
Frida Kahlo; Unos cuantos piquetitos, 1935, Museo Dolores Olmedo, México
Frida Kahlo: «Unos cuantos piquetitos»
Veinte veces no fueron suficientes
El periódico está a la mesa haciéndole compañía a una taza de café negro, que todavía expide sus últimos retazos de calor. La mañana se alza en silencio, a la expectativa de una reacción en potencia, anunciada. Están las imágenes, están las palabras; solo hace falta la impresión que habrán de generar. Al poco tiempo, la mujer de la casa abre la puerta del desayunador y se sienta en su lugar. Se lleva la taza caliente a los labios y levanta la primera plana: un hombre ha apuñalado a su pareja —¿esposa?, ¿amante?, ¿concubina?, ¿hastío de una noche sin recuerdos?— veinte veces, a lo largo y ancho de su cuerpo desnudo. La morgue dijo que había muerto desangrada. Las fotografías muestran el cadáver horadado. La mujer de la casa tiene una idea.

El primer número de la revista Quimera. (Cedida por la revista) 
















