La idea de traición, un concepto clave de los años 70, resquebraja los flecos del vínculo entre una hija y su padre.
Foto de Aimar Gutiérrez Bidarte.
La llamada de… Txani Rodríguez
Álvaro Colomer sigue empeñado en desvelar el mito fundacional oculto en la biografía de todos los escritores, es decir, indagar en los orígenes de su vocación, en el germen de su despertar al mundo de las letras, en el momento exacto en que sintieron la llamada no precisamente de Dios, sino de algo acaso más abstracto: la literatura.
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Txani Rodríguez no recuerda el día en que recibió la llamada de la literatura, pero sí que guarda en la memoria una imagen perfectamente nítida de su padre sumiéndose en el silencio cuando un escritor, uno cualquiera, salía en televisión. En aquel entonces, en la España de finales de los 70s o principios de los 80s, reinaba en los hogares un respeto mayúsculo hacia la cultura, una admiración profunda hacia los libros, una reverencia sincera hacia las ansias de conocimiento, y muchos ciudadanos se sentían tan afortunados de tener la posibilidad de ver a Joaquín Soler Serrano entrevistando a Jorge Luis Borges, Marguerite Duras o Juan Rulfo que incluso reunían a toda la familia, hijos incluidos, ante el televisor. El padre de Txani era una de esas personas y, aunque ahora su hija asegure que no recuerda haber sentido una llamada de la literatura como tal, no me negarán ustedes que la imagen de una niña reparando en el modo en que su progenitor mira a los escritores y pensando en lo hermoso que debe de ser que te observen de ese modo, no me negarán, digo, que no tiene algo de momento inaugural.



















