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sábado, 28 de febrero de 2026

Jorge Cadavid / Herbarium / Prólogo de Piedad Bonett



Jorge Cadavid
BIOGRAFÍA
HeRBARIUM


Prólogo de Piedad Bonett


Ya el título del nuevo libro de Jorge Cadavid, Herbarium, da cuenta de la naturaleza de su aventura: un bello, un perfecto simulacro. Así como un herbario es una colección de plantas secas que intenta describir un ámbito natural, el libro de Jorge quiere ser un personal inventario del mundo —incompleto, como todos los inventarios— a través de poemas que hablan de hongos, de líquenes, de polen, de helechos, de todo aquello que José Celestino Mutis —a quien está dedicado el libro— supo mirar con ojo de verdadero científico. ¿Por qué simulacro? Porque —en ejercicio muy contemporáneo— valiéndose de una palabra que pareciera remitir al lector a la precisión del lenguaje científico, el poeta explora lo más hondo y sutil de lo humano, en gesto que permite un desplazamiento simbólico de un campo semántico a otro, y de lo llano, lo descriptivo, lo prosaico del catálogo, a lo sutilmente poético. Como un maestro, en el sentido más literal de la palabra, el autor recoge las lecciones de la naturaleza. No aquellas obvias, trajinadas, manoseadas en los más pobres manuales escolares, sino las más secretas y más hondas, a veces, paradójicamente, por estar a nivel de la superficie.

viernes, 6 de mayo de 2016

Jorge Cadavid / Embalsamamiento



Jorge Cadavid
Biografía
EMBALSAMAMIENTO

Ojos y boca bien abiertos
como cuando declamaba.
Las manos dobladas una encima de la otra
con precisión matemática.
El azul cardíaco en los labios.
Lo afeito, le cierro los párpados.
La mirada en blanco de la dicha.
Casi nunca reúne el poeta
su cuerpo y su alma en una sola tumba.


Jorge Cadavid
Los cuadernos del inmunólogo Miroslav Holub
Tragaluz editores, Medellin, 2016



Jorge Cadavid / Cementerio




Jorge Cadavid
Biografía

CEMENTERIO

Debe ser un campo de golf
una sábana verde extendida
sobre los ojos de los muertos.
Cien tumbas por cada diez hoyos.
El fantasma da un último golpe
desde su trampa de arena.


Jorge Cadavid
Los cuadernos del inmunólogo Miroslav Holub
Tragaluz editores, Medellin, 2016




Jorge Cadavid / Tantálico



Jorge Cadavid
Biografía

TANTÁLICO

No es posible pensar sin alegorías:
¿Quién se acuerda de que Rimbaud murió de cáncer?
Keats de tuberculosis en el infierno azul de Roma,
Rilke de leucemia entre equivalencias silenciosas?
La memoria no le da nombre a los abismos.
Baudelaire, con sus ojos doblegados por la sífilis
solo vio infinito por todas las ventanas:
-¿No huelen el paraíso en mi toga? –preguntaba.



Jorge Cadavid
Los cuadernos del inmunólogo Miroslav Holub
Tragaluz editores, Medellin, 2016






sábado, 30 de abril de 2016

Juan Felipe Robledo / La poesía de Jorge Cadavid / Las huellas del pensaminento y el lenguaje de la brevedad

Jorge Cadavid
Bogotá, 2016
Fotografía de Triunfo Arciniegas
Juan Felipe Robledo
LA POESÍA DE JORGE CADAVID
LAS HUELLAS DEL PENSAMIENTO 
Y EL LENGUAJE DE LA BREVEDAD
La poesía de Jorge Cadavid (1962) manifiesta una vocación por decir lo esencial en un lenguaje austero, creando un mundo que nace de un ojo que se detiene en el detalle amado, y sus versos tienen una acendrada vocación por lo reflexivo y, al mismo tiempo, permiten la creación de un espacio privilegiado para la imagen desnuda, que le da a su mundo poético esa desnudez y encanto propio que los lectores de poesía han valorado en los últimos años.

Jorge Cadavid / Los ojos deseados / Poemas



Jorge Cadavid
Biografía
TRES POEMAS


LA MIRADA SILENTE

Un pájaro
es una hoja

Una hoja
cuyo árbol
no existe.

CARTOGRAFÍA

Una lengua es un mapa:
escribir es trazar un límite en la noche

Pensar supone un paso
intermedio entre un continente
y un mar de tinta.

VISITA EN LA CASA DEL POETA

He abierto las puertas de mi casa
para que las hojas secas me visiten
Ellas me hablan en otro idioma
Quieto como  una piedra
escucho el sonido del jardín
que entona su canto gregoriano
La primera estrella de ámbar
atraviesa mi umbral
He puesto la mesa para sorprenderme
Señor de lo invisible
deletrea la visión del firmamento
come conmigo este pan iluminado.


Jorge Cadavid
Los ojos deseados
Bogotá, Común Presencia Editores, 2011






Jorge Cadavid / Los ojos deseados / Prólogo de Eduardo Chirinos



Jorge Cadavid
BIOGRAFÍA
Los ojos deseados


Prólogo de Eduardo Chirinos


Según Pitágoras y Euclides, el ojo emanaba un haz de rayos que chocaba con los objetos: la realidad podía verse porque era tocada por esos rayos que regresaban de vuelta al ojo. Demócrito, por el contrario, pensaba que las cosas irradiaban imágenes inmateriales que entraban al ojo a través de la pupila. Más conciliadoramente, Platón estaba convencido de que algunos rayos partían del ojo, pero otros partían del sol.

martes, 2 de diciembre de 2014

Triunfo Arciniegas / El amante de Madame Bovary



Autorretrato
Triunfo Arciniegas
Triunfo Arciniegas
BIOGRAFÍA
El amante de Madame Bovary

-¿Qué hace cuando no escribe?

-Me echo en la cama hasta que me duele la espalda.

-¿En serio?

-“Sin mis dieciocho horas de sueño soy un inútil”, dijo Woody Allen.

-¿Entonces ha escrito dormido más de cuarenta libros?

-Cuando ando volando bajo puedo quedarme horas y horas mirando el marco de una ventana.

-¿Y cuando vuela menos bajo?

-Veo televisión.

-¿Qué programas?

-Cualquier cosa, hasta El Chavo del Ocho. Conocí a Roberto Gómez Bolaños el año pasado. Hice una fila de tres horas en la Feria del Libro de Guadalajara para que me firmara sus memorias. En México tengo amistades que lo detestan por sus ideas políticas, pero respeto su obra y me parece admirable que sus personajes ya tengan cuarenta años y sigan fascinando a los niños. Unos niños cuyos padres no habían nacido cuando Chespirito se inventó el cuento. Este apodo, que significa “Pequeño Shakespeare”, le cae de maravilla. Pequeño, es cierto, pero al fin y al cabo un “Shakespeare”.

lunes, 21 de mayo de 2012

Jorge Cadavid / Los ojos deseados / Tres poemas





Jorge Cadavid
TRES POEMAS

DIWÁN
Una corriente de fuerza
se gramaticaliza
No otra cosa
Yo soy un médium
No otra cosa
Hablo de ti
desde el fondo de mí mismo
No sé lo que voy a hacer
con esta voz
Desde dentro de mí
subyugado por la visión
pido una señal de ti
Oh tú
que estás invisiblemente presente.


REFRACCIÓN
No sabe si fue el pájaro
quien quebró la rama
O si fue apenas
la nube al doblarse
la que movió el árbol
No sabe si fue la mirada
la que fisuró la idea
que tenía del pájaro
No sabe si es la lengua
o el ojo o apenas las ideas
el motivo de nuestras revelaciones.


ESTUDIO SOBRE LA MIRADA
Las letras bajan
de mi mano a su sombra

La luz sale de sí misma
en cada letra

Éstas son mis visiones.



Jorge Cadavid
Los ojos deseados

Bogotá, Común Presencia Editores, 2011



domingo, 20 de mayo de 2012

Jorge Cadavid / Poemas



Jorge Cadavid
BIOGRAFÍA
POEMAS

Hacer cosas con palabras


Quiero hacer cosas con palabras
por ejemplo, construir un vaso de vidrio
y una imagen clara como el agua
que atraviese su forma devota
Quiero beber su espectro luminoso
en el gastado hilo del día
Deseo sentir el recorrido absorto
de la transparencia en mi garganta
y verificar en silencio
que las ideas descienden líquidas
y es imposible retener su caudal
con solo mi pensamiento.


Teoría mínima de la distancia


Las burbujas
del fondo del estanque
hablaron del tiempo y lo visible
inseparables hacedores
de la distancia
Contemplaron la lejanía
Meditaron sobre los horizontes
que rodean todo
y dijeron que todavía
nada en el mundo ha desaparecido
Nacen y mueren
desde el fondo del estanque
tantas burbujas
y nadie les hace caso.

Entrevista 

El veinte por ciento de los fresnos 
declararon que el rayo 
los penetraba hasta el corazón. 
El cinco por ciento de los álamos consultados 
afirmaron que el relámpago bajaba hasta 
las raíces iluminándolos. 
El quince por ciento de los ficus sostuvieron 
que sólo en la corteza 
la fulguración dejaba su dolorosa huella. 
El sesenta por ciento de los árboles restantes 
flagelados por el rayo dijeron estar perplejos. 
Algunos dicen que quieren escribir inspirados 
por el fuego mientras arden. 

Álgebra 

La mosca en la red de la araña 
intenta resolver la ecuación 
despejar la incógnita 
entre esta álgebra transparente 
La mosca improvisa una métrica 
perfecciona hasta la filigrana el nudo 
inventa paso a paso el error 

Fábula 

Las hormigas han hecho camino 
por entre las letras 
Oigo su marcha segura 
por los renglones 
Cada una carga su sílaba 
y la deposita en el espacio 
vacío de la página 
No entiendo qué hace aquella solitaria 
lejos del camino 
con una palabra diez veces 
más grande que ella 
sobre su espalda 

Mímesis 

Las cosas habitadas 
por las palabras 
Basta nombrarlas 
para verlas moverse. 

De la Errancia de los Arboles 

Allá van los árboles 
expulsados del rebaño 
de viaje por los campos 
Sólo se diferencian de los animales 
en que carecen de domicilio 
Sobrepasan la noche 
y llegan donde principia el día 
Algún filósofo naturalista 
lanzó la idea escandalosa 
de que los ineptos por constitución 
para la vida nómada eran los humanos 
Desasosegados pero estáticos 
nunca entrevieron la velocidad de un árbol 
la prisa sutil de su corteza 
para ser madera 
el ritmo de los frutos 
para caer y levantarse 
Qué decir del movimiento vertiginoso 
de sus raíces para buscar un camino que no existe 
y de las ramas alargando sus brazos 
espectrales para tantear el infinito 

Discurso del Pescador 

Pescar desde muy alto 
un cuerpo de escritura escamada 

Las letras componen un cardumen 
la lectura ondula los renglones 

La palabra ahogada 
flota entre dos aguas 


Hipótesis del Paisaje 

Las palabras se asemejan a las piedras 
una apoyada en otra 
van formando un muro 
Las casas se levantan con piedras 
Las piedras caen 
Las casas se desploman en ruinas 
Los hombres a veces se sostienen 
erguidos sólo por una palabra 

Oda a los ojos del pájaro 

Donde había puntos y comas 
el pájaro vio semillas 
Donde había versos 
el pájaro sólo vio caminos 
Donde había párrafos 
el pájaro vio nubes 
No es que lea mal los signos 
el pájaro ha sido deliberado, 
laborioso incluso, 
pero nunca buscó la perfección 
nunca se entretuvo con la técnica 
más de lo necesario. 

Espejismo 

¿Cuánto perdura 
la imagen de un árbol 
en el agua? 
¿Cuánto perdura 
la imagen de un ave 
antes de ablandar su imagen 
en el agua 
y convertirse en pez? 

Déjà vu 

Lo que sigue ya lo escribí 
Estuve en el lugar que me indicaste 
Veo lo que dijiste que vería 
Estuve al otro lado 
Ya no soy el mismo 
Este es el comienzo 
Lo que sigue ya lo escribí.





lunes, 31 de enero de 2011

Jorge Cadavid / Tres poemas

 
Fotografía de Zena Holloway


Jorge  Cadavid
BIOGRAFÍA

TRES POEMAS


CARTOGRAFÍA

En un mapa antiguo
he visto dibujada una ballena
cerca del Ecuador, levitando
Aguardo su chorro en las alturas
su canto atravesando mares fríos
En el cuadrante la infinitud de su ojo
Intuyo ahora su aleta arqueada
la línea de salmones que se ondula
en el ocaso dejando sombras
Pliego el mapa, el lomo húmedo
da justo en la mitad del planisferio


HIPÓTESIS DEL PAISAJE

Las palabras se asemejan a las piedras
una apoyada en otra
van formando un muro
Las casas se levantan con piedras
Las piedras caen
Las casas se desploman en ruinas
Los hombres a veces se sostienen
erguidos sólo por una palabra


LA MUSA QUEJUMBROSA

Desde el principio del verso
no hay camino
Deberíamos escribir sin palabras
La idea más transparente
del poema es callar.





domingo, 30 de enero de 2011

Triunfo Arciniegas según Jorge Cadavid


Triunfo Arciniegas: un escritor disgustado con la ley de la gravedad
Por Jorge Cadavid


En el mes de marzo de 1989, al conocerse el fallo del concurso Enka de literatura infantil que declaraba como ganador a Triunfo Arciniegas por su novela Las batallas de Rosalino, uno de lo jurados, Marino Troncoso, daba en el blanco del asunto cuando confirmaba la tesis general según la cual “existen dos tipos de literatura seudoinfantil: la que cree que los niños son idiotas y la que se disfraza de infantil pero es para adultos”. En este mismo orden de ideas aparece la dicotomía entre un lector-adulto y el lector-niño, la lógica cuadriculada del adulto frente a la lógica libre, espontánea y crítica del niño.
    Mirando el caso de la escritura en Triunfo Arciniegas, esta injerencia del lector en el proceso creativo es en buena parte atenuada o superada, cuando la distancia existente entre el escritor y el público “ideal”, en este caso el infantil, se rompe en un trabajo de conjunto a manera de taller, como lo hace aquí el creador. Triunfo ha sido profesor de una escuela durante diez años, y de un tiempo para acá ya no dicta las clases tradicionales, sino que se ha dedicado de lleno a efectuar talleres de lectura, escritura y teatro. Como afirma el autor: “su propósito esencial es hacer lectores, no matar lectores. Estos talleres me han permitido escribir para niños. Todos mis cuentos, todo lo que voy escribiendo, lo llevo al taller para la prueba de fuego y mis niños dicen la última palabra” (entrevista concedida a Juan Carlos Moyano para Gaceta, núm. 2, de Colcultura).
    Ya en este momento los gustos y necesidades de este exigente público no se sitúan a la distancia, sino que es una creación compartida, aprobada o desaprobada por dichos críticos selectos, según el grado de seducción alcanzado. “Nunca preparo un taller, sale de cualquier objeto: una silla, un huevo, una caja de fósforos; fluyen espontáneamente, les leo, ellos dicen qué no va, qué sobra, dónde el artificio destruye la criatura poética”. 
    En el año 1985 escribí una monografía acerca de un escritor hasta entonces desconocido: “Un brujo escapado de la noche” la titulé. Triunfo Arciniegas sólo tenía un libro publicado: El cadáver del sol (1982). El trabajo reunía estudios sobre varias colecciones de cuentos aún inéditos y de una primera obra para niños titulada La lagartija y el sol, también en proyecto de publicación por Carlos Valencia Editores. Los temas recurrentes de ese entonces eran bien distintos: el erotismo, la soledad atormentada, el resentimiento, lo macabro, las pesadillas; incluyendo su libro En concierto (1986), de breves relatos, continuaba siendo aquel asesinador de guitarras.


    Todo lo que allí dije quedó revalidado, invertido en su nuevo trabajo reunido por Carlos Valencia Editores. El nuevo ciclo empezó con la publicación de La silla que perdió una pata y otras historias (1988), El león que escribía cartas de amor (1989), La media perdida (1989); estos dos últimos cuentos presentados bellamente en la colección OA infantil. El león que escribía cartas de amor es ilustrado excepcionalmente por el mismo autor, lo que hace que el libro adquiera un doble valor estético de fidelidad con su propio contenido. Aquí es otro Triunfo Arciniegas quien nos habla: aflora la ingenuidad, la gracia, el humor, el ingenio, la poesía. Al respecto, el autor comenta: “quería ver el lado luminoso de la luna. Venía de un mundo oscuro, desolado, de un animal que se lamía en la oscuridad de las habitaciones, un dios acuchillado por la luz... Cuando empecé a escribir para niños descubrí el humor, aprendí a divertirme. Me extasié en la contemplación de objetos. Di con otro mundo, exploré mi propia infancia, que como toda infancia es infinita” (Gaceta, núm. 2, Colcultura).
    Romper con la cotidianidad, eso realiza Triunfo Arciniegas en estos dos últimos libros de cuentos breves. Romper con la cotidianidad para entrar en el hábitat de lo fantástico, donde se juega con otra lógica, otras reglas que varían al ritmo acelerado de la imaginación infantil. Sea con un león a quien un ave del paraíso le rompió de amor el corazón, o las peripecias y desventuras de una media que busca ingenuamente a su hermana extraviada. Este último cuento, perfecto para niños de preescolar que se inician en el maravilloso juego y aventura con las palabras.
    Estos son textos en los que el niño va construyendo su propia lectura, mientras en el lector adulto la lectura predispone de un orden adecuado a su conocimiento, que termina por limitarlo. El lector adulto elige de antemano inconscientemente su itinerario de lectura, sus lugares de lectura, los perfiles de un argumento; el lector niño no, pasa a ser un constante actor capaz de introducirse espontáneamente en la ficción narrada, En una de sus experiencias con el taller, Triunfo Arciniegas comentaba acerca de una de sus imágenes, donde aparece un gato metido en una botella: mientras un adulto le cuestionó cómo había hecho el gato para introducirse en la botella, los niños del taller dieron por sobreentendida la magia de no ver siempre un barquito dentro de una botella, sino de encontrarse con una nueva ficción: la de un gato que había escogido como habitación una botella.
    El lector adulto está ceñido a un patrón de lectura ordenado, a un tablero secuencial, mientras el lector niño desconoce cualquier parámetro, se deja llevar de la mano por la fantasía, como Alicia en la madriguera, subvirtiendo todo orden preestablecido aun en la trama misma planteada por el autor, de allí que cada lectura sea en la imaginación del infante un recorrido laberíntico, un itinerario, que puede llegar a otro textos aún no presupuestados por el autor, o desembocar en el mismo texto, como un lector activo.
    La lectura lineal del adulto viene dada por el orden de las peripecias, dejándolo irremisiblemente en la superficialidad. En la poética infantil la conducción es a los centros de la fantasía, donde el mismo lector acepta el reto de “el viaje” a lo sugerente, “al cielo” de este lector ideal, copartícipe ya de su construcción. Este tipo de lectura logra un constante contacto con cada intimidad del relato, es implícitamente una lectura continuada que permite el repaso material (anécdota) y el repaso mental (lectura creativa). La lectura del pequeño sonámbulo es didáctica, lúdica y totalmente antiintelectual, recreativa.


   No es raro, por tanto, encontrar nuevas historias que se van introduciendo, rompiendo la linealidad silogística. En La media perdida, el personaje central se encuentra con los objetos más inesperados, estableciendo las relaciones más absurdas: con un gato a quien desconoce por tener bigotes, un pocillo por tener oreja, una silla por tener patas, y así con otros objetos. Suma de fragmentos coherentes, la coherencia viene dada por el lector, que le da curso libre, rompiendo con la ley del comienzo, medio y fin, ayudado por la creatividad. En la imaginación las piezas son móviles y rearmables, el texto está haciéndose en el magoniño y su bús­queda no es una forma acabada.
    En un ensayo anterior que titulé “Alicia en el país de las maravillas, un viaje por el universo barroco”, argumentaba esta cuestión así: “nadie mejor, junto a Lewis Carroll, para explicar esto en nuestros días, que el artista rumano E. Ionesco, quien a partir de situaciones absurdas y diálogos disparatados, inverosímiles, crea la mejor literatura infantil; Ionesco es únicamente traducible con la magia simbolista, con la desenfrenada libertad de imaginación, con la lógica que atenta contra la visión convencional del mundo, con la mirada inocente de un niño”.


    Manejo de un lenguaje sencillo, exento de todo malabarismo lingüístico, en un lirismo espontáneo, totalmente verosímil para un niño, es lo que encontramos en El león que escribía cartas de amor: “En realidad su guerra apenas había comenzado. La imagen del ave del paraíso era una bala que lo hería sin lástima en lo más tierno del corazón. La pata se curó al fin, pero el corazón empeoró”.
    El punto de partida, como en toda poesía de la nostalgia, es el ojo ingenuo, la visión intacta de la infancia; creo que la infancia es lo más permanente en el creador: “Comenzó a dejar señales en la hierba, a buscar tréboles de cuatro hojas, a modelar con los dientes un corazón atravesado por flechas... Eran sus cartas de amor que nadie entendía”.
    Sin pretensiones retóricas, impregnando, al contrario, una elementalidad comunicativa, transforma todo el entorno en representación, llega a la función recreativa, fundamento de la literatura infantil: “Había una vez una media que estaba perdida y lloraba mucho”.
Lo que hace el autor es surgir, en el contexto del relato, en la técnica narrativa, una forma primaria de expresión, un lenguaje-imagen capaz de convencer y conmover a estos críticos imparciales que son los niños, cuyo juicio es contundente y rotundo: “me gusta”, “no me gusta”.
Fantasía, aventura, hilo narrativo caprichoso, poesía fresca, agilidad en la trama, exageración, son algunos de los caracteres de la estructura narrativa en el cuento infantil que el autor nos presenta. Sin embargo, existen variantes notorias en el trabajo de Triunfo Arciniegas. En él la forma arquetípica del héroe es invertida; se presenta, pues, como antihéroe: “Daba lástima aquel rey. Ciego y torpe, borracho de amor, maltrataba las margaritas”. El león no es el héroe tradicional del niño, que supera obstáculos y finalmente vence; al contrario, él termina perdiendo su libertad, su poder, en esa jaula y luego en el circo, por amor; aunque haya finalmente poseído el objeto de su deseo, esa metáfora, y quedar extasiado para siempre.
Otro elemento novedoso son los personajes, que en ningún momento son tratados de manera tradicional, dentro de la convencionalidad que enmarca cada animal con un papel preestablecido a la antigua: aquí la tortuga es peluquera, el conejo ajedrecista, la lora encarna la locura llena de colores, el ave emerge de una zoología mítica y metafórica de la belleza, y el mismo león escritor cuya debilidad radica en la pasión, su corazón que lo obsesiona y precipita a destrozar su fabulosa existencia de rey en la selva.
No es nada nuevo el manejo del antihéroe en la literatura contemporánea; al contrario, es la constante. Sin embargo, la novedad reside en llevar al antihéroe al plano de la literatura infantil, sin pretender transmitir una moraleja y sin arrebatar la imagen poética que el niño persigue y que es su misma vida, un homenaje, un tributo a su fantasía. Es común que el escritor para niños destruya su imaginación en aras de un didactismo, en el empleo de la moraleja como recurso pedagógico que, en vez de enriquecer el texto literario, lo degrada, obteniendo un texto escolar forzado y un texto artístico insípido.
A manera de conclusión, escuchemos la presentación autobiográfica que el autor hace en su libro La media perdida y que en buena parte ejemplifica la poesía desbordante, la novedosa escritura que irradia cada uno de sus textos: “Soy Triunfo Arciniegas, un imaginador, y me encantan los gatos y los unicornios, los libros y Pink Floyd, Marilyn Monroe, Woody Allen y Flaubert, la lluvia desde la ventana y las tardes de niebla, los barcos de papel y las cometas. Escribo y dibujo historias para niños. Nací en Málaga en el año del gallo y vivo en una casita de dos pisos de las afueras de Pamplona. La encontrarán porque es amarilla con dos ventanas sin barrotes arriba y otra de hierro abajo, la más bonita de por ahí. La puerta es de madera pintada de marrón, para más señas. No lo olviden. Si escuchan el rumor de la máquina de escribir, que no debe confundirse con el vuelo de los colibríes que bajan a almorzar, aléjense en silencio porque paso a limpio mi próxima historia y, por favor, vuelvan otro día”.
Triunfo Arciniegas escribe y dibuja a dos tintas, una deleble y otra indeleble, para cuando se borre la materia quede el trazo de la imaginación como una sonrisa en el aire. Su literatura semeja la de un enamorado del aire, la de un escritor disgustado con la ley de la gravedad.




Nació en Pamplona, Colombia, en 1962. Estudió Lingüística en la Universidad de Pamplona, se especializó en Literatura en la Universidad Javeriana y se doctoró en Filosofía en la Universidad de Sevilla (España). Es profesor de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Javeriana y autor de los volúmenes de poesía La nada (Universidad de Antioquia, 2000), Un leve mandamiento (Trilce Editores, 2002), Diario del entomólgo (Fondo Editorial Eafit, 2003), El derviche y otros poemas (Común Presencia Editores, 2006), Herbarium (Edición de autor, 2007), Música callada (Universidad Externado de Colombia, 2009) y Heráclito inasible (Pontificia Universidad Javeriana, 2010). En 2003 publicó una exquisita antología del poema breve bajo el título de Ultrantología (Cástor y Pólux). Colabora habitualmente con el Boletín cultural y bibliográfico de la Biblioteca Luis Ángel Arango y la Revista Universidad de Antioquia. Obtuvo en 2003 el Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus con El vuelo inmóvil (Universidad de Antioquia, 2004) y el Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia con Tratado de cielo para jóvenes poetas (Universidad de Antioquia, s006). Elkin Restrepo se refiere al verso de Jorge Cadavid como “simple, certero y luminoso que tienta incluso al silencio, ya que aspira a la mayor de las plenitudes”.