Miguel Sáenz, traductor: “Thomas Bernhard era insufrible y Kafka es el mejor escritor del siglo XX”
El académico de la Lengua, de 93 años, que tradujo al español a muchos de los grandes autores, recoge en un libro sus cometarios sobre ellos

El académico de la Lengua, de 93 años, que tradujo al español a muchos de los grandes autores, recoge en un libro sus cometarios sobre ellos

El gran autor argentino es homenajeado en la Feria del Libro de Buenos Aires con nuevas publicaciones, muestras y debates sobre su obra y su legado

El artista manchego, considerada una de las grandes figuras de la pintura contemporánea, siempre ha tenido una vinculación especial con la capital española, la cual ha retratado en multitud de ocasiones a lo largo de su extensa carrera.
MARGARITA ROSA REITERA SU APOYO A IVÁN CEPEDA
La actriz y escritora lanzó un mensaje contundente contra el estigma que reduce la izquierda a países como Cuba, Rusia o Venezuela. Para ella, esa idea es un “coco con el que asustan niños”, una estrategia de miedo que busca deslegitimar cualquier propuesta progresista en Colombia y cerrar el debate sobre justicia social.
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| Leonardo Padura |

Él cogió la copa y bebió. Su mano y su brazo se deslizaron con fluidez hacia arriba siguiendo un hábito abandonado durante mucho tiempo, pero nunca olvidado, un hueco imposible de llenar. Era un inválido en recuperación que estiraba y flexionaba músculos agarrotados durante un largo periodo, con cautela al principio y luego con una sorpresa placentera por la facilidad y familiaridad de los movimientos. El vino era demasiado añejo; demasiado añejo y demasiado frío. No le importó. Estar sentado a una mesa con una copa en la mano. La luz de abril en la ventana. Esa mujer. Y la luna diurna, su talismán. Todavía se ve a través de un pequeño cristal en la esquina superior de la gran ventana, una moneda de oro blanco repujado, delgada como una oblea, transparente en apariencia, con la cara de un emperador borracho estampada. Tiene la sensación de que algo dentro de él, un homúnculo encorvado, solloza y llora con amargura mientras él no vierte ni una lágrima. Es práctico disponer de un hombrecillo interior que haga su duelo por él. Deberíamos haber concedido uno a todo el mundo. ¿O acaso lo hicimos?
Foto de portada: Marta Calvo
Álvaro Colomer sigue indagando en el mito fundacional oculto en la biografía de los escritores, es decir, desvelando el origen de sus vocaciones, el germen de su despertar al mundo de las letras, el momento exacto en que sintieron la llamada no precisamente de Dios, sino de algo acaso más difuso: la literatura.
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John Banville se hizo escritor el día en que su hermana le regaló un ejemplar de Dublineses. El adolescente que todavía había en él se adentró en el clásico sin saber realmente dónde se metía, pero no necesitó leer demasiados relatos para extraer una enseñanza: que no todos los libros contaban historias ambientadas en la corte del rey Arturo, en los establos de Tombstone o en los camarotes del Nautilus, habiéndolos también que transcurrían en lugares tan cotidianos como las calles de Dublín. Aquello fue una revelación: cualquiera podía ser escritor, no hacía falta recorrer mundo, bastaba con mirar alrededor con ojos distintos.
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| John Banville |
El escritor John Banville (Wexford, Irlanda, 1945) se encuentra feliz de volver a España. “Tengo mejor reputación aquí que en Irlanda”, asegura, y antes de comenzar la entrevista por su nueva novela, Las singularidades (Alfaguara), relata la anécdota de unos españoles residentes en Dublín que lo reconocieron cuando volvía a su casa, situada en un pequeño municipio a las afueras de la capital. “Nadie más en el pueblo sabe quién soy”, sentencia.
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| Ilustración de Rockwell |
Herman Melville
MOBY DICK
Capítulo 1
Llamadme Ismael. Hace unos años —no importa cuánto hace exactamente—, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Es un modo que tengo de echar fuera la melancolía y arreglar la circulación. Cada vez que me sorprendo poniendo una boca triste; cada vez que en mi alma hay un noviembre húmedo y lloviznoso; cada vez que me encuentro parándome sin querer ante las tiendas de ataúdes; y, especialmente, cada vez que la hipocondría me domina de tal modo que hace falta un recio principio moral para impedirme salir a la calle con toda deliberación a derribar metódicamente el sombrero a los transeúntes, entonces, entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como pueda. Es mi sustitutivo de la pistola y la bala. Con floreo filosófico, Catón se arroja sobre su espada; yo, calladamente, me meto en el barco. No hay nada sorprendente en esto. Aunque no lo sepan, casi todos los hombres, en una o en otra ocasión, abrigan sentimientos muy parecidos a los míos respecto al océano.
Otro 18 de octubre, el de 1851, hace hoy 172 años, el destino alumbra una de sus ironías. En efecto, la novela que habrá de ser uno de los pilares sobre los que pivotará esa edad de oro de la literatura estadounidense: la que se escribió entre el romanticismo y el trascendentalismo durante una buena parte del siglo XIX —desde Nathaniel Hawthorne hasta Walt Whitman, por situarla entre dos de sus autores—, tiene su edición príncipe en una editorial inglesa. Sí señor, Moby Dick, la obra maestra de Herman Melville, la ficción en cuestión, llegó a las librerías londinenses tal día como hoy con la marca de Richard Bentley. La edición estadounidense —de un solo volumen dado a la estampación por Harper & Brothers, frente a los tres de la británica, pese a que en la norteamericana se incluían todos los pasajes censurados por Bentley— no se pondrá a la venta en Nueva York hasta el 14 de noviembre.

Vivimos tan sobreactuados por la tragedia de la actualidad que hemos devaluado el concepto de acontecimiento. Cuando cada noticia es decisiva, cada declaración política, atronadora y cada Madrid-Barcelona, el partido del siglo, el grano no asoma entre la paja. Cuesta reconocer los acontecimientos cuando se presentan. Esta semana, por ejemplo, ha sucedido algo importante de lo que casi nadie va a enterarse: la editorial riojana Pepitas de Calabaza publica Los grandes cementerios bajo la luna, de Georges Bernanos.
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| La periodista y escritora argentina, Leila Guerriero.Magdalena Siedlecki |

Mariana Enríquez tiene pesadillas. Siempre las tuvo. Algunas son recurrentes y otras, como la que tuvo hace días, novedosas.