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domingo, 15 de septiembre de 2024

Primero estaba el mar’, de Tomás González: somos partículas con proyectos imposibles

Tomás González

Retrato del autor Tomás González.CAMILO 


‘Primero estaba el mar’, de Tomás González: somos partículas con proyectos imposibles

Se reedita el libro del escritor colombiano, publicado originalmente en 1983, un texto exuberante en el tino con el que se elige cada palabra y nos adentra en una atmósfera cada vez más densa, alcohólica, alucinante, pestífera…


Marta Sanz

2 de septiembre de 2024

viernes, 18 de noviembre de 2022

Samanta Schweblin / Siete casas vacías / Resentimiento de existir

 


Resentimiento de existir

Los cuentos de Samanta Schweblin remiten al lado oscuro de la realidad, a la pérdida, la enfermedad y la violencia


Marta Sanz
11 de junio de 2015

En estos relatos, por los que concedieron muy merecidamente a Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978)el Premio de Narrativa Breve Ribera del Duero, no se da árnica al lector. No se colocan pomadas sobre la quemadura: la pérdida de los seres amados, la violencia afectiva, la enfermedad, el sentimiento de haber sido desposeído, el egoísmo, se hacen una bola en el estómago. Esa actitud, que nos coloca sobre cristales rotos, implica un alto riesgo en una época en la que parte del éxito —literario, comercial y las dos cosas a la vez— consiste en la destreza de los escritores para quintaesenciar el lado de bueno de las cosas, las flores del cupcake, el dabadabadá de la existencia, la crisis como oportunidad y esas visiones de lo humano que se parecen a los anuncios de refrescos. Schweblin se atreve a mirar el interior de los placares con una crueldad pasteurizadora que acaso surja de la vocación de visibilizar el daño.

domingo, 16 de octubre de 2022

Marta Sanz / Gabriela Astor y la caja negra

Marta Sanz

Gabriela Astor y la caja negra

Rosa y negro

El destape y el aborto son los polos que usa Marta Sanz en su novela 'Gabriela Astor y la caja negra', para retratar la transición española


JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
7 JUN 2013 - 18:01 COT

Temerosos de que cualquier etiqueta atraiga a los estudiosos de mañana, pero aleje a los lectores de hoy, la mayoría de los escritores prefiere medir sus libros con la eternidad antes que con el tiempo. Por eso sorprende que Marta Sanz (Madrid, 1967) diga que a veces tiene la sensación de hacer “literatura de emergencia” y se refiera a su último libro, Daniela Astor y la caja negra(Anagrama), como una “novela feminista”. Su protagonista es Catalina, una muchacha que huye de sus 12 años comiendo miga de pan para que le crezcan las tetas, despreciando a su madre por poco refinada y jugando a ser una imaginaria actriz del destape, Daniela Astor. Estamos en la España de 1978, un tiempo ilustrado con desnudos “integrales”, cuya banda sonora es la sintonía de programas de televisión como Eva a las diez, Aplauso o Los ángeles de Charlie. 

viernes, 17 de diciembre de 2021

Maggie O'Farrell / La vida detrás de la literatura

Maggie O'Farrell


La vida detrás de la literatura

Maggie O’Farrell trasciende en ‘Hamnet’ el componente legendario de la biografía de los grandes escritores poniendo en primer plano a la esposa de Shakespeare



Marta Sanz
5 de marzo de 2021

Son muchos los libros que recrean biografías de escritoras y escritores sobresalientes. Los suelen escribir otros escritores y escritoras que, redundando en el aura legendaria de Cervantes o Virginia Woolf, nos proporcionan claves sobre sus propios referentes, sus lecturas y su oficio de escribir. Hablar de nuestras genealogías culturales constituye una fórmula magistral para formarnos literaria y vitalmente, aunque confesar influencias, a menudo, apunta más hacia la expresión de un deseo que a una marca estilística reconocible. Lo maravilloso y muy meritorio de Hamnet es que Maggie O’Farrell vivifica a Shakespeare, el gran “monstruo de la naturaleza” del canon universal —siempre desde una perspectiva anglosajona—, colocando en primer plano la domesticidad y utilizando como foco narrativo prioritario la figura de su esposa, aquí llamada Agnes.


Maggie O'Farrell
Ilustración de Alan Vest


Hamnet aborda muchos asuntos de “arte mayor”: azar y destino, la omnipresencia y asiduidad de la muerte en la vida, la validez de las premoniciones y la imposible empresa de saber quién va a morir primero, el límite que separa brujas y médicas, las pantuflas del héroe literario, la conexión entre la máscara de las ficciones y las realidades, la eficacia de una literatura de duelo que no siempre es literal, el hecho de que las cosas nunca son iguales cuando muere un ser amado, ni siquiera cuando se posee la herramienta artística como expiación, consolación, estrategia de disimulo y de un pudor que podría confundirse con exhibicionismo. Cuando los seres amados mueren, la vida sigue: en un momento de la trama, las idas y venidas del pasado hacia el presente hacen coincidir el parto de Agnes con la muerte de uno de sus descendientes futuros. Cuando los seres amados mueren, la vida sigue, pero nada es igual ni a una escala microscópica, familiar, ni a la escala macroscópica de una pandemia que aquí aparece en forma de alarde constructivo: la llegada de la peste a Stratford desde tierras lejanísimas, a lomos de caballos, gatos, pulgas, marineros, se cuenta con la inexorabilidad de un efecto mariposa subrayando esa urdimbre entre azar y destino, que a su vez se entreteje con la urdimbre entre leyenda y realidad. Los componentes legendarios de la vida y la vitalidad del arte se relacionan con la textura autobiográfica de las ficciones y con la deformación/modificación de lo experimentado por las cargas, calambres, corrientes míticas de la cultura y las culturas que atañen incluso a la sensibilidad de una mujer semi­analfabeta y excepcional.

Pese a estos temas universales de elevado peso atómico, lo más importante en esta preciosa narración discurre en los espacios interiores, cocinas y alcobas, o en los exteriores del trabajo, huertos medicinales y emplazamientos de las colmenas. Lugares donde se vive, se copula, se come, se enferma, se sana o se muere. ­O’Farrell lleva a cabo una impresionante labor de documentación que sustenta la sensorialidad de su registro estilístico y su combinación sabia del realismo truculento —no escatima la textura de la muerte que es cadáver— con un realismo de premoniciones y casi conjuros que, a ratos, evoca el realismo mágico. Agnes, la esposa de ese escritor al que nunca se cita por su nombre —importa menos la fama que la cotidianidad, el canon que los alimentos—, es el contrapunto fantástico del hombre que escribe dramas y tragedias, y se va a vivir a un Londres insalubre. Agnes me ha hecho recordar la Blimunda del Memorial del convento, una Blimunda menos infalible, más vulnerable y contemporánea.


O’Farrell escribe sobre los puntos sobrenaturales de las casas, pero en la preciosa escena final también escribe sobre los procesos alquímicos de la literatura que amalgaman aprendizajes grecolatinos y experiencias vitales. Vida y cultura se amasan dentro del mismo pan, y una novela que correría el riesgo de convertirse en un aparato de exaltación culturalista, en exaltación de tópicos en torno a las vidas literarias, es en realidad un magnífico texto sobre el amor de una pareja disímil que, en su superación del duelo y en la metamorfosis de la existencia que comporta la muerte intempestiva, toma en apariencia caminos divergentes. Sin la carga de esa humanidad no existirían ni genios ni genias capaces de apresar la vida en un libro que se nos meta dentro para siempre. Las ideas de similitud, confluencia y dualidad vertebran el relato y encuentran su metáfora no solo en el amor entre Agnes y el escritor, sino también en los gemelos Hamnet y Judith, así como en ese otro tipo de relación gemelar, especular, que vincula al niño Hamnet con Hamlet, príncipe de Dinamarca. Los gemelos se miran: en el solapamiento de “una sola persona dividida por la mitad”, de dos cuerpos, sexos y géneros —ellos aprenden a leer, ellas no—, culmina el mito del andrógino. La superación de la dualidad genérica llega con la muerte —también con el oficio de escribir— y se contrapone al artificioso disfraz de esos personajes femeninos de la escena renacentista y barroca interpretados por hombres: el autor encarga a su padre, guantero, guantes de mujer con tamaño de manos masculinas…

O’Farrell trasciende el mito del andrógino y vence las dificultades del arte para regalarnos una novela preciosa centrada en la figura de una mujer que no fue ni sombra ni pequeña pese a la estatura que el tiempo le ha concedido a su monumental esposo. Algunos oficios buenos —la farmacopea, la literatura—, practicados con rigor y honestidad, sirven para salvarnos la vida.



Hamnet
Autora: Maggie O’Farrell.
Traductora: Concha Cardeñoso.
Editorial: Libros del Asteroide, 2021.
Formato: Tapa blanda. 350 páginas. 23,95 euros.






martes, 12 de enero de 2021

Los diez mejores libros de 2020

Sara Mesa

Los 50 mejores libros de 2020

LOS DIEZ MEJORES

‘Un amor’, de Sara Mesa, es la obra más destacada en una votación en la que han participado 100 críticos, escritores y periodistas. La propia autora analiza las claves de una novela que busca el “desconcierto”

EL PAÍS
20 de diciembre de 2020

Cuando los arqueólogos del futuro encuentren un fósil digital con un enlace a los mejores libros de 2020 según Babelia, sabrán que en el gran año de la covid ningún libro sobre la pandemia se coló en el palmarés pero triunfaron títulos que retratan bien la sociedad del momento. Por un lado, el reconocimiento de la literatura escrita por mujeres es rotundo: las novelistas y poetas ocupan seis de los primeros diez puestos de la lista, incluido el principal, que es para Sara Mesa con Un amor. Por otro lado, La era del capitalismo de la vigilancia, de Shoshana Zuboff, sobresalió en meses en que —por ocio, por negocio y por telenegocio— nos volcamos en la vida digital mientras Los europeos, del inglés Orlando Figes, y Otoño, de la escocesa Ali Smith, hicieron lo propio en el año en que se consumó el brexit.

Oportunamente, el Madrid de Andrés Trapiello retrata la historia pasada de una ciudad que vivió semanas desbordada por el coronavirus mientras la salida de Poeta chileno, de Alejandro Zambra, coincidió con el jubiloso referéndum constituyente en Chile. Por su parte, Las malas, de Camila Sosa, y Casas vacías, de Brenda Navarro, serían, desde la ficción, buenas lecturas complementarias para el debate feminista sobre transexualidad y maternidad. Finalmente, la ciencia ficción filosófica de Ted Chiang en Exhalación serviría para evadirse —es un decir— de un mundo en el que, como en M. El hijo del siglo, un novelón sobre Mussolini, cada día se usa más la palabra fascista. Para todo los demás, es decir, lo que queda del año: Rachel Cusk, o sea, Despojos. Por Javier Rodríguez Marcos.
1. Un amor
Sara Mesa
ANAGRAMA

Por Sara Mesa.

Decía mi admirada Flannery O’Connor que pedirle a un escritor que hable de su escritura es como pedirle a un pez que dé una conferencia sobre natación. A menudo, cuando me preguntan por el sentido de mis libros, por cuestiones interpretativas o compositivas complejas, recuerdo esta afirmación y, si no fuese porque resulta maleducado, diría, con toda mi humildad y sinceridad: “Yo qué sé”. Apelar al misterio de la escritura puede sonar un poco místico —y quizá sea una manera de escurrir el bulto—, pero admitamos al menos que sí hay una buena dosis de misterio en la génesis de un libro, como la hay en el fenómeno de su lectura, tan imprevisible.


Un amor es una novela misteriosa para mí. Surge, de hecho, de un sueño recurrente —con toda la ambigüedad que conlleva el mundo onírico—, de historias escuchadas hace muchos años y de imágenes que me asaltaron de pronto, sin explicación aparente —goteras en una casa, un perro atado a una estaca, el sonido de la lluvia en el tejado de un cobertizo, una mujer espiando los movimientos de la furgoneta de un hombre—. Con todo eso, hace años, empecé a construir una historia que no sabía bien dónde me llevaba. Tardé mucho y cometí muchos errores, aunque también algún acierto que me impedía desistir y tirarlo todo a la basura. Cogí y solté la novela varias veces, entre medias escribí otras cosas. En mi editorial tuvieron una paciencia infinita conmigo, puesto que un día lo veía claro y al siguiente pedía que se olvidaran de lo dicho —­gracias, Jorge Herralde, Silvia Sesé, Isabel Obiols, por no matarme—. Al final, después de dar muchos rodeos absurdos, llegué a una especie de calma resignada, una especie de paz. Qué novelita enclenque, pensé, pero al mismo tiempo, para animarme, me agarré a una de las reflexiones de la protagonista: “No se llega al blanco apuntando, sino descuidadamente, mediante oscilaciones y rodeos, casi por casualidad”.

Y luego, casi por casualidad, esta novelita enclenque empezó a engordar; es decir, a ser leída, interpretada, compartida, amada y seguramente odiada. Sentí sorpresa y agradecimiento ante tantas lecturas —la ramificación de mi trabajo—, aunque también el famoso síndrome del impostor, de la farsante, pues este 2020, tan complicado y duro por muchas razones, ha sido también un año de excelentes libros.

Un amor no es una novela de amor y sin embargo se titula así porque amor es la palabra más manoseada del mundo. La confusión que origina el título, la posible decepción o desconcierto que ocasiona en los lectores, es buscada. Si en los grandes almacenes colocaran el libro en el apartado de novela romántica, me sentiría muy feliz, porque sería como activar una pequeña bomba en sus anaqueles. Entonces, si no se trata de un amor convencional, ¿a qué amor me refiero? ¿Qué significa este título?

En relación con el significado de los sueños, Eugène Ionesco decía: “La mayor parte de las personas, cuando intentan contar sus sueños, los interpretan, los explican, los hablan, intervienen. El sueño es una historia o una situación que se debe contar de la manera más desnuda o que solo se debe describir. No se deben contar los sueños, hay que intentar describirlos; el sueño no es discurso, es imágenes”. Yo me agarro a esta dualidad discurso/imagen del mismo modo que a la idea del pez conferenciando sobre natación. No deseo inmiscuirme en una labor que no me corresponde. Quizá no es mi papel ofrecer interpretaciones ni respuestas tajantes como quien desvelara la solución de un acertijo. Escribí Un amor como quien emprende una búsqueda y así me gustaría que fuese leído.




2. La madre de Frankenstein
Almudena Grandes
TUSQUETS

Almudena Grandes es un alud sentimental y narrativo. Y si La madre de Frankenstein es el mejor de sus Episodios de una guerra interminable algo tendrá que ver el hecho de que en los personajes femeninos se perfilan mujeres decididas (para bien o para mal), de independencia intelectual contrastada, que no titubean para ser lo que soñaron. Y ahí está la enfermera María y hasta la parricida Aurora Rodríguez Carballeira y su víctima, su hija Hildegart, diseñada para ser arquetipo de la nueva mujer republicana. La identificación emotiva es fuerte, sensación que refuerza Germán, psiquiatra que regresa a España para trabajar en un manicomio de mujeres, espacio-tiempo donde reflejar el terror con el que el nacionalcatolicismo pintaba los pardos años cincuenta. El resto, pura marca Grandes: buenos diálogos y mejores tramas, destilados con menos alambiques. Grandes ha dejado, como nunca, jirones de piel (personal, literaria) en este monstruo.. Por Carles Geli.



3. Los europeos
Orlando Figes. Traducción de María Serrano Giménez
TAURUS

Lo que Orlando Figes hace en Los europeos es reconstruir las líneas maestras que permitieron que, hacia 1900, en el Viejo Continente la gente leyera los mismos libros, escuchara la misma música o disfrutara de las mismas obras de arte, que fijarían además el canon de la alta cultura. El historiador sigue las vidas del escritor Iván Turguénev y de la cantante y compositora Pauline Viardot, que tuvieron una larga e íntima relación, y del marido de esta, Louis Viardot, crítico de arte y periodista, para mostrar cómo con la expansión del ferrocarril se produjo una primera globalización que instauró hábitos cosmopolitas. El libro levanta un apasionante siglo XIX que revela la enorme ebullición de ideas y de iniciativas creativas que marcaron las vibrantes y complejas señas de identidad de Europa. Por José Andrés Rojo.



4. Confía en la gracia
Olvido García Valdés
TUSQUETS

Hay algo vivo y a la vez mineral en los nuevos poemas de Olvido García Valdés (Asturias, 1950). Por eso al releerlos nunca están donde los dejamos; crecen e inquietan. ¿Qué es? ¿La respiración? ¿El deseo? ¿La soledad exigente con que enlazan sensorialidad y extrañeza para explorar cada pliegue? Se entretejen en ellos lecturas y animales, generaciones diversas en fiestas con globos, memoria, fantasmas, música, tiempo, luz. Forma y tonos libérrimos en los que caben el 15-M, el Brexit y la convicción de que envejecer es bueno. Líneas de un diálogo interior que ocurre en ráfagas de intensidad, cuando alguien con mucho visto y sentido elige confiar en lo benigno para encenderse e invitarnos: “… toma / el mundo por cuerpo, decía, como un ciego / el bastón, respira ahí como si fueras todo…”. Por Raquel Garzón.


5 . No digas nada
Patrick Radden Keefe. Traducción de Ariel Font Prades
RESERVOIR BOOKS

Está construida como una novela de misterio que trata de revelar quién estaba detrás de un famoso crimen sin resolver, pero la investigación periodística de Patrick Radden Keefe, basada en un centenar de entrevistas y numerosas consultas a archivos y viajes, va mucho más allá. No digas nada aplica una bien medida fuerza narrativa a la enmarañada historia política reciente de Irlanda del Norte y mete de lleno al lector en el drama de los Troubles, del que cabría pensar que se ha escrito ya más que suficiente. Y, sin embargo, el reportero de The New Yorker demuestra en este libro que la historia late bajo la paz, que hay un relato abierto en aquella herida, que las mejores intenciones con las que, por ejemplo, se creó un archivo oral en una universidad para reconstruir la historia de los terroristas pueden llevar a imprevisibles consecuencias legales, y que las víctimas de un conflicto de más de medio siglo son todos o casi todos. El secuestro y asesinato de una viuda y madre de 10 hijos, Jean McConville, en 1972 en Belfast —que nunca acabó de estar claro, ni siquiera cuando apareció su cuerpo más de 30 años después—, permite a ­Radden Keefe desenterrar un trágico relato. Y en los claroscuros de esa historia surgen preguntas que no solo atañen a por qué se llevaron a McConville y quién disparó la pistola, sino por qué una joven como la implacable Dolours Price entraba en una banda terrorista, hasta qué punto admitir un error significa quitar el sentido a toda una vida dedicada a una lucha y si un líder capaz de forjar la paz es un traidor o un héroe con rasgos de sociópata. 
Por Andrea Aguilar.


6. El hijo del chófer
Jordi Amat
TUSQUETS

Alfons Quintà fue un asesino, un tipo profundamente malvado. Sin embargo, se convirtió también en uno de los periodistas más importantes de Cataluña pese a que sus maltratos y acosos eran un secreto a voces. Con este personaje siniestro, Jordi Amat ha construido un libro magnífico en la estela abierta por autores como Emmanuel Carrère. A través de la figura de Quintà, El hijo del chófer se convierte en un retrato de la Cataluña contemporánea, pero sobre todo de los juegos de poder capaces de aupar hasta la cima social a un personaje de esta categoría humana. En ese sentido, se trata de un libro que se eleva por encima del momento que describe para convertirse en un relato universal sobre la maldad y el poder. Por Guillermo Altares.



7. Las maravillas
Elena Medel
ANAGRAMA

Empezar a leer Las maravillas es meterte en un túnel de acero frío en el que las voces que la escritora cordobesa Elena Medel entrelaza son las de todas las mujeres. En el personaje que protagoniza el libro, pero del que es también su gran ausente, se condensan las desgracias económicas de la España de los últimos 50 años: el abandono, el ascenso social truncado. La lucha feminista va abriéndose paso en la sociedad y en el libro. Pero el 8 de marzo de 2018, cuando el feminismo se instaló en la conciencia de muchos españoles, la vivencia radicalmente opuesta de los otros dos personajes principales de Las maravillas condensa el sentido del relato. Qué doloroso y qué bien narrada la primera novela de la poeta Elena Medel. Por Carmen ­Pérez-Lanzac.



8. Exhalación
Ted Chiang. Traducción de Rubén Martín Giráldez
SEXTO PISO

Con una exquisita e incisiva prosa alegórico fantástica, Ted Chiang (Nueva York, 53 años), el multipremiado orfebre de lo galáctico especulativo que hay detrás de la historia de La llegada, la película de Denis Villeneuve, reflexiona sobre la relación entre humanidad y tecnología en esta su segunda antología de relatos en 30 años. Convencido de que todo relato de ciencia-ficción puede ser un tratado filosófico, Chiang se aproxima a aquello que nos hace humanos —la memoria y sus borrosos límites narrativos, una inevitable y dolorosa empatía hasta por lo que finge estar vivo— desde la humildad del apasionado escritor de género que ha hecho de su obra pura literatura. Por Laura Fernández.


9. A corazón abierto
Elvira Lindo
SEIX BARRAL

A corazón abierto es la expresión radical de las mejores virtudes de la memoria. Elvira Lindo recuerda como si estuviera pintando al natural lo que vio en las distintas épocas de su vida y lo estuviera pintando con todos los colores, con la música precisa, con el atrevimiento que dan el amor, la nostalgia y también la rabia de haber visto de cerca, y haber sufrido, los dolores y los vacíos que anidan en lo hondo de lo inolvidable. Asombrada aún por lo que vivió en la infancia, abraza a quienes compartieron con ella también los resplandores oscuros. El resultado es un cálido recuento de la vida y no resulta extraño que haya sido además una puerta para que miles de lectores hayan sentido que ella escribe también de la vida de cada uno de ellos. Por Juan Cruz.


10. pequeñas mujeres rojas
Marta Sanz
ANAGRAMA

Cierra Marta Sanz con esta novela una trilogía negra que estira, rebasa y manipula los límites del género para ir mucho más allá. Esta última entrega es una carta de denuncia contra el olvido de la injusticia, un wéstern asfixiante, una historia coral sobre los efectos del silencio en la que hasta las voces de los muertos están impecables. Una novela necesaria que describe la violencia, sobre todo contra las mujeres, con un lenguaje propio, crudo y sin tópicos. Ni el mismo detective Zarco, visto aquí por los ojos de las mujeres de su vida, podría imaginar una despedida mejor. Por Juan Carlos Galindo.




lunes, 28 de diciembre de 2020

Marta Sanz / “Todavía tenemos cuentas que saldar con nuestros óxidos franquistas”

 

La escritora Marta Sanz, en su domicilio del barrio de Malasaña.
La escritora Marta Sanz, en su domicilio del barrio de Malasaña.KIKE PARA

Marta Sanz: “Todavía tenemos cuentas que saldar con nuestros óxidos franquistas”

La escritora apela a la memoria colectiva y cierra su trilogía negra con ‘pequeñas mujeres rojas’


Juan Carlos Galindo
Madrid, 4 de marzo de 2020


Antes de escribir pequeñas mujeres rojas (Anagrama) –así, en minúscula, como un juego subversivo que se convierte en homenaje–, Marta Sanz tenía varias deudas que saldar. La primera, con la voz de los asesinados por el franquismo, los fantasmas perdidos en las cunetas de España, que ya clamaron en su poemario Vintage (Bartleby). La segunda, con la denuncia de ciertos terrores que se creían olvidados o superados. La tercera, con el género negro y con la trilogía de su detective Zarco que ahora cierra para siempre. “Esta es una novela sobre la mala memoria y también sobre los silencios forzados de manera interesada para construir un relato histórico a la medida de los vencedores. Para hacer eso inevitablemente hay que amordazar bocas, emborronar la verdad de los hechos”, cuenta Sanz (Madrid, 53 años) en su casa, bajo la atenta mirada, solo por un rato, de su gata Calabardina.

Marta Sanz / Pequeñas mujeres rojas / Oscuras bifurcaciones

 

Marta Sanz


Los 50 mejores libros de 2020

PEQUEÑAS MUJERES ROJAS

Oscuras bifurcaciones

Marta Sanz construye voces y espacios concretos y mentales, y deconstruye los discursos que se cruzan, poniendo al descubierto las zonas oscuras de la novela

J. ERNESTO AYALA-DIP

9 ABR 2020 - 15:54 COT

Con pequeñas mujeres rojas, Marta Sanz cierra su ciclo de novelas con el detective Arturo Zarco. En otro espacio habría que hablar de las novelas policiacas que lo son y las que se escriben para que no lo parezcan pero sigan siéndolo. Pero luego hay otras que no son estrictamente ni una ni otra, pero se alimentan fructíferamente de las dos especies. Una confusión genérica que Marta Sanz explota con magníficos resultados narrativos. Narrativos y también introspectivos y sociopolíticos. Todo ello me recuerda una frase que Sanz un día enunció en una entrevista: “Afortunadamente hay lectores decimonónicos”. Este lector no es sólo el que ha leído a Dickens o a Galdós o a Balzac o a Tolstói o a Clarín. Es también el que ha leído a Kafka, Joyce y Faulkner. Es la única manera de ser un auténtico lector decimonónico. Marta Sanz llega a pequeñas mujeres rojas de la mano de toda esta gran literatura. Su narrativa es social, es intimista y es, si me lo permiten, incluso documental. (Nos dice una voz narradora que sus imaginaciones están hechas con las mismas palabras con las que transcribe lo que narra).

sábado, 22 de agosto de 2020

Jane Smiley / Congoja, amenaza, liberación

Un amor cualquiera, de Jane Smiley - Cultura - Mundiario
Jane Smiley

Jane Smiley

Congoja, amenaza, liberación

Jane Smiley retrata magistralmente en ‘La edad del desconsuelo’ los miedos y cobardías de un padre de familia al que no le gusta hablar pero no para de hacerlo


Marta Sanz
27 de mayo de 2019




Retrato de Jane Smiley, en París en 2016.Ampliar foto
Retrato de Jane Smiley, en París en 2016.  GETTY IMAGES

La edad del desconsuelo es la de un dentista de 35 años, casado con una dentista guapa, decidida y muy inteligente, que mide 1,62 y con la que ha tenido tres encantadoras hijas: ­Lizzie, dotada con un extraordinario sentido de la vista y una increíble capacidad para el vómito; Stephanie, que todo lo oye y se ensimisma a menudo —va a su bola—, y Leah, que aprende a través del tacto de sus manos grandes y ama a su papi con una vampírica desmesura. Son tres seres casi mágicos —maravillosamente comunes— que recuerdan a esas hadas que se meten dentro del cofre para debatir el futuro de Aurora en la versión Disney de La bella durmiente.

miércoles, 10 de junio de 2020

150 años sin Dickens / 15 escritores opinan sobre su legado e influencia


'Dickens' Dream', cuadro inacabado del pintor Robert W. Buss (1804-1875).
'Dickens' Dream', cuadro inacabado del pintor Robert W. Buss (1804-1875). 

150 años sin Dickens: 

15 escritores opinan 

sobre su legado 

e influencia

Javier Marías, Jonathan Coe, Dave Eggers, Salman Rushdie, Margo Glantz, Junot Díaz y Colm Tóibín, entre otros, analizan el influjo del autor inglés, fallecido hace un siglo y medio, en su educación como lectores y su manera de escribir


Alex Vicente
9 de junio de 2020



Javier Marías

“Su realidad jamás es plana, porque no la ofrece en bruto, sino destilada”

Empecé a leer a Dickens en la infancia, tal vez me estrené con Historia de dos ciudades y seguí con Oliver Twist y David Copperfield (Cuento de Navidad siempre me aburrió). Nunca he dejado de frecuentarlo, y, ya adulto, conocí Casa desolada, acaso su mejor novela. Creo que si su obra pervive es por lo que perviven cuantas lo logran, desde Cervantes, Shakespeare y Sterne a Proust y Faulkner: era un extraordinario estilista, y sus textos, bajo su apariencia melodramática o humorística, contienen una profundidad que aún nos hace pensar y nos revela lo que ignorábamos que quizá intuíamos. Parecen entretenimiento y lo son; parecen historias adictivas mientras uno las lee, y lo son; parecen realistas y hasta costumbristas en ocasiones, y lo son, pero en escasa medida, porque la realidad que presentan es una realidad estilizada y rayana en lo inverosímil, como demuestran los propios nombres de sus personajes. Su realidad jamás es plana, porque no la ofrece en bruto, sino destilada.

jueves, 21 de mayo de 2020

¿Qué lee Marta Sanz en confinamiento?

Marta Sanz



¿Qué lee Marta Sanz en confinamiento?

"La pandemia es muy invasiva y nada inspiradora. No puedo escapar", dice la autora, que acaba de publicar 'pequeñas mujeres rojas'


Berna González Harbour
16 de abril de 2020

Babelia ha recuperado el programa ¿Qué estás leyendo? en formato confinamiento, con el que intenta un recorrido por las lecturas de autores en distintas partes del mundo. Claudia Piñeiro, desde Buenos Aires, fue la primera. Hoy Marta Sanz nos habla desde Madrid.

El confinamiento arrolló el lanzamiento de pequeñas mujeres rojas (Anagrama), la tercera entrega de las novelas de Marta Sanz protagonizadas por el detective Zarco. La autora (Madrid, 1967) resiste el encierro en su casa, donde cree que "esto nos va a cambiar la vida a todo el mundo". "Como escritora me siento invadida, no tengo ahora capacidad de concentración para ponerme a pensar en algo que no sean las cosas que están pasando fuera de mi casa, no tengo la capacidad de encapsularme y salvarme  a través de la escritura pensando en otros mundos y otras vidas. La pandemia es muy invasiva y nada inspiradora. Yo cuando escribo siempre estoy pendiente de tener las ventanas abiertas, los balcones abiertos, y ahora no puedo escapar", confiesa.
Sanz habla de su libro y nos recomienda varias lecturas:
– La invasión del pueblo del espíritu, de Juan Pablo Villalobos (Anagrama).
– La forastera, de Olga Merino (Alfaguara).
– El sueño de una lengua común, de Adrienne Rich (Sexto Piso).
– Cómo maté a mi padre, de Sara Jaramillo (Angosta).


EL PAÍS



jueves, 23 de abril de 2020

Las lecturas obligatorias de 14 escritores


Las lecturas obligatorias de 14 escritores

Margaret Atwood, Bret Easton Ellis, Javier Cercas y otros invitados al festival Capítulo uno de Madrid, que se suspendió por la crisis sanitaria, escogen a sus autores de referencia en el Día Internacional del Libro


Babelia
23 de abril de 2020

¿Cuáles son los libros de cabecera de Margaret Atwood, Bret Easton Ellis, Javier Cercas, Manuel Vilas, Mathias Énard, Alejandro Zambra o Cristina Morales? Los 15 autores invitados al festival literario Capítulo uno, organizado por Matadero Madrid con la colaboración de Casa del Lector, Cineteca Madrid y las Naves del Español y siete grandes sellos editoriales españoles, han escogido sus lecturas de referencia en ocasión del Día Internacional del Libro, que se celebra este jueves. El festival, que debía tener lugar a finales de marzo y que se suspendió a causa de la crisis sanitaria, ha sido aplazado hasta el otoño.


Margaret Atwood

El talón de hierro, de Jack London
Mirando atrás, de Edward Bellamy
Un mundo feliz, de Aldous Huxley
1984, de George Orwell
Dudo errante, de Russell Hoban
The Death of Grass, de John Christopher (Samuel Youd)
La mano izquierda de la oscuridad, de Ursula K. LeGuin
Mujer al borde del tiempo, de Marge Piercy
Parentesco, de Octavia Butler
The Water Knife, de Paulo Bacogalupi
Estación once, de Emily St. John
Mandel Company Town, de Madeline Ashby
El poder, de Naomi Alderman