Stalin retratado en su despacho por el fotgrafo estadounidense James Abbe (1883_1973), el 13 de abril de 1932. EFE
Joshua Rubenstein: “A Stalin, la paranoia lo volvió débil, vulnerable”
El autor de "The last days of Stalin" sostiene que la muerte del líder fue desaprovechada por EE.UU. para distender el mundo y que solo unos pocos nostálgicos lo reivindican en la Rusia actual. Esta semana se estrena por streaming "State funeral", el documental que muestra imágenes inéditas de su faraónico velorio.
Héctor Pavón
25 de mayo de 2021
"Hablar sobre Stalin es una pesadilla para usted?”. “No. Lo disfruto. La muerte de Stalin es algo para celebrar”, sostiene unJoshua Rubenstein sonriente a través de la pantalla de Zoom. Es historiador estadounidense y en 2016 publicó The last days of Stalin (aún sin traducción en castellano). Una reconstrucción al detalle de los últimos y controvertidos días de Stalin y de esa URSS sin su líder más sangriento, componen esta biografía del académico de la Universidad de Harvard. Rubenstein fue director regional deAmnistía Internacional en su país. Es autor de libros sobre cultura y política soviéticas y también sobre el Holocausto.
¿A cuántas personas asesinó Joseph Stalin en su «Gran Purga» del terror?
En paralelo a la Gran Purga, Stalin inició sus planes para transformar Rusia de un país agrícola a uno industrializado, uno capaz de soportar las exigencias tecnológicas de la Segunda Guerra Mundial y luego la Guerra Fría. El resultado fue una gran hambruna
Cesar Cervera 16 de marazo de 2018
En una encuesta realizada el pasado año por el centro de estudios Levada, se puso de manifiesto que para la población rusa Joseph Stalin, el dictador comunista al frente del país durante la Segunda Guerra Mundial, resulta «el más sobresaliente» personaje del país, independientemente del momento histórico. Estudios similares demuestran que la popularidad del líder soviético ha crecido en los últimos años, mientras aumenta el desinterés por conocer la magnitud de sus crímenes. Stalin es más popular en Rusia conforme se conoce menos de él.
Pero, ¿cuántas personas concretas asesinó Stalin por cuestiones políticas? ¿Se le debe responsabilizar a él directamente de las hambrunas en Ucrania? ¿Hubo intención de eliminar a elementos incómodos al régimen con la estrategia «suicida de Rusia» durante la Segunda Guerra Mundial?
Iósif (en ruso) Stalin no inventó nada en cuanto a represión, simplemente continuó con la obra bolchevique allí donde la dejó Vladímir Lenin, cuyo exitoso golpe de Estado en 1917 fue seguido de la creación de la «Comisión extraordinaria de lucha contra el sabotaje y la contrarrevolución», comúnmente conocida como Checa. Inspirados por el ejemplo jacobino de la Revolución francesa, los bolcheviques anunciaron el «terror rojo» para oponerse al «terror blanco». El primer anuncio oficial de esta campaña represiva, publicado con el título de «Llamamiento a la clase obrera», el 3 de septiembre de 1918, pedía a los trabajadores:
(...) Aplastad la hidra de la contrarrevolución con el terror masivo. Cualquiera que se atreva a difundir el rumor más leve contra el régimen soviético será detenido de inmediato y enviado a un campo de concentración.
El alumno supera al maestro
La represión contra los enemigos del régimen se desplegó en su máxima expresión a partir del verano de 1918, tras la insurrección de los socialrevolucionarios de izquierda de Moscú. Millares de presos y de sospechosos fueron masacrados a lo largo de toda Rusia, siendo el primer acto de una Guerra Civil entre los bolcheviques y el resto de fuerzas que se cobró alrededor de nueve millones de vidas, entre muertes directas y las provocadas por la ruina y la hambruna generalizada.
Durante el golpe y la guerra civil, Stalin ocupó distintos puestos en el régimen leninista, entre ellos el de comisario político en el Ejército Rojo, comisario del Pueblo de Asuntos Nacionales (1917-1923) y secretario general del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética desde 1922. Una secretaría que empleó para extender su poder a otras instituciones soviéticas y para, tras la muerte de Lenin en 1924, sofocar gradualmente a todos los grupos opositores dentro del Partido Comunista. Esta primera purga incluyó a León Trotski, que fue desterrado de la Unión Soviética en 1929.
Stalin en el exilio (1915)
Como un iceberg, la punta de la represión estalinista solo supuso un pequeño aperitivo del total de muertes. A partir de 1930 se desencadenó la llamada Gran Purga o Gran terror de Stalin. Cientos de miles de miembros del Partido Comunista Soviético, socialistas, anarquistas y opositores fueron perseguidos, juzgados y, finalmente, desterrados, encarcelados o ejecutados en los campos de concentración gulags.
Todo ello sirvió a Stalin para consolidar su poder y limpiar la disidencia trotskista y leninista de todos los órganos soviéticos. De los seis miembros del Politburó original (el máximo órgano de gobierno), únicamente Stalin sobrevivió a su ascenso, mientras cuatro fueron ejecutados y Trotsky, desterrado, sería asesinado en México en 1940. A su vez, de los 1.966 delegados del XVII Congreso del Partido Comunista celebrado en 1934, 1.108 fueron arrestados y encarcelados para ser ejecutados en la mayoría de casos.
Esta política de gulags también afectó al Ejército Rojo. Tres de los cinco mariscales; 13 de los 15 comandantes de ejércitos; 8 de los 9 almirantes; 50 de los 57 generales de los cuerpos de ejército; 154 de los 186 generales de división; todos los comisarios del ejército y 25 de los 28 comisarios de los cuerpos de ejército, de la Unión Soviética fueron juzgados y condenados por razones políticas. El resultado fue la disminución del poder operativo de las Fuerzas Armadas a cambio de un aumento de la fidelidad ideológica de cara a la inminente Segunda Guerra Mundial. Comandantes fanáticos, pero inexpertos.
«Cada noche traen unos 250 cadáveres entre los que un número muy elevado no tiene hígado. Les ha sido quitado a través de un corte muy ancho»
En paralelo a la Gran Purga, Stalin inició sus planes para transformar Rusia de un país agrícola a uno industrializado, capaz de soportar las exigencias tecnológicas de la Segunda Guerra Mundial y luego la Guerra Fría. Los planes quinquenales para la economía nacional de la URSS ayudaron a un rápido desarrollo de la industria, especialmente la pesada, a costa de un grave sacrificio de vidas. El desajuste forzoso de la producción agrícola causó, en su primera fase, una gran hambruna en todo el territorio soviético entre 1932 y 1933.
Según la «Encyclopædia Britannica» se estima que entre seis y ocho millones de personas murieron debido a la hambruna, siendo la mayoría de los fallecidos de origen ucraniano. No en vano, el historiador británico Robert Conquest advierte, en su libro «La cosecha del dolor: La colectivización soviética y la hambruna de terror», que si se extiende la muestra de 1930 a 1937 los campesinos muertos se elevan hasta los once millones.
El genocidio ucraniano
Un millón de kazajos falleció en esta hambruna debido a que fueron sedentarizados a la fuerza y privados de sus ganados; en tanto, la cercana Ucrania sufrió lo peor de la escasez de alimentos. Al imponer la colectivización de la agricultura en este territorio, Stalin inició una auténtica guerra contra los «kulakos», los campesinos propietarios, de modo que la hambruna devastó a la población rural y se extendió a las ciudades. La policía secreta se dedicó a realizar inspecciones aleatorias y a apropiarse de la comida escondida por los campesinos. Centenares de miles de ucranianos fueron deportados en programas de colonización a Siberia, mientras se vivían situaciones de canibalismo entre los que insistieron en quedarse en la tierra de sus padres.
«Cada noche traen unos 250 cadáveres entre los que un número muy elevado no tiene hígado. Les ha sido quitado a través de un corte muy ancho. La policía acaba de atrapar a algunos “amputadores” que confiesan que con esa carne confeccionaban un sucedáneo de pirozki (empanadillas) que vendían inmediatamente en el mercado», dejó registrado un cónsul extranjero sobre las imágenes de terror que se sucedieron en Járkov. Cuando el «Holodomor» alcanzó su momento álgido, se calcula que morían unas 25.000 personas cada día en Ucrania.
Imagen parcial del campo de trabajo Perm-36, creado en la década de 1940
A todas las muertes provocadas directamente por órdenes de Stalin se podría sumar las bajas derivadas de la Segunda Guerra Mundial. En este conflicto Stalin viró de una alianza con la Alemania Nazi al principio de la guerra hasta una lucha sangrienta contra las tropas alemanes que, hasta la toma soviética de Berlín, causó la muerte de 8,5 millones de soldados y 17 millones de civiles, así como la pérdida del 30% de la riqueza natural de toda la URSS. El dictador suplió el mal armamento y adiestramiento de sus hombres a base de ingentes cantidades de combatientes: la masa interminable de soldados fue su mejor baza en la guerra.
Pero no solo de matar rusos vivía el estalinismo. Entre 1940 y 1941, unos 170.000 habitantes de países bálticos fueron enviados a campos soviéticos. Y, en años posteriores, se repitió la deportación hasta alcanzar al 10% de población de antiguas repúblicas bálticas, unas 250.000 personas, incluidos funcionarios e intelectuales. Asimismo, la masacre de Katyn inauguró en 1940 el desmantelamiento de toda la estructura nacional polaca. Cuatro millones de polacos de la parte que anexionó Stalin fueron consignados a Gulag, de los que apenas uno de cada tres sobrevivió para ser repatriado a partir de 1956.
Una cifra oscilante y no oficial
Alexánder Solzhenitsyn se hizo muy popular en plena Perestroika con su libro «Archipiélago Gulag», donde estimó en 66,7 millones de víctimas del régimen soviético entre 1917 y 1959. Sin embargo, hoy esa cifra se encuentra bajo cuarentena ante la dificultad de separar hambrunas, desplazados, bajas militares, represaliados y exiliados. A partir de 1991, se pudo acceder a los archivos oficiales y proponer datos basados en documentación soviética. Los autores de «The Road to Terror: Stalin and the Self-Destruction of the Bolsheviks, 1932-1939» calculan que solo en la Gran Purga se vieron afectadas unos cuatro millones de personas, pero incluso aquí es complicado separar a los fusilados y asesinados en los interrogatorios de los que huyeron al extranjero o fueron enviados a regiones del norte.
El investigador Robert Conquest, autor de sendas investigaciones sobre la represión política y la gran hambruna rusa, estimó entre trece y quince millones de muertos
Ni siquiera hoy existe una cifra oficial del total de muertos, oscilando el cálculo de los historiadores modernos entre los cuatro y los 50 millones de personas. El investigador Robert Conquest, autor de sendas investigaciones sobre la represión política y la gran hambruna rusa, situó la cifra antes de su fallecimiento, en 2015, entre trece y quince millones de muertos. La suya es en la actualidad la investigación más completa.
Haciendo un desglose del total, el escritor ruso Vadim Erlikman afirma, por su parte, que hubo 1,5 millones de ejecuciones, cinco millones de víctimas de los gulags, entre 1.7 y 7,5 millones de deportados y un millón de prisioneros de guerra, es decir alrededor de nueve millones de víctimas. Para completar la cifra de los 15 millones de Conquest y otros autores habría que sumar los seis millones de muertos por el hambre y las malas condiciones que padecieron, sobre todo, los ucranianos y los alemanes del Volga.
Una de las partes más dramáticas de la última obra de Kapuscinski es la dedicada a las matanzas estalinistas, al exterminio de los ucranios por hambre, cuando murieron más de 10 millones por no someterse a la socialización de la tierra impuesta por el dictador. Para Kapuscinski no cabe la menor duda de que Stalin fue mucho peor que el dictador nazi Adolf Hitler: "Si podemos establecer la comparación, el poder destructor de Stalin fue mucho mayor. La destrucción realizada por Hitler no duró más de seis años, y Stalin empezó su terror en los años veinte y llegó hasta 1953. Su poder se mantuvo 30 años y la maquinaria de terror se prolongó mucho más. No es que Hitler fuese mejor, pero no tuvo tanto tiempo. La otra diferencia es que la máquina de terror de Hitler no fue dirigida en primera línea contra su propia nación, sino contra otros pueblos. En cambio, Stalin dirigió una máquina de terror contra su nación. Las víctimas más numerosas del terror de Stalin fueron los rusos. Los nacionalistas rusos sostienen ahora la teoría de que el régimen de Stalin no fue ruso, sino antirruso, porque ellos fueron las mayores víctimas. La condena al hambre a Ucrania fue el holocausto más grande, no sólo del siglo XX, sino de toda la historia de la humanidad. Nunca en el pasado se había dado una matanza de 10 o 12 millones de seres humanos". Como intelectual polaco, un país del Este que sufrió divisiones y abandonos, Kapuscinski considera que "Occidente nunca se ha interesado por las cosas que no afectaban a sus intereses. La matanza de Ucrania no fue la única. Ocurrieron con el beneplácito de todos y de Estados Unidos. Para Occidente, el único criterio es que la persona que gobierne en el Kremlin garantice la estabilidad. Lo que pasa dentro no interesa, ni matanzas, ni nada. Ahora apoyan a Yeltsin, y lo mismo ocurrió con Stalin".
Daniel Ortega junto a su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, en una imagen de marzo de 2019, en Managua. Foto de ALFREDO ZUNIGA
Ortega desata una feroz persecución política en Nicaragua para mantenerse en el poder
Aislado internacionalmente, con sanciones impuestas por EE UU, el sandinista lanza una cacería de opositores, periodistas y disidentes
Las palabras del fallecido comandante Tomás Borge, oscuro y temido personaje de la revolución sandinista de Nicaragua, parecen hoy salidas de una sombría profecía. Daniel Ortega recién se había instalado de nuevo en el poder en 2007, cuando Borge sentenció: “Todo puede pasar aquí, menos que el Frente Sandinista pierda el poder… cueste lo que cueste”. Y el costo ha sido alto, con una estrategia política de tierra arrasada, en la que el exguerrillero sandinista nacido de la lucha contra la dictadura de Somoza está dispuesto a eliminar a cualquier adversario o acallar todo tipo de disidencia. Ortega se ha instalado en la represión y la persecución política para mantener el poder en el país centroamericano, a través del control del aparato de justicia, eficiente a la hora de levantar casos contra los opositores; la instrumentalización de la Asamblea Nacional, a sus órdenes para aprobar leyes que criminalicen la crítica y, sobre todo, su dominio sobre la Policía Nacional, el órgano represivo del régimen. “Eliminar toda candidatura, toda oposición, es el objetivo de una dictadura en agonía. Por eso recurre a la represión masiva. Nada le ha funcionado”, ha dicho Dora María Téllez, exguerrillera sandinista, otrora compañera de armas de Ortega y hoy voz crítica desde la oposición, detenida el domingo en Managua.
Al igual que Hitler, Stalin fue un loco asesino. Millón más, millón menos, eliminó al mismo número de personas que el jerarca nazi y con métodos parecidos. Ni el bolchevique más ferviente estaba seguro a su lado
José Álvarez Junco 6 de junio de 2015
EULOGIA MERLE
El otro día recordé —sin lamentarla— la muerte de Hitler, ocurrida hace ahora 70 años. Hoy toca hablar del otro personaje que compartió con él el dominio del tablero europeo y que, tras derrotarle en “la Gran Guerra Patria”, disfrutaba en esos mismos días de su momento de máxima gloria. Me refiero a Iósif (José) Vissariónovich Stalin; para los amigos, Koba.
Lo primero que debe decirse sobre Stalin es que, al igual que Hitler, fue un loco; un loco asesino. Millón más, millón menos, eliminó al mismo número de personas que el jerarca nazi y con métodos parecidos: los fusilamientos y los campos de concentración; con la diferencia de que en los de Stalin los prisioneros no eran inmolados en cámaras de gas al poco de llegar sino que, tras una supervivencia media de cinco años, morían a causa de los trabajos forzados, el frío o el hambre. El número de reclusos de los “campos de trabajo correctivos” (Gulag) superó los diez millones, y los muertos los dos millones. Aquellos campos fueron creados para los antiguos aristócratas, los kulaks (campesinos medios opuestos a la colectivización), el clero ortodoxo, los delincuentes comunes y, sobre todo, los disidentes políticos. Sobre estos últimos, solo en las “grandes purgas” de 1936-1938 hubo 1,3 millones de detenidos, de los que unos 700.000 acabaron ejecutados. En total, los fusilados bajo Stalin ascienden a un millón, como mínimo, que se eleva a cuatro si se añaden los muertos en campos de trabajo y en deportaciones masivas de población. Doy cifras conservadoras, multiplicadas por dos o más por algunos historiadores.
Stalin tuvo unos antecedentes familiares y de formación atípicos en el marco del bolchevismo. Era de origen extremadamente pobre, georgiano y nada menos que educado en el seminario de Tbilisi. Allí se forjaron algunos de los rasgos dominantes de su personalidad. Muy pronto perdió la fe, pero su mentalidad siguió siendo de por vida religiosa. La importancia del nacionalismo georgiano entre los seminaristas tampoco dejó de afectar al futuro líder soviético, quien experimentó un proceso de transferencia similar a tantas otras personalidades que pasaron de la pequeña a la gran nación, del corso Napoleón al vasco Unamuno, manteniendo el mismo grado de intensidad e intransigencia en su sentimiento de adhesión. Otra rigidez, la dogmática, y la intención pedagógica teñida de maniqueísmo por el ejercicio habitual de las polémicas, vendrán también del tiempo de seminario. Y, por último, desempeñará un gran papel la coyuntura de persecución en que se desenvolvió su vida de estudiante. Entonces aprendió el joven Josif a fingir, a desconfiar de todo y a conocer la importancia de la disciplina y del ejercicio de una vigilancia implacable.
La ex primera dama filipina, conocida por su debilidad por los zapatos, también tenía querencia por las joyas más selectas, ha sido hallada culpable de siete delitos de corrupción
La “Mariposa de Hierro”, la dama de los excesos asiática por antonomasia, Imelda Marcos, parece estar en apuros con la justicia. Una vez más. La viuda del dictador filipino Ferdinand Marcos ha sido hallada culpable de siete delitos de corrupción cometidos cuando gobernó Manila entre 1975 y 1986, por los que ha recibido una condena total de un mínimo de 42 años de cárcel. Una sentencia, no obstante, aún apelable que la dueña de la antológica colección de zapatos seguramente no verá llevarse a la práctica.
Al proteger a Santrich, la JEP pela el cobre y exhibe un aterrador sesgo pro-Farc.
En términos futbolísticos, la JEP anuló un gol antes de que se produjera la jugada. Al proteger a Santrich como si fuera la pobre víctima de un montaje, la JEP pela el cobre y exhibe un sesgo pro-Farc que aterra.
El portal de internet lasillavacia.com, al que nadie puede tachar de enemigo de los acuerdos de La Habana, lo dijo este viernes con meridiana claridad: con la decisión de suspender el proceso de extradición del excomandante de las Farc ‘Jesús Santrich’, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) “se hace el harakiri” y debilita de manera grave su ya cuestionada credibilidad. Santrich, designado como representante a la Cámara por el partido Farc, es acusado —con contundentes pruebas— de un grave delito de narcotráfico cometido con posterioridad a la firma de los acuerdos, lo que, según esos mismos acuerdos, lo lleva a perder todos sus beneficios y a ser procesado por la justicia ordinaria. Y eso incluye la posibilidad de ser extraditado.
En la decisión hay un cúmulo de absurdos. Primero, porque la JEP suspende un proceso que no se ha iniciado, lo que, además de atentar contra el derecho, insulta la inteligencia. En efecto, como lo señaló el fiscal Néstor H. Martínez, el trámite de una extradición solo arranca cuando el país que pide al reo presenta la solicitud formal de extradición, y eso no ha ocurrido. Solo entonces se activa la competencia de la JEP, como lo especifica el artículo 19 transitorio, incorporado en la Constitución en desarrollo de los pactos de La Habana, y que los magistrados de la JEP se pasan por la faja.
No es un tema menor: la JEP dice que no está claro si los hechos en que Santrich se involucró con el sanguinario cartel de Sinaloa ocurrieron con posterioridad a la firma de los acuerdos. Eso a pesar de que el propio excomandante no niega que esos contactos fuesen en noviembre de 2017, casi un año después de la firma de los acuerdos, y se limita a alegar que no eran para narcotraficar sino para desarrollar “proyectos productivos” en áreas rurales.
“Lo que hoy está planteando la JEP no está ni en el acto legislativo que creó la Jurisdicción Especial ni en el proyecto de procedimiento que está en curso en el Congreso”, sostuvo el senador de ‘la U’ Hernán Penagos, ponente de dicho proyecto. La JEP prevarica en materia grave: dice que desconoce las pruebas sobre la fecha de ocurrencia; ¿cómo puede conocerlas cuando esa demostración judicial solo va a ser allegada cuando Estados Unidos formalice el pedido de extradición? En términos futbolísticos, la JEP anuló un gol antes de que se produjera la jugada. Al proteger a Santrich como si fuera la pobre víctima de un montaje, la JEP pela el cobre y exhibe un sesgo pro-Farc que aterra.
La credibilidad de esta jurisdicción viene siendo cuestionada desde hace rato. Hace pocas semanas, el secretario ejecutivo de la JEP, Néstor Raúl Correa, renunció a su cargo de forma intempestiva. A más de una diferencia conceptual sobre la estructura administrativa de la jurisdicción, quedó la impresión de que sus magistrados querían el control burocrático y de la multimillonaria contratación de la entidad, el mismo vicio que ha enlodado la respetabilidad de los tribunales de la justicia ordinaria.
A más del tufo clientelista y contratista que quedó tras la salida de Correa, ahora resulta que los magistrados dan muestran de escasa sindéresis y dejan entrever su favoritismo hacia los excomandantes de las Farc, autores —con los paramilitares— de algunos de los más espantosos crímenes de la historia colombiana. Que sepan de una vez por todas estos honorables togados que, por esta vía, quizás consigan vencer pero jamás lograrán convencer. Y que, por lo pronto, le dieron la razón al candidato presidencial Iván Duque, quien ha prometido que, si gana, hará ajustes importantes a las normas que regulan la JEP. Ajustes que son bienvenidos si, como lo indican los hechos, más que juzgar a los excomandantes, la JEP se dedica a protegerlos.
¿De verdad cree que Petro es el Mesías? ¿De verdad cree que salvará al país con aguacates? ¿De verdad cree que puede salvarlo de su propia miseria y que sin Petro no hay paraíso? ¿Cree que su Bogotá fue "Humana"? Fue un desastre. Petro es arrogante, autoritario y déspota, aparte de mal administrador. ¿Le va a dar su voto a un tipo así? Un político que le hizo trampa a su propio partido. Un político de quien su propia gente desconfía: Carlos Gaviria lo detestaba, Navarro Wolf dice que Petro es un su peor enemigo y Claudia López se distanció. ¿Cree que va a hacer una "Colombia Humana" un político que viene del M-19, responsable del holocausto del Palacio de Justicia, y del Polo, un partido con sonados escándalos de corrupción y cuna de uno de los ladrones más descarados de este país, Samuel Moreno, exalcalde de Bogotá ahora encarcelado? ¿No dijo el mismo Petro durante su alcaldía que la corrupción ronda por las esquinas?
Petro no es el pueblo, como dicen por ahí, Petro solo es Petro y nadie más, un político. "Chávez es el pueblo" leí en muchas paredes de Caracas hace unos años, y vean cómo anda el pueblo venezolano, con más de siete millones de personas en el exilio. Nada más en Colombia hay un millón de venezolanos suplicando una moneda o un vaso de agua: un millón de razones para no votar por Petro.
No olvide que socialismo y expropiación van de la mano. No olvide que la política de destruir la riqueza jamás ha funcionado. Como tampoco el odio. El problema es la pobreza, y el socialismo ha resultado un experto en el ejercicio de multiplicar los pobres. Y a manera de pruebas, las desastrosas experiencias de la Cuba de los Castro y la Venezuela de Chávez y Maduro. No olvide que Petro lleva un Chávez por dentro.
Nadie puede impedir que vote por quien usted quiera, pero aténgase a las consecuencias. Si usted le cree a un populista, allá usted.
Y, por último, no olvide que no soy el enemigo sino el mensajero. No diga que soy un escritor malo o mediocre porque ya me lo han dicho o que de política no sé nada porque también ni haga estúpidos juegos de palabras con mi nombre. No crea que porque escribo para niños veo el mundo color de rosa o que desconozco las artimañas de los políticos en los que tan ingenuamente deposita su fe. Ni me mienta la madre, que murió hace veinte años y era una santa. No me preocupa que usted ya no sea uno de mis lectores. Me preocupa más que en el futuro las políticas socialistas empobrezcan tanto el mundo editorial que ya no sea posible publicar un solo libro, y si uno no pertenece al partido, al único partido, ya no publicará una sola línea ni siquiera en el periódico, que también será el oficial, el Granma local. ¿Exagero? Acuérdese de Chávez clausurando a diestra y siniestra periódicos y canales de televisión. Nada más deprimente, y lo digo, por experiencia propia, que una librería cubana.
En fin, no tengo la oportunidad de tirarme el país. Pero Petro sí, si usted se lo permite.
Una economía que es pura especulación, y no considera como prioridad la prosperidad y la soberanía del pueblo, es hambre para hoy y mañana pan para el imperio. La economía es el corazón de nuestro proyecto revolucionario
Nuestra democracia es distinta a todas. Porque todas las demás —en prácticamente todos los países del mundo— son democracias formadas por y para las élites. Son democracias donde lo justo es lo que le conviene a unos pocos. Son democracias clasistas, donde los muchos son vistos como más en cantidad, pero menos en calidad.
En Venezuela, no. En Venezuela, la democracia es para los muchos, y lo justo es lo que es bueno para toda la gente. Y como las necesidades de la gente cambian, se articulan y se renuevan, es que el nuestro es un proyecto revolucionario que está en permanente cambio.
La familia del presunto asesino de Diana Quer sufre un brutal acoso mientras algunos de sus miembros reniegan de él
Enrique Abuín Gey sale de su vivienda tras un registro después de aparecer el cadáver de Diana Quer.OSCAR CORRAL ATLAS
El 22 de agosto de 2016 la Guardia Civil emitió una alerta por la desaparición de una chica de 18 años en A Pobra do Caramiñal. El 3 de enero de 2018 una mujer entró en Facebook, vio la foto de una niña de 12 años y le deseó la muerte. Ésta es una historia de odio y de niñas inocentes. Sobre la muerte física y la muerte civil. Sobre un asesino y un asesinato.