Los ojos deseados
Prólogo
de Eduardo Chirinos
Según
Pitágoras y Euclides, el ojo emanaba un haz de rayos que chocaba con los
objetos: la realidad podía verse porque era tocada por esos rayos que
regresaban de vuelta al ojo. Demócrito, por el contrario, pensaba que las cosas
irradiaban imágenes inmateriales que entraban al ojo a través de la pupila. Más
conciliadoramente, Platón estaba convencido de que algunos rayos partían del
ojo, pero otros partían del sol.
