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lunes, 2 de octubre de 2023

Rilke / Canción de amor



Rainer Maria Rilke
CANCIÓN DE AMOR

¿Cómo sujetar mi alma para
que no roce la tuya?
¿Cómo debo elevarla
hasta las otras cosas, sobre ti?
Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido,
en un rincón extraño y mudo
donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse.
Pero todo aquello que tocamos, tú y yo,
nos une, como un golpe de arco,
que una sola voz arranca de dos cuerdas.
¿En qué instrumento nos tensaron?
¿Y qué mano nos pulsa formando ese sonido?
¡Oh, dulce canto!


viernes, 30 de septiembre de 2022

Javier Marías / Rainer Maria Rilke a la espera

Rainer Maria Rilke



Javier Marías
Rainer Maria Rilke a la espera

    Cuando Rainer Maria Rilke era muy joven, fue a visitar al viejo Tolstoi en su finca de Yasnaya Polyana. Caminaban por el campo en compañía de la ubicua Lou Andreas-Salomé, y Tolstoi le preguntó a Rilke: «¿A qué se dedica usted ahora?», a lo que el poeta contestó natural y tímidamente: «A la lírica». Según parece, lo que recibió en respuesta fue no sólo una sarta de insultos, sino una diatriba en toda regla contra todo tipo de lírica, algo a lo que en modo alguno podía dedicarse nadie.
    No cabe duda de que al joven Rilke las palabras del anciano maestro ruso tuvieron que entrarle por un oído y salirle por otro, ya que pocos poetas ha habido en la historia que más se hayan dedicado, precisamente dedicado, de manera obsesiva y excluyente, no sólo a la lírica sino exactamente a todo tipo de lírica. Rilke hacía lírica en sus poemas, pero también en sus prosas, en sus diarios, en sus cartas, en sus crónicas, en sus cuadernos de viaje, en su teatro. Cada vez que cogía la pluma, aunque sólo fuera para pedir un favor, hacía lírica, y no siempre de la más elevada. A decir verdad, y al menos en sus comienzos, era bastante dado al halago, y no se limitaba a mostrar un interés desmedido por la obra de otros o a alabarla, sino que como mínimo en dos ocasiones se ofreció a escribir sendos volúmenes sobre dichas alabadas obras: cumplió con el ofrecimiento en el caso del escultor Rodin, de quien además fue secretario una temporada, y —quizá para su fortuna— no llegó a cumplirlo con el pintor español Zuloaga, si bien tuvo claro durante algún tiempo en qué iba a consistir el proyecto: «Ese libro ardiente lleno de flores y danzas». Quién sabe si la vehemencia de Rilke no se diluyó en parte debido a una fiesta española a la que asistió en casa de Zuloaga en París, con motivo del bautizo del hijo de éste en 1906, y de la que el cronista de un periódico madrileño dejó constancia: «El guitarrista Llovet asombró con sus primores de ejecución, y el guitarrista Palmero acompañó flamencamente a la "bailaora" Carmela, dislocada y dislocadora en tangos como el del "morrongo" ante el buen abate Brebain, que contemplaba el baile estupefacto». No se sabe de la reacción de Rilke, pero por lo menos después de la fiesta hizo lírica, esto es, escribió un poema previsiblemente titulado «La bailarina española».

Rainer Maria Rilke / Día de otoño




Rainer Maria Rilke

DÍA DE OTOÑO

Señor: ya es tiempo. Fue largo el verano.
Sobre relojes de sol vierte tu sombra,
y el vendaval arroja sobre el suelo llano.

Ordena su plenitud a los últimos frutos;
dales aún dos días del tiempo del sur,
a su punto de madurez llévalos y aún
la dulzura atrapa en el pesado vino puro.

Quien no tenga morada no hará ninguna.
Quien solo vive ha de seguir en su alta
vigilia y leer y escribir largas cartas
y errar por las calles estrechas, desnudas
sin paz, cuando el viento agite la hojarasca.

París, 1902




Rainer Maria Rilke
HERBSTTAG

Herr, es ist Zeit. Der Sommer war sehr groß.
Leg deinen Schatten auf die Sonnenuhren,
und auf den Fluren lass die Winde los. 

Befiehl den letzten Früchten, voll zu sein;
gib ihnen noch zwei südlichere Tage,
dränge sie zur Vollendung hin, und jage
die letzte Süße in den schweren Wein. 

Wer jetzt kein Haus hat, baut sich keines mehr.
Wer jetzt allein ist, wird es lange bleiben,
wird wachen, lesen, lange Briefe schreiben
und wird in den Alleen hin und her
unruhig wandern, wenn die Blätter treiben. 

21.9.1902, París



Rilke visitado por Zagajewski, Premio Princesa de Asturias

Rilke
Rilke visitado por Zagajewski, Premio Princesa de Asturias

Adam Zagajewski, que recibe hoy el Premio Princesa de Asturias de las Letras, escribió un excelente ensayo sobre el gran poeta checo en lengua alemana. Una lectura que deja frases y pasajes inolvidables recogidas en este artículo por el escritor colombiano

Darío Jaramillo Agudelo
20 de octubre de 2017

A la hora de hacer la lista de los grandes poetas vivos en todas las lenguas, uno de los nombres obligatorios es Adam Zagajewski, polaco nacido en Lvov (hoy Ucrania) en 1945. Además de varios libros de poemas, de él, en castellano, hay una excepcional autobiografía, En la belleza ajena (Pre-Textos), simplemente una obra maestra. Además de gran poeta es, también, un excepcional ensayista; varios de sus textos en prosa han sido publicados en Acantilado. El último en aparecer es Releer a Rilke, un hermoso ensayo sobre el autor de las Elegías de Duino: un gran poeta escribe sobre otro gran poeta, y lo lee como un autor que estuvo más allá de su propio tiempo –“apenas tiene nada que ver con las circunstancias externas de su época”– y que permanece en nuestros días. Zagajewski deja un hermoso testimonio de su primera experiencia con Rilke: “Cuando siendo todavía un estudiante de instituto (…) compré (…) Elegías de Duino, (…) leí por vez primera las mágicas frases de la primera elegía. La calle desapareció de repente, se evaporaron los regímenes políticos, el día se volvió intemporal, me topé con la eternidad y la poesía despertó”. A propósito de Rilke, el polaco va dejando sabias lecciones para quien escriba poesía, como cuando dice: “Hay al menos dos grandes traiciones que le acechan a todo poeta, una de las cuales consiste en olvidar el dolor de la historia moderna en nombre de una vida espiritual a la que no han afectado los acontecimientos, y otra relacionada con el prestar atención al dolor de la historia moderna pero olvidando la delicada e innombrable sustancia de nuestra interioridad”. Hermoso libro.

viernes, 9 de junio de 2017

Adam Zagajewski / Releer a Rilke / Reseña de Vila-Matas

Rainer Maria Rilke


Rilke según Zagajewski

Al contrario que otros de sus coetáneos no participó de la vida pública y se opuso a los modernistas


ENRIQUE VILA-MATAS
6 MAR 2017 - 18:00 COT

Goethe disfrutó largos años del estatus de escritor excelso. De familia patricia de Fráncfort, recibía todas las tardes en su bella mansión de Frauenplan y fue un hombre al que Napoleón quiso conocer y con el que, como sabemos, se reunió. No mucho después de aquel gigante de las letras, llegó Rainer Maria Rilke, un modesto poeta sin hogar, nacido en la periferia del Imperio, un artista que nunca fue ministro como Goethe, nunca senador como Yeats. La carencia de hogar fue uno de sus temas centrales. Y aunque se relacionaba con los últimos aristócratas cultos de la Tierra, algunos colegas, como Paul Claudel, le veían como un vagabundo. A ningún político se le ocurrió reunirse con aquel poeta errante. Nada que pueda extrañarnos demasiado. ¿O acaso alguien se imagina a Lenin, por ejemplo, pidiéndole audiencia a Rilke?

lunes, 7 de abril de 2014

Rilke / La ciega



Rainer Maria Rilke
LA CIEGA

Ahora ya no tengo que pasar sin ello:
todos los colores se traducen
en sonidos y olores.
Y resuenan como melodías
de belleza infinita.
¿Para qué quiero un libro?
El viento hojea los árboles
y sé lo que allí son palabras
y las repito a veces en voz baja.
Y la muerte, que arranca ojos como si fueran flores,
no encuentra ya los míos...

(fragmento)

Foto de Alex Berdysheff
Rainer Maria Rilke

DIE BLINDE


Ich muß nichts mehr entbehren jetzt, 
alle Farben sind übersetzt 
in Geräusch und Geruch. 
Und sie klingen unendlich schön 
als Töne. 
Was soll mir ein Buch? 
In den Bäumen blättert der Wind; 
und ich weiß, was dorten für Worte sind, 
und wiederhole sie manchmal leis. 
Und der Tod, der Augen wie Blumen bricht, 
findet meine Augen nicht...




martes, 21 de noviembre de 2006

Melania G. Mazzucco / Atrapar a un ángel

Annemarie Schwarzenbach: Fotos aus Afghanistan - DER SPIEGEL
Annemarie Schwarzenbach

Atrapar a un ángel

Melania G. Mazzucco trata de capturar en 'Ella, tan amada' la esencia de la escritora Anne


Jacinto Antón
Barcelona, 21 de noviembre de 2006


Ella, tan amada - Mazzucco, Melania G. - 978-84-339-7110-4 ..."Una y otra vez, interrumpida por lo oscuro y la caída, / brillaba ella terrena. Hasta que tras terribles golpes / franqueó el portal abierto, sin consuelo". Los versos del número 24 de los Sonetos a Orfeo, de Rilke, su poeta preferido, condensan la vida y el destino de Annemarie Schwarzenbach (Zúrich, 1908-Sils, 1942), el ángel devastado, la viajera y escritora suiza cuyo nombre no deja de remontar en el firmamento literario en los últimos años y que hizo de su existencia un fulgurante meteoro consumido por la pasión, las drogas y el mal de vivre. "Es curioso, si fueras un chico, se diría sin duda que eres de una belleza extraordinaria", le soltó Thomas Mann durante una visita de la muchacha, íntima amiga de sus hijos Erika y Klaus, rindiendo tributo el mago a su belleza andrógina y pensando seguramente en el Tadzio de Muerte en Venecia. También Anaïs Nin, que la conoció en 1943 en Brooklyn, la describió en su diario como un chico.



"Si fueras un chico se diría que eres de una belleza extraordinaria", le dijo Thomas Mann
"Tuvo el extraño destino de ser un personaje literario en vida", dice Mazzucco



MÁS INFORMACIÓN



Compleja, ambigua, inasible y a la vez perturbadoramente frágil, símbolo y víctima de una época, la Schwarzenbach ha devenido con el tiempo un personaje de culto, un icono de la fuerza de un James Dean o un Lawrence de Arabia, a los que le unen la extrema sensibilidad (hasta la inestabilidad), una insondable desesperanza, el amor a las máquinas (le encantaba conducir automóviles) y una trágica muerte en accidente -la de ella, al caer de una bicicleta, como Nico, la cantante de la Velvet, otro ángel arrasado-. Autora de varias obras de sombría belleza (en castellano está disponible su hermosa Muerte en Persia, en Minúscula, y la misma editorial publicará en febrero Todos los caminos están abiertos. El viaje a Afganistán 1939-1940), Annemarie Schwarzenbach es un personaje que despierta un interés rayano en la obsesión. Seguramente porque devuelve una mirada especular en la que uno puede proyectar todas sus dudas, anhelos y temores.

La hicieron sufrir -su familia, los hermanos Mann, su condición homosexual, sus adicciones, sus internamientos (camisa de fuerza incluida), las circunstancias de su época-, pero en su dolor hay una extraña dimensión colectiva, como si concentrara las penas de su tiempo y vaticinara las nuestras.

Su biógrafa más reciente, Dominique Laure Miermont (Annemarie Schwarzenbach, Payoy, 2004; en castellano puede leerse la biografía de Dominique Grente y Nicole Müller publicada por Circe), ha dicho que su rostro, plasmado en el maravilloso retrato que le realizó en 1932 en Berlín Marianne Breslauer -y que le hacía pensar a la fotógrafa alumna de Man Ray en "el arcángel Gabriel en el Paraíso"- representa "el mal de Europa", la enfermedad existencial del continente. En ese retrato de Annemarie, con el pelo cortado a lo garçon, los labios entreabiertos, la mirada de una impenetrable tristeza, una sombra vela la parte derecha del rostro: die dunkle Seite, el lado oscuro, la faceta tenebrosa de su alma.

Como se ve, un aura espesamente romántica rodea a la Schwarzenbach y acercarse a ella resulta peligrosamente embriagador. La última en hacerlo desde la literatura ha sido otra escritora, Melania G. Mazzucco, la tan elogiada autora de Vita, que ha escrito una hermosa novela sobre Annemarie Schwarzenbach, Ella tan amada (Anagrama). Mazzucco estuvo el lunes en Barcelona para presentar su libro y explicar cómo trató de atrapar en las redes de la narrativa al ángel inconsolable. "Ha sido un largo viaje hacia ella, en el curso del cual tuve que aprender el alemán, porque no puedes sentir a un escritor sin conocer su idioma", dijo la novelista romana. "La busqué en sus viajes, en su literatura, leyendo todo lo que escribió y descubriendo que aunque olvidada tantos años, Annemarie fue una escritora de gran nivel. Otro camino fue sondear su presencia en la obra de escritores que la conocieron. Ella tuvo el extraño destino de convertirse en personaje literario en vida. Aparece en los libros de Thomas y Klaus Mann, en La Ruta cruel (Timun Mas, 1999) de Ella Maillart como la inolvidable Christina... Una vida mitografiada. Mezclando esos niveles, el documental, de la vida real, y toda la leyenda creada a su alrededor escribí mi novela". Mazzucco, que dice no haber inventado nada y haber conseguido no enamorarse del personaje, ha estudiado la obra fotográfica de Annemarie, incluido material inédito y ha podido reconstruir dos episodios oscuros de su vida como son el viaje al Congo Belga en 1941, con sus reflexiones delirantes, y los meses de penosa agonía tras la caída en bicicleta, cuando el ángel se arrastraba enajenada por el suelo como un animal. También se ha sumergido en el aspecto manicomial de su historial clínico -Annemarie recorrió los mejores psiquiatras de su época-, en el que encuentra conexiones junguianas con el símbolo del mensajero y el joven eterno. Para Mazzucco, lo más interesante de este "andrógino perfecto, esta mujer-chico que mimetizaba al otro sexo, es como encarna el mito de toda una generación: el viaje, las drogas, la sexualidad libre, la revuelta contra la burguesía y los padres...".

Ella tan amada, toma su precioso título de otro poema de Rilke, en el que "ella" es Eurídice. "Quise escribir para reencontrarla", dice Mazzucco, "y Rilke me dio la clave: tan amada, Annemarie, pero incapaz de entregarse".

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 31 de octubre de 2006.
EL PAÍS