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miércoles, 6 de junio de 2018

Dora Maar / La mujer que llora


Picasso y Dora Maar (derecha)

Dora Maar
LA MUJER QUE LLORA



“Después de Picasso, Dios” Esta frase de la pintora y fotógrafa francesa Dora Maar, amante y víctima de Picasso explica bien lo que supuso el artista en su vida, una biografía que recupera ahora Zoe Valdés en “La mujer que llora” , la novela sobre el arte y el poder en las vanguardias de los años 30.

martes, 20 de junio de 2017

Zoé Valdés / La muerte de Fidel Castro


Zoé Valdés
LA MUERTE DE FIDEL CASTRO



Pensé que la muerte de Castro me iba a poner muy feliz, y que podría por fin aquí en Francia explayarme contando la verdad acerca de la dictadura castrista. Pues no. Sólo siento un gran asco. Un inmenso asco. Es todo. Por supuesto, archivo rostros y palabras, como las de Justin Trudeau en Canadá, y otros tantos, que algún día pagarán por sus ofensas al pueblo cubano.

Zoé Valdés / Diálogo con un muro





DIÁLOGO CON UN MURO
POR ZOÉ VALDÉS
abril 12, 2015



Empezaré por el presidente Barack Obama, quien ayer sostuvo un diálogo público con un dictador al que llamó presidente, y quien protagonizó una de las frases más desafortunadas de la historia. ¿Le importa a Obama los conflictos históricos como la 1ra y la 2da guerra mundial donde tantas muertes e injusticias se cometieron y de lo que hoy todavía seguimos hablando y recordando? A juzgar por sus palabras de ayer, no le importan. Puesto que él no había nacido cuando estas guerras tuvieron lugar. Obama dijo ayer, todo sonrisa, que no estaba interesado en seguir sosteniendo un conflicto que había tenido lugar cuando él no había nacido todavía, el de Cuba y EEUU -amén de las muertes y las injusticias cometidas por parte del castrismo. Es el banal pretexto de un ignorante. ¿Habrá que recordarle a Obama que como máximo representante de su país también representa el pasado y el futuro, la historia de ese país? ¿Habrá que demostrarle a Obama que el conflicto aún no se ha terminado cuando vemos cómo se comportan los oficialistas cubanos en un parque de Panamá o en la sala de conferencias de un evento frente a la oposición cubana?

martes, 8 de marzo de 2016

Oscar Wilde / El arte de conversar


Oscar Wilde
EL ARTE DE CONVERSAR

Por Zoé Valdés
16 de octubre de 2008

Quiero presentarles un libro que he disfrutado mucho. Oscar Wilde es, desde luego, uno de los escritores a los que siempre regreso. A su obra más conocida, a sus anécdotas, a su De Profundis, del que tanto debemos aprender. De su exilio parisino conozco varias anécdotas, todas maravillosas, recuerden aquella en la que un melancólico Oscar Wilde se va a orillas del Sena o de la Sena (es ría y no río), con ánimos de acabar con su vida, y descubre a un hombre ensimismado, mirando atentamente al agua. La curiosidad del escritor pudo más, se acercó al hombre, y le preguntó con voz queda:
-Buenas tardes, ¿qué, piensa en suicidarse? -Pensando que al igual que él el hombre tramaba su suicidio.
El otro le respondió.
-¿Suicidarme? ¡No, hombre, qué va! Soy peluquero, aprendo de los rizos que el aire le hace al agua.
Wilde tuvo fama de gran conversador, en una época en que lo más preciado en París eran sus salones literarios; y aunque la conversación es un arte efímero, íntimo, en París la convirtieron en representación casi teatral. Wilde “decía” y la gente quedaba hechizada, con sus epigramas, brillantes, y que encontraremos también en su obra. Wilde contaba entre lo cierto y lo irreal, lo verdadero y lo falso, podemos o no creerle, del mismo modo nos amplian la visión de la vida. Con sus reflexiones las circunstancias pasan a ser más posibles, menos constreñidas.
Wilde fue también un gran humorista, fino, y que obligaba a pensar, a no quedarnos en lo anecdótico. Sus críticas sobre políticos y celebridades despertaban un gran interés literario, jamás quedaron en la banalidad. En literatura hay que saber ser banal, con inteligencia y elegancia. En literatura, hay que ser vulgar, es necesario, pero con brillantez y refinamiento, que quiere decir, en el momento justo.
Este libro es la más completa colección de los epigramas de Oscar Wilde y reúne además cuentos orales de sus fabulosas conversaciones en los salones literarios, cuidadosamente recogidos por Roberto Frías, a partir de todo el material oral que se registró a través de amigos, biógrafos y conocidos. No dejen de buscarlo y leerlo.

FRAGMENTOS GENIALES

“Los malos artistas siempre admiran mutuamente sus trabajos. Lo llaman estar libres de prejuicios y tener una mente abierta. Pero un verdadero gran artista no puede concebir que la vida se exhiba, o que la belleza se muestre, bajo otras condiciones que no sean las que él ha elegido.”
El crítico como artista.

“Por paradójico que parezca -y las paradojas son siempre asuntos peligrosos-, no es tan cierto que la vida imita al arte como que el arte imita la vida.”
La decadencia de la mentira.

“El público acepta en el arte lo pasado porque ya no puede alterarlo, no porque pueda apreciarlo.”
El alma del hombre bajo el socialismo.

“Me agradan los hombres con futuro y las mujeres con pasado.”
El retrato de Dorian Gray.

“Todos nacen siendo reyes, y la mayoría de la gente muere en el exilio, como la mayoría de los reyes.”
Una mujer sin importancia.

“Hoy día la gente conoce el precio de todo y el valor de nada.”
El retrato de Dorian Gray.

“Nunca viajo sin mi diario. Uno siempre debe llevar algo sensacional para leer en el tren.”
La importancia de llamarse Ernesto.

“No hay algo así como un libro moral o inmoral. Los libros se escriben bien o mal. Eso es todo.”
El retrato de Dorian Gray.

“Londres está lleno de niebla y de gente seria. No sé si la niebla produce a la gente seria, o si la gente seria produce la niebla, pero todo el asunto me altera bastante los nervios.”
El abanico de Lady Windermere.

“Las mujeres se defienden atacando; a veces atacan con una extraña y súbita entrega.”
El retrato de Dorian Gray.

“El secreto de permanecer joven es una desmesurada pasión por el placer.”
El crimen de Lord Arthur Savile.

“Adoro los placeres sencillos, son el último refugio de lo complejo.”
Una mujer sin importancia.

“La única diferencia entre el santo y el pecador es que el santo tiene un pasado y el pecador un futuro.”
Una mujer sin importancia.


Oscar Wilde
El arte de conversar
Ediciones Atalanta, 2007.
237 páginas.




martes, 3 de marzo de 2015

El legado literario del territorio Lara Bosch-Planeta


José Manuel Lara Bosch.
Foto de 

El legado literario del territorio Lara Bosch-Planeta

Editores y escritores analizan la herencia editorial y empresarial del que fuera presidente de Grupo Planeta


Winston Manrique Sabogal
Madrid, 2 de febrero de 2015

Doce de los principales editores de España reunidos en una misma mesa para elegir la mejor novela del año en español. Rivales y competidores hablando como meros lectores y tratando de dejar los egoísmos a un lado para señalar la obra más destacada. Lo nunca visto. Algo que sólo lo podía hacer él: José Manuel Lara Bosch (1946-2015), fallecido el sábado. Así lo hizo desde 2002 hasta 2009 con la convocatoria del Premio Fundación José Manuel Lara.
Este retrato condensa gran parte de lo que fue este editor, la persona que consolidó a Planeta como el más importante grupo editorial en español. Es la imagen que le viene a la cabeza a Claudio López de la Madrid, director editorial de Penguin Random House en España, cuando se le pregunta por una de las señas del territorio Lara Bosch-Planeta. Una imagen que bordean varios de los editores y escritores que con sus voces levantan esa cartografía y legado.
Sin prejuicios. “Desde que tengo uso de razón, la sensación que Planeta me ha transmitido es la de publicar autores y temas sin prejuicios. Sin subestimar al lector. De Vizcaíno Casas a Vázquez Montalbán o Miguel Delibes. Allí se ha tenido en cuenta que los gustos son diversos. Esa variedad de registros me gusta porque permite desarrollar el gusto del lector a partir de la pluralidad de autores, temas y géneros”, afirma Clara Sánchez, ganadora del Premio Nadal 2010 por Lo que esconde tu nombre, y el Planeta 2013 por El cielo ha vuelto.
Descubridor. “Durante el franquismo allí se dieron a conocer muy buenos escritores. Sin ese grupo varios de ellos no habrían tenido tanta difusión. El respaldo que se les dio no solo los favoreció a ellos, porque de lo contrario no habrían llegado al gran público, sino también a la literatura”, destaca Soledad Puértolas, autora habitual de Anagrama, y ganadora del Planeta 1989 por Queda la noche.
Mecenas. “A muchos autores nos proporcionó desahogo económico con alguno de sus premios, y eso es importante teniendo en cuenta que es una empresa privada. Lara ha contribuido a cosas distintas dentro de la vida libresca nacional. Ha sido definitivo. Tiene luces y sombras, pero haciendo la suma final ha funcionado como un mecenas en un mundo tan complicado para publicar”, señala Álvaro Pombo, habitual autor de Anagrama y ganador del Planeta 2006 por La fortuna de Matilde Turpin, y Nadal 2012 por El temblor del héroe.
Optimismo. “Lara Bosch abrió muchas puertas a los editores pequeños y que son un ejemplo del amor a su oficio: su defensa, por un lado de la aportación de los autores con un permanente respeto de la propiedad intelectual y del justo reconocimiento al creador, defensa que siempre hizo valer ante los diferentes gobiernos; y, por otro, de los lectores, con su sana ambición de llegar cada vez a más lectores y que cada uno de ellos pudiera encontrar en su grupo el libro que podría darle aquello que buscaba. Era destacable su equilibrio, sensatez y optimismo contagiosos, incluso en los momentos de profundas dificultades de nuestro sector, que a tantos nos hizo ver en él uno de los mejores continuadores de la gran saga de editores españoles del siglo XX, capaz, sin duda, de entender las claves del libro en el siglo XXI”, asegura Ofelia Grande, editora de Siruela.
América Latina. “Para un latinoamericano ganar un Premio literario en España es muy importante porque la obra toma una dimensión inesperada, además de poder publicar, ser editada, y ser confrontada a las críticas literarias. Ganar el finalista del Planeta significa un gran reconocimiento, un espaldarazo, y como digo antes, significa la edición en una editorial de gran prestigio, lo que quiere decir que luego será leída por gran cantidad de personas y probablemente estudiada en las universidades. Para un cubano es doblemente importante, porque la censura castrista y la cerrazón de las editoriales en Cuba impiden que un autor sea conocido. El Planeta y los otros Premios de la Casa, como el Fernando Lara de Novela Histórica o el Azorín, son premios que indudablemente ayudan económicamente a los autores”, cuenta Zoé Valdés, finalista del Planeta 1996 por Te di la vida entera y Azorín 2013 por La mujer que llora.
Enseñante. “Editoriales independientes versus grandes grupos. ¿Tiene sentido esta manida repetición? ¿Asienta sus bases en argumentos sólidos? Si escuchamos las voces de los más pequeños cuando retratan a sus lectores, parece que el perfil de estos coincide sólo parcialmente con el de los monopolios gigantes. Obvio es que nuestras y sus estrategias promocionales y comerciales difieren, por planteamientos y posibilidades. Por lo tanto, y aceptando que hay cierta hermandad entre editores independientes, no deberían obsesionarnos otras políticas superiores en tamaño, quizá sí preocuparnos de vez en cuando, un "poquito". La existencia bicéfala de dos conglomerados de sellos es nota del ecosistema del libro. En este sentido, la labor de José Manuel Lara Bosch ha sido la que debía ser con su grupo, Planeta. Y de ella como editor independiente, entre otras cosas, me quedo con la posibilidad de dialogar, aprender y admirar el trabajo de algunos de sus editores como Elena Ramírez en Seix Barral o Juan Cerezo en Tusquets. Su presencia, sus libros, también son el editar de Lara Bosch”, reconoce Juan Casamayor, editor de Páginas de Espuma.
Defensor del libro. “Siempre hizo una defensa de lo que le interesaba al sector, más allá de sus propios intereses. Un ejemplo es el precio fijo del libro. La autoridad que tenía y la entrada con la gente que trataba fueron de gran ayuda para la industria. En eso fue muy generoso. No hay nadie con esa autoridad en el sector. Ahora hay un vacío. Siempre fue capaz de decir lo que pensaba y mantener buenas relaciones con quienes pensaban de otra manera”, advierte Joan Tarrida, de Galaxia Gutenberg.
Gran competidor. “Tener a un competidor en el mercado de la talla de Planeta mejora el desarrollo del sector. Con su liderazgo y profesionalidad se preocupó por las variables que influyen en el mundo del libro. Fue un empresario proactivo”, afirma Nuria Cabutí, consejera delegada del grupo Penguin Random House.


martes, 13 de enero de 2015

Cuba / Libros para conocer la historia del castrismo


Libros para conocer mejor 

la historia del Cuba bajo el castrismo

Desde Lezama Lima y Alejo Carpentier, hasta Leonardo Padura, Iván de la Nuez y Rafael Rojas, pasando por Cabrera Infante, Reinaldo Arenas y Heberto Padilla



Un joven lector durante la Feria Internacional del Libro de La Habana, en 2007. / JAVIER GALEANO (ASSOCIATED PRESS)
Un grupo de escritores cubanos crea una cartografía literaria para conocer mejor la historia de su país en los últimos 55 años. Primero comentan algunos de sus libros en los que han abordado temas cubanos y después recomiendan a otros autores y libros.
ALMA FLOR ADA
"He escrito las memorias Vivir en dos idiomas, Alla donde florecen los framboyanes y Bajo las palmas reales, y las novelas En clave de sol y A pesar del amor.

"Sobre otros autores: El siglo de las luces, de Alejo Carpentier, es una de las novelas más importantes de la literatura hispanoamericana, se nutre de los conflictos inherentes a las revoluciones: la injusticia que las provoca, el idealismo que las inicia, el absolutismo, los desmanes y las traiciones que pueden engendrar. El hombre que amaba a los perros y el resto de la obra narrativa de Leonardo Padura son una profunda crítica al desgaste de los ideales revolucionarios, a las traiciones cotidianas que erosionan principios fundamentales. Pero a pesar de la crítica honesta y profunda ambos narradores dejan abierta la esperanza en el ser humano como ente social.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Dora Maar / La musa doliente


Dora Maar

Dora Maar, la musa doliente

Un libro reconstruye la enigmática figura de la fotógrafa y pintora, más allá de su relación con Picasso

ÁNGELES GARCÍA Madrid 8 SEP 2013 - 23:17 CET


Pablo Picasso y Dora Maar, fotografiados por Man Ray.
Cuando Pablo Picasso y Dora Maar se conocieron, ella tenía 29 años y él 55. Fue en París en el mítico café Deux Magots en 1936, poco antes del comienzo de la guerra civil española. Ella arrastraba una tormentosa relación con el filósofo Georges Bataille y con el actor Louis Chavance. Él, ya un dios indiscutido en todo el mundo del arte, seguía casado con la rusa Olga Khokhlova, madre de su hijo Paulo, y compartía casa con la sueca Marie-Thérèse Walter, madre de Maya. La pasión amorosa entre ambos estalló con tal furia que parecía que nada de lo que ocurría a su alrededor importaba. Como a sus anteriores (y posteriores) mujeres, Picasso la retrató decenas de veces. Era su modelo y su musa. Hasta que, en 1943, todo acabó. Él la sustituyó por Françoise Gilot mientras que Dora inició un descenso a los infiernos en una dolorosa caída durante la que recaló en hospitales psiquiátricos, con aplicación de electroschocks incluida, hasta terminar refugiada en la religión en su apartamento parisino, alejada y apartada de un mundo en el que durante unos años había sido una de sus reinas imprescindibles. Murió en 1997 completamente sola, a los 89 años
Aunque su personaje ha servido de inspiración literaria en varias ocasiones y algunos historiadores del arte se han aproximado a su vida, pocas certezas se tienen de ella al margen del tiempo durante el que estuvo vinculada al artista malagueño. La leyenda en torno a su persona ha ido creciendo con el tiempo hasta adueñarse de la realidad. Los enigmas son muchos y atañen a sus orígenes, a su valía como fotógrafa y pintora, a su peso dentro del Surrealismo, a su actitud política durante la guerra civil española y la Segunda Guerra mundial, a su locura. Victoria Combalía (Barcelona, 1952), historiadora y crítica, ha dedicado veinte años a desentrañar los muchos misterios que rodean la vida de la musa más desesperada de Picasso. El resultado de este trabajo es la biografía titulada sencillamente Dora Maar (Circe) en la que a lo largo de 358 páginas vuelca los descubrimientos obtenidos en más de 2000 documentos inéditos y las numerosas entrevistas telefónicas que Combalía mantuvo con Maar en 1994.
Dueña de unos deslumbrantes ojos claros cuyo color definía la luz del día, Dora Maar era una mujer de presencia imponente y porte elegante. Nacida en París en 1907 como Henriette Markovitch, era hija de un arquitecto croata y una madre francesa dedicada a la familia. La posición económica era elevada debido a los años durante los que el padre construyó numerosos edificios en Argentina. En ese tiempo, Dora aprendió español, una ventaja para su aproximación a Picasso.
Maar tuvo una gran preparación intelectual y artística, primero en la pintura y luego en la fotografía, por la que, desde muy joven, formó parte de los círculos más vanguardistas del París de los años 20 y 30. Combalía advierte en su libro que Dora Maar no es una de las muchas modelos que se acercan a Picasso para acabar siendo devoradas sexualmente por el artista. La investigadora mantiene que junto a la pasión enloquecida que ambos vivieron, hubo un entendimiento intelectual que Picasso no alcanzó con ninguna de sus muchas otras amantes.

A finales de los años 20, Maar formaba parte del círculo de los surrealistas. Era amiga y colega de Brassaï y de Cartier Bresson. Sus fotografías de personajes de perdedores y excluidos de la sociedad eran aplaudidas y valoradas entre los expertos.
Amante del mundo de la alta costura, se movía como pez en el agua en los ambientes de la alta burguesía y entre las mesas de los cafés que frecuentaban los artistas de toda índole. Ideológicamente simpatizaba con los partidos políticos de izquierda, aunque, a diferencia de Picasso, no llegó a militar en ninguno de ellos.
Su manera de entender la fotografía y su popularidad entre los surrealistas le sirvieron a Dora para entrar en la vida de Picasso. Muy segura de sí misma en aquellos años, Dora Maar llamó la atención del artista con una curiosa anécdota que Combalía cuenta en el libro y que también da pistas sobre el carácter masoquista de Dora. Ocurrió en el café Les Deux Magots. Ella se puso a jugar con una navajita que habitualmente llevaba en el bolso. Haciendo saltar la hoja entre los dedos, no detuvo el juego pese a que la sangre chorreaba por su mano. Picasso quedó hipnotizado y le pidió sus guantes moteados de sangre.
Con los guantes, Dora le entregó su vida.
Dedicada en cuerpo y alma a Picasso, Dora documenta con su cámara la compleja realización del mural más famoso del mundo: el Guernica. Su objetivo detalla la metamorfosis de los personajes que ocupan la tela, un trabajo por el que nunca llegó a cobrar nada, ni siquiera los derechos de reproducción que tan bien le hubieran venido en sus difíciles años posteriores.
Picasso
Ambos comparten amistades, veranos, viajes, trabajo y vida. Y especialmente sexo, algo en lo que Picasso parecía ser tan insuperable como en su pintura.
Pero mientras que para ella no había más mundo, él seguía viendo a otras mujeres. A sus anteriores amantes y a las nuevas. Y la bellísima y deslumbrante Dora pasó a ser la mujer desencajada, rota y llorosa que acabó ingresada en un psiquiátrico.
En 1943 Picasso se enamoró de Françoise Gilot y para Dora se acabó el mundo. La musa divina se convirtió en una loca a la que muchos fueron abandonando. Su amigo Paul Eluard fue una de las pocas excepciones entre los que mantuvieron su amistad hasta el final.
Con el paso de los años, Dora Maar volvió a la pintura pero muy esporádicamente a la fotografía. No se le volvió a conocer ninguna relación amorosa. Para sorpresa de muchos, abrazó el catolicismo con una intensidad que ya nunca abandonaría. Después de Picasso, solo Dios.
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