domingo, 18 de enero de 2026

Mauricio Vargas / De cirugía a tragicomedia

 


De cirugía a tragicomedia

Salvo por la dicha de ver a Maduro caído, preso y juzgado, lo demás es una lluvia de monedas al aire.

Mauricio Vargas
10 de enero de 2026

¿Cómo pasamos de la impecable operación quirúrgica de la Fuerza Delta de Estados Unidos para capturar al narcodictador Nicolás Maduro al incierto despelote de ahora? Pregúntenle a Donald Trump, quien, en su megalomanía, no distingue entre sus sueños de semidiós planetario y la cruda realidad. Dijo el miércoles el diario francés ‘Le Monde’ que, bajo Trump, “las proezas militares estadounidenses terminan casi siempre en el vacío del día después”.

Más allá de los tardíos debates de derecho internacional sobre atrapar a Maduro y señora, y ponerlos tras las rejas en Nueva York –derecho internacional que el dictador no hizo más que pisotear–, las preguntas se centran hoy en el futuro de la sufrida Venezuela. Qué duda cabe de que los cínicos hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, cabezas del Ejecutivo y el Legislativo ‘de facto’ venezolanos, pueden entregarle a Trump todo el petróleo, a cambio de seguir en el poder. Pero nada de eso garantiza que a Venezuela regrese la democracia, una palabra que no ha salido de la boca de Trump desde la captura de Maduro.
Estamos en manos del secretario de Estado, Marco Rubio, único estratega con poder en Washington. Ojalá saque adelante su plan para Venezuela que describí en mi artículo del miércoles en este diario, para lo cual es fundamental la visita de María Corina Machado a la Casa Blanca, prevista para esta semana. Es cierto que no hay aún condiciones para que ella y Edmundo González, ganador de las presidenciales de 2024, asuman el poder. Pero de ahí a lo que vemos...
El jueves, Trump dijo en tono triunfante que no haría falta una segunda oleada de ataques a Caracas, pues Delcy Rodríguez está haciendo lo que él quiere. ¿Y el mininterior Diosdado Cabello, narcocriminal que se pasea por Caracas con cientos de agentes de seguridad armados, y es apoyado por más de un millar de motociclistas con fusiles, fuerza de choque paramilitar que continúa aterrorizando a la población civil? Ahí sigue campante, como muestra fehaciente de la peligrosa situación. Ojalá hagan algo pronto con ese asesino.
La tragicomedia traspasó la frontera de Venezuela hacia Colombia. El presidente Gustavo Petro, tan parecido a Trump en sus delirios de grandeza, pasó de insultar y retar al mandatario estadounidense a pedir una llamada telefónica tras la cual se convirtieron en nuevos mejores amigos, cualquier cosa que eso signifique. La distensión entre este par de energúmenos no deja de tener su lado bueno: si Trump seguía amenazando a Petro, este podía ganar puntos de popularidad, abrazado a la bandera como mártir nacionalista y antiimperialista, y eso hubiese ayudado al candidato izquierdista Iván Cepeda.
Salvo por eso, y por la dicha de ver que un criminal como Maduro haya caído, esté preso y vaya a juicio, todo lo demás es una lluvia de monedas al aire. Mientras sabemos de qué lado caen al piso, es momento de pensar en los cómplices que permitieron que, en 25 años, el chavismo acabara con Venezuela. Joaquín Morales Sola, agudo columnista de ‘La Nación’ de Buenos Aires, puso el miércoles el dedo en esa llaga. Morales citó al chileno Ricardo Lagos, expresidente socialista de profundas convicciones democráticas, quien preguntó hace años: “Si América Latina no quiere que Estados Unidos intervenga en Venezuela, ¿qué está haciendo (...) para restablecer la democracia y los derechos humanos en ese país?”.
Petro, tan parecido a Trump en sus delirios de grandeza, pasó de insultar y retar al mandatario estadounidense a pedir una llamada telefónica tras la cual se convirtieron en nuevos mejores amigos, cualquier cosa que eso signifique
Hay presidentes y expresidentes que legitimaron la narcodictadura. Pienso en el brasilero Lula da Silva, en Ernesto Samper y Juan Manuel Santos, en los hampones Néstor y Cristina Kirchner, de Argentina; en los mexicanos Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum, y en un español, gran socio político –y quién sabe si más– de Maduro: el ex jefe de Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. A la hora de pasar las facturas por esta tragedia –que apunta a convertirse en tragicomedia–, algunas deberían pagarlas ellos.
EL TIEMPO

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