La idea de traición, un concepto clave de los años 70, resquebraja los flecos del vínculo entre una hija y su padre.
Mostrando entradas con la etiqueta Josefina Licitra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Josefina Licitra. Mostrar todas las entradas
lunes, 4 de mayo de 2026
viernes, 2 de enero de 2026
Josefina Licitra pasa de cronista a guionista con una novela de Camila Sosa Villada
![]() |
| Josefina Licitra |
Josefina Licitra pasa de cronista a guionista con una novela de Camila Sosa Villada
La escritora y periodista, autora del guion de la serie sobre la tragedia de Cromañón que se estrena el viernes 8 de noviembre, trabaja en la adaptación cinematográfica de “Las Malas”
Por María Angélica Troncoso / 30 de octubre de 2024
La periodista, escritora y guionista Josefina Licitra, un referente de la crónica literaria en América Latina, dice que la crisis que vive el oficio del cronista está obligando a los profesionales a migrar al mundo audiovisual para subsistir. La escritora estuvo en Río de Janeiro para el lanzamiento en portugués de 38 estrellas: la mayor fuga de mujeres de la historia, elegido como uno de los mejores libros de 2018 por The New York Times en Español.
jueves, 2 de enero de 2020
Los 50 mejores libros del 2019 / Cuarta parte
Los 50 mejores libros de 2019
CUARTA PARTE
SEIS VISIONES DESDE AMÉRICA LATINA
Seis autores latinoamericanos escogen sus lecturas del año
Babelia
21 de diciembre de 2019
Mariana Enríquez. La primera novela de Camila Sosa Villada cuenta la infancia de una mujer travesti y su primera juventud, cuando reparte su tiempo entre la universidad y la prostitución. La potencia política de Las malas (Tusquets) es inescapable y es igual de poderosa su escritura: algo de cuento de hadas, mucho de realismo visceral, tantísimo de poesía. Entre Lemebel, Lorca y Carson McCullers; hay personajes retratados con ternura y sin concesiones, hay crueldad, cuerpos que resisten y aman, fiesta, deseo y terror.
Juan Gabriel Vásquez. Valeria Luiselli ha inventado el lugar perfecto para que confluyan las virtudes de sus libros anteriores, del feroz virtuosismo formal a la clarividencia ética. Desierto sonoro (Sexto Piso), escrito originalmente en un inglés de recursos desbocados, cuenta el viaje de una familia de Nueva York a Arizona. La pareja se resquebraja sobre el fondo noticioso de los niños migrantes separados de sus padres y privados de libertad, con lo cual la íntima catástrofe de unos amantes es el eco de la debacle moral de un país.
Frank Báez. El 30 de julio de 1971, 38 presas políticas menores de 25 años se escaparon por las cloacas de un penal de Montevideo. Este hecho está considerado como la mayor fuga de una cárcel de mujeres de la historia. En 38 estrellas (Seix Barral), Josefina Licitra rescata este episodio y nos lo devuelve con toda la pasión y el sentido de aventura con que fue vivido. Armado con la destreza y la maestría de una novela policiaca, este es el retrato de unas luchadoras feministas que quisieron cambiar el mundo. El talento de Licitra es inmenso y este es sin duda su mejor libro.
Igor Barreto. Los autoritarismos, sean o no del siglo XXI, están empeñados en agravar la tradición de la amnesia que Derek Walcott decía que estaba en el origen de Latinoamérica; pero a contracorriente de estos “olvidos”, la editorial Pre-Textos, en su colección La Cruz del Sur, publicó bajo el título de Rasgos comunes una antología de la poesía venezolana del siglo XX. Los autores de esta reinvención de país fueron los escritores (y críticos) Antonio López Ortega, Miguel Gomes y Gina Saraceni. Retejieron una trama de parentescos con los mejores poemas venezolanos.
Liliana Colanzi. En Las homicidas (Lumen), Alia Trabucco se sumerge en los casos de cuatro mujeres asesinas que escandalizaron a la sociedad chilena del siglo XX. Trabucco argumenta que no fueron juzgadas solo por sus crímenes, sino por transgredir las reglas de cómo debe ser una mujer: la prensa escudriñó sus infidelidades, su ausencia de emociones, sus matrimonios fallidos, sus rasgos “masculinos”, su condición de “destructoras de familias”. A un excelente trabajo de archivo, Trabucco añade su diario de la investigación. Un libro escabroso, inteligente, necesario.
Brenda Navarro. Daniela Rea y Pablo Ferri han publicado un libro que contiene dentro de sí dos miradas: la de ellos como periodistas y la de diversos soldados que dan testimonio a la pregunta de por qué mata un soldado. La tropa (Random House, 2019), es un libro clave para iniciar una conversación sobre lo que sucede actualmente en América Latina: el poder del ejército como aparato represor de la ciudadanía y la necesidad de mirar el monstruo que lejos de separarnos de la maldad, nos une. Un libro que da pie a que podamos empezar a narrarnos desde otro punto de vista.
Etiquetas:
Alia Trabucco,
Daniela Rea,
Josefina Licitra,
Los mejores libros / 2019,
Mariana Enriquez,
Pablo Ferri,
Valeria Luiselli
miércoles, 20 de mayo de 2015
Josefina Licitra / El ojo feroz / Un perfil de Beatriz Sarlo
![]() |
| (c) Tomás Linch |
El ojo feroz
Un perfil de Beatriz Sarlo. *
Por Josefina Licitra
2 de octubre de 2012
Se olfateaba una batalla. Todos estaban alerta. Beatriz Sarlo –una de las intelectuales más prestigiosas de Argentina y una de las voces que más duramente critican al gobierno kirchnerista- había sido invitada a participar de 678: un programa emitido por la televisión pública que, en los hechos, funciona como el principal brazo del gobierno dentro del universo mediático. Que Beatriz Sarlo fuera a 678 era un evento que sólo encontraba parangón en el terreno deportivo: era un duelo. Un Boca-River. Una contienda en la que apenas había dos espacios: el de vencedor y el de vencido.
Josefina Licitra / Aire
Josefina Licitra
AIRE
Después de dos meses puedo decirme a mí misma que esto ocurrió. Que el pasto verde y liso, el manto afelpado del que salían árboles derechos existió. Que yo vi ese cuatriciclo blanco circulando por senderos con olor a nada y que me enfrenté, también, a la mujer del cuatriciclo: una señora de cabello recto y anteojos oscuros que decía, con gélida amabilidad, «suba». Decía «suba» como si la muerte fuera ella. Como si ella fuera la condensación de ese espanto que nos empujaba a todos a caminar por el parque, bajo el sol ciego y caliente, entre las flores de perfección sombría.
Es cierto que hubo una sala limpia y fría en la que todo era blanco. Todos los colores se habían desprendido de sí mismos y el lugar era la sala de los desvanecimientos. A un costado había café. El café que tomábamos para tener algo que hacer con nuestras manos, con nuestro frío, con esa sensación de caída libre en el estómago.
Es verdad que hubo un párroco y es cierto que lo echamos. Le dijimos «gracias», le explicamos qué pensábamos de dios.
Existió el cajón.
Al fondo, en el centro de la escena: eso.
Nunca vi nada tan triste y terrorífico, nada tan indignante, nada tan sin remedio.
Lloré frente al féretro quién sabe cuánto tiempo. Éramos muchos. El silencio de una misa. Mi tía se hamacaba en un baile sincopado, íntimo y conmovedor. Veinte minutos meciéndose mi tía, hasta que mi padre se acercó, la envolvió con los brazos y le dijo «Ya está. Vamos». Ya no queda nada.
Me acerqué a eso. Besé la madera porque no fui capaz de abrirlo todo y besar a un muerto. El dolor no estaba en mí. Yo era el dolor.
Nos fuimos.
Ahora, cuando lo extraño mucho y son tantas las veces que lo extraño, cierro los ojos y pienso que toco su mejilla flácida y rasposa. Cierro los ojos y pienso en sus dientes inquietos. Cierro los ojos y pienso que su mano está en mi frente. Su mano fresca y seca, la brisa de playa de su mano. Y entonces me digo que es así, que la muerte es esto. Sentir que mi Nonno me acaricia desde el aire.
Josefina Licitra / Sin red
Josefina Licitra
Sin red
Mi escritorio está en un primer piso y tiene un balcón. Y cada vez que subía a trabajar, desde hace meses, me detenía a mirar una tela de araña que estaba tendida entre dos de los barrotes del balcón de marras. Por una razón que jamás me expliqué –o más bien: que jamás me detuve a pensar- nunca quise quitar esa tela. Me fascinaba ver cómo se fortalecía la red, cómo esa tela de araña era la trama, al fin y al cabo, de una larga paciencia. Una vez incluso vi la araña –mínima- y sentí un respeto religioso por ella. Por ese mundo solitario y tenaz, pero sobre todo inexplicable, que tejía ese bicho ante mis ojos.
Pienso en esto ahora, después del diluvio, cuando subo a mi escritorio y veo que la tela de araña no está más. El agua barrio con ella, como barrió con tantas otras cosas. Y por primera vez después de veinticuatro horas de locura –de goteras, agua, mareas domésticas, papeles mojados, miedo: miedo a la próxima lluvia-, por primera vez después del caos, decía, me siento en mi silla, llena de supersticiones y de rezos al cielo, y pienso en mi araña con amargura en el pecho; como si la vida entera que habita en todas las cosas se hubiera escurrido por un tubo cloacal.
lunes, 13 de abril de 2015
Josefina Licitra / Monstruos
Josefina Licitra
MONSTRUOS*
31 de julio de 2014
Cuando era chica —entre los cinco y los siete años— viví con un monstruo. Se llamaba Guillermo y era pareja de mi madre. Tenía bigotes y ojos muy azules. Era contador. Era pintón. Pero ninguno de estos datos importa en ésta, una historia de monstruos.
martes, 7 de abril de 2015
Josefina Licitra / Queríamos tanto a Sylvia
![]() |
| Sylvia Plath |
Josefina Licitra
QUERÍAMOS TANTO A SYLVIA
13 de febrero de 2010
El 11 de febrero de 1963 –hace 47 años- la escritora Sylvia Plath se suicidó metiendo la cabeza en el horno. Y con ese singular final concluyó una vida que puede leerse como una pieza narrativa en sí misma –Sylvia estuvo internada en un psiquiátrico, recibió electroshocks, quiso matarse demasiadas veces, se casó con un hombre bello y talentoso-, aunque también como una representación descompuesta de lo que era, y en cierto modo sigue siendo, el mito de la realización femenina.
Sylvia fue una gran escritora. Su vida reunió todos los atributos para volverse película de Hollywood –de hecho, se filmó una y el papel lo interpretó Gwyneth Paltrow- pero lo cierto es que su obra fue muy superior a cualquier mito decorado por el marketing. Ni siquiera es que lo suyo fuera un don: era el resultado de una virtud y una filosa mirada poética, pero principalmente de la búsqueda extenuante y dolorosa de la perfección. Sylvia estudiaba las palabras como un entomólogo estudia las partes de un insecto. Las desarmaba, las miraba, las hacía dialogar con el resto del cuerpo, y las ponía a trabajar en pos de un objetivo: la trascendencia literaria. Porque Sylvia, lo dicho, era una gran escritora. Una mujer de letras exquisitas que un día se enamoró del poeta Ted Hughes; que otro día parió dos hijos; y que un tercer día supo lo difícil que puede ser buscar el prestigio vocacional, estar casada con un escritor igualmente ambicioso, y llevar adelante una casa y una crianza bajo una premisa incuestionable: como Hughes necesitaba cultivar su perfil artístico, ella –por épocas- debía enseñar en universidades para llevar un ingreso fijo al hogar.
Josefina Licitra / La década honesta
Josefina Licitra
LA DÉCADA HONESTA*
17 de octubre de 2013
17 de octubre de 2013
Es la noche del domingo. Finalmente puedo escribir algo. A lo largo de esta última semana logré tomar unas notas pero no encontré el momento de sentarme a responder una única pregunta: ¿Qué nos pasa a las mujeres a los treinta años? Fue difícil encontrar una respuesta simple, pero sobre todo fue difícil empezar. Entrar en la “década del treinta” implica, entre tantas cosas, vivir siempre con la sensación –o más bien la certeza- de que nos falta tiempo. Hago una lista. En estos siete días que pasaron hice –tal vez todas hagamos hecho- más cosas de las que entran en una sola paciencia.
Josefina Licitra / Cerdo
Josefina Licitra
CERDO
Mamá salió de la cocina con grandeza. Parecía una de esas divas que pisan el escenario para dar el último saludo de la noche. Llevaba una fuente inmensa que descargó sobre la mesa como si estuviera arrojándonos una verdad a la cara.
- Acá está el cerdo- dijo.
Josefina Licitra / Clara y la oscuridad
Josefina Licitra
CLARA Y LA OSCURIDAD
22 de febrero de 2010
22 de febrero de 2010
Clara Anahí Mariani nació el 12 de agosto de 1976. Tenía, desde un primer momento, un cuerpo y un nombre. Y padres. Su mamá se llamaba Diana Teruggi y estudiaba Letras. Su papá, Daniel Mariani, era economista. Ambos vivían en La Plata, la ciudad donde se conocieron, donde compraron una casa modesta –ubicada en la calle 30 entre 55 y 56-, donde tuvieron una hija, donde fueron asesinados y donde Clara Anahí Mariani desapareció.
Josefina Licitra / Mujica, el presidente imposible
![]() |
| Pepe Mujica |
Josefina Licitra
Mujica, el presidente imposible
ILUSTRA LEO BARIZZONI
Imposible que viva donde vive, que vista como se viste y que tenga la historia que tuvo. El Pepe Mujica, presidente uruguayo, es el hombre más sin corbata de todo el universo.
Acá.
José Mujica, presidente de la República Oriental del Uruguay, vive acá.
En la entrada del rancho hay una cuerda donde cuelgan las ropas de un niño —pobre—; una casucha de ladrillo gris a medio hacer —pobre—; un desmadre de plantas: juncos, pastos crecidos, yuyos; una hectárea de tierra recién surcada; y perros, muchos perros. Chuchos que circulan con el paso lerdo de los animales viejos y que cada tanto buscan esquinas de sombra allá en el fondo, pasando unos arbustos, en la casa de José Mujica.
Allá. José Mujica, presidente de la República Oriental del Uruguay, descansa allá: en cuatro ambientes de paredes desconchadas donde hay una cocina, un sillón rojo, una perra de tres patas —la mascota de Mujica es tullida— y una estufa a leña. Desde ese bajofondo austero, casi marcial, este hombre emergió infinitas veces —primero como legislador nacional, luego como candidato presidencial— a recibir a la prensa.
Y recibir, en el planeta de Mujica, es un verbo imperfecto. Mujica ha recibido periodistas recién bajado del tractor, sin la dentadura puesta, con el pantalón arremangado hasta las rodillas y con una gota de sudor colgando de la nariz.
Mujica ha recibido periodistas con un afectuoso cachetazo y con esta frase: “Cortala con el bla bla y andá a laburar, que es lo que necesita el país”.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



















