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lunes, 12 de enero de 2026

Bukowski / "La poesía es insensatez y látigo"



Charles Bukowski, durante una polémica emisión del programa cultural francés 'Apostrophes', en 1978.CORBIS

"La poesía es insensatez y látigo"

Javier Rodríguez Marcos
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
09 MAR 2007 - 18:00 

Los Ángeles, Fuego en el Balcón 

Junio Jade  [8] '60

Querida Sheri Martinelli:

Es muy posible que no haya brío en mis poemas, ni en mí. Una situación degradante y vergonzosa, eternamente reprobado por los dioses por no decir lo suficiente o lo bastante bien o a su manera. Joder, he leído tus clásicos, he desperdiciado toda una vida en bibliotecas, pasando páginas, en busca de sangre. Me da la impresión de que no se ha echado basura SUFICIENTE, las páginas no aúllan; siempre la dignidad afectada y la pedantería y la página abrasada por el sol y lánguida como la mies.

lunes, 14 de abril de 2025

Muere Mario Vargas Llosa, gigante de las letras universales

 

Mario Vargas Llosa


Muere Mario Vargas Llosa, gigante de las letras universales 

El escritor hispano peruano, premio Nobel de Literatura en 2010, fue autor de obras maestras como ‘Conversación en La Catedral’. Ha fallecido en Lima a los 89 años


JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
Madrid - 13 ABR 2025 - 19:30 COT

El novelista peruano Mario Vargas Llosa ha fallecido este domingo en Lima, según han informado sus hijos Álvaro, Gonzalo y Morgana en un comunicado en el que no se daban más detalles sobre la enfermedad grave que padecía desde 2019. Nacido en Arequipa el 28 de marzo de 1936, el premio Nobel de Literatura de 2010 acababa de cumplir los 89 años. Autor de obras fundamentales como Conversación en La Catedral, La ciudad y los perros o La fiesta del Chivo, fue uno de los escritores más importantes de la literatura contemporánea en cualquier lengua. Novelista, ensayista, polemista, articulista y académico, Vargas Llosa pasará a la historia como un extraordinario narrador y un influyente intelectual a la antigua usanza, es decir, anterior a las redes sociales.

“Su partida entristecerá a sus parientes, a sus amigos y a sus lectores, pero esperamos que encuentren consuelo, como nosotros, en el hecho de que gozó de una vida larga, múltiple y fructífera, y deja detrás suyo una obra que lo sobrevivirá. Procederemos en las próximas horas y días de acuerdo con sus instrucciones”, señala el comunicado de sus hijos. “No tendrá lugar ninguna ceremonia pública. Nuestra madre, nuestros hijos y nosotros mismos confiamos en tener el espacio y la privacidad para despedirlo en familia y en compañía de amigos cercanos. Sus restos, como era su voluntad, serán incinerados”, añaden.

En octubre de 2023 publicó su última novela,Le dedico mi silencio, que se cerraba con un escueto colofón en el que anunciaba su adiós a la ficción. Dos meses más tarde se despedía también del columnismo periodístico, es decir, de su Piedra de toque,la tribuna que desde 1990 publicaba quincenalmente en EL PAÍS. Esos artículos eran la demostración de su inagotable curiosidad intelectual y de su afán por intervenir en todos los debates sociales y políticos de la actualidad. En ellos, como en algunos de sus ensayos, aparecía ese Vargas Llosa progresista en lo moral, pero neoliberal en lo económico que desconcertaba (y hasta irritaba) a los milesde admiradores de sus novelas. 

Mario Vargas Llosa, durante una entrevista con EL PAÍS en septiembre de 1982.

Fue su compromiso político conservador el invocado durante años para explicar la tardanza en recibir un galardón para el que parecía predestinado: el Premio Nobel de Literatura. En 2010, justo cuando había desaparecido de las apuestas, la Academia Sueca lo despertó de madrugada en Nueva York —era profesor invitado en Princeton— para anunciarle que por fin se le había concedido la medalla más codiciada de las letras universales. ¿La razón? “Por su cartografía de las estructuras del poder y sus afiladas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo”. Tenía 74 años y acababa de mandar a la imprenta una novela sobre el colonialismo salvaje asociado a la explotación del caucho: El sueño del celta.

Desde que debutó con 23 años con un volumen de cuentos —Los jefes (1959)—, no había dejado de escribir y publicar. Sin embargo, para encontrar una de sus grandes obras de ficción en el momento del Nobel había que remontarse una década atrás, hasta La fiesta del Chivo (2000). En cierto modo, aquella novela basada en hechos reales sobre la tiranía del dominicano Rafael Leónidas Trujillo era su tardía contribución a la oficiosa conjura de los autores latinoamericanos para retratar las dictaduras del subcontinente. Gabriel García Márquez (El otoño del patriarca), Miguel Ángel Asturias (El señor presidente) o Augusto Roa Bastos (Yo, el Supremo) le precedieron en la tarea.

Vargas Llosa fue parte fundamental del estallido global —el famoso boom— de la literatura latinoamericana desde que en 1963, siendo apenas un veinteañero, ganó con La ciudad y los perros otro premio, el Biblioteca Breve, convocado por la editorial barcelonesa Seix Barral. La inspiración le llegó desde su propio pasado: la adolescencia en el Colegio Militar Leoncio Prado de Lima, un sórdido lugar en el que lo internó su padre para sacarlo de la mansa órbita de la familia materna.

De hecho, la reaparición de su colérico progenitor, al que durante años creyó muerto, supuso el traumático fin de una plácida infancia transcurrida en Cochabamba (Bolivia) y en Piura, en el norte del Perú. No en vano, fue el momento de la resurrección paterna el elegido por el escritor para abrir sus memorias, El pez en el agua. Las publicó en 1993, tres años después de que Alberto Fujimori lo derrotase en las elecciones presidenciales. Aquella frustración política ocupa los capítulos pares de un largo relato que se completa en los impares con la educación literaria y sentimental del autor: desde que en 1957 viaja a París por primera vez gracias a un concurso de cuentos hasta el día en que acude a una perrera para rescatar al Batuque, un “chucho” que le habían regalado. Allí contempló una escena de brutalidad contra los animales de la que tuvo que recuperarse en el primer “cafetucho” que encontró: La Catedral. En 1969, ese episodio abriría Conversación en La Catedral, cuyo arranque entró instantáneamente a formar parte de la historia de la literatura: “¿En qué momento se había jodido el Perú?”.

Vargas Llosa, en su domicilio de Madrid, en 2006.

Esa novela fue la primera que redactó como escritor profesional gracias a una figura decisiva en su carrera literaria: Carmen Balcells. Instalados en Londres desde 1966, el novelista y su familia vivían con lo justo gracias a las clases de literatura que él impartía en el Queen Mary College cuando la agente literaria le ofreció un sueldo a cuenta de los derechos de aquella obra maestra en marcha. Con una condición: que se instalase en Barcelona y se dedicara exclusivamente a escribir. Fue lo que hizo entre 1970 y 1974, periodo en el que coincidió en la capital catalana con otro futuro Nobel, García Márquez, sobre el que escribió un estudio de referencia —Historia de un deicidio— y al que le unió una estrecha amistad que acabó rota por un episodio sin aclarar que terminó con Vargas Llosa poniendo un ojo morado a su colega.

Lima, Madrid, París, Londres y Barcelona forman la cartografía vital de un hombre al que le iba como un guante la etiqueta de escritor universal. Bebió de todas las fuentes y participó en todos los debates. Si su maestro literario fue Flaubert —del que aprendió que adonde no llega el talento llega el esfuerzo—, su primer referente ideológico fue Jean-Paul Sartre. Con el tiempo bromearía con su apodo de juventud —el sartrecillo valiente—, pero durante años creyó ciegamente en el compromiso del escritor a la manera teorizada por el filósofo francés. La muerte ha truncado su último proyecto literario: un ensayo sobre su obra.

En 1971, a raíz del caso Padilla, rompió con la revolución cubana —otro de sus fervores— y con el comunismo. A partir de entonces sus influencias soplaron desde la orilla opuesta: un liberalismo político forjado por pensadores como Karl Popper, Isaiah Berlin o Raymond Aron que en lo económico se tradujo en el neoliberalismo de Margaret Thatcher, cabeza visible de la revolución conservadora que triunfó en los años ochenta del siglo XX y tuvo su momento icónico en la caída del Muro de Berlín.

Más de una vez recordó Vargas Llosa, con la ironía soterrada que le caracterizaba, que en la casa de su infancia la definición de liberal la dio su abuela Carmen: “Alguien que no va a misa y que se divorcia”. En una de sus últimas entrevistas de televisión, grabada para el programa de su amiga Mercedes Milá, el Nobel peruano explicó que la familia era para él símbolo del orden, y que lo suyo fue siempre “la aventura”. En efecto, su vida sentimental estuvo atravesada por grandes pasiones que se desarrollaron contra todas las convenciones burguesas: con su tía Julia, 10 años mayor que él; con su prima Patricia, madre de sus tres hijos (Álvaro, Gonzalo y Morgana); o con Isabel Preysler, a la que se unió en 2015, cuando contaba 79 años. Rompieron con cierto escándalo en diciembre de 2022.

Mario Vargas Llosa

En posesión de todos los galardones posibles (del Cervantes al Nobel pasando por el Princesa de Asturias, el Rómulo Gallegos y hasta el Planeta), Mario Vargas Llosa fue miembro de la Real Academia Española (sillón L), corporación en la que ingresó en 1996 con un discurso sobre Azorín al que respondió Camilo José Cela. En noviembre de 2021 se convirtió también en uno de los “inmortales” de la Académie Française pese a no haber escrito una sola línea en la lengua de Molière. “Yo aspiraba secretamente a ser un escritor francés”, dijo en febrero de 2023 al comienzo de su discurso de ingreso en una ceremonia a la que acudió el rey Juan Carlos.

Acostumbrado desde joven a acumular distinciones, siempre dijo que su gran objetivo era no convertirse en estatua. En 2019, cuando parecía que ya no escribiría nada a la altura de sus grandes novelas, publicó la soberbia Tiempos recios, basada en la intervención de la CIA para derrocar—en 1954 y con falsas acusaciones de comunismo radical— el Gobierno tibiamente socialdemócrata de Jacobo Árbenz en Guatemala. La obra se cierra con un párrafo en el que Vargas Llosa, anticastrista acérrimo, demostraba que antes que enemigo de Fidel Castro era amigo de la verdad. La lección guatemalteca, reconocía, llevó a la Cuba revolucionaria a aliarse con la Unión Soviética para “blindarse contra las presiones, boicots y posibles agresiones de los Estados Unidos”. En su opinión, “otra hubiera podido ser la historia de Cuba” si EE UU hubiera aceptado antes la “modernización y democratización” de la Guatemala ensayada por Árbenz. Ese reconocimiento fue una de las últimas lecciones intelectuales de un escritor indiscutible al que le encantaba discutir. Y que siempre afrontó el debate ideológico sin rastro de cinismo.

Para él, escritura y política siempre fueron dos caras de la misma moneda: la de la libertad individual. A costa incluso de la justicia social. Por eso remató su discurso del Nobel recordando que “las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad”. La lectura, añadió, inocula la rebeldía en el espíritu humano: “Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible”. Y en su caso, algo más: ser inmortal para sus lectores.

EL PAÍS 



martes, 27 de agosto de 2024

Paul Theroux / Los mandamientos del viajero

 

Bruce Chatwin


Los 10 mandamientos del viajero

Por:  15 de junio de 2012

  1. Deja tu casa.
  2. Ve solo.
  3. Viaja ligero.
  4. Lleva un mapa.
  5. Ve por tierra.
  6. Cruza a pie la frontera.
  7. Escribe un diario.
  8. Lee una novela sin relación con el lugar en que estés.
  9. Si tienes que llevar teléfono móvil, evita usarlo.
  10. Haz algún amigo.

sábado, 24 de diciembre de 2022

Javier Rodríguez Marcos / Descubrir el Mediterráneo


Descubrir el Mediterráneo

El accidente en el canal de Suez nos ha recordado que el Mare Nostrum es, como dice el historiador David Abulafia, un “lago comercial”. Suyo es el libro de referencia sobre la región


Javier Rodríguez Marcos
30 de marzo de 2021

Se atribuye al dramaturgo Jacinto Benavente una ocurrencia inspirada por los continuos progresos técnicos ―del sonido al color― que vio incorporarse a las películas: “Con tanto mejorar el cine, van a acabar inventando el teatro”. Igual que la pandemia nos ha recordado, en tiempos de expansión virtual, la importancia de la presencia física, el encallamiento ―fea palabra― de un carguero en el canal de Suez ha hecho que, en tiempos de globalización desatada, hayamos descubierto el Mediterráneo. Lo que no consiguió el Open Arms cargado de inmigrantes lo ha conseguido el Ever Given cargado de contenedores.

Javier Rodríguez Marcos / Entre Camus y mi madre, elijo a mi madre

Albert Camus

Entre Camus y mi madre, elijo a mi madre

Por: Javier Rodríguez Marcos 
07 de noviembre de 2013

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El 14 de julio de 1951 Albert Camus acudió a una verbena en la plaza de Saint-Sulpice acompañado de su madre y de varios amigos, Jean Daniel entre ellos. Es este el que recuerda al escritor levantándose de tanto en tanto para bailar y el que recuerda cómo al volver a sentarse después de una pieza Camus se inclinó hacia su madre y le dijo: “Mamá, me han invitado al Elíseo”. La madre, Catalina (o Catherine) Sintes, hija de una menorquina de armas tomar, viuda de un caído en la Primera Guerra Mundial y mujer de la limpieza en una Argelia llena de inmigrantes como ella, hizo que su hijo le repitiera la frase, luego se quedó callada y le dijo: “Eso no es para nosotros. No vayas, hijo; no te fíes. Eso no es para nosotros”.

Javier Rodríguez Marcos / Las palabras son un material explosivo




Javier Rodríguez Marcos

“Las palabras son un material explosivo”

El periodista y poeta publica 'La vida secreta' en el que elogia la sencillez



Javier Rodríguez Marcos, en la redacción de 'Babelia' en EL PAÍS. / RICARDO GUTIÉRREZ

Escribe prosa casi a diario pero es en la poesía donde se descubre su ironía, sentido del humor y la cara B de la vida. Javier Rodríguez Marcos (Cáceres, 1970), periodista de EL PAÍS, habla de secretos y palabras, desvela la complejidad sentimental que anida en algunas escenas urbanas, ya sea de hotel o de hospital, en un cruce en la calle o en la soledad, en el libro La vida secreta (Tusquets). Escribe poesía tratando de saber cuál es el secreto que esconde, indagando en un mundo al que muchos se acercan pero pocos los que son capaces de impresionar con sus poemas. Rodríguez Marcos no deja insensible al lector. "Escribo poesía tratando de buscar respuestas. De ahí viene un libro y otro. A veces piensas que lo que haces es original y está saturado de tópicos. Y en otras se puede hablar de sonidos que son bonitos y están llenos de basura espacial".

martes, 15 de noviembre de 2022

Cormac McCarthy / La carretera / El libro del fin del mundo


Cormac McCarthy
LA CARRETERA

El libro del fin del mundo


Javier Rodríguez Marcos
28 de junio de 2012


¿Hay algo peor que el fin del mundo? Sí, el fin del mundo con supervivientes. Más aún, con supervivientes que creen que tienen los días contados. La cuestión es cuándo dejarán de contar. De eso trataLa carretera, la novela con la que Cormac McCarthy ganó el Premio Pulitzer en 2007 y que dos años más tarde llevó al cine John Hillcoat con Viggo Mortensen y Kodi Smit-McPhee en los papeles protagonistas. En una historia que tiene algo de Apocalipsis bíblico contado por Samuel Beckett, esos papeles son los de un padre y un hijo que, en la traducción de la novela a cargo de Luis Murillo Fort, son “el hombre” y “el chico”, dos seres muertos de frío que caminan hacia el mar huyendo de las bandas de caníbales, con todas sus cosas en un carrito y a través de un paisaje calcinado: lo que queda después de algo parecido al holocausto nuclear.

domingo, 16 de octubre de 2022

Marta Sanz / Gabriela Astor y la caja negra

Marta Sanz

Gabriela Astor y la caja negra

Rosa y negro

El destape y el aborto son los polos que usa Marta Sanz en su novela 'Gabriela Astor y la caja negra', para retratar la transición española


JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
7 JUN 2013 - 18:01 COT

Temerosos de que cualquier etiqueta atraiga a los estudiosos de mañana, pero aleje a los lectores de hoy, la mayoría de los escritores prefiere medir sus libros con la eternidad antes que con el tiempo. Por eso sorprende que Marta Sanz (Madrid, 1967) diga que a veces tiene la sensación de hacer “literatura de emergencia” y se refiera a su último libro, Daniela Astor y la caja negra(Anagrama), como una “novela feminista”. Su protagonista es Catalina, una muchacha que huye de sus 12 años comiendo miga de pan para que le crezcan las tetas, despreciando a su madre por poco refinada y jugando a ser una imaginaria actriz del destape, Daniela Astor. Estamos en la España de 1978, un tiempo ilustrado con desnudos “integrales”, cuya banda sonora es la sintonía de programas de televisión como Eva a las diez, Aplauso o Los ángeles de Charlie. 

Joseph Joubert / No cortéis lo que podáis desatar


Joseph Joubert

No cortéis lo que podáis desatar

Las editoriales Gedisa y Deliberar apuestan por la conversación como género literario


JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
17 OCT 2017 - 17:00 COT

"Ninguna época ha estado tan dispuesta como la nuestra a tolerarlo todo y a la vez a encontrarlo todo tan intolerable". Como todas las frases redondas, esta de Giorgio Agamben admite mil variaciones. Por ejemplo, esta: ninguna época ha estado tan empeñada como la nuestra en emplear el diálogo como tema para sus monólogos. Estamos a dos tuits de dejar inservibles las palabras, algo grave en un país que, como lleva años avisando el informe PISA, tiene serios problemas de comprensión lectora. Los estudiantes de segundo de Bachillerato –independentistas incluidos- ya rezan para que no caiga en la selectividad el discurso de Carles Puigdemont.

lunes, 10 de octubre de 2022

John Berger / Hacia la boda / Reseña





Hacia la boda, de John Berger

Javier Rodríguez Marcos
21 de marzo de 2020
En los próximos meses, aunque no haya librerías donde comprarlos, el coronavirus producirá una avalancha de libros que en su mayoría serán testimonios de cómo se vivió la enfermedad o la cuarentena. No será la primera vez. La epidemia del sida produjo en los años ochenta y noventa una contundente respuesta desde las artes plásticas y desde la literatura de testimonio, con memorias como las de Harold Brodkey –Esta salvaje oscuridad– o autoficciones como Al amigo que no me salvó la vida, de Hervé Guibert. La primera persona estuvo a la altura, pero faltaba la gran novela. La escribió John Berger en 1995: Hacia la boda.

Kit de supervivencia cultural para el encierro (día 8)
Sabemos que todos los libros tratan de los temas eternos y que todo lo que pueda decirse del amor y la muerte lo escribieron Ovidio y Shakespeare, pero hay algo que ningún clásico pudo escribir, por ejemplo, una novela de amor en los tiempos del sida. En la suya, Berger cuenta el viaje a Italia de los invitados a un casamiento desde distintos puntos de Europa. El resultado convierte el Cantar de los cantares en una road movie coral. Unos padres, una hija, su futuro marido y un médico portador de malas noticias son algunas de las voces que suenan en las 200 páginas de un libro –sapiencial y sabio– lleno de observaciones fulgurantes como la descripción de una peluquería en la que hay “confianza en lugar de espejos” o como esta pregunta: “¿Qué haremos antes de la eternidad?”. Y esta respuesta: “Tomarnos algún tiempo”. John Berger donó los derechos de autor de su novela al comité ciudadano anti-sida de Madrid. Como decían los clásicos, donde hay dolor hay un lugar sagrado. 
EL PAÍS

jueves, 6 de octubre de 2022

Annie Ernaux / Guía de lectura de la nueva premio Nobel

Annie Ernaux
Foto de Sophie Bassouls


Guía de lectura de la nueva premio Nobel

‘El acontecimiento’, que narra su propio aborto, es el mejor libro para empezar a leer a Annie Ernaux

BIOGRAFÍA



Javier Rodríguez Marco
Berta González Harbour
6 de octubre de 2022

Annie Ernaux publicó su primera novela en 1974 y abandonó la ficción 10 años más tarde. Desde entonces, solo publica obras autobiográficas. O, como prefiere decir ella, “auto-socio-biográficas”. Heredera del obrerismo narrativo de Claire Etcherelli y del materialismo sociológico de Pierre Bourdieu, ha dedicado su vida a narrar su propio desclasamiento, es decir, “el desgarro social” que supuso para ella “de la clase dominada a la dominante”.