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domingo, 30 de marzo de 2025

Elena Garro / César Vallejo

 



Elena Garro

CÉSAR VALLEJO


A mí me gustaba César Vallejo. Nunca entendí la manía que le tenía Pablo Neruda ni la persecución que ejercía contra él. En España Pepe Bergamín me dijo: "Envidia de La Chirimoya". (Así llamaba a Pablo. Ambos llevaban una riña encarnizada, a tal punto que después de que Pablo recibió el Premio Lenin, el Comité Ejecutivo del Partido Soviético tuvo que intervenir, llamar a los dos y obligarlos a terminar la querella.) Esto lo contaba Pepe Bergamín, riéndose con gran malicia. Pero a pesar de las "paces" impuestas, Bergamín continuaba llamándole "La Chirimoya". "¿No recuerdas que era muy envidioso? Y como los dos eran poetas de América, pues no se lo perdonaba, sobre todo que Vallejo era mucho mejor poeta que él, ¡"La Chirimoya" no era tonta y lo sabía...!".

lunes, 24 de octubre de 2022

José Watanabe / La piedra alada

Pelícano
Ricardo Canales

José Watanabe 
La piedra alada
 

El pelícano, herido, se alejó del mar
y vino a morir
sobre esta breve piedra del desierto.
Buscó,
durante algunos días, una dignidad
para su postura final:
acabó como el bello movimiento congelado
de una danza.

Su carne todavía agónica
empezó a ser devorada por prolijas alimañas, y sus
huesos
blancos y leves
resbalaron y se dispersaron en la arena.
Extrañamente
en el lomo de la piedra persistió una de sus alas,
sus gelatinosos tendones se secaron
y se adhirieron
a la piedra
como si fuera un cuerpo.

Durante varios días
el viento marino
batió inútilmente el ala, batió sin entender
que podemos imaginar un ave, la más bella,
pero no hacerla volar.

José Watanabe / La boa
José Watanabe / Acerca de la libertad
José Watanabe / El fósil
José Watanabe / Sala de disección
José Watanabe / La piedra alada



José Watanabe / Sala de disección

 


José Watanabe
Sala de disección

Un cadáver puede provocar una filosofía del ensimismamiento,
sin embargo los estudiantes admirablemente
estaban entusiasmados con su muerto,
lo rodeaban
y discutían con fervor la anatomía de ese cuerpo de piel coriácea.
Yo aprendía otra lección:
la vida y la muerte no se meditan en una mesa de disección.

Los estudiantes me previnieron
que iban a extraer el cerebro. Permanecí con ellos:
a veces soporto lo siniestro sin perturbarme demasiado.
No hay sofisticación instrumental para retirar un cerebro,
una modesta sierra de carpintero
cortó el cráneo a la altura de las sienes,
luego sumergieron el órgano mítico en un frasco lleno de formol.

Yo me dedique a observarlo, solo, en otra mesa
mientras los estudiantes seguían cotejando su denso libro con el
muerto.
Sorpresivamente
una bruja brillante brotó del interior del cerebro
como un mensaje venido de la otra margen,
y no había boca que lo pronunciaría.
No había boca.
La burbuja, muda, se deshizo en ese aire levemente podrido.



José Watanabe / El fósil

 


José Watanabe
El fósil

 

La vida en ti fue un pez de 20 centímetros.

Tu remoto latido, hoy petrificado,

vive ahora en mi cuerpo

                tan inverosímil como el tuyo.

 

Tú ya no puedes mirarte ni mirarme, no sabes

lo extraño que es ser pez u hombre.

Somos, te digo, inverosímiles, caprichos

de una mente delirante

que cuaja infinitas e insensatas formas en el mar

                        y la tierra.

 

El ruido alegre de los niños en el museo

que se empinan a mirar otros fósiles

interrumpe mi habitual pesimismo,

               y me enternece:

después de todo, pescadito,

               tal vez alguna razón existe.


José Watanabe / La boa
José Watanabe / Acerca de la libertad
José Watanabe / El fósil
José Watanabe / Sala de disección
José Watanabe / La piedra alada





José Watanabe / Acerca de la libertad

 


José Watanabe
Acerca de la libertad

 

Esta mañana han comprado un pájaro

                                      como se compra una fruta

                                               un ramo de flores.

 

Dicen que Hokusai compraba pájaros para liberarlos.

 

También Leonardo

                 pero midiéndoles el impulso y el rumbo.

 

Posiblemente en la infancia he pintado pájaros

pero jamás les he hallado relación exacta con los aviones.

 

Estoy tentado a liberar este pájaro

                                         a devolverle

            su derecho de morir sobre el viento.

 

Me van a pedir razones.

 

Sentiré la obligación de hablar acerca de la libertad

pero mi familia que es muy lógica

                                  dirá que afuera solo

                                               con el viento

                                               a ver qué hago.


José Watanabe / La boa
José Watanabe / Acerca de la libertad
José Watanabe / El fósil
José Watanabe / Sala de disección
José Watanabe / La piedra alada




José Watanabe / La boa




José Watanaba
LA BOA 

La boa es

el deseo del abandonado: reptar

como un solo y larguísimo músculo

para envolver completamente el cuerpo amado.

 

Puedes abrazar y estrangular pavas de monte

o cabras coquetas, pero qué lejos está todavía

la que huyó y duerme como una reina

sobre la copa de todos los árboles.


José Watanabe / La boa
José Watanabe / Acerca de la libertad
José Watanabe / El fósil
José Watanabe / Sala de disección
José Watanabe / La piedra alada



lunes, 17 de diciembre de 2018

César Vallejo / Pienso en tu sexo


César Vallejo
PIENSO EN TU SEXO

Pienso en tu sexo. 
Simplificado el corazón, pienso en tu sexo, 
ante el hijar maduro del día. 
Palpo el botón de dicha, está en sazón. 
Y muere un sentimiento antiguo 
degenerado en seso. 

Pienso en tu sexo, surco más prolífico 
y armonioso que el vientre de la sombra, 
aunque la muerte concibe y pare 
de Dios mismo. 
Oh Conciencia, 
pienso, si, en el bruto libre 
que goza donde quiere, donde puede. 

Oh escándalo de miel de los crepúsculos. 
Oh estruendo mudo. 

¡Odumodneurtse!










sábado, 24 de febrero de 2018

César Vallejo / Ágape


Árboles y niebla
Pamplona, 2008
Foto de Triunfo Arciniegas

César Vallejo
ÁGAPE


Hoy no ha venido nadie a preguntar; 

ni me han pedido en esta tarde nada. 

No he visto ni una flor de cementerio 
en tan alegre procesión de luces. 
Perdóname, Señor: qué poco he muerto! 

En esta tarde todos, todos pasan 
sin preguntarme ni pedirme nada. 

Y no sé qué se olvidan y se queda 
mal en mis manos, como cosa ajena. 

He salido a la puerta, 
y me da ganas de gritar a todos: 
Si echan de menos algo, aquí se queda! 

Porque en todas las tardes de esta vida, 
yo no sé con qué puertas dan a un rostro, 
y algo ajeno se toma el alma mía. 

Hoy no ha venido nadie; 




miércoles, 21 de febrero de 2018

César Vallejo / Heces


César Vallejo
HECES

Esta tarde llueve, como nunca; y no 
tengo ganas de vivir, corazón. 

Esta tarde es dulce. Por qué no ha de ser? 
Viste de gracia y pena; viste de mujer. 

Esta tarde en Lima llueve. Y yo recuerdo 
las cavernas crueles de mi ingratitud; 
mi bloque de hielo sobre su amapola, 
más fuerte que su "No seas así!" 

Mis violentas flores negras; y la bárbara 
y enorme pedrada; y el trecho glacial. 
Y pondrá el silencio de su dignidad 
con óleos quemantes el punto final. 

Por eso esta tarde, como nunca, voy 
con este búho, con este corazón. 

Y otras pasan; y viéndome tan triste, 
toman un poquito de ti 
en la abrupta arruga de mi hondo dolor. 

Esta tarde llueve, llueve mucho. ¡Y no 
tengo ganas de vivir, corazón!


César Vallejo / Los heraldos negros
César Vallejo / París, octubre 1936
César Vallejo / Piedra negra sobre piedra blanca




domingo, 3 de diciembre de 2017

César Vallejo / A mi hermano Miguel




César Vallejo

A mi hermano Miguel

In memoriam






Hermano, hoy estoy en el poyo de la casa,
donde nos haces una falta sin fondo!
Me acuerdo que jugábamos esta hora, y que mamá
nos acariciaba: “Pero, hijos…”
Ahora yo me escondo,
como antes, todas estas oraciones
vespertinas, y espero que tú no des conmigo.
Por la sala, el zaguán, los corredores,
después, te ocultas tú, y yo no doy contigo.
Me acuerdo que nos hacíamos llorar,
hermano, en aquel juego.
Miguel, tú te escondiste
una noche de agosto, al alborear;
pero, en vez de ocultarte riendo, estabas triste.
Y tu gemelo corazón de esas tardes
extintas se ha aburrido de no encontrarte. Y ya
cae sombra en el alma.
Oye, hermano, no tardes
en salir. Bueno? Puede inquietarse mamá.


César Vallejo / Los heraldos negros
César Vallejo / París, octubre 1936
César Vallejo / Piedra negra sobre piedra blanca
César Vallejo / A mi hermano Miguel


lunes, 23 de octubre de 2017

Blanca Varela / Cuatro poemas


Blanca Varela
CUATRO POEMAS

UN POEMA…
Un poema
como una gran batalla
me arroja en esta arena
sin más enemigo que yo

yo
y el gran aire de las palabras

«Ejercicios», I. En Valses y otras falsas confesiones, 1972.


A ROSE IS A ROSE
inmóvil devora luz
se abre obscenamente roja
es la detestable perfección
de lo efímero
infesta la poesía
con su arcaico perfume
Valses y otras falsas confesiones, 1972.

MEDIA VOZ
la lentitud es belleza
copio estas líneas ajenas
respiro
acepto la luz
bajo el aire ralo de noviembre
bajo la hierba sin color
bajo el cielo cascado y gris
acepto el duelo
y la fiesta
no he llegado
no llegaré jamás
en el centro de todo está el poema
intacto sol
ineludible noche
sin volver la cabeza
merodeo su luz
su sombra
animal de palabras
husmeo su esplendor
su huella
sus restos
todo para decir
que alguna vez estuve
atenta desarmada
sola
casi en la muerte
casi en el fuego
Canto villano, 1972-1978.

POEMA
Poemas. Objetos de la muerte. Eterna inmortalidad de la muerte. Algo así como un goteo nocturno y afiebrado. Poesía. Orina. Sangre.
Muerte fluyente y olorosa. Gran oído de dios. Poesía. Silenciosa algarabía del corazón.
Libro de barro, 1994.


miércoles, 30 de agosto de 2017

César Vallejo / Piedra negra sobre una piedra blanca

Torre y faroles
París, 2017
Foto de Triunfo Arciniegas

César Vallejo


Piedra negra sobre una piedra blanca




Me moriré en París con aguacero, 
un día del cual tengo ya el recuerdo. 
Me moriré en París, 
y no me corro, 
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño. 

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso 
estos versos, los húmeros me he puesto 
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto, 
con todo mi camino, a verme solo. 

César Vallejo ha muerto, le pegaban 
todos sin que él les haga nada; 
le daban duro con un palo y duro 

también con una soga; son testigos 
los días jueves y los huesos húmeros, 
la soledad, la lluvia, los caminos...


César Vallejo / Los heraldos negros
César Vallejo / París, octubre 1936
César Vallejo / Piedra negra sobre piedra blanca