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viernes, 13 de diciembre de 2024

Vida y hechos de Juan Benet

 

Juan Benet


Vida y hechos de Juan Benet


Ignacio Echavarria

11 de diciembre de 2024


Transcurridos más de treinta años desde su muerte, y cuando sólo faltan tres para el centenario de su nacimiento, Juan Benet sigue siendo –al menos en España– un detector infalible de lectores acomplejados y resentidos. Tengo amigos cultos y exigentes a los que no interesa la narrativa de Benet, ya sea porque les aburre o los fatiga. Benet sería el primero en darles la razón, pues nadie ha hablado de sus libros de modo más disuasorio que él.

Juan Benet y el 'Ulises'

 



Juan Benet y el 'Ulises'


Ignacio Echevarría

16 de febrero de 2022


Hace ahora medio siglo, en 1971, Juan Benet, sorprendido por el imparable proceso de glorificación de James Joyce, en particular de su Ulises, pronosticó que, transcurridos unos años, la estrella de este autor se eclipsaría. Escribía Benet: “Mucho me malicio que algún día –probablemente no será de este siglo– empezará a ser arrinconado, porque la gente se cansa de todo. Tal día los Ulises y los Finnegan serán devueltos a los nichos de las estanterías, para gozar del sueño de los clásicos, como –digamos– las novelas de Victor Hugo o las semblanzas históricas de Quintana”.

jueves, 3 de agosto de 2023

Iris Murdoch / El bien es frágil

 



Iris Murdoch



Iris Murdoch: el bien es frágil

Los ensayos inéditos de 'La soberanía del bien' y la reedición de cinco de sus novelas llena de literatura y filosofía el centenario de la escritora irlandesa.

Manuel Llorente
4 de marzo de 2019

"Antes de empezar a escribir la primera frase tengo un esquema general y muchas notas, cada capítulo está planificado. Luego, dejo que la escritura se invente a sí misma. Una idea conduce a otra. Al principio hay posibilidades infinitas, la posibilidad de elegir qué clase de gente son, qué clase de problemas van a tener. Sobre todo hay que reflexionar sobre sus valores, su moralidad, sus dilemas morales".

Ignacio Echevarría / El año de Iris Murdoch

 

Iris Murdoch


El año de Iris Murdoch

IGNACIO ECHEVARRÍA
6 febrero, 2019

Hace ahora veinte años, el 8 de febrero de 1999, fallecía la filósofa y narradora irlandesa Iris Murdoch, víctima del Alzheimer. El próximo 15 de julio se cumplirán los cien años de su nacimiento en Dublín. La celebración del centenario parece haber activado las ediciones y reediciones de esta autora, muy popular en su día, y que en los últimos años viene siendo poco a poco recuperada.

martes, 1 de agosto de 2023

Iris Murdoch / Encanto y prestigio

 

IRIS MURDOCH

IRIS MURDOCH

LETRAS

Iris Murdoch, encanto y prestigio

Narradora y pensadora de un siglo convulso, el centenario del nacimiento de la escritora nos hace poner el foco en su obra

8 julio, 2019 

Parece que el centenario del nacimiento de Iris Murdoch está sirviendo para catalizar por fin, y consolidar, al menos en España, la reputación siempre difusa de esta escritora maravillosa. Algo tendrá que ver con ello, me digo, la tenaz labor de proselitismo que desde hace años viene desarrollando un puñado cada vez más numeroso de admiradores entusiastas, entre los que se cuentan –y no en último lugar– los participantes de este dossier de homenaje.

lunes, 26 de junio de 2023

Ignacio Echevarría / La mano de Kafka




 

La mano de Kafka

Busqué la fotografía y ahí estaba esa mano, una especie de garra abatida cuya posición sólo puede interpretarse como un rechazo a tocar el cuerpo de su prometida


Ignacio Echevarría
4 de enero de 2019


Fue Reiner Stach, el biógrafo de Kafka, quien me lo hizo notar. Y eso que, como todos, yo había visto y observado la fotografía centenares de veces. Me refiero a la única fotografía que se conserva de Kafka y de Felice Bauer juntos. Una fotografía bien conocida, de la que suele recortarse el retrato más divulgado de Kafka, con su rostro afilado, de mirada muy intensa bajo las cejas pobladas y la oscura mata de pelo. Del contorno de la cabeza sobresalen las orejas puntiagudas, que confieren a Kafka un cierto aire de gnomo o de vampiro.

sábado, 5 de junio de 2021

Ignacio Echevarría / Abandonados




Ignacio Echevarría

Abandonados
29/06/2018


Esto de pasarse la vida trajinando con libros -ya sea para adquirirlos o para desembarazarse de ellos, para leerlos, para editarlos, para comentarlos- induce determinados actos reflejos de los que cuesta mucho librarse. Así, por ejemplo, aún soy capaz de acciones casi indecorosas con tal de averiguar qué libro está leyendo la persona que tengo delante, en el vagón del tren, pongamos por caso. Ya me dirán qué puede importarme, pero así es. Me descubro poco menos que arrastrándome por el suelo para recoger un lápiz que yo mismo he dejado caer a efectos de, aprovechando el ángulo, identificar por fin el título que llevo acechando un buen rato sin resultados. Y encima hay desaprensivos (gente mezquina) que, intuyendo el objeto de la maniobra, giran el cuerpo -a veces ostentosamente- para evitarlo.

viernes, 29 de mayo de 2020

David Lodge / La conciencia y la novela / Cuaderno de trabajo

La conciencia y la novela (ATALAYA): Amazon.es: Lodge, David ...


Cuaderno de trabajo


IGNACIO ECHEVARRIA
30 MAY 2004 - 17:00 COT


No hace todavía dos años que apareció en español Pensamientos secretos (Anagrama, 2002), la última novela de David Lodge. Este libro fue objeto, en estas mismas páginas, de un comentario algo apesadumbrado por la manera más bien farragosa en que resolvía Lodge su empeño de sondear novelísticamente un terreno que, desde mediados de los noventa, ha venido acaparando su atención: el de los llamados "estudios sobre la conciencia". En Pensamientos secretos Lodge parece desbordado por el tema tan vasto y complejo que lo ocupa, y la copiosa documentación de la que se sirve, sólo a medias digerida, termina por actuar como lastre de un argumento por lo demás lleno de alicientes, conducido por Lodge con su agudeza y con su humor tan característicos.

sábado, 23 de mayo de 2020

Woody Allen y Stephen King / A propósito de nada

Sciammarella | Opinión | EL PAÍS
Woody Allen
Sciammarella

A propósito de nada



Ignacio Echevarría
23 de marzo de 2020


Escribo esta columna dos días después de que la editorial Alianza haya confirmado que publicará en castellano las memorias de Woody AllenA propósito de nada, el próximo 21 de mayo. Tras el anuncio de Hachette de no publicarlas, hubo el temor de que Alianza también rectificara, pero afortunadamente no ha sido así. Al parecer, los trabajadores y las trabajadoras del Grupo Anaya, al que pertenece el sello, no han puesto, como los de Hachette, el grito en el cielo, o al menos no en número y tronerío suficientes. La noticia me tranquiliza. Ignoro cuáles son las condiciones laborales de los empleados de Hachette en Nueva York, supongo que muy buenas para que no encuentren mejor motivo para sus movilizaciones que silenciar la voz de un cineasta como Woody Allen.

martes, 6 de diciembre de 2016

Roberto Bolaño / Desmentido de un posible albacea


Roberto Bolaño

Desmentido de un presunto albacea

El crítico literario Ignacio Echevarría responde al artículo publicado el miércoles en EL PAÍS por Carolina López, viuda del escritor



23 NOV 2016 - 16:52 CST

Me veo en la penosa obligación de desmentir, por la parte que me toca, algunas de las falsedades que Carolina López vuelca en un artículo publicado ayer por este periódico bajo el título La verdad sobre Bolaño.

Carolina López / La verdad sobre Roberto Bolaño

Carolina López y Roberto Bolaño, en 2002.


La verdad sobre Roberto Bolaño

Carolina López, viuda del escritor chileno, rompe su silencio para dar su versión sobre el legado del autor y explicar los motivos que le llevaron a cambiar a los gestores de la obra


CAROLINA LÓPEZ
23 NOV 2016 - 14:03 CST

Mis argumentos son profesionales. Por eso es absurdo que Herralde y Echevarría decidan por despecho quién fue, y desde cuándo, su pareja. Con gran dolor, mis hijos y yo estamos pagando, me temo, las consecuencias de nuestra salida de Anagrama.

viernes, 21 de agosto de 2015

Rafael Chirbes / Literatura y críticos



CARTAS AL DIRECTOR

Literatura y críticos

JUAN RAMÓN CAMPOS Madrid. 1 NOV 1996


La literatura está destinada a ella, al alma. En los últimos días, Antonio Muñoz Molina e Ignacio Echevarría han protagonizado un curioso encuentro en las páginas de este diario, con un tercer invitado, Rafael Chirbes, y su novela La larga marcha. Echevarría propone un modelo para el crítico de una obra literaria totalmente erróneo olvidando que esta última, la obra, es, y debe ser siempre, patrimonio del lector. No se puede crear distancia entre el texto y tú, tienes que estar dentro de él; la objetividad es imposible en la literatura. O lees, o mides y clasificas como propone Echevarría. Una obra no es el peso y la altura de la misma, es emoción, sentimientos quizá, rabia o dolor. Esto último es lo que hace Muñoz Molina, contarnos su emoción, su noche en vela y el desgarro que produce Chirbes a través de las páginas. Tener folio y medio para condenar a un libro a la hoguera o subirlo a los altares es oficio poco noble; me conformo con medio para que éste, el crítico, me hable de los sentimientos propios que tiene el lector. Chirbes será siempre un autor maldito para la crítica, un autor mal leído por contar, sencillamente, algo que va destinado a ella: el alma.Quien remite esta carta tiene 20 años de edad, es natural de Linares y residente en Madrid por motivos académicos. La polémica creada en tomo a Chirbes esconde un debate mayor que la pasión por un escritor, el oficio del crítico. He seguido este enfrentamiento en las líneas de vuestro diario con expectación. El revuelo que suele levantar Chirbes a la hora de publicar alguna de sus novelas no está inunca exento de polémica.



domingo, 16 de agosto de 2015

martes, 19 de marzo de 2013

Ignacio Echevarría / Iris Murdoch, otra vez


Iris Murdoch

Iris Murdoch, otra vez

Por Ignacio Echevarría
19 de marzo de 2013


Desde que los descubrí, bastante tardíamente, y de forma más bien accidental, los libros de Iris Murdoch (1919-1999) han constituido para mí una provisión impagable de diversión, de dicha, de conocimiento moral. He leído todos los que he sido capaz de conseguir, y los he recomendado con fervor a cuantos han querido oírme. Puedo jactarme de haber reclutado un buen número de adictos a esta autora, a la que por estos pagos profesan admiración escritores de tan diverso palo como Álvaro Pombo, Rodrigo Fresán y Gonzalo Torné. 


Comprenderán, pues, lo contento que me he puesto al enterarme de que la editorial Impedimenta acaba de publicar Henry y Cato (1976), una de las buenas-buenas novelas de Murdoch, y que la misma editorial tiene prevista la publicación de varias más. Henry y Cato ya había sido publicada por Alfaguara en 1981, en la misma traducción de Luis Lasse que ahora recupera Impedimenta. De hecho, hay un montón de editoriales españolas que han publicado novelas de Iris Murdoch en décadas pasadas. Fresán ha contado nada menos que dieciséis, más otras dos argentinas. Un dato indicativo, por un lado, de lo prolífica que fue esta escritora (a pesar de que su trayectoria como novelista arrancó cuando ya tenía 35 años de edad). Pero indicativo también de que, por razones para mí incomprensibles, su fortuna en lengua española nunca ha llegado a cuajar. 

En una de estas columnas, publicada hará cerca de un año, puse a Iris Murdoch como ejemplo de autora editorialmente gafada. Hay otros muchos, pero el de Iris Murdoch es, por lo que ven, el que más me exaspera. Aludía en esa columna al lanzamiento relativamente reciente (2003), por parte de la editorial Lumen, de una Biblioteca Iris Murdoch que embarrancó al cuarto título, pese a haber recuperado novelas tan prodigiosas, tan infinitamente graciosas y edificantes, como El mar, el mar y El príncipe negro. Poco antes, también la editorial Alianza desistió de seguir editando más novelas de esta autora, después de haber publicado El castillo de arena y La campana (y los conmovedores libros sobre Iris de su marido, John Bayley). Y antes aún, otras muchas editoriales de conformaron con publicar una sola, como máximo dos, sin perseverar en una apuesta que, al parecer, nunca ha dado los réditos que esperaban quienes tenían a la vista la enorme popularidad y el prestigio de que gozaba “la mujer más brillante de Inglaterra”. 

Trato de buscar explicaciones para este desencuentro entre una escritora portentosa y un público que se diría no sólo bien predispuesto, sino ávido de degustar novelas tan endiabladamente entretenidas y carcajeantes, tan llenas de imaginación y de sabiduría. Repaso las ediciones españolas y argentinas, y -salvo contadas excepciones- me enfrento a un deprimente repertorio de cubiertas desastrosas, de disuasorias fotografías de la autora, de extravagantes paratextos, de demenciales noticias biográficas en las que, con enigmática insistencia, se informa de que, al terminar sus estudios, Murdoch trabajó en Hacienda como funcionaria, y luego -glups- en la UNRRA (cualquiera cosa que ello sea). 

¿Será posible tanta y tan machacona ineptitud? Y así y todo, yo por mi parte hubiera jurado que el encanto de los libros de Murdoch sería capaz de atravesar todos los obstáculos. 

Henry y Cato ha sido, en lo que cabe, una novela afortunada. La edición de Alfaguara, en el antiguo y ya clásico diseño de Enric Satué, era impecable (qué buenas solapas se escribían en aquella editorial). Lo es también la nueva edición de Impedimenta, que lleva en la sobrecubierta una resultona acuarela de Caroline Johnson. 

¿Serán los vientos favorables a Iris Murdoch esta vez? En caso afirmativo, sería una buena noticia, pues de ello se derivaría la posibilidad de acceder en el futuro a más de media docena novelas de esta escritora que permanecen aún inéditas en castellano. 

Hablando de Pasaje a la India, de E.M. Forster, Jorge Luis Borges escribió: “Sé de lectores muy austeros que han dicho que nadie les convencerá de la importancia de un libro tan ameno”. Algo parecido parece ocurrir con las novelas de Iris Murdoch, escritora que ocupa en el canon de la literatura inglesa una posición tan desplazada como la de Forster. 

Harold Bloom la incluyó entre las “cien mentes creativas y ejemplares” sobre las que discurrió en su libro titulado Genios (Anagrama, 2005). “¿Acaso hay algún novelista inglés vivo que posea la exuberancia y el pulso narrativo que tiene Murdoch?”, se pregunta allí Bloom. 

La respuesta es categórica: no. 


EL CULTURAL

sábado, 8 de diciembre de 2001

Sergio Pitol / Los orígenes de la divina garza


Sergio Pitol

Los orígenes de la divina garza


IGNACIO ECHEVARRIA
8 DIC 2001

Prolifera en los últimos tiempos un tipo de literatura que gusta sobre todo a quienes gusta que les guste la literatura. Así dicho parece una majadería, o una paradoja, o una maldad, pero no tiene por qué ser una cosa ni la otra, o al menos no necesariamente. A ese tipo de literatura -a veces de muy alta literatura, sin reticencias- le viene al pelo el término bel letrismo, acuñado por César Aira hace algún tiempo. Entiéndase: conciertos de buenas maneras, de convenientes lecturas, de bien decir, que eventualmente hilvanan con elegancia reflexiones filosóficas, divagaciones literarias, moralidades, crónicas personales, notas de viaje, obsesiones y devociones varias, acompañadas a menudo de citas y testimonios directos, y hasta de fotografías.



EL VIAJE

Sergio Pitol Anagrama. Barcelona, 2001 176 páginas. 1.900 pesetas

Como antes su memorable El arte de la fuga (1996), este último libro de Sergio Pitol, El viaje, participa en cierto modo, con su labilidad genérica, de esta amena y pacífica y acogedora corriente. Pero se distingue muy favorablemente por dos cualidades amabilísimas. En primer lugar, por la perfecta ausencia de esnobismo y de sofisticación, es decir, por la sencillez, o mejor aún la humildad, la emocionante transparencia de su escritura. Y además por su delicada pero en absoluto errática construcción, de naturaleza hondamente narrativa.
Todo comienza con el propósito, por parte de Pitol, de escribir 'una crónica literaria en clave menor' sobre los años que pasó en Praga como diplomático. Al revisar sus cuadernos de aquella época, encontró Pitol uno que contenía 'apuntes relativos a un breve viaje que hice a la Unión Soviética durante el experimento de Gorbachov', en 1986. En aquel viaje, Pitol había sido testigo de 'algo único: los primeros pasos de un dinosaurio por mucho tiempo congelado'. Eran los años de la perestroika. 'Por todas partes había brotes de vida. Era una consagración de la primavera, celebrada entre miles de obstáculos, de trampas, de rostros marcados por el odio'.
El cuaderno en cuestión, con los apuntes correspondientes a los quince días que duró el viaje, constituye el eje de este libro (el último, quizá, de una episódica pero muy notable tradición del turismo intelectual: la del 'viaje a la URSS'). Un libro que tiene mucho de apasionado tributo a la cultura rusa, por la que manifiesta Pitol una inveterada fascinación, pero que, conforme avanza, se revela como semillero de extrañas y portentosas experiencias de las que había de brotar -a modo de reviviscencia onírica, escatológica, carnavalesca- el argumento de Domar a la divina garza (1988), la novela que Pitol había de ponerse a escribir a su regreso a Praga, bajo la advocación de Bajtín.
En la primera etapa de su viaje, Pitol visita Moscú, invitado a dar una conferencia por la Asociación de Escritores Soviéticos (institución que, tal como se ofrece a los ojos de Pitol, parece salida de una novela de Bulgákov). La tirantez y el agobio de los días transcurridos allí tienen su correlato en dos testimonios sobrecogedores: la carta enviada por Méyerhold a Stalin, poco antes de morir torturado, y el retrato que Pitol hace de Marina Tsvetáieva y su familia.
A continuación se traslada Pitol a Tbilisi, la capital de Georgia, invitado ahora por la Unión de Escritores de esa república. Y el contraste con lo vivido en Moscú no puede ser mayor. Pitol descubre un país lleno de vitalidad, de colorido, de belleza ('¿a qué mundo he llegado?', se pregunta), en el que los aires de renovación alentados por Gorbachov han cobrado ya una fuerza imparable. Su vaharada se deja sentir en el asombro y la dicha que inunda a Pitol a cada paso, y no deja de producir al lector el regusto melancólico que dejan tras de sí las epifanías ya marchitas.
Pitol es de los contadísimos escritores capaces de relatar sus sueños nocturnos sin aburrir al lector. Los apuntes de su viaje contienen varios, alguno extraordinario. Igualmente extraordinarias son algunas de las situaciones delirantes en que Pitol se ve envuelto (¿será posible la anécdota de las letrinas públicas?), y de los personajes que conoce. Pero es en el centro mismo del libro y en su final donde Pitol cuela estratégicamente dos evocaciones de su infancia -las dos páginas magistrales sobre los Peces rojos de Matisse e 'Iván, niño ruso'- que, como una clave secreta, dejan bien clara cuál es la dirección profunda del viaje emprendido.
¿Existe el 'alma rusa'? Haber pretendido que sí le valió a Pitol, en su día, ironías y reproches, a los que este libro parece responder educadamente. La respuesta es, en no escasa medida, un elocuente santoral, en el que, a la ilustre vera de Chéjov y de Gógol, figuran los nombres de Dostoievski, de Tolstói, de Pushkin, de Pasternak, de Bely, de Pilniak, de Shklovski, de Lermontov, de Ajmátova, de Bulgákov, de Nabokov.
En cuanto a Tsvetáieva, en el retrato terrible que Pitol le dedica cuenta cómo, en su última época, dueña ya de una maestría admirable, 'escribe, sobre todo, ensayos y juega con los géneros a placer', de forma que cada pieza que compone 'es siempre un relato y la cápsula de una novela y una crónica de época y un trozo de autobiografía'. No hay mejor modo de describir El viaje.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de diciembre de 2001
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