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sábado, 24 de agosto de 2002

Rodrigo Fresán / Para Jerome, con amor y sordidez


Salinger

Para Jerome, con amor y sordidez

RODRIGO FRESÁN
24 DE AGOSTO DE 2002

La hija de J. D. Salinger ha escrito una biografía de su padre que, aunque ofrece detalles de primera mano, sigue sin penetrar en el halo de este desaparecido voluntario.

Con un '... con todas sus f-a-c-u-l-t-a-d-e-s intactas' concluye Para Esmé, con amor y sordidez -acaso el mejor cuento de Jerome David Salinger- a la hora de narrar una personalidad fragmentada de la mejor manera posible. Está claro -así lo delata ese traumático deletreo final-que el soldado protagonista no ha salido indemne del asunto.
Igual síntoma se observa en todos aquellos que se atreven a investigar y contar la vida de este escritor dueño de cuatro pequeños inmensos libros (una novela de 1951 considerada todavía hoy la biblia del adolescente disfuncional así como el mejor manual de instrucciones para magnicidas, y la saga en relatos de los prodigios prodigiosos Glass) y ejecutor de la desaparición más exitosa y prolongada de la que se tenga memoria. Con modales que van de Greta Garbo a Howard Hughes, desde hace más de cuarenta años Salinger guarda el más hermético de los silencios en su búnker de New Hampshire. Los más optimistas sueñan con miles de páginas inéditas que verán la luz luego de la muerte de este artista que ha venido desarrollando una suerte de bushido artístico: vivir muerto respondiendo sólo a los dictámenes de una fuerza superior y, fundamentalmente, privada. Los más oportunistas publican libros baratos sobre alguien que no publica pero sigue cobrando buenos royalties. Biografías apresuradas y huecas -como la firmada por Paul Alexander en 1999- que no hacen más que proyectar nuevas sombras sobre la misma sombra de siempre.




EL GUARDIÁN DE LOS SUEÑOS

Margaret A. Salinger Traducción de Laura Fernández Farhall Debate. Madrid, 2002 442 páginas. 20 euros

Y están los otros. Los que se acercaron demasiado al sol y cayeron para contarlo, los sobrevivientes, los veteranos de la guerra contra el samurái, los biógrafos que nos presentan su testimonio, también, 'con todas las f-a-c-u-l-t-a-d-e-s intactas'. Es decir: los que salieron muy lastimados. Tal fue el caso del profesional de las vidas ajenas Ian Hamilton, con su En busca de J. D. Salinger, en 1988, o de la ex novia Joyce Maynard, con Mi vida, en 1998. Libros rebosantes de rencor y furia ante un Dios que siempre abandona, un ovni que nunca se hace tiempo y espacio para abducirlos otra vez. Son libros frustrados que cuentan la historia de una frustración y que saben que la verdad no está ahí fuera, en sus páginas, sino ahí dentro de ese Expediente X que acaba de cumplir 83 años.


Ahora, El guardián de los sueños insiste en esta patología -como los anteriores, el libro empieza amando al héroe para acabar odiando al villano- con un importante y más que atendible valor agregado: la autora es la hija del ogro. Y, más allá del morbo de saberla carne de su carne y tinta de su tinta, Margaret A. Salinger cuenta con una impresionante cantidad de nueva información de primera mano -que va de la nimiedad doméstica y esclarecedora al episodio escalofriante y portentoso- además de fotos a las que el salingeriano no podrá evitar volver una y otra vez para preguntarse de qué se estará riendo ese joven escritor o ese anciano profeta. Así las dos primeras terceras partes del libro -con una prosa funcional y sin las pretensiones épicas y masturbatorias de Maynard- se benefician y nos recompensan con un Salinger de cerca. El resto de El guardián de los sueños muestra a una hija de Salinger cada vez más parecida a una lectora de Salinger: muchas preguntas, pocas respuestas y ganas de más. Entonces los encantos del asunto se diluyen cuando la autora parece sucumbir a la salingeriana tentación de, no teniendo más que decir del autor de sus días, empezar a hablar demasiado de sí misma olvidando que no es ella, ni nunca lo será, el motivo por el que alguien abre este libro.

Desde el día del Gran Silencio -que amenazó con quebrarse en 1997 ante la inminente pero nunca concretada edición en forma de libro de la nouvelle 'Hapworth 16, 1924'- lo cierto es que leemos libros sobre Salinger a falta de libros de Salinger. Y tal vez exactamente eso sea lo que pone los nervios de punta a biógrafos, novias, hijas, adoradores y, finalmente, lectores fascinados por su genio singular y tantas veces mal imitado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de agosto de 2002
EL PAÍS



DE OTROS MUNDOS
La venganza de Peggy Salinger
El guardián entre el centeno sigue cautivando después de cincuenta años
La biografía de Salinger escrita por su hija retrata a un iluminado entregado a sí mismo
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El atronador silencio de Salinger
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El juez da la razón a Salinger en su denuncia por plagio
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Charlie Chaplin le quitó la chica a Salinger
El cine cuenta la vida de Salinger
David Trueba / Sin salinger
Salinger / La ternura entre el centeno
Dulce y desconocido señor Salinger
El paulatino viraje al negro de Salinger
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Salinger / Las zonas oscuras
Salinger / Escribir para sí mismo
Cinco volúmenes inéditos de Salinger verán la luz a partir de 2015
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Salinger / Bioficción
Tres cuentos inéditos de Salinger, filtrados en internet
A los cuatro años de la muerte de Salinger / Este muerto está muy harto
Salinger / Todos los agujeros negros
Salinger / Si quieres que te busquen, escóndete
Ni Guerra y paz ni Cincuenta sobras de Gray / Los libros más influyentes según Facebook
One-hit wonder / Embrión de un catálogo de casos literarios
Secretos de los libros únicos de un autor / Treinta eclipses memorables
Salinger / ¿Cuándo demonios vas a crecer de una vez?
Autor de culto / Un secreto de dioses
Salinger / Cómo se engendra un monstruo
Salinger por Salinger
Salinger y otros nueve desconocidos
Oona y Salinger / Dos atractivos personajes
Frédérick Beigdeber / El escritor que odia a los viejos
Salinger / Un joven enamorado


sábado, 23 de febrero de 2002

La biografía de Salinger escrita por su hija retrata a un iluminado entregado a sí mismo

SALINGER


La biografía de Salinger escrita por su hija retrata a un iluminado entregado a sí mismo

Se edita en español 'El guardián de los sueños', despiadado examen del escritor escondido


MIGUEL MORA
23 DE FEBRERO DE 2002

Así que J. D. Salinger no es el hombre brillante, sensible, lleno de inteligencia, sentido del humor y sentimiento tragicómico de la vida que se adivina en sus libros. Según su hija Margaret A. Salinger, es más bien lo contrario: un egoísta sin sensibilidad, un machista que hizo sufrir a sus mujeres y las abandonó en cuanto disentían, un tipo capaz de convertir a su familia en una secta, un iluminado entregado sin acierto a hacer de su vida su gran obra. Estas revelaciones son el motor de El guardián de los sueños, la biografía-ajuste de cuentas que publica Debate.

'Nacido en Nueva York en 1919, Jerome David Salinger se graduó en una academia militar y asistió, muy brevemente, a dos universidades'.
Este mínimo retazo de información es casi todo lo que dice la biografía habitual de este misterioso y genial escritor, a lo cual se suele añadir que su obra más importante, El guardián entre el centeno (1951), le consagró como autor de culto y convirtió a Holden Caulfield, su protagonista, en prototipo del adolescente rebelde y confuso que busca la verdad lejos del mundo hipócrita de los adultos.
Se sabe también que Salinger se convirtió en un huraño ermitaño tras su temprano éxito literario (El guardián... es hoy un clásico incombustible: ha vendido en torno a 800.000 ejemplares en España y millones más en el mundo, y suma y sigue); que el escritor se recluyó en Cornish, New Hampshire (cumpliendo el sueño expresado en su primer libro), y que allí fue dando forma a algunos libros más: Nueve cuentos (1953), Franny y Zooey (1961) y Levantad, carpinteros, la viga maestra y Seymour: una introducción (1963).
¿Pocos? Suficientes para entrar en la historia de la literatura, meterse en el corazón de los lectores y convertirse en un mito escurridizo, en el mayor exponente de escritor-Bartleby, aquel célebre escribiente de Melville que decía: 'Preferiría no hacerlo'.
Todas, o casi todas sus obras, tratan sobre lo mismo: los preferiría no vivir de los hermanos Glass (Seymour, Boo Boo, Franny, Zooey, Buddy, Walt, Walker), jóvenes precoces, brillantes, extremadamente sensibles y muchas veces con tendencias suicidas que, como en el inolvidable cuento Un día perfecto para el pez plátano, acaban cumpliéndose.
El perfil de esos niños recuerda en cierto modo al de Margaret Ann (Peggy)Salinger (1956), hija mayor del escritor, licenciada cum laude en Derecho que, en esta biografía escrita a espaldas del padre (ver El guardián...), se muestra como una mujer que ha sufrido horrores: una infancia a caballo entre el sueño del papá perfecto y la pesadilla del papá diabólico, frecuentes ataques de pánico, un hijo con graves problemas de salud, cinco abortos...
En la página 431 escribe: 'Para mi padre, tener algún fallo es motivo de repulsión, tener un defecto es ser un desertor, un traidor, o una traidora. No me extraña en absoluto que su mundo esté tan vacío de personas reales ni que sus personajes de ficción se suiciden tan a menudo'.
Pero más allá de la discutible legitimidad de la hija para juzgar (y airear) la vida elegida por su padre -una vida, dice ella, dedicada a soñar, a estar lejos de la realidad, según la creencia mística de que todo es maya, ilusión; pero a la vez una vida llena de dolor, susceptibilidad y necesidad de los otros-, el libro está escrito entre la admiración por la obra del escritor y el rencor por su manera de ser.
Un hombre que cree que llevar a sus hijos dos semanas de vacaciones a Inglaterra es el sacrificio más grande que puede hacer un padre es realmente un tipo singular, y quizá por eso la liberada Margaret Salinger cree justo pedir cuentas a quien, dice, predica una cosa y hace otra. La prédica consiste en que no hay 'separación entre su búsqueda de la iluminación y su arte'; la realidad es que, con los demás, es una persona cruel y miserable.
A ratos, Peggy Salinger escribe a navaja. Como cuando reprocha a su padre ser un egoísta absoluto ('se vuelve distante cuando se trata de tu dolor, pero su dolor se lo toma más en serio que un cáncer'). O al criticar la 'defensa enardecida de su intimidad o de la santidad de sus obras y sus palabras', cosa que, dice, 'no tiene nada de indiferente'.
Pero, finalmente, admite la profundidad de los abismos de su padre: 'Me parece que ésta es la parte de su obra que llega tanto al público que le adora y que tanto me desconcertaba a mí: esa necesidad intensa de una persona andando por el borde de un precipicio' (la imagen de la que nace el título de El guardián entre el centeno). Y acaba aceptando el indudable mérito artístico: 'Mi padre se ha pasado la vida escribiendo cosas bellas'.
Pese a esto último, muchos amantes de Salinger quizá preferirán no leer este libro desmitificador, de un realismo duro, que nos mete en la locura salingeriana. Pero otros lo apreciarán, pues da información que no daba la biografía de Ian Hamilton En busca de Salinger, e incluye varias fotos inéditas del autor.
El relato novelado es exhaustivo. Y tal vez la sorpresa más conmovedora es comprobar lo cerca que están vida y creación.
Salinger nació en una familia judía que finalmente resultó ser sólo medio judía (como sus personajes) porque la madre no lo era. Esa noticia provocó una terrible crisis religiosa en el joven Salinger, que primero pasó del judaísmo al cristianismo, de ahí a las enseñanzas de Yogananda, a la dianética e incluso a la cienciología, sin descartar apenas ninguna fe de orientación.
Jerome David fue apodado Sonny por su padre, que se dedicaba a un negocio de importación de alimentos. Igual que Lionel, el protagonista del cuento En el bote(hijo de Boo Boo Glass), de muy niño Salinger siempre se estaba escapando de casa (lo cuenta su hermana, Doris). También sabemos que el padre solía jugar con sus dos niños en la playa, cogiéndolos por la cintura para salvar las olas, y que les decía: 'Estad atentos, a ver si veis un pez plátano' (exactamente igual que Seymour Glass).
Más. Salinger, como muchos de sus protagonistas, estuvo destinado en Europa durante la II Guerra Mundial. Llegó a sargento, y la hija lo cuenta sin piedad: 'Se incorporó a filas en 1942 para empezar a transformarse de civil en militar. En adelante, nunca le vi hacer el retroceso de militar a civil'.
Como los suicidas de sus libros, volvió de la guerra con una depresión monumental, hecha de agujeros negros de los que no parecía haber regreso. 'Castigado por el sufrimiento de no poder amar', su primera mujer fue Sylvia, una funcionaria nazi que conoció en Alemania. La segunda, Claire, una novicia a la que sacó del convento, fue la madre de sus hijos, Margaret y Mathew. La actual, Colleen, tiene cincuenta años menos que el escritor.
Pero quizá la clave de su existencia esté en sus dos máximas: 'Sólo te inmiscuirás en asuntos de arte si piensas dedicarte monásticamente', y 'usarás siempre la palabra más sencilla'.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de febrero de 2002



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sábado, 9 de septiembre de 2000

La venganza de Peggy Salinger


MARGARET SALINGER

La venganza de Peggy Salinger


FIETTA JARQUE
Madrid 9 SEP 2000

La hija del autor de 'El guardián entre el centeno' publica sus memorias
De tal palo tal astilla. Y, en este caso, la astilla es afilada e hiriente. La hija de J. D. Salinger, el célebre autor de El guardián entre el centeno, que se apartó totalmente del mundo hace décadas tratando de preservar al máximo su intimidad, acaba de publicar en Estados Unidos un libro con las memorias que guarda de su padre. Dream Catcher -un título que juega con el original de la obra más conocida de su padre, The catcher in the rye- tiene muchos de los elementos con los que se fabrica una novela: personajes muy perfilados, una atmósfera cargada de sexo, soledad y muerte pero, sobre todo, extrañas costumbres. Muy extrañas.En el libro, Margaret A. Salinger (conocida como Peggy) subraya la conocida debilidad del escritor por las jovencitas (ahora vive recluido con su tercera esposa, medio siglo más joven que él), sus arrebatos violentos, úna época en la que bebía orina y sus coqueteos con distintas religiones como la cienciología, el hinduismo, el zen y el yoga.

El matrimonio del escritor con Claire, la madre de Peggy, duró casi una década. A partir de su primer embarazo, Salinger empezó a rechazar violentamente a su mujer y llegó a decir que la aborrecía. La convirtió en prisionera en su propia casa y no recibió a ningún visitante durante su embarazo. Claire cayó en tal desesperación que llegó a pensar en el suicidio y en matar a sus dos hijos. En otro momento tuvo la intención de incendiar el lugar donde vivían. Al final prefirió abandonar a su esposo.
Había zonas de la casa vedadas a los hijos, como su armario y su cuarto de baño. El estudio y el dormitorio permanecían cerrados con llave. No permitía que se escuchara en la casa ningún tipo de música, salvo cuando él silbaba o canturreaba. Tampoco sentía inclinación por otro tipo de arte que no fuera el que él producía. "Hay algo monstruoso en los seres humanos que se creen dioses", comenta la hija.
Peggy piensa que Salinger amaba mucho más a sus personajes de ficción que a sus propios hijos. "A diferencia de mí", dice en una entrevista para el Washington Post, "sus personajes infantiles, mis dobles en la ficción, eran espíritus puros, perfectos, impolutos, un reflejo de lo que mi padre deseaba".
Dream Catcher habla de la infancia del escritor, hijo de un judío y una católica, de su educación y su experiencia como soldado durante la segunda guerra mundial. Arrestó a varios miembros del partido nazi, entre ellos a una llamada Sylvia, con la que después se casó. "Sylvia odiaba a los judíos tanto como a los nazis", dice Peggy.
No se sabe mucho del pasado de Salinger. Él se encargó siempre de que fuera así. Hace dos años una ex amante suya, Joyce Maynard, publicó un libro con sus recuerdos del escritor, At home with the world. Coincide en muchos puntos con el libro de su hija. La biografía no autorizada que escribió Ian Hamilton, In search of JD Salinger, tropezó con enormes dificultades por haber citado fragmentos de las cartas del escritor. Salinger lo llevó a los tribunales y ganó el juicio.
Margaret A. Salinger tiene ahora 44 años, está casada con un ex cantante de ópera y se dedica a su hogar, a su hijo y forma parte de un coro. Hace dos años que dejó de hablar con su padre, que cortó la relación al enterarse de que ella estaba escribiendo estas memorias. Lo último que se sabe del escritor, que no publica una obra relevante desde 1965, es que vive en Cornish (New Hampshire), que está sordo y que escribe, pero sólo permitirá que se publiquen sus obras después de que muera.
La crítica no ha recibido bien la obra de la hija del enigmático autor de 81 años. Afilado como el colmillo de una serpiente, titula el crítico de The Washington Postsu comentario sobre el libro. Piensa que es una obra inoportuna, autoindulgente con la autora y que invade groseramente la elegida privacidad de Salinger hasta extremos desleales. Según él, quedan en evidencia los deseos de explotación de esa figura, con la que sólo convivió hasta los doce años. Un acto de venganza y traición.
Peggy Salinger se defiende y afirma que quiere romper el cerco que ha impuesto su padre a su privacidad para liberarse de sus reglas. "Respeto y defiendo la intimidad, pero no el secretismo enfermizo", afirma.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de septiembre de 2000



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