viernes, 16 de noviembre de 2018

Ida Vitale / Premio Cervantes 2018



Ida Vitale, premio Cervantes 2018

La escritora uruguaya de 95 años es representante de la poesía esencialista


Jesús Ruiz Mantilla
15 de noviembre de 2018

La poeta uruguaya Ida Vitale (Montevideo, 1923) ha sido galardonada con el Premio Cervantes 2018. El considerado como Nobel de literatura en castellano está dotado con 125.000 euros. Inscrita en la tradición de las vanguardias latinoamericanas, Vitale, cuya obra está caracterizada por poemas cortos, una búsqueda del sentido de las palabras y un carácter metaliterario, es representante de la poesía esencialista. El premio valora "su lenguaje, uno de los más reconocidos en español".

Se rompe una regla no escrita. Desde 1996, el Premio Cervantes solía alternar un galardón español con uno latinoamericano. Pero si el año pasado lo recibió el nicaragüense Sergio Ramírez —que este año ha formado parte del jurado— esta edición ha sido para Vitale. 
Lo recogerá en abril en Alcalá de Henares (Madrid). Y, según Carme Riera, representante de la Real Academia Española (RAE) en el jurado, espera que acuda a la entrega en las mejores condiciones pese a sus 95 años. No lo decía porque la fuerza de Ida Vitale esté en duda, sino porque las pocas mujeres que hasta ahora han sido premiadas —solo cinco, incluida la poeta uruguaya—, apenas pudieron subir las complicadas escaleras de la cátedra. No lo hicieron María Zambrano ni Dulce María Loynaz, por citar dos ejemplos.

“Los españoles están igual de locos que en la época de la conquista”. Es lo que le dijo Vitale a José Guirao, ministro de Cultura, cuando le comunicó esta mañana el fallo. No hay duda de que lo recogerá, ha afirmado el ministro. “Es una mujer que responde como pocas a su apellido”. Fue la reacción de una autora verdaderamente abrumada por los premios que ha conseguido últimamente en España: aparte del Cervantes, en España ha recibido el García Lorca en 2015 y el Reina Sofía en 2016, dos reconocimientos prestigiosos para la literatura en español. Además, la semana que viene recogerá en Guadalajara (México) el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances.
Sergio Ramírez celebró la decisión del jurado y cree que es justo con Uruguay, un país de gran tradición y calidad en la poesía femenina. El escritor nicaragüense también subrayó que no se otorga el premio por ser hombre o mujer, “sino por la calidad de una obra que queda fuera de toda duda”. Y por las siguientes razones esgrimidas en conjunto: “Por su lenguaje, uno de los más destacados y reconocidos de la poesía moderna en español, que es al mismo tiempo intelectual y popular, universal y personal, transparente y hondo. Convertida desde hace un tiempo en un referente fundamental para poetas de todas las generaciones y en todos los rincones del español”.
Vitale es la quinta mujer reconocida por este premio que ha sido concedido a 40 hombres. Hasta ahora lo habían recibido las españolas María Zambrano (1988) y Ana María Matute (2010), la cubana Dulce María Loynaz (1992) y la mexicana Elena Poniatowska (2013). Además, teniendo en cuenta que este año no ha habido Premio Nobel de Literatura, el reconocimiento cobra especial relevancia para el mundo de las letras.


Compañeros de generación

Considerada miembro de la llamada Generación del 45, junto con Mario Benedetti y Juan Carlos Onetti, estudió Humanidades y se dedicó a la enseñanza. Fue profesora de Literatura hasta 1973, cuando la dictadura la obligó a exiliarse en México durante una década (1974-1984).
En México, formó parte del consejo asesor de la revista Vuelta, impulsada por Octavio Paz, y fue una de los cofundadores del semanario Uno-Más-Uno, en 1982. En 1984 regresó a Uruguay, donde dirigió la página cultural del semanario Jaque, y en 1989 trasladó su residencia a Austin (Texas, EE UU), desde donde ha vuelto recientemente a su país.
En su larga carrera literaria ha escrito: La luz de esta memoria (1949), primer poemario al que le siguieron Palabra dada (1953), Cada uno en su noche (1960), Paso a paso (1963), Oidor andante (1972), Jardín de sílice (1980), la antología Fieles(1976-1982), Elegías en otoño (1982), Entresaca (1984), Parvo reino (1984), Sueños de la constancia (1988), Serie del sinsonte (1992), Procura de lo imposible (1998), Reducción del infinito (2002), Plantas y animales (2003), o El Abc de Byobu (2005).
En septiembre de 2010, publicó en España Mella y criba (poemario). Entre sus ensayos, destacan Arte simple (1937), El ejemplo de Antonio Machado (1940), Cervantes en nuestro tiempo (1947), La poesía de Basso Maglio (1959), M. Bandeira, C. Meirles y C. Drummond de Andrade: Tres edades en la poesía brasileña actual (1963), La poesía de Jorge de Lima (1963), La poesía de Cecilia Meireles (1965).
En su visita a Madrid en junio de 2017, manifestó que "es muy importante que en una cultura haya una figura de referencia, no para acatarla; pero sí para tenerla como referencia con posibilidad de acuerdo o de discusión a buen nivel". Eso es lo que hizo Octavio Paz, explicó a Efe esta poeta, narradora, ensayista y traductora en una entrevista en la Residencia de Estudiantes, el templo de la poesía, de la Generación del 27, a cuyos autores tanto admira.


EL JURADO


Aparte de los citados, el jurado estaba integrado por el escritor Eduardo Mendoza, premio Cervantes 2016; Rafael Ángel Rivas, de la Academia Venezolana de la Lengua; Aurora Egido, por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE); Francisco Pérez-Arce, por la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL); Martín López-Vega, por el Instituto Cervantes; José Manuel Blecua, a propuesta del ministro de Cultura y Deporte; Concha Barrigós, por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE); por la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), Norma Valle y por la Asociación Internacional de Hispanistas, Christoph Strosetzki. Con voz, pero sin voto, ha concurrido Olvido García Valdés, directora general del Libro y Fomento de la Lectura.


EL PAÍS



DE OTROS MUNDOS

POEMAS



Vargas Llosa y Rushdie, la vida en lecturas

Mario Vargas Llosa (izquierda) y Salman Rushdie, este sábado en Arequipa (Perú).
Mario Vargas Llosa (izquierda) y Salman Rushdie, este sábado en Arequipa (Perú). DANIEL MORDZINSKI

Vargas Llosa y Rushdie, la vida en lecturas



Dos de los escritores vivos más reconocidos, charlan en el Hay Festival de Arequipa sobre las obras que les han acompañado desde la infancia y en sus momentos más difíciles

JESÚS RUIZ MANTILLA
Arequipa 12 NOV 2018 - 02:35 COT




Cuando Mario Vargas Llosa recibió en 2010 el Premio Nobel de Literatura confesó que aprender a leer había sido el acontecimiento más importante de su vida. Salman Rushdie entendió desde muy niño que apenas existe justicia en el mundo porque tuvo la mala pata de elegir unas primeras lecturas en las que siempre, dijo, “ganaban los malos”. Ambos se lo confesaron a la periodista Leila Guerriero ante las más de 1.000 personas que abarrotaban el Teatro Colón de Arequipa, la ciudad en la que nació el primero hace 82 años, donde se celebra estos días el Hay Festival.
Eran dos gigantes ahí sentados, tirando del hilo de papel que les convirtió en escritores. Dos autores loados, consagrados, libérrimos y perseguidos en alguna etapa de sus carreras, que un día fueron niños en busca de evasión, adolescentes azorados ante la tinta eyaculadora de los poemas de Neruda o el embrujo de Las mil y una noches, jóvenes perdidos y acomplejados por el genio de Rimbaud —“no conviene leerlo, acompleja”, decía Mario—, seres deprimidos en alguna etapa triste que encontraron refugio en la determinación de Voltaire o la belleza puntillosa de Flaubert.




De todos ellos han sabido alimentarse y hasta emborracharse. No solo con lo que les valiera para mejorar su prosa, también con la virtud de la dialéctica. Hasta tal punto, que en la era de la imagen y las conferencias memas a base de power point, resultan a dúo y por separado tan brillantes que les basta contar una historia para atar durante horas a miles de personas a la butaca de un teatro. Incluso afónico, como se presentó Vargas Llosa.
Así ha sido estos días en Arequipa. Donde el público peruano y venido de otros puntos de América Latina los esperaba en colas inmensas previas a sus actos, los recibían en pie, los ovacionaban exaltados o se carcajeaban mientras Rushdie relataba cómo en la biblioteca de su colegio en Bombay, donde nació hace 71 años, sabía dónde hallar escenas subidas de tono en ciertos libros: “Al tomarlos prestados, curiosamente, siempre se abrían por las mismas páginas y te dabas cuenta de que muchos antes habían leído aquellas partes”.



No conviene leer a Rimbaud, acompleja
MARIO VARGAS LLOSA

O la sacudida que Vargas Llosa sintió al leer Veinte poemas de amor, de Neruda: “Un libro que mi madre guardaba bajo llave, me tenía prohibido acceder a él, y yo, por supuesto, leí”. Entre los versos descubrió estos: “Mi cuerpo de labriego salvaje te socava y hace saltar al hijo del fondo de la tierra”. Mario no entendía: “¿Por qué la socava?, me preguntaba yo”. Fue un poco más tarde de la época en que sintió su primera pasión por una mujer: “La lectura no me enseñó el amor. Fue una trapecista de circo a la que fui a ver en Bolivia y con la que soñaba pasear de la mano, incluso darle un beso”. Pero jamás hacer con ella lo que un día sus amigos le contaron que se necesita para procrear: “Me pareció entonces un acto repugnante del que con el tiempo fui comprendiendo que había cosas interesantes…”, aseguró el autor de Elogio de la madrastra o Los cuadernos de don Rigoberto, dos obras marcadas por sugerentes influencias eróticas.





A Rushdie, de niño, le fascinó la ciencia ficción: “Yo me sentía un poco extraterrestre”. A Mario, en cambio, le subyugaban Verne, Salgari y, un poco después, Los miserables, de Víctor Hugo: “Fue un libro que me ha acompañado toda la vida y del que he aprendido cosas fundamentales en distintas etapas”. Como con otros. Porque los buenos libros, según ambos, mutan, crecen, nos hablan de matices diversos según las épocas en que acudamos a ellos.
También para consolarnos. Cuando Rushdie sufría la persecución de la fetua y su condena a muerte por blasfemo, decretada en 1988 por el ayatola Jomeini tras publicar los Versos satánicos, acudió a Voltaire o a Dostoievski frente a un pelotón de fusilamiento. “Si ellos pudieron superarlo, yo también, me decía”. Su ejemplo le ayudó a permanecer 10 años oculto y sobrevivir.
Por no citar el también fascinante y paradójico efecto prozac que produjo Madame Bovary en Vargas Llosa. “Me cambió la vida. Lo leí por primera vez en una época en que estaba muy deprimido. Me había dado cuenta de que no era un genio”. Contra ese trauma en quien buscaba serlo, echó mano de un grande como Flaubert. “Sobre todo de la escena del suicidio”. Carcajada general… Y explicación más que conveniente al canto: “Su obsesión por el detalle, el cuidado de la forma, la búsqueda de la palabra justa, que decía él, me consolaba y me hizo darme cuenta de que trabajando podía llegar a convertirme en el escritor que deseaba ser".
Obras salvadoras y también libros que han colmado su paciencia y han abandonado: “Finnegans Wake, de Joyce, en mi caso”, comentó el arequipeño. “Va más allá de lo posible. Desafía la racionalidad del lector”. Por supuesto, además, productos malos: “Cincuenta sombras de Grey, lo empecé por curiosidad pero no pude pasar de unas pocas páginas”, afirmó Rushdie. Vargas Llosa se mostró muy exigente: “Puedo ver una película mala e incluso divertirme con ella hasta el final. Pero no un libro que encuentre pobre, mediocre, tan solo elaborado para pasar el rato”.
O autores que, si bien en su día fueron su referencia, luego desecharon: “Sartre, en mi caso”, comentó el hispanoperuano. Nada que ver con Borges: “De los autores que han sido de alguna forma contemporáneos a mí, aunque mayores, es seguramente el que dentro de 100 años perdurará”. Un juicio que compartió Rushdie. Con otra lista del Olimpo para él: Saul Bellow o Philip Roth. Son de los poquísimos que han conocido en vida a los que, según ambos, el tiempo salvará de su devastadora e inmisericorde criba.






UN CONGRESO DE LA LENGUA PARA AREQUIPA EN 2022

En cada visita a Arequipa, Mario Vargas Llosa lleva consigo un cargamento de libros que deposita en la biblioteca que lleva su nombre. Pero este año, aparte de dejarlos para engordar el fondo, ha ido más allá. Quiere que en 2022, la ciudad donde nació en 1936 sea la sede del Congreso Internacional de la Lengua, organizado siempre por la Real Academia Española y el Instituto Cervantes junto a los gobiernos e instituciones de los países donde recae. Así lo pidió Vargas Llosa este domingo en público –un día antes de que los reyes de España inicien su visita a Perú- y se comprometió a luchar por ello a partir de ahora. El próximo se celebra en Córdoba (Argentina) en marzo de 2019. Será el octavo después de haber tenido sedes en Zacatecas, Valladolid, Cartagena de Indias, Rosario, Valparaíso, Panamá y Puerto Rico.

EL PAÍS




Salman Rushdie / Joseph Anton / Reseña



SALMAN RUSHDIE / JOSEPH aNTON
MEMORIAS DE UN PERSEGUIDO

Un alegato en defensa de la libertad y el arte

“World Press Review”, una publicación norteamericana con la que colaboré durante algunos años y que fue editada entre 1974 y 2004, publicó una vez un exhaustivo número dedicado a China. En su memorable presentación del material, los editores dijeron “lamentar si la revista había dado más información de la que sus lectores deseaban tener”.
Algo similar podía haber dicho en el prólogo a sus memorias tituladas “Joseph Antón” el escritor indio-británico Salman Rushdie. El libro de 686 páginas en la edición Mondadori en español es increíblemente detallista. El escritor parece ansioso por no dejar detalle alguno de su vida sin revelar. Muchas páginas de su libro están dedicadas a amigos muy caros al escritor pero cuyo interés para lectores distantes es muy relativo. Algo similar podría decirse de sus minuciosos relatos acerca de complicadas negociaciones editoriales que difícilmente logren interesar a más de una pequeña parte de los lectores. A pesar de estos excesos, el libro se lee con la tensión y el interés con que se lee una novela de suspenso.
¿Por qué? En primer lugar por la sinceridad con la cual el escritor narra su historia, incluyendo los detalles más íntimos de su vida privada. Salman Rushdie tuvo cuatro mujeres, cada una de ellas tan interesante como complicada, y fue padre de dos niños de mujeres diferentes en distintas etapas de su vida. Asimismo fue un escritor de gran éxito, ganador del codiciado Premio “Booker” el galardón literario más codiciado en Gran Bretaña. Por lo demás, la personalidad de Rushdie es de gran interés por la singular combinación de la cultura absorbida de niño y adolescente en su India natal y la adquirida en el país en el que estudió y construyó su hogar, Gran Bretaña. Escritor célebre, disfrutó de la amistad de otros escritores célebres, desde Harold Pinter a Mario Vargas Llosa, y desde Susan Sontag a Paul Auster, por lo cual nos brinda con naturalidad y sin jactancias un sugestivo testimonio acerca del mundo literario no solo londinense sino internacional. Pero el tema central del libro es sin duda el testimonio de su vida como fugitivo en su propio país luego de haber sido condenado a muerte por el Ayatollah Ruhollah Khomeini, el líder iraní que llegó a su país para terminar con el reinado del duro modernizador de su país, el Shah Reza Pahlevi y terminó siendo un líder mucho más cruel e intolerante que el monarca derrocado.
Rushdie cuenta los detalles de su vida errante, de sus constantes cambios de domicilio, de los detalles de la furiosa campaña del mundo musulmán, incluyendo los radicados en la propia Inglaterra, de la muerte de su traductor al japonés y del atentado contra su traductor noruego, así como la de actos de violencia provocados por musulmanes en manifestaciones contra su libro en distintas partes del mundo. Particularmente interesante es el relato de las ambiguas relaciones del escritor con sus protectores-carceleros de la policía y el Servicio Secreto británico. Cada tanto los jefes de estos organismos lo ponían al tanto de las novedades y éstas durante mucho tiempo fueron muy malas. El régimen iraní había lanzado sus sicarios en su busca para matarlo. No había la menor chance de un ablandamiento: el “establishment” clerical de Irán era categórico : Salman Rushdie debía morir. En algún momento, pareció existir la posibilidad de un acuerdo diplomático secreto.
En Teherán había un gobierno considerado reformista y moderado y al parecer dio algún signo positivo indicando que podría desactivar las células terroristas, aunque nominalmente la famosa “fatwa” (edicto religioso musulmán) que lo condenó a muerte seguiría vigente desde el punto de vista oficial. Lamentablemente no tardó en venir el balde de agua: el poder real, clerical, de línea dura, había vetado la iniciativa. En algún momento de debilidad pensó que podría ganar la “buena voluntad” de sus perseguidores con declaraciones “políticamente correctas sobre el Islam”. Pronto vio que no solo ganó nada, sino que todo intento de rendición solo podía ser contraproducente. Con mucha sensatez optó por la vía inversa: la movilización de la opinión pública mundial en forma enérgica y organizada. No le fue fácil convencer a sus protectores-carceleros, pero finalmente estuvieron de acuerdo en que aparezca de sorpresa en actos de defensa de su libertad no solo en Gran Bretaña sino también en otros países, con la condición de escapar por la puerta trasera ni bien terminado su discurso. La lucha fue larga y difícil. Finalmente Rushdie descubrió que tenía mayores chances de vivir desapercibido en una urbe como Nueva York que en Londres y optó por cambiar definitivamente de domicilio con una gran secuela de complicaciones familiares.
¿Qué es lo mejor del libro? Hay muchas anécdotas sobre polémicas literarias y no literarias sumamente interesantes. Hay detalles curiosos acerca de sus crónicas dificultades domésticas en una vida amorosa muy llena de gozo pero también de dolor. No faltan referencias picantes a sus nada fáciles relaciones con los policías a cargo de su custodia. Pero indudablemente los fragmentos más valiosos y significativos del libro son los Rushdie dedica a exaltar el valor de la literatura y el arte, que para él son sinónimos de LIBERTAD con mayúscula. Por ello, nada mejor que terminar esta nota transcribiendo uno de esos pasajes :
“ La literatura intentaba abrir el universo, aumentar, aunque fuera solo un poco, la suma total de que para los seres humanos era posible percibir, comprender y por tanto, en último extremo, ser. La gran literatura llegaba a los límites de lo conocido y empujaba los límites del lenguaje y la forma para crear la sensación de que el mundo era más grande, más amplio que antes. Sin embargo, en estos tiempos se arrastraba a los hombres y a las mujeres hacia una definición cada vez más estrecha de sí mismos, se los alentaba a considerarse solo una cosa: serbio o croata, israelí o palestino, hindú o musulmán, o cristiano, bahaísta o judío, y cuanto más estrechas se volvían sus identidades mayor era la probabilidad de conflicto entre ellas. La visión de la naturaleza humana presentada por la literatura inducía a la comprensión, la solidaridad y la identificación con personas distintas a uno mismo, pero el mundo empujaba a todos en la dirección opuesta, hacia la estrechez, el fanatismo, el tribalismo, el sectarismo y la guerra. Era muchos los que no querían un universo abierto, quienes, de hecho, preferían cerrarlo lo más posible, y por eso cuando los artistas se acercaban a la frontera y empujaban se encontraban con la resistencia de poderosas fuerzas. Y aún así, hacían lo que tenían que hacer, incluso a costa de su propia tranquilidad y a veces, de su vida.”




miércoles, 14 de noviembre de 2018

Darío Jaramillo gana el Premio Internacional de Poesía García Lorca


Darío Jaramillo Agudelo.
Foto:
Pablo Salgado


Darío Jaramillo gana el Premio Internacional de Poesía García Lorca

El escritor colombiano es galardonado por su trayectoria


EL PAÍS
Madrid 14 NOV 2018 - 07:24 COT

El escritor colombiano Darío Jaramillo ha obtenido hoy el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca para 2018. El galardón, creado por el Ayuntamiento de Granada en 2004, premia "el conjunto de la obra poética de un autor vivo que, por su valor literario, constituya una aportación relevante al patrimonio cultural de la literatura hispánica", como explica su web oficial. José Emilio Pacheco, Blanca Varela o José Manuel Caballero Bonald están entre los anteriores ganadores del reconocimiento.
Jaramillo (Santa Rosa de Osos, Antioquia, 1947) está considerado como uno de los mejores poetas de su país, aunque también es autor de novelas y ensayos. Entre sus obras más conocidas, destacan Historias, Poemas de amorCartas cruzadasLa voz interior o Poesía en la canción popular latinoamericana.




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