Mostrando entradas con la etiqueta Teresa Arijón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Teresa Arijón. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de enero de 2015

Camila do Valle / Misión diplomática en la China


Camila do Valle
(Leopoldina, 1973)
Misión diplomática en la China 
(pianíssimo)
Traducción de Teresa Arijón

¿Dónde posar la palabra?
Como si el bolígrafo fuera el asa de una taza
de rara porcelana que yo tuviera que sostener
con todo cuidado
en el aire.
Del aire al plato podemos,
o no,
hacer añicos la dinastía Ming.
Delicadamente.




jueves, 11 de diciembre de 2014

Angela Melin / Tres poemas


Angela Melin
(Porto Alegre, 1952)
TRES POEMAS
Traducciones de Teresa Arijón y Bárbara Belloc


Cosas así, pardas

Canario, pato, chucherías
cosas así, nombres — Rita
cosas así pardas, mestizas
de pequeño porte
cosas de fibra
aunque de aspecto desvalido
cosas pardas vivas
pulsantes
un poema así.

Mi tierra

De mi tierra quedó
el foso
estas raíces al aire
desarboladas
el temblor
buscando en vano.
Un estanque
frío
hojas oscuras.
Calle sin playa
río sin puerto.
Tunda de cinto
cresta baja.
El ojo — ¿azul de mi tierra?
Los vuelos
de Varig. Ciudades:
uniones, desenlaces.
Palabra en la punta de la lengua.
Nada es natal.

Álbum

Detrás del alambrado los azulejos
el verde opaco del cloro
la pileta de los bancarios
vos de piernas cruzadas
pasando crema
sonriendo.
El recreo colectivo
el descanso proletario
el minuto inmortal
que la instantánea congeló.
El examen obligatorio
para entrar al paraíso
la ducha con jaboncito
el médico de turno.
No me olvido, está en el álbum:
con un solo dedo de la mano
me derretías.


Teresa Arijón / Ultimo poema de amor


Teresa Arijón
ÚLTIMO POEMA DE AMOR

dice que, ahora,
cuando el viento sacude las plantas
y hace caer hilillos de hojas
sobre las baldosas —
dice que ahora
su vocación es lavar ropa
de madrugada —
un concierto de baldes, agua y espuma de jabón,
telas varias y sus manos —
pequeñas como la menta
y perfumadas de un aire que ya no habito;
sus manos, digo,
en tareas rotundas, familiares
que aún se niegan al reparo del olvido.
de noche, no muy lejos
de la casa donde hoy vivo
ella lava su ropa como si soñara.
luego escribe — describe los colores
la selva de humo y silencio
el correr del agua por la rejilla
y las baldosas rojas —
mansas y delicadas como el viento
que noche a noche roza sus manos
como queriendo avivar el fuego
entre uno y otro corazón.





viernes, 21 de noviembre de 2014

Teresa Arijón / La vida nueva



Teresa Arijón

LA VIDA NUEVA

si fuera hombre usaría
la navaja de mi abuelo para afeitarme —
rozaría lentamente el hueco del mentón,
trazaría los ángulos del rostro con precisión de esteta.
Ha de ser un magnífico ejercicio de conciencia y de pulso
mirarse cada día al espejo,
navaja en mano.



Óstraca, Ediciones Curandera, Buenos Aires, 2012 

Teresa Arijón (Buenos Aires, 1960). Poesía Publicada: La escrita (1988), Teoría del cielo (1992, con Arturo Carrera), Alibí (1995), El libro de las criaturas que duermen a nuestro lado (1997), El libro de la luna (1998),Orang-utans (2000; con Bárbara Belloc, escritos luego de haber pasado una temporada en el Sepilok Orang-utan Rehabilitation Center en 1996, al noreste de Borneo), Poemas y animales sueltos (2005), El Perro continuo (2007, con Manuel Hermelo). Fue integrante de la revista “18 whiskys” y coeditora de la hoja mensual “La Rara Argentina”. Cronista y traductora, diseñó y coordinó la primera antología bilingüe de poesía brasileña y argentina contemporánea, Puentes/Pontes (2003). En 2012 la editorial Curandera publicó Óstraca: "Óstraca es una idea posible de "poesía reunida". Contiene todos los poemas de Os (Málaga, Puerta del Mar, 2008), más algunos que no fueron publicados en la edición original; casi todos los de Poemas y animales sueltos (Buenos Aires, pato-en-la-cara, 2005) y Orang-utans (Buenos Aires, La Rara Argentina, 2000); y algunos de Alibí (Buenos Aires, La Rara Argentina, 1995) y La escrita (Buenos Aires, Último Reino, 1988), ediciones que también me permití "aumentar" con textos de la época. Más inéditos de distintos años que intentan revelar (pienso en Wittgenstein) el "fulgor del aspecto."



Teresa Arijón / El hombre en el pozo

Jim Mullan

Teresa Arijón
EL HOMBRE EN EL POZO
En el fondo de un pozo
cuya boca ha sido tapada desde afuera,
sin un resquicio que permita la entrada de la luz
un hombre, solo, con una botella de agua.
Debe meditar, si puede, sobre la impermanencia de las cosas
pero en cambio elige adivinarse las uñas de los pies.
Ha fracasado en todo: ni el amor,
ni la pura poesía en estado salvaje,
ni el ideal paupérrimo de una vida dedicada al arte.
Tiene cuarenta años y no puede mirar hacia adelante,
tampoco hacia atrás. (El pasado
es una cortina de humo sobre todas las cosas;
su sola noción opaca los usos del presente,
en cierto modo lo deja atrás.)
En el fondo del pozo, el hombre,
que es chino y está a punto de morir pero no (y él lo sabe),
imagina que enciende un fósforo;
siente en la yema de los dedos la aspereza
de la pólvora: el fulgor repentino que lo fascinó en su infancia
es ahora, en el pozo, un sueño sin dimensión.
(Un fantasma sin cara, él mismo sin su aspecto.)
En el fondo del pozo el hombre podría ser cualquiera,
sumirse en la historia colectiva como quien cava una fosa común.
Ser víctima o verdugo: ha perdido los límites. Desconoce
el peso permanente que arrastra sobre sí.
Él quisiera dejarse deslizar por la vía más fácil:
hacer de sus sentidos afilados un aquí y un ahora.
Pero sólo conoce aquello que lo espera: el hambre, la sed.
Como un monje suicida o destinado a la automomificación,
el hombre —que antes tuvo una esposa, a la que amaba—
querría tener ahora, en el pozo, una campana.
Una campana de tañido minúsculo para anunciar que todavía sigue vivo.
En sus horas de miedo dice palabras sueltas, destajos de un poema
que no sabe o no quiere recordar. Pasa la yema del pulgar por los labios resecos. Supone que sería más fácil dejar de respirar.
En el fondo del pozo el hombre quisiera ser juez de su propia vida
e inclinar el platillo hacia el lado de los inocentes,
los que sin más que su paciencia resignada esperan
las tramas infinitas.
Pero sabe que de algún modo es culpable
de estar allí sentado, solo,
en la extrema oscuridad.
Teresa Arijón
Óstraca (poesía reunida) 
Curandera, 2011. Pág. 37



Teresa Arijón / Amor


Teresa Arijón

Amor
¿Seré acaso la campana que soñaste,
ese fragmento de materia ciega
venido de otro tiempo para tañer despacio,
opacamente y solo —tal vez— para tu oído?

¿Seré ese caballo desbocado que sin freno
atravesó el paisaje en pleno mayo
para caer a tus pies?

¿Ese destino esquivo
de una campana antigua y su leyenda?

¿Un caballo en el fondo de un pozo
en la noche perfecta?





jueves, 20 de noviembre de 2014

Manoel de Barros / Fábulas


Manoel de Barros
FÁBULAS
Traducción de Teresa Arijón

En las Metamorfosis, en doscientas cuarenta fábulas,
           Ovidio muestra seres humanos transformados en
           piedras, vegetales, animales, cosas.
Un nuevo ejercicio sería que los entes ya transformados
           hablaran un dialecto cosal, larval, piedral etc.
Nacería un lenguaje madrugante, adánico, edénico,
           inaugural –
que los poetas aprenderían – siempre y cuando volvieran
           a los niños que fueron
           a las ranas que fueron
           a las piedras que fueron.
Para volver a la infancia, los poetas también tendrían
           que reaprender a errar la lengua.
¿Pero esto es una invitación a la ignorancia?
¿A inocular el idioma en los mosquitos?
Sería una demencia peregrina.






Manoel de Barros / La enamorada
Manoel de Barros / Autorretrato hablado
Manoel de Barros / El río
Manoel de Barros / El proveedor
Manoel de Barros / Fábulas



Manoel de Barros / El proveedor

Ilustración de Chailette
Manoel de Barros
El proveedor
Traducción de Teresa Arijón

Andar a tontas y a locas es cosa de ave.
Mi abuelo andaba a tontas y a locas.
No servía para casi nunca.
Pero sabía el nombre de los vientos
y todos los silbidos para llamar a los pájaros.
Ciertas palomas lo tomaban por techo y pasaban
las tardes frecuentando su hombro.
Mi abuelo decía cosas poco sesudas:
           que lo habían elegido para ser árbol.
Lirios lo meditaban.
A mi abuelo lo tomaban por tonto
porque cada mañana daba los buenos días
a los sapos, al sol, al agua.
Pienso que era proveedor de poesía como las aves
y los lirios del campo.




Manoel de Barros / La enamorada
Manoel de Barros / Autorretrato hablado
Manoel de Barros / El río
Manoel de Barros / El proveedor
Manoel de Barros / Fábulas




Manoel de Barros / El río


Manoel de Barros
EL RÍO
Traducción de Teresa Arijón

El río que daba la vuelta detrás de nuestra casa era
           la imagen de un vidrio blando que daba la vuelta
           detrás de la casa.
Después pasó un hombre y dijo: esa vuelta que da
           el río detrás de tu casa se llama ensenada.
Ya no era la imagen de una culebra de vidrio que
           daba la vuelta detrás de casa.
Era una ensenada.
Creo que el nombre empobreció la imagen.





Manoel de Barros / La enamorada
Manoel de Barros / Autorretrato hablado
Manoel de Barros / El río
Manoel de Barros / El proveedor
Manoel de Barros / Fábulas



Manoel de Barros / Autorretrato hablado

Manoel de Barros
según Netto Picinez

Manoel de Barros
Autorretrato hablado
Traducción de Teresa Arijón




Vengo de un Cuiabá garimpo y de callecitas tortuosas.
Mi padre tuvo un puesto de bananas en el Beco da
           Marinha, donde nací.
Me crié en el Pantanal de Corumbá, entre animales del
           suelo, personas humildes, aves, árboles y ríos.
Aprecio vivir en lugares decadentes por puro gusto
           de estar entre piedras y lagartos.
Hacer apreciar lo despreciado es algo que me place.
Ya publiqué 10 libros de poesía; al publicarlos me
           siento como deshonrado y huyo al Pantanal
           donde soy bendecido a garzas.
Me busqué la vida entera y no me encontré — por eso
           fui salvado.
Descubrí que todos los caminos llevan a la ignorancia.
           No fui a parar a la alcantarilla porque heredé
           una chacra de ganado. Los bueyes me recrean.
¡Ahora soy tan ocaso!
Estoy en la categoría de sufrir de moral, porque sólo
           hago cosas inútiles.
En mi morir hay un dolor de árbol.