Mostrando entradas con la etiqueta Concepción Company. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Concepción Company. Mostrar todas las entradas

sábado, 17 de julio de 2021

Entrevista a Concepción Company Company / “El lenguaje incluyente es una cortina de humo”

Concepción Company


Entrevista a Concepción Company Company. “El lenguaje incluyente es una cortina de humo”

Karla Sánchez

1 de marzo de 2021


“Bienvenidas, bienvenidos, bienvenides” es una frase que cada vez más personas han escuchado, ya sea con seriedad o en tono de sorna. En los últimos años el lenguaje incluyente ha estado en el ojo del huracán por promover cambios en las maneras en que nos expresamos y referimos a los demás. Para los colectivos feministas y lgbtttiq representa una herramienta para visibilizar a las mujeres y las minorías que quedan opacadas por el genérico masculino, mientras que para sus detractores no es más que un uso poco práctico del lenguaje que de fondo no ayuda a resolver las desigualdades. Entre quienes piensan de esta manera se encuentra la filóloga Concepción Company Company, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y del Colegio Nacional, quien por cuatro décadas se ha dedicado al estudio de los cambios lingüísticos en el español. Si bien se considera afín al movimiento feminista, para ella la pelea no debe ser con la lengua, sino con los hablantes que la usan para discriminar.

La lengua está viva y en constante transformación. ¿Cuál es la relación entre los cambios sociales y los cambios gramaticales? ¿Cómo se dan? ¿Hay algún ejemplo de esto en el español?

Lo primero que tenemos que tener en mente es que la lengua es arbitraria y que somos seres de sintaxis libre. Lo que nos distingue de los primates superiores como los bonobos, los chimpancés o los gorilas es un gen, pero lo que nos hace únicos en el planeta son dos hechos: somos seres capaces de hacer extensiones metafóricas y somos seres sintagmáticos. Esa sintaxis libre a la que me refiero es la capacidad de unir palabras siempre con unos mismos patrones para construir sentido. Todas las lenguas del mundo son arbitrarias, y la prueba de la arbitrariedad es que a lo que yo llamo aretes, en España le llaman pendientes, en Argentina le llaman aros, en Uruguay le llaman caravanas. Pero es tan arbitrario que mañana puedo usar otro par e igual les seguiremos llamando aretes.

La arbitrariedad da libertad. Podemos imaginar, podemos hacer hipótesis, podemos formular ciencia, podemos crear mundos literarios gracias a ella; si no fuera así, solo podríamos hablar de lo que tenemos presente como ocurre con ciertas especies que solo pueden comunicar el peligro cuando este está cerca, no lo pueden imaginar. Finalmente, dada esa arbitrariedad, los cambios sociales relevantes van a poder incidir o no en la cultura, en la comunidad, en la lengua. La lengua es un aspecto transversal a la vida cotidiana de cualquier ser humano.

Todos los cambios sociales son previos a los cambios lingüísticos, siempre. Yo no he encontrado una relación inversa. Aunque no siempre los cambios sociales se reflejan en la lengua, porque es arbitrario el sistema y si estamos cómodos durante generaciones hablando como hablamos es poco probable que suceda un cambio lingüístico. Hace dos mil doscientos años, cuando un soldado romano puso un pie en lo que ahora conocemos como la península ibérica, empezó a gestarse una protolengua que después devino en la lengua española. Lo más sorprendente de estos más de dos mil años es ver lo poco que cambia la lengua. Esto quiere decir que somos seres muy económicos que queremos usar esta herramienta mágica, simbólica, arbitraria, transversal de la misma manera cada vez, cada mañana. Pero un cambio social sí puede impactar de manera notable en la lengua.

En la segunda mitad del siglo XIII, durante el reinado de Alfonso X, en gran parte de la obra encargada por él y escrita por sus amanuenses y escribanos, lo que se ve es que no hay un yo individuado, sino que se habla de manera colectiva y abstracta: los judíos, los cristianos, los moros, las aves, los sabios. Hay un mundo textual construido con genéricos, así sean textos administrativos, de astronomía, ciencia, historiografía, literatura. La literatura es anónima, no hay interés por saber quiénes escribieron esas páginas ni hay competencia. Pero setenta u ochenta años después, en la literatura de mediados del siglo xiv, uno se sorprende de que ya hay un individualismo y una afirmación del yo. ¿A cuento de qué se dio este cambio tan radical? Empezaron a asentarse los burgueses en los pueblos. Estos demandaban reconocimiento del yo y compraban y financiaban cultura. Gracias a esto empiezan a aparecer, mucho antes del Renacimiento, en la literatura, en el derecho, en los textos científicos y administrativos individuos muy bien identificados, y empezamos a saber quiénes escribieron las obras. Esta aparición y afirmación del yo es uno de los cambios más impresionantes de la sintaxis y tiene que ver con un cambio social.

Uno de los principales argumentos a favor del lenguaje incluyente es que es un reflejo de los cambios en la sociedad y permite dar visibilidad a las mujeres. Pero usted ha opinado en varias ocasiones que su uso es peligroso, ¿por qué?

Mi relación con el lenguaje incluyente ha evolucionado en parte porque he platicado con algunas minorías y porque lo he reflexionado. Sigo considerando que es peligroso porque me he dado cuenta de que es una cortina de humo. El argumento central de varias feministas es “queremos ser visibilizadas en la lengua”. Se mantiene la cosmovisión que está presente en varias culturas, hasta en la Biblia y en el Popol Vuh: si no se nombra no existe. Pero esto no es así.

En varias ocasiones he pedido sacar el tema de la agenda feminista y enfocarnos en lograr otros avances porque creo que es una cortina de humo que deja tranquilos a los machines y los hace sentir incluyentes mientras la desigualdad sigue aumentando. Como la lengua española y algunas otras lenguas tienen código suficiente para desdoblar, ellos, sin moverse ni un centímetro de su silla patriarcal, desdoblan y se sienten muy satisfechos creyendo que son más incluyentes por decir “amigas y amigos”. Mi postura es que deberíamos poner las energías en la verdadera lucha, porque lleva tanta pelea esto del lenguaje incluyente, molesta tanto, incomoda tanto y obliga a posicionarse, a estar a la moda, que hace que nos olvidemos de los verdaderos problemas: el peor acceso a la salud, la mayor deserción escolar, la violencia de género, la desigualdad salarial.

No quiero que desaparezca la lucha feminista, me parece que es el movimiento más importante del siglo XXI, lo que sí quiero que desaparezca es el machismo y la violencia de género. No quiero que me incluyan en un foro o un grupo solo por mis atributos femeninos, pero tampoco quiero que me excluyan por el simple hecho de ser mujer.

El asunto del lenguaje incluyente es muy complejo, pero hay un punto que creo que no está mal y es el uso de la -neutra para asignarle un valor genérico. Me parece interesante cómo las minorías sexuales no binarias se han apropiado de esto para adscribirse y visibilizarse. Estas minorías no binarias tienen derecho a sentirse representadas en un código morfológico adecuado; la lengua otorga la libertad para hacerlo.

¿Cómo hacer la distinción entre los cambios artificiales o impuestos, como el caso del lenguaje incluyente, y aquellos que se dan naturalmente entre la sociedad?

Lo cierto es que no se pueden distinguir. Solo se sabe si hay cambio o no a posteriori viendo los fenómenos, la literatura, la oralidad y ahora en los medios de comunicación. Los procesos artificiales, como esta imposición del lenguaje incluyente, no van a permanecer si no hay una comunidad densa de hispanohablantes que todos los días, a todas horas, no solamente ante la palestra activista, sino en todas sus tareas cotidianas lo utilicen y ese uso se perpetúe por tres o cuatro generaciones más.

Ha habido intentos de hacer cambios por decreto y el resultado es que nadie les ha hecho caso. Por poner un ejemplo, en la primera Ortografía publicada en 1741 se recomienda eliminar todos los grupos consonánticos cultos, es decir, la ptpsbsct. Nadie les hizo caso porque seguimos escribiendo aptopsicólogoactitud. Salvo en el Río de la Plata, los hispanohablantes nos referimos al noveno mes del año como septiembre, no setiembre.

Volviendo al caso de la -e no binaria, tendríamos que estar los más de cuatrocientos millones de hispanohablantes americanos usándola todo el tiempo para que se fije su uso, pero esto va en contra de la economía, de la fluidez y de la fuerza expresiva.

Sin embargo, quizás estemos ante un caso de diglosia, es decir, de la gestación de dos códigos. En las zonas que son culturalmente relevantes para las sociedades hay códigos para situaciones formales, que se conocen como registros esmerados, y otro código para la vida cotidiana. No solo en morfología y léxico, sino también en cómo se deben pronunciar las palabras. Las lenguas semíticas son un caso ejemplar de diglosia y no han logrado que el registro esmerado pase al popular o viceversa, no están en conflicto sino que un código funciona para unas cosas y otro para otras.

Podemos hacer uso del lenguaje incluyente cuando sintamos que es adecuado en un espacio o nos sintamos presionados porque también entra un fenómeno de valoración y hay hablantes que no quieren ser valorados como retrógrados, sino como modernos e incluyentes. Es posible que en el español estemos ante la gestación de una diglosia que desdoble y se esmere en buscar códigos de representación femenina o de minorías que se emplee en situaciones de activismo, cultura o política, pero en la vida cotidiana no se ocupe porque no es práctico.

La prueba de que esta probable diglosia no trascienda es que no está impactando en la gramática. Por ejemplo, nadie dice “difuntos y difuntas”, “ladrones y ladronas”. Está bloqueado el aspecto negativo. Entonces, cuando el lenguaje incluyente llegue a todas las posibilidades léxico-morfológicas y se utilice por igual para lo negativo, lo neutro y lo positivo, entonces va a dejar de ser diglosia, va a empezar a ser gramática. Ahorita estamos en el uso esmerado, en solo lo positivo: “queridos, queridas”, “estimados, estimadas”. Habrá que esperar a las generaciones futuras para ver si esta diglosia prospera.

Varias instancias gubernamentales y universidades recomiendan en sus manuales de comunicación usar el lenguaje incluyente. ¿Cuáles son los efectos de emplear este lenguaje en estos espacios tan restringidos?

Efectos para la lengua y para el mundo hispanohablante ninguno. Pero estas instituciones se sienten presionadas y escriben sus documentos usando la x o la @, que en lo personal me parecen una atrocidad impronunciable. Y no porque la x sea incluyente o no, sino porque creo firmemente que la lengua oral tiene prioridad. Todos los seres humanos nacemos con la capacidad de hablar sin pasar por la escuela y hay solo cien lenguas en el mundo que han desarrollado escritura, por lo que usar este tipo de grafías impronunciables me parece elitista porque opaca la oralidad.

De nada sirven los manuales porque, como decía anteriormente, se pueden hacer decretos o recomendaciones, pero es necesario que los más de cuatrocientos millones de hispanohablantes nos pongamos de acuerdo para usar este lenguaje desdoblado todo el tiempo. Si no se hace diario no tiene efecto. Al final, los dueños de la lengua somos los hablantes. Y quienes generamos los cambios somos siempre los de la banqueta, es decir, los hablantes del diario y luego ya llegan a los escritores y las instituciones.

Si el problema no es la gramática, ¿cómo educar a la población para que la lengua deje de ser una herramienta para la discriminación, la violencia y la segregación?

Una cosa es la gramática y otra es cómo construimos discurso. Somos seres sintagmáticos y como tales juntamos palabras unas con otras para generar cadenas de comunicación. Lo que hay que hacer primero es educar en la igualdad y enseñar a cómo construir discursos respetuosos para no perpetuar patrones de comportamiento. Hace unos años en la prensa leí: “Juan fue reconocido con el Premio Cervantes” y “El Premio Cervantes le fue otorgado a Juana.” Juan es el elemento inicial de la oración, tiene por ello mayor importancia conceptual, mientras que el premio está como oblicuo, en la cola. Cuando la galardonada es mujer, esta va al final de la oración, lo importante es el premio no quien lo recibe. Es discriminación absoluta.

Me parece que este es un problema muy complejo, y que una cosa es la gramática que es absolutamente aséptica y por ser arbitraria es un molde de creatividad y de libertades, y otra cosa es el discurso que se construye con esa gramática; el discurso sí está sedimentado y construido socialmente. Y este puede ser muy discriminador. Vemos en los anuncios de los programas gubernamentales puras voces masculinas: “gracias al apoyo del gobierno tal, ahora mantengo a mi familia”. Este tipo de discursos refuerza una cantidad impresionante de estereotipos. Estos problemas son mucho más importantes que el “queridos y queridas”, entonces para qué nos estamos quedando en la superficie si el problema de fondo es la verdadera discriminación.

LETRAS LIBRES





El Colegio Nacional / Concepción Company

 

Concepción Company

Concepción Company Company

Ciencias Sociales y Humanidades
Lingüista

Lingüista. Especialista en sintaxis histórica, filología y teoría del cambio gramatical. Codirige la revista Medievalia; entre sus libros destacan Documentos lingüísticos de la Nueva España. Altiplano central y El siglo XVIII y la identidad lingüística de México. Es directora y coautora de Sintaxis histórica de la lengua española. Premio Nacional de Lingüística Wigberto Jiménez Moreno 1995, Premio Universidad Nacional 2012. Investigadora emérita de la UNAM, miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua. Ingresó a El Colegio Nacional el 23 de febrero de 2017.


Concepción Company Company nació en Madrid, España, el 8 de diciembre de 1954. Estudió la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas, así como la maestría y el doctorado en Letras (Lingüística Hispánica) en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Es mexicana por naturalización desde 1978. Es autora de ocho libros y editora de veintisiete, además de haber escrito más de cien artículos especializados y ponencias múltiples en congresos. Entre sus obras destacan La frase sustantiva en el español medieval. Cuatro cambios sintácticos (1991); Documentos lingüísticos de la Nueva España (1994); Léxico histórico del español de México, en coautoría con Chantal Melis (2002), y los siete tomos de la Sintaxis histórica de la lengua española: La frase verbal (2006), La frase nominal, (2009) y Adverbios, preposiciones y conjunciones. Relaciones Interoracionales (2014). Desde 1990 codirige la revista Medievalia y es responsable de su colección «Publicaciones de Medievalia». Sus áreas de trabajo son la sintaxis histórica, la filología y la teoría del cambio gramatical.

Es investigadora del Instituto de Investigaciones Filológicas y profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel III, así como de los consejos editoriales del Journal of Historical Linguistics, Revista de Filología Española, Nueva Revista de Filología Hispánica, Revista de Historia de la Lengua Española, Transactions of the Philological Society, Boletín de Filología, entre otras. Forma parte de la Junta de Gobierno de El Colegio de México desde 2010.

En 1992 recibió el Premio Universidad Nacional para Jóvenes Académicos; en 1995 el Premio Nacional de Lingüística Wigberto Jiménez Moreno; en 2012 le fue otorgado el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades; en 2015 fue nombrada vicepresidenta de la Asociación Internacional de Historia de la Lengua Española y, en 2016, Investigadora Emérita de la UNAM. Preside desde el 2007 la Comisión de Lexicografía de la Academia Mexicana de la Lengua, de la que es miembro de número desde el 10 de noviembre de 2005. Como presidenta de dicha Comisión fue directora del proyecto y dirigió la edición del Diccionario de mexicanismos, publicado en noviembre de 2010, cuya segunda edición revisada está prevista para 2017. Recibió el Premio Nacional de Artes y Literatura 2019 en la categoría de Lingüística y Literatura.

Concepción Company Company ingresó a El Colegio Nacional el 23 de febrero de 2017. Su discurso de ingreso, Los opuestos se tocan. Indiferencias y afectos sintácticos en la historia del español, fue contestado por Miguel León-Portilla.

EL COLEGIO NACIONAL





Concepción Company / “La gramática no tiene sexo, no es ni incluyente ni excluyente”

Concepción Company



“La gramática no tiene sexo, no es ni incluyente ni excluyente”: Concepción Company

«La gramática no refleja necesariamente el mundo. El mundo está dividido en dos: hombres y mujeres; la gramática no lo está, es un hecho arbitrario de sedimentación secular y herencias milenarias», expresó a ZETA la reconocida lingüista




Enrique Mendoza Hernández
25 de marzo de 2019

Desdoblar en masculino y femenino algunas palabras, utilizar todxstod@s o todes, así como separar entre lenguaje sexista y lenguaje inclusivo, ha sido una moda promovida desde instituciones gubernamentales o asociaciones civiles, a veces practicada por algunos sectores de la población hispanohablante.
Investigadora Emérita del Instituto de Investigaciones Filológicas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Miembro de Número de la Academia Mexicana de la Lengua y de El Colegio Nacional, la lingüista Concepción Company Company compartió con ZETA un análisis sobre este importante tema que ocasiona reflexiones y debates.
Para empezar, reconoció:
«Hay en los últimos 10 años, fundamentalmente, propuestas desde organismos oficiales, como la Secretaría de Gobernación, Sindicato de Trabajadores de la Educación, organismos gubernamentales, en el sentido de que hay que hacer una lengua desdoblada, en masculino y femenino -en aquellas zonas donde se puede desdoblar en masculino y femenino-, para darle respeto e igualdad a las mujeres.
«Mi planteamiento es que el respeto y la igualdad a las mujeres no se va a lograr si decimos presidente o presidentajuez o jueza, sino que se va lograr cuando la mujer gane igual que un hombre y tenga las mismas posibilidades de acceso educativo, laboral, en salud, etc. que tienen los hombres, da igual cómo se le llame, presidente o presidenta. Todos estos organismos gubernamentales tienen manuales del buen hablar y buen escribir, del hablar respetuoso desdoblado, y entonces me dicen: “Igualdad es que te llamen arquitecta”; ¡no!, igualdad es que me paguen igual si soy igual de buena, que yo tenga las mismas oportunidades de acceder a ese puesto que un arquitecto, o me paguen mejor si soy mejor.
«Yo reconozco, como mujer, que hay un gran problema de desigualdad entre hombres y mujeres, un problema social, sin duda, por supuesto que lo hay; no somos minoría biológica, pero sí se nos trata, como minoría; las mujeres, apenas en los últimos 10 años, 20 años, estamos teniendo acceso a puestos directivos, a lugares que hasta ahora han sido privilegio de los hombres, eso lo reconoce cualquiera que tenga ojos, pueda leer un periódico o redes o pueda oír radio y televisión, eso es una realidad», advirtió Company Company.

ENTRE EL “LENGUAJE INCLUSIVO” Y EL “LENGUAJE SEXISTA”
Doctora en Letras, con especialidad en Lingüística Hispánica por la UNAM, primero se le preguntó a Concepción Company:
— ¿Qué opina respecto a que desde instituciones gubernamentales se promueve el llamado “lenguaje inclusivo”?
«Pues a mí me parece que están gastando energías inútilmente, es una ridiculez. Yo soy la primera que quiero igualdad y he peleado y trabajado por ella como mujer, pero forzar la lengua y decir: los y las mexicanasniños y niñasqueridos todos y queridas todas, -por cierto, ¿por qué tienen que ir los hombres por delante?-, me parece que es absolutamente antieconómico. Si usted dice: “El hombre es un ser racional”, no tengo ningún problema, yo no me siento excluida de ese enunciado genérico.
«El meollo de esto es que tenemos que entender que la gramática es una serie de convenciones seculares, incluso milenarias, sedimentadas en forma de reglas, de hábitos y de rutinas, de muy lenta transformación, y debemos entender, cosa sabida, que el masculino no refleja sexo, refleja una convención indiferente al género. Si yo pregunto “¿cuántos hijos tiene?”, supongo que piensa en hijos e hijas, en todos; pero si yo le pregunto “¿cuántas hijas tiene?”, quedan excluidos; ésa es la prueba de que el masculino es indiferente. Mire, llevo tiempo diciéndolo, la manera gramatical de empoderarse las mujeres y de excluir a los hombres, si así lo desean, es decir todo en femenino: estimadas todas, así haya hombres presentes, estos automáticamente se hacen invisibles, quedan fuera. Entones, no sé por qué tenemos que desdoblar si el femenino es la herramienta poderosa para excluir.
«Los dueños de la lengua somos los hablantes, podemos hacer cosas como escribir lxs, l@s; usted puede hacer lo que quiera porque el dueño de la lengua es usted, ella, yo, todos somos dueños de la lengua, pero la lengua funciona en tanto que es una convención social y que todos estamos de acuerdo en que sirve y significa algo. Las iniciativas grupales no tienen éxito gramatical.
«Usted pone una @, un signo medieval, porque ahora es la moda, hace veinte años no hubiera puesto una @. La x, la @, la e son una convención que está en el ambiente político, en el ambiente social hace tres o cinco años, pero es una convención, es un acuerdo de una pequeña comunidad. Escribir con x o con @ va en contra de la pauta de la lengua española, porque la lengua española no tiene ninguna sílaba con tres consonantes. Entonces, decir todxs es impronunciable, no pertenece al patrón fónico del español».
 Pero quienes argumentan sobre el “lenguaje sexista”, aducen al sistema patriarcal…
«Nadie niega que en sus orígenes, las zonas que se marcan en masculino y femenino, hayan podido reflejar un sistema patriarcal, en las sociedades protoindoeuropeas, e incluso en la sociedad romana, hace unos 2,300 o 2000 años, claro que eran sistemas patriarcales, y a la fecha son sistemas patriarcales; pero las comunidades de lenguas que no tienen género, como el turco, como el árabe o como las lenguas amerindias en su mayoría, son sistemas patriarcales, entonces, poner toda la energía en desdoblar en estimados todos, estimadas todas es una energía inútil, porque la lengua es, vuelvo a decirle, un repositorio de hábitos, de tradiciones, de rutinas y nunca cambia por un decreto. Ni la Cámara de Diputados ni un grupo de feministas van a cambiar la lengua, son los usuarios de todos los días, los hablantes de la banqueta los que cambiamos verdaderamente la lengua; es una lentísima transmisión de pequeñas innovaciones de padres a hijos, de abuelos a nietos, esos somos los protagonistas.
«La gramática es como si fuera un teflón a la que se le resbala todo, sólo le hacen mella aquellas innovaciones que sirven para algo en el funcionamiento de la gramática. Si queremos meterle correspondencia a la lengua española con el mundo real pues tendríamos que meterle correspondencias genéricas a unas minorías que son reales como las famosas minorías T: travestis, transgéneros, transexuales, que son ámbitos distintos de preferencias sexuales; o sea, es un asunto muy complejo y la gramática no da cuenta de todas esas complejidades del mundo.
«Yo lo que creo es que es una superficialidad decir que esto tiene que ver con cómo está estructurado el español, me permito decirlo: es una superficialidad y un desconocimiento profundísimo de la historia de la lengua decir que esto se debe a un sistema patriarcal; hay un montón de sociedades patriarcales cuyas lenguas no han marcado jamás un género».
— ¿Por qué es incorrecta la separación de “lenguaje sexista” y “lenguaje inclusivo” que se hace desde algunas instituciones o asociaciones civiles con el argumento de que es “para visibilizar a todos los grupos sociales”?
«Yo creo que es muy válida la batalla de visibilización femenina, es muy válida, yo la apoyo, por supuesto. Yo les pregunto después a las feministas, sean cuales sean sus preferencias sexuales: ¿qué se hace con las minorías que son homosexuales o que son transexuales?; eso no sé ni cómo se va a marcar en la gramática y tienen el mismo derecho de ser representadas esas minorías lingüísticamente, eso es lo primero. Lo segundo, si esa batalla fuera correcta socialmente no significa que la lengua la vaya a asumir. Usted puede ponerse con una pancarta durante 50 años diciendo todes o todxs para ser incluyente, pero está por verse que la gramática lo vaya a sedimentar y a incorporar.
«Yo lo que creo es que es absolutamente arbitrario y convencional, además de elitista, decir tod@s o todxs, con x es impronunciable, ya que se elimina de la posibilidad de igualdad a todas las sociedades que han vivido por milenios sin escritura; el 90 por ciento de las lenguas del mundo nunca ha desarrollado escritura, supongo que tienen derecho igual que las que sí tienen escritura, a ser iguales entre hombres y mujeres. Escribir con @ es un elitismo, si usted no tiene un teclado o no sabe escribir, no pasó por la escuela y sabe que ese signo medieval, @, le puede servir como aparente inclusión, pues me parece que es elitista porque excluye a la oralidad. El de la x excluye igualmente a la oralidad. En suma, ¿acaso las mujeres que son hablantes de lenguas que han existido por milenios en la oralidad, lenguas carentes de escritura, no tienen derecho a la igualdad social?
«Me parece a mí que son unas batallas con mucha energía para cero resultados, habrá que esperarse ciento y pico años, unas cuatro generaciones para ver si algo se logró. ¿Qué significa “se logró”?, que 500 millones de hispanohablantes o 125 millones de mexicanos estén de acuerdo en desdoblar en cualquier acto de habla, cuando la zona gramatical permite el desdoblamiento, y ese acuerdo no se va a producir en unos años y no sabemos si se producirá alguna vez».

ALGUNOS INTENTOS REGULATORIOS EN LA HISTORIA DE LA LENGUA
Autora de los libros El siglo XVIII y la identidad lingüística de México (Academia Mexicana de la Lengua y Universidad Nacional Autónoma de México, 2007) y Los opuestos se tocan. Indiferencias y afectos sintácticos en la historia del español (El Colegio Nacional, 2017), entre otros, la doctora Concepción Company Company compartió con ZETA algunos ejemplos de cómo a lo largo de la historia del español ha habido diversos intentos regulatorios y algunas modas en el uso del idioma:
«En los dos mil años de la historia de la lengua española ha habido intentos regulatorios y nadie les ha hecho caso; los intentos regulatorios suelen venir desde instancias de poder, como la Corona; en el período de los Reyes Católicos o con los borbones en el siglo XVIII, con la creación de las academias hubo muchos decretos de buen uso de la lengua, pero con pocos o nulos resultados en el empleo del español día a día. Por ejemplo, en el siglo XVIII les dio -era una moda, se veía bonito- por poner dobles consonantes, grupos cultos, se llaman: escribían proppositto, con doble pp y doble tt; les encantaba, era algo así como complejizar, como hacer más culta la lengua; y entonces llegó la Real Academia Española en 1743, en su primera Ortografía, y emite la recomendación de “simplifíquense los grupos cultos”, como dobles tt, doble bb, dobles ff, dobles ss, o ph, les encantaba, prophecía con ph en lugar de con f. ¿Sabe quién les hizo caso?, nadie.
«Escribían con doblamiento consonántico hasta bien entrado el siglo XIX y no fue por un decreto de la Real Academia de la Lengua, fue porque entra una prisa comunicativa, se generalizan los periódicos en el sentido de diario, más entra un hecho fundamental que es la revolución industrial a mediados del siglo XIX y se incorporan grandes masas al trabajo, hombres y mujeres, de hecho el inicio del feminismo está en la revolución industrial porque necesitan mano de obra y tienen que entrar las mujeres a las fábricas.
«Por la prisa y la necesidad de rapidez se olvidaron de que era bonito escribir con doble tt, doble pp, doble ff y doble ss, entonces cuál fue el efecto, no tiene que ver con un decreto, tiene que ver con cómo funciona la sociedad. A la fecha, hay variación interesante en grupos consonánticos en el español; por ejemplo, en Argentina o Uruguay se escribe y dice transcripto, con pt, pero setiembre, sin p; en México o en España, es justamente al revés, transcrito y septiembre, esta variación, como cualquier otra de la lengua, sólo prueba que es convencional, y prueba que no se les hace caso a los decretos emitidos desde instancias de poder.
«Este desdoblamiento de masculino y femenino es, además, una zona muy pequeña del español, es un cuatro o cinco por ciento de la lengua española que se puede desdoblar, no es nada moderna, todos creemos que es un descubrimiento darle visibilidad a las mujeres, pero en textos del siglo XVI usted se encuentra “se presentó la declaranta”, “se presentó la testiga”, y le puedo garantizar que no es un intento de visibilización o de inclusión.
«En la Audiencia de México, en el centro del virreinato de la Nueva España, usted no encuentra ninguna declaranta ni ninguna testiga, porque hay una normatividad mucho más culta; en cambio encuentra, por ejemplo, en documentos de Oaxaca y Chiapas “fue llamada a dar su testimonio María Pérez, se apareció la testiga ante el juez o ante el Santo Tribunal en tal ciudad de Chiapas”; en zonas marginales de la Audiencia están las testigas y las declarantas mucho más presentes. Este desdoblamiento se retrae porque en el siglo XVIII hay una corriente muy culta, desde centros educativos fuertes, como la Ciudad de México, la audiencia de la Nueva Galicia, Guadalajara hoy, también una zona fuerte, se retraen esos desdoblamientos y fueron sacados de nuevo hace unos años como algo innovador. ¿Qué es lo que hace un desdoblamiento?, bueno le da visibilidad a la mujer, pero yo no quiero visibilidad, yo quiero verdadera igualdad, que son cosas distintas».

“LA GRAMÁTICA NO TIENE SEXO”
Para concluir la entrevista con ZETA, la reconocida lingüista argumentó por qué la gramática no es incluyente ni excluyente:
«La gramática no tiene sexo, no es ni incluyente ni excluyente, es una herramienta que atraviesa nuestra vida y que usamos diariamente para funcionar en la vida. La gramática es una serie de convenciones, es arbitraria. Por ejemplo, la palabra arte en singular es el arte, en plural son las artes, eso es una muestra de arbitrariedad, así ha sido por siglos. Es decir, la gramática no refleja necesariamente el mundo. El mundo está dividido en dos: hombres y mujeres; la gramática no lo está, es un hecho arbitrario de sedimentación secular y herencias milenarias».
— ¿Por qué “la lengua no tiene sexo, no es ni incluyente ni excluyente”?
«Ninguna lengua tiene sexo, algunas tienen género. El género es una adscripción arbitraria, convencional, sedimentada por siglos, de que una comunidad de hablantes marca como masculino algunos aspectos, marca como una terminación de femenino a otros y marca neutro o como invariable otros.
«En el caso del español, en una parte mínima de la lengua, el género coincide con el sexo de los individuos; es una zona que refiere a seres animados, por ejemplo, niño-niña, gato-gata, perro-perra, pero no hay una relación entre sexo y género; hay muchas zonas de masculino y femenino, desdobladas en género a través del artículo o a través de terminaciones, el cólera-la cólera, que remiten a significados muy distintos de hombre-mujer. Los adjetivos, por supuesto, tienen la posibilidad de alternar entre masculino y femenino, como blanco-blancanegro-negra, pero también hay algunos invariables como azul, café; por lo tanto, sigue aflorando la arbitrariedad y el carácter convencional.
«La mayoría de lenguas del mundo no marca género; por ejemplo, una propiedad característica de la gran mayoría de lenguas amerindias es que ninguna tiene género; tampoco el finlandés tiene género, ni el turco ni el árabe. Por ejemplo, el finlandés no tiene género; todo mundo dice: “claro, es que Finlandia es primer mundo, por eso ha eliminado históricamente las distinciones de género”. Tampoco tiene género el turco, ¿usted cree que la sociedad en Turquía es igualitaria?
«Tampoco tiene género la mayoría de lenguas amerindias y ¿usted cree que la mixteca es igualitaria por carecer de género?, no; la convención matrimonial es que compran a la mujer, normalmente, o sea, la piden a cambio, y si a la mujer le va muy bien valdrá unas 20 cajas de cerveza y una cabra o un cordero; y no solo eso, sino se la llevan a la casa de la suegra, ésa es la tradición y se vuelve prácticamente sirvienta de la suegra. La lengua no tiene género, pero esa sociedad es profundamente inequitativa para la mujer, al menos, desde nuestro punto de vista de mujeres de otra sociedad.
«Tampoco tiene género el persa. ¿Usted cree que la sociedad en Irán es igualitaria? Bueno, no solo no hay visibilidad de la mujer, sino que las tapan; y carece de género, jamás ha tenido ninguna marca parecida a blanco-blancanegro-negrapresidente-presidenta, jamás.
«Entonces, hay lenguas con dos géneros como el español, con algunos residuos de neutro; hay lenguas con tres géneros: masculino, femenino, neutro, como el latín; hay lenguas con cuatro o más géneros que marcan masculino, femenino, neutro, masculinos animados, femeninos animados, como el polaco; o sea, es totalmente arbitrario, no tiene que ver con la distinción de sexos ni con igualdad entre sexos».