Iñaki Uriarte comentó en sus Diarios que, cuando escribía una reseña negativa, se sentía en la obligación, por una extraña coherencia interna con él mismo, de cogerle ojeriza al criticado. A veces, leo estas palabras como una sátira de la forma habitual de operar de ciertos críticos nacionales. En otras me hace pensar en Enrique Lihn, que suponía que el odio que algunas personas manifestaban hacia él se explicaba por haberlas visto durante 30 años sin haberlas saludado jamás. No está mal pensado, aunque la verdad es que el odio de los otros tiene tantos recodos y misterios que cualquier interpretación que hagamos del mismo puede llegar a parecernos verosímil.
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domingo, 5 de abril de 2026
Enrique Vila-Matas / El odio de todos los días
ENRIQUE VILA-MATAS
domingo, 2 de marzo de 2025
Laura Sarabia enfrenta una tormenta de acusaciones tras salir de la Casa de Nariño

Laura Sarabia enfrenta una tormenta de acusaciones tras salir de la Casa de Nariño
Los enemigos de la ahora canciller dentro del Gobierno interpretan que ha perdido el favor del presidente y tratan que sea destituida
domingo, 4 de agosto de 2024
Enrique Ávila-Matas / Ya en la dimensión desconocida

John Banville, en el festival de Edimburgo, en agosto de 2015.ROBERTO RICCIUTI
Ya en la dimensión desconocida
A la mayoría le encantaría ser el único escritor de su tiempo, y un buen número cree ingenuamente que ese deseo le ha sido concedido
ENRIQUE VILA-MATAS
21 FEB 2022 - 22:14
Se habla tanto del odio que encuentro divertido saber que John Banville odia sus novelas. ¿Humor irlandés? No creo, porque Banville siempre ha dicho que el único modo de huir de Irlanda es quedarse en ella. Claro que también esto podría ser humor irlandés. En su entrevista de The París Review le preguntaron si es verdad que detesta sus novelas. Y Banville responde: “Sí, en serio, las odio. Nadie me cree, pero es verdad. Son una vergüenza y una causa profunda de bochorno. Son mejores que las de los demás, claro, pero no lo bastante buenas para mí”.
jueves, 30 de abril de 2020
Los vainazos de Héctor Abad Faciolince a William Ospina
| Héctor Abad |
Los vainazos
de Héctor Abad Faciolince a William Ospina
“Si alguien pertenece a un comité de aplausos es WO, que no se cansa de (…) recibir vergonzosos premios simbólicos y pecuniarios” le dice el escritor antioqueño a su colega tolimense
Enero 07, 2014

En un artículo bilioso, mal intencionado y sin asomo alguno de humor (los profetas bíblicos de la desgracia, al anunciar el Apocalipsis, no pueden permitirse jamás una sonrisa), William Ospina me acusa de aplaudir como un histérico “lo bueno y lo malo, lo útil y lo atroz, lo benéfico y lo dañino, porque no utilizan criterios sino emociones, y quieren adular su propia satisfacción.” Y agrega: “Cada quien es dueño de decidir si quiere ser protagonista de cambios históricos o apenas miembro del comité de aplausos de los poderes de este mundo.” Lo curioso es que estas afirmaciones ofensivas y sin reflexión son la respuesta a un artículo en el que yo admitía que este mundo es espantoso (y lo atroz no se aplaude), con la única salvedad de que es menos espantoso que el mundo de ayer invocado por sus críticos (el de los buenos salvajes que viven en perfecta armonía entre ellos, con la naturaleza y con el mundo).
jueves, 2 de agosto de 2018
José Luis Díaz Granados / Lope de Vega contra Cervantes
José
Luis Díaz-Granados
CERVANTES
VS LOPE DE VEGA
Porque en verdad, Lope enquistó su enemistad con el autor de La Galatea desde muy joven, cuando aún éste no había conquistado la celebridad que le deparó la publicación de la primera parte del Quijote. Cuando esto último ocurrió, el llamado "Fénix de los Ingenios", arreció con tal obsesión su animadversión que no son pocos los que aseguran que bajo el seudónimo de "Alonso Fernández de Avellaneda" se lanzó a escribir una segunda parte apócrifa, con el fin de dejar por el suelo el nombre, al fin reconocido, de su gratuito rival.
lunes, 3 de julio de 2017
Raymond Chandler / James Cain / Luz negra
![]() |
| Perdición |
Raymond Chandler / James Cain
Luz negra
Aunque dos de sus más enigmáticas novelas, tan concisas que estallan entre las manos, El cartero siempre llama dos veces y Doble indemnización, dieron lugar a tres de los más secos puñetazos a los ojos que ha dado Hollywood, James Cain odiaba con toda su alma el cine. Trabajaba para él, a veces vivía de él, pero lo despreciaba, aunque escribiese maravillas como Western Union, aquella galopante pesadilla filmada por Fritz Lang sobre el pellejo del viejo Oeste. Si Cain odiaba el cine, a Raymond Chandler le gustaba mucho, pero odiaba a quienes lo hacían. Los consideraba unos incorregibles palurdos, una panda de rebuznadores y de feriantes sin talento y con dinero, que sobornaban a escritores aristócratas como él para meter algo de nobleza dentro de sus latas de feo y plebeyo celuloide impregnado con la cáscara de las novelas que compraban para filmarlas y luego, filmándolas, convertirlas en papel de retrete.
sábado, 12 de marzo de 2016
Puro veneno / Contra Vargas Llosa
![]() |
| Isabel Preysler con Mario Vargas Llosa, octogenerio y enamorado |
¿Vargas Llosa no tiene nada mejor que hacer?
Nueva novela ('Cinco esquinas') del escritor en español más poderoso del mundo. Su decadencia puede verse como una ofensa a los lectores o como la heroicidad de la senectud
09.03.2016 – 05:00 H.
Enrique Vila-Matas desplazó el término 'bartleby' para que designara a aquellos escritores que, llegado un punto no demasiado avanzado de su obra (o no habiéndose atrevido siquiera a iniciarla), renunciaron a escribir. Habría que buscar otro epónimo para esos escritores que, sobrepasadas todas las metas de una vida dedicada a las letras, siguen escribiendo incluso en detrimento de su propio prestigio.
jueves, 6 de noviembre de 2014
Claudio Magris / Literatura y veneno
Literatura y veneno
Celos, envidias, chismes y pataletas: los escritores se han agarrado por siglos unos con otros, dando a las palabras un uso muy alejado de la literatura. A continuación, un breve ensayo sobre el tema y una maléfica selección de lengüetazos ponzoñosos.
El Malpensante No. 94
Según Brecht, Baudelaire era un poeta pequeño-burgués cuyas palabras son como chaquetas viejas remodeladas, mientras que para Tolstoi las sensaciones evocadas por su lírica no le pueden interesar a ningún hombre en sus cabales. Brecht, por otro lado, fue definido por Ionesco como un poeta didascálico, un estúpido creador de personajes de cartón piedra, y por Döblin como un novelista anticuado. Proust fue liquidado por Beckett en una sola palabra, “güevonadas”, y Beckett a su vez fue tildado por Arno Schmidt de ser un epígono inútil de Maeterlinck. Para Voltaire, Homero es aburrido, y según Benn, Lawrence, Virginia Woolf, Pound y muchos otros, Joyce era un mediocre. Nabokov considera ineptos a Mann, Conrad, Cervantes, Camus, Eliot y Pound; La divina comedia, para el expresionista alemán Albert Ehrenstein, es la obra académica, cerebral, pesada y sádica de un poeta musical pero monótono.
miércoles, 23 de abril de 2014
Alberto Salcedo Ramos / Gabo y el infierno de la congresista Cabal
DE LA CONGRESISTA CABAL
Por Alberto Salcedo Ramos
EL COLOMBIANO, 20 DE ABRIL DE 2014
Respetada
congresista María Fernanda Cabal:
Qué
violenta fue usted al escupir sobre el cadáver de Gabriel García Márquez.
Todavía
me pregunto qué clase de ponzoña tiene usted en el corazón para haberle deseado
el infierno a ese señor muy viejo con las alas enormes que acababa de morir, un
colombiano de bien que jamás asesinó, ni robó, ni estafó, ni tuvo una sola
mancha en su larga vida pública.
Me
pregunto, además, cómo puede una congresista de la República comportarse como
cualquier matoncito de plaza de mercado. ¿A qué escuela fue usted, que aprendió
tan bien el alfabeto del odio y tan mal el de la ortografía? Porque su sintaxis,
su uso de los signos gramaticales y su masacre contra las tildes son tan
alarmantes como su posición extremista.
lunes, 16 de septiembre de 2013
Eugenio Fuentes / Guerrillas en el patio de colegio
Guerrillas en el patio de colegio
El acoso escolar se ve ahora amplificado por las redes de la tecnología
EUGENIO FUENTES
16 SEP 2013 - 17:00 COT
En todos los patios de colegio han existido siempre los matones. En ninguno ha faltado el truhán que, amparado en su corpulencia o en su falta de escrúpulos, acosaba al compañero más vulnerable, le inventaba un apodo o ingeniaba una broma pesada con que humillarlo. Su diversión favorita, más que los deportes o los juegos, era encontrar una víctima propiciatoria sobre quien lanzar sus burlas y ejercer su despotismo, a quien poner la zancadilla o arrinconar para quitarle el bocadillo o el dinero bajo amenazas y chantajes.
Por las noticias que siguen apareciendo a diario en la prensa —en España y fuera de España—, la situación no ha variado mucho. Cualquier excusa es buena para el acoso: que alguien use gafas o lleve aparato en los dientes, que sufra acné o calce un número muy grande de zapatos. Pero sobre todo se ejerce sobre quien tiene algún defecto físico o es diferente al grupo, sobre el chico o la chica gordito o flaco, sobre el torpe deportivamente, sobre el homosexual o sobre quien tiene otro acento al hablar u otro tono de piel.
El acoso es tan viejo, tan conocido, y es tan nítido su significado que no resulta necesario aplicarle el neologismo bullying. Y aunque se trate de un asunto de niños, no es un problema pequeño ni para tomar a broma: el miedo y la angustia también caminan en pantalón corto.
El matón es un tipo que pretende aumentar su valoración en el Dow-Jones escolar subiéndose sobre los hombros de aquellos a quienes quiere convertir en bonos basura. Pero, con todo, su principal arma no está en sus músculos ni en su crueldad, sino en su pertenencia a un grupo que en esas ocasiones se convierte en manada. En el patio del colegio o en las redes sociales, los componentes de la grey empujan todos a la vez al que está solo para defenderse contra todos ellos, dejándose arrastrar por ese instinto atávico de hostigar a quien no pertenece a la tribu.
Al verse amparado por un coro de cómplices que participan de sus guasas y aplauden sus agresiones, el matón, además, se siente impune, convencido de que la culpa se diluirá en el grupo si se exigen responsabilidades, algo que no siempre resulta fácil, puesto que en muchos episodios no hay un ataque físico ni una agresión que pueda calificarse de delito, sino que es la víctima la que, en el peor de los casos, se hace daño a sí misma.
Todo poder libre de control tiende a la tiranía y por eso hay que frenarlo en la primeras edades como garantía de convivencia
Frente a ellos tiembla la figura del acosado: el chico o la chica que, mientras todos sus compañeros están deseando que terminen las clases para salir al patio, teme que empiece el recreo, porque esos minutos que debían ser de descanso son un periodo de ansiedad y de pánico. Para él, el patio es un patíbulo. Mientras los otros juegan, gritan y saltan satisfechos, él aspira a esconderse en su camisa y pasar desapercibido, anónimo, a que nadie se fije en sus andares, porque cualquier cosa que haga es un detonante para las cargas de caballería: si saca buenas notas, porque despierta la envidia de los acosadores; si suspende, porque es tildado de torpe. Si viste de marca, porque es una pija; si viste de trapillo, porque es una choni. En una situación así, su fracaso escolar está servido, pues no sabe de qué sirve ir al colegio si solo es para recibir humillaciones.
El acoso escolar se ha agravado y ha adquirido una nueva dimensión con las nuevas tecnologías, tanto que la propia comunidad europea se ha alarmado ante su crecimiento. La tecnología tiene muchas, inmensas ventajas, pero también se convierte en una pesadilla tenebrosa cuando su eficacia y su inmenso poder son aplicados al mal. Un día la víctima es aquel chico tímido que no hablaba; otro, se arroja a un precipicio una muchacha, con una carta en el bolsillo donde da cuenta de su desesperación; guardamos por ella un minuto de silencio, pero la olvidamos pronto, sin pensar que mañana podría ser cualquier familiar o conocido que llevamos al costado.
Con las nuevas tecnologías, el ciberacoso ya no se limita al patio del instituto; también penetra en la intimidad de las habitaciones de los adolescentes, donde antes hallaban un refugio inexpugnable y se sentían protegidos. Tampoco se reduce al horario escolar, se prolonga todo el tiempo: al acostarse, el acosado apaga la pantalla del ordenador donde se lee la última burla y al despertarse comprueba angustiado que todavía sigue allí.
En el fondo, solo hay dos tipos de personas: las que sienten una indomable inclinación hacia el poder y el dominio, hacia el ordeno y mando, y las que solo aspiran a que las dejen en paz. Todo poder libre de control tiende hacia la tiranía y por eso son imprescindibles las leyes que lo frenen y lo regulen. Y esta tensión, como un anticipo de las que se producirán en la edad adulta, se contempla a diario en los patios de colegios e institutos, pero ahora gravemente amplificada por las redes de la tecnología. Que se aprenda a evitarlas en las primeras edades es una garantía de convivencia para el futuro.
Eugenio Fuentes es escritor. Su última novela es Si mañana muero (Tusquets Editores).
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