Mostrando entradas con la etiqueta Liliana Bodoc. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Liliana Bodoc. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de febrero de 2018

Muere la argentina Liliana Bodoc, creadora de mundos fantásticos enraizados en el sur



Muere la argentina Liliana Bodoc, creadora de mundos fantásticos enraizados en el sur

La autora de 'La saga de los confines' fallece a los 59 años de un infarto


Mar Centenera
Buenos Aires, 7 de febrero de 2018

Liliana Bodoc, referente de la épica fantástica argentina con La saga de los confines y Tiempo de dragones, murió esta madrugada a los 59 años. Falleció de un infarto en Mendoza, horas después de aterrizar de Cuba, donde había participado en la Feria del Libro de La Habana, confirmó el secretario de Cultura mendocino, Diego Gareca.
Nacida en la ciudad de Santa Fe en 1958, pero residente desde niña en Mendoza, Bodoc recordaba hace poco que empezó a leer por tener dificultades para respirar que le impedían pasar las tardes en la calle como los demás niños. "Mi mamá se quedaba tranquila pensando que porque yo leía hacía reposo: estaba muy equivocada, porque cuando los niños leen no hacen reposo", dijo. La escritora trasladó a los adolescentes a mundos imaginarios, habitados por guerreros y seres mágicos.

Liliana Bodoc / "En la literatura vuelvo a aprender todo de nuevo"



 Liliana Bodoc

"En la literatura vuelvo a aprender todo de nuevo"

La autora de La saga de los confines nos visitó hace unos días y le preguntamos cómo empezó a leer y por qué nunca dejó de hacerlo. "Encuentro en la literatura la manera de extrañarme todo el tiempo, de desnaturalizar lo hegemónico, lo que parece obvio, desde el amanecer hasta la injusticia".
"En la literatura vuelvo a aprender todo de nuevo"
"Empecé a leer porque me faltaba vereda. Mis pulmones no se avenían a respirar con normalidad, entonces me tocó una infancia de mucho reposo", contó Liliana Bodoc en su última visita a la librería. "Mi mamá se quedaba tranquila pensando que porque yo leía hacía reposo: estaba muy equivocada, porque cuando los niños leen no hacen reposo".

Liliana Bodoc / "Las sagas y la épica proponen un modelo de mundo"



Liliana Bodoc: "Las sagas y la épica proponen un modelo de mundo"

Natalia Blanc
16 de noviembre de 2015
De visita en Buenos Aires por cuestiones familiares y laborales, Liliana Bodoc (santafecina residente en Mendoza) eligió la confitería Las Violetas para la entrevista. Referente de la épica fantástica, la autora de La saga de los confines publicó este año la primera parte de una tetralogía inspirada en los dragones de Ciruelo y prepara el guión de la adaptación cinematográfica de esa peculiar historia. "Los que hacemos libros para chicos y jóvenes estamos obligados siempre a recordar que hacemos literatura", dice con una enorme sonrisa, justo cuando llega el mozo a servir el té.

sábado, 19 de agosto de 2006

Liliana Bodoc / "Lo fantástico es mi espacio de compromiso y rebelión"

Liliana Bodoc

Liliana Bodoc

"Lo fantástico es mi espacio de compromiso y rebelión"


Raquel Garzón
19 de agosto de 2006

La épica de mundos impregnados de magia y poblados por seres extraordinarios en busca de utopías también tiene escritores en español que triunfan. Un ejemplo es la argentina Liliana Bodoc con su trilogía La saga de los confines, en la que destaca la creación de un universo cuyos objetos, elementos y lugares están enraizados con la América aborigen. Esta entrevista es un recorrido por un género que cada vez hechiza a más lectores que buscan territorios más allá de los fundados por Tolkien o Rowling.

La casa de la épica fantástica es un condominio multicolor e inapagable en el que conviven en tierras sin tiempo y embarcados en enfrentamientos tan largos como la edad del agua, héroes que luchan por su honor o por su pueblo, mitologías de los más diversos orígenes, espadas con poderes sobrenaturales, duendes, aprendices de brujo... "Son relatos colectivos y heroicos que nos proponen un mundo cerrado y autónomo, en el que el Bien y el Mal se enfrentan categóricamente y en el cual interviene la magia, entendida no como lo que no existe sino como aquello que todavía no podemos explicar", precisa la escritora argentina Liliana Bodoc (Santa Fe, 1958). Hace seis años, con la aparición en Argentina de Los días del Venado, primer libro de su trilogía La saga de los confines, la hasta entonces inédita autora sumó a esa familia literaria de cuño anglosajón -donde campean las creaciones de J. R. R. Tolkien, Michael Moorcok, Julliet Marillier y Robert Carter, entre otras- las leyendas, la naturaleza y los colores americanos en un territorio mágico llamado Tierras Fértiles. Una trilogía que en España publica Edhasa.

Fenómeno editorial que lleva más de 120.000 ejemplares vendidos en América Latina y 13 reediciones, Bodoc cruzó el Atlántico en 2005. Para entonces contaba con varios premios (menciones especiales de los internacionales Andersen y The White Ravens, entre otros) y la bendición, llegada por correo electrónico, de la estadounidense Ursula K. Le Guin, pope de la literatura fantástica, quien al regresar de unas vacaciones por el Caribe, tras leer sus libros, le escribía: "Vuelvo a casa de dos viajes. Pero el suyo me llevó más lejos". Editada por Edhasa en España y en proceso de traducción al alemán, el francés y el italiano, la saga (que consta de Los días del Venado, Los días de la Sombra y Los días del Fuego) sigue sumando lectores, mientras Bodoc espera la publicación, en Argentina, de su nueva novela Memorias impuras, una historia "fantástica pero no épica, con una alta carga de erotismo", sobre el tiempo de los virreinatos y las logias americanas.

PREGUNTA. En un mundo tan diverso cultural, geográfica y socialmente, ¿para qué inventar otros?
RESPUESTA. La necesidad de imaginar universos alternativos está presente en la literatura oral de las culturas más diversas. La épica fantástica se propone la construcción de un mundo paralelo en el que se narran relatos que deben reunir dos elementos esenciales. Tienen que ser colectivos -son relatos de pueblos, llenos de gentilicios- y, además, de magnitud heroica. No se trata de relatos intimistas, aunque en algunos, sobre todo en los modernos, el tema psicológico o privado aparezca. Tienen la intención de fijar un modelo a seguir y son, en ese sentido, didácticos. A esto hay que sumarle los tópicos casi necesarios del género que son los viajes, de iniciación o de transformación, el héroe y el antihéroe y la aparición de dos polos siempre en guerra: el Bien y el Mal. Además, por supuesto, lo fantástico, cierto enrarecimiento, que suele asociarse a un sistema mágico. Esto no significa que esos mundos no estén referenciados. Toman algún sector de la realidad y lo subliman desde lo fantástico para presentar una mirada singular sobre ese microcosmos.
P. No son, pues, sitios desasidos de lo real

...

R. No, en absoluto. Son especulaciones sobre la realidad. Que, además, muchas veces, por ejemplo en Ursula K. Le Guin, tienen mucho de ensayo: la historia funciona casi como un experimento antropológico que se vale de la ficción para investigar y reflexionar, en su caso, sobre la problemática de género.
P. ¿Cuál fue su experimento? ¿Qué quería lograr cuando se decidió a escribir La saga de los confines?
R. Lo mío es bastante paradigmático porque se asocia a una característica del género épico: existe el deseo de construir en la ficción un mundo deseado y deseable, utópico. La saga de los confines narra el enfrentamiento bélico, pero también filosófico, social y económico, entre dos proyectos de mundo: uno que tiene que ver con la diversidad, la libertad y el respeto por la naturaleza y otro que potencia la uniformidad, la esclavitud y la relación parásita. En ese contexto se desarrollan amores, traiciones, guerras y toda la temática mágica característica del género, basada aquí en la concepción de los mapuches, aztecas y mayas y en libros como el Popol Vuh. Hay, también, seres fantásticos como las mujeres pez o los lulus, criaturas de cola luminosa.
P. Gran parte de esta literatura siente cierta fascinación por lo medieval: castillos, caballeros, espadas...
¿Por qué?
R. Sí, en muchos relatos del género hay un medievalismo subyacente, una especie de melancolía, incluso, que se trasluce al imaginar ropas, alimentos, armas, fortalezas
... Si bien en mi saga no se da, porque el universo de los objetos y elementos se enraíza en la América aborigen, es cierto que los ropajes de lo medieval, los largos viajes, las Cruzadas... exaltan la imaginación. Con visión crítica o vocación melancólica, la Edad Media es siempre una reserva de climas y temáticas para la literatura. Parte de esa nostalgia se explica porque se la asocia con cierta buena lentitud, con una vivencia más humana y menos ruidosa del tiempo.
P. ¿Qué autores le abrieron a usted las puertas de la imaginación?
R. Trazar una historia del género nos lleva a épicas anónimas como la de Gilgamesh, el rey sumerio de la ciudad de Uruk unos 4.600 años atrás, o al mismo Homero en Grecia, porque en ellos están los embriones de lo épico y lo fantástico. Pero nombraría a autores clave porque me propusieron universos con reglas propias, novelas-mundo, clásicos infantiles como Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, de 1726, que es una gran alegoría de la situación sociopolítica de la época. O Julio Verne, buena escuela a la hora de soñar desde la literatura cosas que después son posibles. Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, me parece también un texto fundamental con un apunte lleno de ternura: siempre he creído que el final era innecesario.
P. ¿?
R. Es que... es lo olvidable del libro, porque la construcción fantástica de Carroll resulta tan verosímil, que intentar revertirla diciendo que las peripecias de Alicia se explican por un sueño sólo se entiende como una obligación del matemático que él era, tratando de permanecer fiel a su época y su formación.
P. ¿Y su encuentro con la épica fantástica propiamente dicha?
R. En forma consciente y apasionada llegué al género con Tolkien. Yo tenía unos 20 años y leí El Señor de los Anillos. Me encontré habitando un mundo poblado por balrogs o demonios de apariencia semihumana, grandes arañas, águilas, elfos, dragones y demás monstruos con ecos de las mitologías celta, germana y nórdica. Un universo del que peligrosamente no me quería ir. Fue casi adictivo para mí, que por impronta familiar venía leyendo mucho realismo del boom y el posboom latinoamericano. Seguí con El Hobbitt y finalmente con El Silmarillion,su mejor texto, por la belleza de la prosa.
P. Tolkien y Le Guin son influencias que reconoce. ¿Qué recogió de cada uno de ellos?
R. De Tolkien, la idea de concebir otro mundo y las características del género épico modernizado; de Le Guin, la presencia fuerte de las mujeres y el trabajo lírico con la palabra. Libros como Los magos de Terramar, El nombre del mundo es Bosque, La mano izquierda de la oscuridad fueron puertas muy generosas a la obra de una escritora fundamental.
P. Casi estoy tentada a preguntarle si todos escribieron sobre lo mismo...

R. (Se ríe). En cierto sentido, sí, pero como decía Tolkien, aunque se comparta el argumento, lo que define una obra es el colorido, la atmósfera, los detalles individuales e inclasificables del relato. Otro autor imprescindible es Robert E. Howard con su serie Conan de Cimmeria. Lo leí mucho después que a Tolkien, aunque Howard escribe antes, durante la Gran Depresión de Estados Unidos.
P. Los adolescentes parecen los lectores más agradecidos del género, ¿o sólo es un prejuicio?
R. Los jóvenes reciben mejor estas historias porque son más generosos, más claros y más libres a la hora de no exigirle a la literatura un plus. La literatura vale, para ellos, por sí misma. Yo he escuchado a muchos adultos decir: "Leo literatura histórica porque además aprovecho para aprender sobre tal o cual cosa". Le exigen referencialidad, información o una utilidad que la literatura no tiene por qué tener como no tienen por qué aportarlas un cuadro o una sinfonía. Cuesta mucho que a los escritores de este tipo se nos tome en serio.
P. ¿Por qué?
R. Porque perdura una infravaloración de la imaginación que heredamos de prejuicios decimonónicos. Sigue habiendo la idea de que no es literatura seria...
P. Jaime Rest, crítico argentino muerto en 1979, afirmaba que el género policiaco, la ciencia-ficción y el terror eran diferentes respuestas a la dificultad del siglo XIX para conciliar el racionalismo científico con los elementos sobrenaturales u oscuros del Romanticismo.
R. Coincido y pienso que lo fantástico, tomado en forma amplia, asume la complejidad de aquello para lo cual no tenemos respuestas racionales. Puede tener, también, una fuerza transformadora increíble y plantarnos en un territorio de batalla social comprometida. Así, Kalpa imperial, de Angelica Gorodischer, narra en once relatos, fragmentos de la historia del Imperio Más Vasto que Nunca Existió con un derroche magistral de imaginación. El libro habla básicamente de la dictadura argentina y de la represión, desde un universo de ficción muy complejo.
P. ¿Cómo explica el auge que vive este tipo de literatura desde hace una década al menos?
R. Creo que hay una necesidad social de comprensión de diferentes aspectos de lo real. La razón pura no agota las respuestas posibles y la literatura de fantasía propone una mayor apertura. Es un auge que el cine amplifica: Harry Potter, El Señor de los Anillos, ahora las Crónicas de Narnia basadas en los libros de C. S. Lewis...
Seguramente este boom pasará y quedará sólo lo que valga la pena, pero resta un largo camino hasta juzgar a los escritores del género por la calidad de los textos que presentan.
P. ¿Qué tipo de relación existe entre su literatura y el realismo mágico?
R. Lo fantástico es una luz con la que me gusta iluminar la razón; por mi historia personal -mi padre fue siempre racional hasta el autoritarismo- ha sido mi espacio de rebelión. García Márquez estableció un puente que yo agradezco entre el mundo de la literatura latinoamericana comprometida, combativa, preocupada por las injusticias y lo fantástico. En Cien años de soledad, Remedios, la bella, puede levitar, pero Macondo no deja de ser un pueblo latinoamericano con toda su problemática. Hasta el realismo mágico, conciliar esos mundos fue imposible para quienes sentían que literatura era compromiso social y pelea revolucionaria y que el resto era de tilingos.
P. Le propongo el movimiento inverso: ¿cree que hay temas que sólo pueden abordarse desde la épica fantástica?
R. No me gustaría cometer contra el realismo lo que el realismo cometió contra la fantasía. Que hablen de duendes nomás, que hablen de lo que quieran. A la literatura no hay que ponerle cáscaras ni cerrojos. La ficción debe ser pura libertad.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de agosto de 2006

domingo, 5 de junio de 2005

Liliana Bodoc reinventa con épica la magia latinoamericana



Liliana Bodoc reinventa con épica la magia latinoamericana

Edhasa publica 'La saga de los Confines', la trilogía fantástica de la escritora argentina



RAQUEL GARZON

Buenos Aires 5 JUN 2005

Si hay alguien que puede dar cuenta de que la vida cambia después de los 40 años es Liliana Bodoc (Santa Fe, Argentina, 1958). De 2000 a hoy, esta escritora -inédita hasta entonces- lleva vendidos en su país 75.000 ejemplares de La saga de los Confines, una trilogía que abrevó en Tolkien y Ursula K. En España, Edhasa acaba de lanzar Los días del Venado, primera novela de la serie que Bodoc define como "la historia de lucha de un pueblo por su libertad".
Leguin ha querido construir, con bendición de la crítica, "una épica fantástica latinoamericana, que reflejara los colores, las lenguas y la problemática del subcontinente". Colombia, México, Chile y Venezuela han sido otras estaciones afortunadas para la escritora, que será publicada en Italia por Mondadori y que negocia con la alemana Suhrkampf la traducción a ese idioma de los esforzados viajes, las eternas luchas entre el Bien y el Mal y la magia como ama y señora, que campean en sus páginas.

Cuando se le pregunta a esta mujer casada, madre de dos veinteañeros, Galileo y Romina, y ex profesora de literatura en institutos de Mendoza, por el origen de La saga de los Confines, contesta desde su sed de lectora voraz: "Una prehistoria en la que caben por igual Jorge Amado, los cuentos de hadas y los relatos de Horacio Quiroga. La saga nació del deseo de seguir leyendo épica fantástica, pero una que se nutriera de nuestras tradiciones". Para ella, el renacimiento actual del género se explica en una cultura de época. "En un tiempo de extremo individualismo y desamparo, la épica fantástica propone un universo autónomo y una utopía: creer en las cosas de siempre. Que el Bien, como uno quiera definirlo, existe; que hay heroicidad posible, solidaridad y proyectos colectivos".
La saga de los Confines comienza cuando los magos de las Tierras Fértiles anticipan la partida de naves que provienen de las rivales Tierras Antiguas. Viejas profecías alertan sobre esa llegada, que puede traer paz o destrucción... La magia, "entendida no como lo que no existe, sino como aquello que aún no podemos explicar", recorre toda la obra, que Bodoc concibe "como una gran metáfora sobre el enfrentamiento de dos mundos, uno que pelea por la vida y otro que pelea para la muerte".
Dos grandes del género oficiaron de modelos para la trilogía: "De Tolkien tomé lo estrictamente genérico: la batalla, el viaje, el héroe, el antihéroe", enumera. "De Leguin, la mirada antropológica, profundamente humana y comprometida". A eso se sumó el imaginario latinoamericano. El resultado es el diseño de una épica fantástica de pieles oscuras, donde el género de cuño anglosajón dialoga con los cronistas de Indias, el Popol-Vuh y las leyendas mapuches, aztecas y mayas. "Desde la geografía hasta la forma de encarar lo mágico -mis magos no son druidas, sino chamanes, brujos de la tierra- el referente es americano", precisa. "Ése ha sido, si ha habido alguno, el gran aporte de la saga".
Los días del Venado, que ya va por su décima edición, se alzó con varios premios. Siguieron Los días de la Sombra (2002) y hace pocos meses, Los días del Fuego,el punto final. "Son tres segmentos de una misma larga guerra, pero se pueden leer de manera independiente. Si tuviera que señalar alguna transición, diría que en Los días del Venado el género está más marcado; en el último libro, en cambio, la batalla es más política y moral que fáctica y los personajes ganan en erotismo y ambigüedad".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de junio de 2005