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domingo, 26 de septiembre de 2021

Ellen Duthie / El juego de traducir a Sendak

 

Maurice Sendak

El juego de traducir a Sendak
[Este artículo se publicó por primera vez en el número 36 de La Cometa,
la revista en español de la Society of Children's Books Writers and Illustrators (SCBWI)
y se puede leer también aquí: https://spain.scbwi.org/2015/07/02/el-juego-de-traducir-a-sendak/]

Ellen Duthie
3 de julio de 2019

Sé que me gusta mucho, mucho un libro cuando de repente me sorprendo traduciéndolo por placer. El proceso de traducción me ayuda a intimar con el libro de una forma que ninguna otra lectura me permite. Me acerco a cada palabra, escucho bien cada sonido y cada silencio, me detengo en cada matiz, doy vueltas y vueltas a cada posible intención, y juego y rejuego con cada posible interpretación. Luego me alejo y veo el conjunto.  

Ellen Duthie / Las ventanas de Sendak

 

Maurice Sendak


Las ventanas de Sendak
Ellen Duthie
16 de octubre de 2014


 Ayer la SCBWI (Society of Children's Book Writers and Illustrators) me había invitado a dar una charla sobre Sendak. 
Con el aforo completo (fuimos unas 25 personas), el modelo "llevar libros, leerlos y comentarlos", se tuvo que descartar, por lo que preparé una pequeña presentación, cuyas notas reproduzco aquí para los que no estuvieron y quisieron estar (que alguno hubo). Son notas hechas para mí misma, sin referencias (las incluiré en los próximos días). 



"Cuando me invitó la SCBWI hace unos meses a dar esta charla pregunté "¿Qué tipo de cosa queréis?" "Nada demasiado formal", fue la respuesta. "Simplemente ven y transmítenos tu pasión por Sendak." 

jueves, 29 de junio de 2017

Lecturas para el verano / Literatura traducida


Ilustración de Mauruce Sendak

Lecturas para el verano

Literatura traducida



PATRICIO PRON
28 JUN 2017 - 04:19 CDT


Homo Poeticus. Danilo Kis.


Homo poeticus

Autor: Danilo Kiš. Traducción de Luis Fernanda Garrido y Tihomir Pistelek

Edita: Acantilado

Acerca de los puntos cardinales suele decirse que son tres (Norte y Sur), pero una afirmación similar y no menos acertada sería que son nueve: la literatura, los sueños, el humor, los espíritus, la amistad, el pasado, el presente y el futuro. Del primero de ellos se ocupa magistralmente Danilo Kiš en esta selección por la que desfilan Jorge Luis Borges, Roland Barthes, Charles Baudelaire y Lautréamont, pero también las ideas y las prácticas de uno de los narradores europeos más importantes del siglo XX.

Noches sin noche y algunos días sin día. Michel Leirirs.


Noches sin noche y algunos días sin día

Autor: Michel Leiris. Traducción de David M. Copé

Edita: Sexto Piso

Michel Leiris adquirió el hábito de tomar nota de sus vivencias oníricas en 1923; sin embargo, pronto descubrió que éstas no servían para la “novela de aventuras” que tenía pensado escribir con ellas: a cambio, lo que publicó bajo el título de Noches sin noche y algunos días sin día es algo bastante más interesante, una invitación a vivir con los ojos cerrados.

Santos y eruditos. Terry Eagleton.


Santos y eruditos.

Autor:Terry Eagleton. Traducción de Teresa Arijón

Edita: El Cuenco de Plata

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento”, el revolucionario irlandés James Connolly recuerda la época en que frecuentó a Ludwig Wittgenstein y a Nikolai, el hermano de Mijaíl Bajtín; si el sentido de la ficción es detener el tiempo (como sucede aquí), también lo es contribuir a la discusión de ideas, y hay muchas en este libro; también mucho humor, algo nada sorprendente si se considera detenidamente la obra del gran (y muy serio) ensayista que Eagleton es.

Lo que dicen las mesas parlantes. Víctor Hugo.


Lo que dicen las mesas parlantes

Autor: Victor Hugo. Traducción de Cloe Masotta Lijtmaer

Edita: Wunderkammer

El autor de Los miserables y de Nuestra señora de París fue introducido al espiritismo por Delphine de Girardin en septiembre de 1853. Lo que dicen las mesas parlantes lo muestra “comunicándose” con William Shakespeare, “El Océano”, Jesucristo, “La Muerte” y Platón, casi siempre con resultados calamitosos para todas las partes, incluida la de ultratumba.




Diario de Sintra. Stephen Spender, Christopher Isherwood y W. H. Auden.


Diario de Sintra

Autor: Stephen Spender, Christopher Isherwood y W. H. Auden. Traducción de David Paradela

Edita: Gallo Nero

Stephen Spender, Christopher Isherwood y W. H. Auden fueron tres de los escritores ingleses más importantes del siglo XX y fueron amigos. En 1935 se instalaron en una casa en Sintra, donde escribieron este diario colectivo; en él hay un anhelo de libertad compartido, pero también varios dramas y la constatación de que ni siquiera las mejores amistades sobreviven a las pruebas de la política y del tiempo, mucho menos las amistades entre escritores.

Una visita a Voltaire y Rousseau. James Boswell.


Una visita a Voltaire y Rousseau

Autor: James Boswell. Traducción de José Manuel de Prada-Samper

Edita: Mondadori

A falta de otros talentos (que tuvo), el más importante del que dispuso Boswell fue el de saber rodearse: conoció a muchas personas y, casualmente, casi todas ellas eran famosas. A su amistad con el Dr. Johnson le debemos una de las obras más importantes de la literatura, su Vida de Samuel Johnson; pero sus visitas a Voltaire y a Rousseau son igualmente extraordinarias.

George Orwell fue amigo mío. Adam Johnson.


George Orwell fue amigo mío

Autor: Adam Johnson. Traducción de Carles Andreu

Edita: Seix Barral

Los personajes de George Orwell fue amigo mío son nuestros contemporáneos (también) en su incapacidad de comprender qué sucede a su alrededor; son los relatos de ficción más lúcidos sobre el presente que se hayan podido leer en unos meses en los que se han publicado otros muy buenos libros de cuentos, como los de Edith Pearlman y (un rescate) En el corazón del corazón del país, de William H. Gass.

miércoles, 6 de junio de 2012

Maurice Sendak / Adiós a los bellos monstruos

Ilustración de Maurice Sendak

Maurice Sendak

ADIÓS A LOS BELLOS MONSTRUOS

Lecturas Dominicales, El Tiempo, 


El ilustrador y autor de Donde viven los monstruos (Where The Wild Things Are) y otras maravillosas obras de la literatura infantil, dijo adiós a sus monstruos.

Meses atrás, en la Radio Pública Nacional de EE.UU. Maurice Sendak, el reconocido ilustrador y autor de cuentos infantiles, declaró en una entrevista que era un octogenario que se sentía muy abatido por haber despedido a tantos amigos queridos, en especial a su compañero con quien había compartido más de cuatro décadas. "Mis amigos se han ido poco a poco y es muy duro ser el último", decía entre lágrimas.
Con muchas ganas de vivir, pero una enfermedad terminal acabó por llevarse a uno de los autores más famosos de literatura infantil de EE.UU. Nació en Brooklyn, Nueva York, de padres judío-polacos inmigrantes; el papá era sastre. Pasó su infancia aterrorizado por el hermano mayor, la pobreza y el constante miedo de que los nazis vinieran tarde o temprano por su familia y los fueran a ejecutar.
El día de su bar miztvah le avisaron a su padre a través de un telegrama que el resto de sus parientes habían sido ejecutados en un campo de concentración. Detestaba a sus familiares por haber arruinado ese día tan especial y porque siempre se interponían en su vida.
Tanto sus propios miedos como las caras de sus parientes entrometidos en el estrecho apartamento de Brooklyn, que siempre estaban de luto, los convirtió en personajes de sus cuentos como 'Donde viven los monstruos', que narra la historia de un niño al que castigan en su cuarto sin comer, se queda dormido y al despertar se encuentra en medio de criaturas horrendas que lo ayudan a sobrevivir una aventura en un mundo salvaje.
Al final termina bailando con estos seres horripilantes. Pero cuando por fin se despierta se da cuenta de que ha sido un sueño y la madre le ha dejado la cena en la puerta. Asimismo, el fantasma del Holocausto lo persiguió toda su vida y en 2003 produjo la ópera 'Brundibar', estrenada en Broadway, que está basada en la historia de unos coros de niños que cantaban en los campos de concentración para entretener a las autoridades alemanas cuando venían de visita.
En la entrevista a la Radio Pública Nacional confesó también que no tenía ninguna religión pero sí creía en el poder infinito de la música de Mozart, en las obras de Herman Melville y Emily Dickinson, y en la magia de Disney. Era un gran admirador de Durero y en una de las conversaciones escritas que tuve con Sendak en 1993 reconoció la influencia de los pintores alemanes y holandeses en su obra.
En 1964 recibió la Medalla Caldecott por el cuento 'Donde viven los monstruos', que es máxima distinción en EE.UU. por cuentos infantiles ilustrados. En la actualidad hay publicados más de 20 millones de ejemplares, y durante su carrera ilustró y escribió numerosos cuentos, entre ellos dibujó una serie de los hermanos Grimm y 'La cocina de noche'. En el 2011 publicó 'Bumble-Ardy', que narra la historia de un cerdito que celebra por primera vez su cumpleaños cuando cumple 9 años. Una vez más sus recuerdos y frustraciones de infancia las convirtió en material literario y visual.
No tuvo hijos, nunca idealizó la infancia, pero sí los monstruos bellos y sonrientes que lo perseguían en su imaginación.


miércoles, 2 de mayo de 2001

Isaac Bashevis Singer / Premio Nobel para los niños

Ilustración de Maurice Sendak


Singer: Premio Nobel para los niños

JUAN TEBAR
2 MAY 1979


«Me gusta escribir historias de fantasmas, y para eso nada va mejor que un idioma moribundo. Cuanto más muerta la lengua, más vivo el fantasma. Los fantasmas adoran el yiddish y, por lo que puedo juzgar, lo hablan bastante bien »
ISAAC BASHEVIS SINGER
El demonio no tiene sombra, y en su presencia el reloj puede dar trece campanadas... Las brujas persiguen a los rabinos para casarse... La mujer del diablo huyó al país donde no hay gente que camine, ni ganado que paste, donde el cielo es de cobre y la tierra es de hierro...
Todas estas son cosas que cuenta Isaac Bashevis Singer. El no las cuenta especialmente para niños... La prueba es que en sus libros, considerados «para adultos», los personajes se suelen preguntar si los duendes la han tomado con ellos, y de pronto, miran fijamente al sol y no saben por qué está ahí ni desde cuándo... Tales inquietudes y sucesos son cosas mágicas, que narra el escritor porque las escuchó a su madre. Y ella los aprendió de su abuela. Y la abuela de Singer, de su bisabuela... Cuando el viejo judío polaco las escribe «no distingo entre el niño y el adulto... Lo que ocurre es que en este mundo de prisas que vivimos, son los niños los que se detienen a escucharme... Ellos -los niños- se preocupan incluso más que los grandes por el paso del tiempo: ¿qué le ocurre a un día después que terminó? ¿Dónde están nuestros ayeres con sus alegrías y sus penas? Y la literatura nos ayuda a conservar el pasado ... »






Cuentos judíos de la aldea de Chelm, con dibujos del extraordinario Maurice Sendak

Ed. Lumen, 1978. 78 páginas.Cuando Shlemel fue a Varsovia y otros cuentos. Con ilustraciones de Margot Zemach. Ed. Alfaguara, 1977. 113 páginas.

Pero el caso es que este excelente novelista ha publicado alguna colección de cuentos que se editan especialmente para los niños. Estas fiestas de Reyes, los pequeños tuvieron la oportunidad de recibir libros que llevaban una banda publicitaria donde se leía: Premio Nobel de Literatura 1978. Eso no tiene importancia, sobre todo para los niños, pero lo que sí es cierto es la oportunidad editorial y el interés objetivo de tales publicaciones.
No hay duda -como Singer dice- que en todos sus libros, los temas se repiten, y la «puesta en escena» es la misma, ocurra la aventura en la Polonia del siglo XVII o en los barrios judíos del Nueva York actual. Desde el esclavo Jacob, pasando por los Moskat y los múltiples personajes de la casa de Jampol, hasta el atormentado polígamo Herman Broder, las criaturas singerianas siempre vuelven sus melancólicos ojos al pasado, sueñan con Dios, o con el diablo, viven en estrechísima relación con un paisaje mágico, alimentados por una abigarrada cocina dictada por leyes sagradas. Son gentes que todo lo preguntan, sobre la comida o sobre los astros misteriosos... Pero en los relatos «para niños» todo esto se afina, se reduce -o enriquece- hacia su estado más puro. Y surgen los más entrañables personal es de su autor: los shlemiels de la aldea de Chelm, todos los benditos shlemiels que se encuentra uno en la vida, protagonizando historias fascinantes en que la tontería es casi una virtud -«A los tontos se les llama shlemiels, y hay muchos, pero el primero vino de la aldea de Chelm-. A Shlemiel le cambiarán una cabra por un cabrón sin que Shlemiel sueñe con achacárselo a otra cosa que no sean las propiedades mágicas del camino... Shlemiel comprará una trompa seguro de que su música puede apagar incendios... Chelm era una aldea de shlemiels, y... «una noche alguien espió a la Luna, que se reflejaba en un barril de agua. La gente de Chelm imaginó que se había caído ahí. Sellaron el barril para que la luna no se escapara. Cuando a la mañana se abrió el barril y la Luna no estaba allí, los aldeanos decidieron que había sido robada. Llamaron a la policía, y cuando el ladrón no pudo ser hallado, los tontos de Chelm lloraron y gimieron».

¿Sabéis quién gobierna en Chelm?: pues sus tontos más viejos, los más grandes tontos. «Tenían frentes muy anchas de tanto pensar. Eran los siete ancianos.» Sus decisiones de gobierno llenan varios relatos de los dos libros que comentamos. No tienen, claro, la inocencia de los shlemiels, porque el poder es el poder, pero su tontería brilla de manera fascinante.
Hay en estos cuentos brujas y noches tormentosas, hay coqueteos con la muerte, hay animales de gran generosidad, y hay un soberano orgullo de ser shlemiel y de habitar en Chelm. Todo ello compone un cosmos tan personal que si no fuéramos tan mayores y tan listos estaríamos tentados de irnos a vivir a Chelm, con un gallo, una esposa trabajadora y un pote de confitura en el armario, para acunar al niño con la canción de Shlemiel:
« Yo soy un gran shlemiel. / Tu eres un pequeño shlerniel. / Cuando crezcas serás un gran shlemiel / y yseré un viejo shlemiel / Cuando tengas hijos, / tu serás un papá shlemiel / y yo seré un abuelo shlemiel».
Aunque, pensándolo bien, quizá vivamos en Chelm, y la canción del padre shlemiel sea la de nuestra vida... Y los siete ancianos..., pero no divaguemos. No conviene. Más vale pensar que los cuentos son cuentos... Y espléndidos, en este caso.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de mayo de 1979