Tomás Eloy Martínez
ECLIPSES DE MACEDONIO FERNÁNDEZ
Los
testimonios que la tradición oral ha retenido de Macedonio Fernández parecen
aludir a un personaje más inventado que real. Era friolento en exceso y para
mitigar su destemplanza dormía vestido, abrazado a toallas y diarios viejos.
Alcanzó también fama como conversador prodigioso pero de pocas palabras, uno de
esos gurúes capaces de mantener en vilo al auditorio durante una noche entra
para pronunciar al amanecer la frase que iluminaba el universo.
En
las provincias, donde todo lo que proviene de Buenos Aires suena a legendario,
Macedonio era la más improbable de las leyendas. Resultaban inconcebibles el
aislamiento y el estado de inmovilidad en que vivía, templando con igual
indiferencia el mate o la guitarra. Se llegó a sospechar que las obras que se
le atribuían habían sido redactadas por bromistas como Jorge Luis Borges o
Ramón Gómez de la Serna, y que las fotografías en las que había posado con Juan
Ramón Jiménez estaban fraguadas con la complicidad de un viejito venal.