba de San Manuel Bueno, mártir, una nivola en la que Miguel de Unamuno cuenta los desvelos de un sacerdote que, pese a haber perdido la fe, decide seguir predicando para evitar que sus feligreses se aparten del recto camino. Cuando alcanzó la última página, Cercas sintió que aquel libro le había cambiado: le había alejado de la religión, pero acercado la narrativa. En aquel tiempo estudiaba en un colegio de curas, pero, hasta la aparición de Unamuno, jamás se había planteado si realmente creía en Dios. Y ahora, cuando al fin lo hacía, solo le tenía una respuesta: “Creo en la literatura”.









