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sábado, 1 de mayo de 2021

El Hollywood más cruel tachó a Vivien Leigh de "difícil" y "adicta al sexo", pero en realidad sufría trastorno bipolar

 


El Hollywood más cruel tachó a Vivien Leigh de "difícil" y "adicta al sexo", pero en realidad sufría trastorno bipolar

Fue considerada la actriz más difícil de su época y tachada de adicta al sexo, pero en realidad mostraba los síntomas de una enfermedad aún no descrita en su época: el trastorno bipolar. No te lo va a contar "Hollywood", la serie de Netflix en la que vuelve a salir la increíble Vivien Leigh.


Elena de los Ríos
8 de mayo de 2020


La historia del viejo Hollywood funciona como la historia mítica de nuestros días: las estrellas de aquellos años dorados para el cine ocupan el papel de los antiguos dioses y encarnan, además, estereotipos con los que mujeres y hombres del pasado siglo se identificaron. Hoy los recordamos aún como figuras míticas, aunque no nos identifiquemos tanto con ellas como con las marcas, creadoras de los poderosos imaginarios audiovisuales a los que aspiramos hoy. En "Hollywood", la nueva serie de Ryan Murphy para Netflix, podemos ver como personajes secundarios algunas de las estrellas más deslumbrantes del cine clásico, como Rock Hudson, el compositor Cole Porter o Vivien Leigh, la inolvidable Scarlett O'Hara de la película "Lo que el viento se llevó" (1939). Leigh fue una actriz prodigiosa y se casó con otro prodigio de la interpretación, Laurence Olivier. Ganó dos Oscar (fue la primera británica que consiguió este galardón), pero fue sobre todo una actriz de teatro: interpretó a Ofelia, Cleopatra, Julieta, Lady Macbeth... En 1999, el American Film Institute la nombró una de las 25 estrellas femeninas más importantes de la historia de Hollywood.

jueves, 13 de agosto de 2020

Kimbra Audrey y la depresion



Kimbray Audrey 

La fotografía para sobrellevar su depresión


Destrozada por años luchando contra la depresión, la adicción y una traumática estancia en un pabellón psiquiátrico durante la turbulenta década en que trabajó como modelo ―empezó trabajando en la alta costura antes de pasar a trabajar en una agencia más comercial ―, Kimbra Audrey pasó a dedicarse a la fotografía y volvió a recomponerse. A continuación, nos habla de la importancia de su terapia creativa.
Llevo toda la vida sufriendo de depresión. Crecí en un hogar desestructurado y empecé a trabajar como modelo cuando tenía 15 años, en Seattle, como forma de escapar y ser económicamente independiente. Siempre he adorado la fotografía y la moda, de modo que una carrera como modelo parecía el empleo más lucrativo que podía tener siendo adolescente.
Me gradué en el instituto muy pronto y me mudé a Nueva York yo sola cuando tenía 17 años, para perseguir mi sueño de ser modelo. Trabajé en la alta costura cuando era más joven, pero la presión de tener siempre una talla 32 era demasiado para mí. Así que firmé un contrato con una agencia y empecé a hacer trabajos más comerciales. Sin embargo, nunca me acabé de sentir bien. Siempre había algo en mí que no encajaba: o era demasiado ancha, o demasiado delgada, o demasiado alta, o demasiado exótica, o tenía el cabello demasiado castaño... Y la lista sigue y sigue. Durante los primeros años, me costaba mantenerme en la misma agencia debido a mis cambios de peso. Mi autoestima estaba hecha trizas. Me odiaba a mí misma cuando me miraba en el espejo. Así que aprendí a interpretar un papel y a parecer segura de mí misma para los clientes cuando en realidad por dentro solo quería llorar. Estaba profundamente deprimida y me sentía vulnerable, pero no se me ocurría que pudiera dedicarme a otra cosa. 
Cuando tenía 19 años sufrí una sobredosis de drogas y alcohol y casi me muero. Tuve un fallo hepático y los médicos me dijeron que si no me hacían un trasplante me moriría. Me pusieron la primera de la lista, esperé una semana poniéndome cada día peor y finalmente, después de dos transfusiones de sangre, mi enfermedad empezó a mejorar. Fue un milagro. Pasé un mes en el hospital, la mitad de ese tiempo internada en la unidad psiquiátrica. Fue uno de los peores momentos de mi vida.
Con solo 19 años, era la persona más joven allí. Me desnudaron y me registraron. Me observaban mientras me duchaba. No había puertas, ni cerrojos, ni privacidad. Mi compañera de habitación era una mujer de 80 años llamada Katherine que pensaba que todos los días era su cumpleaños y se despertaba chillando en medio de la noche y tenían que sedarla. No se me permitía salir al exterior a respirar aire fresco o hacer ejercicio. La comida era repugnante y la mayoría de los días los pasaba sin comer nada. De pronto se producían peleas, los pacientes gritaban a las enfermeras, se gritaban entre sí, gritaban a las paredes. Me obligaban a tomar una medicación que me hacía sentir peor en lugar de mejor, pero si quería marcharme de allí tenía que demostrar que estaba, según sus estándares, "mentalmente bien", pero aquel lugar me estaba volviendo loca.
Cuando me dieron el alta decidí cambiar completamente mi estilo de vida. Físicamente estaba todavía muy enferma, mi hígado tardó casi un año entero en recuperarse del todo. Dejé de beber, me hice vegana y empecé a practicar yoga. Me sentía agradecida de estar viva, una sensación que no había tenido en años. Las cosas más simples me llenaban de alegría, como poder respirar aire fresco. Encontraba auténtica paz detrás de mi cámara. Había estudiado fotografía en blanco y negro en el instituto y siempre me había encantado fotografiar cualquier cosa, sobre todo a mis amigas.
Cuando trabajé como modelo para una amiga hace algunos años, me contó que ella también se había sentido muy deprimida cuando era modelo. Viajaba por todo el mundo, nunca permanecía en la misma ciudad más de unos meses, nunca tenía dinero, estaba cansada y se sentía muy sola. Empezó a hacerse autorretratos y aquello le ayudó mucho con su depresión. Inmediatamente fui a casa a fotografiarme, más como un experimento que otra cosa, y fue realmente difícil. Ni siquiera tenía un trípode, ponía la cámara en equilibrio sobre una silla o encima de unos libros. Y fue todo un desafío ser a la vez la fotógrafa y la modelo, a veces me daba una sensación extraña, pero también resultó muy liberador.
Los autorretratos me dieron el poder para crear fotografías que reflejasen el modo en que yo me veía a mí misma. Solo fotografío con carrete y no edito mis imágenes. En la industria de la moda casi todas las fotos se retocan, cuando era modelo a veces no podía ni reconocerme a mí misma. Quería crear imágenes sinceras de mí misma con el único motivo de obtener claridad mental, así que empecé a fotografiarme casi todos los días. Era una sensación increíble liberar mis emociones y plasmarlas en una fotografía, ya fuera alegría, ira o tristeza.
A través de mis autorretratos aprendí a ser vulnerable y a aceptar mi vulnerabilidad y verla como algo positivo. He aprendido a amar mi cuerpo, en lugar de sentir constantemente que no soy suficiente porque no uso la talla 32. Ahora me siento cómoda en mi piel y aprecio mi cuerpo tal y como es, algo que no había sentido en años. Me frustra que nuestra sociedad esté tan obsesionada con la perfección, llevar un maquillaje perfecto, tener un cuerpo perfecto y una vida perfecta. ¿Por qué no puede haber belleza en la imperfección? ¿Por qué no puede la gente simplemente ser natural y quererse como es?
Documentar mi depresión me ha ayudado más que cualquier médico o fármaco. Sin embargo, mi depresión nunca se ha ido del todo y no sé si alguna vez lo hará. Tuve otro intento de suicido el año pasado. Por suerte, mi mejor amiga fue a recogerme al hospital, así que no tuve que quedarme ingresada mucho tiempo. El sistema de salud mental que se aplica ahora está creado para el fracaso. La mayor parte del tiempo te recetan algo y te despachan rápidamente, sin hacer un seguimiento y sin comentar otras formas de tratamiento. Tratar mi depresión ha sido una lucha para mí y he estado dispuesta a probar cualquier cosa: medicación, terapia, acupuntura, ejercicio... Finalmente he llegado a un lugar donde sé cómo gestionarla mejor y ya no quiero hacerme daño a mí misma.
También dejé la profesión de modelo el año pasado después de nueve años de carrera y me mudé a París para centrarme únicamente en mi fotografía. Intento hacerme autorretratos todos los días. Incluso he instalado un cuarto oscuro en mi apartamento para poder procesar e imprimir mis fotos en casa. Hacer la fotografía, mezclar los productos químicos, revelar, secar, imprimir y escanear, todo forma parte de un proceso terapéutico para mí. Mis fotografías a veces pueden ser bastante oscuras, pero para mí es muy importante capturar todas mis emociones, las buenas y las malas. 

lunes, 22 de mayo de 2017

La depresión / El secreto de todas las familias




El secreto de todas las familias

Dos millones y medio de españoles sufren oficialmente depresión. El 40% no está en tratamiento por miedo al estigma de la enfermedad


MARTA FERNÁNDEZ
Madrid 21 MAY 2017 - 04:01 COT






El músico Iván Ferreiro en su estudio en Gondomar.
El músico Iván Ferreiro en su estudio en Gondomar.  EL PAÍS

“Sal y cuéntaselo a alguien”. Fue la respuesta de Harvey Milk cuando un joven le preguntó qué podía hacer para conseguir acabar con el estigma de la homosexualidad. Cuarenta años después, el escritor Andrew Solomon hace suyo el consejo de la figura del activismo gay estadounidense pero para vencer otro tabú: la incomprensión y la vergüenza a la que se enfrentan aquellos que sufren una depresión. Solomon, escritor y profesor de Psicología en Columbia, lo ha convertido en una cruzada personal. Y lucha para romper el silencio que acompaña a un trastorno que afecta ya a dos millones y medio de españoles. Diagnosticados. Muchos ni siquiera se atreven a confesarlo.

Cinco realidades de ser bipolar



5 realidades de ser bipolar en palabras de una mujer que sufre este trastorno



“De un minuto a otro dejé de comer, hablar, caminar, escuchar. No hacía nada más que estar en la cama”
Muy a menudo escuchas muchas cosas sobre las enfermedades mentales, pero casi todo lo que oyes es mentira. Este es el caso del trastorno de bipolaridad que suele ser malinterpretado. El conocimiento real que se tiene de esta enfermedad está lleno de mitos y leyendas que no siempre corresponden con la verdad. Acá te contamos algunas realidades que Wren Williams, una mujer que sufre de bipolaridad, quiso aclarar desde su propia experiencia: 

Los dioses apagados de la melancolía

Retrato de Felipe II
Antonio Moro

Los dioses apagados de la melancolía

El Museo Nacional de Escultura acoge una exposición sobre un mal que los griegos identificaban como bilis negra


Melancolía, un grabado de Durero en la exposición del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.
Felipe II fue el rey en cuyo imperio nunca se ponía el sol. También era dueño de una gran leyenda negra que el tiempo matizó en lo que pudo. Taciturno y de aspecto severo, en 1568 se describió su rostro como “bello y agradable” y su humor de “melancólico”. Nació en el palacio de Pimentel, en Valladolid, a pocos metros del palacio de Villena, sede del Museo Nacional de Escultura. Una placa en Pimentel avisa del suceso. Un cuadro colgado estos días en Villena lo representa entre sus “aflicciones sombrías”. Es el Retrato de Felipe II, de Antonio Moro, y el monarca aparece “vestido de negro, impenetrable tras la etiqueta borgoñona, perseguido por el fantasma de la demencia familiar”. Para ser el rey de las tierras en las que nunca se ponía el sol, a Felipe II, misántropo y enclaustrado en palacios, el sol no le daba mucho.

sábado, 1 de octubre de 2016

La conmovedora carta de la viuda de Robin Williams

Robin Williams y su mujer, Susan Schneider, en 2009. CORDON PRESS

La conmovedora carta 

de la viuda de Robin Williams

“No tenía poder para ayudarle a ver su propia genialidad", dice Susan Schneider sobre los síntomas de la demencia con cuerpos de Lewy que sufría el actor





EL PAÍS
Madrid 30 SEP 2016 - 12:36 COT

Desde que Robin Williams se quitara la vida en agosto de 2014, son pocas las veces que su viuda ha hablado sobre él en público. Ahora, Susan Schneider ha publicado una conmovedora carta en la revista Neurology sobre la enfermedad neuronal que padecía el actor, y que fue uno de los motivos que le llevaron a suicidarse a los 63 años. Titulada El terrorista dentro del cerebro de mi marido, la artista habla sobre la demencia con cuerpos de Lewy, un desorden neurodegenerativo que afecta a la memoria y a las capacidades motoras, y que destruyó la vida de uno de los intérpretes más queridos de Hollywood, quien, además, sufría párkinson.

martes, 27 de septiembre de 2016

Bruce Springsteen cuenta su lucha contra la depresión

Bruce Springsteen

Bruce Springsteen cuenta su lucha contra la depresión

El cantante adelanta en 'Vanity Fair' el contenido de su biografía que sale a la venta el día 27


Madrid 
7 SEP 2016 - 07:25 COT

El rockero estadounidense Bruce Springsteen, a punto de cumplir 67 años este mismo mes, publicará sus memorias el próximo 27 de septiembre con el título de Born to Run, uno de los mayores clásicos de su extensa trayectoria musical. Para promocionar este lanzamiento y mientras prosigue de gira por grandes estadios de Estados Unidos, Springsteen habla en una entrevista con Vanity Fair de su lucha contra la depresión desde que cumplió sesenta años (en 2009), de su relación con su padre y de sus planes futuros. "Uno de los puntos que abordo en el libro es que donde quiera que estés o con quiera que estés, la depresión nunca te deja. Nunca conoces sus parámetros. ¿Puedo enfermarme lo suficiente al punto de parecerme más a mi padre de lo que podría?", plantea en la entrevista el músico, que recuerda que su progenitor, fallecido en 1998 y al que describe como "un poco como un personaje de Bukowski", ya padecía este tipo de problemas.

martes, 3 de noviembre de 2015

La viuda de Robin Williams / No fue la depresión lo que le mató

Robin Williams

La viuda de Robin Williams: “No fue la depresión lo que le mató”


Susan Schneider da su primera entrevista y revela que las últimas palabras del actor fueron "buenas noches, cariño"
EL PAÍS
Madrid 3 NOV 2015 - 21:09 COT



Susan y Robin Williams en el estreno de 'World's Greatest Dad'. CORDON PRESS

Susan Schneider, la viuda de Robin Williams, ha hablado entre lágrimas de su última conversación con su esposo en la primera entrevista que concede tras el trágico fallecimiento del actor, en agosto de 2014 a los 63 años. "Buenas noches, mi amor", fueron las últimas palabras que le dedicó el intérprete a su esposa antes de fallecer, según relata ella en la revista People. Schneider se ha referido también a La demencia con cuerpos de Lewy (DCL), la enfermedad neurodegenerativa que sufría el ganador de un Oscar por El indomable Will Hunting. "No fue la depresión lo que mató a Robin. La depresión fue uno de los 50 síntomas que tenía y fue pequeño", asegura su viuda. 
"Yo estaba en la cama y él vino a la habitación un par de veces. Me dijo 'buenas noches mi amor' y se marchó con su iPad. Parecía que tenía algo que hacer y pensé: 'Esto significa que está mejorando'. Y esa fue la última vez", ha relatado Schneider en la entrevista a la revista norteamericana. La DCL es la enfermedad neurodegenerativa más común después del alzhéimer y causa fluctuaciones en el estado de ánimo, alucinaciones y deterioro de la función motora. "Se presenta como un juego de pinball; no sabes exactamente qué estás buscando", dice la pareja del actor. 
Los síntomas que sufría Robin Williams a causa de su afección empeoraron en los meses previos a su suicidio. "Experimentó ataques de ansiedad que lo paralizaban. Una vez, calculó mal al cerrar una puerta y acabó con la cabeza ensangrentada y rigidez muscular y era incapaz de decir qué le había pasado. Sin embargo, su equipo de médicos no pudieron identificar qué le pasaba hasta que le realizaron la autopsia", cuenta Susan. 




Robin Williams en el estreno de 'Noche en el museo'. 


Durante aquellos duros momentos, la familia no sabía a quién culpar o cómo solucionar lo que le pasaba al protagonista de El club de los poetas muertos, pero su esposa ha reconocido que ahora sabe que los doctores estaban haciendo lo correcto. "Es solo que esta enfermedad era más rápida y más grande que nosotros. El final era, de igual manera, la muerte", explica. Susan Schneider ha contado que todo este sufrimiento le ha aportado conocimientos para poder ayudar a otras personas que sufran DCL. "Robin era muy consciente de que estaba perdiendo el juicio y que no había nada que se pudiera hacer al respecto. Pido a Dios que arroje algo de luz sobre la enfermedad que sufren millones de personas y sus familiares con ellos", afirma la viuda. 
La tercera esposa de Robin Williams no ha hablado, sin embargo, sobre la disputa por la herencia que mantiene con los hijos del actor. Aunque parece que ya ha llegado a su fin, la batalla ha sido larga. Zelda, de 26 años, Cody, de 23 y Zak, de 32, —hijos de los dos matrimonios anteriores de Williams reclamaban a Schneider tanto dinero como propiedades y algunos recuerdos que su padre solía coleccionar.
Según explicaron los abogados de ambas partes, Susan Schneider se quedará con la mansión que compartió con la estrella en la zona de la bahía de San Francisco y además percibirá una manutención de por vida. La viuda también recibirá un reloj que el actor utilizaba siempre, una bicicleta que compraron durante su luna de miel y los regalos que les dieron en su boda.

lunes, 11 de mayo de 2015

Raquel Villaécija / Perlas literarias contra la depresión

Adrift, de Andrew Wyeth


PERLAS LITERARIAS CONTRA LA DEPRESIÓN
Por Raquel Villaécija
El gran referente de la literatura fantástica desveló en su trilogía de largo recorrido el poder destructivo que puede llegar a tener un pequeño objeto. En apariencia insignificante, el anillo de poder de Tolkien es la representación del mal, el rostro de la ambición, agua que calma la sed de poder. El maquiavélico objeto dorado es la corona del rey, el símbolo de la ambición ciega y de la codicia humana. El lado oscuro del hombre.
Si Tolkien se sirvió de la épica para esculpir su extensa y elogiada obra, a John Steinbeck le bastaron 100 páginas para culminar la suya. Su relato es más sencillo y terrenal aunque encierra la misma moraleja. Es la historia de la perla más hermosa del mundo. Su brillo de doble filo ciega a un humilde pescador, como a todos el anillo de poder. “Esta perla se ha convertido en mi alma, si me deshago de ella, perderé también mi alma”, señala el ya transformado protagonista al final del relato. Lo bello al final destila un eco siniestro y destructor que lleva a la fatalidad.

viernes, 3 de noviembre de 2000

De la languidez al pesimismo / Tiempo de melancolía



DE LA LANGUIDEZ AL PESIMISMO
Tiempo de melancolía

Pensadores, científicos y artistas vuelven a ocuparse del 'placer de la tristeza', como la llamó Hugo

PEDRO SORELA
Madrid 15 FEB 1988

, "Hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres...", escribió el modernista Porfirio Barba Jacob para describir uno de los seis estados del alma en su Canción de la vida profunda, y su verso anticuado se mantiene célebre porque evoca como pocos la meláncolía. El mal del siglo la llamó el romanticismo, y algo había de diagnóstico sociológico, pues deún lado a otro de Europa se suicidaban decenas de jóvenes vestidos con chalecos amarillos para imitar al joven Werther. En los últimos meses, algunas publicaciones hán sugerido que éste es tiempo de melancolía.
Cualquier tertulia de café establece en el plazo de un par de ellos una lista de síntomas que desvelarían en nuestra época cierta tendencia a mirar hacia atrás. Una simple mirada en tomo de la tertulia -síntoma en sí misma- podría aportar unas primeras ideas: los sombreros que han vuelto a usar algunos contertulios, sus largos guardapolvos o sus chaquetas de cuero negro, el billar que jugarán esa noche, el bolero o el tango que suena al fondo, el barrio antiguo en el que se encuentra el bar y en el que jóvenes profesionales habilitan viviendas o despachos, las películas de Wilder, Ford o Hawks que logran interesar más a la tertulia que las últimas películas de bulevar, aptas sólo para menores.Todo ello tiene que ver con la nostalgia, sin duda, de la misma forma que la renovada pasión por las plumas estilográficas, la añoranza por los maestros del cómic que dibujaron con claridad el mundo confuso de los años treinta, las reediciones de ídolos del rock que ya están en los museos -Elvis Presley, Sam Cooke-, o la reposición de series de televisión ya remotas: El fugitivo, MacMillan y esposa...Además, el reverdecido interés por el viaje, y por el viaje romántico, si es que éste es aún posible, y la añoranza de la aventura, hasta el extremo de convertirla en industria.
Ocurre, sin embargo, que nostalgia no es lo mismo que melancolía, aunque con frecuencia la abarque, y que según quien defina ésta, pueden ser muy distintas. Y aquí viene la principal dificultad para hablar de ella: melancolía es una palabra resbaladiza y de fronteras tan borrosas como un brumoso amanecer de invierno.
Un sol negro
"Bilis negra", dice una primera aproximación etimológica. Víctor Hugo la llamó "el placer de la tristeza", y recogía una idea de La Fontaine, que habló de "los oscuros placeres de un corazón melancólico". Es un término vago que en general de asocia con la tristeza, aburrimiento, vaguedad del alma, languidez. "Spleen", dijo Baudelaire. Si en el lenguaje popular puede indicar una tristeza suave -"me marcho con melancolía de este país", como recoge María Molinerpara los sicólogos la palabra indica un estado de depresión propio de la sicosis maniaco-depresiva, y se caracteriza por síntomas de postración, abatimiento y pesmusmo.
Estos, los clínicos, son en buena parte los síntomas que han despertado el interés de algunos medios de información cultural, notablemente Le magazine Littéraire, que dedicó a la melancolía un número especial el verano pasado y una amplia entrevista a la científica búlgara Julia Kristeva tras la publicación de su libro Sol negro (Soleil noir, dépression et mélancolie, Gallimard). La revista literaria Pasajes, de Pamplona, consagró al fenómeno su reciente número 8, y la publicación cultural Sur-Exprés le dedicó un amplio espacio de su última entrega.
Kristeva diferencia y matiza entre depresión y melancolía, si bien establece algunos puntos de contacto: el corte de relaciones con el entomo y la devaluación del lenguaje; el melancólico ya no cree ni en sus propias palabras. "Si la melancolía es de nuevo el mal del siglo, si aumenta el número de depresiones -se pregunta Kristeva- "¿no es acaso en un contexto en el que los lazos simbólicos se cortan? Vivimos una fragmentación del tejido social que no puede ofrecer auxilio, sino al contrario una agravación de la identidad síquica que vive el deprimido".
Recuerda Kristeva que cierta concepción ve la melancolía como un estado límite de la naturaleza humana, reveladora de la verdad del ser: el melancólico sería el hombre de genio. Según ella, esta concepción fascina a los filósofos modernos, pues, en síntesis, el estado depresivo sería la condición del pensamiento, la filosofía, la genialidad. "¿Por qué se habrían de cambiar las formas artísticas o el pensamiento si no se hubiese afrontado antes su banalidad?"
Sin optimismo
La psicoanalista lacaniana Miriam Chome piensa que éste no es especialmente un tiempo de melancolía -al menos no ha observado un aumento de la enfermedad-, y a su juicio la melancolía se ha convertido en el significante, en nuestra época, de lo que Freud consideró com¿ malestar de la civilización.
En esa misma línea, dice el filósofo Carlos Gurméndez, autor de Teoría de los sentimientos y de Tratado de las pasiones entre otras: "Si no hay reflexión, la melancolía se constituye en auto satisfacción, un regodeo que diferencia al melancólico del hombre común, que se afana tras futilezas".
Para Gurméndez, éste podría ser un tiempo de melancolía al caracterizar la pasividad y la inercia, con la crisis de la utopía, nuestro tiempo histórico. Los grandes proyectos se han estancado. Así, la pasión frustrada es el gran origen de la melancolía; no un radical existencial, algo inherente a la condición humana, sino transitorio.
El filósofo Romano Guardini, recuerda Gurméndez, subrayaba en su obra La melancolía el aspecto de recogimiento que caracteriza este estado, un recogimiento reflexivo más profundo que la tristeza, y fundamental para acceder a la trascendencia. Kierkegaard, en cambio, ve en ella el cierre del ser en sí mismo.

SIN RITOS Y SIN HÉROES



La melancolía es una clave para explicar el arte más reciente, en opinión de Alfredo Aracil, compositor de 31 años, que escribe ahora la ópera de cámara El infierno de los enamorados, inspirada en el Infierno de Dante. El libreto es del poeta Luis Martínez. Según Aracil, no se pueden comprender con la melancolía ni las vanguardias históricas, ni tampoco la que siguió a la Segunda Guerra Mundial, pues "la vanguardia es optimista, va a algún sitio". Por el contrario, el arte de nuestros días no cree que tenga que ir a ningún sitio, se mira a sí mismo y utiliza su propia historia para construirse. A diferencia del arte anterior, carece de ritos y de héroes. "La melancolía existe en mi obra en tanto en cuanto no existe el optimismo. Y no existe el optimismo al no ser una obra vanguardista, sino especulativa: creación por la creación, y creación pesimista, sin esperanza".
Es posible encontrar en la última obra de artistas españoles ciertos rasgos de lo que se podría llamar melancolía. Así las fotografías dé barcos en la Barcelona de Manuel Esclusa, o los nocturnos y viajes de Dis Berlín.
Una ley genenal
En su amplio piso antiguo encaramado en una cuarta planta de la calle Mayor de Madrid, con techos de artesonado y muebles de la primera mitad del siglo que guardan revistas antiguas, Dis Berlín, aragonés de 28 años, intenta recuperar para su propia colección sus cuadros de nocturnos -aquellos aeropuertos sumidos en la oscuridad, barcos en mitad de la tormentapero a la vez utiliza amarillos y naranjas para salir del spleen que los inspiró.
"Hay algo de segunda mano en la nostalgia, en la melancolía", dice Dis Berlín. "Si te regodeas en ello, tu cabeza está condicionada. Corres el riesgo de hacer algo a un paso de lo enfermizo".
"Los filósofos dicen que la literatura es melancolía por definición", dice Jesús Ferrero, autor de las novelas Bélver Yin y Opium, ambientadas en Oriente. Para Ferrero, la melancolía de nuestro tiempo se observa en terrenos en apariencia muy lejanos: no sólo .un derrumbe de los valores como el de los años 30", sino "la ideología del bon vivant, la elegancia, la escalada social".
Ferrero recuerda lo que le dijo Holderlin a Bonaparte: "Tú estás en la realidad" y sugiere casi una ley general: Todo escritor sufriría la melancolía, el anhelo, del paraíso perdido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de febrero de 1988