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jueves, 23 de julio de 2015

Augusto Monterroso / Príncipe de Asturias 2000


Augusto Monterroso
Príncipe de Asturias 2000
Discurso

Deseo, ante todo, dar las más cumplidas gracias al honorable Jurado que me concedió este Premio Príncipe de Asturias de las Letras, correspondiente al año 2000. Sin su benevolencia, por no decir su valentía, no estaría yo hoy en situación que tanto me honra, ni junto a tan destacados artistas, hombres de ciencia, dignatarios y académicos de diversas nacionalidades, igualmente premiados, a quienes saludo con mi admiración y respeto.

En la prensa de estos días se ha dicho que en mí se premiaba no sólo a un escritor centroamericano, sino también un género literario, el cuento, un género que ha venido siendo relegado por las grandes editoriales, por algunos críticos, y aun por los mismos lectores. Pues bien, no tiene nada de extraño que así suceda. Las leyes del mercado son inexorables, y no somos los escritores de cuentos ni los poetas -hermanos en este negativo destino- quienes vamos a cambiarlas. Pero como decía el Eclesiastés refiriéndose a la Tierra, generación va y generación viene: mas el cuento siempre permanece.

Comoquiera que sea, es cierto que prácticamente toda mi obra ha consistido en el acercamiento a dos especialidades hoy alejadas de los reflectores y el bullicio, si bien nada modestas en cuanto a su prosapia: el cuento y el ensayo personal, variando en ocasiones de tal manera sus formas y sentido que algunos comentaristas hablan, refiriéndose a aquélla, de transposición de géneros, cuando no de invasión de unos a otros, lo que vendría a dar un nuevo sesgo a nuestros acostumbrados modos de expresión literaria. Algo se ha dicho también de la brevedad en esta obra, y, como si lo anterior fuera poco, del humor y la ironía en ella, haciendo que yo me pregunte: ¿de verdad cabrá todo eso en el reducido espacio que ocupa? Bueno, el campo de la literatura es tan amplio que en él caben hasta las cosas más pequeñas.

No he pretendido nunca erigirme en defensor del cuento común, o del cuento brevísimo, ni mucho menos en detractor de las novelas, cortas o largas, que me han deleitado y enseñado tanto desde Cervantes a Flaubert y Tolstoi y Joyce; es más, en diversas ocasiones he confesado que aprendí a ser breve leyendo a Proust. El cuento se defiende solo. Por otra parte, no soy un teórico, y sé que a pesar de innumerables tentativas de definición aventuradas por los que saben, hoy día es un problema insoluble establecer lo que constituye un cuento. No obstante, ciertos cuentistas aún no se han enterado de su evolución, y al escribirlos todavía siguen el cumplimiento de antiguas reglas, como aquella de la exposición, el nudo y el desenlace, cuando no la del final sorpresivo; y hay quienes piensan con honestidad que el cuento es un género intrascendente y entonces los escriben -declaran-, a manera de descanso entre su verdadera labor creativa, es decir, sus importantes novelas. Y tampoco seré yo quien trate de sacarlos de esta idea. La verdad es que en este idioma nuestro basta pensar hoy en Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti o Julio Cortázar para formarse una idea de lo lejos que estamos ya del cuento convencional.

En 1992 Barbara Jacobs y yo publicamos en España una Antología del cuento triste. Toda vez que la tarde en que lo escribimos estábamos más bien taciturnos, nos permitimos aseverar en el Prólogo: "La vida es triste. Si es verdad que en un buen cuento se encuentra toda la vida, y si la vida es triste, un buen cuento será siempre un cuento triste". No pocos reaccionaron en contra de este pensamiento tan claramente melancólico; y yo no sé si la vida es triste para todos -cosa que dejo a los expertos-; pero se da la circunstancia de que los cuentos que escogimos, casi al azar de nuestras respectivas memorias, no sólo son tristes de verdad sino que resultaron ser obra de algunos de los mejores y más profundos escritores del último siglo y medio, como lo pueden ser desde Herman Melville y William Faulkner, o Leopoldo Alas "Clarín", hasta Salarrué y Juan Rulfo, pasando por James Joyce, Thomas Mann y Corrado Alvaro, quienes retrataron vívidamente el hondo dramatismo que encierran las existencias cotidianas de hombres y mujeres de cualquier país, pobre o rico, del centro de Europa o del centro de América, a través de este género, que en sus breves dimensiones y su aparente humildad recoge la vida con penetración, verdad y belleza.

Quisiera considerar también este Premio un reconocimiento a la literatura centroamericana, de la que, guatemalteco, formo parte. Centroamérica, como bien pudiera haber dicho Eduardo Torres, ha sido siempre vencida, tanto por los elementos como por las naves enemigas: me refiero a los desastres naturales de los últimos años, y a los económicos y políticos a que nos han sometido los intereses de poderosas compañías extranjeras productoras de ese fruto por el que nuestros países son llamados repúblicas bananeras. Pero es mi deber señalar una vez más que a lo largo de los siglos no ha sido sólo plátano lo que producimos. Recordaré que nuestros ancestros mayas, refinados astrónomos y matemáticos que inventaron el cero antes que otras grandes civilizaciones, tuvieron su propia cosmogonía en lo que hoy conocemos con el nombre de Popol Vuh, el libro nacional de los quichés, mitológico y poético y misterioso; a Rafael Landívar, autor de la Rusticatio mexicana, el mejor poema neolatino del siglo XVIII; a José Batres Montúfar, cuentista satírico en verso, cuyas octavas reales vienen en línea directa de Ariosto y de Casti y cierran brillantemente la narrativa mundial en esta estrofa; y, por último, para no acercarme peligrosamente a nuestro tiempo, a Rubén Darío, renovador del lenguaje poético en español como no lo había habido desde los tiempos de Góngora y Garcilaso de la Vega.

Tres herencias, la indígena, la latina y la española, que la mayoría de los escritores centroamericanos, estoy seguro, tratamos de merecer, pero también, ¿por qué no?, de mantener y acrecentar con dignidad y decoro.

En un momento de optimismo manifesté hace algunos años, en ocasión parecida a ésta, que mi ideal último como escritor consistía en ocupar algún día en el futuro media página en el libro de lectura de una escuela primaria de mi país. Acaso esto sea el máximo de inmortalidad a que pueda aspirar un escritor. Estoy seguro de que haber sido merecedor de este Premio Príncipe de Asturias de las Letras, contribuirá en gran medida a que aquel deseo, más vanidoso de lo que parece, se convierta en realidad.

Muchas gracias.

Oviedo, España, 31 de mayo del 2000



viernes, 25 de octubre de 2013

Antonio Muñoz Molina según Juan Cruz

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Antonio Muñoz Molina
Foto de Sofía Moro

Antonio Muñoz Molina

“Si se desprecia lo bueno que se tiene, 

esto se puede perder”

La biografía propia y la de España están en la obra del escritor Antonio Muñoz Molina, que recibe el Príncipe de Asturias de las Letras este viernes.


Cuando José Hierro advirtió al Príncipe de Asturias, en el otoño de 1981, de los peligros que corría la democracia española, habían pasado ocho meses del golpe de Estado de Tejero, los militares seguían conspirando, los terroristas asesinaban, España aún estaba desprendida de Europa. Todo estaba pendiente de un hilo; nada era sólido, sino la esperanza de salir de la bruma.
Hierro recibía en ese momento el primer Premio Príncipe de Asturas de las Letras, y era la primera vez que don Felipe de Borbón presidía un acto público. El poeta calvo de voz de aguardiente fue el maestro civil ante un alumno al que quizá todavía peinaba su madre.
Treinta y dos años después, este 25 de octubre, en una España otra vez marcada por la bruma, Antonio Muñoz Molina recibirá en el mismo lugar, ante aquel muchacho que ya tiene 45 años, el mismo premio. El escritor de Úbeda acaba de publicar un relato que es como un poema amargo sobre este país en el que aspira a reinar don Felipe. Todo lo que era sólido (Seix Barral) es la crónica de una devastación. Muñoz Molina levanta acta, sin vuelo en el verso, como diría Hierro. Ahora le toca a él el discurso y quién sabe si tendrá el mismo ánimo que entonces impulsó al poeta a decirle al heredero cómo se ve el país en que aquel terminará reinando.

Antonio Muñoz Molina / Premio Príncipe de Asturias / Nuestra educación es desastrosa

Antonio Muñoz Molina

Muñoz Molina

“Nuestra educación es desastrosa”

El premio Príncipe de Asturias de las Letras reivindica en Oviedo la cultura como motor contra la crisis




El escritor Antonio Muñoz Molina, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2013, acompañado de la directora de la Fundación. / J.L.CEREIJIDO (EFE)
Puso expresión soñadora en su semblante serio de profesor y esbozó una sonrisa. Ante él, deslumbrado aún por los flashes de los fotógrafos y los fastos y protocolos miles que enmarcan esta semana las jornadas de los galardonados con los premios Príncipe de Asturias no se levantaba un muro de corbatas y celebraciones, sidra y gaitas, sino una mujer anhelante en una ciudad adusta (y Vetusta) y un largo río que serpenteaba peligrosamente hacia los límites de la cordura en el Congo. Le acababan de preguntar a Antonio Muñoz Molina, flamante premio Príncipe de Asturias de las Letras, qué libros le hubiera gustado escribir. “Muchísimos”, suspiró. “Una novela sobre una ciudad como La Regenta, y no lo digo porque estemos aquí. O El corazón de las tinieblas. No hubiera tenido ningún problema en escribirlos, si hubiera podido”.

Antonio Muñoz Molina / Príncipe de Asturias de las Letras

Antonio Muñoz Molina según Triunfo Arciniegas
Fotografía ajena

Antonio Muñoz Molina gana 

el Príncipe de Asturias de las Letras


El galardón distingue el compromiso literario y ensayístico del autor de obras como 'El jinete polaco', 'Sefarad' y 'Todo lo que era sólido'



Antonio Muñoz Molina en el hotel de Las Letras, en la Gran Vía de Madrid. / ULY MARTÍN



Aunque le gusta aterrizar plácidamente y sin hacer ruido en la primavera de Madrid para ver si acaso como va adquiriendo exuberancia lo que hay plantado en su jardín; aunque sale lo justo de casa, montado en su bicicleta, sorteando el tráfico como puede y echando su ojo analítico al vuelo al tiempo que pedalea sin tregua por los azarosos tiempos que han dado lugar a su último y brillante ensayo Todo lo que era sólido (Seix Barral), hoy, Antonio Muñoz Molina, no tendrá más remedio que romper sus beligerantes treguas, sus plácidos desvelos, sus rutinas de ojo avizor para dedicarle un día a la alegría del reconocimiento. La de haber recibido esta mañana el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

viernes, 8 de junio de 2012

Philip Roth / Príncipe de Asturias


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Philip Roth


El Príncipe de Asturias corona 

el magisterio de Philip Roth

El galardón se ha anunciado en Oviedo. El escritor estadounidense se impuso a Murakami

El escritor estadounidense de origen judío es autor de obras como 'El lamento de Portnoy'

Leonard Cohen fue el último premiado



Philip Roth posando en Nueva York en una imagen de Septiembr del 2010. / ERIC THAYER (REUTERS)


El Premio Príncipe Asturias de las Letras ha premiado este año a Philip Roth, uno de los últimos novelistas vivos de la estirpe de grandes nombres de la narrativa norteamericana de la segunda mitad del siglo XX. Tuvo como amigos y maestros a escritores como Bernard Malamud y Saul Below y junto a otros contemporáneos suyos como Thomas Pynchon, John Updike y Norman Mailer abrieron una nueva senda en busca de la gran novela norteamericana. Lo mismo considera el jurado que le ha otorgado el premio y que le coloca "en la tradición de Dos Passos, Scott Fitzgerald, Hemingway, Faulkner, Bellow o Malamud".
De origen judío, Roth (Newark, 1933) es autor de títulos como El lamento de Portnoy, la 'trilogía americana' (Pastoral americana, Me casé con un comunista y La mancha humana), La conjura contra América,Elegía y Némesis. Desde que publicara en 1959 Adiós Columbus, Roth ha recibido todos los premios más importantes de Estados Unidos y en el exterior, desde el National Book en su país hasta el Booker en Inglaterra, pasando por el Pulitzer y el Nacional de la Crítica. Solo le falta el Nobel aunque cada año es uno de los nombres que más suena -¿será 2012 su año?-. En su obra ha explorado la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial o el macartismo. Desde que publicó su cuarto libro, El Lamento de Portnoy (1969), se convirtió en uno de los referentes imprescindibles del panorama literario universal. Dentro de su vasta producción, hay varias obras de gran envergadura, como la serie de novelas protagonizadas por su alter ego, Nathan Zuckerman.
El escritor estadounidense Philip Roth y el japonés Haruki Murakami llegaron hasta la última ronda de votaciones. En esta edición se han presentado 24 candidatos de 19 nacionalidades, entre los que también se encuentraban la autora canadiense Alice Munro, el estadounidense Jonathan Franzen y el irlandés John Banville.
La rabia tejida y atemperada de maestría de Philip Roth es el justo y debido reconocimiento al facedor de una literatura total, arriesgada, tensa, desesperada, el reconocimiento a un nombre que ha marcado tres generaciones de autores y lectores por su cruda contundencia, por su desprecio a las concesiones, por su autenticidad.

Acta del jurado

Reunido en Oviedo el Jurado del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2012, integrado por D. Luis María Anson Oliart, D. J. J. Armas Marcelo, D. Xuan Bello Fernández, D.ª Blanca Berasátegui Garaizábal, D.ª Amelia Castilla Alcolado, D. Juan Cruz Ruiz, D. José Luis García Martín, D. Álex Grijelmo García, D. Manuel Llorente Manchado, D.ª Rosa Navarro Durán, D.ª Soledad Puértolas Villanueva, D. Fernando Rodríguez Lafuente, D. Fernando Sánchez Dragó, D.ª Diana Sorensen, D. Sergio Vila-Sanjuan Robert, presidido por D. José Manuel Blecua Perdices y actuando como secretario D. Román Suárez Blanco, acuerda por mayoría conceder el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2012 al escritor Philip Roth. La obra narrativa de Philip Roth forma parte de la gran novelística estadounidense, en la tradición de Dos Passos, Scott Fitzgerald, Hemingway, Faulkner, Bellow o Malamud. Personajes, hechos, tramas conforman una compleja visión de la realidad contemporánea que se debate entre la razón y los sentimientos, como el signo de los tiempos y el desasosiego del presente. Posee una calidad literaria que se muestra en una escritura fluida e incisiva.
A Philip Roth no le gusta la verborrea. Cara a cara, en la oficina que su agente, el Chacal, tiene en Manhattan, resulta un tipo cuya aspereza va cayendo a medida que se interesa en la conversación. Rey de la autoficción, a través de sí mismo y algunos alter ego que ya forman parte de la leyenda literaria universal como Nathan Zuckerman o David Kepesh, ha fundido sin contemplaciones el mundo que le rodea.
Explorador del sexo en todas las edades y vertientes, nutre sus novelas de una desesperación vital y autoparódica muy sana que le han llevado a explorarlo en propuestas surrealistas como El pecho o crepusculares como El animal moribundo, adaptada al cine por Isabel Coixet. Obsesionado con el judaísmo y el desarraigo, memorialista peculiar en obras como Los hechos oPatrimonio; criado en un Nueva Jersey del que advierte a los curiosos sobre las visitas –“no vaya, le pueden pegar un tiro”-, Roth ha escudriñado la vejez, la figura del padre y los traumas y simas de la América contemporánea en novelas impactantes que van desde El lamento de Portnoy a la emocionante Némesis, donde cuenta la caída de los héroes en un barrio asolado por la polio.
Su trilogía de América –Pastoral americana, Me casé con un comunistao esa obra maestra que es La mancha humana- ahonda en el ADN de una grandeza desolada entre los años cuarenta y la época de Clinton, lo mismo que en ‘Sale el espectro’ da un vuelco al nefasto periodo de Bush sin pelos en la lengua. No tarda Roth en aplicar el bisturí a los tiempos que vive y atestigua. No da tregua a un discurso tan hondo como pesimista y comprometido. Es un autor de pluma ardiente y examen de conciencia permanente, un referente estético y moral que también se sabe en deuda con nombres fundamentales e influencias tales como Saul Bellow, John Updike o Bashevis Singer. Su nombre engrandece la cuenta de un premio más que merecido.

Los otros candidatos

Gabriel García Márquez, propuesto por el cineasta Woody Allen es otro de los candidatos, con el francés Dominique Lapierre, el chino Yan Lianke, el guatemalteco Rodrigo Rey Rosa, el senegalés Cheikh Hamidou Kane o el novelista Antonio Gala, el único español que opta al premio.
Desde la tarde del martes se reunía en Oviedo el Jurado encargado de otorgar el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2012, quinto de los ocho galardones internacionales que convoca la Fundación. El jurado, presidido por el director de la Real Academia Española, Jose Manuel Blecua está formado por Luis María Anson Oliart, Juan José Armas Marcelo, Xuan Bello Fernández, Blanca Berasátegui, Garaizábal, José Manuel Blecua Perdices, Amelia Castilla Alcolado, Juan Cruz Ruiz, José Luis García Martín, Álex Grijelmo García, Manuel Llorente Manchado, Rosa Navarro Durán, Soledad Puértolas Villanueva, Fernando Rodríguez Lafuente, Fernando Sánchez Dragó, Diana Sorensen, Sergio Vila-Sanjuán y Román Suárez Blanco (secretario).
El Premio está dotado con un diploma, una insignia, una escultura de Joan Miró –símbolo representativo del galardón– y la cantidad en metálico de 50.000 euros.
El año pasado la Fundación Príncipe de Asturias concedía el galardón a la poesía cantada de Leonard Cohen. El cantante ya había estado nominado en la categoría de Artes, pero por primera vez el premio iba a parar un cantante de rock.

Bibliografía de un gran novelista

Némesis (2011)
La humillación (2010)
El juicio de la historia: Escritos 1920-1939 (2009)
Engaño (2009)
Indignación (2009)
Lecturas de mí mismo (2008)
Nuestra pandilla (2008)
Los hechos (2008)
Sale el espectro (2007)
El profesor del deseo (2007)
Deudas y dolores (2007)
Elegía (2006)
La conjura contra América (2005)
Patrimonio. Una historia verdadera (2003)
El oficio: Un escritor, sus colegas y sus obras (2003)
El animal moribundo (2002)
La mancha humana (2000)
Me casé con un comunista (1998)
Pastoral americana (1997)
El teatro de Sabbath (1997)
Operación Shylock (1996)
Decepción (1990)
La contravida (1987)
La lección de anatomía (1983)
Zuckerman (1981)
Zuckerman encadenado (1981)
El escritor fantasma (1979)
Mi vida como hombre (1975)
La gran novela americana (1974)
El pecho (1972)
El lamento de Portnoy (1969)
Cuando ella era buena (1967)
Huida (1962)
Goodbye, Columbus (1960)