lunes, 24 de mayo de 2010

Roberto Saladrigas / El hombre que hizo hablar a Juan Rulfo

Juan Rulfo

Roberto Saladrigas

El hombre que hizo hablar a Juan Rulfo

Robert Saladrigas rescata las conversaciones que mantuvo con las cabezas más visibles del 'boom' latinoamericano




Pablo Neruda y Mario Vargas Llosa (sentados), con Roger Caillois y Ángel Rama (de pie a la derecha), en un encuentro literario en Viña de Mar (1969). / SARA FACIO









No era fácil hacer hablar a Juan Rulfo. Y también resultaba difícil arrancarle palabras a Juan Carlos Onetti. Se sabe también de la alergia que siente Gabriel García Márquez cuando se le acerca un periodista, aunque este sea de su propia especie. Pues Robert Saladrigas los hizo hablar, hasta por los codos. Fue a principios de los años setenta del siglo pasado, cuando acababa de fundarse el boom de la literatura latinoamericana y él, que ya era un narrador, hacía de reportero literario para la revista Destino. Muchos años después la editorial Alfabia le pidió a Robert Saladrigas que rescatara aquellas entrevistas. Y aquí están, editadas en libro, veintiuna de las conversaciones que publicó este barcelonés de 1940, premiado muchas veces por su obra literaria, en catalán y castellano, entre la que figuran las novelas La mar no está mai sola y Memorial de Claudi M. Bruch. Crítico literario de la literatura extranjera publicada en España, Saladrigas fue director del suplemento literario de La Vanguardia. En esta conversación cuenta cómo hizo hablar a aquellos grandes mudos. Además de Rulfo, Onetti y García Márquez, aparecen otros más locuaces, como Mario Vargas Llosa, Nivaria Tejera, Jorge Luis Borges, Jorge Amado, José Donoso, Pablo Neruda, Manuel Puig, Jorge Edwards o Severo Sarduy…
PREGUNTA. ¿Cómo consiguió que Rulfo hablara tanto?
RESPUESTA. Fue una entrevista absolutamente deliciosa. Hablamos durante una larga tarde, en una de sus etapas de desintoxicación alcohólica durante la cual solo bebía café y no paraba de fumar. Hubo un instante, mientras hablaba de la muerte en México, en el que yo no supe si lo que me contaba era algo real o se lo estaba inventando. Comparaba el concepto de la muerte en México con el que tienen en Estados Unidos. Él decía que en México se celebraba la muerte y que los yanquis, cuando veían pasar un entierro por la calle, se daban la vuelta, miraban un escaparate y no querían saber nada.
P. Usted se fija en las manos, en los gestos de sus entrevistados. Y al tiempo reproduce lo que le dijeron. ¿Grabó?
R. No, pero me fijé mucho. Conocía bien la obra, anotaba sus características físicas y con todo eso componía el retrato.
P. Pero también reproduce cómo hablaban, sus acentos respectivos…
R. Cuando a uno le gusta un autor es importante fijarse en su acento. Soy partidario de conocer la obra de un autor y después conocer sus documentos biográficos. En esas comunicaciones íntimas hay elementos que aclaran mucho más la obra literaria de cada uno de ellos… Fue una experiencia que me enseñó mucho en aquel momento de mi vida.
P. En todos esos escritores se encuentra una actitud política común, muy prorrevolucionaria… ¿Qué reflexión se hace sobre lo que significaba literariamente aquel momento político?
R. Fue el momento de su literatura… Para Europa fue la llegada de los latinoamericanos. Ellos tenían algo que nosotros aprendimos a valorar porque carecíamos de ella. Tenían la selva muy a mano y las historias que contaban a nosotros nos sonaban a mágicas. Para ellos eran reales.
P. Comala, por ejemplo, la geografía de Pedro Páramo…
R. Cuando Rulfo me cuenta el origen de Comala me dice que aquel era su pueblo, del que se marchó, y que cuando volvió estaba deshabitado y que de aquella calle surgieron fantasmas. Me sonaba a magia. Para él era pura realidad. Descubrimos que nosotros no podríamos hacer lo mismo en Europa por más que quisiéramos… Europa no tiene leyenda, aquí impera el racionalismo, nunca impera la leyenda. Y es que no tenemos selva, tenemos bosques, que es distinto.
P. Los junta un momento político, aunque hubiera actitudes distintas. Ahora sería difícil lograr un ramillete así…
R. Creo que había muchas divergencias. Imagínate, entre Onetti y Borges, entre Rulfo y Puig… Muchos de ellos tenían como punto en común el exilio, la idea de que entendían mucho mejor a su país desde lejos. Entonces, todo lo que llegaba de Latinoamérica nos impresionaba y seducía, nos fascinaba. Ahora lo que nos llega de América no nos interesa en absoluto…
P. Y eso es malo…
R. Hemos pasado de un extremo a otro y es muy duro… Había un interés por América y por la literatura iberoamericana. Iba unido; no podías disociar Paradiso, por ejemplo, de Cuba. Paradiso era Cuba. Y Cuba en aquel momento representaba la revolución… Lo que decían de la democracia era tremendo, lo que decía Rulfo, por ejemplo… No confiaban en la salida democrática de América, en absoluto, y además empezaban a estar un poco decepcionados de la revolución cubana, pese a que todavía eso no se decía en voz alta.
P. El propio Rulfo decía que aquello no iba a terminar como había empezado. “La Revolución cubana no es ya lo que fue ni lo que prometió ser. En cambio [decía, refiriéndose a la época de Allende, era 1971], Chile está viviendo ahora la experiencia más bonita de Latinoamérica”.
R. Exacto, y hablaba desde México, estaba muy cerca de nosotros… Pero gente como Vargas Llosa, por ejemplo, no decían eso mismo en voz alta. Lo hacía gente como Rulfo, un hombre ya muy mayor que lo veía desde otra perspectiva. Y lo que dice de Chile hay que verlo desde la perspectiva de entonces; desde ahora, claro, se entendería peor.
P. En su libro aparecen ya los rasgos dramáticos de Donoso, Sarduy y Puig, seres que reflejaban una angustia que no se compadecía con su espectáculo exterior.
R. Muy cierto. Fíjate que, además, en el caso de Donoso hoy es casi inconcebible el éxito de un libro como El obsceno pájaro de la noche. No lo leería nadie. Y en aquel momento nos fascinaba. Pero visto en perspectiva, en efecto, el aspecto de algunos de los que has mencionado resultaba patético, alegres y tan tristes.
P. ¿Cómo le fue con Pablo Neruda y con Jorge Luis Borges?
R. La entrevista a Neruda la hice en París, cuando él estaba ya enfermo y se abandonó. La de Borges fue en Madrid. Se sentía atacado y quiso explicarse. Le dije que me gustaban más sus relatos que su poesía; eso le hizo gracia, y se abrió… Le pregunté si escribía mucho. Me dijo: “De vez en cuando escribo una paginita”.
P. Aparece Sarduy, pero no está Cabrera Infante…
R. Sarduy no tenía nada de alegre, era trágico… Y con Cabrera Infante me crucé en un Premio Biblioteca Breve, en una comida bastante multitudinaria. Nunca más nos cruzamos y lamenté mucho no haber podido entrevistarle.
P. Hizo hablar a Onetti, que era tan búho…
R. ¡Búho y buhonero, ja ja! Era un personaje muy de Santa María. Con aquella mirada de ojos saltones, se quedaba en silencio, reflexionaba sobre una respuesta mientras te miraba. Y no sabías qué buscaba en ti. Un tipo apasionante. La expresión de su rostro era la de Buster Keaton.
P. El más joven de los que viven es Vargas Llosa. Tenía 34 años. ¿Cómo lo vio entonces?
R. Detecté en él un enorme talento literario. El gran intuitivo de la literatura latinoamericana es García Márquez, él tiene instinto para la prosa poética, pero Mario es el gran novelista, el gran narrador de esta generación de escritores latinoamericanos.
P. Solo hay dos mujeres en su lista…
R. La argentina Luisa Mercedes Levinson, la madre de la narradora Luisa Valenzuela. Levinson era un personaje impresionante, autora de unos relatos realmente muy buenos. Y Nivaria Tejera, cubana, que vive afortunadamente. Una vanguardista desubicada por la revolución y por la propia literatura. Muy buena desde el punto de vista experimental.
P. Superó usted la resistencia de varios tímidos. Como Gabo…
R. Eso es un mito. Fue muy fácil. Él vivía en un apartamento en Sarrià, escribía El otoño del patriarca con un tablero sobre dos caballetes, con su mono de mecánico. Fue una conversación infinita.
Voces del “boom”. Robert Saladrigas. Alfabia. Barcelona, 2012. 240 páginas. 18 euros.




sábado, 22 de mayo de 2010

Escritores escandinavos que conquistan el Mediterráneo

Hening Mankell
Poster de T.A.

Escritores escandinavos que conquistan el Mediterráneo

Narradores y poetas contemporáneos de Islandia, Suecia, Finlandia, Noruega y Dinamarca ocupan un lugar cada vez más destacado entre las apuestas de las editoriales y las preferencias de los lectores
Jesús Ferrero
22 de mayo de 2010

Per Wahlöö y Maj Sjöwall (Suecia, 1926-1975 y 1935)
La pareja Maj Sjöwall y Per Wahlöö revolucionó la novela nórdica entre los años sesenta y setenta con la serie Novela de un crimen, concebida como un proyecto político. Marxistas -dejaron el partido comunista en 1969-, planificaron minuciosamente cada una de las 10 novelas. Los principales objetivos de la pareja eran criticar el liberalismo capitalista y la socialdemocracia sueca que, denunciaron en sus historias, traicionó a la clase trabajadora. Para llevar adelante este empeño utilizaron la novela negra. El protagonista es Martin Beck, un antihéroe, primero inspector y luego comisario de la Brigada de Homicidios de Estocolmo. La serie es espléndida y plenamente vigente. Incluye títulos como El coche de bomberos que desapareció, El policía que ríe o El hombre del balcón.RBA y Columna, en catalán, las están publicando por orden cronológico. Rosa Mora
Kjell Askildsen (Noruega, 1929)
En esta Europa envejecida y cínica la obra de Askildsen actúa como un espejo roto. "Escribo sobre nuestra época, sobre el espíritu de esta época", explica en una entrevista este maestro indiscutible del relato corto, experto en pulir el texto -con papel de lija- para conservar en la página lo estrictamente esencial. Sus personajes fríos, mezquinos, víctimas crueles que no pretenden caerle bien ni al lector ni al autor ni a sí mismos, se regodean en su miseria existencial. Su rompedor debut literario, Desde ahora te acompañaré a casa (1953), ha sido publicado por Lengua de Trapo, que ha publicado sus principales títulos: Un vasto y desierto paisaje, Últimas notas de Thomas F. para la humanidad y el magnífico Los perros de Tesalónica, disponibles también en un solo volumen: Todo como antes (Debolsillo). Sergio Rodríguez Prieto
Tomas Tranströmer (Suecia, 1931)
Tranströmer es un poeta fundamental que tras un derrame cerebral dejó atrás para siempre las palabras. Se dice que su poesía está vinculada al surrealismo, pero no es cierto, a no ser que pensemos que Eliot y Pound fueron surrealistas. Lo único que hicieron Eliot y Pound fue introducir la ley de la discontinuidad en poesía, de forma que el poema aparecía siempre fraccionado y a ratos más resplandeciente por la pureza molecular de sus fragmentos. Es lo que ocurre en los poemas de Tranströmer, por otra parte admirables porque lo contienen todo: musicalidad exquisita y sabiamente temblorosa. Poemas suyos como 'Soledad', donde el poeta nos confiesa que estuvo a punto de morir, y 'Carrillón' son buena prueba de ello. Es autor de diez poemarios. (Nórdica ha publicado su antología El cielo a medio hacer). Jesús Ferrero
Gudbergur Bergsson (Islandia, 1932)
Nacido en la ínsula más remota de Europa si excluimos Groenlandia, Gudbergur Bergsson conoce muy bien la cultura española, y la conoce bien hasta el punto de poder traducir a Cervantes y a Borges. En 1967 su novela Tomas Jonson, metsölubúk, traducida al español por Tomas Jonson. Best seller (Alfaguara), fue una revelación gloriosa, en un país no demasiado acostumbrado a grandes revelaciones literarias. Los jóvenes islandeses de diferentes generaciones han sido devotos de esta novela enrevesada y audaz en la que se mezclan hiperrealismo y surrealismo en partes iguales, sin llegar nunca a lo que entendemos por realismo mágico, en parte porque todo parece presidido por un humor tan ácido y tan extraño como el humor islandés. Bergsson es un apasionado de la picaresca española, y parte de su humor tendría también ahí su matriz. J. F.
Per Olov Enquist (Suecia, 1934)
Per Olov Enquist ha ido construyendo su obra con inteligencia y sufrimiento, ahondando de forma admirable en el abismo humano, en sus mismos límites, con lirismo y agudeza. Y al hablar de los límites humanos ha de entenderse esa frontera en que la humanidad se ve obligada a convivir con la monstruosidad. Nacido en una región del norte de Suecia de la que suele hablar con melancolía y pavor, ha experimentado dramas personales de mucho calado. En sus obras ha frecuentado el mundo contemporáneo, como en su estremecedora novela El ángel caído (E. de la Torre), pero también la antigüedad clásica, como en su drama Para Fedra (Libros del Innombrable), o el siglo XVII, como en su novela La visita del médico de cámara (Destino). No sería aventurado decir que Enquist es uno de los mejores escritores europeos de nuestro tiempo. J. F.
Lars Gustafsson (Suecia, 1936)
Novelista, poeta y ensayista de formación filosófica que a pesar de la edad y la distancia (vive en Austin, Tejas, desde hace un cuarto de siglo) sigue siendo una figura central de la literatura sueca. Sus novelas se publican en España desde finales de los ochenta y ahora mismo el lector puede encontrar en las librerías Muerte de un apicultor (Nórdica) y una trilogía ambientada en Tejas compuesta por Windy habla, La historia del perro y El decano (Akal). Su obra -abundante, profunda y diversa- cobra auténtico relieve cuando es apreciada desde una perspectiva de conjunto; toda ella es fruto de un lento proceso de sedimentación durante el cual ha ido abordando cuestiones éticas, filosóficas e incluso teológicas que, en lugar de entorpecer la lectura de sus textos, le sirven para vertebrarlos y dotarlos de un equilibrio admirable entre fondo y forma. S. R. P.
Torgny Lindgren (Suecia, 1938)
Lindgren inició su trayectoria literaria como poeta, y sus primeros poemarios inciden en cierta mística del ser, de tonos claramente religiosos, como en Poemas de Vimmerby, donde accedemos a un mundo que evoca de alguna manera el de Sinfonía pastoral de Gide. Lindgren es un novelista notable, autor de obras como El camino de la serpiente sobre la roca (Bassarai), o Betsabé(Nórdica), donde narra, con una profundidad tan asentada como la de Thomas Mann en José y sus hermanos, pero más ágil y vivaz, el episodio bíblico en el que el rey David se desprende de su amigo Urías para acceder a Betsabé y desposarla. Se trata de un melodrama muy hábil y profundamente existencial, donde Lindgren conquista una cierta redondez en la que pone en funcionamiento todo lo que ha aprendido como poeta y narrador hasta ese momento. J. F.
Dag Solstad (Noruega, 1941)
Autor e intelectual de pasado maoísta, a finales de los ochenta dio un giro a su trayectoria para reflejar la crisis de la sociedad noruega como una crisis de la conciencia individual producida, en gran medida, por el fin de las utopías y el paso de una cultura de ciudadanos a un mercado de consumidores. A partir de entonces sus personajes (como el Bjørn Hansen de Novela once, obra dieciocho o el Elias Rukla de Pudor y dignidad, ambas en Lengua de Trapo) luchan consigo mismos, y lo hacen por medio de ejercicios de rebeldía pasiva que justifican misteriosamente los caprichos de su conducta. En este nuevo realismo de la conciencia el discurso fluye de forma sinuosa, con rodeos y reiteraciones a la Bernhard, una de sus principales influencias junto a Ibsen, cuya obra clásica El pato salvaje sirve de inspiración metaliteraria en las dos novelas mencionadas. S. R. P.
Arto Paasilinna (Finlandia, 1942)
Hace seis años Anagrama fichó al autor más popular de Finlandia después de que Ediciones de la Torre publicará su primer libro traducido al castellano: El año de la liebre. Desde entonces este novelista especialmente prolífico -su producción desde 1972 hasta la fecha es de una novela por año- se ha ido ganando progresivamente a los lectores españoles con su prosa sencilla y probadamente eficaz para acometer una sátira social feroz y divertida. Sus dotes cómicas le permiten abordar temáticas tan delicadas para los finlandeses como el suicidio (Delicioso suicidio en grupo), el extravío existencial de un pastor luterano (El mejor amigo del oso) o la estigmatización del diferente (El molinero aullador) a través de historias protagonizadas por espíritus libres y de comportamiento excéntrico que recurren a la fuga para encontrarse a sí mismos. S. R. P.
Henrik Nordbrandt (Dinamarca, 1945)
A principios de este año la colección Debolsillo publicó Nuestro amor es como Bizancio, una extensa antología de este poeta viajero que cambió el Báltico por el Mediterráneo para dejar en el camino una riquísima colección de instantáneas sobre su experiencia y percepción de los grandes temas universales: la distancia, el sueño, la pérdida, el olvido y, cómo no, el amor. La potencia sensorial de su lenguaje le permite trasladar al lector desde el detalle más nimio hasta dimensiones infinitas en poemas fugaces que adereza con una fina ironía para evitar caer en el sentimentalismo. No es casual que su larga carrera haya sido reconocida con galardones de tanto prestigio como el Premio Nórdico de la Academia Sueca (conocido como el pequeño Nobel) y el Premio del Consejo Nórdico. S. R. P.
Henning Mankell (Suecia, 1948)
Henning Mankell es el mejor discípulo de Sjöwall y Wahlöö. Pero hay grandes diferencias entre el comisario Martin Beck y el inspector Wallander. El primero pensaba que aún era posible un mundo mejor; Wallander sabe que es imposible. La primera novela que se publicó en España, La quinta mujer, fue una revelación. Luego Tusquets, en castellano y en catalán, las ha ido publicando todas en orden cronológico. Mankell se ha dedicado en la serie de Wallander -nueve novelas y un libro de relatos- a desmontar nuestras ideas preconcebidas de la Suecia del bienestar. Es implacable. Todas sus novelas atrapan, pero la última, El hombre inquieto, en la que Wallander nos dice adiós, es espléndida. Por sus páginas pasan las excelentes Asesinos sin rostro, Los perros de Riga, La leona blanca, El hombre sonriente... Le echaremos en falta. R. M.
Jostein Gaarder (Oslo, 1952)
Arrasó en 1991 con una novela pedagógica: El mundo de Sofía, que lo convirtió en una celebridad. Casi todas las narraciones de Jostein Gaarder tienden a ser pedagógicas, y ya antes de su éxito, en su novela El misterio del solitario, Gaarder quería ser pedagógico al narrarnos el viaje de un muchacho a Grecia lleno de reflexiones sobre el misterio de la vida. Las intenciones pedagógicas se perciben igualmente en El enigma del espejo, Los niños de Sukhavati y, por supuesto, El libro de las religiones, su última obra narrativo-pedagógica hasta el momento. Sin negar sus habilidades como fabulador y tejedor de tramas deslumbrantes, el problema reside en el vínculo tan tenaz que Gaarder ha establecido entre pedagogía y literatura, sobre todo si pensamos que ya desde el siglo XIX literatura y pedagogía conforman mundos bastante excluyentes. J. F.
Stieg Larsson (Suecia, 1954-2004)
La trilogía Millennium es una historia transversal de esas que gustan a todo tipo de lectores. Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de airetienen todos los elementos para hacerlas explosivas. Dos protagonistas fabulosos, Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander. Unas tramas tremendas en las que puede pasar cualquier cosa, desde el incesto a la tortura y algo tan sencillo y complejo a la vez como la lucha permanente entre el bien y el mal. Un retrato más: Suecia peor que mal. Pasan tantas cosas que el escritor no permite el sosiego al lector. La reflexión sobre la ética del periodismo o sobre las trampas financieras es oportuna y estimulante. Las publica Destino en castellano y Columna en catalán. R. M.
Peter Høeg (Dinamarca, 1957)
A Høeg se le suele relacionar con el realismo mágico, pero es un error, a no ser que consideremos que las ficciones de Borges son realismo mágico, y que sería también un error pues son más bien de una lógica devastadora, como algunas de las ficciones de Høeg. Su relato Retrato de un joven en equilibrio es muy revelador a ese respecto. Høeg consigue una ficción aterradora sobre el mundo de los espejos y sobre el fenómeno de la repetición, la repetición de gestos y de clichés, la repetición de afectos y de deseos, y donde el espejo es visto como una pantalla en la que el hombre proyecta sus añoranzas de equilibrio y de horror, de felicidad y de espanto. Su novela La señorita Smila y su especial percepción de la nieve es una admirable inmersión en la soledad, el tiempo y el deseo. Lo mismo se podría decir de Los fronterizos (ambas en Tusquets). J. F.
Arnaldur Indridason (Islandia, 1961)
Cuando en 2006 se publicó en España Las marismas, de Arnaldur Indridason, no se había producido aún la moda nórdica desatada por los libros de Stieg Larsson. Pero fue La mujer de verde (2008) la que le lanzó a la fama. Le siguió La voz(2010). El escritor se distingue por dos características. Primero, estas novelas narran historias que suceden en el pasado y estallan en el presente. En Las marismas, la exhumación del cadáver de una niña muerta hace 40 años provoca el regreso de viejos fantasmas. En La mujer de verde, el descubrimiento de un cadáver enterrado hace al menos 50 años sacará a la luz un hecho aterrador. En La voz, la tragedia de un niño prodigio que perdió la voz con la adolescencia. La segunda es un auténtico hallazgo: el viejo inspector Erlendur, un hombre honesto, solitario, que no juzga sino que escucha y trata de comprender. R. M.
Sjón (Islandia, 1962)
Bajo el seudónimo Sjón se esconde Sigurjón B. Sigurðsson, una figura central del panorama cultural de Reikiavik, agitador surrealista y polifacético que publicó su primer libro de poemas cuando tenía 15 años y desde entonces no ha parado: además de una decena de poemarios, siete novelas y tres libros infantiles, ha compuesto canciones y vídeos musicales para Björk, pasajes de banda sonora para Lars von Trier o el guión de una parodia de las películas de terror ambientada en un ballenero. Hace algo más de un año irrumpió en España con la novela El zorro ártico (Skugga-Baldur, Nórdica Libros), una historia excepcional inspirada en las sagas y merecedora del Premio del Consejo Nórdico de 2005. Su buena acogida por la crítica internacional explica que ya haya sido traducida a casi una veintena de idiomas. S. R. P.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de mayo de 2010

La voz de Juan Rulfo

Juan Rulfo

LA VOZ DE JUAN RULFO
BIOGRAFÍA 


Talpa

Selección de la obra “El llano en llamas”
I Parte
Voz del autor
18 de septiembre de 1953
Colección Letras Mexicanas



Talpa

Selección de la obra “El llano en llamas”
II Parte
Voz del autor
18 de septiembre de 1953
Colección Letras Mexicanas



Luvinia

Selección de la obra “El llano en llamas”
Voz del autor
18 de septiembre de 1953
Colección Letras Mexicanas



¡Díles que no me maten!

Selección de la obra “El llano en llamas”
Voz del autor
18 de septiembre de 1953
Colección Letras Mexicanas




viernes, 21 de mayo de 2010

Juan Rulfo / Biografía no autorizada




Juan Rulfo. Biografía no autorizada

Reina Roffé

Fórcola Ediciones. Madrid, 2012. 292 páginas, 22'50 euros

Por Luis Antonio DE VILLENA |El Cultural,15/06/2012




La argentina Reina Roffé publica su tercer libro sobre Juan Rulfo desde 1973, cuando aún vivía el biografiado. Sin duda esta biografía “no autorizada” es lo mejor que se podía hacer en este terreno sobre Rulfo, porque la autora no busca sólo erudición (que hay mucha) sino un tono literario o perspectiva literaria, que haga amena la lectura, que lo es, si uno tiene algún interés por ese narrador exiguo, mágico y mentiroso ( otros agregarían y depresivo) que se llamó Juan Rulfo (1917-1986).


Juan Rulfo (su nombre inicial fue Juan Pérez, Rulfo era un apellido que adoptó de su lado materno) nació en tierras de Jalisco (México) en plena Revolución. Pertenecía a una familia criolla que había tenido bienes, pero que esa Revolución y la contrarrevolución “cristera” asoló o depauperó. El padre de Rulfo murió asesinado y la madre optó por enviar al chico a un internado u orfanato, que como el escritor maduro dijo una vez, me sirvió “para aprender a deprimirme”. Parte del “misterio Rulfo” (llámemoslo así) tiene que ver con una infancia y primera mocedad desdichadas, que logran un muchacho muy amante de la lectura, pero introvertido, tímido y un tanto patológicamente silencioso. Rulfo nunca fue a la Universidad, resultó un claro autodidacta, que durante muchos años trabajó en lo que iba saliendo, como ser vendedor de llantas de automóviles... Todos dicen que nació en Apulco, pero él solía decir que en el cercano pueblo de San Gabriel y fue registrado en Sayula. A Juan le gustaba en todo liar un poco y su biografía juvenil se presta admirablemente para ello. Como fuere, de todos esos pueblos y de la lucha “cristera” en Jalisco, saldrá el clima de sus dos casi únicos libros que terminaron haciéndole famosísimo. Como alguien dijo (no recuerdo si mezclando también a Salinger) unos son famosos por lo que escriben y otros por lo que no escriben.

Tal es el caso de Rulfo que, pese a ello, siempre aceptó vivir como un escritor ( y al fin muy homenajeado), es decir, como alguien que si en ese momento no escribía, podría volver a hacerlo en cualquier instante. Hora que nunca llegó. Juan Rulfo -los amigos lo llamaban “Juanito” y decían que en la intimidad podía ser muy hablador- será siempre el autor de dos libros narrativos excelentes: el libro de cuentos (algunos se publicaron en revistas ya en los 40)El llano en llamas (1953) y la novela, medio mágica, Pedro Páramo de 1955. Claro está que en ese momento los libros tuvieron un éxito relativo que, a partir de los mediados años 60, se fue extendiendo e incrementando con nuevas ediciones y múltiples traducciones hasta devenir clásicos, lo que al tímido Rulfo debió halagar tanto como fastidiar, pues según decía su suma aspiración era la tranquilidad. Rulfo escribió algún fragmento más: Un pedazo de noche (1959), el fragmento de una novela futura, algún guión de cine como El gallo de oro (llevado al cine con otro título por Arturo Ripstein) y póstumamente la colección de cartas de noviazgo con su luego mujer, Clara, que era una muchachita cuando la conoció. (Dicen que, ya en los 70, el poco faldero Rulfo, tuvo alguna relación con otra mocita argentina que, al parecer, podría vivir ahora en Madrid.) Pero Rulfo, a quien Reina Roffé termina llamando “el hijo inconsolable del desaliento”, fue siempre el secreto de su bloqueo como escritor, lo excepcional de sus dos libros (pioneros del “boom”), su afición temprana a la fotografía -otra de sus habilidades que se conoció tarde- su afán por inventar y tergiversar (alguien le pidió escribir lo que hablaba entre amigos, se negó.) y su relación cordial, a ráfagas, con amigos tempranos como Juan José Arreola -algo competidor desde lo distinto- o el académico Antonio Alatorre, y su falta de simpatía (mutua) con Octavio Paz, seres caracteriológicamente en las antípodas...

Reservado, huidizo, alcohólico muchos años hasta curarse de la adicción, que quedó en cigarrillos y coca-cola, el personaje más parecido a Rulfo (nada amante de fastos ni de trepadores) en la novela latinoamericana, es el uruguayo Juan Carlos Onetti. Se profesaron simpatía aunque coincidieron poco. Rulfo murió de cáncer en su casa del D.F. a pricipios de enero de 1986. Había renacido un mito. Pero hay muchas más cosas y Reina Roffé las narra muy bien. 



Toda la vida con Pedro Páramo

“Toda la vida anduve con Pedro Páramo”, decía el gran Rulfo cuando se le preguntaba cuánto tiempo había tardado en escribirla. Fueron, efectivamente, décadas, porque el escritor fue puliendo y esencializando el relato hasta casi el paroxismo. Se publicó en 1955, se editaron 2.000 ejemplares, mil de los cuales los compró el escritor para regalar a los amigos. Varios años tardaron los otros mil en agotarse. No le importaba. “Una vez escrita, la obra para mí es como si estuviera muerta”, decía.



http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/31204/Juan_Rulfo_Biografia_no_autorizada
BIOGRAFÍA DE JUAN RULFO