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viernes, 20 de marzo de 2020

Vargas Llosa / Regreso a Berlín


Mario Vargas Llosa

BIOGRAFÍA

Regreso a Berlín

Hace 28 años la ciudad estaba todavía en ruinas, sobre todo en el Este, y ahora crece y se reconstruye de manera desaforada. Es un formidable centro de cultura, paraíso de la música, los museos y el teatro


15 de febrero de 2020






Regreso a Berlín
FERNANDO VICENTE


Al poeta José Emilio Pacheco, el olfato le decía si los libros eran buenos o malos. Yo estuve en una librería de Estados Unidos con él; olía los anaqueles y las narices le ordenaban lo que debía comprar o rechazar. A mí me ocurre con las ciudades lo que a él con los libros; me basta llegar a un aeropuerto o una estación y de inmediato sé si aquella ciudad me acepta o me resiste. Con Berlín supe al instante que podría vivir allí toda la vida y que también mi esqueleto reposaría feliz en tierra berlinesa. Estuve allá todo el año 1992 y ahora he vuelto apenas por tres días, también al Wissenschaftskolleg, para escuchar a un nuevo fellow, mi amigo Efraín Kristal, que va a escribir un libro sobre Borges. Nos explica con lujo de detalles lo que ya lleva avanzado y, no hay duda, será un ensayo lleno de revelaciones y sorpresas.

Aunque los 28 años han cambiado el aspecto de la ciudad —entonces estaba todavía en ruinas, sobre todo en el Este, y ahora crece y se reconstruye de manera desaforada—, sigue siendo el paraíso de la música, de los museos y del teatro: un formidable centro de cultura. Hace casi tres décadas, pasear por Unter den Linden hacia la Isla de los Museos era andar entre ruinas; ahora, han reaparecido los palacios y las óperas, y mansiones suntuosas y a veces feas, como la Embajada rusa, que ocupa siempre toda una inmensa manzana. Entonces, el arquitecto italiano Renzo Piano había ideado la resurrección de Potsdamer Platz; recuerdo que traía buzos rusos, que trabajaban sumergidos en el agua, y regresaban a Rusia en avión para pasar los fines de semana con sus familias. Ahora Potsdamer Platz refulge en la noche con sus bellos y gigantescos edificios iluminados, uno de los cuales es el famoso Museo del Cine, y otro, el Teatro Marlene Dietrich, a quienes los berlineses han perdonado, por lo visto, que durante la guerra cantara para los soldados norteamericanos...