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| Guillermo Martínez ILUSTRACIÓN DE Sciammarella. |
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viernes, 31 de mayo de 2019
martes, 8 de enero de 2019
Guillermo Martínez / “El pensamiento mágico está avanzando demasiado”
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| Guillermo Martínez Barcelona. 2019 Foto de MASSIMILIANO MINOCRI |
Guillermo Martínez
GANADOR DEL PREMIO NADAL 2019
“El pensamiento mágico está avanzando demasiado”
El escritor argentino logra el galardón literario en su 75ª edición con 'Los crímenes de Alicia'
Carles Geli
7 de enero de 2019
Para el escritor argentino Guillermo Martínez, la realidad “tiene un punto ambiguo”, hasta siniestro. “La conjetura siempre ocupa un lugar de lo real; eso es una constante en mi obra, que suele tener dos versiones o puntos de vista: ¿hasta dónde es verdadero lo conocido?”, se pregunta el autor del long seller Los crímenes de Oxford. Siendo matemático de profesión, la duda tiene su qué. Tarde o temprano estaba llamado a cruzarse con otro colega literario, Lewis Carroll, y su Alicia en el país de las maravillas que, obviamente, “tiene sus puntos oscuros, como el Sombrerero Loco, y una genial ironía de los personajes, la torcedura del lenguaje, las deformaciones y la burla a los lugares comunes de la educación...”. Total, que también podía ser un escenario en el que el celebrado profesor de lógica Arthur Seldom y el estudiante de matemáticas G, protagonistas del libro que llevó a la pantalla Álex de la Iglesia, investigarán ahora sobre unos asesinatos que acaban con quienes trabajan sobre unos manuscritos personales de Carroll. Es la base de Los crímenes de Alicia, con la que el domingo ganó los 18.000 euros de dotación del 75º Premio Nadal, convocado por Destino, que lo editará el 5 de febrero.
Premio Nadal / Espejo de las letras españolas
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| Ana María Matute, durante la gala de entrega del Premio Nadal, el 8 de enero de 1960. FOTO DE CARLOS PÉREZ DE ROZA EFE |
El Nadal, espejo de las letras españolas
El galardón, que se concede mañana, cumple 75 años. De Laforet a Matute, Ferlosio o Mañas, la nómina de premiados sirve para contar una historia de la literatura de ese tiempo
Carlos Geli
Barcelona, 4 de enero de 2019
Como estaba esa noche de guardia en el diario, no paraba de ir, hecho un flan, a la sala de teletipos. A la 1.45 de la madrugada, el último escupió que era finalista. Lo gritó a pleno pulmón en la redacción, donde nadie sabía nada. El director inició gestiones telefónicas, averiguó y sí, aquel subordinado había hecho algo más que quedar finalista: había ganado. “Cogí corriendo la bicicleta y me fui a casa, donde me esperaba mi mujer y mi hijo de once meses. Nos abrazamos locos de alegría”, evocaría tiempo después Miguel Delibes a ese joven de 26 años, él mismo, entonces redactor de El Norte de Castilla, que aquella noche del 6 de enero de 1948 ganaría, con La sombra del ciprés es alargada --su primera novela recién acabada el verano anterior--, la cuarta convocatoria del premio Nadal. Efectivamente, hubo un tiempo en el que los escritores conocían y celebraban así los galardones literarios, en especial el Nadal, el decano, que domingo celebra en Barcelona sus 75 años de vida; de algún modo, un espejo de las letras españolas contemporáneas.
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Alejandro Palomas, Premio Nadal 2018: “No doy comida prefabricada para que lata el corazón”
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| Alejandro Palomas |
Alejandro Palomas
Premio Nadal 2018
“No doy comida prefabricada para que lata el corazón”
El escritor barcelonés ha ganado el 74º Premio Nadal con ‘Un amor’, que Destino publicará en febrero
Barcelona, 8 de enero de 2018
“Me gusta pillar a los personajes de ahí”, dice Alejandro Palomas (Barcelona, 1967), señalándose no el corazón sino el esternón porque, dice, busca llegar antes al sentimiento que a la razón. Así ha construido, desde 2002, una intensa carrera literaria de una quincena de títulos, entre ellos, Una madre (2014), que le catapultó. En esa línea, y con idéntica protagonista, ha construido, Un amor, donde una llamada rompe, la noche previa a una boda, una cosida armonía familiar. Con ella, el sábado logró el 74º premio Nadal (18.000 euros), en librerías en febrero editada por Destino.
lunes, 7 de enero de 2019
Guillermo Martínez / Un ‘thriller’ con ecos de la ‘Alicia’ de Carroll gana el Nadal
Un ‘thriller’ con ecos de la ‘Alicia’ de Carroll gana el Nadal
El escritor argentino Guillermo Martínez, autor de ‘Los crímenes de Oxford’, logra la 75ª edición del premio
Barcelona 6 ENE 2019 - 18:00 COT
El premio Nadal ha llegado hoy domingo en Barcelona a su 75ª edición y, como los tiempos editoriales no están para demasiadas aventuras, ha jugado fuerte pero a lo seguro con las bazas que lo han venido marcando los últimos años: nombre con tirón de ventas, trama de intriga, cierta repercusión mediática y, a poder ser, de la casa. Todo ello lo cumple con creces el escritor argentino Guillermo Martínez, autor de uno de los grandes long sellers de la última década, Los crímenes de Oxford (2003), traducido a 40 idiomas y que Álex de la Iglesia llevó al cine. Sus dos protagonistas, el profesor de Lógica Arthur Seldom y el estudiante de matemáticas G, reaparecen ahora investigando unos misteriosos asesinatos cuyas claves girarían en torno al libro Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll. Con Los crímenes de Alicia, sin rodeos, Martínez se llevó los 18.000 euros del galardón decano de las letras españolas, que convoca la editorial Destino, del Grupo Planeta. En la misma velada, el 51º Josep Pla de narrativa catalana (6.000 euros) también movió las bazas mediáticas y recayó en el dramaturgo Marc Artigau, conocido colaborador radiofónico, con La vigilia, donde un novelista descubrirá un turbio episodio familiar al escribir una biografía por encargo.
martes, 6 de marzo de 2018
Un amor, de Alejandro Palomas / Crudamente insolvente
Un amor, de Alejandro Palomas
Crudamente insolvente
Cuesta creer que entre las novelas aspirantes al premio Nadal no hubiera docenas de ellas con un magma literario más adensado y prometedor que 'Un amor', de Alejandro Palomas
Francisco Solano
5 de marzo de 2018
No ha estado demasiado lucida la editorial Destino en su exigencia literaria al otorgar este año el premio Nadal a Un amor, de Alejandro Palomas. Cuesta creer que no hubiera, entre las novelas recibidas, docenas de ellas con un magma literario más adensado y prometedor. No se trata de declarar aquí ninguna inocencia perdida, pero resulta cuando menos descarado que una novela tan crudamente insolvente pueda servir de modelo de un honorable concurso. Se supone, aunque a estas alturas es mucho suponer, que el jurado contempla en sus deliberaciones el rigor de la prosa, la introspección temática, la indagación en zonas de la realidad poco frecuentadas, en fin, una propuesta que libere o reconstituya al género novelístico como una forma expresiva todavía capaz de dar razón de la existencia. La novela seleccionada está muy lejos de predecir alguna de esas probables distinciones.
Por fortuna no he leído las novelas que preceden a Un amor, que convocan en sus páginas a los mismos personajes, Una madre y Un perro. Pero he averiguado bastante para saber que las tres conforman un mosaico familiar que acaso está aún por concluir. El autor parece haber hallado en la familia un mundo suficientemente elástico para tirar de él sin temor al estropicio, cosa que se aprecia con liviana ansiedad en la inconsistente estructura de Un amor, con un narrador reincidente, Fer, que somete al libérrimo azar el ensanchamiento de la novela. Fer es gay, hijo de Amalia, a quien hay que suponer estrafalaria y graciosa, pero que no alcanza, mal que le pese a su creador, la vis cómica de la peor secundaria de Almodóvar. El núcleo familiar excluyente lo componen, con la madre y el hijo, las hermanas Silvia y Emma (lesbiana), y la tía Inés (católica, que no es tía, sino vieja amiga de la madre). Por supuesto hay más gente alrededor, pero son figuras de un guiñol que aparecen o desaparecen según la estimulación imaginaria de Fer, y con la premisa de dotar de elementos pintorescos o tragicómicos a la narración.
La novela, como la familia, también es intencionadamente nuclear, y toda ella gravita en los preámbulos de la boda de Emma con Magalí, una argentina, hija de montoneros, que fue adoptada de niña por los asesinos de sus padres, de lo que nos enteramos en un episodio de celos suscitados por la compra de unos zapatos y que se revela al lector con una teatralidad vergonzante. Los preparativos de la boda y la boda en un registro con una juez en estado de shockse desarrollan en una sucesión de incongruencias y necedades, por lo visto también presumiblemente graciosas, cuya primera víctima es la verosimilitud. Pero, ya puestos, la boda coincide con el cumpleaños de la madre, y hay después un convite en un molino de las afueras que propiciará unas cuantas confesiones, en particular que Amalia llegó como llegó al registro porque antes había estado en el tanatorio… En fin, efectos de relleno que abundan en la composición de una novela saturada de un “desestructurado andamiaje mental” que, aunque aplicado a la madre, el enunciado puntualiza a las claras su carácter literario. Desisto de señalar el prodigio de los personajes de “poner los ojos en blanco” y, más prodigioso aún, de soltar “un suspiro por la nariz”. En una entrevista el autor se ha declarado “políticamente muy incorrecto” y “muy tremendo”. Muy. Un amor, para qué negarlo, es exhibicionismo sentimental.
EL PAÍS
martes, 8 de enero de 2013
Rafa Nadal / Premio Nadal de novela
El Telediario ilustra con Rafa Nadal una noticia sobre el Premio Nadal de novela
La presentadora hablaba del premio literario mientras de fondo aparecía el deportista
El ente público explica que se trató de un error humano del departamento de realización
La presentadora del Telediario, con una imagen de Rafa Nadal en el fondo / RTVE
La segunda edición del Telediario de Fin de Semana de La 1 de Televisión Española, que se emite desde las 21.00, mostró anoche unas imágenes del tenista Rafael Nadal para ilustrar una información sobre el Premio Nadal de novela. Desde el ente público explican que se trató de un error humano del departamento de realización. "Intentaremos que no vuelva a ocurrir", señalan.
La segunda edición del Telediario de Fin de Semana de La 1 de Televisión Española, que se emite desde las 21.00, mostró anoche unas imágenes del tenista Rafael Nadal para ilustrar una información sobre el Premio Nadal de novela. Desde el ente público explican que se trató de un error humano del departamento de realización. "Intentaremos que no vuelva a ocurrir", señalan.
"A esta hora se celebra en Barcelona el acto de entrega del Premio Nadal, el galardón literario comercial más importante de España que desde el año 1944 ha consagrado a escritores de la talla de Miguel Delibes, Ana María Matute o Maruja Torres", decía la conductora del espacio, Raquel Martínez. En ese mismo momento, una pantalla de plasma emitía imágenes del deportista como fondo.
http://cultura.elpais.com/cultura/2013/01/07/actualidad/1357553163_667872.html
jueves, 10 de febrero de 2011
Carmen Laforet / Una mujer en fuga
Carmen Laforet
UNA MUJER EN FUGA
JLM
10 de febrero de 2011
Entre los muchos y desmesurados elogios que Carmen Laforet recibió tras la publicación de Nada, el de Azorín resultó involuntariamente profético. “Réspice a Carmen” se titula el curioso artículo, aparecido en Destino el 21 de julio de 1945. Adopta la forma de una irónica reprimenda (o “réspice” en el rebuscamiento léxico del autor): “Tiene usted veinticuatro años. ¿Y usted cree que a esa edad se puede hacer lo que usted ha hecho? ¿Qué es eso de publicar una bellísima novela a una edad en que se suelen publicar tanteos, probaturas, ensayos”.
Poco más de una década después, cuando lo reproduce en 1956 el volumen Escritores, las palabras finales estaban a punto de ser una definitiva verdad: “¡Ah, Carmen, Carmen Laforet! ¡Qué cosas hacen los jóvenes que no saben lo que hacen! Por lo menos, júrenos usted que no lo hará más; necesitamos esa declaración para nuestra tranquilidad. Y si acaso toma usted la pluma, lo que Dios no quiera, para escribir otra novela, que no sea como Nada, es decir, una novela nueva, sino una novela vulgar, pesada, prolija, sin observación minuciosa y fiel, sin entresijos psicológicos que nos hagan pensar y sentir. Solo de este modo atenuará usted su primera funesta falta”.
Haciendo caso a la reprimenda de Azorín, siete años tardó Carmen Laforet en publicar otra novela, y esa novela, La isla y los demonios, estaba muy cerca de ser “una novela vulgar”. En el mismo año de 1952 reunió, con el título de La muerta, los cuentos que había ido escribiendo hasta entonces. “No es novelista de un solo libro, como algunos temieron a raíz del silencio que siguió a Nada”, se nos dice en la solapa. Y unas líneas más arriba se elogia el “vigor y el interés novelesco” de esa novela con una curiosa y descalificatoria manera: “no se localizan en el estilo, desmañado y fácil; ni en el argumento, que parece confesión; ni en la técnica, inadvertida por poco pretenciosa”.
La única novela de Carmen Laforet que puede suscitar hoy un interés semejante al de Nada en el famélico blanco y negro de los años cuarenta es una novela en la que ella es también protagonista, pero no autora. Se titula Carmen Laforet. Una mujer en fuga y la han escrito Anna Caballé, la máxima especialista en los estudios biográficos, e Israel Rolón, que hace algunos años editó la correspondencia entre la escritora y Ramón J. Sender, quien se enamoró de ella con un amor nunca correspondido (los grandes afectos de Carmen Laforet fueron siempre mujeres). Es un libro minuciosamente desolado, que nos lleva, sin un respiro, de la cima que le cayó encima como una inesperada lotería a la sima por la que fue deslizándose durante toda su vida sin parecer que llegaba nunca al fondo.
A Carmen Laforet –una joven inquieta, sensible, sin demasiadas preocupaciones intelectuales— el azar le jugó una mala pasada, pareciendo todo lo contrario. Conoció en Madrid, a donde se había trasladado para estudiar Derecho, a un joven editor, Manuel Cerezales, y decidió llevarle el manuscrito de una novela en la que relataba, de manera muy transparente, su reciente experiencia barcelonesa como estudiante de Filosofía y Letras. El editor, que pronto se convertiría en su novio y luego en su marido, se dio en seguida cuenta de la espontaneidad y la fuerza de aquellas páginas, que disonaban de la retórica del momento, y sugirió retoques, quizá reescribió algunos pasajes, eliminó capítulos, mecanografió luego el texto y aconsejó a la autora que lo enviara a un premio recién creado, el Nadal. Lo ganó, derrotando a un autor famoso, César González Ruano (que se llevó muy mal el fracaso: “Pero ¿cuándo se ha visto en un premio literario que se prefiera un desconocido a un escritor amigo de renombre?”) y el resto de la historia es desde hace tiempo historia de la literatura.
Carmen Laforet no tardó en odiar aquella novela que le había dado la fama, y que siendo la más suya, no era enteramente suya. También pronto se distanciaría de Manuel Cerezales, del que acabó separándose en 1970, que intelectualmente valía más que ella y que nunca se había fiado enteramente de ella. Quería seguir siendo su mentor, controlar sus escritos y sus apariciones públicas, evitar que las experiencias matrimoniales se convirtieran en materia literaria. Cuando Carmen Laforet consiguió librarse de su marido ya era tarde: lo llevaba dentro. Ella misma fue su más riguroso crítico: acabó rompiendo todo lo que escribía, y finalmente siendo incapaz de escribir una línea.
Seiscientas páginas dedican Anna Caballé e Israel Rolón a resolver el enigma de Carmen Laforet, esa mujer siempre en fuga de sí misma. Desdeñaba todo lo que tenía que ver con la literatura, no quería ser escritora y sin embargo vivió siempre de lo derechos de autor –era una exigente negociadora al respecto— y de los anticipos sobre libros que no escribiría nunca.
Proponen los biógrafos varias hipótesis para solucionar ese enigma. Ninguna acaba de convencernos del todo, salvo la más sencilla: que el inesperado éxito de una novela juvenil —que apareció en el momento justo y expresó, sin pretenderlo, el desánimo de toda una generación de españoles— colocó en la primera línea literaria a una escritora menor, de escaso aliento. Al principio, su marido la ayudó a no hacer demasiado el ridículo en entrevistas y artículos. Cuando quiso volar sola, no fue capaz. Se esforzaba por no ser autobiográfica, por no exhibir demasiado su intimidad, en la que no faltaron las pasiones inconfesables, y eso era lo único que sabía hacer. Sus artículos valían poco, sus conferencias defraudaban siempre. Y sin embargo, convertida en mito, recibía continúas invitaciones, mientras que de su marido –y de tantos otros que valían más que ella— nadie se acordaba. Fue muy sensible al desprecio que hacia ella sintieron Cela (que al principio temió que su éxito le hiciera sombra), Barral y tantos otros escritores. Y había algo más: una enfermedad mental que se fue acentuando con los años.
Quizá el misterio de Carmen Laforet –como el misterio de la realidad, según Alberto Caeiro— sea “no tener misterio ninguno”.
Anna Caballé, Israel Rolón
Carmen Laforet. Una mujer en fuga
RBA / Círculo de Lectores, Barcelona, 2010
domingo, 16 de mayo de 2010
Carmen Laforet / Todo sobre la chica de "Nada"
Todo sobre la chica de 'Nada'
Una biografía desvela los trágicos fantasmas de Carmen Laforet
Barcelona 15 MAY 2010
Nada: inopinado oasis en pleno erial literario de 1945. Un relámpago, primera novela de una chica de 24 años que estrenó el premio Nadal de la editorial Destino. Éxito total. Inmediatamente, sonrisa de ella que será una máscara. Y también, un "querer ser invisible", un horror en caída libre hacia la página en blanco y una huida sinfín que acabará, reforzada por una enfermedad neurovegetativa, con la imposibilidad de levantar un bolígrafo.

Es la triste vida de Carmen Laforet, estrella rutilante de las letras españolas de posguerra y ahora motivo de una primera biografía con la que Anna Caballé e Israel Rolón, han obtenido el premio Gaziel 2009. Carmen Laforet. Una mujer en fuga (RBA) son 515 páginas rebosantes de material inédito, de las que puede extraerse una gran conclusión, según Caballé: "Uno se ha de enfrentar a sus fantasmas; huir de ellos acaba teniendo un coste brutal". El libro rebosa de dramáticos espectros.
La figura de una odiosa madrastra es omnipresente en tres de sus novelas
'Nada' le sentó fatal a la familia al verse retratada por los cuatro costados
- Cenicienta en Canarias. ¿Fue feliz alguna vez Laforet? A ratos. Sin duda, los dos años que pasó de pequeña en el piso de sus abuelos, donde nació el 6 de septiembre de 1921, y hasta noviembre de 1923, cuando la familia marchó a Las Palmas. La felicidad total se alargó sólo hasta 1934, cuando su madre muere. El marido se casó con la peluquera de su mujer, que se esmeró en borrar a la madre de unos niños a los que mortificaría. Y el padre lo consintió. "Carmen le adoraba y su actitud la destrozó". Lo disimuló con su pose fantasiosamente despreocupada, una máscara. Al final, una obsesión: la figura de una odiosa madrastra es omnipresente en tres de sus novelas, con protagonistas huérfanos: Nada (1945), La isla y sus demonios (1952) y La insolación (1963).
- A la literatura, por un abrigo. Un chantaje moral al padre y el pretexto de los estudios de Filosofía y Letras la llevan a su primera huida: Barcelona. Pero el piso de los abuelos ya no es el paraíso: es fiel reflejo de la gris ciudad española de posguerra, miseria que aguantó nueve meses y que, unida a un amor frustrado, serán el germen de Nada. No tiene dinero para comprar un abrigo, así que instigada por su tía Carmen se presenta en diciembre de 1942 a un premio literario del Frente de Juventudes. Lo gana. Y gracias a una de las 600 cartas que escribirá, dará pistas de que prepara una novela.
- El doble filo de 'Nada'. Como un relámpago: el último día de convocatoria del primer premio Nadal aterriza un paquete con Nada. Deslumbrante: la frustración que destila la sociedad de la inmediata posguerra y la perspectiva femenina le dan la victoria contra pronóstico. El amigo intelectual de su mejor amiga, Manuel Cerezales, la ha inscrito tras leerla y sugerirle cambios. ¿Y de que la retocara? "Vi el manuscrito original y no hay nada de nadie más", testimonia Caballé. Del éxito al enigma pasan apenas semanas: 5.000 pesetas de premio (vivía con 200 al mes de su padre), libro más vendido de 1945, pero también cosas extrañas: "La escribí en ocho meses", declara, cuando la rehacía y rompía desde dos años atrás. ¿Por qué mentir?
- Patito feo entre intelectuales. Sorprende la falta de calado intelectual y hermetismo del personaje, que contrasta con las virtudes de la obra. "Ella no quería ser escritora profesional, quería vivir y de golpe se vio fiscalizada y eso la rompió emocionalmente". A la familia Nada le ha sentado fatal, al verse retratada por los cuatro costados. Cerezales, con quien se casa embarazada de dos meses en otra muestra de su espíritu libre, le dice que la literatura no es autobiografía... Empiezan las inhibiciones y presiones: tendrá cinco hijos entre 1946 y 1957 y las necesidades económicas la fuerzan a un articulismo olvidable y a unos cuentos algo mejores (La llamada, 1954). Nueva huida: así retrasa afrontarse a otra novela. Lo detecta y se lo dice Ramón J. Sender desde su exilio en EE UU. Será el único intelectual que la respetará. "Nada está escrita con toda libertad y fuerte componente autobiográfico; forzada por las inhibiciones, se volvió muy costumbrista: quería que su obra no transparentara". La tumba la sellaría Cerezales, de quien se separará en 1970 con la condición de que firmara ante notario que no podría escribir nada sobre sus 24 años de vida conyugal. "Mi pulverización como ser humano".
- Mujeres, anfetaminas, tarot. La vocación se le fue esfumando poco a poco. En 1964, confiesa: "soy una mala escritora". Desesperada, vive ya desde 1952 una etapa de misticismo religioso. Queda para rezar por las mañanas con una nueva amiga, Lili Álvarez, famosísima tenista finalista en Wimbledon. Pero esa conversión religiosa parece ser fruto del amor: se dibuja una pulsión homosexual."Siempre buscó mujeres fuertes, bíblicas, pero no creo que consumara su homosexualidad: se reprimió".
Ni viajando de verdad (París, EE UU, Roma...) se aleja de sus dificultades. Al contrario, recrudecen: desde los 60 avanza una enfermedad neurovegetativa y vive en un constante tiovivo emocional, quizá debido al Minilip, medicación a base de anfetaminas para adelgazar. "Digamos que le acabó gustando la química", suaviza la biógrafa. "Escribir me da una pereza casi invencible (...). Me horroriza, pero así, patológicamente, cualquier forma de aparición en público". Escribe, cuando puede, y rompe. Nada le gusta. Tanto, que ni devolverá nunca corregidas las galeradas que en 1973 le hacen llegar de Al volver la esquina. "Sabía que ese libro no estaba ya nada bien", cree Caballé. La desesperación la llevó a aficionarse al tarot, al que acabaría consultando su vida. Pero llegó a un bloqueo físico y mental que no podía ni levantarse de la cama, ni firmar un cheque. "Tengo que realizar algo bueno, malo o regular, pero realizarlo", se grita. El 28 de febrero de 2004 falleció, quizá con la sensación de que los fantasmas habían ganado.
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