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martes, 26 de mayo de 2026

Leonardo Padura / Los límites del amor

 



Leonardo Padura
Los límites del amor


    Para el Maluco Villafaña

Miércoles


    Suena el despertador, justo a las dos y veinte de la madrugada. Es un alivio. Descubres que has dormido mal porque sentías frío. Las cuatro horas dedicadas al sueño las pasaste con unos intangibles deseos de levantarte y hacer algo, tal vez sólo orinar, pero nunca te atreviste a dejar la cama. Eso siempre pasa.

sábado, 23 de mayo de 2026

Leonardo Padura / Sonatina para Rafaela



Leonardo Padura
SONATINA PARA RAFAELA

    «Play it again», Rick said
    Casablanca

Rafaela cerró los ojos. La gota de sudor le había nacido en el cuello, sintió cómo se desprendía hacia sus senos y, luego de una pausa, recobraba fuerzas y volumen para lanzarse por su vientre. Maldijo el calor y la guagua que no pasaba y también el reflejo del sol sobre el pavimento, que le hería las pupilas. Debo de parecer un guiñapo, y sacó de la cartera un pañuelito rociado con extracto de violetas y se tocó apenas los labios y la frente. Suspiró, ahí viene la dichosa guagua.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Leonardo Padura / “Cada vez que empiezo a escribir una novela, leo Conversación en la Catedral de Mario Vargas Llosa”

Leonardo Padura


Leonardo Padura: “Cada vez que empiezo a escribir una novela, leo Conversación en la Catedral de Mario Vargas Llosa”

El autor cubano llegó a Lima para presentar su novela más reciente ‘Morir en la arena’, una historia basada en un parricidio real ocurrido en Cuba y en la que se explora una “verdad posible” sobre la vida cotidiana en la Isla

martes, 28 de abril de 2026

Leonardo Padura / Banville,Dublín, la vida

 


Portada de 'La alquimia del tiempo', de John Banville

La alquimia del tiempo. Un memoir dublinés

John Banville
Traducción de Miguel Temprano García
Alfaguara, 2024
192 páginas. 19,85 euros

Banville, Dublín, la vida

El escritor irlandés, que también firma como Benjamin Black, publica una mezcla de memoria y autobiografía puesta en función de su íntima relación con la ciudad



LEONARDO PADURA
10 OCT 2024 - 22:30 COT

Alguien sentenció una vez —yo aseguro que fue Manuel Vázquez Montalbán— que la patria del poeta es la lengua y la del novelista, la ciudad. Y es que la novelística contemporánea, como emanación y reflejo de las realidades que hemos vivido en las últimas décadas, se ha convertido en un relato en esencia urbano, porque los conflictos sociales y las propias vidas de los escritores han devenido cuestiones eminentemente citadinas.

jueves, 4 de septiembre de 2025

Leonardo Padura / Los maestros y la gratitud

 



Mario Vargas Llosa

Leonardo Padura
LOS MAESTROS Y LA GRATITUD

El País, 31 de agosto de 2025

Alguna vez he contado cómo ocurrió mi primer encuentro personal con Mario Vargas Llosa. Fue hace no sé cuántos años (15, quizás 20) en un tránsito por el aeropuerto de Barajas. En ese ambiente tan poco propicio, en el cual todo el mundo parece tener prisa (aunque no la tenga), descubrí al escritor y, contra mis costumbres, me atreví a abordarlo. Y apenas me le presenté, le solté una confesión: “Maestro, soy un escritor cubano. Y solo quería decirle que cada vez que comienzo a escribir una novela, me vuelvo a leer Conversación en La Catedral… a veces otra vez completa”, le dije y su rostro, hasta ese momento pétreo, se suavizó con una sonrisa y por eso pude agregar: “Con usted siempre aprendo algo sobre las estructuras”, y, sin añadir palabra, el Maestro me tendió la mano y se sumergió en el gentío apresurado.

Leonardo Padura publica nueva novela: "El milagro cubano es que muchos cubanos viven de milagro"

 


El escritor cubano Leonardo Padura. Foto: Iván Giménez

El escritor cubano Leonardo Padura. Foto: Iván Giménez

Leonardo Padura publica nueva novela: "El milagro cubano es que muchos cubanos viven de milagro"

En 'Morir en la arena', el escritor recorre los últimos cincuenta años de la historia de su país llegando a un presente poco halagüeño.




A


Angel Mora
1 de septiembre de 2025

"Nadie se va del sitio en que es feliz". A Leonardo Padura (La Habana, 1955), reconocido escritor cubano, ganador de premios como el Café Gijón o el Princesa de Asturias, le han preguntado una y otra vez durante su dilatada carrera por qué no se marcha de Cuba. Crítico como pocos, no tiene reparos en mostrar las vergüenzas del régimen, que le castiga con una velada indiferencia hacia su trabajo. Él, dice, suele responder a quien le pregunta con esa cita prestada de Milan Kundera, que el habanero rescató para su novela Como polvo en el viento (Tusquets, 2020).

viernes, 8 de agosto de 2025

Onelio Jorge Cardoso / El cangrejo volador




Onelio Jorge Cardoso

El cangrejo volador


      Había una vez un cangrejito nuevo que estaba haciendo un hueco profundo en la tierra, cuando, sin más ni más, vino una paloma torcaza a darle conversación.

Onelio Jorge Cardoso / El cuentero

 

Onelio Jorge Cardoso

Onelio Jorge Cardoso

El cuentero


      Una vez hubo un hombre por Mantua o por Sibanicú, que le nombraban Juan Candela y que era de pico fino para contar cosas.
       Fue antes de la restricción de la zafra, que se juntaban por esos campos gente de Vueltarriba con gente de Vueltabajo. Yo recuerdo bien a Candela. Era alto, saliente en las cejas espesas, aplanado y largo hacia arriba hasta darse con el pelo oscuro. Tenía los ojos negros y movidos, la boca fácil y la cabeza llena de ríos, de montañas y de hombres.

lunes, 27 de enero de 2025

Eclipse’, de Jo Nesbø: arrastrar al lector con recursos baratos

 

Eclipse de Jo Nesbo. Reservoir Books

Eclipse

Jo Nesbo 
Traducida por Lotte Katrine Tollefsen
Reservoir Books, 2024
528 páginas. 22,90 euros

‘Eclipse’, de Jo Nesbø: arrastrar al lector con recursos baratos

Plagada de símiles efectistas y fáciles la prosa del ‘bestseller’ noruego nunca levanta vuelo. Sus tramas, anegadas en sangre, solo importan por la curiosidad que generan, no por las indagaciones en otras profundidades que nunca ejecuta

domingo, 12 de enero de 2025

Leonardo Padura / “La Habana habla desde la espiritualidad, hay que saber escucharla"


Leonardo Padura: "La Habana habla desde la espiritualidad, hay que saber escucharla"

Leonardo Padura en su escritorio: la intimidad del gran escritor cubano. Foto: Antonio Riccobene/MDZ


Leonardo Padura: "La Habana habla desde la espiritualidad, hay que saber escucharla"

MDZ llegó a Mantilla, La Habana para conversar con el gran escritor cubano. Los detalles de sus procesos creativos y su relación con la ciudad, en más de una hora de entrevista.

Antonio Riccobene
ANTONIO RICCOBENEsábado, 11 de enero de 2025 · 07:05 hs

Desde La Habana, Cuba
El sol del atardecer entra en la casa de Leonardo Padura en Mantilla por los recovecos de una reja. Allí, el escritor juega con su perro Farouh, un cachorro que todavía estrena sus filosos y prematuros dientes. Además, aprovecha la tarde para ordenar el jardín de su casa. Allí recibió durante más de una hora a MDZ, para conversar de "Ir a La Habana", su último libro, sus rutinas para escribir y los sentimientos de un hombre que publicó libros en 31 idiomas, pero que en su país es marginalizado.

martes, 7 de enero de 2025

Leonardo Padura: "Pago muy satisfecho el precio de ser invisible en Cuba”


leonardo padura retrato
Iván Giménez
El escritor recibió en Cuba el Premio Nacional de Literatura en 2012, pero con el tiempo han silenciado su obra.

Leonardo Padura: "Pago muy satisfecho el precio de ser invisible en Cuba, si es el que tengo que pagar por escribir como escribo"

Entrevistamos al escritor Leonardo Padura, cronista del desencanto cubano y Premio Princesa de Asturias de las Letras, para hablar de su nuevo libro, Ir a La Habana, de su precioso país que perece en el olvido y de por qué no lo abandona

Por Ana Trastocares
5 de enero de 2025

Leonardo Padura / “Cuando estoy acabando de escribir una novela siento que voy a morir”

Leonardo Padura: “Cuando estoy acabando de escribir una novela siento que voy a morir”

Leonardo Padura



ENTREVISTA

El escritor cubano acaba de publicar en Tusquets  'Como polvo en el viento', vivisección de su generación y del exilio que ha marcado la isla

“Tengo una relación muy larga con Catalunya y durante años fui del Barça… hasta que hace un año el equipo dejó de gustarme y ya he entendido por qué”

Leonardo Padura


Martes 25, siete y media de la mañana. Llueve con ganas. Cortesía del ciclón Laura que la noche anterior ha barrido La Habana, incluido el barrio de Mantilla. El teléfono se corta. Va a trompicones, pero va. “Aló”, responde desde la cocina de Villa Alicia. Leonardo Padura (1955), el insigne escritor cubano, Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2015, creador del policía-vendedor de libros Mario Conde y recreador de personajes históricos fundamentales como Rembrandt o Ramón Mercader, que le clavó un piolet a Lev Trotski hace 80 años.

domingo, 14 de abril de 2024

Guillermo Cabrera Infante / De marcha con Marlon Brando



De marcha con Marlon Brando

Diego A. Manrique
05 de marzo de 2012

Marlon brandoCongasApaisada
Brando con varias congas

Celebremos que Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores haya iniciado la publicación de las obras completas de Guillermo Cabrera Infante. El primer volumen, El cronista de cine, cubre sus labores como periodista entre 1954 y 1960, en la revista Carteles. Son 1.500 páginas, a un precio adecuado: 39 euros.

domingo, 30 de julio de 2023

Virgilio Piñera / Un pacto con el diablo



Virgilio Piñera
Un pacto con el diablo

Dejé de verla cosa de un año; en esa ocasión pensé que le quedaba muy poco tiempo de vida, tenía unos setenta que parecían cien, las torturas de amor senil y fracasado la habían deshecho materialmente.

lunes, 6 de junio de 2022

Leonardo Padura / “En Cuba nadie se murió de hambre, pero nadie comió lo suficiente”

Leonardo Padura

Leonardo Padura: “En Cuba nadie se murió de hambre, pero nadie comió lo suficiente”

Reconocido internacionalmente, el escritor siempre vivió en La Habana. Allí desplegó una obra crítica con la sociedad en que vive.

Ezequiel Viéitez
19 de enero de 2018

En el barrio de Mantilla, al sur de La Habana, repiquetea el teléfono. Falta poco para el mediodía del miércoles. Leonardo Padura atiende. “Está fresco, 22 grados -se abre la conversación a puro acento cubano-. Aquí, es frío.” Habla desde la casa que sus padres levantaron en 1954, antes de la Revolución. Esa que nunca abandonó pese al éxito internacional como escritor. El, construyó en la planta de arriba. Enseguida se sumerge en la charla y dice que desde los ‘90 la isla es un país en el que “nadie se ha muerto de hambre, pero en el que tampoco nadie ha comido lo suficiente”.

La novena entrega de la saga que protagoniza Mario Conde, el ex detective que ahora vuelve a su viejo oficio para ganar unos dólares y eludir el bolsillo flaco, estará en las librerías argentinas en febrero. En La transparencia del tiempo, armado de ironía y descreído -como siempre-, el personaje investiga un caso policial en medio del legendario calor de La Habana.




“En esencia, es el mismo Mario Conde, con sus frustraciones y sus esperanzas. Con esa mirada irónica con la que se defiende de la realidad agresiva que lo rodea. Pero el lector se va a encontrar con un Conde que, a los 60 años, se encuentra más maduro, más sensible, con temor a sufrir heridas que parecen inevitables. Hay, por ejemplo, una reacción visceral ante la posibilidad de que uno de sus grandes amigos (Conejo) emigre”, adelanta Padura.

El detective que ama el ron tanto como la literatura, fumador incorregible, atraviesa barrios empobrecidos y edificios al borde del derrumbe para averiguar qué sucedió con una imagen tallada en madera de una virgen negra, la Virgen de Regla, patrona cubana. Se la robaron a un ex compañero de estudios, Bobby, que reaparece dispuesto a pagar muy bien por la pesquisa. Pero, ¿es una simple réplica con valor sentimental para Bobby o, en verdad, una obra con valor patrimonial? Aparecen el compañerismo y el optimismo tanto como los intereses creados. El peligro y una preocupación que atraviesa a Conde: la vejez demasiado cerca.

En Buenos Aires. En 2015, Padura fue jurado del Premio Clarín Novela con Sergio Ramírez y Sylvia Iparraguirre
Foto de Hernán Rojas

La Historia “siempre llega y nos toca a la puerta, y a veces, nos tumba la puerta”

Leonardo Padura

Al sur otra vez. En 2016, Padura volvió a ser jurado del Premio Clarín Novela, con Juan Jose Millás y Sylvia Iparraguirre. Foto de Rubén Digilio


La historia es también la historia de una virgen y de su llegada a Cuba desde un valle catalán, cuando un joven la “evacuó” en plena Guerra Civil Española. En capítulos que alternan presente y pasado, Padura avanza hacia atrás en el tiempo buscando el punto inicial de esa talla religiosa. Conflictos en distintas geografías, en distintos siglos. El autor explica que hay una reflexión desde lo singular de cada lugar hasta lo universal, porque la Historia “siempre llega y nos toca a la puerta, y a veces, nos tumba la puerta”.

- En esta novela Conde aborrece un ritmo que hoy parece universal, el reguetón. ¿No le gusta?

- Creo que el reguetón ha sido una de las maldiciones de la música latina. Como tu sabes, el mundo del Caribe tiene una riqueza musical, una historia de géneros, de compositores, de intérpretes y orquestas. Y estamos en el momento de una inflexión profunda en el cual la llamada música urbana se fue desplazando de aquellos géneros grandiosos que desembocaron en la salsa hasta este reguetón. Puede haber algunas piezas salvables, pero la mayoría de los temas son un simple artificio sonoro, sin muchas cosas interesantes que oír ni que escuchar.

-El detective también cuestiona la calidad de las letras del género.

-La culpa del reguetón no la tiene el reguetón, sino las sociedades en las que ha crecido este género, incluida, claro, la sociedad cubana. Esa manera vulgar, soez, agresiva que tiene de representar la realidad se da porque la realidad responde muchas veces a códigos que son igualmente vulgares, soeces y agresivos.

-Recorrió el mundo como escritor. ¿Qué balance hace de la sociedad cubana?

-En el plano de las relaciones personales, hay veces que veo ejemplos de solidaridad, de desinterés, de bondad en las personas que tienen condiciones difíciles de vida. Eso es notable. Y a veces veo actitudes mezquinas en personas que supuestamente tienen mejores condiciones, mayor nivel cultural o mayor responsabilidad política. La sociedad cubana tiene sus aristas positivas y sus aristas negativas. Las positivas hay que tratar de proyectarlas, de preservarlas, y las negativas, revelarlas. Algo maravilloso que se había logrado eran los altos niveles de lectura. Eramos posiblemente el país de lengua española donde más se leía. Y eso ha decaído drásticamente. En la espera de una consulta para el dentista, donde hay 30 personas esperando, los únicos que estamos leyendo somos mi mujer y yo. Antes, en una guagua (colectivo), la gente iba hasta de pie leyendo. No podemos ver este tema sólo como un problema de Cuba, se lee menos en el mundo. Pero esa pérdida de lectores nos afecta. Y volviendo al principio, es una de las razones por las cuales en esta sociedad existe esa afición por algo tan soez y vulgar como el reguetón.

Leonardo Padura


Pasaron muchas cosas con Estados Unidos pero lo más terrible es que dimos una vuelta en redondo y volvimos al mismo punto en el que estábamos antes o quizás más atrás"

Leonardo Padura



-Ante esta novena entrega, ¿habrá más aventuras para Conde?

-Este relato es el final de una época, pero en el futuro volverá, en el mundo posterior a 2014 -año en el que transcurre La transparencia del tiempo-. En diciembre de 2014 se anunció la posible reanudación de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos. Pasaron muchas cosas, pero lo más terrible es que dimos una vuelta en redondo y volvimos al mismo punto en el que estábamos antes o quizás más atrás. La nueva administración norteamericana tiene como política desmontar todo lo que el presidente Obama había tratado de construir. Y en esa deconstrucción entraron las relaciones con Cuba, que están en un momento bajísimo.

-En distintos tramos de La transparencia del tiempo se esboza una esperanza sobre algo nuevo. Pero, ante esta realidad política, ¿se mantiene en la isla la expectativa?

-En cuanto a las relaciones con los Estados Unidos, de momento no tengo expectativas de cambio. Creo que en cualquier escenario futuro de Cuba sería necesario que hubiera una mejor relación y que el embargo por fin deje de existir. En el plano interno, se avecina un momento histórico: el 15 de abril va a ocurrir un cambio de gobierno, Raúl Castro va a dejar la presidencia y vendrá un nuevo presidente, que no sabemos quién es aún. Raúl Castro, al parecer, no dejará la secretaría general del Partido Comunista. Y en un país de partido único, pues bueno, creo que eso no propiciará un gran cambio en las condiciones políticas. Se está tratando de hacer lo que acá se llama una actualización del modelo económico, pero eso avanza por momentos, a veces se detiene o avanza en círculos redondos. Entonces, estamos a la expectativa de ver qué puede pasar y si eso que puede pasar, finalmente pasa.

-Conde se plantea la cuestión de la edad. ¿Es una preocupación suya?

-Yo no soy tan vanidoso como para escribir una autobiografía, pero sí soy lo suficientemente vanidoso como para utilizar a mi personaje, que me acompaña hace más de 25 años, para hablar de las cosas que a mí me preocupan. En este caso específico, cómo el paso del tiempo te va cambiando como persona. Yo sentí que era joven hasta que cumplí 50 años, cuando tuve una crisis fortísima de sacrolumbalgia, con una pierna que prácticamente no podía mover. Estuve 20 días en una cama y dejé de jugar al béisbol y al básquet. Sentí que había pasado a otro momento de mi vida. Uno tiene que adecuarse. En el trabajo que yo hago como escritor, la acumulación de tiempo, el oficio, son ganancias. Pero lo que hay que saber, y desde ahora empiezo a preocuparme, es cuando ese paso del tiempo y esa ganancia se convierten en lastres. Hay escritores que aún a cierta edad han comenzado a publicar obras que sería preferible que no hubieran publicado. Tengo esa preocupación, saber cuando decir: “Hasta aquí llegué”. Admiro muchísimo al escritor Phillip Roth que, en el 2008, tomó la decisión de decir hasta aquí llegué como autor.

Leonardo Padura


Homosexualidad: "Aún persisten opiniones jodidas”

Leonardo Padura


Al igual que en otros títulos del autor, en la novela se toca el tema de la homosexualidad en Cuba. Es a través de uno de los personajes centrales, Bobby, viejo compañero de estudios que reaparece tras décadas, con una nueva elección sexual, aunque con caracteres algo estereotipados.

Cuenta cómo en su juventud universitaria fue expulsado malamente de la universidad y de la militancia al revelar su orientación. Padura, dice: “Aquí, la mirada machista tuvo un peso muy importante. Había prejuicios de carácter religioso, moral y social; en un momento posterior a la Revolución, se le añadió a eso un prejuicio de carácter político.

Hoy ya ha cambiado bastante y la gente puede vivir su sexualidad de manera más abierta, pero en muchos siguen los prejuicios”. Y confiesa: “Yo he podido superar eso, pero el algunas personas aún persisten opiniones bastantes jodidas”.

Juntos. Padura y su mujer, Lucía Lopez Coll escribieron el guión de la serie "Cuatro estaciones en La Habana"
Foto de Juan Manuel Foglia

Padura Básico

Nació en La Habana, en octubre de 1955.

Trabajó como periodista, crítico y guionista, además de su labor como escritor. Entre relatos, novelas y ensayos publicó casi treinta títulos. Desde el año pasado, en Netflix está disponible la serie “Cuatro estaciones en La Habana”, que llevó a la pantalla cuatro títulos de los nueve que conforman la saga del detective Mario Conde. Él mismo adaptó el guión, con su mujer, Lucía López Coll. Entre otros premios, ganó el Café Gijón de España (1995), el prestigioso Dashiell Hammett que reconoce al género policial, en 1998 y en 2006, y el Premio de la Crítica 2011 del Instituto Cubano del Libro por “El hombre que amaba a los perros”, que novela la vida en América de León Trotski, el devenir de su asesino y reflexiona sobre las utopías. En 2015, recibió el Premio Princesa de Asturias de las Letras.

"La transparencia del tiempo". Fragmento

Desde que comenzara aquel año lento, turbio, aceitoso, Mario Conde había tenido una tormentosa relación con las fechas en curso. A lo largo de su vida y a pesar de haber sido siempre tan histórico, recordador y obsesivo, en general le había prestado poca atención a la conexión de las huellas y aceleramientos del tiempo con lo que esos hitos y velocidades implicaban, como muescas precisas, para su propia vida y para la vida de quienes lo rodeaban. Con demasiada y lamentable frecuencia olvidaba edades y cumpleaños, aniversarios de boda, datas de acontecimientos baladíes o intensos que para otras personas serían (o eran) memorables: como celebración, duelo o como simple marca en los cíclicos cumplimientos de los devenires vitales.

Pero la evidencia alarmante de que entre los trescientos sesenta y cinco días delimitados por las cuadrículas de aquel calendario barato se agazapaba al acecho el día para él todavía inconcebible, aunque amenazadoramente definitivo y real, en que cumpliría los sesenta años le había provocado una persistente conmoción que crecía con la proximidad de la efeméride: 9-9-9.

La evidencia de una cantidad tajante, incluso de sonoridad obscena (sesenta, sesenta, algo se desinfla y estalla, sse-sssen-ta)...



domingo, 5 de junio de 2022

Fidel Castro / Nuestro hombre en Trípoli

Fidel Castro

Fidel Castro

Nuestro hombre en Trípoli


YOANI SÁNCHEZ
10 MAR 2011

Era yo tan solo una bebita en los brazos de mi madre miliciana, apenas un trozo de "hombre nuevo" sin modelar, cuando aquella primavera de 1977 Fidel Castro viajó a Libia. El coronel Muamar el Gadafi lo recibió con todos los honores y le otorgó la Condecoración al Valor, una distinción que se le confería por primera vez a una personalidad extranjera. Frente a las cámaras, el comandante en jefe retribuyó con un apretón de manos al recién nombrado como guía de la revolución. Se miraron y se reconocieron en sus similitudes. Más tarde pasaron al encuentro no televisado, a esa reunión a puerta cerrada donde se fortalecieron los pilares de lo que sería una alianza que duró por más de 30 años.

Desde 1977 Castro y Gadafi han sido aliados. Se miraron y se reconocieron en sus similitudes

Cuba y Libia habían emprendido senderos que discurrían en paralelo y que se juntarían en más de una ocasión. El punto de mayor coincidencia se centraba en sus líderes, en la simpatía que se profesaban ambos caudillos. De ahí que en 1980, cuando nuestra isla había sido sacudida por la escapada en masa de más de 100.000 cubanos, Gadafi le volvió a extender oficialmente su mano solidaria. Con un mensaje cargado de loas, felicitaba a Fidel Castro por haber sido reelecto como primer secretario del Comité Central en el II Congreso del Partido Comunista. El militar de academia llevaba por ese entonces más de una década al mando de aquel vasto territorio al norte de África, mientras nosotros superábamos aquí los 20 años escuchando los interminables discursos del máximo líder. Ambos basaban parte de su retórica de autovalidación en la constante referencia a los servicios sociales gratuitos que habían ofrecido a sus pueblos. Era la manera en que nos recordaban -día tras día- el alpiste, pero sin mencionar jamás la jaula.
La yamahiriya se constituyó en el sistema político promulgado por Gadafi en 1977, una especie de república en manos de todos, muy similar a la consigna "el poder del pueblo, ese sí es poder" que nos repetían a nosotros del lado de acá del Atlántico. Si las cosas no funcionaban en Libia, la culpa la tenían los propios ciudadanos que no sabían conducir su nación, si el descalabro económico se apoderaba de Cuba era porque la vagancia y el despilfarro de los individuos le agrietaban el rostro a la utopía. Tanto un líder como el otro sacudían frente a los ojos de sus súbditos el fantasma de la invasión extranjera y el regreso a la dependencia política como la peor de las claudicaciones. El anticolonialismo se constituyó en el lobo feroz que recordaba el excéntrico dirigente de origen bereber, a la par que el guía caribeño escarbaba en los resortes del antiimperialismo, convirtiendo la metáfora de David y Goliat en una perenne referencia a Cuba y Estados Unidos.
Los años noventa los encontraron a ambos quemándose en la hoguera que habían levantado con su terquedad y su actitud beligerante. Gadafi necesitaba limpiar su imagen hacia Occidente, mientras a Fidel Castro le urgía recaudar las divisas que le permitieran mantener el poder después del desplome del bloque socialista. El excéntrico presidente libio pagó indemnizaciones, se abrió tímidamente a la inversión extranjera, renegó -al menos públicamente- del terrorismo y hasta fue invitado por Barack Obama a la cumbre del G-8. El comandante de verde olivo fue más cauteloso, comenzó un proceso de reformas económicas que después trató de controlar con un retorno al centralismo, matizó su discurso belicoso con frases que aludían al daño ecológico que sufre el planeta y al concluir la primera década de este milenio se presentaba ya como un anciano sabio que publica reflexiones iluminadoras.
La prensa oficial cubana deslizó las primeras críticas a la actuación del hermano guía de la gran revolución libia. Le cuestionaba aquella reforma radical del régimen socialista que según él podría conducir a un "capitalismo popular". Tal parecía que los caminos que se habían entrecruzado una y otra vez, comenzaban a desplazarse en derroteros totalmente diferentes.
Sin embargo, con mis 23 años cumplidos, asistí al apretón cariñoso que se volvieron a dar ambos caudillos. A diferencia de aquel marzo de 1977, ya mi madre no quería ni oír hablar de su uniforme de miliciana y el líder libio era difícil de reconocer bajo el maquillaje, las telas y las gafas de sol. En 1998, cuando Fidel Castro participó en la Conferencia del Movimiento de los No Alineados, fue agasajado con el Premio Muamar el Gadafi a los Derechos Humanos que incluía la friolera de 250.000 dólares. Quedaba claro que el intercambio de galardones se constituía, junto a la colaboración económica y militar, las declaraciones de solidaridad y la ausencia de condena, en otra forma de apoyarse mutuamente, en una de las maneras elegidas por ambos para mover esos molinos que empujan -una y otra vez- las aguas del poder sobre sí mismos.
Yoani Sánchez es periodista cubana y autora del blog Generación Y. En 2008 fue galardonada con el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. © Yoani Sánchez / bgagency-Milán
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de marzo de 2011