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miércoles, 1 de julio de 2026

Hans Christian Andersen / El patito feo

Hans Christian Andersen

Hans Christian Andersen
EL PATITO FEO

¡Qué lindos eran los días de verano! ¡Qué agradable resultaba pasear por el campo y ver el trigo amarillo, la verde avena y las parvas de heno apilado en las llanuras! Sobre sus largas patas rojas iba la cigüeña junto a algunos flamencos, que se paraban un rato sobre cada pata. Sí, era realmente encantador estar en el campo.

martes, 24 de marzo de 2026

Hans Christian Andersen / Las cigüeñas


ALbrecht Durer


Hans Christian Andersen

LAS CIGÜEÑAS  



Sobre el tejado de la casa más apartada de una aldea había un nido de cigüeñas. La cigüeña madre estaba posada en él, junto a sus cuatro polluelos, que asomaban las cabezas con sus piquitos negros, pues no se habían teñido aún de rojo. A poca distancia, sobre el vértice del tejado, permanecía el padre, erguido y tieso; tenía una pata recogida, para que no pudieran decir que el montar la guardia no resultaba fatigoso. Se hubiera dicho que era de palo, tal era su inmovilidad. «Da un gran tono el que mi mujer tenga una centinela junto al nido -pensaba-. Nadie puede saber que soy su marido. Seguramente pensará todo el mundo que me han puesto aquí de vigilante. Eso da mucha distinción». Y siguió de pie sobre una pata.

Hans Christian Andersen / El cofre volador



Hans Christian Andersen

EL COFRE VOLADOR







Érase una vez un comerciante tan rico, que habría podido empedrar toda la calle con monedas de plata, y aún casi un callejón por añadidura; pero se guardó de hacerlo, pues el hombre conocía mejores maneras de invertir su dinero, y cuando daba un ochavo era para recibir un escudo. Fue un mercader muy listo... y luego murió.
Su hijo heredó todos sus caudales, y vivía alegremente: todas las noches iba al baile de máscaras, hacía cometas con billetes de banco y arrojaba al agua panecillos untados de mantequilla y lastrados con monedas de oro en vez de piedras. No es extraño, pues, que pronto se terminase el dinero; al fin a nuestro mozo no le quedaron más de cuatro perras gordas, y por todo vestido, unas zapatillas y una vieja bata de noche. Sus amigos lo abandonaron; no podían ya ir juntos por la calle; pero uno de ellos, que era un bonachón, le envió un viejo cofre con este aviso: «¡Embala!». El consejo era bueno, desde luego, pero como nada tenía que embalar, se metió él en el baúl.

Hans Christian Andersen / El jardín del paraíso



Hans Christian Andersen

EL JARDÍN DEL PARAÍSO



Érase una vez un príncipe, hijo de un rey; nadie poseía tantos y tan hermosos libros como él; en ellos se leía cuanto sucede en el mundo, y además tenían bellísimas estampas. Se hablaba en aquellos libros de todos los pueblos y países; pero ni una palabra contenían acerca del lugar donde se hallaba el Paraíso terrenal, y éste era precisamente el objeto de los constantes pensamientos del príncipe. 

lunes, 23 de marzo de 2026

Hans Christian Andersen / Esta fábula es para ti

 


Hans Christian Andersen

ESTA FÁBULA ES PARA TI



Los sabios de la antigüedad descubrieron ingeniosamente cómo decir la verdad sin ser groseros. Enseñaban un misterioso espejo en el que aparecían toda clase de animales y cosas extraordinarias, creando un espectáculo tan divertido como instructivo. A esto lo llamaban fábula, y las acciones que los animales realizaban, ya fuesen tontas o sabías, los humanos podían atribuírselas a sí mismos y así comprender: ¡La fábula se refiere a ti! De esta forma, nadie se sentía molesto. Veamos un ejemplo:

Había una vez dos montañas, y en la cima de cada una se alzaba un castillo. Abajo, en el valle, un perro corría, olfateando el suelo frente a él como si buscara un ratón o una perdiz paea saciar el hambre. De repente, desde uno de los castillos sonó una trompeta, anunciando que la cena estaba lista. El perro subió corriendo la montaña para conseguir algo de comida, pero cuando llegó a la mitad del camino, la trompeta se apagó y comenzó a sonar la del otro castillo. Entonces el perro pensó: «Para cuando llegue, ya habrán terminado de comer, pero allí apenas se están preparando para comer». Así que bajó corriendo y subió de nuevo la otra montaña. Pero entonces la trompeta del primer lugar volvió a sonar, mientras que la segunda se detuvo. El perro corrió bajando y subiendo otra vez, y siguió haciéndolo hasta que finalmente ambas trompetas enmudecieron, y la comida se acabó sin importar a qué lugar llegara el perro.

Adivina qué querrían decir los antiguos sabios con esta fábula, y quién es el tonto que se cansa corriendo sin ganar nada, ni aquí ni allá.



Hans Christian Andersen / Dios nunca puede morir

 


Hans Christian Andersen

DIOS NUNCA PUEDE MORIR 


Era domingo por la mañana. El sol brillante y cálido entraba en la habitación; la brisa suave y refrescante se colaba por la ventana abierta y afuera, bajo el cielo azul, los campos y prados estaban verdes y floridos, y todos los pájaros cantaban alegremente. Mientras afuera reinaban la alegría y la felicidad, dentro de la casa reinaban la tristeza y la miseria. Incluso la esposa, que por lo demás siempre era bondadosa, estaba sentada desayunando y miraba hacia abajo con desánimo; finalmente se levantó y, sin haber probado bocado, se secó las lágrimas y se dirigió hacia la puerta.

Hans Christian Anderson / El talismán

 



Hans Christian Andersen

EL TALISMÁN


Un príncipe y una princesa seguían disfrutando de su luna de miel. Eran inmensamente felices; solo una preocupación los inquietaba: cómo conservar esa felicidad. Por ello, deseaban poseer un talismán que los protegiera de cualquier infelicidad en su matrimonio.

martes, 16 de septiembre de 2025

Hans Christian Andersen / La sirenita


Ilustración de Gabriel Pacheco


Hans Christian Andersen


LA SIRENITA




En alta mar el agua es azul como los pétalos de la más hermosa centaura, y clara como el cristal más puro; pero es tan profunda, que sería inútil echar el ancla, pues jamás podría ésta alcanzar el fondo. Habría que poner muchos campanarios, unos encima de otros, para que, desde las honduras, llegasen a la superficie.

viernes, 29 de agosto de 2025

Hans Christian Andersen / La niña de los fósforos



Hans Christian Andersen

La niña de los fósforos


LA PETITE FILLE AUX ALLUMETTES
THE LITTLE MATCH GIRL
The Little Match-Seller
¡Qué frío hacía!; nevaba y comenzaba a oscurecer; era la última noche del año, la noche de San Silvestre. Bajo aquel frío y en aquella oscuridad, pasaba por la calle una pobre niña, descalza y con la cabeza descubierta. Verdad es que al salir de su casa llevaba zapatillas, pero, ¡de qué le sirvieron! Eran unas zapatillas que su madre había llevado últimamente, y a la pequeña le venían tan grandes, que las perdió al cruzar corriendo la calle para librarse de dos coches que venían a toda velocidad. Una de las zapatillas no hubo medio de encontrarla, y la otra se la había puesto un mozalbete, que dijo que la haría servir de cuna el día que tuviese hijos.

Hans Christian Andersen / El traje nuevo del emperador

Ilustración de Lisbeth Zwerger


Hans Christian Andersen



EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR 


Hace de esto muchos años, había un Emperador tan aficionado a los trajes nuevos, que gastaba todas sus rentas en vestir con la máxima elegancia. No se interesaba por sus soldados ni por el teatro, ni le gustaba salir de paseo por el campo, a menos que fuera para lucir sus trajes nuevos. Tenía un vestido distinto para cada hora del día, y de la misma manera que se dice de un rey: "Está en el Consejo," de nuestro hombre se decía: "El Emperador está en el vestuario." La ciudad en que vivía el Emperador era muy alegre y bulliciosa. Todos los días llegaban a ella muchísimos extranjeros, y una vez se presentaron dos truhanes que se hacían pasar por tejedores, asegurando que sabían tejer las más maravillosas telas. No solamente los colores y los dibujos eran hermosísimos, sino que las prendas con ellas confeccionadas poseían la milagrosa virtud de ser invisibles a toda persona que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente estúpida.

Hans Christian Andersen / La reina de las nieves


Hans Christian Andersen

La reina de las nieves

Una historia en siete episodios

PRIMER EPISODIO
Trata del espejo y del trozo de espejo
Atención, que vamos a empezar. Cuando hayamos llegado al final de esta parte sabremos más que ahora; pues esta historia trata de un duende perverso, uno de los peores, ¡como que era el diablo en persona! Un día estaba de muy buen humor, pues había construido un espejo dotado de una curiosa propiedad: todo lo bueno y lo bello que en él se reflejaba se encogía hasta casi desaparecer, mientras que lo inútil y feo destacaba y aún se intensificaba. Los paisajes más hermosos aparecían en él como espinacas hervidas, y las personas más virtuosas resultaban repugnantes o se veían en posición invertida, sin tronco y con las caras tan contorsionadas, que era imposible reconocerlas; y si uno tenía una peca, podía tener la certeza de que se le extendería por la boca y la nariz. Era muy divertido, decía el diablo. Si un pensamiento bueno y piadoso pasaba por la mente de una persona, en el espejo se reflejaba una risa sardónica, y el diablo se retorcía de puro regocijo por su ingeniosa invención. Cuantos asistían a su escuela de brujería -pues mantenía una escuela para duendes- contaron en todas partes que había ocurrido un milagro; desde aquel día, afirmaban, podía verse cómo son en realidad el mundo y los hombres. Dieron la vuelta al Globo con el espejo, y, finalmente, no quedó ya un solo país ni una sola persona que no hubiese aparecido desfigurada en él. Luego quisieron subir al mismo cielo, deseosos de reírse a costa de los ángeles y de Dios Nuestro Señor. Cuanto más se elevaban con su espejo, tanto más se reía éste sarcásticamente, hasta tal punto que a duras penas podían sujetarlo. Siguieron volando y acercándose a Dios y a los ángeles, y he aquí que el espejo tuvo tal acceso de risa, que se soltó de sus manos y cayó a la Tierra, donde quedó roto en cien millones, qué digo, en billones de fragmentos y aún más. Y justamente entonces causó más trastornos que antes, pues algunos de los pedazos, del tamaño de un grano de arena, dieron la vuelta al mundo, deteniéndose en los sitios donde veían gente, la cual se reflejaba en ellos completamente contrahecha, o bien se limitaban a reproducir sólo lo irregular de una cosa, pues cada uno de los minúsculos fragmentos conservaba la misma virtud que el espejo entero. A algunas personas, uno de aquellos pedacitos llegó a metérseles en el corazón, y el resultado fue horrible, pues el corazón se les volvió como un trozo de hielo. Varios pedazos eran del tamaño suficiente para servir de cristales de ventana; pero era muy desagradable mirar a los amigos a través de ellos. Otros fragmentos se emplearon para montar anteojos, y cuando las personas se calaban estos lentes para ver bien y con justicia, huelga decir lo que pasaba. El diablo se reía a reventar, divirtiéndose de lo lindo. Pero algunos pedazos diminutos volaron más lejos. Ahora vas a oírlo.

Hans Christian Andersen / La margarita




Hans Christian Andersen


MARGARITA


Oid bien lo que os voy a contar: Allá en la campaña, junto al camino, hay una casa de campo, que de seguro habréis visto alguna vez. Delante tiene un jardincito con flores y una cerca pintada. Allí cerca, en el foso, en medio del bello y verde césped, crecía una pequeña margarita, a la que el sol enviaba sus confortantes rayos con la misma generosidad que a las grandes y suntuosas flores del jardín; y así crecía ella de hora en hora.

jueves, 28 de agosto de 2025

Hans Christian Andersen / Los zapatos rojos

Zapatos rojos, 2010
Fotografía de Triunfo Arciniegas

 Hans Christian Andersen

         Los zapatos rojos


        Erase una muchachita muy linda y graciosa en extremo, pero tan pobre, que en verano tenía siempre que ir descalza y en invierno con grandes zuecos, lo que lastimaba horriblemente sus piececitos y los dejaba enrojecidos.

Hans Christian Andersen / Los cisnes salvajes

Ilustración de Omaira Vaquero

Hans Christian Andersen

Los cisnes salvajes


Lejos de nuestras tierras, allá adonde van las golondrinas cuando el invierno llega a nosotros, vivía un rey que tenía once hijos y una hija llamada Elisa. Los once hermanos eran príncipes; llevaban una estrella en el pecho y sable al cinto para ir a la escuela; escribían con pizarrín de diamante sobre pizarras de oro, y aprendían de memoria con la misma facilidad con que leían; en seguida se notaba que eran príncipes. Elisa, la hermana, se sentaba en un escabel de reluciente cristal, y tenía un libro de estampas que había costado lo que valía la mitad del reino.

Hans Christian Andersen / Los chanclos de la suerte




Hans Christian Andersen




LOS CHANCLOS DE LA SUERTE 



1. Cómo empezó la cosa

En una casa de Copenhague, en la calle del Este, no lejos del Nuevo Mercado Real, se celebraba una gran reunión, a la que asistían muchos invitados. No hay más remedio que hacerlo alguna vez que otra, pues lo exige la vida de sociedad, y así otro día lo invitan a uno. La mitad de los contertulios estaban ya sentados a las mesas de juego y la otra mitad aguardaba el resultado del «¿Qué vamos a hacer ahora?» de la señora de la casa. En ésas estaban, y la tertulia seguía adelante del mejor modo posible. Entre otros temas, la conversación recayó sobre la Edad Media. Algunos la consideraban mucho más interesante que nuestra época. Knapp, el consejero de Justicia, defendía con tanto celo este punto de vista, que la señora de la casa se puso enseguida de su lado, y ambos se lanzaron a atacar un ensayo de Orsted, publicado en el almanaque, en el que, después de comparar los tiempos antiguos y los modernos, terminaba concediendo la ventaja a nuestra época. El consejero afirmaba que el tiempo del rey danés Hans había sido el más bello y feliz de todos.

Hans Christian Andersen / El soldadito de plomo


Hans Christian Andersen

El soldadito de plomo


Éranse una vez veinticinco soldados de plomo, todos hermanos, pues los habían fundido de una misma cuchara vieja. Llevaban el fusil al hombro y miraban de frente; el uniforme era precioso, rojo y azul. La primera palabra que escucharon en cuanto se levantó la tapa de la caja que los contenía fue: «¡Soldados de plomo!». La pronunció un chiquillo, dando una gran palmada. Eran el regalo de su cumpleaños, y los alineó sobre la mesa. Todos eran exactamente iguales, excepto uno, que se distinguía un poquito de los demás: le faltaba una pierna, pues había sido fundido el último, y el plomo no bastaba. Pero con una pierna, se sostenía tan firme como los otros con dos, y de él precisamente vamos a hablar aquí.

Hans Christian Andersen, el rey de los cuentos

 

Hans Cristian Andersen


Hans Christian Andersen, el rey de los cuentos infantiles que decía que su vida se parecía a la del “Patito Feo”

“¡Muy bien! Comencemos. Cuando lleguemos al final de la historia, sabremos más de lo que sabemos ahora...”. Ese es el tentador principio de “La Reina de las Nieves”, uno de los 156 cuentos infantiles que escribió Hans Christian Andersen antes de su muerte el 4 de agosto de 1875, hace 150 años.

jueves, 26 de junio de 2025

Hans Christian Andersen / La vela de sebo



Hans Christian Andersen

La vela de cebo

(‘Taellelyset’)

Traducción de Enrique Bernárdez

El País 13 DIC 2012 - 19:29 CET

Hervía y bullía mientras el fuego llameaba bajo de la olla, era la cuna de la vela de sebo, y de aquella cálida cuna brotó la vela entera, esbelta, de una sola pieza y un blanco deslumbrante, con una forma que hizo que todos quienes la veían pensaran que prometía un futuro luminoso y deslumbrante; y que esas promesas que todos veían, habrían de mantenerse y realizarse.
La oveja, una preciosa ovejita, era la madre de la vela, y el crisol era su padre. De su madre había heredado el cuerpo, deslumbrantemente blanco, y una vaga idea de la vida; y de su padre había recibido el ansia de ardiente fuego que atravesaría médula y hueso… y fulguraría en la vida.